La basura suiza

El tema de la basura es muy delicado en Suiza. La mayor parte de los españoles que me lean estarán poniendo una cara rara. Me refiero al reciclaje. Ahora supongo que se les ha relajado la cara diciendo que en España también se recicla. No tenéis ni idea… aquí hace falta casi un máster para no meter la pata.

El caso es que tú llegas y finalmente tienes un sitio en el que caer muerto. Es probable que caigas en el error de comprar bolsas de basura normales en un supermercado, pero entonces te darás cuenta de un detalle: en la calle no hay contenedores. En ningún sitio. Al cabo de un par de días observarás que por la noche van apareciendo como setas unas bolsas en las aceras, todas iguales… que no se parecen a lo que tú has comprado.

En Suiza no se paga un impuesto por la basura como en España. El impuesto va en las bolsas. La basura «normal» (más tarde explicaré qué entra en este apartado) debe recogerla cada uno en su casa y sacarla a la calle exclusivamente en el momento designado y siempre dentro de la bolsa reglamentaria. En mi caso (no sé cuales son los precios en otros sitios), una bolsa de 35 l (una normal, vaya) cuesta 1.5 francos. Se compran en el supermercado, sí, pero hay que pedirlas en la caja. Las bolsas que se encuentran con las cosas de limpieza no valen para este fin. Eso sí, he de decir que las bolsas son muy resistentes y que aguantan muy bien el peso. Porque al precio que tiene la bolsa, intentas aprovecharla.

En mi caso los días designados son lunes y jueves, y pasan a recoger sobre las siete de la mañana. Está muy mal visto que saques la bolsa muy pronto el día anterior, así que es normal ver la procesión de gente al caer el sol. Eso sí, la bolsa la dejas de cualquier manera en la acera, y a la mañana siguiente la recogen y punto. En ningún momento aparece un contenedor. Ah, y si es festivo no recogen, por lo que tienes que aguantarte una semana con la basura en casa. Ni os cuento el drama cuando (al principio) se te olvida qué día es, no sacas la bolsa a tiempo, el siguiente turno es festivo, y tú llevas con una bolsa en casa desde hace ya 10 días.

El caso es que la bolsa no la llenas, porque una vez clasificada la basura, en esa bolsa va el «resto» y como pagas una pasta, pues te ocupas de seleccionar al máximo todo lo que puedes reciclar. A su vez, esto genera que desarrolles un sistema de almacenaje paralelo para todo lo que no va ahí. Y que la bolsa cada vez te dure más. Y que entonces entiendas que el cubo vaya en un cubículo especial con un sistema de ventilación y eliminación de olores.

Vamos a ver lo que no va en la bolsa. Que no es poco:

Papel: tienes que hacer una pila con el papel (incluyendo los dichosos periódicos gratuitos que insisten en meterte en el buzón) y atarlo con un cordel. El atadillo tienes que desplazarlo a la calle (sin que se desmonte) y depositarlo al igual que tu bolsa. En mi caso el papel se recoge una vez cada 15 días, los miércoles. En Berna tenemos la suerte de poder poner papel y cartón en el mismo atadillo, cosa que no pasa en otros sitios.

Vidrio: te ocupas de recoger todas tus botellas y botes y te desplazas a un punto de recogida. En algunos sitios existen contenedores subterráneos (ahí también suele haber para papel), pero lo normal es buscar alguna zona apartada en la que haya una especie de mini estación de reciclaje con todos los contenedores a la vista. En ese momento empieza el baile, porque hay contenedor para vidrio blanco (o sea, transparente), verde y marrón. Parece sencillo, pero con alguna botella me he quedado bastante rato pensando en cual debería meterla. ¿Y las botellas azules? ¿Eh? Resulta que el azul va al verde…

Plástico: los envases de bebidas van a un contenedor, los de productos de limpieza y cosméticos a otro (son de un plástico diferente…). La mayor parte de supermercados grandes tienen contenedores de recogida de envases de plástico.

Pilas: como en España, a un contenedor especial. Fácilmente localizable en supermercados.

Bombillas: contenedor especial en algunos supermercados.

Aluminio: las latas de conservas o bebidas tienen también su propio contenedor.

Residuos verdes: entiéndase aquí cuando podas una planta, o recoges hojas de tu jardín. Esto va a un contenedor, que previamente tienes que solicitar para tu edificio. En este contenedor también puedes incluir restos orgánicos de comida, pero jamás restos de ninguna otra cosa. Se recoge una vez a la semana. Ah, y en enero hay una recogida especial de árboles de navidad.

Compost: no me voy a poner a detallar lo que ellos consideran que es bueno para hacer compost o no, pero que las cosas que sí valen las puedes poner en el compostador más cercano (en tu jardín o en el común del vecindario). Si no tienes compostador, puedes pedirlo y te lo dan.

Ropa: por supuesto, hay contenedores especiales para ropa, pero se encuentran siempre en el extremo opuesto a cualquier otro contenedor, para facilitarte que te mantengas en forma.

Muebles, electrodomésticos, cerámica, bicis y «cualquier cosa que parezca poco recomendable meter en una bolsa»: esto va directamente al punto limpio. Puedes llamar y te recogen las cosas, pero dado el complejo sistema de horarios, es probable que prefieras desplazarte. La parte buena es que suelen estar bien localizados para que realmente puedas ir, y además allí tienen contenedores de todo, por si hay algo que no sepas dónde tirar.

Y para las dudas, una fantástica web y una aplicación para el móvil, no vayas a no tener claro qué hacer! Además a principios de año te dejan en el buzón un calendario (que tienes que tirar en el atadillo de papel) con todas las fechas.

Lo dicho, un máster…

La ruta del Eiger

Ayer celebraba mi cumpleaños, y qué mejor forma de celebrarlo que un tranquilo paseo por las montañas… o al menos con esa idea salimos de casa. Durante nuestro trayecto una cosa llevó a la otra y decidimos ir a la ruta de la pared norte del Eiger, que total, según los suizos, cualquiera puede hacer. Seguro que tampoco íbamos tan en modo suicida… Y la verdad es que no fue para tanto. Vale, igual podríamos haber llevado unas botas adecuadas. Y quizá unos bastones. Pero seguimos vivos.  Tened en cuenta, en todo momento, que debido a un trauma de la infancia (del que soy perfectamente consciente pese a no ser capaz de superar) tengo muchísimo vértigo, por lo que esta excursión fue una experiencia realmente alucinante.

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Vistas desde el tren de montaña de Grindelwald

Nuestra excursión comenzó en Berna, cogiendo un tren a Interlaken. De Interlaken un segundo tren a Grindelwald (que iba a ser nuestro destino inicialmente, a 1000 m de altitud, aprox.). De Grindelwald cogimos un tren de montaña a Kleine Schneidegg (unos 2000 m). Kleine Schneidegg es la estación de partida del Jungfraubahn, que sube a Jungfraujoch. Sistemáticamente me han dicho que no suba allí, que no hay mucho que hacer y que no compensa el precio (unos 100 euros). También me han dicho que todo está lleno de turistas asiáticos, pero no me lo creía. La sensación al salir del tren en Kleine Schneidegg fue… agobiante. Allí había cientos de asiáticos. En serio, cientos. La mitad más o menos iban equipados como si fueran a subir el Everest, la otra mitad iban en sandalias y pantalón corto. Para que os hagáis una idea, debíamos estar a unos 10 grados gracias al sol. Toda esa gente iba a subir a Jungfraujoch, hacer unas cuantas fotos desde la ventana de la estación y probablemente ni tan siquiera salir al exterior. Por no hablar de la inmensa masa que siente mal de altura en el proceso y ni puede disfrutarlo. Si queréis una referencia más de cuanto extranjero había allí, os puedo decir que entré al baño y había carteles explicando cómo usarlos (por ejemplo, que la idea es sentarse, no ponerse de cuclillas con los pies en la taza).

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El Eiger visto desde la parada del Jungfraubahn

Pegándonos con los chinos conseguimos subir al Jungfraubahn. Ese fue nuestro mayor tiempo de espera (unos 10 minutos), ya que los trenes anteriores estaban perfectamente sincronizados, con sólo 5 minutos entre ellos. Una vez en el tren nos bajamos en la primera estación, en Eigergletscher (el glaciar del Eiger) que era nuestro punto de partida, a 2320 m de altura. Aunque no hacía frío, si había algunos restos de nieve. Empezamos nuestra ruta, al principio subiendo un poco, para luego continuar casi todo el camino hacia abajo.

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Aquí empezamos la ruta. Lo veo ahora y no me lo creo…

El primer kilómetro se hizo algo duro, y es que a estas alturas del año no debería haber nieve, pero había bastante. Como coincidíamos en ruta con un tramo de la Ultratrail del Eiger, el camino estaba relativamente embarrado (y mezclado con nieve que se deshacía). Por otra parte, supongo que si no hubiese corredores igual ni habríamos podido identificar el camino. Otra de las cosas malas era tener que apartarse para dejarlos pasar, cosa que a más de 2000 m y con una caída considerable, no siempre era sencillo.

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Nuestro caminito por la nieve. Sigo preguntándome cómo pude hacer eso con mi vértigo

Creo que sólo hubo un punto problemático, en un tramo con bastante cuesta que había mucho barro/nieve/hielo y nos estábamos desplazando muy lentamente y resvalando mucho. La verdad es que todo apuntaba a que íbamos a sentar el culo en el barro de un momento a otro para poder seguir, pero por suerte había otro señor por allí que llevaba bastones que amablemente se unió a nosotros y pudimos salir los tres de allí sin el culo lleno de barro. El resto de tramos de nieve y barro pudimos pasarlos sin problema, aunque muy despacio. Los corredores del ultratrail pasaban bastante rápido por estos tramos, aunque he de decir que a juzgar por su aspecto, sentaron el culo más de una vez.

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No sé si he dicho que pasábamos bastante pegados…

El tramo en el que realmente se pasa pegado a la pared del Eiger es impresionante. Estás mucho más cerca de lo que parece en las fotos. Desde varios puntos se puede ver el acceso a la Via Ferrata (se ve la escalera para subir el primer tramo), en la que pudimos identificar a unas tres personas. También se puede apreciar muy bien la vía de la pared norte, que supuestamente es la vía más difícil, y es que un montón de gente lo intentó y hasta 1938 nadie lo consiguió. Aunque ahora hay más de 30 vías abiertas, la que abrieron en el 38 sigue considerándose la clásica y en el mejor punto para observarla de nuestro camino teníamos un cartelito para poder identificar los puntos más importantes. A día de hoy, la Nordwand (la pared norte) se sigue considerando muy peligrosa.

Según fuimos bajando poco a poco empezó a desaparecer la nieve y empezamos a encontrarnos los productos del deshielo. Grandes cascadas y riachuelos aparecieron por nuestro camino. Mi novio incluso pudo probar qué pasa si metes tu pie en agua que baja directamente del Eiger. Yo fui un poco menos drástica (iba detrás y no cometí el mismo error) y opté por recoger algo de agua bien fresca para el resto del camino. Nunca había visto agua tan cristalina… ni tan fría!

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«río» decían… 

En el último tramo de bajada, ya sin nieve, pasamos un par de zonas consideradas como peligrosas, en las que amablemente habían puesto unas cuerdas metálicas para que no te matases. Desde mi perspectiva al principio había sido mucho más peligroso, pero supongo que los ojos de alguien que no tiene vértigo son diferentes y realmente había más probabilidades de caerse al vacío en este tramo. Aunque no totalmente necesaria, hay que decir que la cuerda fue útil.

Finalmente, unas dos horas y media más tarde, llegamos a Alpiglen, a unos 1600 m, desde donde pudimos coger el tren de montaña de vuelta a Grindelwald.

Según habíamos leído la ruta eran unos 6 km, pero mi sensor de movimiento dice que fueron más bien 10, y nosotros de la ruta no nos desviamos. De tiempo, yo diría que lo mejor es contar con unas 3 horas, y buscar un momento del día en el que no pegue mucho el sol. Nosotros nos alegramos de empezar tarde porque así no hacía tanto frío, pero mi cara y mi cuello están como tomates… y es que el sol pegaba mucho, y yo me quemo con mucha facilidad. Si hubiésemos ido por la mañana, supongo que nos habríamos quedado a comer en el restaurante de Alpiglen (es lo que hay, un pequeño restaurante de montaña y la parada del tren), pero era media tarde y estábamos cansados, así que optamos por volver a casa.

Recomendaría esta ruta a cualquier persona con una forma física decente (estándar español) y sin demasiado vértigo. Aunque la distancia no es mucha, la bajada se nota (os puedo decir que mis gemelos me la recuerdan cada vez que me muevo) y era necesario un buen ejercicio de balance de equilibrio en algunas zonas. Asegurándose de que se ha ido toda la nieve, se podría hacer incluso con niños. Pero no hagáis lo que hice yo, y consultad primero el tiempo y el estado de la ruta.

Siento no tener mejores fotos que ofreceros, pero como comprenderéis no estábamos mi vértigo y yo como para hacer muchas más fotos, así que os dejo sólo una selección para abrir el apetito y que os animéis a visitar Suiza y el Eiger.

Lass uns grillieren!

Vamos de barbacoa. Las barbacoas en Suiza son un fenómeno a estudiar. El acontecimiento consiste en una mezcla de las tradiciones alemanas, francesas, las propias suizas y a saber qué más.

Hace ahora dos años asistí a mi primera barbacoa en Suiza, siendo quizá uno de esos momentos en los que te das cuenta de las diferencias existenciales entre las dos culturas. Hace poco más de una semana, coincidimos en una con un grupo de españoles. Tal situación me permitió comparar lo que ocurría en su mesa y en la nuestra…

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Esto es lo que yo espero comer si voy a una barbacoa

Las españolas (al principio eran sólo mujeres) observaban detalladamente como nuestro alemán encendía la chasca. Bueno, la hoguerita, más bien. El chico hizo una pila estratégicamente colocada de troncos enormes, que no prendía ni de milagro. Al cabo de un rato, el alemán pretendía poner combustible (en nuestro caso alcohol del laboratorio). Por suerte, las españolas aparecieron para salvarlo y darle unas cuantas ramas. El chico dudó que tal técnica fuese a funcionar… pero magia.

Nosotros habíamos improvisado la barbacoa, entiéndase esto en el contexto suizo, habíamos decidido hacerla sólo una semana antes (mañana tengo una, por ejemplo, cuya fecha fue fijada hace más de tres meses). En esa barbacoa sólo llevábamos cosas recién compradas en el supermercado. Para mañana, tras un complejo sistema de reuniones, hemos repartido el trabajo y cada uno va a llevar algo. Entre los componentes esenciales se encuentra el tzatziki (salsa griega, inexplicablemente adorada entre diversas culturas germanas), el pan de ajo, ensaladas, etc. En el tema carnívoro, obviamente habrá salchichas, pero también filetes que serán cortados en pequeños trozos. Suelen triunfar los pinchos en los que hay más vegetales que carne. A veces incluimos salchichas frescas (que por alguna razón todo el mundo me pregunta si me atrevo a comer, se ve que no saben que nosotros de eso tenemos) y mucho pollo. Las señoras de la semana pasada tenían cosas que a mi me parecían más normales, como churrasco (¿cómo se puede llamar barbacoa sin churrasco????), chorizos (sigo sin saber cual era su fuente de contrabando) y sardinas. Vale que este último punto puede ser algo más típico de Galicia, pero es que a mi me estaba cayendo la lagrimita con el olor de las sardinas…

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Esto es lo que realmente querría poder comer en una barbacoa :'(

Un tema destacable es el de los vegetales. Para un español una barbacoa se compone fundamentalmente de carne (de ternera o cerdo y poco más). Aquí parece bastante común poner vegetales a la brasa. Y no, no hablo de patatas asadas. Recuerdo ese primer año que me tomé a coña cuando alguien dijo que traería vegetales marinados para poner en la barbacoa… y resulta que iba en serio.

Otra cosa que me llama la atención es el queso. Les parece fundamental asar Halloumi. Y siendo honesta, esa sí es una costumbre con la que puedo vivir. Qué rico!

Entre las cosas que no dejan de sorprenderme, una chica ha sugerido traer mañana nubes. Veremos si las consigue y cómo funciona la cosa… porque yo creo que más allá del mechero los españoles no sabemos cómo asar nubes.

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Queso a la brasa… probadlo!

Luego está el tema de la parafernalia. Parece que el tema este de llevarte media casa al merendero elegido es bastante internacional. Lo que parece que no es tan común es lo de compartir las brasas… Ni os imagináis como se pusieron cuando se enteraron que las españolas pretendían poner allí sus cosas!! (Y lo mejor fue su cara después cuando vieron la comida de las españolas y se quedaron pensando que ya que estábamos por compartir…).

Una vez acabado el paso de comer (que ocurre unas 20 veces más rápido que en España), pasamos a la sobremesa. Aquí se ve que no consideran lo de llevar café como parte de la media casa que te debes llevar. Pero sí fruta. ¿Vosotros cuando íbais de churrascada con la familia no comíais sandía? Yo por alguna razón lo tengo asumido como LA fruta. Resulta que mañana soy yo la encargada de llevar, entre otras cosas, la fruta. Como ya me olía que mi concepto no iba a ser el mismo que el suyo, se me ocurrió preguntar qué fruta querían. ¿Sabéis que me han pedido? Paraguayos!! He tenido que confirmar tres veces que se referían a lo que yo estaba entendiendo.

Veremos cómo va la barbacoa de mañana. Por ahora mi jefe ha traído 24 cervezas que nos ha prohibido explícitamente que nos bebamos antes. Seguro que, una vez más, esta gente consigue que me sienta más extranjera que nunca.

20 tópicos y curiosidades sobre los suizos

Al hilo de una conversación que tuve hoy sobre los suizos, he pensado que quizá es un buen momento para empezar a hablar sobre ellos. Tras más de dos años viviendo aquí, creo que empiezo a tener una idea sobre esta gente. Vamos a revisar algunos de los tópicos y algunas curiosidades sobre la cultura helvética.

Disclaimer: esto es una opinión personal, son cosas que yo he observado y me han llamado la atención pero cada suizo, al igual que cada español, es una persona diferente. Hay de todo y quizá es una de las cosas que me gusta del país, su gran diversidad! Que nadie me salte al cuello ni se tome mal ninguno de los puntos destacados.

  1. Los suizos no son abiertos. Es difícil hacerse amigo de un suizo, porque los suizos seleccionan muy bien a sus amistades, tienen pocos amigos pero los que tienen son muy cercanos. En España consideramos a una persona «amiga» más fácilmente, mientras que los suizos te considerarán un conocido más al que saludar, pero al que no contarle intimidades. Si un suizo te considera amigo, serás de los «del alma» y hará lo que sea por ti (y esperará lo mismo a cambio). Por otra parte, aunque no seas su «amigo», un suizo va a ser en general amable, aunque es probable que no te de conversación porque llegará tarde a algún sitio cuando te lo encuentres. Lo que nos lleva al siguiente punto…
  2. Los suizos están obsesionados con la puntualidad. En sí, este fue el tema que inició mi conversación hoy. Los suizos son muy puntuales y esperan lo mismo de ti. El concepto de «sólo son 5 minutos» no les vale. El transporte público llega siempre a la hora exacta y un retraso de dos minutos en un tren será anunciado por megafonía con las correspondientes disculpas. Los suizos saben que esto funciona, así que llegarán a la parada 30 segundos antes de la salida del tren. Si un tren se retrasa, la compañía te informará de qué hacer en caso de que tuvieses una conexión, porque saben que muchos pasajeros habrán comprado billetes con un tiempo de transbordo de menos de 5 minutos. Si vas a llegar tarde a una cita más te vale avisar lo antes posible y tener una buena excusa (decir que el tren llega tarde no vale si es mentira, porque todos los suizos viven obsesionados con alguna aplicación de transporte público y sabrán si les estás mintiendo).
  3. Los suizos y el dinero. En contra de lo que mucha gente piensa, la vida en Suiza es normal. Vale, igual por la calle ves más coches caros, pero la mayor parte del parque automovilístico es más viejo que la media española. Los suizos por alguna razón casi no compran productos Apple. Todavía no he conocido a un suizo que lleve un Rolex (en sí, pese al negocio montado… la mayor parte de los suizos ni siquiera llevan reloj!). Los bancos existen, están ahí, pero es algo que a los suizos ni les va ni les viene. La mayoría tienen sus ahorros en la caja del cantón en el que residen. Viven ajenos al tema este de «tener cuentas en Suiza».
  4. Los suizos y el deporte. Recuerdo que cuando llegué a Suiza me preguntaba dónde se metía la gente el fin de semana, porque parecían desaparecer. Al principio creía que se quedaban en casa. Luego descubrí que no, que lo que hacen es salir a la montaña/lago a practicar sus deportes preferidos. A los suizos les encanta esquiar. El concepto senderismo en Suiza adquiere una nueva dimensión. Si un suizo te dice que «vamos a dar un paseo por la ladera de ahí al lado» asume que vas a hacer 15 km a 1500 metros de altura. Si tienes vértigo (como yo), vas a vivir la mitad de tu vida pensando que vas a morir. En verano su deporte preferido es flotar durante unos km de río (en serio, se tiran al río, dejan que la corriente los lleve y luego salen en otro punto del río, caminan al principio y a repetir X veces). Por supuesto, la forma física se mantiene con los paseos en bici al trabajo (Suiza no es muy plana que se diga, tengamos esto en cuenta) y sus sesiones corriendo (muchas antes de las 6 de la mañana…). Un español «bastante en forma» no le llega ni a la suela de los zapatos a un suizo promedio, doy fe.
  5. Los suizos y el chocolate. Sí, Nestlé, Milka, Lindt, Toblerone… Ya. Son los mayores exportadores de chocolate, pero os puedo asegurar que no comen más chocolate que cualquier otro ser humano.
  6. Los suizos y el queso. En este caso es lo opuesto. Los suizos consumen todo lo consumible con queso, y con mucho. La variedad de quesos es impresionante y están todos muy ricos.
  7. Los suizos y los «productos de la huerta». Aunque existe cierta obsesión con el mundo eco y bio, a la mayor parte de los suizos lo que les importa es consumir productos frescos. Casi no conocen lo que es la comida precocinada o los restaurantes de comida rápida. Les encanta cocinar (cosa que hacen muy bien) y comprar en el día lo necesario (cosa que hace que ir al supermercado a las 7 de la tarde sea el infierno).
  8. Los suizos y los cantones. Al vivir aquí he perdido toda capacidad de comprensión del lío montado en España. Suiza es un estado federal, y cada cantón tiene TODO transferido. Hagas lo que hagas, las leyes variarán en cada cantón. Si te mudas de cantón hasta tienes que rematricular tu coche. Pese a ello, no se matan.
  9. Los suizos y el patriotismo. Vale, estamos divididos en cantones y todo lo que sea… pero la unidad federal se mantiene. Adoran su bandera y aprovechan cualquier oportunidad para colgarla en sus casas. Esto llega a su máximo exponente en la fiesta nacional, el 1 de agosto. Adoran, y mucho, su país. Aprovecharán toda oportunidad posible para ilustrarte sobre sus tradiciones ancestrales, que merecerían un post diferente.
  10. Los suizos y la democracia. En Suiza hay democracia directa. Si una persona cree que algo se debe debatir en el parlamento, tiene que reunir 100.000 firmas en 100 días y su propuesta se debatirá y se votará. Cualquier decisión pasará por el pueblo, que votará en referéndum vinculante. No existe un primer ministro, existe un consejo en el que están representados los principales partidos que conforman el parlamento. Y ojo, suena muy bonito pero no siempre funciona, no subestiméis la estupidez de la gente. En sí, en los últimos años han votado grandes pifias que ahora intentan arreglar con una segunda votación (a ver si explicándoselo bien entienden lo que están votando). Para contrarrestar lo utópico del tema, Suiza fue el último país europeo que permitió que las mujeres votasen (en el 71), pero como esto varía de cantón a cantón… y en Appenzell Innerroden no se permitió votar a las mujeres hasta 1990!
  11. Los suizos y los idiomas. Suiza tiene cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), pero no son co-oficiales. En algún cantón (o en zonas de algún cantón) sí hay dos co-oficiales, pero en la mayor parte de los casos se habla solo una. En teoría estudian otra lengua, pero si viajan a «la otra zona» (esto está muy marcado entre la zona francesa y germana) lo más probable es que hablen inglés. Si le preguntas a un suizo si habla inglés te dirá que «sólo un poco» y a los dos minutos descubrirás que parece nacido en el corazón de Inglaterra. Las abuelitas hablan inglés. Los niños pequeños hablan inglés. Así no hay forma de practicar alemán.
  12. Los suizos y los dialectos. Si has conseguido encontrar a una de esas personas que NO habla inglés, probablemente no podrás entenderte con ella, sobretodo si estás en la parte germana. Ellos dicen hablar alemán, pero lo que hablan es un dialecto, cada pueblo tiene un dialecto ligeramente diferente, no se entienden bien entre ellos, los alemanes no se enteran de nada, y tú con tu alemán nivel principiante eres incapaz de entender ni una palabra.
  13. Los suizos y su capacidad para agobiarte. En teoría los españoles somos muy cercanos y todo eso… pero cuando estamos al lado de un desconocido, respetamos su espacio vital. Yo que sé, en la cola del supermercado, de un cajero… siempre dejamos una distancia de rigor. Los suizos se te pegan como si no hubiera mañana. Tú reaccionas echando la mano al bolso o al bolsillo… hasta que te das cuenta de que en Suiza nadie te va a robar.
  14. Los suizos y el nivel de ruido. Sabrás dónde hay extranjeros por el nivel elevado de ruido. Los suizos hablan muy bajo, siempre. Especialmente en el transporte público, se oyen muy pocos ruidos. Eso no quita que siempre te pregunten si el sitio está libre antes de sentarse cerca de donde tú estás, que te digan «Gesundheit!» (salud) cuando estornudas aunque no te conozcan de nada, o incluso que entablen conversaciones absurdas contigo en el tren: de las mías destaco la de un italosuizo que me contó lo mucho que le gustaría viajar a España o la del señor que me soltó media hora de conversación sobre el tipo de müsli que cada uno de nosotros había utilizado en su desayuno.
  15. Los suizos y la educación. Eso de tutearse no va con ellos. Cuando te presentan a un suizo te va a tratar sí o sí de usted (si tienes más de 18). La persona de mayor rango (edad o título, aunque no tengo muy claro el peso de cada uno) es la que tiene que decirle a la otra que por favor la tutee. Como en España, esto se está perdiendo un poco en las nuevas generaciones, pero todavía están a años luz. Para compensar, cuando ya te han presentado a alguien y tienes permiso para tutearlo, si has pasado más de dos horas comiendo o bebiendo con esa persona se considera suficiente para que en lugar de un apretón de manos se despidan con un fuerte abrazo o con tres besos (dependiendo de la zona de Suiza). A mi lo del abrazo me desconcierta mucho, pero parece ser que a los de la «zona abrazo» lo que les desconcierta es eso que hacemos el resto de dar besos. ¡Pero si somos mucho menos invasivos!
  16. Los suizos y los impuestos. Los suizos sí pagan impuestos, y bastantes. Como curiosidad, los extranjeros con permiso B (lo que tengo yo) o inferior pagan menos impuestos, porque se presupone que no se van a quedar a largo plazo. Sí cotizan para la pensión (con un sistema bastante complejo, por cierto), pero la mayor parte tienen un plan de pensiones privado. En porcentaje del salario, lo que se me descuenta a mi en Suiza de impuestos es similar a lo que se me descontaba en España. Eso sí, el seguro médico no va en el pack. Tú te pagas tu seguro médico con la compañía que decidas y la cobertura y franquicia que consideres oportuna (y esto no hay forma humana de bajarlo de 250 francos al mes).
  17. Los suizos y el dinero. Los suizos no hablan de dinero. Nunca, jamás. Esto da lugar a situaciones absurdas como que no te digan cual va a ser tu sueldo. Tu ganas lo que debes ganar para el puesto en el que estás y algo cuesta lo que debe costar en relación a su calidad.
  18. Los suizos y la religión. La educación suiza es 100% laica, y si eres una persona religiosa tendrás que contribuir a tu iglesia (o lo que sea) con tus impuestos. Ojo, si dices ser ateo tendrás que serlo de verdad, que si se enteran (y se enteran) de que mientes, te harán pagar los impuestos de los años previos. Más allá de esto, los suizos no hablan de religión. Cada cual es libre de creer lo que quiera, en la intimidad y sin lavar el cerebro del resto.
  19. Los suizos y la seguridad. El servicio militar es obligatorio para los hombres suizos, y sirven entre los 18 y los 30, en cómodos plazos, eso sí. Para las mujeres es voluntario. Durante el periodo de servicio, todo militar se lleva sus armas a casa. Existe un complejo sistema de normas sobre dónde guardar cada arma, qué hacer con la munición y cómo realizar el traslado del cuartel a casa. En Suiza existen búnkers suficientes para toda la población (incluyendo extranjeros residentes y turistas): casi todos los edificios tienen uno y además existen muchos públicos, incluyendo los repartidos por las montañas, que nunca se sabe cuando te van a atacar con una bomba nuclear. Además, las autopistas están preparadas para ser transformadas en pistas de aterrizaje para aviones militares en caso de necesidad, y todos los accesos a el país están preparados para ser dinamitados en caso de intento de invasión. Así es como se mantiene la neutralidad suiza y una de las tasas de criminalidad más baja del mundo.
  20. Los suizos y la confianza. Los suizos reaccionan rápido si creen que se está cometiendo un delito, lo que hace que por ejemplo, en un tren de larga distancia, puedas dejar tu ordenador y tu bolso en tu sitio, irte media hora a la cafetería y encontrarlo donde lo has dejado al volver. Además, los suizos con granjas ponen en la calle lo que sea que quieren vender y una hucha y esperan que tú seas una persona civilizada y pongas en la hucha lo que ellos han puesto que cuesta en el cartelito antes de llevarte lo que sea que están vendiendo. No está vigilado y no, nadie, nunca, jamás, se ha planteado robar.

Y hasta aquí mi resumen de curiosidades sobre los suizos. ¿Alguna idea? ¿Alguna pregunta? Espero comentarios para poder escribir una segunda parte!!