Mi vacunación, tercera toma, ahora Pfizer

Hoy vengo a este blog con tema personal, para contar la experiencia de la tercera dosis recibida, un poco por la curiosidad de lo vivido, algo diferente a lo que habían sido las dos dosis anteriores. Y es que bueno, parece que voy a acabar siendo un saco de anticuerpos mire como se mire. Vamos a recapitular un poco qué ocurrió antes y lo que me llevó a esta tercera dosis, qué ocurrió con la reserva, con la vacunación, y qué es lo que está por venir.

Yo ya tenía dos dosis

Cualquier lector habitual de este blog ya sabía que yo estaba participando en el ensayo clínico de Curevac y tenía dos pinchazos en el cuerpo. Mis reacciones fueron un poco complejas, las narré en su momento para la primera dosis y la segunda dosis. Desde entonces me han tomado una muestra de sangre, pero no me habían dicho más.

Yo cubría religiosamente mi cuaderno diciendo que no tenía síntomas, y en todo este tiempo he recibido dos llamadas para ver que todo siguiese bien. En la última, hace poco más de dos semanas, pregunté qué hacer ante la inminente apertura de mi rango de edad para la vacunación. Me dijeron que cuando tuviese cita llamase y veíamos qué hacer.

La apertura del ciego y la reserva

El día 1 de julio se abrió la reserva para mi grupo de edad, así que yo llamé a ver qué hacía. Fue un primer intento fallido, ya que todavía no tenía cita. Eso me llevó a un bucle de varias horas con la app de la Comunidad de Madrid, intentando entrar en el sistema de autocita que no me enviaba el sms que necesitaba para poder reservar. Pasadas unas 12 horas, y tras quizá unos 40 mensajes, conseguí reservar. No sabía qué iba a ocurrir en medio así que reservé para el lunes 5 a la mañana. Dado que ya era por la noche, esperé a la mañana siguiente para llamar otra vez.

El viernes 2 llamé para romper el ciego. Me dijeron que me apuntaban y que me llamarían. Efectivamente, al cabo de una media hora, me confirmaron lo que yo ya suponía, que me había tocado vacuna. Me dijeron que si optaba por vacunarme, que simplemente les informase y que pretendían seguir haciendo seguimiento. Y así fue como pasé de ser una persona que había reservado su primera dosis a una que iba a recibir la tercera.

La cola de la vacunación

Había reservado en el centro de salud más cercano. Decía el mensaje que no se fuese más de 15 minutos antes, así que justo 15 minutos antes llegábamos a la puerta. Ah, y a la cola. Porque menuda cola… En total fueron unos 35 minutos de cola al sol. Los primeros 30 minutos nos desplazamos muy poco y en los 5 siguientes muy rápido, por lo que entendíamos que habíamos pillado mal momento.

Al entrar en el recinto, había mucha gente en una sala demasiado pequeña y con poca ventilación. Allí escaneaban código QR y te imprimían el papel de la vacuna que te iban a poner con el lote y fecha y eso. Te asignaban una cabina, que estaban en la misma sala, y allí esperabas esquivando gente del pasillo hasta que quedase libre tu cabina.

Al sentarme se me preguntó si mis datos estaban bien en el papel y en cuanto dije que sí tenía una aguja en el brazo. Ni limpiar el brazo, ni avisar, ni nada. «Pon el dedo aquí y vete a la siguiente sala que hay unos vídeos por si tienes efectos secundarios, cuando pasen 10 o 15 minutos te puedes ir». Puse el dedo para aguantar la gasa, que ya podían poner un poco de esparadrapo o algo, y a la sala. Al ver el panorama, decidimos acortar el tiempo todo lo posible y salir a la calle. Mucha gente, todos hablando, nadie hacía ni caso a los vídeos, no se oían, no había ventilación. Pronto nos fuimos para casa, porque total, yo en esto de vacunarme ya soy veterana…

Jeringuilla de vacuna de Pfizer
Ahora soy una chica CureVac/Pfizer/BioNtech 😅

El día después

Yo soy muy de pasar de posibles efectos adversos, pero dado lo que había ocurrido con las anteriores, reconozco que estaba un poco tensa. No es que tuviese miedo, lo que tenía más bien era resignación. Tenía asumido que pasadas las primeras 10 horas empezaría a subirme la fiebre, y tendría 24 horas duras.

Pasadas las primeras 10 horas… empezó a subir la fiebre. Pero solo empezó, y no siguió. Subí a 37, que es un grado más de lo que suelo tener en esas condiciones, pero ahí me quedé. Sin malestar ni nada. Un poco de molestia en el brazo al levantarlo y ya. Y aunque revisé varias veces la evolución, simplemente me quedé ahí.

A la mañana siguiente las décimas habían bajado y mi temperatura volvía a ser la de muerta habitual, aunque la molestia en el brazo se quedó unas horas más conmigo. Y eso ha sido todo. Aprovecho para aclarar que no es que esté loca y viva pegada a un termómetro, es que en el ensayo nos piden muchas medidas, lo que ha hecho que con el paso del tiempo tenga muy controlado qué es lo normal y qué es un par de décimas más de lo esperado, aunque no note ni un poco de febrícula.

Camino de la cuarta dosis

Como Curevac no ha sido aprobada (aunque puede que lo sea para un rango de edad que me incluiría), y yo no tenía ningún test de anticuerpos registrado… pues de perdidos al río, para tener pauta completa y certificado necesito otra dosis.

Si hubiese tenido mucha reacción me habría dado un poco de mal rollo y habría intentado que me convalidasen las dos de Curevac a cambio de una de Pfizer, pero viendo la ausencia de problemas, pues que me pongan lo que quieran. La cuarta (y espero que última) dosis me toca, en teoría, el 26 de julio, aunque ya se sabe que esto es un poco irregular.

Aunque no me he salido del ensayo de Curevac y sí he informado de mi vacunación, no tengo claro qué es lo que haré a partir de ahora. Carezco de información suficiente sobre el seguimiento que pretenden hacer, y tengo la posibilidad de salirme. Lo que sé ahora es que en los últimos meses he estado con un 50% de protección y he ayudado a esa investigación por lo que, sin duda, ha valido la pena.

Si has seguido mi historia y quieres invitarme a un café con hielo para la próxima cola de vacunación, puedes hacerlo aquí:

Planes veraniegos

Aunque el verano ya lleva unos días con nosotros, todos sabemos que verano verano… es julio y agosto. Por eso vengo aquí a contar un poco cual ha sido mi avance del año y cual va a ser el plan para los próximos dos meses. Después llegará septiembre y con septiembre tocará replantearse el avance de la vida y también a ver qué hago para poder seguir pagando mi alquiler. Pero por ahora vamos a intentar disfrutar un poco también del verano, y del aire libre, y de la vida. No nos vaya a pillar otra y nos encontremos en una situación complicada.

Medio año de propósitos

Lo primero que debería hacer, ya que llevamos medio año, es revisar cómo avanza el año. Mis propósitos de año nuevo siguen ahí, y la verdad es que voy leyendo pero menos de lo que me gustaría, me voy poniendo en forma pero más despacio de lo que querría, y lo de levantar un negocio es muy complicado. Llevo tres meses siendo trabajadora autónoma y ahora me tocará enfrentarme a mi primera declaración. Dicen las malas lenguas que para saber si un negocio funciona hay que darle tiempo, y cierto es que por ahora tengo muchos gastos y pocos beneficios, pero tampoco me puedo quejar dado que el neto me sale positivo. La situación está siendo complicada dado que el tema pandémico sigue dando sus coletazos. Tengo mis propios objetivos en ese frente, pero eso es algo que me guardo para mi. Veremos si puedo seguir haciendo lo que me gusta o si tengo que buscarme un trabajo que me guste menos.

En la parte de mi trabajo que os afecta directamente a los que me seguís es en la que sí voy a profundizar un poco más. Para que veamos cómo va el tema y qué es lo que se puede esperar en los próximos dos meses.

Podcasting veraniego

Aunque yo quería hacer entrevistas en Bacteriófagos este año, por ahora no ha sido posible por… cosas. Dada la situación actual, parte de esas cosas tienen solución, así que espero que sí pueda hacerlo en la segunda mitad del año, que quiero dar voz a otras personas. Pero en verano no va a ser. Bacteriófagos va a tener como cada verano una serie con temática común, que este año es algo así como «virus que nos amenazan con ser pandemias». Habrá capítulos normales hasta principios de agosto, haciendo una tetralogía veraniega. Después vendrán las vacaciones, que necesito también para poder pensar qué voy a hacer en la nueva temporada. Volveré en septiembre, os abandono poquito.

En Qarentena las cosas van a su aire, porque al fin y al cabo dependemos de la pandemia. En estos momentos estamos manteniendo el esquema quincenal, tocando siempre la misma semana que Bacteriófagos. No hemos decidido todavía qué haremos con nuestras vacaciones, cómo lo organizaremos o qué, pero probablemente habrá vacaciones. A la vuelta quizá aproveche para por fin grabar con esas personas que me han pedido colaboraciones en algún momento, os prometo que no me he olvidado de vosotros.

El blog merece descansar un poco

Llevo meses con cuatro entradas en el blog semanales y os aseguro que no es nada fácil. Aunque pensaréis que no hay otra cosa, sí las hay, y cada entrada que se lee en unos minutos a mi me puede llevar varias horas de preparación, leyendo los artículos que comento, buscando información de fondo, y asegurándome de que no meto la pata (y seguro que a veces lo hago). Por eso creo que necesito bajar el ritmo, para que mi cerebro no colapse, y poder tener un poco más de tiempo para otras cosillas. Durante julio y agosto habrá tres entradas semanales, los lunes, miércoles y viernes. Intentaré no faltar en ningún momento, pero no puedo prometer nada.

Las entradas sobre libros seguirán apareciendo cada segundo lunes. Esas son de las más cortas, pero para cada una me leo un libro (como parte también de mis propósitos para el 2021). Me planteo incluir también en algún momento entradas sobre otras cosas audiovisuales, pero tendré que ver qué frecuencia sería la adecuada. El día tiene 24 horas.

dibujo de un sol
Disfrutemos del sol del verano!!

La newsletter

Obviamente la newsletter no va a cambiar su frecuencia dado que por eso se me paga y me parecería muy feo cambiar las condiciones en exceso. Hay descuento de verano, para aquellos que quieran aprovechar para pasar de la versión gratuita a la versión de pago y con ello darme un empujón en mi proyecto.

Pero que no cambie la periodicidad no quiere decir que no haya cambios. Me he aburrido de esto de las secciones fijas, así que a partir de ahora habrá más secciones, pero no aparecerán todas en cada newsletter. Irán variando, y poco a poco iréis descubriendo cuales son los temas que he considerado que merecen ser nombrados. En cualquier caso, seguiré compartiendo unos 8-10 enlaces en cada una, además de los enlaces a aquello que haya hecho yo. No es contenido exclusivo más allá de mis comentarios sobre cada enlace, ya que lo que busco es una forma de apoyo a mi proyecto sin dejar a nadie sin acceso a información.

Dependiendo de cómo de difícil se me haga el verano, y dado que tengo que cumplir con ciertas obligaciones familiares. Cabe la posibilidad de que haya unas minivacaciones, pero haré todo lo posible por minimizar ese daño, que también quiero que la gente se entretenga en vacaciones.

Otros proyectos

Hay otras cosas en proyecto que no sabéis, porque hay que ir levantando otros frentes en este negocio. Eso irá apareciendo poco a poco, en función también de otras cosas que no dependen de mi. Quizá al final os llevéis alguna sorpresa veraniega y aparezca alguna de esas cosas que se me han pedido mucho pero que todavía no he hecho… a saber qué me traigo entre manos.

No tengo claro que pueda acabar el año pagando mi parte del alquiler, pero poco a poco vamos progresando. Ahora que estoy planificando este verano también es el momento de ir recopilando ideas para el otoño, ideas de temas y de proyectos. Por eso, una vez más, os pido que me hagáis llegar vuestras sugerencias, que también iré pidiendo por otros canales.

Por ahora seguimos, que el ritmo no pare, aunque aprovechemos el sol. Si os he convencido para darme un empujoncito extra, tenéis las formas de apoyo aquí, y como siempre os recuerdo que lo más fácil es invitarme a un café:

Participando en un ensayo… segunda dosis

Ha pasado un mes y aquí vuelvo a contar cómo hemos ido avanzando. El contexto: soy una de las voluntarias del estudio Herald, estoy en la fase 3 de la vacuna de Curevac contra el coronavirus SARS-CoV-2. Hace un mes, cuando me pincharon la primera dosis de lo que sea que me han pinchado, conté la experiencia aquí.

Aunque en medio no actualicé nada, la verdad es que hay bastantes cosas que debería contar, porque en la primera ronda me precipité mucho a escribir, porque soy ansia viva, pero esta vez que ya lo veía venir he esperado dos días.

Los efectos adversos de la primera dosis

Aunque las primeras horas fueron muy tranquilas, aquello no me duró mucho. El pinchazo no lo noté y eso siguió siendo así… más o menos. En ningún momento tuve nada visible en el brazo, pero pasadas unas 12 horas empecé a notar una molestia, una molestia similar a las agujetas. En ningún momento la cosa fue a más y pasadas unas 24 horas la molestia se fue.

Lamentablemente no puedo decir lo mismo respecto a otros síntomas, que fueron un poco más molestos. Más o menos a la vez, pasadas esas primeras casi 12 horas del pinchazo, empezó a subirme la fiebre. Inicialmente no me enteré, pero como me habían dicho que vigilase pues yo vigilé y cuando vi que subía me tomé el primer paracetamol. El primero de varios. Esa noche fue complicada, porque yo si tengo algo de fiebre no duermo. Pasé por tener escalofríos, fiebre, calor, frío, calor, hambre, sed, frío, calor… y así toda la noche hasta la mañana siguiente. Al día siguiente durante el día todo lo que tenía era cansancio, esa gran fatiga, y llegada la noche volví a tener un poco de fiebre, aunque la segunda noche ya pude dormir. Al día siguiente, un poco cansada pero en general como una roca. En dos días se me había pasado el cansancio y el resto del mes no hubo nada destacable.

vacuna
A saber qué me han pinchado…

La visita para la segunda dosis

Hace dos días, el martes, tenía vez para mi segunda dosis. Al llegar me revisaron los datos y en cuanto conté los síntomas ya me dijeron que bueno… que sacase mis propias conclusiones. Y sí, muchos me han dicho que he tenido síntomas que indican que me han pinchado vacuna y no placebo, pero vosotros no me conocéis, que yo reacciono a cualquier cosa, así que no me quiero hacer ilusiones.

Tras revisarme la tensión, la temperatura y hacerme otra prueba de embarazo, vino la segunda dosis. Curiosamente esta vez sí noté un poco más la aguja, aunque no fue nada destacable. Me pincharon, me hicieron esperar mi media hora y ya allí me dieron 4 paracetamoles, el primero para que me lo tomase allí. Al ver que no tenía ni fiebre ni tensión alta ni nada, pues para casa. Y todo bien… durante un rato.

Los síntomas de la segunda dosis

Teniendo en cuenta lo que yo sé, pues en principio esperaba una reacción similar. Pero no sabía si un poco más o un poco menos… y yo tengo muy mala suerte.

Durante la tarde del martes ya empecé a notarme más cansada, cosa que la vez anterior no había notado. Y por supuesto, llegada la noche, llegó la fiebre. Esa primera noche fue muy parecida a la de hace un mes: sin dormir nada, con fiebre, malestar, etc etc. Claramente tomarme el paracetamol preventivo no había ayudado mucho y tomarme el segundo pasadas 8 horas ya fue un infierno. Las pastillas y yo no nos llevamos bien, y menos de ese tamaño.

El miércoles creía que pasaría el día bien como la vez anterior… pero me equivoqué. Ayer me pasé todo el día con fiebre y pese al paracetamol estuve bastante rato durante el día por encima de 38 grados. Y físicamente destrozada. Lo describía como que me había pasado una apisonadora, y esa era más o menos la sensación, la de una paliza tremenda. Un dolor muscular horrible, que hizo que me pasase todo el día tirada entre el sofá y la cama, ya que cualquier intento de estar sentada generaba que tras 10 minutos mi espalda no aguantase.

Por suerte, hacia la noche la cosa se empezó a calmar, y me fui a dormir con solo 37.5 ya sin paracetamol. Me dormí y hoy sí, ya estoy bien. Todavía cansada, pero bien.

Qué viene ahora

Dentro de dos semanas iré para que tomen una muestra de sangre para ver si tengo anticuerpos, aunque se supone que no me lo van a decir y yo tengo que seguir actuando como si no supiese nada. Después, todavía tendré que volver un par de veces más para que hagan seguimiento, aunque si las muestras de sangre de dos semanas después junto con los resultados de los contagios indican una buena eficacia, probablemente se acelere el proceso para aprobar la vacuna.

Si la vacuna se aprueba me dirán qué me han puesto, porque si tengo placebo, me ofrecerán la vacuna. Tengo que reconocer que realmente espero que me hayan puesto la vacuna, porque no quiero ni imaginarme el efecto de la vacuna si esto es placebo. En estos momentos por la reacción de fiebre pienso que es la vacuna, pero que no me haya generado reacción en el brazo me extraña… no sé, ya veremos.

Cuando tenga novedades, porque en algún momento las tendré, entonces volveré aquí a contarlas. Mientras, si queréis darme ánimos en este experimento que estamos haciendo con mi propio cuerpo… al menos podéis invitarme a un café, que el café siempre me viene bien:

Un año «en casa»

Hoy hace justamente un año, al menos en mi caso. No teníamos noticias de un posible cierre, y todo lo que se nos decía en la Universidad de Zurich es que tuviésemos más cuidado. Que guardásemos distancias y que nos lavásemos las manos. Aquel jueves había sido un día muy duro.

Aquel jueves yo ya había tomado la decisión de abandonar el laboratorio a finales de año y había discutido sobre el rumbo que tenía que tomar mi proyecto. Mi opinión había sido ignorada y, en lugar de dejarme trabajar a mi ritmo, se me había enviado a casa a escribir la solicitud para un puesto de trabajo que yo había dicho claramente que no me interesaba. Me tenía que quedar el día siguiente y toda la semana que venía en casa trabajando en eso. Dada la situación y que yo no era la única enfadada, al acabar el día nos fuimos tres al bar del campus. Además, ese día yo no era la única que necesitaba distraerse un poco.

Nos sentamos fuera, porque por suerte el tiempo acompañaba, y nos tomamos un par de cervezas entre las risas. Nos parecía todo un poco exagerado, y yo decía que no entendía por qué nosotros teníamos todo tan abierto si en España se habían cerrado ya muchas cosas en varias comunidades, pese a que tenían muchos menos casos por millón de habitantes de los que teníamos en Suiza.

Tras ese par de cervezas cada uno se fue a su casa, y esa fue la última vez que vi a mis compañeros en varios meses. No volvería a ver en persona a ninguno hasta finales de abril, a la mayoría no los vi hasta finales de mayo y en algunos casos hasta finales de junio. Ahí empezó mi confinamiento, en el que mi cabeza aprovechó para dar forma a una idea muy confusa en aquel momento, idea que ahora está empezando a ponerse en práctica. Yo sabía que pasase lo que pasase yo no iba a estar a día de hoy en Suiza, y eso me permitía seguir adelante.

A la mañana siguiente me puse con pocas ganas a trabajar en ese documento que tendría que enviar una semana más tarde si pretendía mantener mi puesto de trabajo, pero pronto llegó un correo electrónico que decía que nos preparásemos para un posible cierre en algún momento de la semana siguiente. Yo ya no pude ir a preparar nada, pero por suerte algo había hecho clic en mi cerebro el día anterior y me había llevado a casa todo lo que necesitaba. Mis compañeros hicieron lo que pudieron.

El estado de alarma en España entró en vigor el sábado 14 de marzo en el momento en el que se publicó en el BOE, aunque hubo cierta flexibilidad durante las primeras 48 horas para que todo el mundo pudiese adaptarse. En Suiza el 15 de marzo se anunciaron medidas, pero de aquella manera, como se continuó haciendo casi hasta día de hoy. Cerraban las universidades pero en principio la investigación tenía que seguir adelante, pero bajo mínimos. Durante una semana mis compañeros fueron como pudieron, a un edificio cerrado y sin tener muy claro si era lo correcto. Una semana más tarde se nos comunicaba que sólo se permitía hacer investigaciones relacionadas con el coronavirus y que se necesitaba un permiso especial.

Así se me llevó a mi de vuelta en abril, cuando todavía circulaban trenes bajo mínimos, todas las tiendas no esenciales estaban cerradas y las mascarillas eran objeto de deseo. Con un papel que decía que iba a investigar cosas del virus pude ir, sin mascarilla, a trabajar sola en el laboratorio a finales de abril. Por suerte, entre todas las prisas, alguna caja de mascarillas había quedado olvidada y pude hacerme con un puñado para aquellas fechas tan complicadas. Y eso que en el tren iba sin ella, principalmente porque solía ser la única persona en mi vagón.

Desde aquel viernes en el que Pedro Sánchez anunciaba un estado de alarma sin detalles, viernes en el que mis compañeros se llevaban monitores y teclados a casa, en el que todos creíamos que por muy mal que fuese esto «pronto se arreglaba»… desde aquel día hasta mi vuelta casi dos meses después al laboratorio, las cosas fueron diferentes. Me pasé dos meses en casa, trabajando poco para aquello por lo que me pagaban (llamadlo compensar horas de los seis años previos) y mucho para otra cosa. Trabajé mi salud física y mental, trabajé mis amistades y trabajé en lo que decía que sería un nuevo proyecto. Trabajé muchas horas en Qarentena junto a Pedro, y ahí seguimos ahora en formato semanal. Y allí conocí a un montón de personas cuya vida estaba cambiando.

Nuestras vidas han cambiado mucho durante el último año. Quizá la mía de una forma peculiar. Había muchas cosas que no nos podíamos imaginar. Recuerdo que incluso cuando compré mi primera ronda de mascarillas de tela dudé si valdría la pena comprar un pack grande, si llegaría a usarlas (inocente de mi). Por mucho que supiésemos que el peligro estaba ahí, no queríamos creer que esta vez iba a ser. A mi me ha ayudado a cambiar de vida, y sé que no soy la única. Otros todavía están a tiempo de cambiarla a mejor.

Curiosamente, aunque empecé a escribir con la idea de centrarme en los hechos científicos, mis manos se han ido a contar la historia personal, cómo viví yo aquellas horas previas, aquellos días de soledad en mi apartamento en Berna. Ni siquiera diría que de incertidumbre, porque creo que no valoraba realmente qué podría pasar. Era lo que era, y tocaba aguantarse con resignación. Ahora es todo diferente.

Si has seguido este relato recordando mis tweets o comentarios durante aquel momento, si quieres apoyar mi trabajo, invítame a un café!

El 8M no será lo mismo

Hace casi un año en mi cabeza daba vueltas esa idea, que el 8M no volverá a ser lo mismo. Porque todos tenemos en nuestra cabeza la obsesión con asociar una fecha a un hecho. Y en parte ha pasado, porque el 8M se asoció a la subida de casos y ahora ya no hay forma de quitarle esa idea a algunos de la cabeza.

Supongo que a estar alturas no es necesario aclarar que la pandemia no se expandió en España «por culpa» del 8M. Porque en esas manifestaciones hubo contactos como los hubo en otros muchos eventos realizados los días previos (y posteriores). Claro que hubo contagios, seguro. Y claro que se podrían haber evitado si no se hubiese hecho ninguna manifestación, pero a toro pasado es muy fácil juzgar.

Este año el 8M se nos vino encima en medio de mucha polémica. En algunos casos se han prohibido las manifestaciones en lugares en los que sí se han permitido otras cuando la incidencia era cuatro veces mayor. Entiendo que se quiere evitar que haya demasiada gente. Por suerte las otras manifestaciones no reúnen tanta gente, y si por mi fuese algunas preferiría que no reuniesen a nadie. Pero quizá en lugar de prohibir habría que haber buscado una fórmula que lo permitiese.

Recuerdo el 24 de julio, día de los fuegos artificiales de Santiago Apóstol, día que históricamente en la plaza del Obradoiro no cabe un alfiler. En el año 2020 eso no ocurrió, pero no hubo que cancelar todo. Se descentralizaron los fuegos artificiales de forma que se pudiesen ver igual desde toda la ciudad, por lo que no hubo aglomeraciones. ¿Por qué no se ha organizado algo similar en los lugares en los que se veía venir que habría aglomeraciones? Hay mil formas de salir a la calle y que nos escuchen.

Este año también, más que otros, he escuchado que un día como hoy no hace falta. Y justamente este año hemos visto que hace mucha falta. Porque con el teletrabajo, algunos hombres han descubierto que tienen hijos y han descubierto lo que hacen a diario sus esposas. En otros casos, al estar los niños en casa, salieron a la luz prejuicios y sesgos, ya que si uno de los dos tenía que mover su trabajo debía ser la madre. También fueron las mujeres las que hicieron colas tremendas en los supermercados con aforo limitado, mientras que sus maridos sacaban al perro 20 veces al día si hacía falta.

Por suerte, también había muchos casos opuestos, en los que la pareja dialogó la situación y se dividieron todo. Las tareas de la casa sin molestar a nadie durante las horas de trabajo o estudio, las horas de cuidado de los niños, los deberes, las clases virtuales, las colas del supermercado o sacar al perro. Se dialogó y no se cargó a nadie con un exceso por sus cromosomas. Y yo me alegro mucho de ello, pero es que mientras haya casos de lo otro, todavía queda camino.

También he escuchado mucho que las mujeres que salen «a protestar» han crecido en igualdad. El caso es que algunas de las mujeres que todavía están en edad de ir a una manifestación como ha sido el 8M, de fiesta y alegría, algunas no lo hicieron. En nuestro país hay mujeres que tuvieron que dejar la enseñanza básica para atender la casa. Mujeres que no pudieron estudiar porque sólo se podían permitir en la familia que lo hiciesen los hombres. Mujeres a las que sus padres o hermanos golpeaban si la comida estaba fría cuando llegaban a casa.

Esas mujeres nos rodean, y aunque sólo sea por agradecerles su lucha, por eso ya vale la pena celebrar algo como el 8M. Porque se lucha todos los días del año por los derechos, pero al menos un día al año estaría bien celebrar los derechos que se ganaron. Así que no, no todas han crecido en igualdad, y a ratos tengo la impresión de que las más jóvenes tienen problemas que no teníamos hace unos años. Me preocupa que nos hayamos estancado o que incluso a ratos parezca que vamos hacia atrás. Quiero pensar que es sólo una impresión.

Yo no voy a participar en ningún evento especial hoy porque no considero que sea el momento dentro del tipo de actividades que se me han presentado, aunque sí lo he hecho en el previo, porque hay cosas que se pueden hacer otros días y que se pueden hacer sin poner en riesgo a nadie. Puedes entrevistar y dejar que te entrevisten, puedes hablar de tu carrera y lo difícil o fácil que te ha resultado siendo mujer. Puedes ayudar a aquellas que se empiezan a enfrentar al mundo real, para que sea un poco más sencillo para ellas, igual que fue mucho más sencillo para ti que para tu madre.

Aunque este año nos quedemos con una versión light, aunque hagamos lo que sea desde nuestras casas, no dejemos que nos manchen el día. No dejemos que nadie se aproveche del color ni del día para cambiar el foco. De vez en cuando seguirá pasando por mi cabeza que ser mujer es una mierda, pero por suerte son ideas pasajeras y el resto del tiempo estoy orgullosa de lo que soy (incluyendo la parte de ser mujer), estoy feliz con cómo soy y con mi independencia, y esa la tengo gracias a muchas que estuvieron ahí antes. A ellas, que han pasado toda su vida trabajando y luchando, a ellas es a las que hay que felicitarles más el día, y tratarlas como se merecen el resto de su vida.

Si quieres apoyar a esta mujer en su trabajo normalmente científico, puedes hacerlo aquí o puedes invitarme a un café: