Cuando el ambiente se alía con la genética

Sin duda hemos dejado correr ríos de tinta con un tema en el que todo eran teorías sin saber demasiado… y según sabemos, cómo siempre, se demuestra que las cosas son mucho más complicadas de lo que creíamos.

Hace mucho tiempo, cualquier diría que un rasgo dependía o de la genética, o del ambiente. Después descubrimos que muchos rasgos que se creían genéticos, resulta que no eran tan genéticos, porque el ambiente nos influye más de lo que creemos. Y hace menos tiempo descubrimos que el ambiente puede alterar los genes… o algo así. 

El artículo que os traigo hoy, muy interesante y que creo que dará que hablar, justamente analiza un ejemplo de la influencia del ambiente en algo genético. Porque sabemos que hay ciertos tumores que aparecen por factores genéticos, pero no todo es blanco o negro… ¿qué factores ambientales pueden cambiar el tono de gris? Este ejemplo se ha publicado en Nature, y la primera autora es una Postdoc española, que no se diga que no exportamos buenas científicas. A ver si ella se vuelve en algún momento y cómo lo hace. Podéis encontrar el artículo aquí: A gene–environment-induced epigenetic program initiates tumorigenesis.

Molécula de ADN
Lo imaginamos así… pero no.

La relación entre la genética y el ambiente

Como decía antes, históricamente hemos tenido un lío tremendo montado con esto de la genética y el ambiente. Desde el momento en el que empezamos a tener claro que había ciertos rasgos (y ciertas enfermedades) que se heredaban, empezamos a intentar decidir qué era culpa de nuestros padres y qué era culpa nuestra.

Por supuesto, durante mucho tiempo, los esfuerzos se centraron en poder culpar a la genética. Eso implicaba que ciertas características serían irreversibles e inalterables, y eso iba a permitir hacer… cierta selección. Supongo que no tengo que recordar a los lectores las situaciones en nuestra historia en las que se utilizó la “genética” para atrocidades varias. 

Pasados los años, empezamos a entender que no todo estaba en los genes y que aunque pudiese haber una cierta predisposición, la crianza afectaba al desarrollo. Aquello de que el ambiente nos afecta. Empezó a estudiarse en gemelos que habían sido separados al nacer, y poco a poco se pudo determinar que en muchos casos la genética lo que nos da es esa predisposición. 

Un paso más allá: la epigenética

Aunque con esto pudiésemos tener claro que los genes son responsables de una parte y el ambiente de otra parte, todavía nos quedaba un paso más: descubrir que el ambiente podía alterar los genes. No es tan así como se dice, así que voy a intentar explicarlo.

Siempre hablamos de “los genes”, pero la realidad es que los genes son una parte de nuestro genoma, y mucho de su expresión viene del entorno de dichos genes. El resto de secuencias pueden desarrollar muchas funciones que permiten regular los genes. Por ejemplo, facilitando o bloqueando su expresión. 

Y pese a que hace ya unos años que sabemos que esto ocurre, carecemos de suficientes detalles como para poder ejemplificarlo. Podemos determinar que la expresión de algunos genes está claramente alterada por el ambiente, pero es muy complicado localizar qué factores concretos ambientales han alterado concretamente qué secuencia. 

Eso es lo que se ha hecho en este trabajo, que estoy segura que será el primero de muchos en la misma línea. En él se describe como el ambiente y la genética se compinchan para cambiar algo. Por desgracia, lo que hemos aprendido es el desarrollo de un tumor, pero quizá para la próxima sea algo más positivo de lo que podamos aprovecharnos para bien.

El adenocarcinoma pancreático

El adenocarcinoma pancreático ductal (PDAC) es una de las principales causas de muerte en el mundo, y además se sabía previamente que existía una relación entre un daño externo y el desarrollo del adenocarcinoma.

El desarrollo depende de la presencia del oncogen KRAS que, en su versión mutada, da esa predisposición, pero que por si solo no suele ser problemático. En cambio, cuando hay un daño en el páncreas, de algún modo tras la inflamación se empieza a desarrollar el adenocarcinoma. Al menos… en ratones.

En el trabajo, los investigadores analizaron lo accesible que eran diferentes regiones de la cromatina, lo que permitiría acceder a (y expresar) diferentes genes. Efectivamente, la combinación de la mutación y el daño pancreático generan un patrón distinto al de los dos factores por separado, por lo que se va a acceder a diferentes regiones de la cromatina. Analizando esas regiones se encuentra lo que puede ser la razón del desarrollo del adenocarcinoma: la activación de secuencias de regeneración de tejido y de formación de nuevo tejido. 

Si tras un daño lo esperable es que se activen diferentes rutas que permitan arreglar el desperfecto, en este caso, y sumado a la presencia del oncogen Kras mutado, se genera la combinación perfecta para que, más allá de reparar el tejido, comience el crecimiento tumoral.

Prestemos atención a todos los factores

Si queremos una vida larga y sana tendremos que tener en cuenta todos los factores que supongan un peligro. Nuestra predisposición genética no podemos cambiarla. Al menos por ahora, aunque quizá en el futuro cercano podamos solucionar alguna que otra mutación. Pero por ahora sólo podemos arreglar el otro lado. Conocer qué factores ambientales y qué conductas van a alterar nuestra expresión génica, puede ayudarnos a evitar problemas. Y conocer combinaciones como ésta puede resultar muy interesante, para poder optimizar qué grupos poblacionales deben ser vigilados o deben tener prioridad según su predisposición a que algo que podría quedar en nada, sea algo muy grave. 

Sin duda un trabajo pionero, pero nos queda mucho camino. Yo tengo una idea sobre alguna predisposición por el historial familiar, pero ni de eso estoy segura. ¿Y tú? ¿Eres consciente de tener que tener especial cuidado con algo?

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Soylent Green y otras formas de mentir con la comida

Ahora estamos en el futuro, éste es ese futuro en el que se nos prometían otros tipos de comida. Pero de la mismo forma que Soylent Green ocultaba un oscuro origen, en la actualidad nuestros alimentos tienen problemas similares, y vamos a llamarlos alimentos por decir algo.

En los últimos días, a raíz de un par de fotos se han lanzado un montón de ataques gratuitos en Twitter. Que a ver, digo yo que cada uno que se preocupe primero por su vida y lo de juzgar la de otra que se lo calle. Efectivamente, tenemos un problema con la obesidad en España y a nivel mundial, pero eso no se soluciona simplemente con decirle a la gente que coma más sano y haga ejercicio. Hay un montón de factores genéticos, epigenéticos, ambientales, etc que afectan a la composición corporal de cada persona. Lo que sí espero es que se pongan a disposición de todo el mundo herramientas para poder llevar una vida más sana. Que una vida poco sana es un problema, pero puede ser un problema de muchos y cada uno tiene prioridades. Pero para poder elegir algo, hay que tener opciones. Herramientas.

Herramientas para una vida sana pueden ser incentivos por buenos hábitos (ojo, no por buen IMC que os estoy viendo venir). Dar herramientas implica que sí sea más sencillo comer bien que comer mal. Porque sí, claro que se puede cocinar sano en casa y que salga barato, pero si a mi se me tuerce un día y quiero algo rápido a domicilio… por cada opción sana tengo 60 poco sanas, y la sana no va a ser ni barata ni rápida.

Pero hoy no venía a hablar realmente de esa parte, venía a hablar de la mentira en las etiquetas, de cómo se llega a dificultar todavía más la vida a aquellos que intentan dar unos pocos pasos en una dirección. Porque al igual que Soylent Green no tenía lo que decía tener, la mayor parte de lo que nos encontramos en un supermercado miente.

Fitness, qué bonita silueta

Los cereales… eso que se nos ha vendido que es imprescindible para ir por buen camino. Que sí, que ya sabemos que los ChocoCrispies de los críos tienen mucho azúcar, pero tenemos esos cereales «para mujeres» en cajas pequeñas, todo rosita y que dicen mucho sobre no tener azúcares añadidos, y también sobre las pocas calorías que tiene cada ración. La realidad, al mirar la letra más pequeña, es que la mitad de lo que hay en la caja es azúcar (sí, a veces más de 50 de cada 100g), y que lo de las pocas calorías es sólo si te tomas un puñado minúsculo que es lo que consideran ración. Puñado con el que te vas a morir de hambre en una hora, y ya veremos qué tienes a mano entonces.

Es un ejemplo, uno de muchos. Podemos añadir también los yogures que siguen la misma línea y que si no tienen una cosa, es que tienen otra… o que no te van a servir de mucho.

Los snacks bajos en calorías

El snack saludable dicen, que de saludable no tiene nada. Una minibarrita que destacan por tener pocas calorías y tiene 100, pero que no te sirve de mucho comerte. Porque si tenías hambre, no te va a llenar y seguirás teniendo hambre. Y si tenías más ansiedad que hambre, tampoco vamos a arreglar nada. Pero claro, tu cerebro te dice que es mejor comer eso que otra cosa. Mejor las galletas bio, las digestive, mejor si dice que sin azúcar, que es que tengo hambre pero no quiero engordar. Pues si tienes hambre tienes que comer algo que te llene, no algo que te deje igual y además te acabe generando más ansiedad. Un plátano llena mucho más que dos galletitas de esas. Se trata de que no tengas hambre, porque si sigues con hambre, comerás otra cosa, que es lo que hacemos todos antes o después. Ir por la vida con las tripas rugiendo no mola.

Muerte a los edulcorantes y los aditivos

Eso sí, en medio de todo esto es muy importante que lo peor son los edulcorantes artificiales, o eso dicen algunos. Es tan malo, que es mejor que te bebas una Coca-Cola normal, porque te va a matar lo mismo que la Zero, o quizá menos. Pero en cualquier caso que te quede claro que es horrible. Porque aquí es todo o nada, o eso parece. Y ahí tenemos que el que te diga que los cereales fitness y las galletas digestive mal, te insista en que las bebidas carbonatadas son también lo peor porque son «artificiales». Lo artificial no es malo necesariamente. Y ahora hablo en serio: ningún edulcorante ni ningún aditivo es peligroso en las cantidades en las que podemos consumirlos. Por eso si lo que te hace abrir la nevera es ansiedad, está bien que te tomes una bebida edulcorada, o que le pongas edulcorante a un yogur natural, o a un café con leche o a lo que haga falta.

Los pasitos y las primeras piedras

Los cambios en la vida se hacen poco a poco, y el que quiera hacer cambios en su vida, probablemente lo encontrará más sencillo si puede ir haciéndolo poco a poco. Pero desde luego los insultos no ayudan a nadie, y mucho menos cuando no tenemos información suficiente como para juzgar a nadie (nunca la tenemos). El que esté libre de culpa que tire la primera piedra y eso… porque antes de criticar al resto, supongo que tendremos que mirarnos a nosotros mismos y jurar que jamás hemos comido o dejado de comer por ansiedad, que no hemos bebido alcohol ni fumado, ni hemos hecho una actividad física peligrosa, ni ninguna otra cosa que sea perjudicial para nuestra salud. Pues el que dice que «una cerveza no mata» que recuerde que un Big Mac tampoco.

Pero si alguien no puede tirar piedras, sin duda, es todo aquel que esté implicado en permitir que se nos mienta descaradamente en lo que se nos vende. Y está tan implicado el que etiqueta, como el que regula esas etiquetas, como el que compra lo etiquetado de una forma u otra. Tenemos que ser consecuentes con nuestras ideas y no podemos decir ni pío a alguien que compra algo que nosotros ayudamos activamente a que esté así en el mercado. Y no, el Nutriscore no lo va a arreglar, hasta lo va a empeorar, pero de eso hablamos otro día.

Si ahora tenemos productos en el supermercado que dicen que «sin azúcar» y resulta que el 50% son azúcar… ¿cuánto tardaremos en tener Soylent Green? Y hoy sí lo dejo claro antes de terminar, no vaya a ser: aquellos que hayan leído todo este rollo, quizá hayan interpretado algunas frases como serias cuando existe cierta ironía, así que antes de apresurarse a opinar se puede preguntar. Por otra parte, mi composición corporal, mis posibles enfermedades, mi posible herencia genética y las condiciones ambientales que me han llevado a tener la composición que yo tenga las conozco en detalle sólo yo, así que mejor no prejuzgar. Y si no lo hacéis conmigo, no lo hagáis con otras personas. Y que quede claro que ahora he tocado unos temas que me han venido a la cabeza y que no son ni los únicos ni los más importantes, pero eran los que en estos momentos más me estaban molestando. Otro día tocarán otros.

Yo el café lo tomo sin azúcar, pero con leche. Y a veces acompañado de un bizcocho, o de unas galletas, que nunca son 0% nada. Que calorías en el cuerpo hay que meter y el cerebro sin glucosa no funciona. Dicho eso, siempre podréis invitarme a un café:

Participando en un ensayo COVID: primera dosis

Hoy os voy a empezar a contar una historia que se empezó a fraguar la semana pasada. He esperado a que se completase la primera fase para tener más que contar, a ver si podemos transmitir un poco de tranquilidad por aquí. Pero ahora puedo decirlo: me han puesto la primera dosis de una «vacuna» de un ensayo COVID.

Hace una semana, me enteré de que el ensayo clínico para la vacuna CureVac buscaba voluntarios en España, concretamente en Madrid. Varios medios se hicieron eco de ello, pero parece que no en exceso, porque aunque en otros hospitales llenaron muy rápido, en Madrid seguían teniendo huecos. Un ejemplo de noticia al respecto con los datos de contacto la tenéis aquí. Tras pensarlo un poco, pensé que sería interesante participar.

Mi interés en participar es, ante todo, por el avance de la ciencia. Llevo meses diciendo que las vacunas de ARN son seguras y eficaces, así que que menos que ofrecerme a que prueben una en mi cuerpo. Si tengo la oportunidad y no lo hago, perdería credibilidad. Así que bueno, confío en ellas lo suficiente como para querer que me la pongan. Se trata de un ensayo ahora en fase 3, por lo que se está revisando cual es su eficacia.

Los días previos a mi primera cita para la dosis del ensayo COVID

Mi primer intento fue vía correo electrónico, al que me respondieron bastante rápido diciendo que llamase por teléfono. Lo intenté el viernes a la mañana, pero de forma poca exitosa. Ahora sé que de debe a una saturación en la centralita, no a que ellos no puedan atender en su unidad.

El lunes por la mañana (ayer) volví a intentarlo y contestaron a la primera. Me hicieron una serie de preguntas básicas por teléfono, sobre si tenía alguna patología previa, si había tenido alguna PCR, antígenos o anticuerpos positivos, si estaba embarazada y tras comprobar que mis datos aparecían y que estoy registrada en el sistema de salud de Madrid, me ofrecieron varias horas para hoy a la mañana. Hay que tener en cuenta que se están poniendo cientos de dosis para este ensayo COVID, así que la rapidez es alucinante.

Como yo soy un poco así, opté por una cita a media mañana. Porque yo sin desayunar no voy a ningún sitio. Dado que presuponían que no habría problemas, me asignaron directamente la cita para la segunda dosis, y me advirtieron que la primera cita implicaría unas dos horas en el hospital.

Recordemos, muy importante, que todas las personas que participan en una fase 3 reciben o bien la vacuna o el placebo. Por lo tanto, hasta que pase un tiempo (todavía por determinar) no sabremos quién ha recibido qué.

La primera cita, historia hasta el pinchazo

Esta mañana me subí al metro y me fui al hospital. Me fui con mi mascarilla FFP2, porque no sabía qué hacía falta o no. Me dirigí al sitio al que me habían dicho que fuera y rápidamente una enfermera me dijo que, antes de nada, íbamos al consentimiento informado. Lo primero fue leerme toda la documentación, aunque ofrecían también un vídeo en una tele allí que tenía una versión resumida con dibujos. Yo soy un poco especial y me leí todo el consentimiento en papel.

Una vez dado el visto bueno al consentimiento, empezamos el reconocimiento médico. Ahí me revisaron que mis latidos fuesen normales, que mi garganta tuviese un aspecto normal, que no tuviese nada destacable en mi historial y por supuesto, una serie de preguntas sobre mis hábitos. Acabé esa fase tras poco más de media hora allí, y de ahí me tocó salir para poder hacerme una prueba de embarazo (porque obviamente nadie se fía de tu palabra).

De vuelta, pasé a la segunda fase. El test de embarazo que hizo que mi tensión subiese a las nubes cuando la enfermera bromeó con un positivo. Tras reírnos un poco, volver a medir la tensión (ya más normal) y temperatura. Medirme y pesarme y una muestra de sangre, un tubito para que me puedan hacer una prueba de anticuerpos, no vaya a ser.

Teniendo todo en regla, pidieron «mi dosis» para el ensayo COVID. Que a saber si lleva vacuna o no. Tras esperar unos minutos a que la trajesen, cuando hacía justo una hora que estaba allí, llegó la jeringuilla. He de destacar que el pinchazo no se nota nada con estas agujas que usan ahora. Y bueno, ya tenía en mi brazo la dosis… o no.

Lo que ha pasado después del pinchazo

Tras ponerme la dosis me mandaron a otra salita en la que se me informó como notificar efectos varios: dolor de cabeza, hinchazón, dolor en el brazo, náuseas… lo que sea. Y que me mire la temperatura por la noche. También me ofrecieron algo de comer, pero yo ya quería irme y comer en mi casa, así que en cuanto se cumplió la media hora del pinchazo y me dejaron libre, me fui.

En estos momentos, que han pasado ya más de tres horas, yo sigo como una rosa. Creo que lo único que puedo decir es que noto cierta molestia en el sitio en el que me han pinchado… pero a ver, me han pinchado, digo yo que lo normal es que me moleste un poco, aunque tengo que ponerlo igual en la aplicación.

Tras la primera dosis en un ensayo COVID… ¿qué pasa?

Si todo va bien, en un mes me pondrán la segunda dosis. Y si todo va bien, cuando se apruebe la vacuna a mi me pondrán sí o sí la dosis, aunque no la tenga ahora. Habrá que ver cómo avanzan los días y si tengo algún síntoma o no, y espero muy ansiosa los resultados de los tests de antígenos que me van a ir haciendo.

Yo seguiré contando cómo va esto de ceder un poquito de mi cuerpo a la ciencia. Lo que os puedo decir es que yo soy muy de evitar médicos en la medida de lo posible y hoy he quedado muy contenta. Se me ha informado, se me ha tratado bien, y tras años fuera me he reconciliado bastante con el sistema español. Nunca había participado en un ensayo, y me hace mucha ilusión que mi primera dosis sea de uno COVID.

Cuando lleve unos días escribiré contando en qué consiste la vacuna de forma más detallada, qué cosas han publicado hasta el momento y cuales son las posibilidades que tiene de que se vaya a aprobar su uso en Europa. Mientras tanto, podéis apoyar mi gran esfuerzo (divulgativo y de colaboración científica) invitándome a un café, y enseñando a vuestros conocidos que no, al ofrecerte a un ensayo no te salen antenas verdes ni nada por el estilo. Al menos, por ahora, yo sigo como antes.

La mujer y la niña en la ciencia

Podría estar en otro lugar en estos momentos intentando convencer a una niña de que estudie una carrera de ciencias, pero no lo voy a hacer. Voy a escribir un post con lo que me está pasando por la cabeza con todo lo que he visto en los últimos días, y de entrada ya sé que no va a gustar, pero es lo que pienso.

¿Hay machismo en la ciencia? Sí, un montón. En algunas ramas es peor que en otras, pero está ahí. El problema es que desde hace unos años parece que lo que tenemos que hacer es animar a las niñas a que estudien una carrera de ciencias. Pues a ver, yo estudié una de esas, y el futuro es una mierda, seas mujer o no. Si eres mujer, eso sí, es más mierda. Parece que las animamos a que se dirijan a un futuro de mierda, y casi que mejor no.

Quizá antes de intentar convencer a esas niñas de que estudien algo, tendríamos que resolver los problemas que tenemos más arriba. La mayor parte de las matrículas de muchas carreras de ciencias son de mujeres, pero su presencia decae según se van dando de bruces con ese techo de cristal. Que está ahí, y antes o después te lo comes.

¿Tenemos que reservar plazas para mujeres? Quizá, si esa es la única forma. Pero el problema es que incluso aunque se reserven plazas para mujeres quizá no se llenen, igual que no se llenan las plazas para discapacitados o no se llenarían las plazas para negros, latinos, o inmigrantes. Porque diferentes grupos tienen diferentes problemas y para poder optar a esa plaza reservada, hay que llegar ahí. Y antes de que alguien se me enfade por mi vocabulario, considero que si hay que tomar medidas deberíamos empezar por mezclar un poquito más los colores de piel en algunas empresas, porque el racismo se huele a kilómetros y muy pocas representan remotamente la sociedad que las rodea. Y el racismo no está en las palabras, está en cómo se usan. Igual que el machismo. Hace unos días un famoso futbolista español decía en la tele que lo ofensivo no es llamar a alguien negro, es cómo se diga. Como mujer, a mi no me ofende que se use el plural «todos» incluyéndome, lo que me ofende es que la que se pasa la vida escribiendo todxs, ponga en su CV que es científico, porque se ve que poner que es científica cuesta, y claro, el papelito pone científico. Pero igual que yo tengo un papelito que antes decía siempre «Doctor» y ahora dice a veces «Doctora», pues otros papelitos también hay que actualizarlos por la fuerza.

El colectivo que sea, que está infrarepresentado, no necesita esas reservas de las que hablaba. Yo no necesito que me den una plaza por ser mujer. En sí, me cabrea bastante que se me sugiera siquiera la posibilidad de que se me llama a algo por cubrir un cupo. Lo que tenemos que hacer es que las mujeres (o cualquier otro colectivo, pero hoy hablaba de mujeres) no vayan tropezando con problemas cada dos días y acaben renunciando a la carrera que sea.

Yo he renunciado principalmente por otras cosas, pero no voy a negar que el colectivo al que pertenezco me ha puesto las cosas más difíciles. ¿Queréis ejemplos? Los hay a patadas. Porque a los hombres no se les suele juzgar la ropa que llevan o no llevan, o si tienen un kilo de más o de menos. Tampoco se les suele decir que se ignora el cabreo que tienen porque «serán las hormonas». Ni se les pregunta, en medio de una conversación sobre el futuro en la empresa, por sus planes de futuro familiares. A los hombres no se les juzga en función de su edad valorando si van a procrear o no. A los hombres no se les asignan tareas por ser más «sensibles». Y podría seguir hasta el infinito con todo tipo de ejemplos de cosas que yo creía que en el siglo XXI jamás ocurrirían pero han ocurrido. Si a eso le sumamos los numerosos comentarios a mi color de piel (nunca adecuado) y a mi comportamiento (que no cumple los estereotipos de mi nacionalidad, parece ser) sufridos durante los últimos años… pues sí, cabrea todo mucho.

Por eso creo que primero tenemos que permitir que las mujeres que ya están, que ya estamos, dentro de la ciencia, podamos abrirnos camino sin que seamos juzgadas siempre primero como mujeres. A ver, que cuando estoy divulgando se me juzga por mi aspecto si se me ve, si no por mi voz, y es habitual que se busque mi imagen para poder «valorar». ¿Valorar qué? ¿Mi cara te va a decir si soy mejor o peor divulgadora? Vamos, no me jodáis… y eso no ha sido uno o dos. Y no me refiero a quien dice que tengo una voz que transmite X o Y, me refiero al que dice que Z «para ser mujer».

Y dicho sea de paso, antes me refería a una actitud machista en una mujer al no llamarse científica, y la verdad es que hay muchas mujeres que perpetúan costumbres machistas. Pero además, hay mujeres que son malas personas, porque ser mujer no te hace ser una hermanita de la caridad. Además, recordemos que en ciencia las que han llegado alto se han chocado con muchas capas de ese techo de cristal, así que ahí te encuentras de todo. Algunas de las científicas que se suelen nombrar como referentes para las niñas eran muy machistas, algunas trataban fatal a los estudiantes de su laboratorio. Algunas se han aprovechado de los resultados de los estudiantes para llevarse premios, premios a «mujer que ha hecho X». Y de otras se ha dicho que se les han robado resultados que ni siquiera habían obtenido ellas, pero por ser mujer. Sí, todo eso que esperaríamos de los hombres también lo pueden hacer las mujeres. También hay científicas que son o fueron bellísimas personas, preocupadas por su gente, por la ciencia y unas grandes luchadoras que merecen todo mi respeto. Pero entre las mujeres hay de todo, así que no idealicemos a ninguna «por ser mujer» sin saber cómo se comportaba. Que lo de usar a Tatcher como modelo es cosa del pasado, y bien que ha quedado olvidado.

Tenemos que dejar que cada una siga su camino y ponérselo fácil. Ponérselo fácil es que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales y tengan que cumplirse en igualdad. Ponérselo fácil es facilitar la conciliación en igualdad. Ponérselo fácil es que a un padre le permitan ir a recoger a la descendencia al cole modificando su horario, y que no tenga que hacerlo siempre la madre. Ponérselo fácil es no decir que ayudas en casa, es que las tareas se reparten a partes iguales. Ponérselo fácil es que no tengamos que ir preocupadas por la vida y teniendo que buscar gimnasios «para mujeres» porque los «normales» están llenos de seres que parecen cromagnones. Y que me perdonen nuestros antepasados por el comentario.

Cuando no tengamos esos problemas solucionados, entonces quizá podremos centrarnos en que todas las niñas estudien lo que quieran. Si no hay más niñas en una carrera no pasa mucho. Hay otras carreras en las que casi no hay niños. Lo importante es que estén ahí las que quieran estar ahí, y que nadie les haya dicho que no pueden estudiar eso por ser niñas. O por haber nacido niñas, porque ya de paso cada persona que se sienta como quiera.

Quizá si solucionásemos esos problemas, si ser XX o XY diese un poco más igual en nuestra vida, entonces se nos acabarían muchos otros problemas. Y dejaríamos de dudar si poner todos, todas, todes, o cualquier otra palabra que un lector no sepa decir. Porque por mi cada uno que se sienta como le de la gana, y cada uno que estudie lo que le de la gana, sea uno, una o une, y el resto no tenemos que ponérselo difícil.

Dicho todo eso, si es algún lugar del mundo hay una niña que tenga una duda remota y piense que quizá no puede estudiar lo que quiere por ser mujer, me teletransporto si hace falta para decirle que está equivocada. Pero le diré también que el estado de la ciencia hace que no vaya a ser un camino de rosas, sea mujer o no, y le diré que va a tropezar muchas veces, porque aunque lo vayamos rompiendo, el techo de cristal tiene muchas capas, y en paralelo tenemos el problema del estado de la ciencia, que ya criticaré otro día.

Ahora lo que nos queda es ser referentes para quien viene detrás, para que sepan que no es imposible, y ayudar a las nuevas generaciones poniéndoles el camino más fácil, para que no tengan los mismos problemas que tenemos ahora. Independientemente de tus cromosomas, del color de tu piel, de tu género, de tus gustos, de tu clase social, de cómo te sientas respecto a lo que sea… debes poder hacer lo que quieras con tu vida, aunque hoy estemos hablando sólo de niñas y de ciencia.

Así que acabo el rollo, en el que hoy no os voy a pedir que me invitéis a cafés, porque con que penséis en el tema me llega. Quiero que penséis si le decís a las peques que «estudiar ciencia está bien» pero las miráis mal si tienen una conducta demasiado masculina. Que penséis si estáis decidiendo vosotros por ellas qué juguetes tienen, para un lado o para el otro, porque deberían tener libertad para elegir. Quizá os pidan muñecas y acaben lanzando otras al espacio, así que nada de juzgar. Y si quieren estudiar una carrera «típica de mujeres», pues genial. Creo que nos hemos dado cuenta de que las enfermeras son muy importantes. Y si no quieren estudiar una carrera, pues también, porque el techo estará roto cuando tengamos carpinteras, fontaneras, mecánicas, electricistas, físicas, ingenieras… y a nadie le llame la atención. Y pese a que insistimos mucho en las últimas, en las primeras hay mucha ciencia y se nos olvidan. Si quieren hacer ciclos, sean típicamente femeninos o no, pues genial. Aseguremos un mundo más igualitario, para que siempre tengamos oportunidades. El día que tengamos una astronauta trans, negra y de familia pobre (selección basada en los temas que más se discuten esta semana)… y lo único que destaquemos es que es una persona que va al espacio, habremos dado un gran paso en la igualdad.

Cuando un cachorro pleistocénico nos cuenta su vida

Es cierto que normalmente aquí traigo comentarios sobre artículos largos, pero más de una vez he comentado que hay otros tipos de artículos y hoy voy a comentar una carta publicada en Current Biology. He elegido este artículo porque es una de esas noticias que pasan fácilmente desapercibidas pero que creo que son muy interesantes para entender nuestro pasado y el de otros animales que conviven o convivían con nosotros.

La relación amor-odio con los lobos

Los seres humanos no nos aclaramos. Aunque para nosotros el lobo es un peligro, la verdad es que necesitamos su presencia para que todo siga su ritmo normal. Y es algo que descubrimos hace muchísimos años, pero que se nos olvida y tenemos que redescubrir cada dos por tres. Lo que necesitamos es un equilibrio gracias al cual el lobo esté presente pero no en exceso, algo que en la naturaleza, sin intervención humana, se autorregula.

En nuestro mundo alterado si hay demasiados lobos va a suponer un problema, pero si eliminamos demasiados lobos también, ya que al no estar presentes van a ser otros animales los que ocupen su lugar. Y no sólo eso, ya que incluso puede afectar a las especies más insospechadas. ¡Incluso pueden cambiar el cauce de los ríos! Si esto suena extraño, pasó en Yellowstone.

La historia del cachorro

Cachorra, para ser más exacta, porque se trata de una hembra.

Hace cuatro años, en Canadá, se encontró el cuerpo momificado de una cachorra al descongelarse el permafrost. Esta pequeña loba, a la que los locales llamaron Zhùr nos ha contado su vida con sus restos, y también nos ha enseñado lo mucho que se movían los animales en su época por lo que ahora llamamos el estrecho de Bering, que sabemos que en algunas épocas fue mucho más transitable de lo que es ahora.

Nuestra pequeña Zhùr medía casi 50 cm de hocico a cola y pesaba poco más de medio kilo. Era claramente joven, y para poder determinar su edad se comparó con el crecimiento de un perro actual. Sus huesos nos dicen que tenía unas seis o siete semanas, todavía muy joven y con mucha vida por delante. ¿Qué ocurriría?

Su muerte ocurrió probablemente en verano, por los isótopos presentes. Eso nos confirma además que al igual que en la actualidad, los lobos en aquel momento se reproducían en primavera y parían a principios del verano. Dada la edad, Zhùr había sido recientemente destetada, una o dos semanas antes de morir.

La edad y la vida de Zhùr

Para poder determinar de qué época es Zhùr, se juntaron dos técnicas que permitieron acotar un rango. Por una parte, el análisis del ADN antiguo, y por otra los isótopos de oxígeno. Así sabemos que Zhùr vivió y murió hace 56-57000 años.

El análisis de ese ADN además permite ver su conexión con otros lobos, viendo que estaba claramente conectada tanto con lobos de Eurasia como de América del Norte, lo que nos recuerda que ese Estrecho de Bering en ese momento no eran tan «estrecho» y había más movimiento. En sí, recordemos que esto lo sabemos de otras muchas especies que se distribuyeron entre los dos continentes en las épocas en las que era más sencillo cruzar por esa zona.

Por último, podemos saber que Zhùr comía principalmente peces. Esto ya se había visto antes, porque en muestras de otros lobos todo apuntaba a que en la época era común consumir peces, especialmente salmones. Y eso es lo que se observa de la corta vida de Zhùr y nos indica que su madre tendría una dieta similar. Además, el análisis muestra que no pasaba hambre.

Loba con una cría
No digáis que no os da pena pensarlo…

Entonces, ¿cómo murió Zhùr?

Nuestra pequeña loba tuvo una muerte muy inesperada, pero que fue lo que facilitó su momificación y que se haya podido analizar ahora. Los análisis muestran que lo que ocurrió fue un desprendimiento cuando Zhùr se encontraba dentro de su guarida, quedando atrapada dentro. Al quedar sepultada con los sedimentos, su guarida pasó a formar parte del permafrost y sus restos llegaron en buen estado a nuestros días.

Una historia triste para la pequeña Zhùr, pero que nos enseña mucho del pasado y que además nos ayuda a empatizar con un animal que no nos cae demasiado bien en la actualidad, aunque hayamos tenido nuestros más y menos a lo largo de nuestra propia historia.

Sin duda, a veces las pequeñas historias también nos aportan mucho, y no todo tienen que ser grandes artículos, aunque esto podría serlo. Y leeremos más de la pequeña Zhùr y de su vida, de eso estoy segura.

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