La ruta del Eiger

Ayer celebraba mi cumpleaños, y qué mejor forma de celebrarlo que un tranquilo paseo por las montañas… o al menos con esa idea salimos de casa. Durante nuestro trayecto una cosa llevó a la otra y decidimos ir a la ruta de la pared norte del Eiger, que total, según los suizos, cualquiera puede hacer. Seguro que tampoco íbamos tan en modo suicida… Y la verdad es que no fue para tanto. Vale, igual podríamos haber llevado unas botas adecuadas. Y quizá unos bastones. Pero seguimos vivos.  Tened en cuenta, en todo momento, que debido a un trauma de la infancia (del que soy perfectamente consciente pese a no ser capaz de superar) tengo muchísimo vértigo, por lo que esta excursión fue una experiencia realmente alucinante.

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Vistas desde el tren de montaña de Grindelwald

Nuestra excursión comenzó en Berna, cogiendo un tren a Interlaken. De Interlaken un segundo tren a Grindelwald (que iba a ser nuestro destino inicialmente, a 1000 m de altitud, aprox.). De Grindelwald cogimos un tren de montaña a Kleine Schneidegg (unos 2000 m). Kleine Schneidegg es la estación de partida del Jungfraubahn, que sube a Jungfraujoch. Sistemáticamente me han dicho que no suba allí, que no hay mucho que hacer y que no compensa el precio (unos 100 euros). También me han dicho que todo está lleno de turistas asiáticos, pero no me lo creía. La sensación al salir del tren en Kleine Schneidegg fue… agobiante. Allí había cientos de asiáticos. En serio, cientos. La mitad más o menos iban equipados como si fueran a subir el Everest, la otra mitad iban en sandalias y pantalón corto. Para que os hagáis una idea, debíamos estar a unos 10 grados gracias al sol. Toda esa gente iba a subir a Jungfraujoch, hacer unas cuantas fotos desde la ventana de la estación y probablemente ni tan siquiera salir al exterior. Por no hablar de la inmensa masa que siente mal de altura en el proceso y ni puede disfrutarlo. Si queréis una referencia más de cuanto extranjero había allí, os puedo decir que entré al baño y había carteles explicando cómo usarlos (por ejemplo, que la idea es sentarse, no ponerse de cuclillas con los pies en la taza).

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El Eiger visto desde la parada del Jungfraubahn

Pegándonos con los chinos conseguimos subir al Jungfraubahn. Ese fue nuestro mayor tiempo de espera (unos 10 minutos), ya que los trenes anteriores estaban perfectamente sincronizados, con sólo 5 minutos entre ellos. Una vez en el tren nos bajamos en la primera estación, en Eigergletscher (el glaciar del Eiger) que era nuestro punto de partida, a 2320 m de altura. Aunque no hacía frío, si había algunos restos de nieve. Empezamos nuestra ruta, al principio subiendo un poco, para luego continuar casi todo el camino hacia abajo.

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Aquí empezamos la ruta. Lo veo ahora y no me lo creo…

El primer kilómetro se hizo algo duro, y es que a estas alturas del año no debería haber nieve, pero había bastante. Como coincidíamos en ruta con un tramo de la Ultratrail del Eiger, el camino estaba relativamente embarrado (y mezclado con nieve que se deshacía). Por otra parte, supongo que si no hubiese corredores igual ni habríamos podido identificar el camino. Otra de las cosas malas era tener que apartarse para dejarlos pasar, cosa que a más de 2000 m y con una caída considerable, no siempre era sencillo.

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Nuestro caminito por la nieve. Sigo preguntándome cómo pude hacer eso con mi vértigo

Creo que sólo hubo un punto problemático, en un tramo con bastante cuesta que había mucho barro/nieve/hielo y nos estábamos desplazando muy lentamente y resvalando mucho. La verdad es que todo apuntaba a que íbamos a sentar el culo en el barro de un momento a otro para poder seguir, pero por suerte había otro señor por allí que llevaba bastones que amablemente se unió a nosotros y pudimos salir los tres de allí sin el culo lleno de barro. El resto de tramos de nieve y barro pudimos pasarlos sin problema, aunque muy despacio. Los corredores del ultratrail pasaban bastante rápido por estos tramos, aunque he de decir que a juzgar por su aspecto, sentaron el culo más de una vez.

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No sé si he dicho que pasábamos bastante pegados…

El tramo en el que realmente se pasa pegado a la pared del Eiger es impresionante. Estás mucho más cerca de lo que parece en las fotos. Desde varios puntos se puede ver el acceso a la Via Ferrata (se ve la escalera para subir el primer tramo), en la que pudimos identificar a unas tres personas. También se puede apreciar muy bien la vía de la pared norte, que supuestamente es la vía más difícil, y es que un montón de gente lo intentó y hasta 1938 nadie lo consiguió. Aunque ahora hay más de 30 vías abiertas, la que abrieron en el 38 sigue considerándose la clásica y en el mejor punto para observarla de nuestro camino teníamos un cartelito para poder identificar los puntos más importantes. A día de hoy, la Nordwand (la pared norte) se sigue considerando muy peligrosa.

Según fuimos bajando poco a poco empezó a desaparecer la nieve y empezamos a encontrarnos los productos del deshielo. Grandes cascadas y riachuelos aparecieron por nuestro camino. Mi novio incluso pudo probar qué pasa si metes tu pie en agua que baja directamente del Eiger. Yo fui un poco menos drástica (iba detrás y no cometí el mismo error) y opté por recoger algo de agua bien fresca para el resto del camino. Nunca había visto agua tan cristalina… ni tan fría!

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“río” decían… 

En el último tramo de bajada, ya sin nieve, pasamos un par de zonas consideradas como peligrosas, en las que amablemente habían puesto unas cuerdas metálicas para que no te matases. Desde mi perspectiva al principio había sido mucho más peligroso, pero supongo que los ojos de alguien que no tiene vértigo son diferentes y realmente había más probabilidades de caerse al vacío en este tramo. Aunque no totalmente necesaria, hay que decir que la cuerda fue útil.

Finalmente, unas dos horas y media más tarde, llegamos a Alpiglen, a unos 1600 m, desde donde pudimos coger el tren de montaña de vuelta a Grindelwald.

Según habíamos leído la ruta eran unos 6 km, pero mi sensor de movimiento dice que fueron más bien 10, y nosotros de la ruta no nos desviamos. De tiempo, yo diría que lo mejor es contar con unas 3 horas, y buscar un momento del día en el que no pegue mucho el sol. Nosotros nos alegramos de empezar tarde porque así no hacía tanto frío, pero mi cara y mi cuello están como tomates… y es que el sol pegaba mucho, y yo me quemo con mucha facilidad. Si hubiésemos ido por la mañana, supongo que nos habríamos quedado a comer en el restaurante de Alpiglen (es lo que hay, un pequeño restaurante de montaña y la parada del tren), pero era media tarde y estábamos cansados, así que optamos por volver a casa.

Recomendaría esta ruta a cualquier persona con una forma física decente (estándar español) y sin demasiado vértigo. Aunque la distancia no es mucha, la bajada se nota (os puedo decir que mis gemelos me la recuerdan cada vez que me muevo) y era necesario un buen ejercicio de balance de equilibrio en algunas zonas. Asegurándose de que se ha ido toda la nieve, se podría hacer incluso con niños. Pero no hagáis lo que hice yo, y consultad primero el tiempo y el estado de la ruta.

Siento no tener mejores fotos que ofreceros, pero como comprenderéis no estábamos mi vértigo y yo como para hacer muchas más fotos, así que os dejo sólo una selección para abrir el apetito y que os animéis a visitar Suiza y el Eiger.

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2 comentarios en “La ruta del Eiger

  1. Ay, qué envidia me has dado… Creo que tener grandes montañas tan cerca es uno de mis “pros” claros para vivir en Suiza.

    Hace dos veranos anduve de montaña en montaña por esa zona, nosotros sí subimos al Jungfrau (vestidos para los veintipico grados que hacía abajo + mil capas en la mochila para llevar en la cima) y, más que las grandes masas asiáticas, en Interlaken lo que me impactó fueron las grandes masas de árabes. En la estación del Jungfrau hay una pequeña salida al glaciar, con una ruta marcada para llegar hasta el primer refugio andando por él (es lo que hicimos nosotros) y los primeros metros de nieve estaban llenos de señoras con burka con sus hijos jugando con la nieve. Una imagen realmente curiosa 🙂

    ¡Feliz cumpleaños, por cierto!

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