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IMC y Covid, correlación que puede (o no) ser causalidad

Desde el principio de la pandemia, muy al principio, había un secreto a voces del que no se quería hablar demasiado pero que era muy evidente: uno de los factores de riesgo era tener sobrepeso, y no somos conscientes de qué es el sobrepeso. Quizá por eso se comentaba menos, o se hacían estudios muy limitados a la obesidad. En sí, hace ya muchos meses que se puso un número, cuando se publicó un estudio que relacionaba directamente un IMC (Índice de masa corporal) de 30 o superior con un riesgo de que si tenías Covid la cosa acabase mal.

Grandes estudios para obtener conclusiones: IMC, Covid y mucho más

Uno no engorda y ya está. Solemos tener otros factores asociados, por lo que es muy difícil establecer si existe una correlación. Por poner un ejemplo claro: es más probable que un diabético tenga un IMC superior, por lo cual eso ya son dos factores que van ligados entre sí.

Para poder separar todos los factores y analizar de forma independiente el IMC y saber si existen o no existen correlaciones entre lo que te pase una vez contagiado y el IMC o si hay que tener en cuenta algo más, unos investigadores han hecho un macroestudio con los datos de un montón de gente, teniendo en cuenta tanto su IMC como otra serie de factores que pudiesen afectar. Separaron los datos de aquellos diagnosticados para ver cómo correlacionaba con el riesgo de hospitalización, de UCI y de muerte. El artículo se puede leer aquí: Associations between body-mass index and COVID-19 severity in 6·9 million people in England: a prospective, community-based, cohort study

La temida correlación

Una vez que dejamos fuera otros factores, el riesgo de acabar en una UCI correlaciona linealmente con el IMC, de forma que a mayor IMC, más riesgo. En cambio, el riesgo de hospitalización o muerte correlaciona en forma de J. Y esto tiene cierta lógica, ya que si el IMC es excesivamente bajo es posible que esa persona esté débil. El punto de inflexión es en un IMC de 23-24. El punto a partir del cual el riesgo de morir se incrementa de forma significativa es un IMC de 28.

Además de esta correlación, también se observa que el IMC tiene más peso en el riesgo si se trata de una persona joven, ya que no habrá otros factores con un papel importante. Y también observan una correlación con la raza reportada en algunos casos, de forma que los negros tenían más riesgo de acabar en el hospital que los blancos (aquí es relevante tener en cuenta que hablamos de Reino Unido). Por supuesto, en muchos casos faltaban datos, y la falta de datos a veces correlaciona con peores resultados… quizá porque se presuponía que esa persona estaba sana y no era así.

Hay que vigilar más la cinta que la balanza, pero no la perdamos demasiado de vista

Qué son esos números de IMC que afectan a la Covid

Resumiendo, según este artículo, a partir de un IMC de 24 la cosa empieza a ir a peor y a partir de 28 nuestro peso nos puede jugar una mala pasada. ¿Ponemos eso en perspectiva? Pero antes recordemos una vez más que correlación no implica causalidad necesariamente, pero si hay correlación, es importante no perderla de vista… por si acaso.

Para una persona que mida 1,60, un IMC de 24 son 61 kilos. De 28 (riesgo) son 72 y de 30 (obesidad y riesgo) son 77 kilos. Si hablamos de una persona de 1,70, ese estándar que tomamos siempre, entonces son 69, 81 y 87. Y para 1,80 son 78, 91 y 98. Por supuesto, esto lo podemos tirar a la basura si la persona tiene más músculo, porque el músculo pesa más que la grasa.

Un estudio que nace desfasado… pero útil

Sabiendo lo que sabemos, un estudio basado en el IMC suena a algo planificado hace mucho. Yo habría esperado que hablase del porcentaje de grasa corporal y no del IMC, pero de eso no se suelen tener datos. Por eso, aunque el IMC sea un valor muy limitado, nos vale. Porque si medimos 1,70 y pesamos 80 kilos, entonces deberíamos pensar si vamos por el camino que queremos, a no ser que esos 80 kilos sean producto de horas haciendo ejercicio.

Pero tampoco vale decirle a alguien «adelgaza que si quieres puedes» porque las cosas no funcionan así. Pero quizá si deberíamos dejar de una vez de decir que «no tenía factores de riesgo» cuando su IMC era de 32 y también deberíamos actuar en consecuencia cuando hablamos del tratamiento. El primer paso no es adelgazar, es saber si podrías necesitarlo y, aunque no lo hagas, ser consciente de ello.

¿Te ha parecido curioso? ¿Conoces a alguien que mantiene que «está como una roca» pero le sobran kilos? ¿O que dice que «no tiene factores de riesgo? ¡Comparte! Y para ayudarme a mantener mi IMC… ¡apóyame! (que no me quiero morir de hambre)

Carbón vegetal activado: el superalimento de moda

Con mi vuelta a España he detectado una clara diferencia frente a Suiza: en España la gente todavía no está tan loca con el carbón activo (o activado). En Suiza lo del carbón activado estaba ya en todas partes, pero en España aunque claramente se nota que es algo en auge, todavía no ha alcanzado unos niveles equivalentes.

Desde mi perspectiva, la de alguien que usaba el carbón activado a diario en un laboratorio, todo esto suena un poco feo. Y suena feo entre otras cosas porque un botecito con unos gramos cuesta mucho más que el bote de 25 kg que usaba en el laboratorio… y eso es mala señal. Que hay negocio es evidente, pero vamos a revisar que hay y que no hay de cierto.

Qué es el carbón activado

El carbón activado es, como su propio nombre dice, carbón. Se puede hacer con carbón de madera, de turba, de lo que sea, pero cuando se usa como supuesto suplemento viene, en muchos casos, de corteza de coco. Además, para «activarlo» existen varios procesos y aunque suele decirse que se hace con oxígeno, en la actualidad gran parte se activa de forma química, con una reacción más sencilla y que además podría generar poros más pequeños.

Esos poros son la parte fundamental del carbón activado, porque lo que se busca es una gran superficie a la que se pueden «pegar» sustancias que queremos eliminar. Por eso lo que se busca es algo que pueda atraerlas (el carbón) y por otra que tenga mucha superficie incluso con muy poco material (que se consigue al activarlo).

Durante el último siglo el carbón activado se ha utilizado como purificante en diferentes contextos. Yo lo utilizaba en el laboratorio para eliminar sustancias químicas del agua antes de descartarla, y quizá ese sea su uso más común, tanto en plantas como en pequeñas máquinas de purificación. Y es que el carbón va a atrapar restos de medicamentos, colorantes, moléculas orgánicas varias… e incluso virus y bacterias. Y como puede atrapar de todo, de ahí su interés.

El carbón activado en la cosmética

Sin duda es un gran agente purificante, por lo que efectivamente tiene mucho sentido utilizarlo para hacer productos de limpieza facial que buscar eliminar grasa y partículas de la piel. También, con el mismo razonamiento, tiene utilidad en las pastas de dientes en las que se ha popularizado. Y por último, aunque sea menos conocido, tiene mucho potencial como desodorante ya que va a eliminar tanto el sudor como cualquier partícula que pueda estar generando mal olor, incluyendo las bacterias que lo producen.

En estos contextos hay que tener en cuenta que el exceso puede ser perjudicial, si elimina totalmente nuestra microbiota normal de la piel o de la boca, por lo que este tipo de productos deben tener una cantidad de carbón activado limitada en función de su uso recomendado, y si una mascarilla dice que una vez a la semana, no se debe usar dos veces al día. Pero esas cosas suelen quedarnos claras. El problema viene en otros contextos.

Las intoxicaciones

Quizá uno de los usos del carbón activo ingerido que se conocen más es la eliminación de algo que no se debería haber ingerido. Se utiliza en casos de intoxicación etílica, para evitar sobredosis si se han ingerido más pastillas de las debidas, para controlar diarreas y para cualquier otro uso que implique atrapar rápido algo que está en el estómago o el intestino y eliminarlo rápidamente del cuerpo.

Lo que se secuestra se eliminará en las heces, que con el carbón serán de color negro. Este uso está regulado desde hace mucho y, aunque en principio se puede comprar libremente (y se hace en caso de diarreas), es importante seguir las instrucciones, ya que además de secuestrar lo que nosotros queremos eliminar, va a eliminar cualquier otra cosa que pille y que pueda pegar a su superficie.

Pasta de dientes de carbón activado
Yo cosméticos pruebo si se me pide, pero batidos… casi que paso

Los batidos detox

Y aprovechando esa parte de que va a eliminar todo lo que pille, ha hecho acto de presencia en el mundo detox más allá del uso tópico. Porque si puede eliminar de todo… ¡puede eliminar lo que sobra! Bueno, no es así. Lo que realmente nos sobra, las toxinas y esas cosas, ya las eliminamos nosotros solitos. Tenemos unos riñones y un hígado que se ocupan de eliminar todo lo que puede hacernos daño, e incluso unos pulmones que ayudan a su manera. No necesitamos hacer desintoxicaciones periódicas.

Aclaración: sí necesitas una desintoxicación si por ejemplo consumes alcohol todos los días, o si fumas a diario, porque tu cuerpo no elimina eso suficientemente rápido. Pero la solución no es un batido detox, es dejar de meter al cuerpo cosas que sobran.

Aprovechando esa idea, numerosas empresas han añadido a sus batidos detox (que de detox no tienen nada) carbón activado. Desde luego con carbón activado ya son detox, pero son detoxtodo, porque van a eliminar lo malo y lo bueno, y van a tener sus peligros. ¿Podrá ese batido secuestrar la grasa? Claro. Para eso ya llevamos décadas utilizando otros materiales muy porosos que secuestren grasa. El problema es que secuestra la grasa y el resto.

Los peligros

Consumir un día un batido negro con carbón activado no es algo problemático, nuestro cuerpo más o menos se las va a arreglar. Y quien dice un batido dice cualquier otra cosa que lo lleve, aunque creo que es lo más común. Pero tenemos que tener en cuenta que no siempre cumple la función esperada y cuando lo hace, hay que tener en cuenta que no es selectivo.

Un ejemplo típico son los batidos detox contra la resaca. Efectivamente, el carbón activado puede secuestrar el alcohol… pero para eso el alcohol tendría que interceptarse antes de llegar a la sangre, y el batido al día siguiente llega tarde. A la mañana el batido lo que secuestrará será principalmente agua, agua que necesitas en el cuerpo para poder eliminar el alcohol, por lo que será peor el remedio que la borrachera.

Otro ejemplo, y quizá el más peligroso, es el uso como adelgazante. Si te tomas el batido secuestrará las cosas que engordan (azúcares, grasas…) y podrás comer lo que quieras. A ver, lo primero es que si tienes esa necesidad de comer eso en exceso es posible que el principal problema sea otro, y un batido ocasional puede que lo que haga sea empeorarlo.

Por otra parte, decía antes que no son selectivos. Sí, podrán secuestrar grasas. También las vitaminas y los minerales. Y las bacterias «buenas» que nos ayudan a digerir correctamente. O cualquier medicamento. Y mucho ojo con los anticonceptivos, que el carbón activo se los come antes de que hagan algo y es como si no se hubiesen tomado. Y ni qué decir que no se pone a distinguir entre colesteroles buenos o malos, porque si atrapa atrapa lo que pille.

Conclusiones

Aunque el carbón activado tiene muchos usos legítimos, no todo vale. Su uso médico para intoxicaciones debe hacerse siempre de forma controlada, y el uso cosmético debe estar regulado, ya que corremos también el peligro de que un «exceso de limpieza» sea dañino (pensad por ejemplo en los daños del exceso del gel hidroalcohólico…). Por otra parte, el uso en industria está extendido y regulado, y es perfectamente legítimo. En sí, su uso para la descontaminación de aguas ha salvado muchas vidas.

Pero decía que no todo vale, y eso de añadirlo a los batidos es peligroso. Además, el propio polvo que se añade al batido es muy peligroso si se inhala, así que si se va a utilizar, al menos habría que comprarlo ya líquido. Pero tengamos siempre en cuenta los peligros, incluso aunque estemos hablando de un día. Si queremos tener un cuerpo «sin toxinas» lo que debemos es comer correctamente para asegurar nuestro aporte de vitaminas y minerales, y comer muchos vegetales (nunca son suficientes). Así, aunque un día comamos o bebamos algo que no debemos, nuestro cuerpo se las apañará. Lleva años manteniéndonos vivos.

Si te ha parecido el tema interesante, si te habías planteado usar carbón activado y ahora te lo estás pensando otra vez, o si conoces a alguien que lo usa, seguro que quieres ayudarme a llegar a más gente. Por ello te pido que compartas esta entrada, y si lo consideras oportuno que apoyes mi trabajo:

Vampiros microscópicos: nueva bacteria descrita en España

Decimos muchas veces que la imaginación humana no tiene límites, pero realmente la naturaleza suele ir mucho más allá. Todavía desconocemos muchos microorganismos debido a la dificultad para cultivarlos o por su parecido/diversidad. Porque aunque muchos «parecen iguales» por otra parte sabemos que dentro de una especie puede haber formas variadas. Y así fue como se nos escaparon estos pequeños vampiros, la bacteria de la que os hoy a hablar hoy.

Las llamadas CPR (Candidate Phyla Radiation) son un grupo de bacterias que por ahora son bastante desconocidas. Aunque se han establecido géneros, lo poco que sabemos es que parecen ser parásitos, pero ni eso queda realmente claro. Pero parásitos de otras bacterias, para que nos entendamos. Eso hace que sus genomas sean más pequeños y optimizados, aunque claro, aquello que necesitan sí o sí se mantendrá.

Salada de Chiprana

En este punto de la historia nos venimos a España, concretamente a Aragón, a Salada de Chiprana. Se trata de una laguna salada (muy salada) de interior, algo único en esta parte de Europa. Y es que el resto de lagunas o bien son de agua dulce o están muchísimo más cerca de la costa.

Esta anomalía hace que en esta laguna crezcan bichos muy curiosos, porque se separa el agua en diferentes fases que permiten la proliferación de microorganismos de esos que viven muy bien sin oxígeno y con azufre. Si eso ya suena extraño, ahora viene lo mejor: nuestros pequeños vampiros son parásitos de esas bacterias. Acaban de ser descritas en un artículo en Nature Communications presentado por Moreira et al.: Reductive evolution and unique predatory mode in the CPR bacterium Vampirococcus lugosii

¿Vampiros o bacterias? ¡Ambos!

Nuestro nuevo vampiro es, efectivamente, una bacteria parásita. Se alimenta de Halochromatium, una bacteria fotosintética de esas que llamamos púrpuras del azufre. Es capaz de aprovechar todo su citoplasma y extraer todo hasta matar al hospedador, así que lo de llamarla vampiro le viene al pelo. Pero es una bacteria, concretamente con forma de coco, de ahí que el género se llame Vampirococcus. Pero este género ya se había descrito antes, ahora lo que nos cuentan son los detalles de una especie concreta: Vampirococcus lugosii. ¿De dónde viene el nombre? Pues de aquella película del vampiro más famoso de la historia. Bela Lugosi fue Drácula en 1931.

Me gustan las historias de vampiros (Imagen de Pixaline)

¿Cómo es?

Aunque es una bacteria pequeña y su genoma es pequeño, podemos destacar algunos detalles. Por ejemplo, que aunque se ha minimizado parte del genoma, lo que se ha mantenido e incluso desarrollado frente a otras bacterias son aquellos genes que codifican para proteínas implicadas en la unión a su hospedador. Porque un vampiro necesita sus colmillos, y esta bacteria tiene los suyos.

Por otra parte, es destacable que presenta proteínas CRISPR, que probablemente ha adoptado de otras bacterias, pero hay cosas que no han sido estudiadas previamente y podrían constituir un tipo de CRISPR diferente, cosa que sería muy interesante y que podría tener una función (o no) en su vida de parásito.

Hay bacterias interesantes por ahí…

Desconocemos gran parte de los microorganismos que nos rodean. Casos como este podrían explicar cómo se regula la población bacteriana en las salinas, con un sistema que se intuía pero no se conocía hasta el momento. Incluso cuando creemos que tal menos lo que nos queda más cerca sí lo conocemos, nos equivocamos.

Yo os diría que tengáis un ojo puesto en las bacterias que puedan estar relacionadas con estos Vampirococcus, porque más allá de lo interesante que sea su vida (que lo será), prometo que habrá nombres muy interesantes y que nos sacarán una sonrisa. Este vampiro solo robará la «sangre» de una bacteria, pero no olvidéis que otras bacterias sí afectan a la nuestra…

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Los del estudio en asintomáticos en UK: ¿buena idea?

La semana pasada se publicó en Science un artículo recogiendo los resultados de un estudio en asintomáticos realizado en el Reino Unido. En dicho estudio, cuyas muestras se tomaron entre mayo y septiembre de 2020, pretendían analizar cual era la incidencia real de coronavirus más allá de lo que se detectaba con las pruebas habituales.

Quizá a los oídos de algunos esto no suene extraño. Se trata de un cribado masivo en el que se llama a gran parte de la población y se analizan los resultados. Hay que tener en cuenta, y esto es muy importante, que las muestras se las tomaba uno mismo, y que la participación rondó el 25%. Los resultados son interesantes, y se pueden encontrar aquí: Resurgence of SARS-CoV-2: detection by community viral surveillance pero yo os voy a dar un resumen digerido.

Por qué hacer estudios en asintomáticos

Aunque sabemos ya que los asintomáticos y/o presintomáticos tienen un papel en la transmisión, podríamos simplemente esperar a detectarlos como contactos o estimarlos. Pero no es tan fácil, porque en los cribados también se encuentran sintomáticos.

La capacidad de detección depende de muchos factores, incluso más allá de la capacidad de cada país para hacer test PCR. Esto no debería ser una sorpresa para nadie, porque todos hemos escuchado a estas alturas historias de sintomáticos que negaban sus síntomas, o que no se podían permitir dar positivo. Así es como una pandemia se expande, y esas personas eran las que había que detectar. Aunque obviamente algunos no iban a participar, aquellos que negaban la realidad quizá sí, y desde luego algunos que tenían el virus pero no presentaban ningún síntoma.

Lo que observaron

Según sus datos, dado que tomaron muestras en cuatro rondas, se puede observar la subida de incidencia antes que con los métodos tradicionales. Esto tiene sentido, ya que si el virus se mueve durante un tiempo en una población que (por lo que sea) no se hace un test, la incidencia irá subiendo y para cuando llegue a los que sí se hacen test hay muchas personas que pueden haberse contagiado y estar contagiando. Esto es lo que muchos creen que pasó en marzo de 2020, que se detectó sólo cuando empezó a llegar a los hospitales.

Así, en UK, la subida de septiembre que los llevaba a su gran segunda ola se veía ya antes en sus datos. Su R ya era sustancialmente mayor que 1, pero en la población todavía reinaba la calma y se creía que la incidencia era mucho más baja. Por otra parte, los aplanamientos con sus datos son más lentos, ya que quedan todavía casos sueltos que no se han detectado.

Coronavius
Aquellos tiempos en los que pintábamos el virus de verde…

Por último, también detectan que los grupos de edad en los que se produce una mayor diferencia entre lo detectado normalmente y lo de su estudio es en los jóvenes. Algo más que esperable, ya que a estas alturas deberíamos tener claro que los menores de edad se contagian igual, pero se detectan mucho menos si solo valoramos los síntomas, ya que tienden a ser más asintomáticos o a confundirse con otras cosas.

¿Podemos aprender algo?

En la misma línea que otros estudios, este nos enseña que con un análisis de una muestra representativa de la población es suficiente para conocer la situación de un lugar en un momento concreto. Pese a las limitaciones del tipo de test, además de detectar casos que eran desconocidos, han podido estimar la evolución de la pandemia.

Este tipo de análisis se mueven en la línea de los análisis de aguas, que interpretados correctamente nos permiten conocer la evolución de los casos y si hay subidas o bajadas. Y es que sin duda no podemos estar haciendo un test a todo el mundo cada cinco días, pero sí podemos hacer estimaciones con una muestra adecuada.

No tenemos que olvidar, en cualquier caso, que este estudio se realizó en un contexto en el que se estaban realizando pruebas de forma casi exclusiva a personas con síntomas. Otros países, aunque estuviesen realizando un rastreo lejos de perfecto, ya estaban en ese momento detectando hasta el 50% de los casos en asintomáticos. Pero quizá esto sea lo que nos espere en el futuro, y en lugar de los grandes cribados masivos, acabemos enfrentándonos a una aleatorización para asegurarnos de que mantenemos la incidencia baja.

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Los que decían que la epidemia no iba por el aire

Corre el año 2080 y en una escuela se está hablando de aquella epidemia que diezmó a la población. Tantos muertos en tan poco tiempo, y se les escapaba de las manos. Pero ahora, en este 2080, parece todo absurdo. ¿Cómo no podían darse cuenta de cómo se estaba transmitiendo?

Los alumnos están revisando las historias de la época, aquellos textos que se enviaban a revistas científicas con ideas sobre la transmisión, y su tarea para hoy es analizar las ideas de aquel científico que decía que la enfermedad se transmitía por el aire, generando las olas de la epidemia.

La transmisión por aire de la epidemia

Desde su visor de VR se desplazan a aquella realidad, que es lejos de cómo fue en aquel momento, pero hay que proteger a los jóvenes, y no pueden ver muertos por las calles, algo que en aquella época ocurrió más de lo que debería. Pero íbamos a hablar de aquel científico que decía que la epidemia iba por el aire.

Él decía tenerlo muy claro. Había numerosos reportes que indicaban que no había otra opción. Había contagios que aparentemente habían ocurrido en personas que no tenían ningún otro contacto. Dos personas que vivían en el mismo inmueble pero que no tenían contacto entre ellas, y ambas se habían contagiado. Tenía que ser el aire.

Pero no eran solo casos de vecinos. Es que había lugares en los que se había juntado gente y había un montón de contagios, mientras que en otros sitios había muchos menos, o ningún contagio. Parecía evidente que la única explicación era que en un sitio la enfermedad flotaba en el aire mientras que en el otro la ventilación era mucho más adecuada y por eso no había contagios.

Además la enfermedad se cebaba con los pobres. Aunque también había casos entre los ricos, parecía que aquellos que vivían en las zonas en las que había una ventilación mucho más pobre eran los más afectados, y esos eran sin duda los que tenían menos recursos económicos.

Los detractores

Aunque muchos apoyaban la hipótesis de la transmisión del aire porque parecía la única explicación posible, aquello tenía sus detractores. Había gente que decía que, si se transmitiese por el aire sin más, no sería posible que personas convivientes no se contagiasen. Debía ser otra cosa, o al menos el aire no podía ser lo más relevante. Sí, había casos puntuales en los que parecía la única explicación, pero había otros muchos casos en los que parecía un misterio que otros no se contagiasen.

Los detractores consideraban que los ciudadanos en muchos casos mentían, aunque no fuese conscientemente. Que cuando se les preguntaba por todos los posibles puntos de contagio, era posible que estuviesen saltándose algunos por no darles importancia o por no querer destapar que estaban haciendo lo que no debían. Probablemente podía más la ignorancia del punto de riesgo que realmente lo que pretendían ocultar, aunque hubiese pruebas de que algunos sí mentían intencionadamente.

Estos detractores consideraban que eso del aire tenía su relevancia, pero no era lo más importante. Decían que era algo a tener en cuenta transversalmente. Pero se les escuchaba menos, porque la teoría del aire vendía mucho mejor y además quitaba la responsabilidad de las acciones de los ciudadanos, porque «era el aire».

La falta de pruebas

Los detractores además de llevar la contraria decían que es que no había pruebas. Si estaba en el aire, se podrían hacer experimentos que demostrasen que el aire podía infectar. Algo se había intentado hacer, pero aquello no eran experimentos, era buscar datos que confirmasen la teoría, en situaciones muy lejanas de la realidad de la vida del día a día. Y es que si realmente era el aire… ¿cómo podía haber tantas personas que habían dormido en la misma habitación y no se habían contagiado?

Y es que la teoría explicaría muchas cosas, pero sólo se habían basado en cálculos teóricos, y los detractores decían que si se piden datos y experimentos, se piden para todos. Sí, el aire explicaba por qué dos vecinos se habían contagiado, pero existía otra explicación: aunque ellos dijesen que no habían hecho nada, se habían juntado cuando no debían y habían compartido algo más que el aire.

El aire parecía ser un factor a tener en cuenta, eso nadie lo ponía en duda. Parecía bastante claro para todos que los lugares en los que el aire era peor, menos puro, que el ambiente estaba muy cargado… esos sitios eran focos de contagio. Pero eso no quería decir que el patógeno quedase en suspensión en el aire durante horas, o días. Los detractores insistían que dado el número de casos, si fuese el aire, habría muchísimos más muertos, en lugar de haber brotes localizados, aunque demasiadas veces se le perdiese el hilo a los brotes.

Burbujas de aire en al agua
El aire, el agua, las gotas…

¿Covid?

Si habéis llegado hasta aquí os pido que volváis a leer todo. ¿Cuántos habéis pensado que la epidemia y lo del aire del pasado de la que hablaba era el Covid? Más de uno me diría que los detractores no tienen ni idea, porque es obvio que sí hay pruebas, o alguno incluso diría que no hacen falta más pruebas, que hay pruebas indirectas de sobra.

Pero volved a leer el texto. No hay referencias al año, ni al virus, solo al contagio. La historia está inspirada en la epidemia de cólera de Londres a mediados del siglo XIX, época en la que hacer experimentos para demostrar cosas todavía no estaba de moda. En ese momento la teoría era que el cólera se transmitía por las miasmas, por los malos olores del aire… y se arreglaba ventilando. Sí, era una epidemia que decían que se transmitía por el aire. Pero como todos sabemos, la fuente de cólera no era el aire, era el agua. Aunque el aire tenía su factor, porque era un buen indicador de que el agua estaba llena de mierda (literalmente).

La actualidad

Pese a haber pasado más de 150 años, hemos cambiado poco, porque seguimos sin demostrar las cosas con experimentos. Por mucho que una idea sea más atractiva, tenga más sentido, nos parezca mucho más lógica… pase lo que pase, tenemos que insistir en que las cosas hay que demostrarlas. Nos quejamos de que nos cambian las medidas, pero las medidas se cambian según hay datos o indicios, y los indicios a veces son erróneos. Ya no fregamos la compra con lejía al llegar a casa porque se ha demostrado que el virus no aguanta viable tanto tiempo como se creía al principio. Podemos adoptar medidas por precaución, pero entonces tendremos que pedir que se demuestre o se refute.

Hasta aquí yo no me he posicionado, pero quien me lee probablemente me ha posicionado y ve evidente qué es lo que defiendo. Pero otra persona optará por lo contrario, porque al igual que con las miasmas todos buscamos confirmar lo que pensamos. Si te ha parecido interesante este rollo y te ha hecho pensar, puedes compartirlo con tus conocidos. Además, puedes apoyarme e invitarme a un café: