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Tiempo de tratamiento con antibióticos: ¿genera resistencia?

Estaba yo planeando escribir hoy sobre otro tema, pero me he encontrado algo sobre la resistencia a antibióticos que me ha hecho cambiar de opinión. Porque a veces encuentras artículos en los que lo único que haces es asentir mientras lees. Podría haberlo compartido en Twitter sin más, pero la verdad es que el hilo que lo iba a acompañar era demasiado largo, así que mejor escribo mi reflexión por aquí.

El pasado lunes, Esther Samper, a la que seguro que muchos conocéis como @Shora publicó un artículo en Hipertextual sobre el uso de antibióticos. Ella sabe de lo que habla y yo le doy la razón, pero quiero aprovechar y añadir mis comentarios. Para que veáis hasta que punto coincidimos, podéis encontrar su artículo aquí: ¿Terminar el tratamiento con antibióticos antes incrementa el riesgo de resistencias bacterianas? Más allá del dogma

Los antibióticos son para las bacterias

Nunca se debe utilizar un antibiótico para curar un virus, porque no sirve de nada. En eso estamos de acuerdo. El problema es que yo veo otra serie de costumbres por ahí que entran en zona de escala de grises.

Hace poco yo misma escribí que en algunos casos se utilizan como profiláctico. Hoy quiero aprovechar para aclarar que eso está bien en casos muy puntuales en los que eres consciente de la exposición a bacterias y la infección va a matar al paciente, como es en el caso de los hospitalizados por Covid-19, especialmente aquellos en UCI. Y cuando digo eso lo digo como ejemplo, por supuesto hay otras situaciones similares.

En cambio, me consta que lo del tratamiento profiláctico también se hace demasiado. Sé que es común que los dentistas utilicen los antibióticos como profilácticos, porque se presupone que hay un riesgo de infección, pero la realidad es que se está haciendo una exposición que puede ser totalmente innecesaria y que en algunos casos es demasiado recurrente.

Por otra parte, también me consta que se hacen demasiados diagnósticos sin pruebas. Por supuesto, cuando se ven los síntomas siempre se conoce la causa más probable, pero teniendo pruebas disponibles no entiendo por qué siguen existiendo tantos casos de «toma paracetamol, si en cuatro días sigues igual, entonces te receto antibióticos». Las pruebas para identificación de bacterias existen, son sencillas y permiten optar por el tratamiento adecuado, evitando además tener que optar por un espectro tan amplio.

La duración del tratamiento con antibióticos

Como bien destapa Esther, esto de la duración del tratamiento es un poco mirar en la bola de cristal. Ahora tenemos más datos, pero inicialmente se hacía a ciegas, dando un dato de «este tiempo parece que bien». Y sí, que es lo normal hacer eso porque de algún punto hay que partir, pero según vamos teniendo datos, pues es esperable ajustar la duración del tratamiento.

Después hablaré de lo de las resistencias, pero primero vamos a aclarar algo: no deben sobrar pastillas. Claro que lo esperable es que si tenemos pastillas que nos sobran las llevemos a la farmacia, pero eso implica que tienes que llevarlas. La realidad es que en muchos casos se quedan en casa «por si acaso» y puede dar lugar al consumo de antibiótico de forma aleatoria en el futuro. La otra opción, que es que cuando haya caducado en una limpieza vaya a la basura, y a saber dónde va a acabar ese antibiótico. Probablemente acabe donde no debe.

Cómo aparecen las bacterias resistentes…

Un aspecto fundamental a aclarar es que si hay crecimiento bacteriano, van a aparecer bacterias resistentes antes o después, con o sin antibiótico. La resistencia no aparece porque haya un antibiótico.

Las bacterias se multiplican y durante su multiplicación se producen mutaciones aleatorias. Entre esas mutaciones, algunas harán que la bacteria no pueda sobrevivir. Otras no afectarán a la bacteria. Otras pueden suponer una ventaja. Además de las mutaciones que aparecen de forma aleatoria, las bacterias pueden pasarse material genético entre ellas de varias formas, por lo que un cambio no tiene que surgir desde cero, puede que la bacteria vecina comparta un gen que ha conseguido por ahí.

Por ello, cuanto más tiempo le des a las bacterias para campar a sus anchas, más probable será que aparezca una resistencia (por mutación o adquiriéndola). Pero en principio no habrá consecuencias, porque si no hay un antibiótico presente, pues no habrá selección.

… cómo se selecciona la resistencia a antibióticos

Si aleatoriamente han aparecido los genes que permiten tener resistencia a los antibióticos, en el momento en el que haya antibióticos en el medio se hará la selección. El resto morirán o no podrán reproducirse, y aquellas que son resistentes saldrán adelante, se reproducirán y ocuparán todo el sitio que han dejado las otras.

Por lo tanto, si se hace un tratamiento con antibióticos más largo de lo necesario, se favorecerá la selección total. Si el tratamiento es demasiado corto, no se eliminarán todas las bacterias y existirá el riesgo de tener que volver al tratamiento. Por eso lo adecuado es ajustar de la forma más exacta posible la duración.

Por otra parte, recordemos que si tenemos una infección bacteriana en una muela y consumimos antibióticos, no se trata de «una vez muertas todas las bacterias no pasa nada». El antibiótico afectará también a otras bacterias en nuestro cuerpo. No todas, pero sí todas las que entren en el espectro de acción del antibiótico. Por lo tanto, no sólo existe el peligro de resistencia entre las que sí queríamos eliminar, porque favorecemos la selección de resistencias en las bacterias «buenas».

Escherichia coli
E. coli

La resistencia a antibióticos nunca es buena

Quizá os preguntaréis por qué puede ser tan problemático que haya resistencia a antibióticos en las bacterias buenas, si total esas no las queremos eliminar. La respuesta está más arriba, cuando decía que un gen de resistencia a antibióticos puede aparecer de forma azarosa, pero también puede adquirirse de una bacteria vecina que lo comparta.

Ahora pensemos de nuevo en las «bacterias buenas». Voy a centrarme en la bacteria más común y más conocida, Escherichia coli. Es una bacteria común en nuestro intestino, y muy útil, por cierto. Pero no todas las E. coli son buenas. Hay cepas que viven tranquilamente con nosotros y cepas que son patógenas, que generan toxinas, que nos provocan gastroenteritis. ¿Qué pasaría si las buenas compartiesen las resistencias con las malas? Y conste que este no es el mejor ejemplo, aunque sea la bacteria más conocida. Hay que tener especial cuidado con las E. coli que generan toxinas porque los antibióticos van a acelerar la liberación de toxinas y puede ser peor.

Entonces… ¿qué hacemos?

Claramente tenemos que usar los antibióticos con más cabeza. Tenemos que ajustar mejor los tiempos de tratamiento, usarlos de forma preventiva sólo cuando realmente tenga sentido. Y tenemos que pensar en nuevas estrategias de distribución para que se den al paciente las pastillas que necesita, ni una más ni una menos.

Personalmente me gustaría pensar que podemos aprovechar el momento y, ya que debemos regular los antibióticos, podríamos aprovechar para regular otros medicamentos, con lo fácil que sería minimizar el número de pastillas, empaquetado y todo. Y no sólo por el ahorro que pueda suponer para las arcas públicas y nuestros bolsillos, también porque ayudaría a cuidar un poquito más el medio ambiente.

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Los efectos adversos… ¿inesperados? Vacunas y prospectos

Hace una semana hablaba de las diferencias entre las vacunas, sobre si realmente una tenía más efectos adversos inesperados que otra o no, y decía que sólo hace falta mirar el prospecto para ver que la de AstraZeneca dice más o menos lo mismo, y que coincide con lo que la gente cuenta. Pero tras ver que la cosa avanza hasta el punto de que Sanidad ha dicho que se puede usar paracetamol de forma preventiva, creo que algo falla. Yo soy de las que considera que no es necesario y que la dosis de la que se habla puede hacer más mal que bien. Sobre todo cuando los efectos adversos que se van a tratar no son para nada inesperados.

Pero para que sepamos si los efectos adversos son inesperados o no, tendríamos que conocer la lista. Cuando vamos a vacunarnos nos deberían contar los más frecuentes, pero desde luego no se repite la lista completa, y las contraindicaciones se suelen revisar en función de nuestra historia clínica y de cuatro preguntas. Lo esperable sería que nosotros leyésemos el prospecto de la vacuna para estar informados, y también que ante los primeros síntomas extraños consultásemos la lista de efectos adversos en esa vacuna. Pero esto… no se hace.

Ayer hice una encuesta en Twitter sobre prospectos para saber si se leen o no, si hay diferencias entre vacunas y otros medicamentos y para recopilar algunas ideas sobre por qué se dan esas respuestas. Vamos a analizar primero los resultados de las preguntas y después os resumo los comentarios recibidos que, aunque algunos se pueden ver en el propio hilo, me han llegado más por privado. Y por supuesto, vamos a ver qué conclusiones podemos sacar de todo esto.

¿Leemos prospectos de vacunas?

La inmensa mayoría de los participantes dicen claramente que no leen los prospectos. Ni antes ni después de que les pongan una vacuna. Basándome en los comentarios que recibí al respecto, me ha quedado bastante claro que aquellos que han contestado que sí son personas con formación científico-sanitaria que leen siempre el prospecto por curiosidad o simplemente por estar informado, aunque hay algunas excepciones.

¿Y el prospecto de otros medicamentos?

Curiosamente aquí se nos ha dado la vuelta a todo y la mayoría de los que han contestado sí leen el prospecto de los medicamentos. Para entender las diferencias y saber por qué las vacunas no pero otros medicamentos sí, hay que profundizar en los comentarios, que es lo que voy a resumir a continuación.

¿Leemos por los efectos adversos?

En general no. En base a los comentarios recibidos, me ha quedado bastante claro que se lee el prospecto de un medicamento que se compra en la farmacia para saber su posología, pero no para ver los efectos adversos. Inicialmente parecía que no se miraba el de vacunas porque no te lo dan cuando te pinchan. Pero poco a poco cada vez era más evidente que no se mira porque la vacuna ya te la han puesto y, como no necesitas saber la dosis, no tienes que mirar nada.

Intenté profundizar en el tema de los efectos adversos, y me sorprendió mucho lo que me habéis contestado. He recibido muchas respuestas que indican que no se quieren conocer los efectos adversos previamente. Otros muchos en la línea de que lo que dice el prospecto es incomprensible (que lo es) y especialmente muchos en la línea de que «si hubiese algo que tuviese que saber ya me lo habría dicho el médico».

Esto último tiene sus matices, porque en el momento de administración de una vacuna (por centrarnos en el ejemplo actual) se debe informar verbalmente de al menos los efectos adversos más frecuentes, pero no siempre se hace. Además, el prospecto tiene que estar a disposición del paciente (lo está). Pero se supone que cuando te ponen una vacuna tú estás dando un consentimiento informado (verbal al menos), y si no se te informa previamente de todos los posibles efectos adversos no estás dando un consentimiento informado, te estás fiando ciegamente de tu médico.

Pastillas
Hay que usar todos los medicamentos con cabeza

El consentimiento desinformado

Ya sé que los médicos han estudiado una carrera y saben de eso y el resto no tenemos por qué saber y todas esas cosas que me habéis dicho. Pero es trabajo de los implicados en la vacunación que se haga siempre de forma informada siendo consciente de los riesgos existentes. Porque aunque sean mínimos, siempre existen riesgos.

De la misma forma, cuando compramos un medicamento en una farmacia tenemos un prospecto justamente para poder afirmar que el que lo ha consumido era consciente de los riesgos de efectos adversos, de las contraindicaciones y de cómo informar en caso de efectos adversos inesperados. Si los prospectos no se entienden, entonces es necesario modificarlos para buscar un lenguaje que sí se entienda. Porque cada vez que dejamos que nos vacunen sin saber lo que pone ese prospecto, o nos tomamos una pastilla que nos ha dado el de la farmacia sin leer el prospecto, estamos dando un consentimiento totalmente desinformado, pero si nos pasa algo, será nuestra responsabilidad únicamente, porque a nosotros «nos han informado de los riesgos». Otra cosa es que nos pase algo que no apareciese en ese prospecto, pero eso es tema para otro día.

¿Conclusiones?

Que aquellos con formación científico-sanitaria sí lean antes de tomarse una pastilla y el resto rara vez me hace pensar que o bien nos fiamos menos de los que nos tratan, o entendemos mejor lo que dice el papelito… o ambas. En mi caso personal, os confirmo que ambas. Sé que antes de venderme o recetarme algo no se me han hecho suficientes preguntas como para asegurar que no hay incompatibilidades, así que yo lo reviso antes.

Recordad que en cada anuncio de un medicamento aparece ese mensaje de «lea detenidamente…», y por lo que se ve poca gente lo hace, porque se lee la posología y poco más. Personalmente yo os recomendaría que siempre preguntéis los efectos adversos. Que no os dejéis llevar por el pánico y valoréis el beneficio frente al riesgo, eso sí, con ayuda de vuestro médico. Pero no confiéis ciegamente. Preguntad. Así nos habríamos ahorrado tantas sorpresas con las reacciones a vacunas, que son efectos adversos nada inesperados.

Por supuesto que lo que recojo aquí son una serie de obviedades. Que todos sabíamos que mucha gente no entiende nada de los prospectos y también sabemos que en una consulta no da tiempo a más. Pero eso no quiere decir que nos tengamos que conformar con ello. Así que al menos nos servirá de reflexión, y quizá la próxima vez que tengáis un prospecto en la mano sí ojearéis todo.

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El polen, la alergia y la mascarilla durante el cambio climático

Hace unos días salía en las noticias que debido al cambio climático las alergias aparecen antes y duran más. Saltó a las noticias por un artículo que se había publicado en PNAS. He de reconocer que en el momento yo no hice demasiado caso. No hice caso hasta que me tocó a mi, hasta que un estornudo y un picor me hizo pensar que quizá quería ver que era lo que decía el artículo. Porque yo nunca he tenido alergia aquí antes de finales de marzo, casi abril.

Recuerdo muy bien la primera vez que detecté una reacción alérgica al polen. Fue en el año 2010 y fue a finales de marzo en Madrid. Eso se repitió en otros contextos y en España fue siempre sobre esa fecha, aunque en Suiza sí era en otro momento. Pero claro, en Madrid no hay árboles, dicen. Por eso no era algo continuo, simplemente se daba cuando por alguna razón yo me desplazaba a una zona con más polen, y tal y como aparecía desaparecía al alejarme de los productores del polen que hacía que picase.

La aparición inesperada de la mascarilla

Pero este año me he encontrado con una situación peculiar que esperaba pero que no creí que fuese a ocurrir tan pronto. Ya ha llegado el polen, casi un mes antes de lo esperado. Y ahora ya no vale con que me aleje de los árboles y listo, porque como yo misma repetí muchas veces, las mascarillas pueden acumular polen. Eso es un combo de traición por parte del coronavirus y el cambio climático para aquellos que tienen alergia.

Yo me encontré en una situación en la que estaba expuesta a polen. Sabía que era lo que ocurría por un estornudo derivado del picor. Mi nariz picaba, pero mi cerebro sólo pensó en esa parte de «cuando te alejes de los árboles ya está». Claro que me alejé, en coche y sin la mascarilla. El problema fue que cuando volví a ponerme la mascarilla volvió el picor, porque efectivamente, la mascarilla también retiene cosas de fuera cuando respiras.

Por suerte es un problema con solución fácil: hay que cambiarse la mascarilla más y no mover la usada, que suelta el polen y la liamos. Porque sí, nadie hace todo perfecto y yo también cometo errores al usar la mascarilla… y de alguna forma se me soltó polen retenido en algún sitio. Pero la mala experiencia me ha servido para volver a buscar aquel artículo y resumir qué es lo que han encontrado.

El polen, antes y más tiempo por el cambio climático

Esta viene siendo más o menos la conclusión del artículo, pero podemos profundizar un poquito más. Los autores analizaron la situación en América del Norte, así que aunque podemos asumir que son datos extrapolables, quizá no sea así ya que hay muchos más factores que podrían afectar.

Por otra parte, aunque existe suficiente correlación, no podemos afirmar de forma rotunda que sea consecuencia del cambio climático, aunque sí tenemos suficientes pruebas para apuntar a la subida de temperaturas. Si la temperatura asciende, las plantas florecen antes. Y cuidado, si la temperatura asciende demasiado puede ser un problema, ya que muchas plantas necesitan el frío previo. La subida de temperatura es uno de los factores incluidos en el cambio climático que, en base a los datos que tenemos, está ocurriendo entre otros factores de origen humano, debido a la alteración en la composición de nuestra atmósfera, con el aumento de CO2 y de la emisión de otros gases de efecto invernadero. Vamos, algo lógico: si hacemos que haga más calorcito, las plantas consideran que es primavera antes.

En el artículo cuantifican los cambios observados, de forma que calculan que la polinización se adelanta una media de 20 días, y la concentración de polen aumenta aproximadamente un 20%. Pese a ello, no todo es culpa nuestra, ya que según sus cuentas, la contribución humana al calentamiento global contribuye un 50% a adelantar la temporada, pero un 8% a incrementar las concentraciones, que se deben principalmente a otras causas.

Abeja llena de polen
El polen no lo sueles ver, y si se ve… es tarde.

¿Qué pasará en los próximos años?

Teniendo en cuenta los modelos actuales, la situación no pinta bien. La tendencia detectada tiene fecha de caducidad ya que como decía antes hay un punto en el que la polinización deja de funcionar igual por la falta de frío. En paralelo, tendremos problemas con la falta de agua en algunas zonas en las que una ligera subida de temperatura no se puede asumir, y problemas con exceso de agua en zonas de costa si se produce una subida del nivel del mar. Si seguimos con los modelos actuales, la cantidad de polen será el menor de nuestros problemas, porque realmente ya lo es ahora aunque no lo veamos tan claro.

En la situación actual todavía estamos a tiempo de minimizar las consecuencias, y que todos los problemas sean tener cuidado con una mascarilla para no soltar el polen en casa. Cuanto antes lo arreglemos mejor, así que vamos a arrimar el hombro todos y pedir que nuestros países también lo arrimen. Que yo prefiero estornudar durante un mes más pero estornudar, porque si no lo hago implica que no hay plantas, y ese no es el mundo que quiero en mi futuro.

Si queréis ver los datos y los modelos del artículo, los podéis encontrar aquí: Anthropogenic climate change is worsening North American pollen seasons. Y vosotros, ¿habéis notado alergia antes de tiempo? Yo llevaba años sin estar en España en primavera, así que lo he notado más. Quizá no me habría dado cuenta su fuese poco a poco.

Si este artículo te ha hecho pensar en tu alergia o reflexionar sobre el cambio climático, te animo a que lo compartas y a que apoyes mi trabajo de alguna de las formas descritas aquí o invitándome a un café:

¿Que le den a la ciencia? No estoy tan segura…

El libro que os voy a comentar hoy es ¡Que le den a la ciencia!: Supersticiones, pseudociencias, bulos… desmontados con pensamiento crítico de Rocío Vidal, a la que muchos conoceréis como La gata de Schrödinger. Al igual que me ha ocurrido con los libros de otros divulgadores más mediáticos, me he quedado un poco desilusionada.

No tengo muy claro cual es el público objetivo del libro. Si hablamos de sus seguidores en YouTube, entonces ¡Que le den a la ciencia! me parece un poco falto de contenido, ya que repite principalmente puntos que ya se han tocado en vídeos y no se profundiza en exceso. Si se trata del mismo público al que va orientado su canal, pero asumiendo que no han visto sus vídeos… entonces puede ser adecuado. Pero si se trata de aquellas personas que podrían creer tales bulos o pseudociencias, entonces creo que el libro no está del todo bien planteado, al menos desde mi perspectiva.

Lo que a mis ojos me he encontrado es una colección de argumentos para desmontar los bulos más clásicos que no dejan de ser, fundamentalmente, los mismos argumentos que hemos escuchado repetidos hasta la saciedad. Quizá en lugar de intentar abarcar tantos temas distintos y tocarlos de una forma más superficial, habría sido más adecuado profundizar en una lista mucho más limitada.

Me he quedado un poco con la idea de que algunos bulos son mentira porque «hay gente que ha demostrado que no es así» o porque «ya hace mucho que sabemos que eso no es cierto». Que sí, pero faltan más datos. No podemos intentar que alguien cambie de opinión cuando cree en un dogma poniendo otro dogma en su cabeza, eso no es pensamiento crítico. El pensamiento crítico implica la reflexión, el avance a través de diferentes ideas, cuestionarse diferentes aspectos, la experimentación y el análisis. La imposición de datos, por mucho que esos datos sean los ciertos, no es pensamiento crítico. De la misma forma, otro aspecto destacable es que se dice que no hay que reírse de los negacionistas… mientras se ríe de algunas de sus creencias o actitudes, lo que es contradictorio.

El libro, conste, me ha resultado entretenido. Aunque en general es correcto, he detectado varios fallos, algunos sin demasiada importancia y más cercanos al error ortográfico y otros más graves, pero podemos vivir con ellos. Quizá pueda ser un libro adecuado para gente mucho más joven que empieza a demostrar cierto interés por estas temáticas, y desde luego es un libro adecuado para aquellos que, como yo, viven un poco desconectados de ese otro mundo en la divulgación.

Yo seguiré pensando que es mejor dialogar, analizar punto por punto y educar en el pensamiento crítico, porque creo que ganas más enseñando a analizar un bulo con sus ejemplos que intentando desmentir demasiados de una forma más dogmática, pero cada una tiene su forma de hacer estas cosas. Si el libro os interesa, igual que llamó mi atención, podéis encontrarlo para Kindle por un precio razonable, aunque la versión en papel supongo que es más dada a los regalos.

Si quieres apoyarme sin más, pero ahora no quieres ponerte a leer, siempre puedes invitarme a un café, que a veces necesito ayuda para encontrar horas extra para leer!

Las interacciones entre ARN y proteínas dentro de las células

Hoy vengo a abrir un melón de una de esas cosas que se dan por supuestas pero no son así. Estos días que tanto leemos y escuchamos sobre el ARN y las proteínas, y que si se unen y hay interacciones y todas estas cosas, asumimos cosas erróneas. Porque muchos creerán que es que sabemos exactamente cómo se une el ARN a las proteínas dentro de las células, durante cuanto tiempo, si se mueve o no, como si tuviésemos una lupa que nos permitiese saber todo lo que pasa dentro de las células. La realidad es que no tenemos ni idea. Más perdidos que un pulpo en un garaje.

Hemos visto interacciones con ARN antes…

Bueno, quizá exagero un poco. Sí tenemos una serie de técnicas que nos permiten saber qué pasa. Una de ellas es la llamada CLIP (Cross-linking immunoprecipitation) de la que han derivado otras muchas, como la que han desarrollado recientemente unos investigadores en Cleveland de los que hablaré después. 

En esta técnica, lo primero que se hace es unir el ARN a las proteínas de forma permanente. Porque la mayor parte de las interacciones que hay son transitorias, y si queremos ver qué está unido, tenemos que hacer primero que no se pueda soltar. Fuera de la célula podemos hacerlo con varios compuestos químicos, pero dentro lo hacemos con luz ultravioleta. Va a dañar el ácido nucleico un poco, pero vamos a capturar todas las interacciones que había. 

Cuando tenemos todo unido, para separar lo que nos interesa, hacemos la inmunoprecipitación. Con esta técnica unimos la proteína que nos interesa a un anticuerpo que la reconoce, separándola del resto. Después podemos ver qué fragmento de ARN tenía unido, e incluso podemos profundizar en su estructura. 

Imagen de un reloj
El tiempo es demasiado importante…

Pero las interacciones con el ARN son estáticas si se mira en la célula

Lo que pasa es que ese pulso de luz ultravioleta es largo, y lo que vamos a tener es la suma de interacciones durante mucho rato (mucho en escala de cosas dentro de una célula). Por lo tanto, si una proteína aparece unida al ARN no sabemos si está mucho rato unida, si poco, si se une y se suelta seguido o qué. Vamos, que no sabemos sobre su cinética. No existe dinamismo.

Para compensar, lo que podemos hacer es analizar las interacciones in vitro. Aunque no podamos analizar esa parte más dinámica dentro de la célula, hace años que sabemos cómo hacerlo en un tubo de ensayo, con proteínas y ARN purificados. Ahí podemos calcular tasas, constantes de disociación, etc.

Resolución temporal dentro de las células

Está claro que el problema que tenemos es que en el laboratorio es una cosa y dentro de la célula no sabemos, porque dentro tenemos una imagen estática y bueno… no todo es extrapolable, porque dentro las cosas no están aisladas del mundo.

Este problema se revuelve en el trabajo publicado por Sharma et al. en Nature bajo el título The kinetic landscape of an RNA-binding protein in cells en el que describen una adaptación de la técnica, llamada KIN-CLIP (KIN de kinetic). Para poder obtener esa resolución temporal dentro de la célula, en lugar del tradicional ultravioleta, utilizan un láser pulsado con una resolución al femtosegundo. Eso les permite paralizar lo que ocurre en la célula en diferentes momentos y, analizando suficientes imágenes independientes, poder reconstruir las reacciones de la misma forma que se hacía en un tubo de ensayo.

¿Realmente cambian los datos?

Para ejemplificar la técnica, los autores utilizaron la proteína DAZL. Es una proteína que se une a ARN y que es fundamental para regular la gametogénesis. Lo que hace es unirse al ARN mensajero estabilizándolo y controlando su transcripción, o al menos por eso creemos que se une. 

Frente a los datos obtenidos previamente, ahora se observa que la unión entre DAZL y su ARN preferido no es tan longeva como creíamos previamente. Parece que en la célula lo que ocurren son más uniones y más breves de lo que se pensaba. Y esto es un ejemplo de los muchos datos que han recalculado. 

Y esto para qué nos vale…

Aunque sea un ejemplo, entender como ocurren las interacciones dentro de las células es muy importante. Obviamente nos interesa por la mera curiosidad de saber qué pasa dentro de la célula, pero quizá eso no consiga convencer a todo el mundo de lo importante que es investigar estos temas. Y es que además, un láser UV al femtosegundo cuesta una pasta, estoy segurísima. Pero un montón de procesos en nuestra vida dependen de esos femtosegundos. Poder medir los cambios nos permitirá tratar más enfermedades, y con ello salvar más vidas. También hacer nuestras vidas mejores. Y el dinero invertido en vida, bien invertido está.

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