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Érase una vez… la irrigación sanguínea

Tras haber pasado por la médula ósea y saber cómo se forman los eritrocitos, vamos a centrarnos en la sangre… y en la vida de ésos eritrocitos. Este capítulo me ha parecido un poco falto de contenido comparado con el anterior, pero quizá es impresión mía, porque hay demasiadas cosas que se han repetido ya.

Empezamos centrándonos en los eritrocitos y en su viaje a los pulmones con el CO2, que allí sueltan para luego cargarse de oxígeno. En serio, que alguien me explique por qué se ponen tan rojo vivo cuando se cargan de CO2. En los pulmones también se muestra cómo un «policía» muere en acto de servicio. Y seguimos con el intercambio, en algo que quiero entender que son los alvéolos pulmonares.

A partir de ese momento pasamos a los problemas habituales. En este caso hay falta de azúcar, así que lo sacan de su almacén en el Golgi (bueno, la simplificación ya tal..) y también se enseña cómo los macrófagos limpian el camino para que los eritrocitos puedan pasar para eliminar el exceso de CO2 en sangre.

Como en cada capítulo, llega el momento de la invasión. En este caso son bacterias, estreptococos concretamente. Se dividen muy rápido pero entre unos cuantos basófilos y macrófagos está todo controlado… pero claro, queda todo debilitado. Ahí salimos del cuerpo y vemos como Pedro estornuda. Son los virus, que se abren camino por su cuerpo. Los anticuerpos atacan pero no pueden con ellos y el interferón avisa de que es una gripe de tipo B. Se siguen multiplicando y Pedro tiene fiebre, eso es que su cuerpo está perdiendo la batalla. Se hace una retirada estratégica, una serie de mitosis para multiplicar las defensas y un nuevo ataque para eliminar a los virus (que son, por cierto, un huevo).

Aunque es algo de lo que ya me había dado cuenta antes, especialmente esta vez me llama la atención la reacción de que el cuerpo está vacunado. Es algo que dudo mucho, y probablemente si hubiese memoria de esos virus la infección jamás se extendería tanto. Me falta también la explicación de por qué los anticuerpos pueden reconocer a los virus, cómo se identifican como un tipo u otro y cosas así, pero bueno, quedan muchos capítulos y supongo que muchas infecciones más que vendrán.

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La próxima gripe (porcina) ya está en China

No ganamos para sustos, y es que parece que con el famoso coronavirus SARS-CoV-2 no es suficiente, este 2020 da todavía para más. Ayer, 29 de junio, se publicó en la revista PNAS un artículo sobre una cepa de gripe A presente en los cerdos de algunas granjas en China. El artículo podría haber pasado desapercibido, pero la BBC se hizo eco del tema y rápidamente la noticia se extendió por Twitter y por diferentes medios de comunicación. A esta cepa la han llamado, de una forma muy descriptiva, G4 EA H1N1.

Las cepas de la gripe y sus orígenes

Aunque los virus de la gripe pueden afectar a muchos animales, a los humanos nos preocupan principalmente dos tipos: la aviar y la porcina. En el año 2003, se inició un brote de gripe aviar en China que hizo que todos nos preocupásemos por lo que podría pasar en el resto del mundo, aunque ahora no lo recordemos y en muchos casos incluso se entremezcle con los recuerdos del SARS. Fue lo que en el mundo entero se conoció como la gripe asiática. En el año 2009 cambiamos de bando, era una gripe porcina, aunque pronto la bautizamos como gripe A, así a secas, aunque también se extendió el uso de la hemaglutinina y neuraminidasa, conociéndola el público como H1N1, pandemia que se originó en América. En ambos casos el problema es que los virus se adaptan con mucha facilidad a los humanos.

Además de por el animal al que infectan, las cepas de gripe se clasifican por sus características y, aunque en nuestra memoria está grabada a fuego la gripe A (de 2009), las vacunas actuales también incluyen cepas de tipo B. La gripe del año 2009 no fue la primera gripe A. En sí, durante el siglo XX hemos sufrido varias pandemias de gripe, y la inmensa mayoría de gripe tipo A, como por ejemplo, la mal llamada gripe española de 1918.

El descubrimiento del nuevo virus

Los investigadores analizaron diferentes muestras nasales de cerdos recogidas entre los años 2011 y 2018 en granjas de varias provincias en China. Aunque localizaron varias cepas diferentes, una de ellas predominaba sobre el resto, una nueva cepa EA H1N1, con un origen similar al de la aviar europea pero con características de la americana, fruto de recombinaciones y mutaciones.

Curiosamente, aunque la gripe A (H1N1) del año 2009 era una gripe porcina, los cerdos analizados habían perdido prácticamente esta cepa, que se conoce como pdm/09 y es la que incluyen nuestras vacunas desde entonces. Además, aunque existían varias cepas en las muestras, a partir del año 2013 existe una mayor prevalencia de una variante concreta, que además parece estar diversificándose dada su gran diferenciación genética. Esta cepa es la que agruparon como G4 y que pese a parecerse más a la americana, tiene una proteína de la matriz (gen M) más parecido a la pdm/09.

En análisis in vitro los investigadores observaron que la capacidad de unión a las células es similar a la de la gripe A H1N1 del año 2009 y que también se puede replicar en las células del epitelio respiratorio de una forma similar. Esto convierte esta cepa en un potencial peligro, ya que todos recordamos lo rápido que avanzaban las infecciones con la gripe A.

El modelo animal

Para poder validar sus resultados más allá de los datos que obtuvieron in vitro, trasladaron su modelo a hurones. El hurón es un modelo animal común ya que se infecta con la gripe de una forma similar a los humanos y presenta sintomatología similar. Al infectar hurones, observaron que el virus tiene una alta capacidad para replicarse y que muestra una alta patogenicidad. Los síntomas fueron similares a los que cabría esperar de una gripe: fiebre, tos, estornudos…

Imagen del virus de la gripe coloreada al microscopio electrónico
Así luce el virus de la gripe

Ausencia de protección

Mucho se ha hablado recientemente de la reactividad cruzada, o de una forma más común, de la inmunidad cruzada. En algunas situaciones, cuando presentamos anticuerpos frente a un virus, nos protegen parcialmente si nos infectamos con un virus similar. Lamentablemente, en este caso no ocurre así. Incluso en suero que presentaba anticuerpos contra la gripe A, no podían unirse a esta nueva cepa, por lo que no existe inmunidad cruzada. Para estas pruebas se utilizó suero humano, procedente de niños que habían sido vacunados.

Seroprevalencia: ¿se han infectado ya humanos?

Sí, se han infectado. Al buscar anticuerpos en los trabajadores de las granjas de cerdos, se encontró que un 10.4% presentaban anticuerpos, por lo que habían entrado en contacto con el virus. Además, un 4.4% de la población del entorno también tenía anticuerpos. Un detalle preocupante: los más afectados se encontraban en el rango de edad entre 18-35 años. Históricamente, sabemos que las cepas de gripe que afectan a los jóvenes son más peligrosas.

¿Debemos tener miedo?

Aunque se haya publicado ahora, recordemos que el estudio se hizo con muestras de la última década. El artículo se envió en el mes de diciembre. No se trata de un virus que haya surgido ayer. Además, otros investigadores ya han informado de resultados similares, y se tiene constancia de la existencia de cinco pacientes contagiados con virus de este tipo.

Por ahora no se ha comunicado ningún caso de contagio humano-humano, pero si el virus mutase como para que eso ocurriese, podría desencadenar una pandemia. Aunque una mutación aleatoria de ese tipo no es común, si una persona se infecta simultáneamente con una gripe adaptada a humanos y con ésta, podrían recombinar. Esto también podría ocurrir en cerdos, ya que los cerdos son la principal fuente de recombinación para virus de la gripe. Por eso es necesario vigilar esta clase de virus que, aunque normalmente no salgan en las noticias, se descubren frecuentemente. En cualquier caso, deberíamos estar preparados para la próxima pandemia.

El Anacronópete

Hay libros que llevan mucho tiempo entre nosotros y que pasan desapercibidos hasta que algo hace que reciban mucha atención. Ese ha sido el caso ahora con El Anacronópete, de Enrique Gaspar y Rimbau, libro que pese a llevar muchos años publicado, jamás ha recibido la fama que merece.

Recientemente, tras la aparición de El Anacronópete en El Ministerio del Tiempo, un montón de personas descubrieron la existencia del tal historia. Aquellos que siguen la serie ya saben de qué va el asunto, pero para los que no la ven (que deberían), el Anacronópete es una máquina del tiempo un tanto peculiar. La descripción en el libro se acerca a la de una nave espacial, pero a un modelo de hace ya unas cuantas décadas. La nave permite viajar por el tiempo, aunque de forma más lenta de lo que esperaríamos, ya que dependiendo de lo cerca o lejos que se desplacen tardarán más o menos tiempo. Además, para que el paso del tiempo no afecte a los viajeros, éstos han de consumir el fluido García, la bebida que permite que su cuerpo no se altere. Así, los personajes de la historia visitan varios puntos de la historia sin limitarse a la de España.

Una nave temporal… pero con estilo

La descripción de los hechos históricos es bastante adecuada al principio del libro, pero poco a poco va tomando más y más señales de fantasía. Sin desvelar detalles de lo que ocurre, diré que en China una ya pone cara rara, pero lo de Noé rompe todos los esquemas. Además, ciertos comentarios excesivamente machistas o racistas hacen poner mala cara, pero si se tiene en cuenta cuando se escribió el libro, el contexto todo lo explica. Cada vez somos mejores personas, sin duda.

Aunque tenga mis críticas a parte de la forma de narrar la historia, no deja de ser quizá el primer libro de viajes en el tiempo y, casi sin duda, el primero escrito en español con ese tipo de detalles. Algo en mi cerebro lo asocia con Doctor Who y quizá sea al revés, quizá para el doctor alguien se inspiró en esa historia que en nuestra mente colectiva había quedado bastante olvidada. Además, pese a que se intentar dar numerosas explicaciones científicas, peca de nuevo de falta de rigor por el momento en el que fue escrito, pero sin duda hace reflexionar sobre lo que una mente de esa época pensaba sobre la ciencia. En cualquier caso demuestra algo… estamos en el año 2020 y todavía no hemos descubierto cómo hacer viajes temporales. Eso sí, el pasado mejor no lo toquemos, que la historia es la que es y si la alteramos igual vamos a peor.

Si queréis leer El Anacronópete, cosa que recomiendo (y además es muy ligerito), podéis hacerlo apoyándome a la vez, si lo compráis siguiendo este enlace a Amazon: El Anacronópete.

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Reflexiones sobre las publicaciones científicas

Este es un resumen de algo ocurrido hace un par de semanas… pero que sigue de rabiosa actualidad

¿Qué ha pasado exactamente?

La explicación no pedida que voy a dar hoy viene a raíz de tres hechos que, aunque con temática común, ocurren de forma independiente. Lo primero es el auge de los preprints en los últimos tres meses y la dificultad para entender qué son. El segundo hecho son los artículos retractados de The Lancet y NEJM sobre el estudio de la hidroxicloroquina. El tercer hecho han sido las noticias sobre el “fracaso” del estudio llevado a cabo por Oriol Mitjà usando este mismo compuesto. En los tres aspectos, cuando leía las noticias, notaba que en algunos casos no se sabía bien cómo funciona la publicación científica. Por eso vamos a aclarar hoy esos puntos.

La vía tradicional

Las publicaciones por la vía tradicional siguen siendo la mayoría, o lo eran hasta que llegaron las prisas hace un par de meses. En la vía tradicional una vez que tienes tus resultados los pasos a seguir son más o menos lineales:

  1. Escribes un artículo con el resto de autores que aprueban el contenido
  2. Lo envías a una revista que consideras adecuada
  3. El editor valora si merece ser valorado en la revista. Si cree que no volvemos al punto 2 en otra revista. Este paso lleva entre unos días y varios meses.
  4. Si el editor opina que podría valer, lo envía a al menos dos revisores, que sin cobrar por ello lo leerán e intentarán buscar fallos o cosas que falten o necesiten ser aclaradas. El artículo puede estar en esta fase entre un par de semanas y un año.
  5. Los revisores pueden decir que no hagas cambios (cosa muy rara), pedir cambios pequeños de texto (bastante común), cambios mayores pidiendo experimentos extra (muy común) o decir que el artículo no vale (también común). Si dicen que no vale, volvemos al punto 2 con otra revista, o al 1 para mejorar el artículo.
  6. Se hacen los cambios que se han pedido (entre varias semanas y varios meses) y se vuelve al punto 4. Esto lo podemos repetir varias veces, porque es normal que haya varias rondas de revisión.
  7. Cuando aceptan que ya vale, si el editor está de acuerdo, te mandan una carta de aceptación. Tu artículo se publicará online en unos días o semanas y en papel (si todavía tienen de eso) en uno o varios meses.

Ese proceso completo suele implicar al menos tres meses, en el mejor de los casos. Y eso, en la situación actual, no es una opción. Cuando se sigue la vía tradicional, si el descubrimiento va a tener repercusión mediática, se preparan notas de prensa y los medios que tienen acceso a los artículos antes de que se publiquen escribirán sus comentarios para que salgan justo cuando se libere. Pero ahora esta vía tradicional pierde fuelle, y va ganando fuerza la vía del preprint.

La vía del preprint

Si no queremos esperar a todo el proceso de revisión y aceptación para que nuestros resultados lleguen a la comunidad, podemos ir por la vía paralela del preprint. Tras escribir el artículo, un borrador o la versión que se envía a las revistas se sube a un servidor de acceso libre. En tiempos de coronavirus los que más peso tienen son BioRxiv y MedRxiv. Los pdf que se han subido ahí no han sido revisados, no sabemos si los datos son fiables ni si los experimentos son reproducibles, porque nadie ha revisado esos artículos.

En tiempos de decenas de preprints diarios, los medios de comunicación ya no dependen de los embargos ni de las notas de prensa enviadas por las instituciones. Pueden perderse entre los preprints y elegir qué comentar, aunque muchas veces son guiados por Twitter a ellos. En puntos extremos tenemos casos en los que investigadores han buscado aparecer en los medios para darle bombo a su artículo en preprint.

Esta vía funciona de una forma diferente, porque tampoco es que no valga lo que aparece ahí, o que uno no se pueda fiar. En general, al poco de subir el pdf, varios investigadores del campo revisarán el artículo y rápidamente habrá una opinión de la comunidad científica. Pero hay que esperar a que haya esos comentarios. Un ejemplo de ésto lo tenemos en el artículo que decía que el coronavirus podía salir de un laboratorio porque tenía secuencias del VIH. Ese artículo se subió a bioRxiv, la prensa no esperó y se hizo eco (error), pero en un par de días un montón de investigadores comentaron públicamente los fallos del artículo. Poco después, el preprint se retractó (la página existe pero dice claramente que ha sido retirado).

¿Qué vía es mejor?

Mucho se ha publicado sobre que uno no se puede fiar de los preprints porque no han sido revisados. Pero la verdad es que lo único que hay que hacer es esperar a que sean revisados por la comunidad y no dar nada por cierto hasta que haya consenso.

Recientemente hemos vivido como el sistema tradicional tampoco es la panacea. DOs artículos que se publicaron en The Lancet y New England Journal of Medicine han sido retirados porque se habían “colado”. Aunque esos artículos habían seguido el proceso de revisión tradicional, una vez que se hicieron públicos y se sometieron al escrutinio de la comunidad, se descubrió que había problemas con ellos y se retractaron. En ese caso, el proceso de revisión por parte de la revista falló. Al estar hablando de un estudio muy importante en estos momentos, la posible eficacia de la hidroxicloroquina, mucha gente revisó el contenido y se descubrieron esos fallos. Pero si se tratase de la cría de la hormiga roja del Sáhara, probablemente no habría tanta gente revisando el contenido, y quizá nadie se habría dado cuenta de que había que retirarlo, o no habría podido hacer presión suficiente a la revista que va a ver su nombre manchado.

Así, aunque los artículos en “revistas de nombre” han sido revisados, en muchos casos algo ha fallado y hay cientos de artículos publicados en todos los campos que no se pueden reproducir o que tienen un análisis incorrecto de los datos. Todos los días se retractan artículos, pero normalmente no se llenan los titulares de los periódicos de “revista X retira un artículo”. En sí, suelen intentar hacerlo de una forma bastante discreta.

¿Y qué tiene que ver el otro estudio en todo esto?

Empecé diciendo que la tercera para que me hacía escribir esto eran los resultados del estudio de Oriol Mitjà. Y es que todo lo anterior se explica con una serie de titulares respecto a su estudio. La prensa se llenó de titulares del tipo “fracasa el estudio”. Y es que ciertamente, si nos ponemos en las publicaciones pre-covid, los resultados de ese estudio habrían acabado en un cajón y jamás se publicarían, porque los resultados parecen apuntar a que la hidroxicloroquina no sirve (digo parece porque no he visto los resultados).

En mi mundo, si quieres publicar un artículo necesitas tener resultados positivos. No vas a publicar que si mezclas dos cosas no pasa nada, publicas si obtienes algo. Pero es que los resultados negativos de los experimentos, también son resultados. Estoy segura de que más de la mitad de experimentos que se hacen en muchos laboratorios se han hecho en otro sitio antes pero nunca se han publicado, por lo que se pierde mucho tiempo repitiendo todo (ojo, no reproduciendo, que eso siempre es bueno hacerlo). Por eso, el trabajo de Oriol Mitjà no ha fracasado, ha obtenido un resultado pero, hasta hace poco, ese resultado no habría sido digno de ser publicado.

¿Entonces cómo publicamos?

Hasta como quien dice anteayer, existía una presión tremenda por publicar en revistas de alto impacto (como The Lancet) que supuestamente sólo publican cosas fiables y con resultados “positivos”. Ahora nos hemos dado de bruces con la realidad, con que ese proceso es excesivamente lento. Y poco a poco cada vez salen más voces que dicen que quizá lo de publicar en BioRxiv o MedRxiv y que la revisión sea pública y comunitaria tampoco es tan horrible, pero claro, eso afectaría mucho al negocio de las editoriales.

No voy a dar una solución, ni voy a profundizar en los detalles de los cambios que se nos venían encima antes de que todo esto ocurriese, pero que sirva lo contado hoy para recordar que las revistas también la pifian al aceptar artículos, que todos los artículos deben ser revisados por cuantos más investigadores mejor y que los resultados, positivos o negativos, resultados son y pueden ayudar a otras personas en su investigación.

Si queréis ver qué cosas se publican en preprints, porque eso sí es de acceso siempre abierto a todos, los dos servidores han juntado en una página todo lo publicado sobre el coronavirus, más de 5000 “preprints” a día de hoy: preprints de SARS-CoV-2

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Medio año… tropezando

Cuando escribí a 31 de diciembre mis propósitos para este año sabía que iba a ser un año extraño, pero obviamente no me imaginaba ni de lejos que a día de hoy íbamos a estar como estamos. Quizá porque la situación lo hacía extremadamente complicado, decidí no hacer una valoración del primer trimestre, porque creo que me habría echado a llorar. Pero ha llegado la hora, y no quiero que acabe junio sin valorar cómo van los propósitos de este año.

Han pasado muchas cosas y quizá algunos de mis propósitos carecen de sentido en esta nueva normalidad que ojalá se quede como está. A día de hoy las cosas se están poniendo complicadas de nuevo en algunos sitios, incluyendo el país en el que resido, así que esperemos que se calme de nuevo sin volver a pasar por otra ola. Tengo mucho miedo de lo que nos pueda traer el otoño, y también de cómo me afecte a nivel personal, pero no quiero adelantar cosas, así que vamos al repaso habitual de propósitos:

  • Mi propósito de este año es leer 25 libros. Pues llevo 22, así que algo tengo que hacer muy mal para no ser capaz de llegar a 25. Supongo que es lo que tiene el tema de la pandemia… que te deja tiempo para leer. Ojalá pudiese mantener el ritmo en el futuro!
  • Mi H index sigue igual, pero ya he conseguido deshacerme del artículo que me quedaba pendiente, así que ahora me estoy dedicando a la vida contemplativa… o no, porque obviamente en algo estoy trabajando, aunque tengo mis dudas de si llegará a ser un artículo.
  • Tendría que hacer repaso de cuantas series y películas he visto en lo que va de año pero me da que ha sido poco. Pero tampoco demasiado poco… no sé. Sí he visto varios documentales y alguno me gustaría reseñarlo aquí, a ver si encuentro rato para eso.
  • Desde luego en lo que va de año llevo muy bien lo de escribir más. Tanto que además de escribir muchísimos más posts de temas de lo más diversos, estoy enviando mi newsletter semanalmente a aquellos que me siguen, estoy mucho más activa en Twitter y con la pandemia acabé en otro podcast, Qarentena. Por ese lado creo que voy mejor de lo que me esperaba, la verdad.
  • Viajar… ay, viajar… voy a llorar. En enero tuve un pequeño viaje en Suiza y bueno, el resto está todo cancelado hasta nuevo aviso. Pero a mi que nadie me toque mis vacaciones en España o vamos a tener un problema. Seguiremos informando del tema «Carmela huye a España».
  • Por extensión, tampoco he ido a conciertos. Aunque por suerte yo no había comprado entradas para nada del inicio de temporada. No sé cómo avanzará el verano pero me da que no va a estar en mis manos poder elegir.
  • No he matado a nadie en el lab, pero en parte eso puede ser porque durante mes y medio no lo pisé. Las cosas se complican bastante y la «nueva normalidad» aquí es muy complicada. La verdad, no tengo claro cuánto voy a aguantar esta situación.
  • Tras el parón de ejercicio físico patrocinado por el confinamiento, creo que poco a poco voy recuperando, pero es muy poco a poco. Aunque algo hice en casa ese tiempo, no es lo mismo, y las piernas se quejaron bastante a la vuelta. Habrá que ponerle remedio en verano.
  • Lo que sí ha mejorado mucho es mi alimentación, y curiosamente la nueva normalidad me ha hecho implementar algo que me había planteado en el pasado y no había conseguido: llevar mi comida al trabajo. Ahora como mejor, mi estómago me odia menos, y esas cosas. El efecto colateral es que como poca carne, muy poca. Que es algo bueno para el medio ambiente, pero que tengo que asegurarme de seguir siendo capaz de digerirla. Con poca me refiero a que desde marzo creo que comí carne roja una vez. Pollo cada dos semanas o así. Quién me ha visto y quien me ve…
  • Aunque los días de confinamiento mi productividad tenía altos y bajos, la verdad es que me he metido en tantos marrones que ahora tengo que organizarme todo muy bien. Y tendré que hacerlo bien si quiero que mi plan de futuro salga adelante.
  • Con esa serie de rutinas implementadas, mi vida también está mucho más ordenada, lo que me genera menos agobio y me permite dormir mejor sabiendo que todo está como tiene que estar, donde tiene que estar, y que he hecho lo que tenía que hacer. No puedo agobiarme por intentar hacer más cosas de las que puedo hacer de forma realista. Lo bueno del confinamiento es que me permitió recuperar el control de mi casa, menos mal.
  • También he ahorrado durante estos meses más de lo que tenía previsto, y pretendo seguir haciéndolo. El único gasto importante en el futuro cercano es un cambio de portátil que estaba más que planificado, y a partir de ahí tocará centrarse en ahorrar para cuando las vacas flacas, aunque el dinero hay que invertirlo en las cosas que faciliten la vida.
  • Quería probar cosas nuevas, y estoy probando muchas cosas nuevas, aunque algunas no os las pueda contar todavía. Pero desde luego, la parte de «qué pasa si hay una pandemia global» preferiría no haberla probado.

¿Qué pasará en los próximos meses? Os advierto que habrá actualización antes del último trimestre del año y que va a traer sorpresas, porque me estoy callando muchas cosas que en algún momento tendrán que salir a la luz… pero está todo planificado!