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Érase una vez… el gran planeta celular

Empezamos con el capítulo 1 de Érase una vez la vida. Antes de que haga un resumen del capítulo comentando aquellas cosas que llamaron la atención a mi mente de bióloga, el disclaimer de turno: estoy viendo la serie en Netflix, y Netflix Suiza no tiene a bien ofrecerla en español. Tras valorar los idiomas que me ofrece he decidido quedarme con inglés, aunque asumo que el audio francés sí será el original, pero a mi mente le resulta más sencillo procesarlo en inglés. Aunque intentaré dar nombres en español, es posible que en algún momento pifie el nombre de algún personaje, así que por favor no me lo tengáis en cuenta.

El primer capítulo empieza por el principio. El Big Bang, la formación del universo, galaxias, la Tierra… en la Tierra aparecen los volcanes con mucha lava, soltando muchos gases y con meteoritos golpeando la superficie, más o menos como se nos ha contado siempre el origen. A partir de ahí avanzamos muy rápido a la formación de la primera célula y de ella una evolución preocupantemente lineal hacia los animales, pasando por los dinosaurios, hacia el ser humano. En esa parte me llama mucho la atención cómo parece que el humano es la cumbre de la evolución (que no) y también cómo se presentan los primates. En sí, aunque querría haberme fijado en otros detalles, la representación del primate erguido con las manos colgando muy a lo “osea” evitó que me fijase en cualquier otro detalle. Tras una explicación sobre cómo partes de nuestro cuerpo vienen de nuestros “antepasados”, volvemos a la primera célula.

A partir de la sopa primordial se forma la primera célula y, en ella, aparece la primera enzima. Las enzimas son proteínas que hacen “algo” en nuestras células y, en la serie, se representan como hombrecillos con pinta de obreros, aunque dicen que son los “ingenieros” de las células. En esa escena se enseña cómo las diferentes bases forman nuestro genoma (aunque ellos hablan de genes) y cómo esa enzima consigue formar la doble hélice a partir de pegar dos cadenas complementarias, que luego se podrán empaquetar en cromosomas. Un detalle interesante es que las enzimas que manipulan el ADN llevan en su gorra una flecha, que indica el sentido en el que se desplazan por la cadena de ácido nucleico (aunque no lo dicen). Aunque me duele ver cómo se habla siempre de genes, hay que tener en cuenta que esto se hizo antes de conocer el genoma humano como lo conocemos ahora.

A continuación nos enseñan las mitocondrias, diciendo que “probablemente” fueron bacterias (en el momento de rodar la serie se sabía, pero no estaba muy extendida la idea). Aunque enseñan otras partes, rápidamente pasamos a que el cuerpo está formado por muchas células especializadas en tejidos, y se muestra el tráfico celular entre células… usando naves espaciales (unos transportadores un poco peculiares). En las células hay rampas de entrada que entiendo que representan a los transportadores de membrana, que serán los encargados de darle a la célula cansada sus nutrientes (destacan azúcar, grasas, proteínas y sal).

En la siguiente escena aparecen los glóbulos varios. En la parte de los glóbulos rojos la interpretación es sencilla: tienen un depósito en la espalda y son más anaranjados cuando cargan oxígeno y se vuelven rojo más oscuro cuando llevan dióxido de carbono. También se explica que son células pero que no tienen núcleo porque lo perdieron. A estas alturas los glóbulos blancos aparecen como “policías” y me confunden un poco porque no me queda claro qué son exactamente, pero sé que poco a poco iremos aclarando cosas.

La parte de los ribosomas creo que es la que más me ha descolocado de todo el capítulo. Se sabe que son una fábrica de proteínas (aunque lo que se enseña con aspecto de fábrica es la mitocondria), pero lo que se ve en ellos son enzimas (o sea, los obreros), con una secuencia estirada y poniendo tripletes de nucleótidos encima, que llevan pegada una “nave” que supongo que es la representación del aminoácido. Pero aquí hay un fallo grave, y es que la secuencia que reciben los ribosomas, se ve que es ADN, y no debería ser así. ¿Por qué lo sé? Porque se ve que hay T, y en el ARN mensajero (que es lo que entra en los ribosomas) no hay T, hay U. Y sí, eso se sabía de sobra en los 80.

Tras seguir paseando por la célula y ver el centríolo (con pinta de cable de la luz), los liposomas y los lisosomas, vemos que de la mitocondria sale una “cosa” (que yo sólo puedo definir como pseudoespermatozoide) que tiene que ser ATP, pero no consigo aclararlo. Eso sí, el paseo se corta porque hay una crisis: hay saturación y hay que desviar a producir grasas.

Aquí pasamos al personaje que todos recordamos, al Maestro, que supuestamente es un ente superior o algo que controla a la célula. Para solucionar el problema, busca a un mensajero (un corredor) para que lleve a las neuronas que hay que parar de comer o se va a engordar. Mientras se cierra el paso a la entrada de más nutrientes en la célula, aparecen los malos, que son virus, aunque muy extraños. La mayor parte de los virus que conocemos que infectan a los humanos son redondos (como el coronavirus!) pero éstos son alargados, como es, por ejemplo, el ébola. Aquí aparecen en escena las defensas: por una parte tenemos a los neutrófilos, que son blancos y que “aspiran” virus y, por otra, las naves que “creo que” representan a los linfocitos T, que se ocupan de eliminar a los que se escaparon de la policía celular.

En la última escena, volvemos a las proteínas y vuelvo a confundirme mucho. Se da la orden de generar colágeno porque hay que curar una herida, pero algo va mal y tras buscar la secuencia en los cromosomas, se ve cómo la secuencia sale del núcleo, pero parece ser que es errónea porque están sacando ADN y lo que hay que sacar es ARN mensajero, una copia (pero lo que sale en la imagen vuelve a ser ADN!!!!). Al generar la proteína, se ve como si se plegase una cadena del supuesto ARN para dar lugar al colágeno… lo que es completamente erróneo.

Reconozco que mi mayor queja respecto a éste capítulo se centra en los ribosomas, pero también entiendo que eran los 80 y sabíamos lo que sabíamos. Creo que esa parte se podría haber afinado un poco más representando los ribosomas como mini-factorías o algo así. Por el resto, creo que la representación de las partes de la célula es muy adecuada, aunque creo que en algunos momentos puede no entenderse bien qué ocurre en un tejido y qué dentro de la célula

En el siguiente capítulo se tocará un tema diferente y me da que voy a tener también mucho que comentar. Ahora que ya habéis leído mi resumen y opinión, seguro que más de uno tiene ganas de volver a verlo, o de ponérselo a los niños y decirle un “ves, ahí donde hay T tiene que haber U porque es ARN y no ADN”.

Antes de que te distraigas con el video en Youtube que está a continuación, recuerda que además de escribir cosas aquí (cuyo mantenimiento cuesta), tengo mis podcasts, mi newsletter, leo muchos libros y por lo que se ve, comento series divulgativas. Si quieres ayudarme a financiar todas las cosas que pago para poder seguir adelante, puedes hacerlo invitándome a un café en el siguiente enlace. Haz click en el botón!

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La historia de España

Aunque normalmente cuando comento por aquí que he leído un libro lo hago con los que tienen que ver con la ciencia, la verdad es que no sólo leo libros de ciencia y que en los otros siempre se puede ver un punto de vista científico… de algún modo.

El libro del que os quería hablar hoy es “Esto no estaba en mi libro de historia de España”, de Francisco García del Junco. Y os prometo que tiene su parte científica.

En el libro se van contando diferentes aspectos de la historia de España que, por una razón u otra (no voy a entrar a intentar buscar las razones), no se suelen contar cuando estudiamos. Hay muchas historias, y son historias que todos deberíamos conocer, porque son historias que nos quitarían muchos de los complejos que tenemos.

Para destacar sólo un par de puntos que me llamaron especialmente la atención por su componente científico, entre esas historias creo que no os deberíais perder aquella que describe cómo se llegó al nacimiento del Nilo por primera vez (cosa que hizo un español) y la historia de las historias en las expediciones españolas: la expedición Malaspina. Ya sé que muchos sí sabéis que esta expedición ocurrió, pero no se le dedica el tiempo que debería en los institutos. Leer sobre ella me recordó los grandes viajes y por eso hice un Bacteriófagos sobre el viaje del Beagle, como antesala a lo que será en un futuro no muy lejano un capítulo sobre Malaspina, pero desde otra perspectiva.

Dejando un poco de lado la ciencia, otro de los temas que se toca es la leyenda negra que pesa sobre los españoles… y que os prometo que sigue ahí. Los españoles qué malos que somos que torturamos a todo el mundo, que matábamos sin ton ni son a indígenas, que además instauramos la peor Inquisición… ¿os suena? A mi por desgracia demasiado, porque hace no mucho, me encontré en medio de una conversación con alemanes en la que se referían a la “inquisición española” y, cuando insistí en que la había en otros sitios, me dijeron que se llamaba española por algo. ¡Ni siquiera sabían que no era cosa nuestra! Y ya si hablamos de lo que piensan que ocurrió… la conversación era de lo más vergonzosa. Pero es como la gripe española, que nosotros sabemos que no tenía mucho que ver con España pero todo el mundo la llama española y no podemos deshacernos de ese marrón. Al final la culpa es nuestra por decir la verdad, aunque nosotros siempre creamos que estamos mintiendo, porque otra cosa no, pero a sentir que vivimos en el peor sitio no nos debe ganar nadie.

Si queréis leer el libro, cosa que os recomiendo (en sí yo acabé casi del tirón porque engancha mucho), podéis comprarlo en Amazon, que os lo llevan a casa (o al Kindle) y aunque a vosotros os cuesta lo mismo, a mi me dan una ayudita para mis libros. Haced clic para la versión de tapa blanda o la versión Kindle.

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El estudio de seroprevalencia

He pensado que quizá queráis entender qué quieren decir todos esos datos que se han obtenido en el estudio de seroprevalencia que se ha hecho en España, y qué quieren decir todos los palabros raros que aparecen ahí. Independientemente de la rueda de prensa, lo que voy a analizar es el informe con los datos preliminares. A los que me leéis desde fuera de España esto os puede servir para entender cómo se hacen estas cosas.

El planteamiento

¿Cómo se ha elegido esto? Lo primero que hay que saber es que se han elegido 35.000 hogares, que son más de los que se necesitarían para una muestra significativa, asumiendo que era posible que algunos no quisieran participar en el estudio. Esa muestra permite tener individuos de todas las edades y de todas las provincias, para poder analizar después los datos en función de esos dos factores (y otros que veremos después).

El análisis se ha hecho con un test rápido, lo que llamamos inmunocromatografía. Puede sonar raro y quizá no hubiéseis escuchado esta palabra antes, pero la cromatografía es algo que hago a diario en el laboratorio, porque permite separar proteínas (anticuerpos en este caso, de ahí lo de inmuno) en función de sus propiedades. En este caso, se separan sobre la tira reactiva que va dentro del kit de detección, y cuando los anticuerpos llegan a una posición concreta (si llegan es que hay), podemos ver la banda de color que nos dice que es positivo. Funciona con un principio similar al de los test de embarazo, pero en este caso la muestra es una gota de sangre, que se extrae del dedo con una lanceta.

Además de esa muestra, a los participantes se les pidió una muestra de sangre venosa (del brazo, como cuando se hace un análisis de sangre), que permite hacer un análisis en el laboratorio con otras técnicas que son mucho más precisas. Sabemos que los test rápidos no siempre funcionan bien, así que esta prueba permite estar seguro de los resultados, además de poder obtener más datos y no sólo positivo/negativo.

Lo que se ha hecho ahora es la primera prueba de tres, porque se recogerán muestras otras dos veces que permitirán ver la evolución.

¿Cuántas personas?

Al final han conseguido muestras de 60983 personas, que están todas en la península. Se han recogido más de 3000 muestras en las islas, pero esa parte se va a analizar por separado, y no se incluye en los resultados preliminares. En total, el 74.7% de las personas a las que se ha podido contactar, han participado. ¡Muchas gracias a todos! Curiosamente, de la muestra inicial, sólo el 62.3% ha participado, y ese 12% de diferencia son las personas a las que no pudieron contactar. ¡Hay que actualizar los datos de contacto!

Todas estas personas han acudido a su centro de salud para la prueba o, en los casos en los que no era posible, se ha ido a su casa a recoger la muestra. Vamos a ver qué resultados se obtuvieron porque, aunque sea preliminar, ya tenemos algunas cosas más claras.

Si miramos la distribución se corresponde con la pirámide poblacional “más o menos”. Hay una pequeña infrarepresentación entre los 25-40 años (supongo que por la gente que no resulta vivir donde dice o que no vive tan sola como se creía) y una pequeña sobrerepresentación entre los 45-70 años. Pero en general tenemos a gente de todas las edades, desde 268 personitas de menos de un año a 420 de más de 90. Un 4.37% no tenían nacionalidad española (pero son residentes), y también se ha recogido su situación laboral y el sector.

¿Nos podemos fiar de los resultados?

El test que se ha utilizado no tiene una sensibilidad del 100%. Aunque la empresa que lo vende había dado unos valores, antes de utilizarlo se comprobó en laboratorios españoles (y se obtuvieron resultados un poco más bajos pero similares). Para saber si nos podemos fiar, ya se han empezado a analizar las muestras de sangre venosa de aquellos participantes que accedieron a darla. Aunque todavía no tenemos los datos detallados, han analizado casi 17.000 (recordemos que el total de participantes eran unos 60.000), y los resultados concuerdan al 97.3% así que sí, nos podemos fiar de los resultados. Obviamente a nivel individual puede haber diferencias, pero a nivel poblacional el resultado vale.

Esa sangre venosa se analiza en un laboratorio con un inmunoensayo, que es lo que habréis escuchado por ahí llamar ELISA. Aunque hay muchos tipos de inmunoensayo, esta técnica se basa en el principio de llave-cerradura: ponemos en una placa un compuesto, añadimos otro, y vemos si se ha quedado pegado. Hay muchas variantes y muchas formas de detectar si se ha quedado pegado, pero en resumen, esta técnica permite detectar incluso cantidades muy pequeñas de anticuerpos, y por eso aunque tengamos test rápidos, sigue siendo mucho mejor. El test rápido está bien para cribar, para la rapidez del momento, pero si queremos estar seguros, lo mejor es hacer inmunoensayo. Cualquier hospital (incluso muchos centros de salud) puede hacer esta prueba.

Por otra parte, a estas alturas probablemente sabréis que hay dos tipos de anticuerpos que se detectan, IgM e IgG. La inmunoglobulina M es la primera que aparece durante la infección, y parece que los resultados han sido un poco irregulares, así que lo que se ha analizado en este informe preliminar es la inmunoglobulina G, que aparece después y que es la que esperamos que quede después de curarse. Es nuestra “memoria” para protegernos si nos volvemos a infectar.

Los antecedentes

Ya que los contactamos, les preguntamos por su posible contacto con la enfermedad y sobre su salud. Aquí voy a resumir con números redondeados, y después si tenéis curiosidad por el dato exacto lo miráis en el informe, o no acabamos nunca. Además, yo me voy a referir a la media, pero en el informe tenéis el rango fiable (el intervalo de confianza). Sobre un 7% de los participantes dijo haber tenido contacto cercano con una persona que ha dado positivo previamente (familiar, compañero de trabajo, etc), y sobre un 12% con una persona “sospechosa”. Un 13% habían viajado fuera de su provincia, un 14% mostró síntomas compatibles en algún momento que lo habrían hecho sospechoso pero sólo el 4% los mostró en las dos semanas previas. Pero… ¿qué son síntomas compatibles? Se les preguntó por fiebre, escalofríos, cansancio, dolor de garganta, tos, falta de aire, dolor de cabeza, náuseas, vómitos o diarrea y, por supuesto, anosmia. Como véis, muchos de esos síntomas pueden deberse a otras mil razones. Lo más común era el dolor de cabeza, porque el 17% dijeron haberlo sufrido, y el menos común la anosmia, sobre un 3%.

Prevalencia por situación

¿Se infectaron más los niños que los mayores? En los últimos dos meses se habló mucho de eso de que aunque los niños no mostrasen síntomas, podía haber muchos niños que lo habían “pasado”. Recordemos que estamos viendo la presencia de IgG, y eso quiere decir que ha habido contacto suficiente con el virus, pero no necesariamente que hayan tenido síntomas evidentes. Además, todos sabemos que los síntomas cada uno los nota o no los nota a su manera. Yo no me habría dado cuenta de un dolor de cabeza, por ejemplo, pero sí me acordaría si tuviese falta de aire. ¿Tos en un niño? Nadie habría pensado que eso era un síntoma hace más de dos meses. Pero… ¿los niños tienen más o no? Pues depende. Los niños de menos de 4 años tienen menos prevalencia, aunque la muestra es pequeña en ese rango. Sí parece que según se crece, hay más posibilidades de que hayas entrado en contacto. Si quitamos a los niños pequeños de la ecuación, el valor más bajo es de los 30-34 años con un 3.8% y el más alto de 70-74 años con un 6.9%. Ya sabemos que la media ha quedado en un 5%.

No parece haber una relación entre tener enfermedades crónicas o no (un 1% de diferencia), y entre la ocupación, ser jubilado es lo más peligroso (!!), casi el doble de jubilados que de parados ha dado positivo. A ver abuelos, que salir por ahí con los amigos está muy bien, pero no se lleven ustedes los virus para casa.

Además, como era esperable, la prevalencia es mayor en municipios muy grandes, aunque la diferencia no es nada destacable. Y es similar en hombres y mujeres.

Prevalencia según antecedentes

Aquí viene lo que es más difícil de interpretar… creo. Esta parte tenemos que leerla diciendo que un X% de los que dijeron antes tener Y, han dado positivo. Por ejemplo, un 83% de los que tenían PCR positiva, han dado positivo en anticuerpos. Que no todos hayan dado positivo puede deberse a muchas razones, pero no vamos a entrar en detalles porque eso sería especular.

De los que dijeron no haber tenido síntomas, un 2.5% han dado positivo. Si tenemos en cuenta cuántos habían dicho no tener síntomas (antes de saber el resultado) y que un 5% han dado positivo, esto nos lleva a que aproximadamente un tercio de los que han dado positivo eran asintomáticos. La cuenta sale sobre el 30% y los estudios de otros países dicen que se puede acercar al 40%, así que si lo dejamos en un tercio, probablemente nos aproximamos. De todas formas, incluso entre las personas que habían dicho tener más de 5 síntomas, sólo un 15% ha dado positivo, lo que nos indica que sí, muchas de las “gripes chungas” que hubo en febrero probablemente no eran coronavirus.

En este apartado hay algo que llama especialmente la atención. Entre los que dijeron tener anosmia (no oler nada, vaya), el 43% ha dado positivo. Esto es muy importante, porque aunque es un síntoma que al principio no conocíamos, parece ser uno muy relevante.

Prevalencia por lugar de vivienda

Por último, muy brevemente, voy a comentar los extremos según dónde se viva. Recordemos que la media de España es del 5%. Si miramos las comunidades autónomas, en la Comunidad de Madrid sube a un 10.8% y el mínimo está en Murcia con un 1.4%. Estoy dejando fuera Ceuta y Melilla porque sus muestras son más pequeñas. Si vamos a nivel provincial, el susto nos lo llevamos en Soria, con un 14.2% de positivos, y el mínimo lo encontramos de nuevo en Murcia. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el virus claramente circuló menos por Murcia, lo que nos hace pensar que lo controlaron muy bien cuando entró, pero por otra parte los deja más vulnerables ante posibles nuevas olas.

¿Conclusiones?

Que estamos muy lejos de la inmunidad de grupo, que tendría que ser del 60% más o menos. Tenemos que seguir alerta. Sabemos que la edad da igual, que el tipo de trabajo en general tampoco afecta, y que podemos no tener síntomas pero ser portadores (y contagiadores!). En una situación ideal, la prevalencia iría aumentando poco a poco, de una forma mucho más controlada, evitando situaciones graves. Con estos datos, la mortalidad se sitúa sobre el 1% (lejos del 13% que dan las cifras con datos confirmados a día de hoy). Conociendo mejor al virus y sabiendo cómo tratar a los pacientes en una fase temprana se evitarán muertes y casos graves, y conociendo los contactos se evitará que se descontrolen los contagios. ¿Mi recomendación? Lavad las manos, mantened las distancias, no hagáis tonterías. Pensad bien si os ponéis la mascarilla cuando hace falta y la usáis bien, pensad si os ponéis guantes cuando hace falta (o sea, para la fruta y verdura en el supermercado). No tiréis guantes y mascarillas por ahí. Higiene. Mucha higiene. No os llevéis una mascarilla llena de virus a casa y la dejéis en un estante. Usad las cosas con cabeza.

Y con esto, acabo por hoy. Menudo rollo he soltado… pero espero que os quede más claro. Y ya sabéis, si tenéis preguntas o comentarios, aquí estoy para contestar a lo que haga falta! Si queréis los resultados con todos los numeritos, lo tenéis aquí: ENE-COVID19 primera ronda.

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Érase una vez…

Tras una encuesta en Twitter que tuvo un éxito claro, he decidido lanzarme y cumplir con la petición de comentar todos los capítulos de Érase una vez la vida. Curiosamente, parece que alguno de mis lectores no sabe de qué hablo, así que vamos a empezar con un post de contexto que además servirá para al final recoger enlaces a los comentarios de cada uno de los capítulos. Primero os voy a contar de qué va el tema, y después os cuento cual es el plan.

Érase una vez la vida, también conocida como Érase una vez el cuerpo humano, es LA serie de divulgación científica que marcó a muchos niños europeos que crecieron en los 90. Es una producción francesa, pero con colaboración de televisiones de otros países, incluyendo RTVE. Se hizo en francés y en español, y se tradujo a muchos más idiomas.

¿Es eso oxígeno o CO2?

La serie tiene 26 capítulos y se estrenó en el año 1987. Existen otras “Érase una vez…” que, aquellos que rondan mi edad, recordarán también con mucho cariño, pero aquí nos vamos a centrar en la vida. Aunque los capítulos están disponibles en Youtube, hace poco descubrí que se encontraban también en Netflix (tanto en Suiza para mi como en España para muchos de los que me leéis). Como sé que no todos tenéis una cuenta de Netflix y no quiero que nadie se quede atrás, en el comentario de cada capítulo añadiré el enlace al capítulo correspondiente en Youtube, aunque si tenéis Netflix os recomiendo verla ahí ya que la calidad es en general mejor (intentaré buscar enlaces adecuados, pero no es lo mismo).

¿Argumento? La vida. El cuerpo humano. ¿Qué pasa dentro de nuestro cuerpo? Partimos de que yo tengo el recuerdo de mi infancia (ya que la vi repetidas veces dada mi clara obsesión ya con la biología y las microcosas) y no he vuelto a verla desde entonces. Pese a ello, no puedo negar que según ha ido avanzando mi carrera, me he planteado muchas veces qué era lo que salía allí (o lo que yo recordaba) y qué es cada cosa realmente. Recuerdo los glóbulos rojos que llevaban el oxígeno o el dióxido de carbono a cuestas, recuerdo los soldados que “aspiraban” cosas malas y los que iban en naves vigilando, el transporte de cosas por las células… y los malos, que yo siempre asumí que eran virus pero que mi mente de bióloga me dice que algo “iba mal” con esos virus.

Ahora vamos a ver mi plan. Cada semana publicaré un post comentando uno de los capítulos. Pretendo que salgan los jueves a las 18:00 hora española, pero habrá que ver si me apaño bien. De cada capítulo haré un resumen muy general y a continuación analizaré qué es lo que se ha enseñado y cómo de correcto es lo que se ha dicho o hecho. Aclararé aquellos aspectos que puedan resultar confusos, pero siempre intentaré centrarme en hacerlo pensando en el público objetivo de la serie, es decir, no voy a criticar las licencias necesarias para que esto sea comprensible para seres de entre 5 y 10 años. Me centro en ese rango porque quizá antes puede ser un poco complicado entender algunas cosas y después creo que deberíamos ya entrar en más detalle. Y porque fue la época en la que yo veía la serie, por lo que sé que es adecuada para ese rango de edad.

Me gustaría que todos los que tengáis hijos aprovechéis esta oportunidad y dediquéis esa media hora cada semana a ver un capítulo con ellos. Os podéis leer el post antes y así podéis explicarles más cosas, muchas de ellas simplemente curiosidades. Cada capítulo dura poco más de 20 minutos y es un tiempo muy bien dedicado, ahora que los seres pequeños que os rodean tienen también muchas preguntas sobre cómo funciona nuestro cuerpo, cómo entran los virus, cómo nos deshacemos de ellos… y por supuesto, si os salen por la tangente y no sabéis contestar a alguna pregunta, les tenéis que decir la verdad, que no lo sabéis, pero que váis a buscar la respuesta. Y me podéis preguntar para que yo os ayude (si es que yo sé la respuesta).

¿Preparados para un viaje al pasado?

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Cloroplastos de mentira

Hoy vamos a hablar de cloroplastos artificiales, y voy a hacer un gran esfuerzo por simplificar lo que voy a contar, evitando el lenguaje complejo y haciendo que se pueda entender aunque no sepáis nada de cloroplastos.

Los cloroplastos

Antes de contar nada sobre el nuevo descubrimiento, vamos a hacer una aclaración sobre qué son los cloroplastos. Son orgánulos presentes en algunas células que permiten fijar la energía del sol, y lo hacen a través de la fotosíntesis, una serie de reacciones que permiten fijar el dióxido de carbono utilizando esa energía solar. Sabemos que eso es muy útil y que en estos momentos es muy importante para controlar la cantidad de dióxido de carbono en nuestra atmósfera. Los cloroplastos están presentes en las células vegetales, y sus pigmentos, diseñados (por selección natural) para captar al máximo esa energía solar, hacen que las células tengan ese color verde. No siempre es así, porque hay sistemas diferentes y el rango de color varía, pero el verde es el más conocido. En sí, la mayor parte del dióxido de carbono no se fija por los cloroplastos de las plantas grandes, se capta en las algas que hay en los océanos, muchas de las cuales son verdeazuladas. Las cianobacterias (ciano de azul) son uno de nuestros principales pulmones. Porque sí, nuestros pulmones son los océanos.

Los cloroplastos artificiales

Hace ya unos años, concretamente cuatro, un grupo de investigadores descubrieron una forma de generar cloroplastos artificiales más eficientes, utilizando para ello células bacterianas. Alteraron las proteínas necesarias en las rutas de fijación, de forma que tenían un sistema de crotonil–coenzima A (CoA)/etilmalonil-CoA/hidroxibutiril-CoA (CETCH), que ya sé que suena a chino pero vamos a nombrarlo sólo para decir que generaron un sistema llamado CETCH que es más eficiente que el natural, y que permite que, con energía del sol, el dióxido de carbono se convierta en azúcares de una forma más eficiente que la natural.

Ahora han ido un paso más allá, y han buscado a ver qué se podía hacer con esto, y si esto iba a funcionar “de verdad”. Como la tecnología avanza mucho, lo que han hecho es encapsular el sistema. Para que todo esto funcione, necesita una membrana, y ellos la obtuvieron de células de espinaca. En sus microgotas con membrana de espinaca metieron en sistema y dicho y hecho, obtuvieron microgotas que fotosintetizaban.

Bueno vale, quizá no fue todo tan directo y tan sencillo, pero el caso es que como concepto está ahí. Lo relevante en estos momentos es que parece funcionar, y ahora se abre la puerta a su desarrollo tecnológico. En estos momentos tiene limitaciones porque el sistema no funciona durante demasiado rato, porque las membranas se van degradando, pero es un buen punto de partida. Además, sabiendo que es eficiente, si se le alarga la vida útil podría utilizarse a mayor escala.

¿Qué utilidad tiene esto? Pensadlo bien, es matar dos pájaros de un tiro. Por una parte, el sistema permite fijar dióxido de carbono, eliminándolo de la atmósfera que nosotros nos dedicamos a llenar con él en nuestra vida diaria. Por otra parte, ese dióxido de carbono que fija, lo convierte en azúcares, que pueden ser utilizados posteriormente en industria (alimentación, por ejemplo).

Los siguientes pasos implican la estabilidad, quizá añadiendo elementos extra a estas microcélulas artificiales. Al fin y al cabo, lo que estamos viendo en artículos como éste, es que es posible analizar en detalle lo que ha surgido en la naturaleza y modificarlo con nuestro conocimiento para hacerlo más eficaz y adaptarlo a nuestras necesidades.

Quizá en el futuro podamos recubrir fachadas con células artificiales que permitan obtener energía, porque al fin y al cabo, el azúcar también puede ser utilizado para obtener esa energía que tanto necesitamos para nuestra vida diaria. Quizá en el futuro en lugar de construir sistemas totalmente artificiales, nos basemos más en los naturales. Si millones de años de vida en la Tierra dieron lugar a los cloroplastos como el mejor sistema para recuperar la energía… ¿quién somos nosotros para decir que lo nuestro es mejor?

Si os ha picado la curiosidad, el artículo con los detalles de lo que hicieron es este, y si alguien quiere acceso y no sabe cómo, me escribís y yo os lo cuento: Light-powered CO2 fixation in a chloroplast mimic with natural and synthetic parts

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