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Moneras y bacterias: parecido pero no lo mismo

Una frase que estoy leyendo mucho últimamente para criticar a los que van hablando por ahí de virus con teorías locas es que se vienen arriba y opinan basándose en unos datos incompletos cuando ni siquiera diferencian una bacteria de un virus. Y concretamente esa afirmación, me resulta un poco molesta. Porque aunque ahora parezca que todo el mundo tiene muy claro qué es un virus, mis experiencias pasadas me indican que hace no muchos años algunos de los ahora «expertos» no tenían muy claro qué era un virus. Es más, alguno de los expertos más televisivos ni siquiera tenía claro qué tipos de «espículas» pueden tener los virus. Pero yo no venía a hablar de eso. Yo venía a decir que las bacterias no son moneras.

Y es que mucho hablar y mucho experto, pero aquí parece que seguimos sin tener claro eso de que los cinco reinos no son así. Porque lo de hablar de moneras ha quedado un poco en el pasado, pero no sé qué es peor, porque ahora parece que se llama bacteria a todo lo que antes era monera y ya está. Y no, los moneras no son necesariamente bacterias… en el concepto actual de bacterias.

Qué eran los moneras

Se trataba de uno de los cinco reinos cuando los seres vivos se clasificaban erróneamente. Como ya he contado alguna vez. la clasificación quedó anticuada mucho antes de que la mayor parte de los que me leen llegasen al instituto en el que seguro les dijeron que había cinco reinos. Y a cada año que pasa vamos a peor, porque a los niños se les sigue hablando de cinco reinos.

En ese momento, los moneras incluían a todos los organismos que no tenían núcleo celular. Previamente, se había descrito primero a los moneras como cualquier organismo «muy simple» incluyendo tanto a procariotas, como a algunos eucariotas unicelulares. Según se avanzó en el conocimiento, primero se quitaron los eucariotas que sobraban y después se incluyeron aquellos procariotas que estaban en otros grupos, acabando como un reino que agrupaba a todos los procariotas. Recordemos que los procariotas son seres vivos sin núcleo celular y los eucariotas los que lo tienen.

Las verdaderas bacterias

El caso es que aunque en ese momento se llegó a lo de moneras = procariotas = bacterias, la última parte es incorrecta. Porque las bacterias no tienen núcleo, pero las arqueas tampoco. Para salir del paso, podemos recordar que a las arqueas se las denominó mucho tiempo arqueobacterias, y a las bacterias eubacterias. Así, aunque ahora llamamos bacteria solo a las eubacterias (bacteria verdadera), muchos todavía consideran que las arqueas son un tipo de bacteria… ¡Porque son arqueobacterias!

Nada más lejos de la realidad. En sí, bacterias y arqueas se encuentran en dominios diferentes, siendo el tercero el que abarca a los seres eucariotas. Entre los eucariotas tenemos a los otros reinos: animales, plantas, hongos y protistas. No parece muy lógico que un dominio se divida en cuatro reinos y los otros dos sean abarcados por un quinto. Y es que insisto, una arquea oceánica se parece a un lactobacilo mucho menos de lo que el bacilo se parece a un hepatocito humano, o ya puestos a un humano entero.

Dibujo de un árbol en blanco y negro
Lo del árbol de la vida… «es complicado»

Moneras vs. bacterias

Está claro que nuestra perspectiva nos puede, y según las cosas son más diferentes de nosotros, menos vemos sus diferencias. Pero cuando normalizamos y lo miramos con una perspectiva neutra, pues se parecen más. Nos pasa incluso con otros animales… en humanos tenemos una obsesión histórica con intentar ver diferencias incluso cuando no las hay, en otros primates todavía vemos bastantes, pero si nos ponemos a mirar roedores de repente son todos iguales a nuestros ojos.

Esa perspectiva humana es la que nos hace olvidar muchas veces algo que nos han explicado más de una vez, porque seguro que a todos os habían contado, ya que los reinos como tal estaban desfasados. Y así acabamos llamando bacteria a todo lo que sea pequeño, como sinónimo de monera, porque en nuestra cabeza está grabado aquello de que los moneras son los procariotas. Y ya está, del resto nos olvidamos.

Cuidado con presumir de más

Se me ocurrió venir a aclarar que no todos los moneras o procariotas son bacterias y que las arqueas son otro dominio tras una sucesión de tweets. Porque en un mismo timeline se usaba esa frase de desprecio hacia los que «hasta ayer no sabían diferenciar una bacteria de un virus» y poco después se hablaba de un hallazgo en el que había bacterias implicadas… con el pequeño detalle de que no había bacterias, había arqueas. Y es que creo que somos nosotros los primeros que tenemos que llamar a las cosas por su nombre, porque en 40 años ya nos va tocando enseñar al resto que esos microorganismos se llaman arqueas.

Tras mis quejas sobre ello, alguien me dijo que es una simplificación, que así «la gente» lo entiende mejor. Pero vamos a ver… ¿Simplificaríamos llamando bacteria a un virus? No, pues tampoco mezclemos lo otro. Que sí, que habrá que explicarlo muchas veces hasta que borremos las ideas erróneas que les han enseñado desde pequeños, pero si seguimos repitiendo el mismo error, no podemos extrañarnos de que haya gente que tampoco tenga claras las diferencias entre bacterias y virus.

Y acabo el rollo, pero aprovecho para recordar que aunque este tipo de aclaraciones más de nomenclatura, más técnicas, puedan parecer evidentes a muchos, resuelven muchas dudas a otros. Incluso a algunos que creen saber. Por eso también animo a que me pidáis aclaraciones de lo que sea que genere dudas. En algunos casos seguro que yo también me sorprendo si empiezo a buscar info sobre el tema. Por ejemplo, yo hoy he descubierto que según la RAE, mónera y monera no significan exactamente lo mismo… ¿Lo sabías?

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Virus en la comida: soluciones para problemas diarios

Aprovecho un artículo como cualquier otro de los muchos que se publican sobre este tema para traerlo aquí y recordar que hay virus que nos pueden ayudar a conservar la comida. Como algunos ya supondréis, se trata de los bacteriófagos. Más allá de los primeros estudios hace décadas, podemos afirmar que durante los últimos 10 años se está llevando a cabo un trabajo mucho más meticuloso, y que ya ha empezado a dar sus frutos, aunque no se haya extendido tanto como a mí me gustaría.

¿Cómo funcionan?

Si me seguís no será una sorpresa. Se trata de virus que infectan bacterias. Por lo tanto, si se añaden a un alimento que se quiera conservar libre de bacterias tendremos dos opciones claras: añadirlo antes de que esas bacterias puedan reproducirse, o añadirlo para eliminarlas.

En el primer caso, hablaríamos de fagos como conservantes, y se podrían añadir exactamente de la misma forma que otros conservantes a, por ejemplo, una bandeja de carne. En la actualidad muchos supermercados nos venden esos paquetes con una atmósfera protectora, pero además se puede aprovechar la esponja para añadir el virus, y también cubrir la superficie con él antes de cerrar el paquete. Si se selecciona el adecuado, eso permitirá que cada vez que una bacteria intente crecer allí donde haya virus, no pueda reproducirse y tenga una vida bastante corta.

La otra opción es la de la eliminación posterior, de forma similar a otros biocidas. En ese caso las bacterias se podrían multiplicar, pero nosotros las podríamos matar. Este tipo de productos ya se encuentran en el mercado, principalmente para el lavado de verduras antes de consumirlas. Al igual que otros productos con la misma función, la idea es diluirlos en agua, dejar que actúen y lavar de nuevo con abundante agua antes de consumir. Ese último lavado, además, ayuda a eliminar los restos de microorganismos muertos.

¿Qué se hizo ahora?

Decía al principio que muchas investigaciones van en esa línea en los últimos años. Por eso quizá este artículo ha pasado desapercibido, o quizá es porque es de un grupo pequeño en un país cuya investigación no nos suena tanto. Pero aunque el artículo sea muy sencillo, justamente esa sencillez es lo que hace que sea un buen ejemplo de este tipo de investigaciones, y que deba tenerse en cuenta, pese a que sus resultados sean preliminares.

En este caso, los investigadores se han centrado en un tipo concreto de bacteria, han seleccionado varios fagos que la atacan y han hecho sus experimentos directamente sobre alimentos. Así, han determinado que los fagos aguantan bastante sobre los alimentos, soportando el rango de temperatura habitual de conservación y también el pH más común. A partir de ahí, han localizado cuál es el mejor y sobre qué alimentos funciona. Porque no funciona igual en todo tipo de alimentos. Así, vieron que los fagos funcionaban bien para leche y lechuga pero no tan bien para carne.

Fotografía de un bol de lechuga
La lechuga… ¿Mejor con virus o con bacterias?

¿Y esto nos sirve?

Pues nos servirá cuando llegue al mercado. Hay muchas empresas detrás de estas ideas, y también hay países en los que ya se están utilizando en diferentes cadenas productivas para evitar tener contaminaciones que puedan estropear todo un lote. Personalmente me llama mucho la atención lo difícil que es implantar este tipo de productos, pese a que me consta que hay pruebas suficientes de los resultados, en muchos casos porque ya existe una alternativa, aunque la alternativa actual sea peor.

Se duda a veces en exceso, pero en cambio se nos cuelan cosas por otras vías sin que a nadie le llame especialmente la atención, como ha ocurrido con el óxido de etileno el pasado verano que, pese a no ser un problema real, debería hacernos pensar que no tenemos ni idea de dónde salen los ingredientes de los alimentos que consumimos, lo que es especialmente grave en el momento en el que se nos está vendiendo como producto nacional y ecológico de producción local que cuesta el triple que otro.

¿Añadiremos virus a la comida?

He aprovechado ese artículo para resumir el tema, pero espero volver pronto a contar la experiencia con ese tipo de productos en nuestra vida cotidiana, porque yo confío en que poco a poco vayamos mejorando. Ya sé que es meterme en un charco sin necesidad, pero yo creo que todo eso de las etiquetas en la comida no tiene sentido si no es por ir a una opción mejor y que nos permita desperdiciar menos comida.

Si la opción «eco» va a implicar que tiremos parte de la comida porque va a tener bichos varios, pues qué queréis que os diga, prefiero las versiones no eco en las que aprovechamos mucho mejor los alimentos. Pero aquí, con esta opción de añadir virus a la comida, podemos optar por una versión totalmente ecológica. ¿Qué hay más natural que los virus? Y hasta se autorregulan, porque si no hay bacterias para infectar, dejan de reproducirse y se acaban degradando. Biodegradable, haciendo compost. 100% natural. Y vosotros… ¿Usaríais un spray de virus sobre vuestro filete para eliminar bacterias?

El artículo que ha inspirado el post lo podéis encontrar aquí: Application of bacteriophage as food preservative to control enteropathogenic Escherichia coli (EPEC)

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Los paramecios: simples pero no tan simples

Con las tormentas de principios de septiembre, en un momento de estos que se te enciende una bombillita, me quedé preguntándome si en el agua de mi terraza habría paramecios. Podría haberme puesto a comprobarlo, pero en el momento no estaba yo muy por la labor. Lo que sí hice fue apuntarme que quería contar en algún momento que los paramecios existen.

¿Qué es un paramecio?

Un paramecio es un protista, concretamente un ciliado. En el reino protista se incluyeron en su momento todos aquellos organismos que no pegaban en los otros reinos, y entre ellos se encontraban los ciliados.

Si los paramecios son ciliados, ya sabemos una de sus características: tienen cilios. Su superficie está cubierta de pequeños cilios, que van a ser muy importantes para su motilidad, porque los paramecios se mueven muchísimo. Lamentablemente los cilios no los podemos ver a simple vista, y aunque los paramecios a veces sí, es recomendable usar, al menos, una lupa. El tamaño medio de los paramecios es inferior a las 300 micras y, aunque en una posición estática un punto de 300 micras es visible, veríamos eso: un punto. Con una lupa potente ya podemos diferenciarlos bien, y con un microscopio sencillo podemos ver que no son tan simples como parecen. Y es que aunque los paramecios son unicelulares, una célula puede ser mucho más compleja de lo que creemos.

La estructura interna de los paramecios

Una célula no puede ser tan complicada. Eso lo decimos los humanos con nuestro egocentrismo, que creemos que todo tiene que ser como nuestro organismo para ser «avanzado». Y es que en nuestro caso, como organismos pluricelulares que somos, tenemos células especializadas en diferentes funciones, y órganos que se ocupan de cada cosa. Pero si un organismo tiene una única célula, esa célula tiene que hacerlo todo.

Al hablar de organismos unicelulares y sus funciones vitales tendemos a imaginar todo como una bacteria, y nada más lejos de la realidad. Los paramecios comen. Y los paramecios se reproducen. Y ambas cosas las hacen de una forma bastante similar a la nuestra… pero adaptado a ese pequeño detalle de ser unicelulares.

La digestión de los paramecios

Que sea una única célula no quiere decir que no tengan boca (y ano). Lo que pasa es que llamamos a las cosas de otra forma, al ser ligeramente distintas. En su superficie tienen una apertura llamada citostoma, que es lo que nosotros vendríamos a llamar la boca. Por ahí entra el alimento, que antes empujan hacia la apertura. Al «entrar» el alimento se va acumulando en una cavidad y, cuando hay suficiente, eso se convierte en una vacuola digestiva. En la vacuola ocurrirá, como es evidente, la digestión. Para ello se requieren enzimas digestivas. Y de ahí se aprovecharán todos los nutrientes posibles. Lo que sobre se elimina, y se hace por el poro anal, por el que básicamente la vacuola libera al exterior lo que sobra.

La alimentación de los paramecios es muy diversa. Se pueden comer bacterias que se encuentren por su camino, microalgas, y también otros eucariotas unicelulares. Sí se comen otros protistas, pero deben ser de pequeño tamaño para que puedan ingerirlos y digerirlos. Pero vamos, que como nos descuidemos un poco se dedican al canibalismo de especies de paramecios de tamaño inferior. (¿Se considera canibalismo si es otra especie del mismo género? 🤔)

La reproducción de los paramecios

Para la reproducción los paramecios tienen dos opciones: la aburrida y la intensa.

La versión reproductiva aburrida es la mitosis. La división celular de toda la vida. Sin mucho que contar por ahí. Lo bueno de que tu cuerpo sea una única célula es que puedes copiarte y dividirte y generar clones de ti mismo. Pero reconozcámoslo… eso suena aburrido.

La versión intensa es la reproducción sexual. Y los paramecios se han preparado muy bien, y en su evolución han hecho los deberes para poder optimizar la vía paralela. Y es que los paramecios tienen dos tipos de núcleos: uno grande (macronúcleo) que viene siendo el núcleo de toda la vida, con su genoma y que se ocupa de todo lo que pase en ese organismo, y los micronúcleos. Micronúcleos puede haber varios, y están ahí para reproducirse sexualmente. Son el equivalente a nuestras células reproductivas, a la línea germinal.

La reproducción ocurre mediante la conjugación, en la que dos paramecios «compatibles» se juntan mucho, preparan sus micronúcleos y después «se los intercambian» para que luego se multipliquen y den lugar a nuevos organismos. Es un resumen muy básico, en el que es evidente que el proceso no nos resulta para nada extraño, aunque si hablásemos de todas las fases descubriríamos que es tremendamente complejo.

¿Dónde viven?

Empezaba diciendo que quizá estuviesen en mi terraza, y es que podrían haber llegado con mis plantas. Viven en el agua, pero no caen del cielo con la lluvia, ni van a salir por el grifo de agua clorada. Se encuentran en charcas, en ríos, y en cualquier lugar en el que puedan encontrar alimento para seguir viviendo.

Para acabar os dejo un vídeo de un paramecio, pero que queréis que os diga, en lugar de un paramecio aburrido os enseño uno que intenta vivir por encima de sus posibilidades:

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El desperdicio de alimentos

Hoy se celebra el día mundial de la concienciación sobre la pérdida y desperdicio de alimentos. Encontraréis en Twitter muchas entradas sobre el tema con los hashtags #díaPDA o #noDesperdicio. Aunque no soy muy de celebrar días concretos porque considero que las cosas hay que hacerlas todo el año y en demasiados casos se considera que haciendo algo en ese día ya está, basándome en lo que he ido leyendo creía oportuno dar mi opinión.

Quede claro que esto sí es un post de opinión, aunque incluya cosas que pueda saber por mi profesión, y no tanto un artículo de datos técnicos. Por ello, hay cosas que pueden ser discutibles, pero que representan mi opinión, y además voy a hacer un poco de abogada del diablo e intentar explicar por qué parte de los alimentos los vamos a tener que desperdiciar igual.

El problema del desperdicio de alimentos

Quizá un día como hoy sirva para llamar la atención de algunas personas, pero asumo que no tengo que explicar a ninguno de mis lectores cuál es el problema. Es evidente que con la cantidad de alimentos que desperdiciamos generamos un consumo de energía superior, y que no estamos como para desperdiciar recursos. En cualquier cubo de basura de cualquiera de vuestras casas, apuesto a que en el momento en el que esté lleno hay un porcentaje razonable de restos de alimentos que podrían haber tenido otro uso. Dependiendo de lo bien que lo haga cada uno será más o menos, pero en todas las casas, antes o después, se tira comida.

Pero el desperdicio no está siempre en las casas. Porque nosotros podemos hacerlo muy bien, pero se ha desperdiciado antes. Frutas que no tenían la forma correcta, que se estropean en el proceso, productos que «caducan» en el supermercado y se tiran, comida que se tira en los restaurantes. Pero es que hasta cuando lo hacemos todo lo bien que podemos, generamos una pequeña parte, porque las pieles de los plátanos que comemos deberíamos compostarlos, y muchos no tenemos esa opción. Aprovecho para recordar que comáis plátanos de Canarias, que hay que darle salida a todo lo que se ha tenido que recoger contrarreloj ante la inminente llegada de la lava y las cenizas del volcán.

No debemos aprovechar todo

Aquí viene mi defensa de lo contrario, y es que si nos vamos al extremo, entramos en terrenos pantanosos y peligrosos. Hoy me he encontrado con muchos tweets que nos animan a aprovechar las frutas que han llevado un golpe, que no porque la fruta de al lado tenga «bicho» la nuestra estará mal. También se anima a estirar los productos unos días más allá de la fecha de caducidad, que todos sabemos que no se estropea aunque haya pasado ese día. Pues no, porque queremos aprovechar los alimentos, pero no queremos morirnos.

Cuando un alimento tiene un hongo, no vale con cortar ese trozo y comerse el resto, porque habrá toxinas igual y podemos tener un problema de salud. Lo mismo con las fechas de caducidad, que nos certifican la seguridad de ese alimento hasta esa fecha pero no más allá. Si hablamos de una fecha de consumo preferente vale, no pasa nada si nos comemos un yogur dos días más tarde, pero no debemos comer carne que se haya pasado dos días de la fecha, aunque a simple vista nos parezca que tiene buen aspecto. Las buenas acciones las tenemos que hacer antes, nunca poniendo en peligro nuestra salud.

El green-washing y la publicidad

Hay muchas empresas que se aprovechan de nuestra buena intención para intentar vendernos más, y en el tema del desperdicio de alimentos no iba a ser menos. Esto se puede ver en las empresas colaboradoras en plataformas como Too Good to Go. La idea detrás es que se registren empresas que pueden tener restos al final del día, y que tú puedas recoger un pack a un precio muy bajo de productos que, si nadie los compra, irán a la basura. Y ahí tenemos de todo.

Hay supermercados que ponen en esos packs productos que caducan ese día, hay restaurantes que ponen platos que tenían preparados e irían a la basura. También tenemos panaderías que ponen lo que quede al final del día en el pack. Pero hay fruterías que ponen fruta madura (ok) o pasada (mal, es peligroso). El caso es que si nos paramos a pensarlo, dado que será difícil que nos comamos todo en el mismo día, o bien somos capaces de procesar lo que venga en el pack en el momento o es posible que nosotros tiremos parte. Además, esos comercios podrían simplemente ofrecer las cosas cercanas a la caducidad o al final del día a precios reducidos, cosa que sí hacen en algunos supermercados. Y siempre habrá empresas que usen la plataforma para hacer que pruebes sus productos a un precio más bajo e intentar ganar clientes.

Mención aparte merecen aquellos que venden fruta «fea» a precios excesivamente altos. Porque no siempre es fruta fea, muchas veces es fruta que además de por su forma no se iba a vender por otras razones, principalmente por golpes o fallos que pueden ser una fuente de microorganismos.

El que compre frutas feas al mismo precio que tire la primera piedra (Imagen de ElasticComputeFarm)

El equilibrio entre muchos factores

Por mucho que nos pueda doler ver que se tira comida, eso tenemos que verlo siempre en un contexto con otros muchos factores. Una fruta con un golpe que es una incipiente infección en esa pieza, si no se descarta suficientemente pronto, puede estropear toda la caja. Habremos recogido, transportado y envasado una caja entera para que vaya a la basura después. Una fruta fea, aunque exista una posibilidad remota de venderla a alguien concienciado, quizá genere más problemas entre su recogida y su consumo que lo que se ahorra si llega al consumidor. Si todos comiésemos frutas amorfas no sería un problema, pero en la frutería todos seleccionamos las que tienen buena pinta. Si tenemos frutas feas más baratas, quizá el productor ni siquiera recibe por ellas el dinero que ha invertido en obtenerlas.

En ese contexto, lo razonable es que aquellos productos que puedan ser menos atractivos para el consumidor tengan un uso diferente. A todos nos viene a la cabeza la idea de que los tomates feos se pueden usar para salsa de tomate. Pero volvemos a lo mismo: tiene que compensar, porque nadie va a perder dinero pudiendo ganarlo.

¿Y qué hacemos?

Aunque en un mundo ideal no tiraríamos nada, la vida real no es como ese mundo ideal. Desde nuestra perspectiva individual, todo lo que podemos hacer es reducir, aprovechar al máximo lo que compramos, pero no volvernos locos ni tener pesadillas por tirar una fruta que acabó estropeándose en nuestro frutero. La idea para dormir tranquilos es ir aprendiendo a no desperdiciar, porque nos vendrá bien a nuestro bolsillo y tendremos la conciencia más tranquila, pero asumiendo que parte se va a desperdiciar, porque ha sido siempre así y un milagro no podemos hacer.

En nuestras manos está planificar bien lo que compramos, para que se ajuste a nuestras necesidades. Debemos cocinar de forma realista (un saludo a todas las madres que cocinan para 20 cuando van 4 personas a comer). Si podemos cocinar un día para varios, podremos aprovechar mejor la energía para el procesado de alimentos, y también podremos aprovechar mejor los alimentos que hemos comprado, que además los cocinaremos todavía frescos. Las frutas, antes de que se estropeen, casi todas las podemos congelar para otros usos. Pero antes de que se estropeen, no tras cortarle una parte que estaba mala. Podemos ser creativos y aprovechar todo lo posible, pero seguiremos tirando una parte

Las soluciones sencillas no existen

Hagamos lo que hagamos, poco sabremos de lo que ha ocurrido antes. Ahí son los que regulan los que tienen que asegurarse de que haya una gestión correcta de los alimentos en su origen, y nosotros como mucho podemos elegir comprar de empresas que se acerquen más a nuestras ideas. Pero igual que no podemos reducir a cero nuestro uso de plásticos porque eso probablemente acabe siendo medioambientalmente peor, no podemos reducir totalmente el desperdicio de comida, porque lo único que haremos será mover el problema a otro sitio, un sitio en el que no lo vemos, y ojos que no ven corazón que no siente. Pero está ahí.

Resumiendo, debemos intentar aprovechar al máximo los alimentos, tanto por nuestra conciencia como por nuestro bolsillo, pero no debemos dejarnos llevar por aquellos que nos aseguran luchar contra el desperdicio sin plantearnos si no tienen otros intereses detrás. Claro que hay empresas concienciadas, pero también hay empresas que aprovechan las modas para lucrarse: menos desperdicios, plástico reciclado, cero envases… eslóganes que son muchas veces mentira. Arqueemos siempre una ceja y planteémonos si lo que se nos está contando es realmente cierto antes de dejarnos llevar, no vayamos a hacer más daño con la idea que se nos está planteando como eco-friendly, que lo de eco es muy amplio, y cuando se mejora por un lado, no podemos permitir que se empeore mucho más por otro, o iremos hacia un mundo mucho peor.

Aunque lo de hoy ha sido más opinativo, normalmente escribo de otras cosas, que puedes encontrar en la pestaña Blog. Para no perderte nada puedes suscribirte a mi newsletter. También puedes apoyarme, por ejemplo, con un café:

Tu dieta puede salvar el planeta

No es la primera vez que comparto en este blog una opinión sobre un libro de Aitor Sánchez, pero es la primera vez que lo hago habiendo leído uno firmado de su puño y letra, así que bueno, ya se ve venir que igual estoy sesgada porque esperaba algo bueno del libro, pero desde luego no me ha defraudado en absoluto. Hoy vamos a hablar de «Tu dieta puede salvar el planeta».

La dieta 4.0

Aitor ya nos había enseñado en sus anteriores libros lo bueno y lo malo de nuestra alimentación. También cómo podemos mejorarla. Pero desde luego en este caso ha dado en el clavo, tocando uno de los temas más de moda en la actualidad: la dieta y el ecologismo. Aunque no debería decir ecologismo que luego se entiende lo que no es… la dieta y la contaminación, y el cambio climático, y el «nos cargamos el planeta y hay que evitarlo».

En este nuevo libro nos habla de la contaminación que rodea a nuestra alimentación, desde la producción hasta que llega a nuestras mesas, como debe ser. Y es que mucho se ha hablado en los últimos meses sobre la reducción del consumo de carne, pero aquí tenemos las cosas expuestas en más detalle.

Mis sorpresas

Cuando se habla de cambio climático y contaminación suele haber una serie de aspectos que a mi me enfadan, sea por posiciones demasiado radicales que acaban asustando más que ayudando o por cosas que directamente son erróneas, como algunas ideas sobre los transgénicos o el reciclaje. Yo tengo mi lista, y he de decir que en este libro Aitor lo ha clavado todo, porque coincido totalmente con su opinión sobre una serie de puntos clave:

  • Es bueno reducir los productos animales, pero nadie se muere si te comes una tortilla ocasionalmente, el caso es de dónde salen los huevos.
  • Los transgénicos no son malos, los malos son los humanos y su forma de usarlos.
  • Lo eco o bio es, en general, una estrategia para vender. A veces son productos mejores, pero no por ser eco.
  • Mejor reducir que tener que reciclar, pero no compres lo que ya tienes, primero úsalo hasta que toque cambiar y después ya optarás por una idea más sostenible.
  • Nadie es perfecto, no nos tenemos que torturar.

¿Recomendado?

Sin duda. Tu dieta, la tuya individual, no va a cambiar el planeta. Esto es algo que Aitor no dice así directamente, pero que digo yo. Si todos cambiásemos en todo el mundo nuestra dieta, entonces sí, porque obligaríamos a las empresas a cambiar sus estrategias. Porque son las empresas y los gobiernos quienes deben regular. Ellos pueden cambiar qué se etiqueta como eco para que sea eco (esto sí lo dice), y también han regulado en plásticos de un solo uso. Pues que regulen en más cosas. Que hagan pagar a las empresas que se están cargando el planeta.

Pero eso no quita que a nivel individual queramos dormir más tranquilos, y yo duermo más tranquila cuando sé que cuando tenía dos opciones, he seleccionado la más sostenible. Yo duermo muy tranquila cuando sustituyo la mitad de la proteína animal de mi dieta por vegetal, y cuando vuelvo hacerlo, y viendo que cada vez es menos… que por cierto, me sale más barato. Si tú quieres ver todos los pasos en los que un alimento contribuye a cargarse el planeta y aprender sobre todo lo que se puede hacer (a nivel individual o colectivo), sin duda te recomiendo que leas este libro.

Aquí te dejo el enlace afiliado en Amazon, aunque yo este sí me lo compré en versión árbol muerto (ya, sí, contamina… lo sé). Pero es que estaba en la Feria del Libro y me lo podía llevar firmado… y eso, que nadie es perfecto.

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