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Las células embrionarias en las vacunas

Aunque este tema es muy extenso y me gustaría también dedicarle un Bacteriófagos en el futuro, quizá es un buen momento para hacer un resumen de qué son y de dónde vienen las líneas celulares embrionarias y cual es su papel en las vacunas.

Sobretodo en las últimas semanas se han «filtrado» un montón de noticias que dicen descubrirnos la gran verdad sobre el origen de las vacunas y cómo para las vacunas se utilizan células embrionarias, o incluso que dentro de las vacunas hay células embrionarias.

Es cierto que durante el desarrollo de las vacunas es común utilizar cultivos de células embrionarias. En algunos casos para reproducir los virus que son realmente la vacuna, en otros para comprobar la actividad de la vacuna sobre esas células.

Qué es una línea celular

Una línea celular es un conjunto de células que derivan todas de una muestra inicial. En principio, todas las células van a poder dividirse un número determinado de veces antes de que se empiecen a observar signos de senescencia, de envejecimiento. Esa senescencia ocurre incluso cuando hemos tomado la muestra inicial y todas las divisiones han ocurrido en un laboratorio.

En cambio, en algunos casos esas células no van a envejecer jamás, y serán inmortales. ¿Cómo se obtienen células inmortales? Pues si la muestra inicial procede de un tumor. El caso más conocido de una línea celular inmortal que se utiliza en todo el mundo son las células HeLa, que derivan del tumor de Henrietta Lacks a la que no se informó ni se recompensó por la muestra.

Otra de las líneas inmortales famosas es la HEK293. Y esta es quizá la línea celular que más se ha repetido que afecta a las vacunas de Covid-19.

Las células embrionarias HEK293 y las vacunas

Esta línea celular deriva de células de riñón de embrión humano (human embryonic kidney). Y sí, el número 293 se corresponde al número de experimento, pero no quiere decir que hubiese 293 muestras embrionarias. Realmente, en este caso, lo que ocurrió fue que una línea previa de células embrionarias, se realizaron una serie de experimentos de transacción de adenovirus (alterando las células). Pero las células venían de una única muestra, de un único feto.

Esto ocurrió en el año 1973 y no tenemos claro el origen del feto, pero sabemos que vienen de una muestra única. Desde entonces, todas las células HEK293 derivan de aquel experimento, y jamás se han vuelto a tocar otras células que vengan de otro feto. Estas células se utilizan frecuentemente en ensayos preclínicos para ver el efecto de una vacuna o de un medicamento sobre las células.

Las células WI-38 y MRC-5 y las vacunas

Las células HEK293 no son las únicas. Existen otras dos líneas celulares, la WI-38 y la MRC-35 que se utilizan para replicar vacunas. Además, en este caso hay que destacar que no son células inmortales, son células «normales». Y aunque en la actualidad existen muchas más opciones, éstas son famosas por haber estado disponibles desde hace mucho.

Las células WI-38 proceden de un feto cuyo aborto ocurrió de forma voluntaria en 1962 en Suecia y se guardaron y utilizaron sin el permiso de la mujer que había abortado. Algo similar ocurrió con las células MRC-5, que se aislaron en 1966. En este caso, el feto tenía 14 semanas, mientras que las WI-38 vienen de uno de 3 meses. Ambas se utilizaron para numerosas vacunas que han salvado miles de vidas, como por ejemplo vacunas contra la polio.

Las células embrionarias como componente de las vacunas

Pese a que hasta ahora he dicho que se han utilizado para el desarrollo de vacunas, vamos a profundizar un poco más. En algunos casos, las vacunas que utilizamos son virus (inactivados, atenuados, etc). Para multiplicar esos virus antes de poder inyectar las vacunas, necesitamos células. Y en ese paso si se utilizan células como las mencionadas antes. Pese a ello, lo que se nos inyecta en la vacuna no son las células, son los virus que se han purificado después de multiplicarlos.

En el caso de las vacunas que se están utilizando en la mayor parte de países en estos momentos, sabemos que no están formadas por virus enteros. Me refiero a las vacunas de Moderna y Pfizer/BioNtech, aunque la mayor parte de los rumores han surgido sobre la primera. Estas vacunas son un fragmento de ARN protegido para su transporte hasta la célula, pero no hay un virus completo y no se multiplica en células. Por lo tanto, para estas vacunas, las células se han utilizado en las fases de investigación, pero no en la fabricación de vacunas. Al igual que en el caso anterior, la vacuna no va a incluir en ningún caso células.

La parte turbia de la historia

Aunque no debemos preocuparnos por el contenido de las vacunas, lo que sí debe preocuparnos es el origen de esas células. Pasados unos 50 años poco podemos hacer para arreglar los daños del momento, pero sí tenemos que asegurarnos de que todas las muestras que se tomen en la actualidad se tomen con consentimiento de la donante. En el caso de un aborto voluntario, la madre tiene que ser informada y consentir el uso de la muestra para investigaciones futuras.

En la actualidad existen protocolos para que esto sea así, y hace ya bastantes años que no se toman muestras sin consentimiento previo. Aunque no suponga ningún problema para el donante (por ejemplo, si proceden de un tumor que han extraído), ese donante puede tener conflictos (principalmente religiosos) sobre el uso de esa muestra, y se debe respetar siempre sus deseos. En el caso de las células embrionarias, tengamos en cuenta que el principal conflicto que genera es que las células proceden de un aborto voluntario que algunas creencias consideran que no debe permitirse.

En resumen…

Cuando nos vacunamos no nos están inyectando células de feto, ni se han producido cientos de abortos para extraer sus células, ni otras teorías que no voy a reproducir aquí. Nadie ha abortado para que se puedan extraer células, esto que quede claro: se había abortado voluntariamente y después se extrajeron las células. No sabemos por qué esas madres decidieron abortar, no podemos juzgar sus razones. Quizá les habría gustado saber a tiempo qué había ocurrido. Pero eso es un tema paralelo y en ningún caso afecta a la seguridad de las vacunas, ni mucho menos vamos a promover el aborto por vacunarnos.

Es bueno tener dudas y es bueno buscar respuestas. Pero también es imprescindible conocer la historia, saber de dónde viene lo que se lee y no dejarse engañar. Recordemos que los bulos pueden hacer mucho daño y es necesario desmentirlos, así que la próxima vez que alguien os hable de los fetos utilizados en las vacunas recordadles que el pasado es turbio, pero que llevamos 50 años usando la misma muestra, que ahora ya no se hace así y que las vacunas no llevan células dentro.

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Las plantas también tienen su reloj interno

Siempre se habla del ritmo circadiano y el reloj interno que tenemos los animales, pero muchas veces se nos olvida que las plantas también tienen su reloj interno. El reloj molecular de las plantas depende de muchos factores, pero en el trabajo que voy a comentar hoy se centran en el reloj de las raíces. Porque sí, las raíces también tienen su reloj interno.

El trabajo se ha publicado hace unas semanas en Science y podéis encontrarlo aquí en su versión previa en bioRxiv: Cell wall remodeling and vesicle trafficking mediate the root clock in Arabidopsis

El reloj interno en las raíces de las plantas

En las plantas existen diferentes factores que regulan el crecimiento y les permiten ubicarse en el tiempo y el espacio. Un punto crítico para la supervivencia de la planta es el crecimiento de las raíces. Cuando una raíz se extiende, se genera un primordio lateral, esa pequeña raíz que sale de la parte que ya es más gruesa. Para que se extienda, primero se tiene que generar el punto en el que se va a abrir. Para regular esa generación, se produce una oscilación en la expresión de genes.

Desde hace tiempo se sabe que uno de los marcadores que regulan la generación de las raíces es el llamado DR5, pero de forma más reciente también se identificaron los niveles de auxina. La auxina es una hormona que regula el crecimiento… como supongo que ya se suponía. Afecta a toda la planta y es fundamental en los frutos.

Ahora, en este nuevo estudio, se valora fundamentalmente una ruta paralela, la de GNOM. GNOM regula el tráfico entre las vesículas y la membrana, y esto va a ser fundamental para la formación de las nuevas raíces.

Imagen de la raíz de una planta
Raíz de una planta con sus ramificaciones

La pectina, fundamental en la formación de raíces

Hasta el momento se tenía claro que todas las raíces laterales se generaban de uno de esos puntos laterales, una pre-rama. En este caso, más bien una pre-raíz. Aunque todas las raíces de generan de ellas, no todas dan lugar a raíces, pero sí la mayoría. Y el crecimiento de la nueva raíz comienza poco después de la formación de este punto clave.

Para identificar qué factores podían desencadenar el proceso y regularlo, los autores del trabajo buscaron qué elementos abundaban más durante la oscilación espacio-temporal en esa parte de la planta. Así, aquellos factores que estuviesen sobrerrepresentados, podrían estar implicados. Una vez identificados, analizaron los genes implicados para analizar las posibles funciones.

Por supuesto, se encontraron múltiples factores, pero aquí llegamos al GNOM antes nombrado. Claramente se veía afectado por el reloj interno de las plantas. Y para que se puedan formar las nuevas raíces, es necesaria la acumulación de pectinas en el punto crítico del que va a nacer la raíz. Aquí entra en juego el homogalacturonano.

El homogalacturonano es tipo de pectina, que se sintetiza en el Golgi y debe transformarse antes de llegar a su destino. Dado que GNOM regula el tráfico desde las vesículas, parecía necesario analizar si existían una conexión. Y claro que existía, pero mucho más compleja de lo que podría parecer. Lo que se está regulando durante el ciclo no es la presencia del homogalacturonano, es qué forma en concreto del homogalacturonano va a qué parte concreta.

¿Entonces qué regula las raíces?

A estas alturas tenemos ya muchos factores, porque ya conocíamos el papel de las auxinas, pero en total sabemos que hay también muchos factores implicados en el transporte y en la homeostasis, porque es necesario controlar los nutrientes. Si el ambiente no es el adecuado, quizá no sea el momento para generar una raíz.

Pese a que aquí veníamos a buscar respuestas, todavía no sabemos cual es la relación entre la presencia de las pectinas y la generación de una raíz, No sabemos cómo funciona la modulación, pero sabemos que existe. Por ahora, lo que podemos decir es que los diferentes niveles pueden hacer que, mientras crece una nueva raíz de un lado, no crezca del lado opuesto.

Esta última teoría parece apoyarse en otros factores, ya que el reloj interno de las plantas, que va oscilando cada seis horas aproximadamente, incluye otros muchos factores que también parecen apoyar esa limitación de moléculas en el lado opuesto. Pero seguimos sin tener claro qué es lo que hace que se empiece a formar ese punto de pre-raíz, porque no sabemos qué desencadena la acumulación de factores del reloj biológico que digan «ahora, nueva ramita». Por eso todavía quedan muchos estudios pendientes, estudios que permitan entender qué elementos externos mueven la balanza hacia un lado o hacia el contrario. Pero ahora sabemos un poquito más sobre cómo se forman las raíces de las plantas.

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La vacuna de la Covid-19 y la sincitina: ¿te vuelve estéril?

Una de las ideas que se está distribuyendo mucho estos días es que la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 te va a provocar esterilidad. La supuesta base científica para esto es que la espícula (o espina) del coronavirus, que se utiliza para las vacunas, es altamente homóloga a la proteína sincitina-1, que es imprescindible durante el desarrollo embrionario. Por lo tanto, la espícula que está en las vacunas se uniría en el lugar en el que se tiene que unir la sincitina y bloquearía el desarrollo. Según los promotores de esta idea, esto es cierto y por eso la vacuna no se recomienda a embarazadas, pero claro… al resto nos esterilizaría de por vida. Vamos a ver qué hay de cierto o no en estas ideas.

Qué es la sincitina y su parecido con la vacuna de la Covid-19

La sincitina es, efectivamente, una proteína implicada en el desarrollo embrionario. De forma muy resumida, tiene un papel fundamental en la fusión del trofoblasto, que son las primeras células que se diferencian en la primera fase del embarazo y que después darán lugar a la placenta. Por lo tanto, la sincitina es necesaria para que la placenta se desarrolle correctamente.

Existen dos tipos, la sincitina-1 y la sincitina-2, y ambas son codificadas por retrovirus endógenos. Si queréis saber más sobre dichos retrovirus, hablé de ello en un capítulo de Bacteriófagos que podéis encontrar aquí. No son los únicos genes que vienen de esos retrovirus, y muchos tienen funciones tan importantes como la de la sincitina.

Por otra parte, la sincitina tiene una estructura similar a la de proteínas virales, concretamente a la de proteínas de la superficie de virus. Tiene una parte que es transmembrana y una parte externa expuesta. Esa parte en la superficie es lo que le va a permitir cumplir su papel en la fusión. Pero lo que quizá llama la atención y hace que se parezca a otras proteínas es la presencia de un sitio de corte para la furina, mecanismo que permite regular que la proteína pueda activarse e inactivarse.

Efectivamente, esta estructura es similar a la de las espinas, espículas o espigas de muchos virus, y entre ellos se encuentra la del SARS-CoV-2. Incluso una pequeña parte de la secuencia es claramente similar. Pero que partes de dos proteínas se parezcan mucho no quiere decir que cumplan la misma función, ni siquiera que puedan interferir.

Brazo siendo vacunado
¡A vacunarse!

La vacuna de la Covid-19 lleva parte del virus

En cualquier caso, vamos a tener en cuenta un aspecto fundamental: las vacunas de las que se está hablando en este caso, que son las de Pfizer/BioNTech y Moderna, llevan el ARN de la espina del virus en su interior. No es algo nuevo, es la del virus. Por lo tanto, aquellas personas que ya se han contagiado con el virus ya se han expuesto a dicha proteína.

En estos momentos sabemos que la mayor parte de los virus durante una infección se concentran en el tracto respiratorio, pero eso no quiere decir que no haya virus que puedan llegar a otras partes del cuerpo, ya que se han podido aislar en otros tejidos. Esto ocurre especialmente en infecciones graves y largas, con cargas virales mayores.

En cambio, el proceso de vacunación se lleva a cabo con ARN, una molécula que es altamente inestable. Para que el ARN tenga suficiente estabilidad como para llegar a su destino y utilizarse para generar espinas hay que protegerlo, pero esa protección es muy limitada en el tiempo. Por lo tanto, habrá muchas menos espinas del virus en el cuerpo con la vacuna frente a la infección, y además durarán mucho menos tiempo, ya que no pueden generarse más. Con el virus, mientras la infección esté creciendo, se pueden obtener más y más copias.

Las vacunas y las embarazadas

En la ficha técnica de Comirnaty se destaca que no se debe administrar a embarazadas si el beneficio no supera al riesgo y que hasta el momento existen datos limitados. Pese a ello, también se aclara que se han realizado estudios en ratas en los que tras administrar grandes dosis, no se han observado problemas con el embarazo, el parto o la lactancia. Pero las ratas no tienen la misma sincitina-1 que tenemos los humanos, por lo tanto… ¿podemos asegurar que no hay riesgo?

Pese a que como bien dice esa ficha técnica todavía no tenemos datos suficientes porque todavía no se han vacunado suficientes mujeres embarazadas, vamos a analizar los datos que sí tenemos:

  • Si se puede evitar la vacunación de embarazadas, se evita, porque ante la duda no queremos ninguna reacción. En todas las vacunas se valora ese beneficio/riesgo, no es algo nuevo.
  • Se van a vacunar mujeres embarazadas: algunas porque consideren que el beneficio es mayor, otras porque no sepan que están embarazadas.
  • No tenemos pruebas de que no exista ningún riesgo, pero hasta ahora no se ha detectado un riesgo mayor que en la población general.
  • Lo que sí podemos afirmar es que la vacuna no va a esterilizar a ninguna mujer por el parecido de la espina del virus con la sincitina.

La espina en la vacuna de la Covid-19 no bloquea la sincitina-1

Lo que tenemos en estos momentos son miles de mujeres en el mundo que han pasado la Covid-19 durante su embarazo. Parte de esos embarazos ya han llegado a término, porque hemos tenido contagios en las primeras fases, durante el embarazo o incluso de madres con una infección activa en el momento del parto. Y sí, hubo casos en los que hubo complicaciones en el embarazo o en el parto. Y sí, también hubo abortos. Pero en ningún caso se ha encontrado una relación entre la espina del virus que está provocando la infección y un problema en el desarrollo de la placenta.

Por lo tanto, lo que sí sabemos es que el virus puede provocar la muerte tanto de la madre como del bebé, pero por ahora no hemos visto ningún caso en el que provoque un problema con la fusión del trofoblasto y el desarrollo de la placenta. Es decir, el beneficio (evitar la infección) es mayor que el riesgo (algo que no se ha observado todavía). Hay otros riesgos, pero éste no es uno de ellos.

¿Nos vacunamos o no?

Seamos un poco críticos y si nos dicen que la espina del virus de la vacuna va a producir esterilidad pensemos… ¿es algo que hayamos observado antes? ¿pasa cuando nos infectamos? ¿llegará la espina de la vacuna al embrión? Y valoremos siempre los riesgos y los beneficios, porque si elegimos no vacunarnos por un miedo infundado de no poder tener hijos en el futuro, estaremos obviando lo evidente: ¿qué pasará si nos contagiamos antes?

Por último, una aclaración: sí hay otras razones por las que una embarazada debe tener especial cuidado a la hora de ponerse una vacuna (ésta o cualquier otra), al igual que a la hora de utilizar cualquier medicamento. Por lo tanto, siempre deben consultarlo y dialogarlo antes, para valorar si existe mayor beneficio que riesgo.

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El último libro de Sagan: de la vida y la muerte

Hacía mucho tiempo que tenía pendiente este libro y tendría que haberlo leído antes. Billions & Billions: Thoughts on Life and Death at the Brink of the Millennium es el último libro escrito por Carl Sagan y en él habla de todo desde una perspectiva muy particular.

Aunque se tocan temas muy variados, sin duda este libro nos hace reflexionar sobre nuestra vida, sobre la vida en general, el derecho a las vida ahora y en el futuro. Además, teniendo en cuenta el momento en el que fue escrito, además de lo que dice nos hace pensar en lo que no dice, en esa perspectiva que está dando del cambio de milenio que no llegó a vivir.

Desde luego Carl Sagan fue un referente para muchos divulgadores en muchos países, e incluso ahora que su estilo ya no es lo que más atrae en este mundo lleno de Youtubers, estoy segura de que muchos siguen admirando aquel estilo, aunque no sea lo que se quiere replicar. Sin duda en mi caso, aunque no busco su estilo, me sigue impresionando cada vez que leo o veo su trabajo.

He empezado el año con el último libro de Sagan, pero no será el único libro suyo este año, porque creo que hay que aprender de los que realmente sabían hacer esto. Así dejamos inaugurada la lista de libros del 2021 con uno de los padres de la divulgación científica. Sin duda, os recomiendo el libro, ya que os hará pensar y mucho.

No me consta una versión en castellano del libro, y si existe por favor hacédmelo saber. Mientras tanto, podéis leerlo en inglés en su versión para Kindle. En papel está complicado conseguirlo, así que lo mejor es empezar el año de forma digital. Aquí tenéis el enlace afiliado, que a mi me ayudará a poder leer más:

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El ARN de las células del pulmón genera un nuevo atlas

¿Cuánto se puede aprender del ARN de las células de pulmón? Si las miramos una a una, hasta podemos descubrir que hay tipos de células que no se conocían. Eso es lo que han hecho los autores del trabajo que voy a comentar hoy. Han mirado el ARN de unas 75000 células de tejido pulmonar y con los resultados han generado un nuevo atlas.

El trabajo se publicó recientemente en Nature, pero llevaba ya un tiempo en bioRxiv: A molecular cell atlas of the human lung from single cell RNA sequencing. Comparto el enlace a bioRxiv disponible para todos.

El ARN de los pulmones nos enseña sus huellas

Tradicionalmente, las células se han clasificado en función de sus características histológicas. Pero claro, dos células pueden «parecer» iguales y cumplir funciones muy diferentes. Mientras que en esa clasificación se podían clasificar en 45 tipos en función de su estructura, localización y abundancia, ello ya suponía un problema: hay células que no son nada comunes.

En este nuevo estudio algunas de las poco abundantes no han aparecido, pero se han encontrado tipos nuevos al clasificarlas en función de su ARN. Se analizó el transcriptoma de 75000 células. Así encontraron 58 poblaciones distintas, que serían 37 más que en otros estudios recientes. Aunque sabíamos que había al menos 45, se requieren estudios con diferentes técnicas para localizarlas. Este trabajo es el mapa más completo hasta el momento.

Sin duda, uno de los primeros puntos a tener en cuenta, es qué tipo de células hay en nuestros pulmones. Según sus resultados, existen 15 epiteliales, 9 endoteliales, 9 estromales (del tejido conectivo) y 25 inmunitarias. Entre las conocidas que no han aparecido en el estudio encontraríamos las neuronas o los eosinófilos (entre otras), y su ausencia se debe a su poca abundancia o a que requieren técnicas especiales para ser aisladas.

No siempre en el pulmón, pero siempre en todos

Una de las preguntas del trabajo, tras encontrar nuevos tipos celulares, era si serían una casualidad. Por supuesto, podrían encontrarse sólo en una persona y sesgar el estudio. Sus resultados indican lo contrario. Todos los nuevos tipos celulares se han encontrado en varios participantes del estudio, por lo que no son una rareza. ¡Todavía no sabemos qué células tenemos en nuestro cuerpo!

Lo que sí sabemos, por otra parte, es que las células que tenemos en los pulmones, no son siempre exclusivas. La comparación de su ARN, saber qué se está transcribiendo en ellas, nos permite conocer más detalles. Parece muy evidente que las células de epitelio pulmonar están en los pulmones pero, ¿y las inmunitarias? En algunos casos esas células sí son exclusivas (o casi) del pulmón, como por ejemplo los macrófagos de los alvéolos. En cambio, otros tipos celulares sí circulan por el cuerpo, ya que se encuentran frecuentemente en nuestra sangre.

Dibujo de los pulmones y sus ramificaciones
Lo que esconden los pulmones…

El ARN de las células del pulmón nos dice «para qué sirven»

¿Por qué tanta especialización? Porque algunas células están ahí para detectar hormonas, o para responder a señales, o para detectar virus. Esto último para nuestra desgracia, porque es un efecto colateral de sus receptores. El análisis del ARN de las células del pulmón nos permite conocer qué tipo de receptores están generando y, por lo tanto, su función. Si una célula va a detectar una hormona, debe tener los receptores adecuados. Si una célula va a generar una señal, tendrá que tener el ARN para esa señal. Esto ha permitido, en paralelo, descubrir que existe una gran comunicación entre células vecinas en nuestros pulmones.

Aunque las células sean externamente similares, su especialización se ve en su interior. Dado que en algunos casos estas diferencias no son demasiado grandes, el análisis de esas diferencias podría abrirnos la puerta a convertir una célula de un tipo en otra ligeramente diferente. Sin duda, para eso, primero tenemos que conocer en detalle las diferencias, y estudiar mejor estos nuevos tipos celulares.

Los receptores y las enfermedades

Si estamos valorando qué es lo que se expresa o no en una célula pulmonar analizando su ARN, no podemos ignorar los receptores y los marcadores de enfermedades. Aunque todavía nos queda mucho camino, poco a poco vamos asociando la expresión de algunos genes a diversas enfermedades, y ésto no ocurre igual en todas las células del pulmón.

Por otra parte, en los tiempos que corren, no debemos ignorar los receptores. Ahora es muy conocido que el coronavirus SARS-CoV-2 se une al receptor ACE2 (ECA2 en español), pero no es el único presente, y no se expresa por igual en todas las células. Entre los sospechosos habituales, también tenemos DPP4 que es usado por el MERS. Pero no son los únicos, porque rinovirus y sarampión también tienen receptores que han podido detectar como característicos de distintos tipos celulares.

Finalmente, comparando su nuevo gran atlas celular basado en el ARN de las células de pulmón con el de ratón, se pueden sacar varias conclusiones. Por una parte, hemos perdido algún tipo celular. Por otra parte, también hemos ganado. Desde luego, un paso más para entender la evolución, y es que es evidente que entre los pequeños pulmones de ratón y los nuestros, diferencias hay.

Nueva puerta, nuevos estudios

Un trabajo como éste genera más preguntas que respuestas. Ahora conocemos nuevos tipos celulares, pero eso implica por otra parte que es necesario estudiarlos. El estudio del ARN de las células pulmonares ha permitido entender algunas funciones un poco mejor, cómo se regulan las células, y que nos sigue faltando mucha información.

Sin duda el análisis detallado del transcriptoma nos abre muchas puertas. Aquellos detalles que vamos conociendo son manipulables en cierta medida, ya que ciertos factores de transcripción regulan la presencia del ARN. Si mejoramos nuestro conocimiento, si sabemos qué proteína es responsable de una enfermedad, en un futuro podríamos modular su expresión manipulando puntualmente el ARN. Esto será en un futuro lejano, porque todavía no sabemos qué hacen muchas de esas proteínas.

En el caso que todo el mundo pensaría ahora, la ACE2 y el coronavirus, si eliminamos el receptor reducimos la infección, pero generamos otros problemas. ACE quiere decir «enzima convertidora de angiotensina». La angiotensina es la hormona que genera la vasoconstricción, fundamental para la vida. ¿Podríamos ajustar sus niveles para evitar contagios sin perder su función? ¿Podríamos manipular otras proteínas para evitar otras enfermedades? Eso por ahora es un interrogante, pero no dudo que sea posible en un futuro… lejano.

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