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Los libros de 2021

Hace tiempo yo recogía en este blog una lista de los libros leídos en el año. Dejé de hacerlo algunos años, pero creo que este año tiene especial interés ya que he leído libros que tienen que ver con la ciencia y, quizá viéndolos juntos, las personas que me están leyendo pueden seleccionar algunos para añadirlos a la lista de lectura de 2022.

De una forma sencilla y sin más miramientos, os dejo los títulos de los libros, y el enlace lleva a la entrada en la que hablo de esos libros. En cualquier caso, si queréis comprarlos en Amazon, podéis encontrarlos todos (y los que vengan en el futuro) desde mi tienda, y así me ayudáis a mí a comprar alguno más. Espero que sirva de inspiración:

  1. Billions & Billions: Thoughts on Life and Death at the Brink of the Millennium
  2. Vuelve el listo que todo lo sabe
  3. ¿Qué puede salir mal?: Cómo sobrevivir a un mundo que intenta matarte
  4.  Vacunas: verdades, mentiras y controversia
  5. La vida contada por un sapiens a un neandertal
  6. La energía nuclear salvará el mundo: Derribando mitos sobre la energía nuclear
  7. Cazadores de Microbios
  8. El mapa fantasma
  9. Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia
  10. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero
  11. The Neanderthals Rediscovered: How Modern Science is Rewriting Their Story
  12. El mundo y sus demonios
  13. Virus: una breve introducción
  14. Armas, gérmenes y acero: Breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años
  15. Un día en la vida de un virus
  16. Cómo evitar un desastre climático
  17. Ecologismo Real
  18. Tu dieta puede salvar el planeta
  19. Conexiones perdidas
  20. Cómo se fabrica un medicamento
  21. El ADN
  22. Vitaminas, minerales y salud óptima
  23. El cerebro zurdo y otras historias de la ciencia y de la mente 
  24. Virus, bacterias y otros nanobichitos

De la salud mental y su investigación

Hoy vengo con una reflexión sobre el tema que por suerte está de moda pero que me gustaría que fuese trending por otras razones: la salud mental. Desde hace unos meses algunos políticos han empezado a hablar de ello, pero sobre todo la sociedad parece que se ha dado cuenta de que existe un problema que necesita una solución. Quizá ha sido la pandemia, que nos ha dejado especialmente tocados y nos ha hecho pensar en ello, o quizá es que realmente, muy en el fondo, sí avanzamos hacia una sociedad un poquito mejor.

Los artículos científicos y la salud mental

Yo quería dar una perspectiva particular, y es que en las últimas semanas, por cuestiones de trabajo, he estado leyendo muchos artículos científicos en los que por los temas tratados se analizaba el impacto de una serie de enfermedades en la salud mental. El caso es que en todos ellos, lo que se concluía era que la enfermedad tenía un impacto. Mediante una serie de cuestionarios, las personas afectadas reconocían que su enfermedad afectaba a su salud mental, y en muchos casos esas personas estaban tomando una medicación para controlar el impacto.

La parte negativa es que los estudios se quedan ahí. Tiene un impacto. Punto. En muy pocos casos se analiza cual es el grado de ese impacto, y en todavía menos se tiene en cuenta ese impacto para adaptar el tratamiento de la enfermedad que provoca el problema. Me llamó la atención un trabajo concreto que decía que los pacientes se quejan de que se trata la enfermedad, pero no el efecto que tiene la enfermedad en su vida. Porque sí, a veces el tratamiento puede ser incluso peor en el cómputo global, y eso habría que tenerlo en cuenta.

¿Hay estudios centrados en la salud mental?

Haberlos hailos, pero más bien pocos. Pocos para el impacto real en la sociedad. Los que hay, en muchos casos están aislados. Por ejemplo, se estudia la depresión, pero como ente separado y no como parte de otro proceso. Sí han salido bastantes estudios asociados a la pandemia, pero a mi parecer pocos y excesivamente teóricos.

Esa tendencia está cambiando y cada vez aparecen más y más datos, pero desde luego todavía nos queda un camino muy largo por andar. Todavía no sabemos todo lo que deberíamos saber. Y uno de los problemas con los que me he encontrado es la falta de un sistema homogéneo para medir los problemas, porque para lo de la salud mental no es tan fácil como hacer un análisis de sangre y poner un numerito, hay que profundizar más. Quizá deberíamos empezar por ahí, poniendo nombres a las cosas y aprendiendo a medirlas todos por igual, sin olvidar la subjetividad intrínseca del problema.

Imagen de una cabeza con el cráneo abierto del que salen un montón de interrogantes
Da igual lo bien o mal que nos vaya en la vida, la cabeza va a su bola

La sociedad lo pide a gritos

Un cúmulo de situaciones recientes ha hecho que, al menos en España, esto tome un especial interés. Queremos que se llame a los suicidios por su nombre, que se investiguen y que se evite que se repitan situaciones similares. Ya no queremos que en la tele se den situaciones que puedan enfatizar esos problemas en personas. Hemos recordado que los que salen en la tele son personas. Y de repente nos hemos dado cuenta que incluso un cómico, cuando desaparece del mapa, puede haberlo hecho por tener un problemón que jamás habríamos imaginado.

Al menos, eso es lo que parece pensar una parte de la sociedad. Otra parte sigue quitando importancia a esos temas, diciendo que son cosas del oficio. O creyendo que quien habla de su problema lo hace exagerando y buscando vender más. Recordemos que las cosas no se pasan de la noche a la mañana, y quizá muchas de esas personas que han dado el paso de hablar abiertamente siguen arrastrando parte de su problema. Queremos que salgan, no hundirlos de nuevo. No pongamos en duda su versión de lo ocurrido.

Hagamos algo, un poquito, por la salud mental

Desde luego, hace falta más investigación y más normalización. Yo quería comentarlo desde el punto de vista de la investigación, para destacar que estamos en pañales, pero recordando que la situación es la que es, y los artículos que se publican no dejan de ser un reflejo de la sociedad. Quizá si la sociedad no estuviese tan preocupada, yo ni me habría fijado en lo pobres que son los análisis en esos artículos. Por eso antes de que acabe el año quería recordar por aquí que si queremos que se haga algo, lo primero es que pensemos e identifiquemos nuestros problemas (que todos tenemos alguno) y hagamos lo posible por mejorar. Que los identifiquemos en los que nos rodean y ayudemos. Que no dejemos que un compañero de trabajo se hunda. Yo pondré mi granito haciendo lo posible para que esos trabajos científicos tengan más en cuenta la salud mental de las personas. Porque sin ella no hay cuerpo que aguante.

Si quieres apoyar mi trabajo, puedes hacerlo invitándome a un café:

La reproducción de las almejas

Quizá suene a un tema extraño, pero seguro que mucha gente se ha preguntado alguna vez cómo funciona la reproducción de las almejas. La verdad es que las almejas, como otros muchos moluscos, tienen una reproducción bastante sencilla, pero también bastante desconocida.

Empecemos diciendo que las almejas son eso, moluscos. Además, son bivalvos. En lenguaje llano: tienen dos conchas. Es decir, entran en el mismo grupo que los mejillones y que los berberechos. Y aunque todos tengáis ahora una imagen mental de una almeja, probablemente con su salsita en un plato, lo más probable es que cada uno imagine una almeja diferente. Hay un montón de almejas distintas, y aunque en este blog siempre se defenderán las almejas de Carril como las mejores del mundo, hoy vamos a hablar de almejas en general.

El aparato reproductor de las almejas

Como todo animal, las almejas tienen un aparato reproductor, aunque a los ojos de un humano medio no se vea nada cuando se analiza su cuerpecillo. En algunos casos tenemos almejas hembra y almejas macho, que generarán óvulos y espermatozoides, en otros muchos casos tenemos almejas que tienen un aparato reproductor que puede generar ambos gametos, pero no de forma simultánea.

Para rizar más el rizo, tenemos almejas que pueden generar tanto óvulos como espermatozoides a la vez, pero en partes diferentes de su sistema reproductor. En este caso, como las que lo turnan, hablamos de almejas que son hermafroditas. Las otras, las que sí se diferencian, se diferencian básicamente en eso, ya que en muy pocos casos vamos a poder ver externamente si son machos o hembras (sin mirar qué es lo que están haciendo, vaya).

Fotografía de almejas
Esto para mi no son almejas, pero para mucha gente sí

La fecundación

Sea el tipo de almeja que sea, cuando llega el momento de la reproducción, antes de la fecundación se tienen que liberar los óvulos y los espermatozoides. Se liberan al exterior, y cada uno que se busque la vida. En las que generan ambos se pueden liberar a la vez, lo que facilita el encuentro, pero en las otras es toda una aventura.

Una vez que se ha producido el encuentro, si la fecundación es exitosa, se formará un embrión que empezará a crecer y pasar por varias fases de metamorfosis (larva trocófora y larva velígera, por si alguien tiene curiosidad) y después se formará un «juvenil», que ya se parece remotamente a una almeja. Eso es lo que en mi pueblo llamamos «simiente», por ser la semilla que dará lugar a unas buenas almejas a la marinera.

En la vida real la reproducción de las almejas es menos arriesgada

El caso es que si tuviésemos que esperar a que todo esto ocurriese de forma natural, ni de milagro tendríamos almejas suficientes para todas las comidas familiares. Y mucho menos para la Fiesta de la Almeja. Dado que hay mucha gente cuyo sustento depende del marisqueo de almejas, lo que se hace es… criarlas. En unos tanques se liberan los espermatozoides y los óvulos, en un ambiente perfectamente favorable se forma un embrión. Y se las cuida bien para que lleguen a juveniles. Una vez que tenemos unas microalmejitas con posibilidades de sobrevivir, lo que se hace es empaquetarlas y mandarlas al mundo real. Eso es lo que se siembra en las zonas en las que se crían (sí, se siembra, por eso lo de semilla). Ahí, en la arena, se deja que crezcan mientras se reza para que no haya tormentas que traigan demasiada agua dulce. Cuando han alcanzado una talla mínima, se extraen, se venden, y a la mesa.

Como última curiosidad, para aquellos que estén en shock tras descubrir que las almejas que se van a comer dentro de unos días han sido «criadas en cautividad» os diré también que las almejas que van a la cazuela son todavía crías. Una almeja podría vivir decenas de años, pero las recogemos muchísimo antes, cuando alcanzan la talla mínima legal. Pensadlo… ¿Realmente os queréis comer esas crías? ¿Os parece bonito? Que yo no os voy a juzgar. Pero a lo mejor si unos cuantos os lo pensáis dos veces baja el precio y al resto no nos cuestan un ojo de la cara.

Y ahora ya os lo digo en serio. Disfrutad de la comida, pero tened presente qué es lo que coméis y hacedlo con mesura. Mantener el sustento de las familias que dependen del marisco está bien, pero abusar de lo que nos puede dar la tierra o el mar puede ser peligroso. Que el consumo sea ocasional. ¡Pensad en las almejitas!

Como no os voy a pedir almejas, si queréis invitarme a un café, podéis hacerlo aquí:

La percepción y el tratamiento del dolor en Europa

Hoy os traigo una historia un poquito más larga, que habla del tratamiento, o la falta de tratamiento, del dolor en Europa, así como de la percepción que tenemos. Es un análisis de una encuesta que se hizo hace ya unos años y que debería hacernos reflexionar. Voy a ir hablando de los datos europeos, pero destacando también algunos puntos que me han llamado la atención de España, a ver si pensamos un poquito a ver qué está pasando con el dolor.

El planteamiento del estudio

En este estudio se llevó a cabo una gran encuesta en la que participaron personas de 15 países europeos y de Israel. A partir de ahora vamos a decir que son europeos para no liarnos, pero eso, que también había gente de Israel contestando. El objetivo con la encuesta era analizar la prevalencia del dolor crónico y juntar las opiniones respecto a la percepción del dolor, el impacto en la vida de las personas que lo sufren y saber si se recibe un tratamiento adecuado.

La encuesta se hizo por teléfono, de una forma digitalizada. Es decir, de esas encuestas que graban y analizan automáticamente las respuestas tras pedirte que respondas si o no, o que des datos en una escala concreta. Dado que es evidente que existe un sesgo si se llama a teléfonos fijos en Europa, y ese sesgo ya existía en el momento en el que se hizo la encuesta, el peso que recibían las respuestas se ponderó teniendo en cuesta si respondía un hombre o una mujer y según el grupo de edad al que pertenecía. También se ponderó en función del país, ya que el grado de respuesta no era el mismo.

Quién dice tener más o menos dolor

De media, un 19% de los europeos habían sufrido dolor moderado o severo que había durado al menos seis meses. Pero aunque eso sea la media, la realidad es que los resultados varían mucho entre países, entre el 12 y el 30%. Incluso dentro de los países existe una gran variación, como la que se observa entre el norte y el sur de Italia que varía hasta un 10%. Y os preguntaréis qué países son los extremos… pues el 30% de personas que dicen sufrir dolor el Noruega, y el de solo un 12% es España.

Analizando las características de la población que contestó a la encuesta, se ve que las mujeres sufrimos un poquito más, ya que el 56% de las personas con dolor eran mujeres (frente al 52% de la población general). Pero esto no es igual en todos los países, ya que por ejemplo en Irlanda y Países Bajos las mujeres eran el 60% y en España el 52%. Respecto a la edad, parece que los de 41 a 60 son los más sufridores. En España la media de edad es de 50,7 años.

Curiosamente, la duración del dolor crónico intenso también era sustancialmente diferente entre países. En España es de 9,1 años, solo superado por Finlandia con 9,6; mientras que en el extremo contrario tenemos a Irlanda con 4,9 años.

¿Qué nos duele?

En general, lo que más nos duele en Europa es la espalda, y más concretamente el típico lumbago. Eso sí, seguido muy de cerca por las rodillas y la cabeza. La causa más común es la artritis, cosa que no sorprende a nadie. Y una de las cosas más curiosas a destacar es la percepción del dolor y cuando pasa a ser intenso. Mientras que en Países Bajos solo el 18% de personas con dolor decían que era dolor intenso; en España la mitad de los que decían tener dolor lo tenían intenso. ¿Significa esto que percibimos el dolor como más intenso en España? No, porque de media tenemos la misma incidencia de dolor intenso que en el resto de Europa. La realidad es que quitamos importancia al dolor más leve, y solamente lo consideramos cuando ya es relativamente intenso.

Cuando algo nos duele nos dificulta diferentes actividades de la vida. Uno de los puntos críticos es el sueño, ya que la mitad de los europeos con dolor dice tener problemas para dormir. Si hablamos de impedimento total, un 32% no son capaces de trabajar fuera de casa. De media, perdieron 7,8 días de trabajo en los últimos seis meses por culpa del dolor. Por supuesto, volvemos a tener grandes diferencias entre países… Las personas con dolor en Finlandia pierden de media 19,8 días de trabajo (en seis meses), mientras que los franceses solo pierden 5. España se queda cerca de la media, con 8,4 días. Eso lleva a que en algunos países sea frecuente que existan cambios de trabajo (o al menos de responsabilidades en el puesto), como por ejemplo en Italia o Noruega, mientras que en España o Francia es menos frecuente.

Algo muy muy importante: España tiene la tasa de depresión más alta entre las personas con dolor crónico, llegando al 29%. En el extremo contrario tenemos a Dinamarca, con un 11%.

El tratamiento del dolor es (casi) un mito

En general vamos al médico cuando tenemos dolor, ya que el 69% de los europeos con dolor son tratados, pero no siempre (ni mucho menos) por un especialista. Los que más van a un especialista en dolor son los italianos (43%) y los que menos los noruegos (8%). En España estamos por encima de la media, con un 27%. Eso sí, lo de la escala del dolor es algo mayoritariamente desconocido para todos los países participantes, ya que solo en Finlandia se alcanza un 20% de personas clasificadas en dicha escala y el resto estamos por debajo.

Lo de los tratamientos es otro mundo. De media, el 69% de los europeos con dolor están siendo tratados. Pero la forma de tratarse puede ser… variada. En Finlandia, por ejemplo, hasta el 91% se tratan con «terapias que no implican medicamentos». En el extremo contrario tenemos a España, con el 56%. Por ejemplo, si hablamos de acupuntura, el 41% de los suecos con dolor crónico la han usado, mientras que en España solo el 6%. Nos gana Finlandia con un 5%. También es curiosa la diferencia en lo que podemos agrupar en «terapias físicas». Suecia vuelve a ganar, con un 55%, mientras que en Francia es solo un 2%. En este caso España se vuelve a quedar en un 6%, me pregunto si es el mismo 6%…

Imagen de un hombre llevándose la mano a la espalda
El dolor de espalda… uno de los peores

¿Qué medicamentos tomamos?


Por supuesto, cuando tomamos medicamentos también tenemos variación. Voy a dar solo los datos de España frente a la media europea y después destacar algún puntillo que me llama la atención especialmente. Si hablamos de AINEs (p. ej. ibuprofeno), en España los consumen el 49% frente al 44% de media. Opioides débiles (p. ej. codeína) el 13% frente al 23%. Paracetamol 8% frente a 18%. Inhibidores de COX-2 2% frente a 6%. Y Opioides fuertes 1% frente a 5%. ¿Algún otro dato llamativo? En Polonia, por ejemplo, el consumo de AINEs sube al 71%. En Reino Unido y Noruega, el de opioides débiles al 50%. Reino Unido también destaca en los opioides fuertes (12%) junto con Irlanda (13%). El consumo de paracetamol destaca en Noruega (45%) y el de inhibidores de COX-2 destaca especialmente en Israel (36%).

Pese a todo esto, el 40% de las personas con dolor no están satisfechas con el tratamiento que han recibido durante la duración del dolor. La mayoría de las personas con dolor no consideran que su dolor se trate de una forma adecuada (58% en España y 64% de media en Europa), y lo que más preocupa son los posibles efectos adversos, junto con la sensación de que el médico se centra en curar la enfermedad de fondo y no del dolor que va asociado. Hay que tener en cuenta que las enfermedades de fondo son bastante variadas y, aunque en general se piensa que el dolor crónico es causado principalmente por un cáncer, la realidad es que solo en el 1% de los casos tenía una relación con el cáncer.

¿Conclusiones?

Tomando todos los datos en conjunto, lo que deberíamos extraer es que personas de diferentes países tenemos diferentes percepciones del dolor y eso debe ser tenido en cuenta. Además, en la mayor parte de los casos el dolor está siendo tratado de forma incorrecta o insuficiente. Dado que en la mayor parte de casos ni siquiera se ha clasificado el dolor en la escala establecida y que en muchos casos no está siendo tratado por un especialista, es evidente que necesitamos mejorar nuestras unidades de dolor.

También es destacable la necesidad de tener en cuenta la salud mental en el tratamiento del dolor, ya que en muchos casos se está viendo afectada y es algo que rara vez se tiene en cuenta. Sin duda, desde el año en el que se hizo este estudio, las cosas han ido cambiando poco a poco, pero todavía nos queda mucho camino por recorrer. Aunque se ha actualizado parte del estudio posteriormente, no se ha vuelto a hacer con tanto nivel de detalle, por lo que quizá va tocando publicar otro artículo con los mismos datos y comparando si en 15 años la cosa ha mejorado.

Si queréis más datos, podéis encontrar el artículo completo aquí: Survey of chronic pain in Europe: Prevalence, impact on
daily life, and treatment

Si os ha parecido interesante, podéis invitarme a un café:

Nanobichitos y otras historias

Como último libro de este año os quiero compartir algo que en estos momentos es exclusivo de Audible. Sí, un audiolibro. Se trata de Virus, bacterias y otros nanobichitos. Se trata de un libro cortito, uno de esos con los que se puede dar una oportunidad al mundo del audiolibro si no lo habéis probado, y que además sacará más de una sonrisa.

A la mayor parte de mi público no le cuesta en absoluto leer libros de divulgación sobre microcosas, porque si fuese así probablemente no me leeríais a mi, pero más allá existe otro tipo de población. La población que cuando se enfrenta a un libro serio se desengancha en el primer minuto. Justamente ahí entra otro tipo de divulgación, aquella orientada a entretener, a hacerte reír, a narrarse con otro tono y hacer que pueda surgir el interés por otras historias.

Yo no es que sea sosa por naturaleza, pero tengo un humor peculiar. Es decir, mi galleguitud puede con todo y muchos no entienden mi retranca intrínseca. Pese a ello, me consta que muchos de mis oyentes consideran que mi forma de contar las cosas tiene ese toque que hace que todo parezca menos serio, con menos palabros raros, que hace que cualquiera pueda seguir escuchando. Desde mi perspectiva es simplemente mi naturalidad, mi manera de hablar de la biología con los humanos normales. Porque os juro que en otros contextos puedo ser muy técnica… sin embargo eso no pinta nada en mis podcasts. Por esa forma peculiar que tengo yo de narrar las cosas me he sentido muy unida a la forma de narrar Virus, bacterias y otros nanobichitos… porque aunque el autor no naciese en Galicia, se ve que ya ha pasado suficiente tiempo allí y algo se le habrá pegado.

Si consideráis remotamente entretenida mi forma de contar las cosas, aquí tenéis a un especialista. Junto a otros autores, ha conseguido un audiolibro que nos acerca al mundo de las microcosas de forma divertida. De forma que a vosotros os pueda hacer gracia y a otros atraerles lo suficiente. Y sí, ya sé que eso de que sea un audiolibro para algunos será un problema, pero dadle una oportunidad, que vale la pena.

Os dejo el enlace afiliado al audiolibro en Amazon. Yo ya os he dicho que lo he escuchado en Audible, y además aprovecho para recordaros que podéis probar Audible de forma gratuita, por lo que además no os costará nada darle una oportunidad al libro. Quizá durante estas navidades sea el momento perfecto.

Si quieres apoyarme sin más, pero ahora no quieres ponerte a leer, siempre puedes invitarme a un café, que a veces necesito ayuda para encontrar horas extra para leer!