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No asumimos que menos puede ser mejor

Se nos repite muchas veces eso de que es mejor tener menos cosas si tenemos lo que realmente nos hace falta, que tener menos nos hace más felices, que qué bonito es el minimalismo. En este blog yo misma he hablado muchas veces de las ventajas de ese minimalismo, pero cierto es que para llevarlo a cabo tengo que hacerlo de forma consciente, porque si me dejo llevar, siempre acabo con más.

Cuando nos dejamos llevar acabamos con más cosas, con más libros, con más comida, con más kilos, con más de lo que sea, porque algo en nuestra cabeza nos dice que añadir cosas es bueno, y quitarlas no es buena opción. Pero en cambio, conscientemente nos repetimos que menos es más.

No elegimos menos como mejor

Esto que puede parecer un rollo que me estoy inventando ahora, ha sido lo que han analizado unos investigadores en un artículo publicado en Nature que ha llamado mi atención. Pocas veces me centro en artículos más sociales porque se salen de mi campo, me cuesta mucho más entenderlos y no me atrevo a comentarlos, pero el simple título llamó demasiado mi atención: People systematically overlook subtractive changes

El planteamiento de sus experimentos era sencillo: en diferentes pruebas pretendían analizar si las personas elegían añadir elementos o eliminarlos para que algo mejorase. Y sus experimentos cubren un rango muy amplio, desde una igualdad de condiciones, hasta momentos en los que se aclara que eliminar es beneficioso. En los experimentos en igualdad de condiciones, más del 80% de las personas que participaban elegían opciones que implicaban un incremento, añadir factores, en lugar de una sustracción, eliminando. Bastante curioso.

Un menos y un más en una balanza
Qué difícil es decidir…

No minimizamos ni sabiendo que es mejor

El caso es que sabemos que se nos repite mucho eso de que menos es más, así que los investigadores probaron incluso experimentos en esa línea. Uno de los que describen que llama mi atención implica que añadir piezas supone un coste, y retirarlas es gratis. Se busca una mejora, y se pueden hacer los cambios que se quieran. Si solo se decía que añadirlas suponía un coste, la inmensa mayoría las añadía. Si se aclaraba que retirarlas era gratis, entonces muchos retiraban… ¡pero ni siquiera así eran la inmensa mayoría! Más de un 30% seguía añadiendo piezas, lo que a mi parecer indica que algo nos hace pensar que es «mejor».

Obviamente analizando los experimentos, ahora mi cabeza me dice que es evidente que eliminar es mejor, o incluso que añadir factores o eliminarlos va a producir un resultado similar, pero yo sé cual es el objetivo del estudio, y por lo tanto mi pensamiento está sesgado. Pero sí puedo pensar en todas las decisiones que tomo y en como muchas veces, en lugar de valorar eliminar, solo tengo en cuenta qué puedo añadir.

Un interesante punto de partida

Dado que somos conscientes de que en muchas situaciones eliminar factores es mejor, quizá nos lo tenemos que repetir tanto por algo. ¿Por qué cuando nos dejamos llevar elegimos añadir y no eliminar? Este estudio es un punto de partida, enseñando que realmente hacemos eso, queramos o no. O al menos, que los estadounidenses lo hacen, que habrá que extender decentemente el estudio a otros países.

Teniendo en cuenta estos factores, el siguiente paso será analizar por qué tomamos las decisiones de esa forma, buscar factores que nos hagan decidir así y tenerlos en cuenta para cambiarlos, ya que al fin y al cabo, sabemos que menos no es más necesariamente, pero desde luego muchas veces menos es mejor.

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De las ranas a los palitos: 60 años de historia de tests rápidos

Ahora parece que todo se soluciona comprando un test rápido en una farmacia. En las últimas semanas nos estamos volviendo locos con el tema por los de los tests rápidos de antígenos. Y es que en otros países se están empezando a vender en las farmacias tests nasales y nosotros también queremos. Pero… ¿cómo hemos llegado a normalizar los tests rápidos? Aunque hay otras muchas pruebas rápidas para mil cosas en el mercado, todos hemos hecho la misma comparación, porque los tests rápidos de Covid son… como los tests de embarazo. Por eso la historia de hoy la vamos a empezar en los años 60 hablando de ranas.

El origen de los tests rápidos

Efectivamente los tests de antígenos son «como los tests de embarazo», pero por suerte son como los tests de embarazo del siglo XXI. O mejor dicho de finales del siglo XX, pero seguro que pronto avanzaremos a una versión más digital. Pero a mediados del siglo XX la cosa era diferente. En lugar de esos tests que venden ahora que te enseñan en una pantalla hasta las semanas de embarazo que llevas, hace 60 años el test era una rana. Lo bueno del test es que era reutilizable, que en aquella época no tirábamos tantas cosas.

La prueba de la rana tuvo su momento de esplendor justamente a mediados del siglo XX, ya que se inventó en los años 30 y empezó a desaparecer con los primeros tests «modernos» en los 70. Eso sí, hasta los 90 lo del test era algo que se hacían muy pocas mujeres. Y desde luego no se anunciaban en la tele como se hace ahora.

La prueba de la rana

La prueba de la rana consistía en inyectar orina de la mujer bajo la piel de la rana hembra (Xenopus laevis concretamente) y esperar a ver qué pasaba. Si no pasaba nada, pues era negativo. Si al día siguiente la rana había ovulado y estaban todos los huevos en el agua, entonces era positivo. Pasados unos 40 días se podía reutilizar la rana, una vez devuelto todo a sus niveles normales.

Unos años después se intentó agilizar el proceso, porque somos muy de prisas y de tener los resultados rápido, y se empezó a utilizar otra especie y a inyectar a los machos y ver si pasadas unas horas eyaculaban. Aunque claro, eso ya no es tan visible y había que buscar con el microscopio.

En cualquiera de los dos casos se necesitaba que el embarazo estuviese un poco más avanzado y que ya hubiese un retraso razonable para inducir tal sospecha. Por extraño que nos pueda parecer en algunos países, hay muchos lugares del mundo en los que se siguen utilizando estas pruebas por su bajo coste.

La inmunocromatografía

En los 70 llegaron los tests de tiras reactivas, esos que conocemos ahora. Los de las rayitas vaya. Que realmente son una inmunocromatografía. Generalizando mucho, porque hay mil tipos, podemos decir que hay un anticuerpo fijado en cada «raya» y que además hay una molécula que va a generar color solo si ese anticuerpo se une a algo. Además, en donde se pone la muestra hay otro anticuerpo unido a lo que hace que se cambie de color. Este anticuerpo será el que se una a la molécula que se quiere detectar y, si está presente, ambos quedarán retenidos en la primera banda. Esto ocurre porque la primera banda detecta la molécula diana. Si es negativo, para comprobar que todo ha funcionado, se retiene en la segunda banda, que detecta el anticuerpo.

El movimiento de la muestra ocurre sobre una membrana de nitrocelulosa por capilaridad. Aunque ahora nos hemos acostumbrado a verlos dentro de su cajita de plástico con marcas para la interpretación, realmente no son más que una tira de papel, y el plástico puro adorno. Y a veces la banda del control va antes, o no es color, o muchos cambios más, pero la idea general es la misma. Como ejemplo aquí tenéis cómo funciona uno de los test para detectar anticuerpos contra el SARS-CoV-2 más utilizados:

¿Pero cuál es la molécula?

En las pruebas de embarazo, desde la rana a las más actuales, lo que se detecta es la GCH. Gonadotropina Coriónica Humana. Se trata de una hormona presente tanto en hombres como en mujeres, pero en cantidades extremadamente bajas. Su función es el mantenimiento del cuerpo lúteo que aparece al final de la ovulación y se ocupa de secretar progesterona. La presencia de la GCH (o hCG en inglés) es fundamental para que el cuerpo lúteo no desaparezca y vaya adelante el embarazo. Pero las fases del embarazo ya las dejamos para otro día.

Por otra parte, esta gonadotropina se parece mucho a la hormona luteinizante (LH), que es fundamental para la ovulación. Por ejemplo, se parece tanto que se utiliza en tratamientos de fertilidad. ¿Y sabéis de dónde se obtiene tanta GCH como para usarla en tratamientos? Exacto, de la orina de mujeres embarazadas.

Los tests de embarazo del siglo XXI

Los niveles de gonadotropina coriónica en orina de mujeres no embarazadas son de menos de 5 mIU/ml (IU son Unidades Internacionales). A las tres semanas de la última regla puede llegar a 50, a 500 en cuatro semanas y a 5000 en cinco. Y así crece exponencialmente durante las primeras diez semanas, aproximadamente. Pasadas diez semanas ya no necesitas un test de embarazo a no ser que estés muy en fase de negación, porque tienes que haberlo detectado antes.

Aunque los tests tradicionales detectan solo presencia o ausencia, ahora varias marcas ofrecen tests que permiten detectar cantidades más bajas y cuantificar. Algunos prometen detectar el embarazo incluso unos días antes de esa regla desaparecida. Otros además de eso te dicen en su pantalla de cuantas semanas estás, centrándose en el rango hasta 3 semanas. Recordemos que la mayor parte de mujeres se hacen la prueba en el primer mes del embarazo, porque como muy tarde la hacen unos días tras la falta de su menstruación (o deberían).

Y por supuesto, aunque eso se puede todo meter en la cajita esa de plástico que te venden en las farmacias, si se quiere un valor exacto de verdad, lo adecuado es recurrir a un test sanguíneo, que es lo que te van a hacer en cuanto llegues diciendo que un test rápido de farmacia dice que estás embarazada. Así harán un cálculo más exacto, que posteriormente confirmarán con lo que vean en las ecografías.

Y esto… ¿aplica al Covid?

El funcionamiento de los tests rápidos de antígenos para SARS-CoV-2 es similar. Los que hacen en los centros de salud utilizan una muestra nasofaríngea, que yo personalmente no me tomaría a mi misma. En otros países se están popularizando los nasales, que son lo mismo pero que se han probado con una muestra tomada de dentro de la nariz «sin ir tan adentro». Su precio ronda los 5-10 euros. Y antes o después los tendremos a nuestra disposición.

En un mundo ideal, como yo he escrito aquí muchas veces, esos tests llevarían el chip que en lugar de enseñar el resultado en una pantalla requeriría que introdujeses tus datos en una web, de forma que el resultado se comunicase de forma automática a tu médico. Pero aunque eso se puede hacer, quizá es pedir peras al olmo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los tests rápidos fallan, así que yo sigo pensando que deben ir siempre asociados de alguna forma a que tu médico sepa que te lo has hecho.

¿Dejarías que tu embarazo avanzase solo con el resultado de un test? No, siempre se confirma. Pues con esto más o menos igual. Aunque en algunos casos no sería necesario confirmar (si no altera tu vida quedarte en casa), para darte una baja o aislar a otras personas se requiere confirmación. Y si sale negativo, pero tienes síntomas más que evidentes, quizá también hay que repetirlo. Pero eso no quiere decir que no tengan utilidad, porque creo que se harían muchos más si pudiésemos tener uno preparado en casa. Y se vivirían muchas menos situaciones de riesgo, aunque ya sabemos que no te puedes fiar del resultado durante demasiado rato. Al igual que la GCH aumenta sus niveles exponencialmente durante el embarazo, lo mismo pasa con los virus. Un test negativo ahora puede ser positivo dentro de unas horas o mañana.

Probablemente cuando se empezaron a vender los test de embarazo también se dudaba sobre su uso. No puedo opinar sobre ello, porque mi memoria me recuerda que a lo largo de mi vida siempre han sido algo normal, aunque sí es cierto que antes mucho menos accesibles que ahora. Yo quiero que con el de Covid nos saltemos pasos y esté directamente en farmacias, supermercados, máquinas expendedoras y cualquier sitio en el que alguien pueda comprarlo si surge un síntoma o se van a correr demasiados riesgos. Y ya de paso, no estaría de más ir avanzando para poder ofrecer un test multivirus, y que te diga si tienes Covid, gripe, adenovirus o rinovirus. Por pedir que no sea.

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¿Y si hacemos tests a todo el mundo? El caso de Eslovaquia

Coincidiendo con el fin de semana de Difuntos de 2020, en Eslovaquia tenían un plan. Llevaban varias semanas incrementando el número de casos de SARS-CoV-2 y la Covid-19 se empezaba a cebar en su población, que empezaba a contar fallecidos. Tengamos en cuenta que Eslovaquia había conseguido llegar al otoño con menos de 50 muertos con Covid-19 (al menos contados oficialmente) y para ellos esto de la pandemia era algo que afectaba a otros países. Y decidieron hacer tests de antígenos a (casi) toda la población de Eslovaquia.

Eslovaquia era un buen país para hacer el experimento, valía la pena. Con una población de unos 5,5 millones de habitantes se antojaba posible hacerle test de antígenos a todos, aislar a los positivos y acabar con el virus. Después simplemente habría que controlar las fronteras. La verdad es que no consiguieron hacer test a toda la población, pero sí a gran parte, y hace un par de semanas publicaron los espectaculares resultados de su estudio en un artículo en Science.

El planteamiento del experimento

A mediados de octubre, según se planteaba el plan, los tests de antígenos se iban abriendo camino. Ya sabíamos que la sensibilidad es más baja, pero calculaban que al menos detectarían el 70% de los casos. Por supuesto una PCR detectaría más, pero la PCR tarda en dar un resultado. Según los autores del trabajo, la PCR también tiene el problema del coste, pero considero que podrían haber optado por un pooling, lo que reduciría mucho el coste. Por otra parte, aunque la PCR tarde varias horas en dar un resultado, en este caso no debería ser tan trascendental si se pide una reducción al mínimo de los contactos en las 24 horas posteriores a la toma de la muestra.

En total el número de tests realizados en Eslovaquia fue de casi uno por habitante, pero no por habérselo hecho a todos. Se hicieron tres rondas: una primera piloto en las zonas con más incidencia, una segunda que fue la primera masiva, y una tercera centrada en las zonas con mayor incidencia. En cada ronda participó aproximadamente un 85% de la población diana.

test rápido de Covid-19
Test de Covid-19 (Imagen de Marco Verch)

Los asombrosos resultados

En total encontraron unos 50.000 positivos. Eso son muchísimos casos. Pero si lo separamos por rondas, en la piloto la positividad fue de un 3.91%, algo razonable. Pero en la primera general un 1.01% y en la última un 0.62%. Curiosamente, en las grandes ciudades tenían menos casos positivos, y los encontraron principalmente en zonas con menor densidad y una edad media menor.

Dadas las diferencias entre rondas y teniendo en cuenta la población analizada, los datos indican que la reducción fue de un 56% entre rondas. El tiempo entre ellas fue de una semana. Desde luego, una gran reducción.

Por supuesto esto no implica que se deba solo a los tests, porque aunque aquellos positivos se cuarentenaban (y también su unidad familiar), eso no era todo. En el momento en el que se hicieron estas pruebas, la población eslovaca estaba en una situación de semi-confinamiento, y sobre todo de miedo. Esto del miedo lo añado yo, porque en esos momentos yo trabajaba con un eslovaco y me contaba lo que le decía su familia, y os aseguro que mucho por ahí no iban, incluso aunque lo tuviesen permitido.

¿Bajaron tanto?

En el artículo los autores destacan que la reducción es impresionante comparada con la de otros países. Recordemos que hablamos de un 56% en una semana. Ellos lo comparan con un 30% logrado durante un mes en el Reino Unido con un confinamiento. Pero por ejemplo en España el 11 de febrero de 2021 se añadieron unos 17.000 casos y el 14 unos 8000. Y tampoco cerramos escuelas.

Por supuesto, la bajada de casos se traduce en una bajada en la ocupación en los hospitales pasadas un par de semanas. Esto es algo que ya sabemos muy bien cómo funciona, ya que en un año hemos establecido bien los tiempos entre caso-hospitalización-UCI-defunción.

Gráfica de casos diarios en España
Casos en España durante el último año

¿Deberíamos hacer lo mismo que Eslovaquia?

Los propios autores destacan en el artículo la gran movilización de recursos necesarios para hacer tests de antígenos a (casi) toda la población de Eslovaquia. Es cierto que si los cambiamos por tests nasales que se puedan hacer en casa la situación mejora. Pero entonces dependeremos de que cada ciudadano comunique su resultado (cosa que no siempre ocurriría).

En España podemos ver cómo algunas comunidades han utilizado cribados masivos de forma puntual obteniendo resultados similares, sin necesidad de ser tan masivos. Si tenemos en cuenta las incidencias estimadas y la positividad en cada momento, se pueden realizar cribados masivos orientados a poblaciones en las que se espere encontrar bastantes casos. Eso permitirá un buen balance de coste-beneficio. Tengamos en cuenta que mientras se hace un cribado masivo se expone a gente sana a personas que pueden ser portadores y se utilizan un montón de recursos económicos y personales para realizar esos tests. Tiene que compensar. Si la incidencia es muy baja y se esperan encontrar muy pocos casos, entonces será mejor centrarse en el rastreo de contactos de los casos ya conocidos.

¿Qué pasó después?

Sería muy bonito poder decir que Eslovaquia acabó con todos los casos de Covid-19 tras haber hecho tests a toda la población. En sí, recuerdo que en aquel momento algunos medios de comunicación esperaban que eso ocurriese. Pero Eslovaquia no es una isla, y aunque eso podría funcionar en otros contextos, allí no funcionó.

Aunque redujeron sus casos con ese gran cribado con tests de antígenos, no consiguieron mantener el número de casos bajo de forma eficaz ni rastrear todos los casos que tenían. Justo tras acabar su experimento volvieron a subir, llegando a un pico a 31 de diciembre. Tras esa ola volvieron a controlar la situación un poco, pero antes de que enero acabase ya estaban subiendo otra vez. A mediados de marzo volvieron a retomar la curva de bajada, hasta hoy. En realidad, si normalizamos un poco su curva, han mantenido un número de casos bastante similar desde que empezaron a subir en octubre. Y como era esperable, tras la subida de defunciones hacia principios de diciembre (la correspondiente a los casos de finales de octubre). Esa curva también se mantiene constante hasta hoy.

Gráfica de casos diarios en Eslovaquia
Casos en Eslovaquia durante el último año

Quizá Eslovaquia nos ha enseñado que los tests masivos pueden ayudar a reducir casos, pero también nos ha enseñado que con hacer tests no llega, y que hacen falta otras medidas de contención del virus. Qué medidas son las adecuadas es algo que todavía no tenemos claro, pero poco a poco podemos determinar qué cosas tienen más efecto. Quizá todavía necesitemos el set de medidas perfectas para controlar este coronavirus en el futuro, o quizá sea para la próxima pandemia, pero no estaría mal saber qué vale más la pena hacer.

Fuente de datos en diferentes fechas: Wordometer

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Transgénicos, ¿buenos o malos? De las vacunas al maíz

Con el auge de los diferentes tipos de vacunas contra el coronavirus, el tema de los transgénicos vuelve a la boca de muchos. Aprovechando que las vacunas son transgénicas, algo que explicaré más adelante, ambos bandos las intentan utilizar como argumento para defender su posición. Por un lado los transgénicos son buenos porque tenemos las vacunas transgénicas que son buenas. Y en el bando contrario, las vacunas son malas porque son transgénicas y lo transgénico es malo. Pero dicho debate, como es habitual, no tiene una respuesta tan rotunda como un sí o un no, y hay toda una escala de grises a tener en cuenta.

Algunas vacunas son transgénicas

Si definimos transgénico como aquel organismo al que se le introducen genes (o al menos secuencias) de otro organismo, entonces las vacunas quizá se puedan considerar, en algunos casos, transgénicas. Para ello tendríamos que centrarnos en las vacunas de AstraZeneca, de Janssen, o de Gamaleya. En los tres casos se han utilizado adenovirus que se han modificado genéticamente para incluir el gen de la proteína S del coronavirus. No podemos llamarlas organismos porque los virus no son estrictamente organismos, pero desde luego podemos decir que son virus transgénicos.

En el caso de otras vacunas, la estrategia es diferente. Moderna, Pfizer y Curevac utilizan ARN mensajero, que ha sido sintetizado artificialmente. Aunque sin duda, en las fases pre-clínicas de sus estudios, es altamente probable que se hayan utilizado organismos genéticamente modificados. En sí, estoy segura de que en el desarrollo de casi cualquier vacuna o medicamento (para COVID o no) se han utilizado organismos modificados.

Además de estos dos grandes grupos, tenemos otras vacunas diferentes. Novavax utiliza subunidades, pero esas subunidades se han tenido que obtener previamente en el laboratorio y para eso se han utilizado organismos modificados. El simple hecho de introducir el gen de la proteína S para que se exprese es modificarlo, al fin y al cabo. Y por último tenemos las vacunas con virus atenuados, como la de Sinopharm. Esos virus atenuados se han multiplicado previamente en células, y se han inactivas químicamente.

Por lo tanto, aunque solo una parte de las vacunas son transgénicas, los organismos transgénicos están presentes en el proceso de desarrollo y pruebas preliminares de las vacunas. Esto es así para las vacunas contra el coronavirus, pero ha sido así desde el momento en el que descubrimos cómo introducir un gen en un organismo para poder expresarlo, empezando con las bacterias.

De la insulina a los cerdos fosforitos…

Parte del problema detrás de los transgénicos está en el propio concepto. Cuando un diabético se inyecta insulina, está inyectándose el producto de un organismo transgénico. Y menos mal, porque si dependiésemos de la insulina porcina, tendríamos un problema. Pero muy pocos consideran que exista un problema en la obtención de medicamentos de organismos transgénicos, porque eso es algo que hace falta y se hace por el bien de la sociedad.

Cuando el organismo transgénico que obtenemos es un cerdo fosforito, la cosa se empieza a complicar. Utilizo este ejemplo como cualquier otro, podría estar hablando de peces, de ratones como los que aparecen en Biohackers, o de cualquier otro animal. Sí, los científicos hemos hecho casi cualquier tipo de bicho brillar en la oscuridad. Esto se consigue introduciendo genes que se corresponden a proteínas con tal propiedad. Hay muchas formas de conseguir este tipo de resultado. Por una parte tenemos la luciferasa-luciferina, que está presente de forma natural en luciérnagas (aunque hay más organismos menos conocidos que tienen luciferasas). Otra opción, y de las más extendidas, es el uso de GFP, la proteína verde fluorescente, que brilla en presencia de luz ultravioleta. Y no, no se usan por capricho.

En un laboratorio este tipo de proteínas permiten marcar otras proteínas para saber dónde se localizan. Permiten hacer un seguimiento del desarrollo. Permiten que estudiemos cómo son muchos organismos por dentro y nos han permitido optimizar un montón de tratamientos, tras analizar la distribución de los receptores en las células de diferentes tejidos. Por lo tanto, podríamos decir que esos cerdos fosforitos, aunque puedan parecer un hito inútil en la ciencia, no estás ayudando a conocer qué ocurre en su interior. Una vez más, se obtienen por el bien de la sociedad.

… al maíz con semillas carísimas

La mayor parte de las dudas sobre los transgénicos no se orientan a los animales, se centran en los vegetales. Las críticas se centran en el uso extensivo que impide que se crezcan otras plantas, o en el hecho de que las semillas transgénicas sean muy caras y no produzcan una descendencia fértil, por lo que uno no puede guardar sus semillas para la siguiente siembra. Cierto, aunque no siempre.

mazorcas de maíz
Maíz que podría, o no, ser transgénico

Es cierto que varias empresas venden semillas transgénicas de plantas que crecen mejor y que comerán terreno a otras especies. También es cierto que hay empresas que venden semillas de plantas que hacen exactamente lo mismo y que no son transgénicas. Muchos de los cultivos extensivos que nos rodean no tienen semillas transgénicas, pero el agricultor tendrá que comprar semillas nuevas cada año si quiere asegurar la producción de esa variedad, porque para tener una planta estéril, no hace falta que sea transgénica. Esa crítica se orienta a un modelo de negocio, no a que sean transgénicas.

Pero el uso de los transgénicos puede hacerlos malos

Aunque es cierto que las críticas en los cultivos se suelen centrar en aspectos que poco tienen que ver con que tengan secuencias que provienen de otros organismos, eso no quiere decir que no haya aspectos negativos. Si una planta que ha sido seleccionada (artificialmente, transgénica o no) puede extenderse en exceso, si puede acabar con la biodiversidad en un entorno concreto, puede suponer un problema. La forma en la que se utilizan estos organismos sí puede suponer un problema para el medio ambiente, y también para la economía de muchas familias que viven de la agricultura y de la ganadería directa o indirectamente.

Es nuestra responsabilidad utilizar un organismo modificado o seleccionado de forma correcta, pero si el uso es incorrecto la culpa no es del organismo, la culpa es nuestra. Si no somos capaces de aprovechar las ventajas de un organismo resistente a un insecticida, es culpa nuestra. Porque un organismo modificado o seleccionado va a tener siempre una serie de ventajas, y también tendrá una serie de inconvenientes. Esto ha sido así desde que en el Neolítico se empezaron a cuidar más las plantas que daban mejores frutos, porque la selección artificial empezó el primer día que alguien decidió cultivar una planta o cuidar a un animal.

Argumentemos sin el «y tú más»

Muchas de las conversaciones sobre «las vacunas son transgénicas» han acabado en un «y tú más». Es decir, no se ha explicado en ningún momento qué ventaja o qué inconvenientes puede tener una modificación. Se ha dicho que «si las vacunas son malas porque son transgénicos no te pinches insulina que también lo es». Eso para mi es un «y tú más». Así no se va a convencer a nadie de que los transgénicos son (o pueden ser) buenos, al contrario, se va a reafirmar que son peligrosos (en su cabeza) y por extensión deberán tener más cuidado con las vacunas.

Quizá después de tantos años desde el primer transgénico va siendo hora de que la población general conozca en detalle qué cosas de uso cotidiano se obtienen de organismos modificados genéticamente. Y también es bueno que se hable abiertamente de los peligros que puede suponer el monopolio de algunas empresas. O el uso descontrolado de organismos seleccionados. O, ya que estamos, el uso descontrolado de organismos, porque muchas de las pifias que cometemos ni tan siquiera tienen que ver con el tipo de organismo.

Nos podemos cargar el planeta sin transgénicos. Nos sobran formas. Aquellos que consideran que las vacunas inactivadas son mejores «porque no son transgénicas» quizá no hayan recapacitado que se han inactivado químicamente. Si alguien que tiene esa idea ha llegado hasta aquí, me gustaría debatir los pros y contras del uso de compuestos que inactivan virus en una vacuna frente al uso de virus modificados. Porque hay pros y contras. Porque nada es sin más blanco o negro. Dicho eso, en estos momentos la mejor vacuna es la que te puedan poner, porque cualquiera de las aprobadas es mejor que nada.

Y hasta aquí la reflexión sobre transgénicos de hoy, sin censura y sin que nadie me diga qué debo decir. No tengo conflicto de intereses porque no me paga ninguna empresa. Para que pueda seguir así, necesito la ayuda de mis lectores. Podéis ayudar compartiendo mi trabajo, de alguna de las formas descritas aquí, o simplemente invitándome a un café:

Las bacterias en los tumores: melanomas y HLA

El tema de hoy se aleja un poco de los temas habituales. Vale que es cierto que hablamos de bacterias, pero fuera del contexto en el que yo me siento cómoda. Porque a mi habladme de bacterias haciendo cosas de bacterias, pero ya cuando hablamos de lo que hace nuestro cuerpo con las bacterias… ahí para mi empieza otro mundo. Hoy voy a comentar un tema de un artículo que se acaba de publicar en Nature, que habla de las bacterias presentes en los tumores. Concretamente, en los melanomas. Lo que venimos llamando cuando generalizamos mucho cáncer de piel. Que no es así, pero de eso ya hablaremos otro día. 

Como el artículo no tiene nada que ver con el coronavirus ni con un tema muy hot, las cosas han seguido sus tiempos habituales y no esos a los que nos estamos acostumbrando recientemente. El artículo se publicó en la web de Nature el 17 de Marzo de 2021, pero llevaba desde noviembre de 2019 en revisión. A Shelly y Adi, que comparten el primer puesto en la autoría, les ha dado tiempo a mil cosas en medio. Quizá hasta a irse a otros laboratorios… a saber. El artículo lo podéis encontrar aquí: Identification of bacteria-derived HLA-bound peptides in melanoma

Bacterias en el lugar más inesperado

Antes de explicar los resultados del artículo en cuestión, tenemos que recordar que tenemos bacterias hasta en los lugares en los que no esperaríamos encontrarlas. Aunque a estas alturas de la historia todo el mundo tiene más o menos claro que en el intestino hay muchas bacterias, a veces no queda del todo claro su papel en el resto. Tenemos bacterias en la boca. ¡Muchas! Y también tenemos muchas bacterias en la piel. Esas bacterias forman parte de nuestra microbiota normal. Aunque en ocasiones se nos pueden revelar, las necesitamos. 

Además de los sitios esos en los que nos suele constar, podemos encontrar bacterias en otras partes del cuerpo en las que no siempre entendemos su función. Y para rizar el rizo un poco más, a veces tenemos bacterias en un sitio pero están afectando a otro. Por ejemplo, nos consta que algunas bacterias en nuestro intestino afectan en nuestro cerebro. Sí, siempre podrás decir que no es culpa tuya, que eres así por culpa de tus bacterias, lo cual es más o menos cierto. 

Hoy vamos a ver qué pasa con las bacterias que se encuentran en los melanomas, porque desde hace ya un tiempo sabemos que uno de los sitios en los que se encuentran bacterias es en los tumores… y algo harán.

Dibujo de una bacteria
¿Buena o mala? A saber…

Tipos de bacterias en los melanomas

No vale con decir “tenemos bacterias” y ya está, obviamente. Por eso el primer paso para estudiar qué es lo que está pasando es identificar qué bacterias están presentes. Los investigadores encontraron bacterias de varias especies, pero digamos que más o menos dentro de lo esperable. Los géneros destacados son AcinetobacterActinomycesCorynebacteriumEnterobacter y Streptococcus. Si me escucháis en Bacteriófagos, muchas serán viejas conocidas.

Dados los conocimientos previos, por otras publicaciones, lo que interesaba a los autores del trabajo era estudiar el papel de estas bacterias junto al sistema HLA. En un momento explico lo del HLA, pero primero vamos a decir que sí, que la interacción existe. Analizando en detalle los péptidos presentes (fragmentos de proteínas), encontraron que hay algunos que están presentes en varios tumores en la misma persona, o en el mismo tipo de tumor en personas diferentes, y que se unen a esto del HLA. Y eso es importante, aunque todavía no sabemos cómo.

El HLA, de tumores a transplantes

Cuando estudiaba me decían que el HLA era el complejo mayor de histocompatibilidad que tenemos nosotros. Eso me dejaba igual de perdida que antes. Ahora entiendo a que se debe, y esto de la histocompatibilidad quizá os haga ver por dónde va el título de la sección.

HLA quiere decir “antígeno leucocitario humano”, y son una serie de proteínas que permiten que nuestro cuerpo sepa qué es nuestro y qué es de fuera. Es ese código de barras que hay que comprobar para no rechazar algo que pueda parecer que viene de fuera. Sabemos de su existencia desde hace unos sesenta años, y ha cambiado radicalmente nuestras vidas. Porque antes no sabíamos qué era exactamente lo que provocaba rechazos en los transplantes, aunque sabíamos que ocurrían y se suponía que por ahí iban los tiros. Que ahí ya entendíamos por qué en las transfusiones hacía falta sangre del mismo tipo, así que era evidente que algo parecido pasaba con los órganos. Ahora conocemos en detalle estas proteínas y sabemos que hay muchos tipos, algunos de los cuales son más relevantes para asegurar un transplante exitoso. 

Pero las proteínas HLA no sólo están en las células que tienen un papel relevante en nuestro sistema inmunitario. Porque podríamos tener los péptidos de las bacterias unidos al HLA pero que vengan de una célula presentadora de antígenos… o no. Y efectivamente, en este caso, los investigadores vieron que venían de las células del melanoma.

¿Esto nos afecta?

Teniendo en cuenta la relevancia de los antígenos HLA en la compatibilidad para un transplante, algo nos debería ya indicar que si están ahí con péptidos bacterianos en un tumor, eso puede ser importante.

En estos momentos sabemos que es importante, pero no tenemos muy claro cómo. Lo que sí nos dejan claro estos estudios es que es algo que tenemos que tener en cuenta a la hora de diseñar un tratamiento, porque la presencia de esas bacterias puede estar modulando el comportamiento de nuestro sistema inmunitario y por extensión va a afectar a cualquier terapia que utilicemos. 

Si no conocemos en detalle lo que ocurre en un melanoma, uno de los tumores más frecuentes y fáciles de analizar, imaginad lo que nos estaremos perdiendo de otros. Desde luego, cada día estoy más convencida de que sólo conocemos la punte del iceberg en lo que a nuestro cuerpo se refiere.

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