La comida que pica en la nariz

Hoy vengo a resolver una curiosidad que se nos planteó hace unos días cenando. ¿Por qué pica la nariz con algunos alimentos? Si sois esa clase de personas a las que le gusta salirse de los platos locales y probar platos de diferentes partes del mundo, antes o después os habréis encontrado con esta situación.

Sí, por una parte, tenemos a esas personas que no dejan de tocarse la nariz, cierto. Obviamente, si te llevas las manos con pimienta a la nariz, es altamente probable que te pique. Pero quizá os hayáis dado cuenta de que un plato mexicano pica en la lengua y uno que dice tener wasabi pica en la lengua, en la nariz, y donde se tercie.

Cuando pica en la lengua

La culpa de estas diferencias la tienen los compuestos que le dan ese sabor picante. Por una parte, en el chile lo que nos pica es fundamentalmente la capsaicina. Se encuentra en los pimientos y, por lo tanto, es la culpable de que algunos pimientos de Padrón piquen. Ya otro día os explicaré qué hace que unos pimientos piquen y otros no… o mejor me lo guardo y seguís jugando a la ruleta rusa.

En el caso de la capsaicina hablamos de una molécula que se disuelve en grasas. Por lo tanto, cuando se libera en la boca se queda en la boca, y hace que nos pique la lengua (y la garganta, y lo que cuadre). Lo mejor en este caso es arrastrar, como sea, el picante al estómago (y con suerte se diluye).

Cuando pica en la nariz

Por otra parte, cuando comemos comida japonesa acompañada de wasabi, lo del picante es culpa del isotiocianato de alilo. En ese caso hablamos de un compuesto hidrosoluble y que además es muy volátil. Eso hace que pueda pasar rápidamente de nuestra boca a nuestra nariz (si son cantidades pequeñas) o que incluso pueda llegar a nuestros ojos (si se nos ha ido un poco la mano).

Fotografía de un plato de sushi acompañado de wasabi
Si no lloras, es que no pica de verdad

Estas moléculas tienen receptores distintos, y nuestra nariz tiene unos cuantos, igual que nuestra lengua. En este caso la solución si se nos ha ido la mano es no beber agua bajo ningún concepto, o lo empeoraremos. Si os gusta la comida india seguro que conocéis las mejores opciones, pues en un restaurante indio rápidamente te ofrecerán leche o yogur para calmar el picor. Efectivamente, en este caso si bebemos agua lo único que haremos será ayudar a que las moléculas de isotiocianato de alilo ocupen una superficie mayor y, por lo tanto, pique más.

Otros usos

Si os digo que lo que hace que el wasabi pique es volátil y que el agua solo lo empeora… ¿Se os ocurren otros usos? Como probablemente ya habréis supuesto, el picor de ese wasabi comparte muchas características con la pimienta, aunque su picor proviene de una molécula distinta. Comparte todavía más con la mostaza, porque en ese caso sí hablamos del mismo principio. ¿Para qué se puede usar la mostaza además de para comerla? Exacto, como gas lacrimógeno (seguro que era lo que pensabais). Efectivamente, el wasabi podría utilizarse para hacer gas lacrimógeno… si no fuese porque ni siquiera lo que nos suelen vender como wasabi es wasabi. Normalmente, ya nos están dando gato por liebre (teñido de verde), y hay otras opciones mucho más económicas. Pero si lloráis la próxima vez que estéis comiendo sushi, recordad que tenéis un arma biológica en vuestros palillos.

Si os parece curioso, podéis dejarme una ayudita en forma de café para que me ayude a digerir el picante que tanto me gusta:

¿Quita la hipnosis el dolor?

Hay veces que se publican artículos que de entrada te suenan tan raros que te planteas que van a ser todo pseudociencia. Pero como aquí no estamos para prejuzgar sin ver los datos, pues hay que leer a ver qué es lo que hay detrás, para ver si es algo serio o no. Y hoy vamos a hablar de hipnosis y dolor.

Para partir de algún lado, hoy voy a partir de una revisión que se publicó hace unos años sobre la hipnosis en cirugías, que se centra en diferentes estudios que se han hecho para ver cual es el defecto de la hipnosis.

La hipnosis es real

En contra de lo que muchos puedan pensar, la hipnosis es algo que «funciona». Eso sí, la forma de funcionar es ligeramente diferente a la que algunos venden. La hipnosis es un estado de sugestión, y si se consigue alcanzar ese estado, se puede alterar la percepción y la memoria de la persona que está hipnotizada. Dado que el dolor depende de nuestra percepción, la hipnosis podría ser una alternativa para alterar esa percepción.

El problema fundamental, un pequeño problema, es que no todos los humanos somos igual de sugestionables. A algunos se los hipnotiza con facilidad, mientras que a otros es prácticamente imposible. Además, el propio proceso dificulta muchísimo hacer ensayos clínicos, ya que para empezar es imposible hacerlo con doble ciego, puesto que al menos el hipnotizador sabrá que se está hipnotizando al paciente.

Un poco de historia

La hipnosis aparece en el siglo XVIII como una especie de sueño en el que se altera la percepción y la memoria, pero ya en sus primeros años se dan cuenta de que esto depende mucho de la persona. La verdad es que la idea de las manos mágicas (magnéticas, realmente) del hipnotizador duró más bien poco, y aunque se siga vendiendo así en algunos círculos, ya en aquellos tiempos se sabía que esto dependía de la cabeza de cada uno y no del magnetismo del que lo ejercía.

Entre 1830 y 1850 (más o menos) la hipnosis se utilizó como anestesia. Es cierto que duraba lo que durase y que además no iba a funcionar con todos los pacientes… pero era de lo mejor que había. Aunque ya se conocían remedios anestésicos, todavía no se usaban de forma rutinaria para las cirugías. Con el auge de la anestesia «química», la idea de la hipnosis se olvidó, pero hace ya unos cuantos años que se valora para poder mitigar el dolor sin los efectos secundarios asociados. Por ejemplo, se valora su uso como alternativa a la epidural para no alterar el avance del parto.

Reloj moviéndose de forma pendular para hipnotizar
Nunca me han intentado hipnotizar, pero me genera mareos verlo

Hipnosis vs. acupuntura

Aunque en la revisión que os traigo hoy se comentan otros aspectos de los intentos que se han hecho de ensayos clínicos, yo quería centrarme en una parte observacional. Hay una serie de experimentos descritos que han llamado especialmente mi atención, porque comparan el resultado de la hipnosis bloqueando la percepción del dolor con la acupuntura. Y es que aunque no se puede usar «hipnosis falsa» como tal al ser un proceso de sugestión que implica a personas, sí es más fácil alterar la acupuntura. Se pueden utilizar agujas que no se correspondan con lo que se supone que son las agujas correctas para la acupuntura.

Por otra parte, se pueden poner las agujas en otros puntos que no sean los descritos como «adecuados» para la acupuntura. Aunque para la acupuntura se nota un efecto, ese efecto es en general menor. Dicho de otro modo: si metes la mano en u cubo de hielo te va a doler menos si estás hipnotizado que si te han puesto agujas de acupuntura. Eso sí, para eso tienen que ser capaces de hipnotizarte.

Más allá de esa curiosidad, en la que podemos empezar a pensar que la hipnosis funciona con un mecanismo similar al placebo, algunos investigadores también se han ocupado de analizar si los receptores de opioides tienen alguna función (que no) y otras relaciones neurológicas.

¿Es la hipnosis una alternativa?

Desde mi punto de vista, yo me mantengo muy escéptica porque mi cabeza es muy cuadrada y no sé yo si sería sugestionable. A mí me pueden repetir 20 veces que «no me duele» que si me duele, me duele. Pero igual que el placebo es algo demostrable y que se debería explotar más, creo que pasa lo mismo con la hipnosis. Según algunos ensayos, la hipnosis puede ser un buen complemento durante la recuperación tras una operación, y pienso que todos tenemos claro que la actitud y la percepción de la recuperación son factores que van a afectar mucho al avance de esa recuperación.

Aunque yo lo vea con una perspectiva escéptica, eso no quiere decir que no deba estudiarse en estudios controlados. De la misma forma que para poder decir si la homeopatía funciona o no funciona es necesario que se hagan ensayos clínicos, en este caso es exactamente lo mismo. Hay que estudiarlo, y si tiene un efecto, aunque no sea por lo que se había planteado inicialmente, pues hay que aprovecharlo.

Si queréis leer la revisión en cuestión, aquí os dejo el enlace: Hypnosis and Surgery: Past, Present, and Future

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La luciferina y luciferasa que no es lo que muchos piensan

Parece mentira que a estas alturas de la vida haya que aclarar que las vacunas no llevan luciferina y que mucho menos es una molécula «del demonio». Aunque bueno, alguna conexión con el demonio tener tiene. Ahora os voy a explicar. Pero como ya me han preguntado muchas veces, voy a aclarar qué es eso de la luciferina, la luciferasa, de dónde salen y qué tienen que ver con las vacunas. Y ya de paso, aprovechando, vamos a ver en qué más cosas se encuentra y si alguna tiene peligro.

La luciferina y la luciferasa

La luciferina es cualquier compuesto que puede generar bioluminiscencia. Dependiendo del compuesto, esa bioluminiscencia puede tener colores diferentes, y el término luciferina no se refiere a una única molécula. Es cualquiera que pueda hacerlo. Si especificamos que es la luciferina de X entonces sí, porque cada organismo tiene una luciferina concreta.

La luciferasa es la enzima que oxida a la luciferina para que pueda generar esa bioluminiscencia. Vamos, es el interruptor para que haya colorines o no. De nuevo, hay diferentes tipos de luciferasas, y dependen principalmente de la luciferina a la que se vayan a unir. Por eso siempre hay que especificar el organismo.

La luz del demonio

En nuestra historia hemos creado historias muy chungas, y la de Lucifer ha quedado con algunos flecos mal atados. La luciferasa y la luciferina reciben su nombre de Lucifer, o al menos del mismo origen que Lucifer. El caso es que el lucifer del que reciben el nombre no es del demonio, es del latín lucifer, que quiere decir algo así como dador de luz. Por qué se llama dador de luz al demonio ya da para otro post menos científico, pero vamos… que la luciferasa no es una enzima del demonio, es más bien una enzima que da luz… que suena mucho más bonito.

¿Hay luciferasa o luciferina en las vacunas?

En las que nos han inyectado no, pero sí se ha utilizado en algunos casos en los estudios preclínicos, y de ahí lo han sacado los que dicen que nos la inyectan (que os aseguro que no). Cuando se hacen ensayos en animales, en muchos casos se usan reacciones como la de la luciferasa o proteínas que son fosforitas para poder «seguir» lo que estamos analizando. En el caso de una vacuna, si se inyectaba en ratones humanizados, gracias a la luminiscencia se podía analizar la distribución por el cuerpo de los ratones. Pero eso se hace en fases preclínicas. Ni en ensayos ni cuando se inyecta a la población general. En cualquier caso, muchas de estas moléculas habrían sido inofensivas.

Si no me creéis la comprobación es sencilla. ¿Brillan los vacunados en la oscuridad? No, ¿verdad? Pues entonces no tienen luciferasa.

¿Qué organismos tienen luciferina y luciferasa?

El primer animal en el que esto se estudió en detalle, y juraría que sigue siendo en el que más se estudia, es en la luciérnaga. Todos sabemos que el culo de las luciérnagas brilla en la oscuridad, pero hasta hace relativamente poco no se sabía por qué. Pues eso: luciferina y luciferasa. Aunque es de los casos más estudiados, también es de los más complejos, por eso cuando se quiere usar en un laboratorio se suele recurrir a la de otros seres vivos.

Otro de los organismos que genera bioluminiscencia es la Renilla, que he tenido que buscar a ver cómo se llamaba comúnmente y parece ser que es un «pensamiento de mar». Yo lo describiría más bien como baba con pinta asquerosa que genera un moco todavía más asqueroso y que además brilla si molestas, por lo que da todavía más chungo. Por otra parte, entre los bichos marinos, tenemos también a algunas medusas, que son bonitas y brillan bonito, nada que ver con el asco de la Renilla.

Dibujo artístico de setas bioluminiscentes
SI las setas brillan es bioluminiscencia. Si tienen 20 colores y bailan… es cosa tuya

La bioluminiscencia que sí hace daño

En tierra tenemos a la seta de olivo. Es una seta que se parece mucho a las cantarelas, pero que no debemos confundir, porque es tóxica (aunque no mortal). La cantarela no brilla, pero la seta de olivo tiene un color verdecillo brillante en la oscuridad si se mira debajo de su sombrero. Y no es por eso por lo que se llama «de olivo»… es que crece hacia el final del verano en zonas con olivos, aunque también en zonas con robles y castaños. Si se les echa amoníaco también se ponen verdes, por lo que no hay que esperar a que se haga de noche.

Además, también son bioluminiscentes algunos bichos pequeñillos y algunas bacterias. Por destacar un último grupo de organismos, yo destacaría los dinoflagelados, que provocan mareas (rojas) y que en algunos casos tienen suficiente bioluminiscencia como para poder ver esos reflejos en el mar por la noche. Algo que parece muy bonito, pero que a la vez es señal de que algo malo pasa en el agua.

Así pues, ahí queda que lo peligroso es comer setas que se encuentran por ahí, y no vacunarse. Y es bueno preguntarse cosas, pero antes de creer en teorías extrañas, hay que buscar qué es lo que realmente se hizo.

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Las otras bacterias de las mareas rojas

Por razones que nadie logra comprender muy bien, a veces un artículo que se publicó hace ya un tiempo renace y se cuela en la lista de artículos más leídos. En esos casos todo crece como crecen los memes: alguien hace que suba un poquito, está ahí, tú haces clic para ver qué es, haces que suba otro poquito… y cuando nos damos cuenta hay un artículo de hace 10 años sobre un tema que en principio había pasado desapercibido en el top 10. Sea como fuere, hoy me he encontrado un artículo sobre mareas rojas y no podía desaprovechar la oportunidad. Hoy venimos a hablar de las otras bacterias en las mareas rojas.

¿Qué bacterias forman las mareas rojas?

De las mareas rojas y sus bacterias ya he hablado muchas veces. Son explosiones de vida, en las que crecen de forma descontrolada cianobacterias. Ese crecimiento trae consigo una serie de problemas, a cada cual peor. Por una parte, los nutrientes que se comen esas cianobacterias no están disponibles para otros bichos. Por otra parte, la que más nos afecta, esas cianobacterias generan una serie de toxinas que nos pueden hacer mucho daño. Y es que aunque las toxinas famosas son las diarreicas, las que actúan como neurotoxinas hacen mucho más daño a largo plazo.

Por si todo esto no fuese suficiente, se sabe que esas «mareas rojas» además de las susodichas cianobacterias tienen otra serie de bacterias que crecen en el conjunto, pero que al estar presentes en cantidades mínimas (comparado con las otras) tienden a pasar mucho más desapercibidas, aunque ya hace años que se están estudiando.

El artículo que comentamos hoy justamente se centra en esas otras bacterias, pero en lugar de hacerlo secuenciando a lo bruto, que es la técnica más común, lo hacen intentando cultivar primero esas bacterias en medios selectivos, para justamente seleccionar aquellas que puedan ser más interesantes. ¿Interesantes para qué? Lo veremos en un momento.

Fotografía de la orilla del mar en una playa con arena rojiza
Las mareas rojas no siempre son rojas, pero dejan un color raruno

Las otras bacterias que pasaban desapercibidas

Los investigadores encontraron, para sorpresa de nadie, bacterias de todo tipo. Dependiendo del medio de cultivo utilizado podrían crecer unas u otras, pero encontraron representantes de todos los grupos posibles. Además, parte de las bacterias identificadas son «nuevas» aunque muy parecidas a otras. Y es que claro, la prima más cercana que se conoce venía de otro sitio, y esta se habrá adaptado un poquito a su vida en medio de una marea roja. Hasta tiene lógica.

Curiosamente, al intentar ver si esas bacterias identificadas afectaban al crecimiento de las cianobacterias, se encontraron con una gran maquinaria reguladora. En total encontraron 460 nuevas cepas bacterianas, y 183 fueron analizadas para ver si afectaban al crecimiento de Microcystis o Anabaena, dos de las cianobacterias más comunes. De esas 183, 110 afectaban al crecimiento de una o de la otra. Además, 89 potenciaban el crecimiento de ambas, y 19 inhibían el crecimiento de ambas.

Aunque eso de inhibir el crecimiento sea menos común, parece que tenemos una solución servida: añadamos esa bacteria que inhibe al mar y ya está, fin de la marea roja. ¿No? ¡No!

¿Esto podemos usarlo?

Esto del aleteo de la mariposa y tal cual, y que no debemos jugar con los bichos porque no sabemos qué consecuencias tendrá es una razón nada despreciable para no tocar esa marea roja, pero desde luego no es la única. Si lo fuese, probablemente alguien ya habría añadido bacterias extra al mar. La realidad es que de entre todas esas bacterias que potencian o inhiben el crecimiento, una parte son potencialmente peligrosas para los humanos. Es más, una parte son potencialmente letales. Y no queremos que el mar esté lleno de una bacteria que nos hace todavía más daño que las cianobacterias.

Así pues, este estudio en su momento sentó las bases de lo que habría que estudiar después. Algunos han seguido sus pasos, pero las cosas de bacterias que no están causando una gran pandemia, van despacio. Yo mientras sigo preguntándome por qué este artículo subió en la lista, pero me alegro mucho de haber leído sobre esta curiosidad de las bacterias que viven en las mareas rojas.

Si quieres leer el artículo completo, puedes encontrarlo aquí: High diversity of cultivable heterotrophic bacteria in association with cyanobacterial water blooms

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De la salud mental y su investigación

Hoy vengo con una reflexión sobre el tema que por suerte está de moda pero que me gustaría que fuese trending por otras razones: la salud mental. Desde hace unos meses algunos políticos han empezado a hablar de ello, pero sobre todo la sociedad parece que se ha dado cuenta de que existe un problema que necesita una solución. Quizá ha sido la pandemia, que nos ha dejado especialmente tocados y nos ha hecho pensar en ello, o quizá es que realmente, muy en el fondo, sí avanzamos hacia una sociedad un poquito mejor.

Los artículos científicos y la salud mental

Yo quería dar una perspectiva particular, y es que en las últimas semanas, por cuestiones de trabajo, he estado leyendo muchos artículos científicos en los que por los temas tratados se analizaba el impacto de una serie de enfermedades en la salud mental. El caso es que en todos ellos, lo que se concluía era que la enfermedad tenía un impacto. Mediante una serie de cuestionarios, las personas afectadas reconocían que su enfermedad afectaba a su salud mental, y en muchos casos esas personas estaban tomando una medicación para controlar el impacto.

La parte negativa es que los estudios se quedan ahí. Tiene un impacto. Punto. En muy pocos casos se analiza cual es el grado de ese impacto, y en todavía menos se tiene en cuenta ese impacto para adaptar el tratamiento de la enfermedad que provoca el problema. Me llamó la atención un trabajo concreto que decía que los pacientes se quejan de que se trata la enfermedad, pero no el efecto que tiene la enfermedad en su vida. Porque sí, a veces el tratamiento puede ser incluso peor en el cómputo global, y eso habría que tenerlo en cuenta.

¿Hay estudios centrados en la salud mental?

Haberlos hailos, pero más bien pocos. Pocos para el impacto real en la sociedad. Los que hay, en muchos casos están aislados. Por ejemplo, se estudia la depresión, pero como ente separado y no como parte de otro proceso. Sí han salido bastantes estudios asociados a la pandemia, pero a mi parecer pocos y excesivamente teóricos.

Esa tendencia está cambiando y cada vez aparecen más y más datos, pero desde luego todavía nos queda un camino muy largo por andar. Todavía no sabemos todo lo que deberíamos saber. Y uno de los problemas con los que me he encontrado es la falta de un sistema homogéneo para medir los problemas, porque para lo de la salud mental no es tan fácil como hacer un análisis de sangre y poner un numerito, hay que profundizar más. Quizá deberíamos empezar por ahí, poniendo nombres a las cosas y aprendiendo a medirlas todos por igual, sin olvidar la subjetividad intrínseca del problema.

Imagen de una cabeza con el cráneo abierto del que salen un montón de interrogantes
Da igual lo bien o mal que nos vaya en la vida, la cabeza va a su bola

La sociedad lo pide a gritos

Un cúmulo de situaciones recientes ha hecho que, al menos en España, esto tome un especial interés. Queremos que se llame a los suicidios por su nombre, que se investiguen y que se evite que se repitan situaciones similares. Ya no queremos que en la tele se den situaciones que puedan enfatizar esos problemas en personas. Hemos recordado que los que salen en la tele son personas. Y de repente nos hemos dado cuenta que incluso un cómico, cuando desaparece del mapa, puede haberlo hecho por tener un problemón que jamás habríamos imaginado.

Al menos, eso es lo que parece pensar una parte de la sociedad. Otra parte sigue quitando importancia a esos temas, diciendo que son cosas del oficio. O creyendo que quien habla de su problema lo hace exagerando y buscando vender más. Recordemos que las cosas no se pasan de la noche a la mañana, y quizá muchas de esas personas que han dado el paso de hablar abiertamente siguen arrastrando parte de su problema. Queremos que salgan, no hundirlos de nuevo. No pongamos en duda su versión de lo ocurrido.

Hagamos algo, un poquito, por la salud mental

Desde luego, hace falta más investigación y más normalización. Yo quería comentarlo desde el punto de vista de la investigación, para destacar que estamos en pañales, pero recordando que la situación es la que es, y los artículos que se publican no dejan de ser un reflejo de la sociedad. Quizá si la sociedad no estuviese tan preocupada, yo ni me habría fijado en lo pobres que son los análisis en esos artículos. Por eso antes de que acabe el año quería recordar por aquí que si queremos que se haga algo, lo primero es que pensemos e identifiquemos nuestros problemas (que todos tenemos alguno) y hagamos lo posible por mejorar. Que los identifiquemos en los que nos rodean y ayudemos. Que no dejemos que un compañero de trabajo se hunda. Yo pondré mi granito haciendo lo posible para que esos trabajos científicos tengan más en cuenta la salud mental de las personas. Porque sin ella no hay cuerpo que aguante.

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