Ya casi no hay lluvia ácida, pero contaminamos igual

Hace un par de décadas, uno de los temas estrella cuando se hablaba de contaminación era la lluvia ácida. Allá en los tiempos del agujero de la capa de ozono, y cuando se empezó a poner de moda lo del efecto invernadero. El agujero lo paramos a tiempo, el efecto invernadero nos intenta hundir la vida, y la lluvia ácida quedó en el olvido. Hace unas semanas, por una conversación en Twitter sobre la eutrofización, recordé que ya nadie se acuerda de la lluvia ácida. Sigue ahí, pero ahora tenemos otros problemas más gordos. El caso es que si nos olvidamos de ella, puede volver a ser un problema grave, y no podemos gestionar tantos a la vez.

¿Qué es la lluvia ácida?

Cuando liberamos óxidos de azufre o de nitrógeno a la atmósfera, allí van a reaccionar y se van a convertir en ácidos tras liberar su oxígeno. Ácido sulfúrico, sulfuroso o nítrico, dependiendo de la composición. Estos ácidos se pueden disolver (diluir) en agua y caer de vuelta a la superficie de nuestro planeta en alguna de las formas en las que el agua cae del cielo. Vamos, que podemos tener lluvia ácida, o nieve ácida, o granizo ácido…

Aunque la lluvia ya es siempre un poquito ácida (si no me crees compruébalo), se dice que es ácida cuando su pH es menor que 5, pudiendo llegar a ser muy ácida (pH 3). Dependiendo del grado de acidez, los daños que puede causar irán variando, también dependiendo de la cantidad de agua ácida que caiga sobre nuestras cabezas.

Los daños de la lluvia ácida

A no ser que estemos hablando de una acidez muy elevada, los humanos no nos damos cuenta de que la lluvia es ácida hasta que vemos las consecuencias. Lo primero que observamos son los daños en edificios, algo que queda para recordarnos en el futuro que llevamos mucho tiempo cargándonos el planeta. Así, por ejemplo, algunas catedrales nos recuerdan en sus piedras los daños de la lluvia ácida que se produjo como consecuencia de los altos niveles de contaminación tras la revolución industrial. Y aunque en las catedrales son mucho más vistosos, muchos edificios y estatuas muestran esos daños. Se ven claramente en aquellos construidos con mármol.

Pero aunque en los edificios sea más visible, el daño en la naturaleza es mayor. Por una parte, acidificamos el suelo al que llega esa agua, muchas veces dañando de forma inmediata los cultivos. Si el daño no es automático, lo será a la larga, porque al filtrar el agua hacia el subsuelo contaminará otras fuentes, y además arrastrará muchos nutrientes con ella, en un proceso que llamamos lixiviación. Así, dejará el terreno pobre y necesitado de nuevos fertilizantes, lo que generará un círculo sin salida. Si el agua llega a ríos y océanos, allí también se producirá una acidificación que poco a poco irá afectando a la vida de los seres vivos allí presentes.

¿Qué pasa si llueve ácido en el mar?

De no crecer a crecer de más

En el proceso de lixiviación del que hablaba, se quitan de los terrenos de cultivos los nutrientes y se arrastran con el agua. Estamos hablando de nutrientes que normalmente quedarían retenidos. Arrastrará metales que en el agua serán tóxicos, pero también fertilizantes varios. Esto hará que si el agua llega a un río, o especialmente si llega a una laguna o lago, se concentren grandes cantidades de nutrientes que han sido arrastrados. Ese incremento de nutrientes provocará una gran explosión en el crecimiento, primero de microalgas y animales microscópicos. Al menos, lo hará si no se ha acidificado en exceso. Si crecen de más, la laguna adquirirá ese color verde claro que seguro que muchas veces habéis visto, que no permite ver lo que hay debajo. Si no permite ver, no permite pasar la luz, por lo que los que estén debajo morirán. Es lo que se denomina eutrofización, y la lluvia ácida es solo uno de los muchos factores que la provocan. El abuso de fertilizantes (orgánicos o no) es probablemente el mayor causante de la eutrofización de las aguas, y fue el que me llevó a pensar en la lluvia ácida. Por supuesto, este tipo de filtraciones convierten el agua de la zona en no potable y muy peligrosa para el consumo humano.

¿Pero de dónde salen esos nitrógenos y sulfuros?

Empezaba diciendo que la lluvia ácida se genera si se liberan óxidos de nitrógeno o de azufre a la atmósfera, aunque después seguía con que el nitrógeno puede acortar camino e ir directo a la tierra en forma de fertilizante. El caso es, si van a la atmósfera… ¿de dónde salen? Pues parte sale de los fertilizantes, porque una parte se evapora. Eso lo sabe todo aquel que haya vivido cerca de una zona en la que se abone de forma más o menos frecuente.

Pero la inmensa mayoría no sale de los fertilizantes, porque en general los usamos con un poco de cabeza (aunque no siempre). La mayor parte de los óxidos que van a dar lugar a la lluvia ácida salen de la quema de combustibles fósiles. Puede ser de la industria, para obtener energía, para medios de transporte o para lo que sea, pero de la quema de combustible. Y si se quema de forma poco eficiente, como se hacía hace unas décadas, pues se generan más. Si además no hay sistemas para minimizar su liberación… pues todavía peor.

¿Cómo evitamos la lluvia ácida?

Pues muy fácil: no usar combustibles fósiles ni fertilizantes innecesarios. ¿A que es sencillo? Ser lo es, pero no aprendemos y seguimos con los mismos errores desde hace un montón de tiempo. La realidad es que lo que de una forma más realista podemos hacer es reducir la emisión a base de mejorar los procesos y cambiar a fuentes de energía menos contaminantes. También reduciendo nuestra huella directa en los medios de transporte que utilizamos, reduciendo la cantidad de energía que consumimos a base de elegir procesos más eficientes o incluso favoreciendo el consumo de productos que tengan una huella energética menor.

También podemos plantar árboles, pero de poco vale plantar uno para cortar 15 para plantar un molino. Tengamos en cuenta que lo importante es la huella neta, y debemos centrarnos en lo que realmente aporta y no en lo que nos deja la conciencia tranquila por greenwashing, no todo tiene el mismo peso en esta vida.

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¿Mata igual la Salmonella al mediodía que a la noche?

Existen un montón de mitos sobre la alimentación y las infecciones, y muchos de ellos giran sobre la idea de la comida en mal estado o en qué momento es adecuado comer algo. Sabemos que muchos de esos mitos surgen de una idea lógica, de algo que sí tiene sentido, pero que han derivado en otras ideas que nada tienen que ver con la original. Uno de los alimentos que más mitos genera es el huevo, concretamente el huevo que va a la mayonesa. Pocos hablan del riesgo de salmonelosis (porque el huevo puede llevar Salmonella) y casi todos se centran en si la mayonesa se corta o no se corta. Nos dicen las abuelas que no podemos hacer mayonesa durante la regla porque se nos corta (spoiler: es mentira), pero… ¿Y de comer mayonesa por la noche?

Aunque no se suele decir así directamente, sí se asocian aquellas comidas que se acompañan con mayonesa a cosas que se consumen al mediodía, y menos a la noche. De la misma forma, hay otros alimentos que siempre se dice que no se comen por la noche porque… «inserte mito aleatorio aquí». Yo hoy os voy a contar que sí hay evidencias científicas que apoyan que algunos riesgos, si vamos a correrlos, mejor hacerlo de día.

El ritmo circadiano y la microbiota

El cuerpo humano tiene su propio reloj biológico, y se rige por lo que llamamos ritmo circadiano. Respondemos a la luz, y aunque no vayamos a mirar un reloj, nuestro cuerpo sabe cuando toca dormir o cuando toca comer en función de la posición del sol. Cuando no estamos expuestos al sol, mantenemos el recuerdo durante un tiempo, con una especie de inercia a mantener el ritmo, y cuando alteramos la exposición ese ritmo se altera, y necesitamos varios días para adaptarnos. Es lo que llamamos jet lag, y lo gestionamos mejor cuando viajamos hacia el oeste que hacia el este.

Aunque es muy evidente que ese ritmo regula el hambre y el sueño, regula miles de procesos en nuestro cuerpo, procesos que ocurren sin que nosotros nos demos cuenta. En algunos casos sí nos percatamos, pero solo de la punta del iceberg, como en el caso de la digestión. Porque todos somos más o menos conscientes de que la digestión no es igual si comemos a las 13:00 que si comemos a las 20:00 o a las 24:00, ¿verdad? Pues además de lo que «notamos» hay otra parte, la que afecta a nuestra microbiota.

Si nosotros nos guiamos por ese ritmo circadiano, nuestros microbichos (la microbiota) no iba a ser menos. Hace ya años que se estudia el posible papel del ritmo en procesos en los que la microbiota está implicada, y especialmente durante la última década, numerosos estudios indican que sí, la microbiota está afectada y, además, eso afecta a nuestra digestión, la obtención de vitaminas, y el sistema inmune, ya que son procesos en los que la microbiota tiene un papel fundamental.

Fuente de ensaladilla rusa con mucha mayonesa
¿Os la comeríais?

Nuestra microbiota vs. Salmonella

Y aquí volvemos a implicar a la mayonesa casera. Si hacemos una mayonesa y el huevo lleva una colonia de Salmonella… ¿Tendremos el mismo riesgo al mediodía y a la noche? Pues según un estudio reciente, los humanos no sabemos, pero los ratones tienen menos riesgo si se comen la ensaladilla rusa con mayonesa casera al mediodía y no a la noche. Bueno, entiéndase eso de los resultados reales, que indican que si al ratón se le da Salmonella, el resultado es más benigno si se le da al comienzo de sus horas despierto y no antes de irse a dormir. Porque la vida de los ratones es nocturna y porque no los veo por la labor de comerse la ensaladilla rusa con mayonesa casera.

Detrás de los resultados de ese trabajo encontramos datos que apoyan un razonamiento que ya se había planteado previamente, y es que las labores de la microbiota cambian durante la fase en la que se duerme, igual que las de cualquier otro conjunto de células del cuerpo. Y dado que la capacidad de evitar una salmonelosis tras ingerir Salmonella depende fundamentalmente de la labor inmunitaria de nuestra microbiota… pues todo se sincroniza. Resumiéndolo mucho, el cuerpo se prepara para la posibilidad de ingerir bacterias patógenas con la comida, pero se prepara durante las horas de actividad, ya que en las horas de sueño se dedica a otras tareas.

En lugar de trasnochar, comamos mejor

Aunque el trabajo sea muy curioso, tampoco vamos a sacar conclusiones aquí a la ligera, así que vamos a verlo todo con más calma. La solución no es comer la mayonesa al mediodía, porque el riesgo no tiende a cero ni mucho menos. Tampoco quedarse despierto unas horas después de cenar, porque el ritmo del cuerpo es el que es, y si no que nos lo digan cada vez que cambiamos al horario de verano.

Pese a que es muy interesante, nuestra solución debe pasar siempre por evitar a toda costa aquellos alimentos que puedan ser una fuente de patógenos. Especialmente ahora que está de moda consumir todo natural, debemos recordar eso que repito yo mucho de que «lo natural es morirse». Lo natural es que los huevos lleven Salmonella de vez en cuando, y que el pollo lleve Campylobacter, que la ternera lleve tenias, que el marisco lleve toxinas diarreicas o que el pescado lleve Anisakis. Y aunque lo natural sea que eso ocurra de vez en cuando, no queremos estar enfrentándonos a esas cosas «de vez en cuando». Por eso debemos pedir controles por muy natural que sea todo, porque lo natural también mata.

El artículo al que me refiero, por si queréis consultarlo, os lo enlazo aquí: The microbiota coordinates diurnal rhythms in innate immunity with the circadian clock

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El etileno, su óxido y las manzanas: la química de la vida

Si sois personas informadas, probablemente habréis oído hablar en los últimos meses, aunque fuese de refilón, del óxido de etileno. Y si no sois conscientes del concepto de óxido de etileno, quizá lo que habréis escuchado es que los helados tienen algo que es malo para la salud. En sí, son muchos los que se preguntan por qué no ha saltado más la alerta, como en otras ocasiones. La realidad es que no es tan grave, y lo que hay es más un problema de fondo, que se irá arreglando poco a poco.

¿Qué es el etileno?

El etileno es el compuesto químico más utilizado en el mundo, del que más toneladas se sintetizan cada año. Esto se debe a que es precursor de un montón de cosas, como para el polietileno o el famoso PVC. Y decenas de cosas más, pero aquí queremos resumir. Entre ellos tenemos un poco de todo, pero podríamos dividirlos en «compuestos que dan lugar a plásticos», «detergentes» y productos de la oxidación. Alguno se nos quedaría fuera, pero la mayoría entran ahí.

Los plásticos ya los hemos nombrado, los detergentes… pues ahí tenemos sulfonatos, pero después hay productos de oxidación que dan lugar a los polioxietilenos, que aunque no lo sepáis muchos tenéis en casa. Otro de los productos de oxidación es el etilenglicol, que se usa principalmente como anticongelante. Pero si estamos hablando de los productos de oxidación, habrá que hablar del producto estrella.

El óxido de etileno

El óxido de etileno es el principal compuesto que usamos derivado del etileno más allá de los plásticos. Porque plásticos, mal que nos pese, usamos muchos. El óxido de etileno se genera oxidando. Sí, ya sé que suena absurdo, pero vamos, que solo hace falta etileno y oxígeno en presencia de un catalizador (plata en muchos casos). Al ser un proceso sencillo, se pueden obtener grandes cantidades sin problema. Y aunque haya dicho que es de lo que más generamos, no solemos quedarnos ahí, porque gran parte se usa para hacer los polioxietilenos, el etilenglicol, y otros muchos compuestos, algunos inesperados como el ácido acético (sí, el del vinagre).

El óxido de etileno que no se transforma en otra cosa tiene utilidad, y se usa como esterilizante. Se utiliza para fumigar cosechas y eliminar de ellas cualquier microorganismo, pero también se utiliza en entornos hospitalarios para eliminar posibles contaminaciones. Elimina de forma eficaz bacterias y hongos, evita la fermentación (porque si bichos no se puede fermentar)… y todo esto suena muy interesante cuando quieres que tus cosechas duren. Lo venden como plaguicida, pero mata lo que pille delante.

El problema es que si mata tan bien, pues tampoco es muy sano para nosotros. Es cancerígeno y mutagénico, por eso mata de maravilla. Si consumiésemos suficiente, entonces supondría un problema. En la Unión Europea su uso en alimentos está prohibido, pero en otros países no. Por ello se revisan los productos que se importan, tanto si son productos finales como si son ingredientes. En ningún caso se permite que sobrepasen unos niveles mínimos y, cuando se detecta que eso ha ocurrido, se emite una alerta.

¿Qué ha ocurrido?

Hace ya bastantes meses se detectaron niveles de óxido de etileno excesivamente altos (para lo permitido) en semillas de sésamo que venían de India. Desde entonces, se han incrementado los controles de los productos importados, y se ha detectado que varias empresas han utilizado ingredientes con etileno. Aunque empezó con las semillas de sésamo, la lista ha ido creciendo, y la alerta saltó al público cuando se detectó en helados de Nestlé. Poco a poco, otras marcas se fueron sumando a la lista.

Ahora se están intensificando esos controles, y cada vez se detectan más casos. Pese a ello, la realidad es que no existe un gran peligro. En el momento en el que se detecta la presencia del óxido de etileno el producto se retira. Si tú ya te lo habías comido, no es grave, ya que aunque la cantidad presente está por encima de la permitida, siguen siendo cantidades muy bajas. A no ser que te comas una tarrina de helado con óxido de etileno todos los días durante diez años, no te expondrás lo suficiente, y en ese caso seguramente tendrías otros problemas.

Bromas aparte, el riesgo cero no existe, y se intenta minimizar la exposición. La alerta se ha dado a nivel europeo, pero España ha ido notificando los cambios en las noticias de la Aesan, para informar de lo que se ha detectado. Hay que destacar que son productos que pueden venir de casi medio mundo (muchos países permiten su uso), que pueden haber sido elaborados en España (pero con ingredientes importados) y que afecta igualmente a productos ecológicos. Porque ser ecológico no implica que no se use un producto químico como el óxido de etileno para controlar microorganismos (esto ya otro día lo comentamos en detalle).

Imagen de dos barriles llenos de manzanas rojas
Estas manzanas tienen claramente mucho etileno (Imagen de lumix2004)

¿Y qué pintan las manzanas aquí?

Pues como en este blog se habla principalmente de biología y todo esto sonaba muy químico, quería aprovechar para hablar del etileno en biología, aunque ya profundizaré en un Bacteriófagos dedicado a hormonas vegetales, que lo tengo en cola.

El etileno es, efectivamente, una hormona vegetal. Es un producto de la respiración y se genera principalmente durante la maduración, aunque también en algunas situaciones de estrés, para indicar al resto de la planta que hay que reaccionar. Ayuda a que los frutos maduren, que cambie su color, a que las hojas se caigan… y además como es un gas se puede compartir con los frutos vecinos.

En los frutos climatéricos, que son los que pueden madurar cuando ya han sido recolectados (como las manzanas), si se exponen a etileno se activa su maduración y generan todavía más etileno. Por eso una manzana pasada estropea el resto del cesto (o como sea el dicho). En cambio, en el caso de los frutos no climatéricos (los que no maduran más después de recolectarlos), el etileno ayuda a que cambien de color, pese a que no altere su maduración ni vayan a producir más.

Así, por ejemplo, se podría añadir etileno a una cesta de melocotones y madurarían muy rápido, pero eso sería absurdo porque lo que busca la industria es que la fruta aguante más antes de venderla, no menos. Por otra parte, podríamos añadir etileno a naranjas, y su maduración no se vería alterada, pero sí cambiarían de color para ponerse muy naranjas y muy hermosas… aunque sean puro ácido en su interior. Esto sí se hace, añadir etileno por una cuestión estética.

Concluyendo…

Aunque tengáis un helado o unas galletas con óxido de etileno en casa no os va a pasar nada. Poco a poco las autoridades sanitarias eliminarán todos los productos que lo contienen. A nosotros no debe preocuparnos porque son cantidades muy bajas y que en otros muchos países están permitidas. Es una simple cuestión de un límite que está en un valor y no en otro, siendo nosotros más conservadores y limitando mucho más su uso.

Por otra parte, si queréis que vuestra fruta no se estropee muy rápido, ya sabéis, no se puede juntar frutas climatéricas maduras con las que todavía están verdes, o se estropearán muy rápido. Si queréis que una climatérica madure más rápido, la mejor solución es envolverla en papel de periódico para que su etileno no se escape por ahí. Es un truco de la abuela para los aguacates que seguro que muchos conocéis. Y por último, ya sabéis, que una naranja parezca madura no quiere decir mucho… porque hemos aprendido a hacer que parezca lo que no es.

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Cuando el coronavirus tiene una secuencia ajena

Poco antes de las vacaciones, un seguidor y oyente me pasó un enlace a un tweet en el que se destacaba que en la secuencia del coronavirus se encuentra una secuencia del VIH. Eso demostraba, según la persona que escribía el tweet y el hilo, que el coronavirus es un virus artificial creado en el laboratorio. Lamentablemente, en el momento no guardé la captura del tweet y el hilo ha sido borrado. Ahora parece que la persona que lo escribía tiene nuevas hipótesis que implican más virus.

En este post voy a guiar a quien lo lea por el razonamiento y la búsqueda, con una serie de capturas y con datos suficientes para que cualquiera pueda reproducirlo en su casa. El único punto de partida es la búsqueda inicial, ya que no sé cómo se llegó a localizar inicialmente la secuencia. El caso es que, en cuanto vi la secuencia, en mi cabeza que tiende a memorizar secuencias de aminoácidos, rápidamente se encendió una bombillita que me dijo «esta secuencia me suena». Pero no adelantemos acontecimientos. Vamos por pasos.

La secuencia X… ¿Está en el coronavirus?

La secuencia que vamos a analizar, y que vamos a llamar X por ahora, es la siguiente: GYIPEAPRDGQAYVRKDGEWVLLSTFL. Un conjunto de aminoácidos que desde luego no pueden aparecer en dos virus completamente diferentes por puro azar. Se podría explicar si los dos virus fuesen de la misma familia, pero no es el caso. Lo primero que vamos a hacer es comprobar que dicha secuencia está depositada en secuencias del coronavirus. Para ello usamos blast, una herramienta online de búsqueda de secuencias (podéis hacerlo aquí). Hay que asegurarse de que la opción seleccionada es blastp, para comparar proteínas. Ahí pegamos la secuencia en la caja correspondiente y en organismo especificamos que SARS-CoV-2. Le damos a buscar y efectivamente los resultados muestran que existe, siendo este el primer resultado, pero apareciendo en otras muchas secuencias depositadas:

Esto nos muestra, sin lugar a dudas, que esa secuencia se encuentra casi al final de la cadena B de esa glicoproteína spike depositada. Concretamente, en las posiciones 1303 a 1329 de un total de 1380.

La secuencia X y el VIH

El siguiente paso es comprobar que efectivamente se encuentra en el VIH. Para ello, volvemos a la pantalla inicial (podemos editar la búsqueda) y en este caso en el apartado del organismo elegimos HIV-1. El resultado, nuevamente, es evidente:

Aquí vemos que la secuencia se encuentra en un trímero asociado a la proteína gp41. El caso es que si analizamos el resto de resultados, empiezan las dudas… llama especialmente la atención el tercer resultado:

¿Ébola? Esto parece más grave de lo que podría parecer inicialmente, porque aquí ya no estamos hablando de que la secuencia X haya sido potencialmente trasladada del VIH al coronavirus, es que parece que está en más virus. ¿Será cierto? Vamos a analizarlo…

Otros virus con la secuencia X

Para salir de dudas, volvemos a la pantalla inicial y esta vez no especificamos qué virus queremos analizar. El apartado de organismo lo dejamos en blanco. Y aquí viene la sorpresa… o no.

Ahora vemos que la secuencia se encuentra, al 100%, en un virus de E. coli, en adenovirus, en un virus porcino, en uno felino, en MERS y hasta en un coronavirus de pangolín. Lo único que todos los resultados parecen tener en común es que parece que siempre se refieren a proteínas Spike. ¿Por qué será?

Foldon trimérico, la primera solución y la más sencilla

Efectivamente, la solución la encontramos aquí, en el primer resultado que se obtiene sin especificar organismo. La secuencia X, realmente pertenece a un dominio denominado Foldon que se encuentra en la fibritina del bacteriófago T4, que infecta E. coli. Se trata de un dominio natural, que se añade a otras proteínas triméricas para estabilizarlas cuando se expresan fuera de su contexto natural y que trimericen correctamente. Aunque quizá se me escape algún artículo previo, creo que la primera vez que se describió el uso fue en el año 2001 en este artículo.

Eso resuelve rápidamente por qué yo reconocía la secuencia, y es que tras años trabajando con fibras de bacteriófagos, una acaba memorizando lo que lee. Aunque se empezó a usar hace 20 años, desde entonces el dominio foldon se ha añadido a las proteínas spike de casi cualquier virus que tenga spikes triméricas, para poder expresarlas en el laboratorio en su forma trimérica sin necesidad de expresar otras proteínas del virus, pudiendo aislarlas del resto sin perder su trimerización y ayudando a que se mantengan estables.

Entonces… ¿está o no está?

Como dije tras el primer resultado, esta secuencia X, que ahora sabemos que se llama foldon, se encontraba justo al final de la secuencia de coronavirus depositada. Estar está, pero no pertenece al coronavirus. Los resultados que obtenemos tras una búsqueda en Blast incluyen, además de las secuencias de los virus completos, las secuencias de todos aquellos vectores de expresión y proteínas con las que se ha trabajado en laboratorios para estudiar las proteínas del virus individualmente. Si hubiésemos profundizado en los resultados, es lo que habríamos obtenido. Podemos comprobar que no está en el virus si vamos a la secuencia original depositada de Wuhan (aquí), le damos a «Run Blast» y ahí, tras seleccionar la pestaña de blastx (porque vamos a comparar ácido nucleico con proteínas), le pedimos que alinee dos secuencias y en la segunda caja ponemos la secuencia del foldon:

Nuestro resultado indica que esos 17 aminoácidos, no se corresponden con el resultado. Además, si profundizamos en aquel primer resultado de la cadena B del coronavirus, hacemos clic en la referencia y buscamos el artículo de la referencia, en su material suplementario indican claramente que han añadido el dominio de trimerización del bacteriófago T4. Vamos, que no se trata de una conspiración ocultando datos, está todo ahí delante. La secuencia está en lo que se depositó porque se añadió después, no porque pertenezca al virus. Y eso se hizo para estudiar la spike en el laboratorio, aislada y completamente inofensiva.

¿Conclusiones?

Además de quedar claro que el VIH y el coronavirus no comparten esos 17 aminoácidos, lo que deberíamos reflexionar es la forma en la que se nos presentan los datos. Aquellas personas que puedan haber creído que los resultados de las primeras capturas demostraban algo creían tener datos para ello. Para poder demostrarle que los datos que tienen son parciales y que además existe un sesgo (por buscar lo que se quiere encontrar al limitar la búsqueda al virus concreto), es necesario enseñar el resto de datos y argumentar que esa afirmación es errónea con otros datos. Si yo pido que se me demuestren las cosas con datos y estudios previos, no puedo decirle al contrario que se equivoca porque yo lo diga. Tendré que demostrar con datos mi hipótesis.

Dicho eso, me parece especialmente llamativo que alguien haya localizado esa secuencia sin tener ni idea de qué se trata, y que realmente haya podido llegar a la conclusión de que es un complot… porque un plan oscuro para «introducirnos el VIH con la vacuna del Covid» (que lo he leído en varias ocasiones) no se sostiene si la supuesta principal prueba, esa secuencia, se ha utilizado de forma rutinaria para trimerizar proteínas en laboratorio y se han publicado cientos de artículos haciendo referencia a ello.

Si pretenden demostrar que esa secuencia supone un problema de algún tipo, serán necesarios datos que lo apoyen. Por ahora, lo que podemos afirmar es que no se ocultan cosas en la secuencia, ya que está disponible para que cualquier la analice. Desde luego, el bombazo que se decía tener en el tweet original… no es que sea mucho bombazo. Quizá por eso el hilo ha sido borrado.

Si has llegado aquí con dudas, o hay algún aspecto que genere dudas, los comentarios están abiertos para analizar los datos. Es posible que si repites el análisis los resultados no sean exactamente iguales porque se hayan depositado más secuencias desde el momento en el que yo las analicé, pero las conclusiones serán las mismas.

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¿Qué es eso de la sangre azul? ¿Es real o noble?

Históricamente se nos ha contado que la realeza tiene sangre azul. Cualquier persona que esté leyendo aquí supongo que tiene claro que los nobles no tienen sangre azul. Ni sangre ni nada especial. En todo caso, si nos ponemos a analizar en detalle su herencia, lo que suelen mostrarnos sus genes suele ser más malo que bueno, ya que la endogamia es un mal que acabó con muchas familias reales.

En España pasaron a gobernar los Borbones porque los Austrias tenían tal nivel de endogamia que ya no podían tener descendencia. Los Austrias sí habían llegado por simple matrimonio, sin una guerra, cuando Felipe («el Hermoso») se casó con Juana («la Loca»). La pareja heredó Castilla y Aragón de los Reyes Católicos. Su hijo Carlos (I de España y V de Alemania) heredó todo lo que podía heredarse en aquel momento. Así, en España (perdón, Castilla y Aragón) dejamos de tener a los Trastámara para tener Austrias, concretamente la casa Habsburgo. Pero por mucho que heredase Carlos (que fue mucho, en serio), tampoco tenía sangre azul.

¿Por qué se dice que la realeza tiene sangre azul?

Hay dos teorías. Por una parte tenemos la explicación de sentido común, y luego la absurda… que parece que es la cierta. La explicación del sentido común la construimos con las ideas más recientes (unos cientos de años) sobre los nobles. Y es que sabemos que mientras el pueblo trabaja las tierras y se expone al sol, los nobles se protegen y mantienen su piel blanca. Esto llega a su máximo esplendor hace un par de siglos, cuando lo pomposo de la realeza se sumaba a toneladas de maquillaje para enseñar una piel muy blanca.

Si esa piel se mantenía blanca de verdad, por falta de sol, entonces se pueden ver las venas más superficiales, las que están casi pegadas a la piel. Seguro que muchos os las podéis ver en la parte interna del brazo, o en zonas que tengáis más blancas como las muñecas. Y veréis la sangre azul. No es azul, y no es que os hayan escondido que realmente sois descendientes de la familia real. En esas venas la sangre es de un rojo oscuro intenso, por la falta de oxígeno. La vemos azul porque no está pegada a la superficie de la piel, y esa piel tan blanca y fina hace que la longitud de onda que llegue reflejada a nuestros ojos nos haga verla azul.

La otra teoría va más allá del blanco de la piel de los nobles, y nos cuenta que se trata de un error de traducción. Algo que, por otra parte, ha ocurrido con otras muchas cosas en la historia. Supuestamente la sangre era celeste, porque venía del cielo, era Dios el que los elegía como reyes… y ya se sabe, de celeste de cielo a celeste azul, en dos generaciones teníamos montada la historia. Podéis leer sobre la sangre celeste aquí, que yo sigo con el otro tema.

¿Podrías tener la sangre azul?

Sí, y no tendría nada que ver con ser de la realeza. Existen enfermedades que producen cianosis, dándonos un tono azulado a la piel y también a nuestra sangre. El caso extremo en el que la sangre sí se vuelve azul, o incluso verdosa, es la sulfohemoglobinemia. En ese caso, la hemoglobina capa azufre que, normalmente, hemos aportado con medicamentos. Tiene solución, porque al no transportar oxígeno correctamente se generarán más eritrocitos y se eliminarán los que tenían azufre. Aunque se puede tratar, en muchos casos se cura de forma natural.

No es una enfermedad muy común, y se han reportado pocos casos que se analizasen en detalle. El más famoso (y tan grave que la sangre era verde) se publicó en su momento en The Lancet, y desde entonces más médicos han reportado casos puntuales. En el pasado se utilizaban más compuestos con azufre para tratar enfermedades por lo que supongo que en algún momento fue más común, probablemente generando muchas historias sobre la persona a la que se le había vuelto la sangre azul y que nadie se creía.

Foto de un cangrejo herradura sobre una piedra
Que majos son los cangrejos… (Imagen de ckaras)

¿Y en otros animales?

Aunque en humanos la sangre vaya a ser más o menos roja si estamos sanos, no es así en todos los bichos. Hay otros animales que sí tienen sangre de color azul. El caso más conocido es el de los cangrejos herradura, cuya sangre tiene hemocianina. Es tan rica en cobre que tiene un color azulado, y además de llamar la atención por ello, ha salvado muchas vidas… poniendo la suya en peligro.

Su sangre (hemolinfa, realmente), coagula cuando hay bacterias o toxinas presentes. Y es que como no tienen glóbulos blancos que hagan el trabajo sucio, en su lugar tienen amebocitos y ese es su mecanismo para protegerse de los muchos patógenos que se encuentran a diario. Cuando descubrimos tal mecanismo, se empezó a utilizar, quitándole la sangre a los cangrejos y usándola para comprobar si una muestra contenía bacterias o toxinas. Esta prueba se denomina lisado de amebocitos de Limulus (LAL) y ha puesto en peligro a los cangrejos.

Aunque en principio se les puede extraer parte de su hemolinfa y dejar que se recuperen igual que nosotros cuando donamos sangre, en ese proceso muchos sufren y acaban muriendo demasiados en el proceso. Además de para la extracción de sangre, se han utilizado como abono, como cebo… y como alimento, aunque solo sus huevos. En estos momentos se considera una especie vulnerable y tenemos alternativas para todos sus usos, por lo que deberíamos asegurar la supervivencia de esta especie que tantas veces hemos llamado «fósil viviente».

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