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Un neandertal entre nosotros, lecturas de primavera

Hoy toca libro, y el libro que os traigo hoy es La vida contada por un sapiens a un neandertal, de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga. Un libro de divulgación científica pero con una perspectiva ligeramente diferente, un libro contado en primera persona que nos lleva por diferentes aspectos de nuestra vida.

Sensaciones iniciales de una neandertal

Voy a ser honesta y reconocer aquí que tengo mis diferencias con el señor Arsuaga desde que por unas declaraciones suyas yo casi suspendo un examen de paleontología hace unos quince años. Vale, lo mío es ser vengativa, ya. Es una historia muy larga y la verdad es que ahora ya no es más que una anécdota curiosa, pero aunque a mi sí me guste bastante el estilo de sus libros de divulgación, creo que no son para todo el mundo. Para que te enganche el libro tienes que venir de base con interés en ese tema, o al menos esa ha sido siempre mi impresión.

En este caso la sensación es completamente diferente, porque no eres consciente de lo que estás leyendo. Vale que lo has visto en el título, y vale que sabes de qué va el tema, pero empiezas a avanzar en La vida contada por un sapiens a un neandertal y esperas que en algún momento se metan más de lleno en materia, de una forma mucho más técnica, pero no… y de repente te das cuenta que eso que estás leyendo no es la introducción, es el propio tema, pero está tan bien mezclado con el contexto que no te suena a que se te estén dando un montón de datos a memorizar. Y esa es la magia de una novela de divulgación bien hecha: que sea una lectura muy ligera pero aprendas con ella.

Lo que recordaré

No sé qué punto concreto debería destacar, porque no quiero hacer spoilers. Pero puedo decir que en varias ocasiones el libro me ha llevado por diferentes escenarios de Madrid, me ha recordado alguna que otra anécdota y hasta me ha arrancado una inesperada carcajada en la descripción de cierta tienda que parecía una farmacia pero era otra cosa. Aunque ahora que lo pienso, creo que el momento que quedará más en mi memoria estaba justo al final, porque ahora yo también quiero ir a la Almudena a esa tumba. Y la encontraré, porque a ese señor tengo que presentarle mis respetos. Si queréis saber de qué hablo, tendréis que leer el libro. Así conoceréis esa historia y las otras historias que ese neandertal descubre con un sapiens.

¿Recomendado?

Sin duda el libro lo recomiendo, porque a mi me ha sorprendido mucho. Asumía que no me desagradaría pero desde luego me ha dejado muy buenas impresiones. Me ha motivado y me ha dado ideas, y eso es lo que espero yo de un libro de divulgación. Además, como todos llevamos un poquito de neandertal dentro, pues no nos viene nada mal aprender un poco de otros sapiens.

La vida contada por un sapiens a un neandertal es relativamente reciente, pero dado que tiene una editorial grande detrás, es fácil encontrarlo en cualquier librería. Como creo que este es el tipo de libro que podéis regalar sin miedo, yo os voy a poner el enlace afiliado a la versión en papel, aunque también lo encontraréis en su versión Kindle si queréis evitar lo de los árboles muertos:

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Los olvidados visones, posible reservorio de virus

El tema de hoy quizá debería estar ocupando un poquito más de espacio en las noticias. Y quien dice un poquito, se refiere a algo. Hoy vamos a hablar de qué cosas sabemos en estos momentos de los virus en visones. Concretamente del coronavirus SARS-CoV-2. En su momento se contó que había casos en granjas y se iban a sacrificar un montón, pero parece que se quedó ahí.

La realidad es que en los últimos meses se ha avanzado en el estudio de la situación, analizando por una parte la dispersión de los coronavirus en ese entorno, y por otra el papel de las mutaciones identificadas. Y se están estudiando más cosas, pero de esas dos partes se han publicado artículos que me dan contexto para el tema. 

Los dos artículos que me han servido como inspiración y fuente de información son: Transmission of SARS-CoV-2 on mink farms between humans and mink and back to humans y SARS-CoV-2 mutations acquired in mink reduce antibody-mediated neutralization. El segundo es un preprint, por lo que debemos tomar sus datos con cautela. 

La situación del coronavirus en visones

Desde finales de la primavera pasada sabemos que los visones se pueden infectar con el SARS-CoV-2, en aquel momento se identificaron casos en granjas en Países Bajos y en Dinamarca. La estrategia a seguir era la habitual en los brotes epidémicos en animales: muerto el perro se acabó la rabia. Durante el resto de 2020 se sacrificaron millones de visones en Europa.

Pero lo que hizo que los visones en su momento ocupasen las noticias no era que ellos se contagiasen, era que podía volver a humanos. Poco después de identificar los primeros casos en visones, se detectó que sus virus tenían una serie de mutaciones y que las mismas se habían identificado en algunos trabajadores de las granjas. Esto indicaba que el virus había pasado de los humanos a los visones y de los visones de vuelta a humanos.

El salto es posible, y ha pasado varias veces

En el primer artículo que he nombrado analizan la presencia de virus en diferentes granjas. Buscaron brotes y analizaron las secuencias, llegando a la conclusión de que existen varios grupos independientes de virus en base a sus secuencias, por lo que son eventos independientes. 

Por otra parte, sus resultados apuntan a la transmisión entre los trabajadores e incluso a sus familiares, pero no parece extenderse en ningún momento mucho más allá, aunque en principio sería posible. Puntualmente, si han detectado saltos entre granjas, pero probablemente se deben a trabajadores temporeros. 

Los datos obtenidos destacan también un miedo que debe estar presente: ¿y si los visones son reservorios? Quizá no es todavía el caso pero pueden serlo en el futuro. Dada nuestra situación actual, que el virus se pudiese ocultar en un reservorio animal nos supondría un gran problema.

visón
Con lo bien que viven libres…

Las mutaciones en visones son preocupantes

En el caso del preprint que analiza las mutaciones en detalle, vemos que las mutaciones adquiridas en visones no deben quedar olvidadas. En algunos casos son mutaciones que están también presentes en algunas de las variantes que se han identificado posteriormente. En otros casos, son mutaciones que permiten seguir replicándose en humanos sin problema, pero que escapan de algunos de los anticuerpos que se utilizan actualmente.

Dada la situación, la adquisición de mutaciones en otros animales y su vuelta a los humanos podría suponer un gran problema a la larga. Por ello, los estudios que analizan las secuencias tanto en animales como en los humanos que se han contagiado de ellos son imprescindibles.

¿Por qué preocuparnos?

Aquí nos encontramos con varios problemas. Por una parte, lo que mencioné antes: el virus podría esconderse durante un tiempo en un reservorio y volver pasados unos meses a infectar humanos.

Pero no es el único problema. Estamos detectando aproximadamente una nueva mutación cada dos semanas. Eso, dadas las mutaciones presentes en los primeros visones nos deja con dos opciones: o el virus llevaba tiempo circulando entre ellos o en ellos muta más rápido. Dado que algunas mutaciones se identificaron en granjas en las que antes todos eran negativos, nos investigadores se inclinan por la segunda opción. 

¿Queremos que el virus se esconda en unos visones en los que puede generar variantes más rápido? Si no es así, más nos vale no perder de vista a los visones.

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El análisis de aguas para prevenir, un arma de doble filo

En las últimas semanas, especialmente en la última, se ha dado bastante bombo al sistema de análisis de aguas residuales de Madrid por parte de Canal Isabel II. En sí es bastante llamativo porque nos demuestra una vez más que para las noticias, en muchas ocasiones, el resto del país pasa a un segundo plano.

Este tipo de análisis, hacer PCR en muestras de aguas residuales para determinar cual es la concentración de virus presente y poder determinar si la incidencia está subiendo o bajando, no es algo nuevo. Si nos vamos atrás en el tiempo, creo que los primeros resultados que se hicieron públicos vienen de mayo de 2020, como por ejemplo este trabajo sobre las aguas de París. Pero realmente se había empezado antes, y por ejemplo en el caso del área de A Coruña por esas fechas ya se estaban analizando datos. Desde luego, Canal tampoco empezó ayer, pero sí hace relativamente poco que sus datos son más abiertos y que la población es consciente de las subidas y bajadas.

¿Cómo se hacen los análisis de aguas?

La verdad es que se realizan tantos análisis similares para hacer seguimiento de otras cosas que implementar el análisis de presencia de ARN de coronavirus es muy sencillo. En este caso el análisis esperable es una RT-PCR, aunque no es la única opción posible y se puede optar por otros métodos, eso sí, con amplificación. Es necesaria la amplificación de la señal porque queremos creer que partimos de cantidades de coronavirus muy bajas. Aunque en algunos casos se adaptó una prueba propia, en estos momentos hay kits disponibles para el análisis.

Además, de forma muy reciente la Comisión Europea empezó a recomendar el análisis de aguas residuales para poder estimar la incidencia de la Covid-19, algo que va muy en línea con lo que puede ser una adaptación a una nueva normalidad (ahora sí) en la que quizá se escapen casos del registro cuando se hagan autotests en casa. Por supuesto nuestro objetivo debería ser que el análisis de aguas sea un complemento y que no sustituya otras cosas, pero no podemos ignorar que es mucho más asequible y podría ayudar a orientar otras acciones.

Para el análisis se toman muestras en puntos concretos de los colectores y se presupone que la cantidad de virus presente por litro de agua sea proporcional a la incidencia en la población. Cuando nos contagiamos parte de nuestros virus vamos a soltarlos al respirar y toser, pero también nos vamos a tragar una parte. Si pensamos en los virus que pueden ser «lavados» de nuestro cuerpo y los que puedan ir en heces, asumiendo que de una persona sale más o menos la misma cantidad de virus durante un día al agua, podemos hacer una estimación aproximada de la incidencia sabiendo la cantidad de virus que hay en el agua.

El agua no supone un peligro

Quiero aclarar este apartado porque genera dudas. Cuando el virus deja nuestro cuerpo y va a aguas residuales, generalmente lo hace en una forma inactiva. Las partículas activas, capaces de infectar, son las que salen de nuestra nariz y boca en forma de gotitas más o menos grandes (sí, incluyendo aerosoles). Esos virus activos duran un tiempo con capacidad para infectar a otra persona, pero cuando llegan a las aguas residuales ya no son infectivos. Es posible que ocasionalmente un virus llegue activo al agua y que pudiese infectar a otra persona, pero hablamos de cantidades tan bajas que no serían suficientes para iniciar una infección, al menos en un mundo en el que tratamos el agua. Si nos queremos preocupar por lo que soltamos a las aguas residuales, hay otros muchos virus y bacterias que deberían preocuparnos más.

Pero que un virus no esté activo no quiere decir que no esté, porque al inactivas no se volatiliza. Queda lo que podríamos llamar el cadáver del virus. Es lo que se va por el lavabo, por ejemplo, cuando lavamos nuestras manos llenas de virus con agua y jabón. Están rotos, pero están. Y si hacemos una PCR, podremos detectar su material genético.

El agua de un día enseña lo de ese día

El problema que veo con la interpretación que se está realizando de los datos del Canal Isabel II es que no se está teniendo en cuenta de dónde viene el virus. Y me refiero a la interpretación que se realiza por parte de los medios de los datos en bruto, porque hasta el momento no me consta que hayan publicado un análisis detallado de los resultados que obtienen. Sí es cierto que un incremento en el municipio de Madrid o en toda la Comunidad puede correlacionar con un aumento en la incidencia, pero hay que tener mucho más cuidado con la interpretación de resultados de los municipios más pequeños, porque la gente se mueve, al menos se mueve cuando dejas que se muevan.

Gotas de agua
Lo que tal puede decir el agua…

Si un área concreta tiene un cierre perimetral, los resultados se corresponderán a la gente que hace su vida ahí. Y pese a ello, habrá ciertas excepciones, porque hay que tener en cuenta que mucha gente se desplaza todos los días a núcleos urbanos desde barrios o ciudades dormitorio para trabajar. Así, si no se identifican asintomáticos y se les pide que se queden en casa, sus virus serán contabilizados también en su lugar de trabajo. Esto por ejemplo se ve con la subida de casos en municipios como Torrelodones, que si separásemos entre día y noche, veríamos que sube fundamentalmente por la noche.

Los extraños resultados…

Lo que se observa en la Comunidad de Madrid, en el análisis de sus aguas, es un reflejo de lo que hacen los madrileños. Según se han ido abriendo pequeños municipios más alejados, ha ido subiendo el registro en sus aguas, pese a que el número de casos identificados en sus habitantes no parece explicar esa subida.

Y así podemos ver qué es lo que están haciendo los madrileños, aunque la verdad es que no es necesario mirar el agua, sólo hay que ver las fotos en Instagram cada fin de semana, o visitar algunos municipios. Vemos una subida en municipios como Buitrago de Lozoya que difícilmente se explica con los casos que hay, o casos todavía más extremos como el de Bustarviejo. Mientras que en el ayuntamiento de Madrid ese análisis de aguas sí da una imagen actual de la incidencia, en estos casos parece estar dándonos una imagen de lo que podría ocurrir.

¿Qué hacemos el finde?

¿Por qué? Porque si nos desplazamos a estos municipios durante los fines de semana, y claramente lo hacemos, los asintomáticos dejarán sus virus en sus aguas residuales si, por ejemplo, comen en un restaurante. Y digo los asintomáticos porque voy a asumir que nadie es tan imbécil como para irse con síntomas.

Si se han tomado medidas adecuadas, se registrará esa subida correspondiente al fin de semana y poco más. Pero si no es el caso, se puede actuar como foco iniciador de un brote en ese pueblo y que esa subida en las aguas residuales sea una advertencia de la subida de casos que está por venir. Eso es lo que parece que ha ocurrido recientemente en El Berrueco, en el que se observó la subida en aguas residuales antes de detectarse los casos. Recordemos, en cualquier caso, que en municipios muy pequeños la incidencia varía muy rápido, porque 6 casos te ponen en una incidencia por las nubes si tienes poco más de mil habitantes.

¿Cómo tenerlo en cuenta?

Claramente hay que tener en cuenta cómo se mueven las personas para poder hacer interpretaciones de los análisis de aguas residuales, y espero que se esté teniendo en cuenta. Me gustaría pensar que se va a utilizar también de cara a controlar la afluencia de gente a ciertos puntos turísticos, por el bien de los habitantes de esas regiones. Que sí, que algunos claro que van a trabajar todos los días a otro sitio. Y sí, algunos simplemente vuelven a su casa durante el fin de semana. Pero la situación actual dista de ser la habitual de movimiento hacia esos municipios.

Parece mentira que además de tener que pedirle a todos los que se «suben el finde» que respeten el medio ambiente y recojan todos sus desperdicios por el camino, de pedirles que no molesten a los pobres animales ni destrocen las plantas… también tengamos que pedirles que vigilen donde dejan sus virus. Por suerte el análisis de aguas seguirá siendo un buen chivato, quizá no siempre de la situación actual, pero sí de las costumbres madrileñas. Otros dirían que se puede analizar con los datos de movilidad de Google, yo digo que podemos saberlo también con lo que dejamos detrás cuando nos movemos.

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Al espacio… con compañía (de bacterias)

Supongo que es evidente que si algún día los humanos decidimos colonizar otro planeta, no podemos irnos solos y ya. Esto es algo que a mi no se me había pasado por la cabeza, pero estaba leyendo un artículo sobre la importancia de las bacterias de la ISS y he pensado que mejor pienso en alto. O mejor dicho, mejor voy escribiendo según pienso. Porque al espacio nos tenemos que llevar bacterias.

Desde luego, cuando se nos dice que qué nos llevaríamos a una isla desierta, podemos pensar en muchas cosas, pero las bacterias no aparecerían en la lista. El caso es que en una isla desierta, por muy desierta que esté, pues tendremos agua y podemos cultivar plantas e incluso criar animales. Que sí, el agua igual hay que desalarla. Y si en lugar de una isla es un desierto, pues igual vamos más justos de agua, pero ya me entendéis. En este planeta siempre tenemos cosas de las que partir, y no empezamos con todo de cero. Pero, si nos vamos a vivir a otro planeta… ¿qué hay que meter en la maleta?

Una fotosíntesis compleja

Aunque sabemos que hay plantas que se pueden cultivar en el espacio, la cosa no es sencilla. Y tampoco es que lo parezca, pero bueno. La cantidad de radiación solar que llega a nuestro punto de destino puede que no sea suficiente para que las plantas crezcan bien, o quizá sea demasiada. Supongo que podríamos decir que la generamos artificialmente y ya está, pero la verdad es que no sé si la mejor solución es tener grandes naves llenas de lechugas en su propia microatmósfera. Porque claro, el aire… el aire no es el mismo. Y estaría muy bien tener una atmósfera similar en otro planeta, pero para eso primero necesitamos todo lo previo, y en la Tierra no empezamos con lechugas.

Por supuesto, si pensar en fotosintetizar ya es complejo, podemos olvidarnos de la ganadería. Porque a ver cómo conseguimos que nuestras vacas estén felices en Marte, y además tenemos que llevarnos el pienso en la nave. Desde luego, cualquier estrategia rompería con todos los esquemas de lo que remotamente sería la ganadería sostenible, así que mejor dejar de comer animales… por ahora.

Así podrían ser las bacterias espaciales (Pete Linforth)

Todo empieza con las bacterias

Sabemos que en la Tierra los primeros organismos eran procariotas. Sabemos que las bacterias y arqueas que conviven con nosotros en la actualidad son lo más parecido a aquellos primeros organismos. Por lo tanto, si en algún momento queremos poder establecernos como vida en otro planeta, tendremos que empezar con bacterias.

Sí hay que tener en cuenta que nos vamos a llevar muchas cosas durante mucho tiempo, pero ese será el primer paso para poder tener nuestro propio alimento en otro planeta, y el camino para tener una atmósfera que nos permita respirar sin cascos horribles o teniendo que estar siempre dentro de edificios, que si nos quejamos de las mascarillas, no sé cómo cree la gente que va a ser esto en Marte, que ni para un paseo te la vas a poder quitar… la escafandra, digo.

Ya tenemos bacterias extraterrestres

Por suerte no partimos del todo de cero, porque entre tanto ir y volver, resulta que ya hemos encontrado bacterias que no son como las de la Tierra. Vale, que tampoco es que sean del todo extraterrestres, pero casi. Porque por mucho que intentemos limpiar todo, limpiamos fatal. Eso es algo que a estas alturas, pandemia mediante, no es un secreto. A todos se nos escapa algún microbio en algún sitio, y eso es lo que pasó en la Estación Espacial Internacional. No es la primera vez que llevamos alguna bacteria por error, eso está claro, pero las bacterias se están adaptando muy bien a estar por ahí y parece que se van adaptando generando nuevas cepas. Cepas que no tenemos aquí y que sí se han encontrado allí. Y es que sabemos que aguantan un montón, porque hace ya un tiempo otro estudio demostraba su aguante, en ese caso mandándolas de excursión a propósito.

Por lo tanto sabemos que bacterias nos podemos llevar al espacio, que aguantan y que además pueden seguir adaptándose y generando nuevas cepas y quizá nuevas especies si les damos tiempo suficiente. Entonces perfecto ¿no? ¿Debemos llevarlas a Marte?

Colonizar o no colonizar

El problema que tenemos es que aunque las bacterias aguanten, quizá no es tan buena idea llevarnos bichos por ahí. Porque sí, es cierto que esas bacterias pueden desempeñar un papel fundamental para poder obtener alimentos en otros planetas. Que yo me comería directamente las bacterias si hace falta, que saborizante les podemos poner. Pero tenemos que ir un paso por delante y no cometer los errores que cometimos en el pasado colonizando zonas de nuestro propio planeta.

Si nos llevamos microbios al espacio o a otros planetas debemos hacerlo siempre de la forma más controlada posible. Pese a ello, probablemente pifiaremos y contaminaremos algo. Pero al menos lo que nos llevemos que no altere en exceso otro planeta en el que no sabemos qué puede ocurrir si, por ejemplo, intentamos replicar nuestra atmósfera. Si hace falta, pues nos creamos un miniplaneta artificial (o sea, un satélite) para poder cultivar lo que nos haga falta.

La curiosidad…

Yo siempre digo que la curiosidad no mató al gato, pero la curiosidad ha destrozado muchos ecosistemas, y no queremos que destruya planetas. Por una parte entiendo el ansia por saber y conocer otros planetas, el ansia de los viajes espaciales… porque es curiosidad. Pero por otra parte, pienso en todo lo malo que podemos hacer. Así que si viajamos a otros planetas, debemos respetar lo que allí nos encontremos. Y desde luego, no debemos viajar porque ya nos hayamos cargado el planeta en el que vivimos, que todavía estamos a tiempo de actuar y evitar tener que escapar a otro. Porque en otro, la destrucción iría más rápido.

Pese a todo, me resulta muy interesante que las bacterias puedan vivir felices en el espacio. Y no solo vivir, es que pueden crecer y generar variantes que han dado lugar a nuevas cepas. Quizá es una evolución más acelerada por factores externos, pero no deja de ser una perspectiva más del milagro de la vida. Vida que debemos cuidar.

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Ya no fregamos los crispis con lejía: los aerosoles y los virus

Hace un año yo me llevaba las manos a la cabeza cuando leía que todo el mundo fregaba todo lo que entraba en su casa con lejía, incluso las cajas de cereales del niño, no fuese a llevar coronavirus. Me planteaba si a lo mejor yo era una mala microbióloga, pero no me podía creer que el virus aguantase tanto por ahí como algunos estaban diciendo. Quizá es que casi no se hablaba de los aerosoles y su importancia en la transmisión de virus, pero en mi cabeza eso sonaba.

Vale que yo limpio de base de otra forma, porque veo los microbichos que hay y me pienso las cosas dos veces. Porque a lo largo de mi vida he tenido que buscar un equilibrio entre todos los bichos que hay por ahí y un «lo que no mata engorda». Porque si los quieres eliminar todos, no vives.

Pero yo nunca fregué con lejía la caja de los crispis. Primero porque en mi casa no entraba de eso. Y segundo porque si había bicho, ya se moriría entre que yo compraba la caja y que la tocaba en casa. Pero eso era una opinión impopular, igual que ahora lo es que yo siga pensando que usamos las mascarillas mal. Las usamos mal cuando las usamos en un prado y nos la quitamos en el interior de un bar. Las usamos mal cuando creemos que son un escudo que nos protege de todo lo malo, y nos olvidamos de otras medidas que, a veces, pasan por fregar los crispis.

No sabemos nada

Estaba leyendo una revisión sobre la transmisión de virus que provocan enfermedades respiratorias. Ahora estoy casi peor que antes, porque estoy todavía más convencida de que no sabemos nada. No sabemos cómo se transmiten algunos virus que llevan décadas con nosotros, como para saber bien cómo se transmite el coronavirus.

Y es que hasta de los otros coronavirus tenemos dudas, porque al final parece que el problema es que queremos ver todo blanco o negro y afirmar algo rotundamente, y en esto mu galleguitud me da ventajas: todo depende. Y más si hablamos de aerosoles y virus.

Para poder evaluar la transmisión que hay en una población usamos ese famoso R0, que ahora en España se nos ha olvidado porque parece que ya solo hay que mirar la incidencia acumulada a 14 días, pero que sigue ahí. Con ese valor podemos saber cual es la capacidad de un virus para transmitirse en función de la vida. Cada virus tendrá un valor de base que nosotros podemos modificar. Si el R0 del coronavirus fuese 3 (todavía no nos hemos puesto de acuerdo), eso querría decir que con nuestra vida normal, la de hace año y pico, cada persona con virus contagiaría de media a otras tres. Para acabar con la pandemia tenemos que hacer que sea menos de 1, y eso lo hacemos forzando medidas desde los gobiernos, y evitando los contagios individualmente. Pero para eso tendríamos que saber cómo se contagia el virus, y todavía no estamos seguros.

El dudoso papel de los aerosoles

Por extraño que pueda parecer a algunos, el papel de los aerosoles en la transmisión de virus todavía está en duda. Pero está en duda principalmente porque nos perdemos en las ramas de los tecnicismos, y porque tenemos que dar un tamaño a los aerosoles. La realidad es que lo que está en duda es hasta qué punto es relevante el contagio por partículas en suspensión pasado un tiempo X, entre otras cosas porque es difícil separar eso de cualquier otro factor. Para saber que eso ocurre nos hace falta aislar virus infectivos de aerosoles, que en ningún momento hayan pasado por ninguna otra fase, y eso es complicado.

Esto no quiere decir que no haya indicios más que suficientes como para tomar medidas. Porque lo que no podemos hacer es quedarnos con la idea de que sólo nos podemos contagiar de otra persona que emita una partícula de más de 5 micras a menos de dos metros de nosotros. ¿Y si es de 4.5 micras? ¿Y si son 2.1 metros? Por eso todo depende, y los tecnicismos hay que dejarlos de lado.

Pero si nos contagiamos en una habitación en la que estamos solos, tampoco quiere decir que sea por los virus en aerosoles que otro dejó en suspensión, incluso aunque no hayamos tocado nada. Porque el simple hecho de mover el aire puede ser suficiente.

El contagio cercano

Por todos esos depende me ha gustado mucho la división presentada en la revisión, en la que se divide el contagio en cercano o lejano. Desde luego el cercano es el más fácil de controlar, pero no podemos olvidarnos del lejano. Voy a hacer un repaso de los puntos que se destacan en ambos y también sobre cómo prevenirlos. Recordemos que esto no va de coronavirus, va de enfermedades respiratorias en general.

El contagio cercano ocurre por gotitas, por fómites o por contacto directo. Esas gotitas, si es realmente cercano, serán en muchos casos más grandes que los «aerosoles» (elegid el tamaño que más os guste para definirlos). Las gotitas más grandes se controlan muy bien con una mascarilla, y los aerosoles se limitan si esa mascarilla está bien ajustada tanto en el emisor como en el receptor. Pese a ello, sigue siendo importante una buena ventilación para que se dispersen.

El contacto directo implica que tocamos a un contagiado, y por fómites nos contagiamos cuando tocamos algo contagiado. En ambos casos tocar no llega, nos tenemos que llevar el bicho a las vías respiratorias. Por eso en ambos casos lo más importante es lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón, y lo de limpiar las superficies viene después.

Virus delante de un spray
Esto más o menos sale cuando hablamos

El contagio lejano

Este ha sido más susceptible de generar teorías locas. Porque aquí está el contagio por fómites que ha dejado alguien que no está con nosotros, por ejemplo, en el paquete de crispis en el supermercado. También están los aerosoles de terceros, e incluso las gotitas que se convierten en aerosoles con el aire seco.

Hace un año se ponía mucho esfuerzo en este tipo de contagio, pero solo en la parte que afecta a las superficies. Se empezó a desinfectar calles, la compra, los zapatos… se prestó mucha atención a los fómites dejados por otros creyendo que el virus aguantaba un montón, pero la realidad es que esa vía se sabe que no es ni mucho menos la más relevante. En cambio, la otra vía de contagio lejano… esa la ignoramos. Ahora insistimos más en la ventilación, y hablamos de los aerosoles, pero creo que todavía falta un paso más, falta que entendamos que los aerosoles no son solo un problema de contagio cercano, que es como se actúa.

El aerosol lejano que pasaba por allí y traía virus

Cuando hablamos del uso de mascarillas y ventilación para evitar el contagio por aerosoles, algo nos falla en cómo lo explicamos. Porque en una habitación en la que hay aerosoles, están ahí, no aparecen por arte de magia si viene otra persona.

Con esto quiero decir que, por mucho que no haya otra persona en vuestra oficina, si se va a atender a alguien dentro de dos horas, os tenéis que poner mascarilla y/o ventilar. Y lo mismo en casa. Y como creo que todos sois conscientes de lo absurdo de estar solo en casa con una mascarilla puesta, entonces podréis entender que lo importante es ventilar y renovar totalmente el aire de la habitación antes de que entren más personas.

Recordad que nunca estáis solos, estáis con los virus de la persona que ha estado antes en el mismo sitio. Y antes puede ser mucho tiempo antes. La forma de evitarlo es ventilar. Y por supuesto, hacer actividades al aire libre cuando sea posible. Y sí, filtros cuando no haya otra opción. Pero si en una tienda se ponen la mascarilla solo cuando entra el cliente, eso muestra que les preocupa lo que lleve el cliente, y no lo que ellos puedan contagiar.

Entonces ¿los crispis?

Pese a que haya que repetir más eso de ventilar incluso cuando uno está solo, cada virus es un mundo. Y los aerosoles también. Es una vía más, y hay que tenerla en cuenta. Peros sigue habiendo virus que aguantan muy bien en superficies. Pero yo sigo pensando que limpiar la caja de cartón es una exageración y que es necesario buscar un equilibrio. Hay que lavar la fruta y las verduras, hay que asegurarse de que la carne haya sido cortada con manos y material limpio. Hay que evitar que nuestros alimentos se contaminen con virus y bacterias, pero no hay que esterilizar toda la casa.

No podemos vivir pegados a una máscara con respirador y protector ocular pensando que quizá entre un aerosol de una tos del vecino de abajo, ¿verdad? Pues de la misma razón tenemos que ser conscientes del resto de peligros y actuar en consecuencia, eliminando los puntos con riesgo mayor y aprendiendo a vivir con el resto. Ante todo, lo que no podemos hacer es poner en riesgo nuestra vida por intentar evitar de forma extrema un virus, más allá de las medidas que sí son razonables.

¿Y qué hago?

Así que cuando podáis invitar a alguien a tomar un café a casa, ventilad antes para eliminar vuestros virus de los aerosoles, ventilad durante para que no se acumulen y ventilad después. Si tenéis balcón, aprovechad el sol. Y os quitáis la mascarilla lo necesario, y no le escupís en la cara a vuestros amigos cuando os la quitáis. Y así sí se puede tener una vida decente. Pero como sé que no queréis fumigar a vuestros amigos en virucida, tampoco pidáis que os lo hagan en un bar para poder estar en un sitio cerrado sin ventilar, porque no habrá servido de nada., porque habrá aerosoles, habrá virus, y os podréis contagiar.

Es mejor un poco de todo con cabeza y con calma que una única medida y creer que da superpoderes, porque en eso los microbichos son más listos. Así que menos creer en la magia de las mascarillas y en los productos milagro y más dejar que corra el aire. Y si queréis leer la revisión que comentaba, que es muy interesante, la podéis encontrar aquí.

Por mi parte eso es todo por hoy. El tiempo para leer y comentar ciencia no sale de debajo de las piedras, ni yo me alimento de aerosoles, así que si queréis ayudarme podéis hacerlo invitándome a un café: