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Los dinosaurios y sus plumas

En esta breve reflexión quiero compartir con vosotros una duda que me corroe: ¿por qué nos cuesta tanto asumir que los dinosaurios tenían plumas? Ya sé que todos hemos visto en la tele películas en las que hay dinosaurios y que esos dinosaurios no tienen plumas, pero es que esto de las plumas no es de ayer.

¿Desde cuándo tienen plumas los dinosaurios?

En sí, la idea de que los dinosaurios tenían plumas ya rondaba algunas cabezas hace más de un siglo, pero no podían demostrar nada. En la década de los 90, en el 96 si no me equivoco, se publicó por primera vez que había dinosaurios que tenían plumas. La idea era lógica, si ya teníamos más o menos claro que las aves descienden de los dinosaurios, entonces era razonable pensar que al menos algunos dinosaurios también tuviesen plumas. Por eso en ese momento tampoco sorprendió tanto, porque además eran dinosaurios pequeños. Todo lógico.

Mientras pensábamos en dinosaurios pequeños todo parecía lógico y razonable, pero al pasar los años se descubrió que había dinosaurios de mayor tamaño que también tenían plumas. Que sí, que eso fue anteayer y el mayor daño cinematográfico ya estaba hecho, pero es que se acumuló tanta evidencia que llevamos ya varios años diciendo que bueno… es probable que todos o casi todos los dinosaurios tuviesen plumas, del tipo que fuese.

Dibujo digital de un tiranosaurio al que le ponen una cresta con algunas plumas, o pelos, no queda claro.
Al menos algunos amagan con poner alguna plumita…

¿Dónde está el problema?

En mi opinión, y es una idea propia sin base ninguna, creo que tenemos alguna clase de trauma que nos impide imaginarnos al dinosaurio malote de las películas con plumas. Porque vale del que volaba. Vale del que era pequeño… pero un T. rex no, porque era el malo de la película (literal) y no podía tener plumas. Qué va a ser lo próximo… ¿Plumas de colorines?

Quizá nos lo tenemos que hacer mirar, a ver por qué nos cuesta tanto asumir que los dinosaurios que nos habían pintado como algo terrorífico, tenían plumas. Porque vamos a ver, a mí que tuviesen plumas me parece normal. Como decía antes, es algo esperable. Lo que no me parece normal es que veamos al T. rex (sí, tal y como lo estáis imaginando) y eso nos parezca un bicho superpeligroso. Porque con una cabeza tan grande y unos bracitos tan pequeños, eso estaba condenado a la extinción. Vamos, que lo de las plumas era claramente lo de menos, hasta vendrían bien y servirían para compensar todas esas cosas que por un capricho de la evolución estaban ahí, pero que nadie entiende cómo sobrevivieron tanto. Supongo que era eso de ser otra época.

Pensémoslo bien… ¿Tan difícil es asumir que tenían plumas? ¡Pero si evolutivamente es mejor!

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El monte gallego, los eucaliptos y el pienso extranjero

Hace, así a ojo, unos 70 años empezó una historia que acabó generando mi relación de amor-odio con los eucaliptos, que para cuando yo nací ya habían llegado a la última esquina posible y tenían un tamaño más que razonable. Y no solo eso, algunos ya habían sido cortados y otros plantados en su lugar.

Yo de este tema ya he hablado antes. Los eucaliptos no son árboles autóctonos en Galicia. No estaban ahí antes. Tampoco estaban los pinos que había en muchos de los bosques que después se llenaron de eucaliptos. Lo que había inicialmente eran prados, monte. No bosquecitos con árboles perfectamente alineados. Primero se llenaron de pinos, y después de eucaliptos. Y aunque los pinos sí pegan un poco más, los eucaliptos ya no. Necesitan grandes cantidades de agua (y por eso crecen muy bien en Galicia), pero también les gusta mucho el fuego: arden bien y el fuego ayuda a que nuevos árboles puedan crecer. Las plantaciones de eucaliptos han secado humedales, y es que aunque desde la perspectiva de otras partes del país aquello siga siendo muy húmedo, la cosa no es así.

Hace muchos muchos años…

Antes de que los montes se llenasen de eucaliptos, e incluso antes de que se llenasen de pinos, la mayor parte de esos bosques eran zonas dedicadas a la ganadería y la agricultura. Sí había bosques, por supuesto, pero en esos bosques había muchos más castaños y robles, bosques que, por otra parte, la propia ganadería podía explotar, haciendo que se mantuviese limpio y hubiese un riesgo de incendios mucho más bajo.

En aquellos momentos la población se encontraba más descentralizada, había movimiento en las aldeas y los ganaderos tenían a sus vacas pastando libremente. Y a los cerdos comiendo castañas y bellotas. Y a las gallinas ocupándose de los restos de la huerta. Parte de esos montes tenían cultivos, y parte simplemente servían de cada y comida para los animales. Pero claro, la gente se movió a las ciudades y esa forma de ganadería no es del todo compatible con la cantidad de carne que se vende…

Fotografía de hojas de eucalipto
Los eucaliptos… su olor me recuerda a la infancia, pero a la vez me enfada

La nueva vida

Así pasaron los años y cada vez había menos animales libres y más en explotaciones mucho más limitadas. En lugar de soltar a las vacas al campo, se las mantenía en un recinto más pequeño y fácil de controlar, y se les llevaba la comida. Así, en el monte se podían plantar eucaliptos. Y esas granjas empezaron a ser cada vez más grandes, y las vacas y los cerdos tuvieron cada vez menos espacio. Pero llegó un momento en el que ya no se podía dar de comer a las vacas lo que se recogía de las tierras cercanas, hacía falta más, porque tener una vaca más ocupa poco, pero cultivar su comida ocupa mucho más. Así se empezó a comprar fuera, y cada vez más fuera, hasta llegar al punto de traerlo del extranjero.

Mientras los montes tenían pinos y eucaliptos, pero nadie se ocupaba de ellos. Especialmente con los eucaliptos, ardían con más facilidad, y la falta de cuidado acabó dando una nueva imagen: muchos eucaliptos jóvenes, helechos y tojos a su pie, y la seguridad de que en 10 años ese paisaje habría cambiado. Mientras, las vacas pastando… encerradas.

¿Qué hacemos?

Lo de la solución es muy complejo, pero yo os he descrito los cambios en una zona concreta. Y en el resto de España los cambios de usos también son algo digno de contar. Ahora dependemos de terceros, y lo hacemos (entre otras cosas) porque nos gusta vivir en ciudades y nos gusta comer carne, a algunos incluso todos los días. Ahora, queda en vuestras manos pensar si la hemos pifiado, y en como podemos arreglarlo.

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La primavera la alergia altera

Llevo varias semanas pensando en hablar de este tema, pero hay que reconocer que las lluvias en el momento de entrada a la primavera no motivaban mucho. Por eso decidí esperar, pero no se puede hablar de la llegada de la primavera después de semana santa, porque suena como que muy tarde, así que hoy toca hablar de la alergia primaveral, que de primaveral tiene poco. ¿Vosotros tenéis de eso? Es posible que este año sea diferente.

He hablado mucho de las alergias en el pasado desde el punto de vista científico, pero este año os toca aguantar mi rollo personal, mi experiencia, a ver si os sirve al menos para que no sintáis que es cosa vuestra si la situación es similar.

Mi alergia prepandemia

Antes de que la pandemia de coronavirus llegase a nuestras vidas, mi alergia tenía un comportamiento muy predecible. Cuando vivía en Madrid llegaba siempre en marzo, con los primeros días de un poco más de calor. Después, cuando me fui a Suiza, mi exposición era a otras especies. El polen que me daba alergia en Madrid ya no estaba cerca, pero estaba otro, que me producía un ataque bastante fuerte con las últimas nieves del invierno, cuando todavía estaba todo blanco, pero venían unos días de buen tiempo. Esto ocurría normalmente entre finales de enero y principios de marzo. No os digo qué polen era en cada caso, porque la lista es larga, y porque es irrelevante para la historia. El caso es que a finales de febrero de 2020 yo estaba en pleno pico de alergia, y nunca tendré claro si tenía solo alergia, coronavirus, o qué. Ni tan siquiera puedo decir si tenía anosmia porque me pasé varias semanas sin respirar casi por la nariz, pero nadie le daba importancia. Yo seguía con eso cuando me encerraron en casa.

Mi alergia durante la pandemia

Durante los dos últimos años mi alergia prácticamente no ha estado. Quitando un par de días puntuales en los que sí he notado algo, desde aquel marzo de 2020 no he vuelto a tener síntomas claros. Entiendo que esto se debe fundamentalmente al uso de la mascarilla, de forma que aunque sí haya estado al aire libre sin ella puntualmente, no he llegado a exponerme a cantidades tan altas de polen como para que acumule días de síntomas. Tal es la situación, que no he comprado ni un antihistamínico desde principios del 2020.

Claro que esa situación es la del año pasado, y poco de este año. Porque la primavera pasada se salía a la calle con mascarilla, y estos últimos meses, pese a ir sin ella, no me tocaba, oficialmente. Como dije al principio, en Madrid yo tenía los síntomas en marzo, pero este marzo ha sido muy peculiar. Sí he llegado a notarlo algunos días en febrero en el campo, en zonas muy puntuales, pero nada que ver con la situación previa.

Imagen de una abeja polinizando una flor
Qué bonita la polinización… si no te da alergia

¿Qué pasará pospandemia?

Mi miedo en estos momentos es que tras las lluvias de marzo, un día aleatorio llegue el polen que tenía que haber llegado hace un mes a Madrid y yo recuerde de golpe lo que es tener alergia. Para evitar estas situaciones, es recomendable seguir usando mascarilla en aquellas situaciones en las que te puedes exponer. Aunque los ojos te pueden picar igual y la mascarilla no sella al 100%, yo sí he notado una gran diferencia con el polen que se retiene en la mascarilla. Además, así no me toco la nariz cuando empieza a picar, que suele ser una espiral sin freno: entra algo de polen, pica, me rasco, dejo el polen que tenía en la mano en la nariz, me pica más…

Y ahora mi pregunta va hacia vosotros: ¿habéis recuperado vuestras alergias? ¿Se mantuvieron durante la pandemia? ¿Notáis cambios? ¿Soy la única que desconfía de esta extraña primavera?

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Los telómeros no llegan: el rejuvenecimiento

Hace cosa de un mes se llenaron los periódicos de noticias sobre el español que va a hacer que dentro de 20 años todos podamos rejuvenecer. Porque anda que no nos gustan ese tipo de titulares… pero la realidad suele ser un poco más triste que esa ficción que nos quieren vender, y aunque llevamos décadas soñando con el rejuvenecimiento, la realidad es que solo estamos dando pequeños pasitos en esa dirección.

El sueño del rejuvenecimiento con los telómeros

Cuando se descubrió el papel de los telómeros parecía que ya teníamos la fuente de la eterna juventud. Todo lo que teníamos que hacer era activar la telomerasa y hacer que se alargasen en cada ciclo en lugar de acortarse, y con eso ya estaba. Pero ese plan tenía unos poquitos fallos técnicos, porque eso no funciona exactamente así.

Los telómeros se pueden alargar artificialmente, sin duda, pero ahora sabemos que hay otra serie de factores que son mucho más relevantes en el envejecimiento, porque de nada nos sirve poner el reloj a 20 años si las células han acumulado todos los daños de 80. Podría ser incluso peor, porque las células no «morirían» cuando les toca, y eso facilitaría el desarrollo de tumores. Así pues, lo de alargar los telómeros no vale.

Imagen de un reloj en el que se ven los engranajes
Tic tac, tic tac…

El reseteo celular

Las técnicas más recientes se centran en otra serie de perspectivas, siendo su objetivo eliminar toda marca del paso del tiempo en la célula para volver a dejarla casi como nueva. Porque ahora tenemos claro que el rejuvenecimiento no pasa exclusivamente por lo que vemos en los genes, también por todo lo que se ha acumulado en la célula, eso que se regula con lo que llamamos epigenética, de lo que hablaré otro día. Así, el famoso avance de hace un mes, utilizaba los factores de Yamanaka para hacer ese reseteo en las células. Eso hace una especie de barrido, una limpieza, que deja las células casi como nuevas. No se deshace todo, pero eso permitía que las células de esos ratones pareciesen más jóvenes.

¿Lo podremos aplicar en 20 años?

Todo esto a mi, personalmente, me parece bastante precipitado. Pero podría ser que en 20 años podamos utilizar este tipo de técnicas de forma puntual. El caso es que aunque en 20 años se pueda utilizar en casos concretos, es altamente probable que eso ocurra en situaciones muy muy limitadas. Para comparación, CRISPR. Estamos a nada de que se cumplan 10 años del descubrimiento de CRISPR como técnica de edición celular, que podría revertir más de una enfermedad. Se ha aplicado, pero en situaciones muy puntuales. Sin meterme en la edición de la línea germinal, cosa que no está permitido (de aquella manera), todo lo que se ha hecho en células somáticas va… despacio. Porque hay que investigar, porque hay que hacer ensayos clínicos, porque los humanos somos más complicados que los ratones.

Así que por ahora con calma… mejor será que hagamos lo que sí podemos hacer para limitar el envejecimiento, ya que por ahora no vamos a poder rejuvenecer. Vamos a comer mejor, hacer ejercicio y vivir felices. Es nuestra mejor estrategia.

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Mucormicosis: cuando se abren las puertas a una enfermedad

Quizá es la primera vez que leéis esto de la mucormicosis, pero la realidad es que esta enfermedad que estaba muy localizada en un tipo de pacientes concretos, ha ido apareciendo varias veces en las noticias durante los dos últimos años. Se trata de una infección con hongos, algo que se vino a llamar históricamente el hongo negro, pero cuyo nombre formal es mucormicosis, nombre que recibe del tipo de hongo que la produce. Hoy os voy a dar unas pinceladas sobre este tema y dejaros un enlace a algo más largo y que, aunque de hace un tiempo, seguro que os resulta muy informativo.

¿Qué es la mucormicosis?

Como decía antes, se trata de una infección con un hongo. Entra en nuestro cuerpo generalmente por las mucosas nasales y a partir de ahí se puede expandir, siendo el principal problema su potencial llegada al cerebro, aunque puede expandirse a otras partes. Como comprenderéis, eso de la inflamación en los nervios en el cerebro suena bastante más peligroso que en otras partes del cuerpo.

El hongo en cuestión se encuentra en zonas húmedas, que es lo que le gusta a los hongos. En esas zonas húmedas, el hongo se puede encontrar en cualquier lugar en el que haya estiércol, materia orgánica en descomposición, etc… lo que hace que en los entornos más urbanos esto solo ocurra en zonas de esas que llaman desfavorecidas.

Fotografía del hongo, se ve una mancha negra con aspecto de moho
¿A que no tiene pinta atractiva? (University of Georgia Plant Pathology Archive)

¿Quién puede desarrollarla?

El caso es que históricamente esto no estaba siendo un gran problema (que lo era, pero no se hablaba de ella). No se hablaba porque solo afectaba a personas con una serie de problemas inmunitarios, ya que la inmensa mayoría de la población era capaz de evitar la infección con los mecanismos de defensa innatos. ¿Qué ha ocurrido? Pues que la principal forma de tratar los síntomas graves del coronavirus es bloquear esa defensa innata, justamente para que el coronavirus no haga de las suyas y no ocurra la famosa tormenta de citoquinas. Y ahí tenemos el problema, cuando hemos tenido picos de contagios en ciertas zonas del planeta, esto ha ido asociado a picos de casos de mucormicosis. Pese a todo, dudo mucho que sea peor el remedio que la enfermedad.

Esto ocurrió, por ejemplo, cuando tuvimos el pico de delta en India. El enlace que os dejo a continuación habla de esto justamente en referencia a estos casos, pero no ha sido lo que me ha inspirado, porque soy previsora, pero no tanto. ¿Sabéis dónde parece que ha habido un incremento de casos de mucormicosis últimamente? ¡En Rusia! Qué curioso…

El enlace, que es de hace ya casi un año: Mucormicosis: ¿por qué afecta a los pacientes de coronavirus?

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