De berberechos, toxinas y furtivos

Hace un par de días, J.M. Mulet publicaba en El País un artículo sobre Lo que cuesta un berberecho. Tras la gran oleada de RTs me decidí a leerlo. Al momento me pareció que el señor Mulet pecaba de ignorancia en su artículo, pero después, pensándolo bien, me di cuenta de que peca de buena fe. Mi interacción con el autor fue mínima… yo le pregunté que por qué un berberecho no se podía sembrar. Rápidamente me contestó que era por el tipo de reproducción que tiene, a lo que yo contesté que el berberecho cría de forma natural, pero que poder se puede sembrar.

Lo primero que me llamó la atención fue su narración sobre el sitio en el que se mariscaba, dependiendo de la veda y las capturas. No conozco la situación particular de la zona de Camariñas, pero os puedo decir que los periodos de veda los sugiere la Consellería y son luego las cofradías las que fijan los periodos finales. Normalmente a una persona la veda le afecta o no le afecta, pero no le afecta parcialmente, porque en toda la zona regulada por la cofradía en cuestión hay o no hay veda. Otra cosa es que la veda sea para un animal u otro, con lo que puede haberla para berberecho pero no para almeja. Luego volvemos al tema de las zonas.

Después está el tema de la siembra. Claro que el berberecho se siembra!! Tradicionalmente nadie se molestó en sembrar berberecho, porque el berberecho cría bien y no vale tanto. Si tú tienes una parcela y eliges que poner en ella… ¿no pones lo que vendes mejor? Por eso se suele hablar más de la siembra de almeja. Pero el berberecho se puede sembrar, y se ha hecho cuando se ha detectado escasez, o cuando hay problemas, como hubo hace poco con parásitos. Si no me creéis, aquí tenéis una prueba.

El texto pasa después al tema de furtivismo, y estoy totalmente de acuerdo con lo que dice, pero yo entraría más en detalle. Veamos, una persona que recoge marisco, lo puede hacer en una zona “suya” (de la que es directamente responsable) o en las zonas “de libre marisqueo”, en las que el que no corre vuela. También hay zonas no reguladas, cada vez menos, en las que cualquier mortal puede intentar coger algo. Os puedo decir que a día de hoy, si crece algo, está regulado. Pocas zonas quedan en las que uno pueda recoger su puñado de berberechos para la cena.

Una persona que recoja marisco para la venta tiene que estar inscrita y pagar su cuota. La gente que se salta este proceso, son los llamados furtivos. Pero también hay gente legal furtiva… Y es que legalmente tú tienes una cuota de recogida (que varía en función de si vas a pie o en barca, y de la cantidad de gente en la barca. Todo lo que se recoja extra es ilegal, lo mismo que el que recoge un furtivo.

marisco
Marisco recogido por servidora y familia de forma totalmente legal, cuando no toda la costa estaba regulada. Las manos pertenecen a servidora. Año 1987.

Mucha gente piensa que lo malo de los furtivos es que “roban” lo que pertenece a otros. Mucha gente cree que el principal problema es que no pagan sus cuotas. Y sí, estos son problemas, pero no el principal problema. El problema es que ese marisco no va a la lonja. Ese marisco se recoge sin control. Ese marisco se vende en un mercado paralelo. Y no, no estoy hablando de lo que esto pueda afectar a los precios.

En este momento querría aclarar otra cosa. Mulet dice que le han contado que a los furtivos que van a los percebes les cortan la cuerda. Yo os puedo decir que en otras zonas los sistemas de vigilancia son nivel CIA (sensores de movimiento en cada palo, focos enormes que se encienden si pasa cerca un mosquito demasiado grande) y que al de los percebes se le puede cortar la cuerda, pero al de las almejas se le puede abrir la cabeza con un sacho. Lo del sacho nunca lo he visto, pero sí he visto vigilar las almejas con escopetas de caza que ríete tú de los otros con el AK-47.

Tanto la Xunta, como las lonjas, como los cocederos y conserveras, someten el marisco a numerosas pruebas para estar seguros de que es válido para el consumo. Periódicamente se recogen muestras que van a parar a laboratorios internos (en el caso de muchos cocederos) o externos, en los que se hacen varias pruebas. La muestra se trata y se analiza la presencia de microorganismos para ver si superan los niveles que se consideran aptos. Una vez realizada esta prueba, se pasa a la prueba de toxinas. Si hablamos de conserveras, se hace la prueba de toxina botulínica. En marisco fresco se comprueba si existen toxinas de las llamadas “mareas rojas”. Estas mareas no son más que una acumulación de dinoflagelados (microalgas, vaya) o diatomeas que dan el color característico al agua. El problema es que estos bichos generan toxinas, y estas toxinas se acumulan en el hepatopáncreas del marisco (en un mejillón, por ejemplo, el hepatopáncreas es la especie de bolita marrón-grisáceo que tienen).

Las toxinas habituales se dividen en dos grandes grupos: diarreicas y neurotóxicas. Existen otras toxinas, pero vamos a centrarnos en estas dos, ya que son las más habituales en las rías gallegas.

La toxina diarreica la conocemos todos. Es esa que hace que un par de ostras “malas” te manden al hospital. Su efecto se suele ver sobretodo tras comer marisco de mayor tamaño (ostras, vieiras) y aumenta si no se ha cocido (de ahí la fama de las ostras). Pasas muy mal rato, pero lo bueno es que te enteras y puedes reclamar a quien te haya vendido el marisco en mal estado, entiéndase, marisco con toxina.

La toxina neurotóxica es más problemática. Existen varios tipos, pero para facilitar el tema, vamos a referirnos a todas ellas como neurotoxinas. Algunas provocan también síntomas diarreicos, por lo cual podemos volver a el punto de que sabes qué pasa y por qué. Pero otras te provocan un dolor de cabeza, una parálisis muscular, una pérdida de memoria… algo que te mandará al hospital si has consumido suficiente. ¿Y si no? Ese es el punto en el que yo veo el mayor problema, que si no has consumido suficiente hoy, puede que no notes los síntomas, pero con el paso del tiempo, si sigues ingiriendo estas toxinas, serás tú el que las acumules y vayas poco a poco acumulando sus efectos. Hasta el momento no se ha podido probar (ni desmentir) que la mayor incidencia de demencia senil en algunas zonas de la costa se pueda deber (o no) al consumo de marisco con toxina.

Y aquí voy yo… ¿vale la pena? ¿realmente creéis que vale la pena comprar el marisco al furtivo, o a la señora que se ha pasado de cuota? ¿no será mejor comprar marisco que ha pasado por las vías legales? He visto con mis propios ojos como en un momento de cierre total de la ría de Arousa por marea roja, que duraba ya semanas, señoras te vendían “almeja de Carril recogida ayer”. He visto como la mayor parte de la población dice que eso de las mareas es una tontería, que ellos han comido muchas veces marisco “con la marea” y no les ha pasado nada. Si vosotros recogéis en una zona permitida marisco y os lo coméis, es vuestro problema, pero si lo ha recogido una persona que os lo vende, el problema es más grave. Si esa persona os miente sobre el origen del marisco, es todavía peor.

Eso es lo que yo querría añadir al artículo de Mulet. No compréis marisco de furtivos. Y no lo hagáis no sólo por el bien de la economía de gente como su amiga Loly, que merece todo mi respeto en un trabajo tan duro. Hacedlo por vuestra salud, por la salud de vuestros hijos, a los que sin ser conscientes, podéis estar sirviéndoles un plato envenenado.

 

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2 comentarios en “De berberechos, toxinas y furtivos

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