Síndromes académicos: I – El postdoc

Con este post voy a empezar una serie que se basará, y quiero que esto quede claro desde el principio, en la experiencia y la ironía. Hace tiempo que llevo dándole vueltas a la idea y, finalmente, alguien me ha dado el empujoncito final. Empiezo por el Postdoc por ser el más famoso, y por ser el que me aplica a mí en estos momentos, para ver si así pilláis que esto está plagado de ironía y no me atacáis preguntando que quien coño me creo. Quizá, con un poco de suerte, consigo que alguien lo lea con una sonrisa en la cara. Empecemos. 

El postdoc es una especie muy particular. Tras años para llegar a esta situación (en sucesivos posts hablaremos de las fases previas), has desarrollado capacidades sobrenaturales de supervivencia. Una tesis es algo muy difícil de superar psicológicamente hablando, así que tú te has creado tu escudo, y no hay forma de destruirlo. 

Un postdoc que presente este síndrome jamás reconocerá que una tesis no es para tanto. Tras tanto esfuerzo, tras haber dejado tantas cosas atrás, reconocer que sus tesis son solo un papel, y que ese papel puede ser incluso un problema, es imposible. La verdad es que esto no es del todo cierto, ya que aunque en las primeras fases de la vida fuera de la academia la tesis puede verse como un contra, a la larga suele ser útil tener ese título de doctor ahí. Pero claro, eso sí estás enviando CV y no te cogen porque estás sobrecualificado, pues no lo ves. 

Un postdoc con este síndrome está seguro de ser un ser superior. Al leer la tesis ha visto la luz, y tú no le puedes toser. Está convencido de saber más que nadie, tener más experiencia que nadie (en lo que sea) y su CV es el mejor del mundo. Pero el mundo está en su contra. Es esa persona que conoces y a los cinco minutos te dice cuantos papers tiene. Tú cierras la boca, porque sabes que no vale la pena discutirle nada. 

He tratado con varios sujetos de este tipo en mi vida: desde que era una alumna interna hasta ahora, siendo yo postdoc. Para aquellos que estáis en un grupo de investigación, podréis reconocer a esta clase de gente con una prueba muy fácil: preguntad algo muy básico, yo que sé, donde está un reactivo, diciendo que no lo recordáis: este individuo dejará todo y os llevará a buscarlo (aunque no sepa dónde está, pero es omnipotente y sabe dónde debería estar). Por el camino os empezará a contar lo mucho que sabe del reactivo, por qué es mejor que otro, os contará tres batallitas sobre su gran experiencia con ese reactivo. Yo he hecho pruebas con esto, y he conseguido que uno me diese una charla sobre la grapadora. 

Cuanto más joven seas, más vas a sufrir con la presencia de estos individuos. Tú eres joven y débil y ellos te ven como una persona a la que pueden impresionar con sus conocimientos. Pero son inofensivos. Cuando realmente molestan es en el momento en el que están a tu nivel o por debajo: siempre tienen que demostrar al resto de postdocs que son mejores, y ya ni os cuento la impresión que pretenden ejercer sobre el jefe. Tras hablar con varios jefes (que una se documenta), parece ser que para los jefes son unas personas muy molestas, porque en lugar de decirte si pueden hacer X o Y, te cuentan lo del huevo y la gallina, te dicen que por supuesto que pueden, y luego no tienen ni idea de lo que tienen que hacer. 

Hay un par de fases de la vida del postdoc en las que este síndrome se convierte en un problema. Una de ellas es la de las becas. Si uno de estos individuos consigue una beca, tipo en España Juan de la Cierva o Ramón y Cajal, su síndrome crece exponencialmente, ya que han recibido reconocimiento, y eso lo potencia. Te van a recordar todos los días que tienen esa beca, que son los mejores. Que van a ganar el Nobel. Que saben más que tú (y que todos) y por eso consiguen la beca. Pero también tenemos la fase contraria: los que no tienen la beca. Los que la han pedido y no se la han dado, o no han encontrado un jefe que se la firme. Yo he escuchado cosas como “es que me valoraron peor por ser de fuera” o “yo la iba a pedir, pero no vale la pena, el Dr. X prefiere tenerme con contrato y más tiempo, que la beca Y no tiene el prestigio que tenía, ahora se la dan a cualquier inútil, para que voy yo a pedirla”. 

La otra fase problemática, y es la más preocupante, se da cuando su contrato o beca acaba. Esto se extiende si pasan a una fase contratado doctor en la universidad. Les persigue el sentimiento de posible fracaso, así que su escudo crece, y el mundo está en su contra. Ellos son los mejores, pero claro, es que Fulanito tenía enchufe y por eso la extensión, o la plaza, se la han dado a él (que muchos Fulanitos sí tienen, pero bueno). Ellos son los que saben, pero es todo culpa del mundo, del sistema, que no los quiere. Es culpa tuya, que no reconoces su trabajo y te estás muriendo de envidia. Es tu culpa, porque no trabajas lo suficiente, no sabes hacer las cosas tan bien como él. El grupo funciona gracias a ellos y, si se van, os vais a hundir porque ellos son los únicos que valen. 

En el fondo, podemos describir el síndrome como un exceso de ego. Sus glándulas liberan ego en lugar de sudor. Pero no os creáis que realmente son así, eso es fachada. Debajo de todo esto hay otra cosa: miedo. El problema es que el postdoc es la fase más inestable de tu vida académica, y tú no puedes dejar de pensar en ello. Tras más de diez años de formación, es normal que en cuanto empiezas tú fase de postdoc tengas que buscar algo a lo que agarrarte. Nos lavan el cerebro diciéndonos que no podemos salir de la academia, que la empresa es el mal. Qué no servimos para eso. Que nunca podríamos tener una jornada laboral normal. Y claro, cada vez que estás cerca de perder un puesto, el pánico viene y tú te escondes detrás de la capa de ego. 

La cura de este síndrome es sencilla: asumir que no sois los mejores, saber que tienes un pie fuera, y saber que hay vida más allá de la academia. Sabiendo eso, reconociendo públicamente que si, que igual no os dan la beca porque hay muchos candidatos, asumiendo que igual no sois imprescindibles, reconociendo al resto del mundo que igual en algo, pese a ser más jóvenes, tienen más experiencia que vosotros…. Reconociendo que tenéis miedo del mundo, porque ya tenéis una edad, y estáis buscando un poco de estabilidad. Reconociendo que no, quizá no vayáis a ganar un Nobel, pero eso no quiere decir que no seáis buenos investigadores. Podéis empezar el tratamiento.

Nota: antes de las ofensas, pensad que yo soy una postdoc más con beca. Esto está basado en mucha gente, desde el primer postdoc que conocí cuando entré en un departamento con una beca de colaboración hace… Demasiados años. También está basado en los comentarios que me hace otra gente sobre el tema. Hay muchos postdocs en el mundo que están maltratados, que viven una situación de precariedad que no le desearía a nadie. Yo soy una de ellas. Pero la gente que va con esta actitud por la vida nos hace más daño de lo que nos ayudan, porque no hay forma de que entiendan que en esto estamos todos, y que el cuello de botella lo sufrimos todos. Que mucha gente merece la plaza fija tanto como ellos, que no es que el mundo esté en su contra. Por eso, si os encontráis con alguien así, dadle dos hostias para que espabile, a ver si de una vez hacemos algo útil con la ciencia en nuestro país. Y sí, hay vida más allá de la academia, y puede ser mejor, así que valorad esa posibilidad si dentro no hay perspectivas de avance.  Y por supuesto, si un día empiezo a presentar estos síntomas, que alguien venga a darme las dos hostias a mi.

2 comentarios en “Síndromes académicos: I – El postdoc

  1. Yo he debido de tener la “mala suerte” de no tener ningún postdoc en mi lab. Lo de los reactivos lo vamos aprendiendo sobre la marcha.

    Lo que dices de la Juan de la Cierva o el RyC con los humos crecidos, he conocido la antítesis. Desde el que no quiere reconocer que es RyC hasta el que ningunea a todos porque tiene una Juan de la Cierva y se cree Dios.

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