El infierno que fue romper mi contrato de alquiler

Ahora que ya ha pasado todo, me gustaría contar esta historia para hacerla pública, especialmente por si pudiese ayudar a alguien. No me voy a cortar con los datos esta vez, con la clara idea de que esto sea indexado y que cualquiera que llegue al nivel de desesperación al que llegué yo, pueda contactarme para pedir más información.

En 2010 alquilé mi piso en Alcobendas. Se lo alquilé a una empresa llamada Cota 55 y tuve mis problemas iniciales, como que no había agua porque “el anterior inquilino” había dejado una deuda, o que al cabo de tres meses un día me desperté y en mi casa no había luz… Cosa que tras gritar a Iberdrola descubrí que se debía a que mi casa estaba conectada todavía a un enchufe de obra desde hacía 2 años, que yo estaba pagando la factura de un vecino, y que hasta que el dueño pagase la deuda y la multa no iban a reponer el servicio, cosa que llevó una semana en un piso en el que todo era eléctrico en pleno diciembre. Ahí empezaron a salir las cosas raras, porque mi contrato era con una empresa, Prorsus, pero el nuevo contrato de electricidad se hizo a nombre de una tercera empresa. Perdoné todo, fui compensada por la inmobiliaria, y santas pascuas.

Al hacer un año en el piso escribí a la inmobiliaria para revisar el precio del alquiler, diciendo que si no me decían nada, asumía que lo dejábamos como estaba. Sin respuesta. Los dos años siguientes, como habría sido a la baja y asumía imposible la tarea, simplemente lo dejé pasar. No me interesaba pegarme con nadie por un par de euros al mes.

El caso es que comenzó este año y yo me trasladaba, entonces quise cancelar mi contrato, y ahí comenzaron los problemas. Primero envíe un mail al correo que en el pasado había usado para comunicarme con la inmobiliaria, y recibí una notificación de que el dominio no existía. Llamé también al teléfono de mi contacto, para el cual Orange amablemente me informaba que no estaba activo (ojo, no apagado, inexistente). Empecé a buscar en Google a la inmobiliaria y encontré varias posibles direcciones, ninguna de las cuales parecía actual. Llamé a todos los teléfonos de contacto y ninguno daba señal. Extendí la búsqueda a la empresa que había firmado el contrato de alquiler y el de la electricidad, empecé a ver conexiones en las direcciones, y encontré también una serie de BOEs en los que se decía que estaban desaparecidos. Insistí en todos los teléfonos que pude encontrar y tras el nulo éxito, tiré de contactos. Un buen amigo se ocupó de ir al domicilio más probable. En este le dijeron que allí no estaban, lo mandaron a un segundo, y de ese segundo a un tercero. En este tercero le dieron un teléfono de un responsable, cuyo apellido coincide con el del supuesto administrador de la empresa que había firmado el contrato de alquiler. Este teléfono sí funcionaba, pero sistemáticamente me iba al buzón de voz.

Harta ya por el paso del tiempo y por pagar un piso que estaba prácticamente vacío (a la espera de fijar una fecha e ir a España) opté por la vía legal. Tras informarme del proceso, envié un burofax al domicilio en el que habíamos conseguido el teléfono y otro al que figuraba en el registro mercantil. Correos me notificó que en ambos se había dejado el papelito diciendo que era un burofax que yo había enviado, pero que nadie se había presentado a recogerlos.

Pasados un par de días, en mi insistente acoso telefónico, conseguí que el señor con el mismo apellido que el administrador según el registro mercantil me cogiese el teléfono. Le dije que quería irme, que había avisado con tiempo suficiente para irme ese mes (porque el burofax si había ido con tiempo, aunque el no cogió el teléfono hasta que era demasiado tarde) y que o se arreglaba ya o seguiría con la vía que había elegido. Le dije que estaba en el extranjero, así que quería toda comunicación por vía electrónica.

Pasadas unas horas, Almudena, mi contacto de la inmobiliaria, me escribió un mail desde su cuenta personal, diciendo que es que ella ha cambiado de teléfono y se han mudado, que “igual” deberían habérmelo notificado, pero que su teléfono lo tenía una compañera y que no entendía que pudiese haber sido difícil localizarla. Que claro, es que la gente no suele estar tanto tiempo en el mismo piso (ojo, no había llegado a 4 años).

Tras unos cuantos mails consigo convencerla de una fecha de entrega de llaves en su oficina (ella quería ir al piso) y de que cambiase las facturas ya, porque yo no vivía allí.

Fui a Madrid y le dejé las llaves a otra buen amiga, con una copia del papel que debía firmar, en el que se incluía que si en 30 días no me comunicaban nada, tenían que devolverme la fianza integra, como se había estipulado en el contrato. Mi amiga me contó la escena de la entrega de llaves como la cosa más grotesca del mundo. La dirección era una nueva, que yo no había conseguido vincular con ellos de ninguna forma. Llegó allí y casi ni la dejan entrar, hasta que especificó que tenía cita. Entonces a una salita a esperar, y pasado un tiempo llega la otra que le dice que podían haber firmado ya en el portal para no subir. En la oficina en cuestión, ni rastro del nombre de ninguna de las empresas antes mencionadas. La mujer con tanta prisa que casi ni recoge las llaves.

Pasa el tiempo y a mi nadie me dice nada. Veo que han puesto el piso a alquilar, y que efectivamente han ido allí porque las fotos son claramente recientes. Sigue pasando el tiempo… Y al pasar un mes recibo un correo electrónico en el que me piden el número de cuenta para devolverme la fianza, que ya tengo en mi poder.

Reconozco que al final han sido legales y me han devuelto el dinero. Pero… me consta que alguien del edificio, que también alquilaba con ellos, ha subarrendado, entiendo que por no poder contactarlos. Por otra parte, cuando llegué allí para cerrar el piso antes de entregar las llaves, me encontré en mi buzón (y en otros del mismo dueño) un cartel donde deberían estar nuestros nombres que decía “LADRONES”.

Yo he decidido no seguir adelante con esto, no reclamarles el tiempo perdido, el alquiler extra pagado, las facturas “base” pagadas, o el dinero gastado para llamarlos desde Suiza cientos de veces hasta lograr contactarlos. Pero entiendo que puede haber otra gente en mi situación, por lo que he querido contar la historia aquí y poner los nombres, no acusarlos de nada (cada uno es libre de sacar sus propias conclusiones, yo puedo decir que sólo lo cuento como un problema de comunicación que se resolvió hablando), pero que si alguien llega aquí buscando una forma de contactar con ellos, no dudé en dejarme un comentario y yo me pondré en contacto para ayudar en lo que pueda.

Como curiosidad final, el piso ahora lo ofrece directamente la chica, sin la inmobiliaria. El precio inicial era el que pagaba yo (aunque yo tenía una RBE que ayudaba), pero recientemente han bajado el precio. Le deseo mucha suerte al futuro inquilino, más que la que he tenido yo, al menos.

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