Cómo se fabrica un medicamento

Quizá uno de los temas de los que más se ha hablado en el último año, y todavía muy desconocido. ¿Cómo se fabrica un medicamento? ¿Qué controles tiene que pasar? ¿Podría volver a ocurrir algo similar a lo pasado con la talidomida?

Aunque nos hemos cansado de decir que existen los ensayos clínicos, todos sabemos que eso es desde hace muy poco. Sí, muchos medicamentos llegaron al mercado sin haber pasado todos los controles necesarios, pero eso es cosa del pasado. También lo es que no haya una evaluación independiente de los datos obtenidos. Incluso en situaciones de gran desesperación como la del último año, se han realizado los ensayos con el número de personas necesarias, y buscando los objetivos que había que buscar.

Pero también se nos repite mucho que todo ha ido demasiado rápido. Quizá esos comentarios se basan en el imaginario común de que lo que prima es el tiempo, cuando lo importante es el número de personas en las que se analiza un efecto durante un periodo limitado. Pero para eso, tenemos que saber más de los ensayos clínicos. De los de ahora, de los de antes, y de los que no se hicieron.

Para resolver muchas de esas dudas os traigo el libro de esta quincena, que justamente se titula así, Cómo se fabrica un medicamento. Un repaso por el pasado y el presente del desarrollo y de los ensayos. Breve, pero con la información necesaria para tener un poco más claro que no, no formamos parte de un gran ensayo. Las cosas no funcionan así. Y de los errores de la farmacovigilancia también se aprende, y hemos aprendido. Seguro que todavía cometemos muchos, pero desde luego no aquellos de los que se acusa a las farmacéuticas. Otro día os traeré algún libro que hable sobre la otra parte, la turbia, que existe, pero que en la actualidad una serie de oficinas en diferentes países se ocupan de controlar. ¿Sabíais que es obligatorio presentar también los resultados negativos? Esa es, por ejemplo, una de las partes que algunas empresas tienden a olvidar. Pero hoy nos centramos en cómo funcionan los controles para que no se repitan los errores del pasado.

Cómo se fabrica un medicamento me parece un libro muy recomendable para todos los públicos, pero especialmente para aquellos que desconocen el proceso. Si sabes los detalles de los ensayos preclínicos y clínicos, quizá nada te sorprenda, más allá de alguna historia que ya habías olvidado. Pero si eso de las fases ha aparecido en tu vida con el coronavirus, este es tu libro. Cómo se fabrica un medicamento lo puedes conseguir en Amazon, en versión Kindle, a través de este enlace afiliado, por poco más de lo que cuestan dos cafés.

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Conexiones perdidas: no es el típico libro de autoayuda

Hace un tiempo, no recuerdo quien me recomendó este libro. Recuerdo que había un contexto detrás, que era porque yo hablaba de algún otro libro. El caso es que me lo apunté a la lista de pendientes y cuando surgió la oportunidad, un par de meses más tarde, me lo leí. Conexiones perdidas es un libro que vale la pena leer.

A simple vista puede dar una impresión errónea y que pensemos que es el tradicional libro de autoayuda, pero yo me lo apunté por confiar en el criterio del que lo recomendaba (seas quien seas, gracias por habérmelo recomendado, confié en ti e hice bien). Conexiones perdidas trata sobre la depresión de Johann Hari, el autor, pero al seguir su vida y sus análisis de su propia depresión, nos hace replantearnos otras muchas situaciones.

No es necesario estar deprimido para poder extrapolar ideas. En el propio texto ya nos queda claro que la ansiedad va ligada a la depresión y que los ataques de ansiedad ocurren pero hay muchas formas de minimizarlos y lidiar con ellos. Sí, una forma es el tratamiento farmacológico, pero eso no soluciona el problema, lo suprime mientras se buscan (o no) las bases de lo que puede hacer falta (o no) solucionar.

Busca ayuda cuando te haga falta

Hago una pausa en el comentario del libro para recordar que independientemente de la posible utilidad de las lecturas varias para entender la situación, ningún libro te va a dar las claves para superar la depresión o la ansiedad, o cualquier otra cosa. Si se empieza a notar que algo ha cambiado y que la situación va por el camino erróneo, hay que intentar a toda costa buscar ayuda de un profesional. Ya sé que eso en muchos casos cuesta dinero y que no todo el mundo se lo puede permitir, eso es una lucha que tenemos en paralelo los que creemos que la sanidad debe ser pública, universal, y cubrir el tratamiento psicológico. Mientras tanto, siempre se puede buscar alguna alternativa.

¿Recomendación?

En mi opinión no estoy especialmente a favor de aquellos tratamientos que bloquean síntomas sin tratar el problema. Opinión personal, no análisis científico de los hechos. Ya sea una depresión o una hipertensión. Si además hablamos de un tratamiento de por vida, pues todavía menos. Yo soy más de buscar un equilibrio y recurrir a los fármacos cuando ese fármaco va a solucionar (o disminuir) un problema. Y cuando eso lo hemos visto con un ensayo clínico. Pero es que además mucha gente no tiene acceso a esos fármacos, pero sí a otras opciones.

Repetimos muchas veces eso de que el ejercicio físico es antidepresivo. Y lo es, hormonalmente hablando, pero solemos prestar poca atención al análisis de sus efectos sobre una persona que ya tiene una depresión. Decimos que sienta bien salir a la naturaleza, pero… ¿lo aplicamos? Pensémoslo dos veces: el imaginario social nos dice que al amigo deprimido hay que llevárselo de copas. A la amiga de copas y/o helados de chocolate. No decimos que hay que salir a hacer una ruta de senderismo o subir al pico más cercano, pese a que (quizá) eso ayudaría más.

Si llegas hasta aquí y estás pensando sobre ello, sobre cómo puede afectar y cómo puede describir todo esto una persona que lo vive… entonces Conexiones perdidas es para ti. Se lee bien, es una historia personal, no un manual técnico. Y con lenguaje para todos los públicos, porque como es evidente, esto no es ni de lejos «de lo mío» y lo he entendido perfectamente.

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Tu dieta puede salvar el planeta

No es la primera vez que comparto en este blog una opinión sobre un libro de Aitor Sánchez, pero es la primera vez que lo hago habiendo leído uno firmado de su puño y letra, así que bueno, ya se ve venir que igual estoy sesgada porque esperaba algo bueno del libro, pero desde luego no me ha defraudado en absoluto. Hoy vamos a hablar de «Tu dieta puede salvar el planeta».

La dieta 4.0

Aitor ya nos había enseñado en sus anteriores libros lo bueno y lo malo de nuestra alimentación. También cómo podemos mejorarla. Pero desde luego en este caso ha dado en el clavo, tocando uno de los temas más de moda en la actualidad: la dieta y el ecologismo. Aunque no debería decir ecologismo que luego se entiende lo que no es… la dieta y la contaminación, y el cambio climático, y el «nos cargamos el planeta y hay que evitarlo».

En este nuevo libro nos habla de la contaminación que rodea a nuestra alimentación, desde la producción hasta que llega a nuestras mesas, como debe ser. Y es que mucho se ha hablado en los últimos meses sobre la reducción del consumo de carne, pero aquí tenemos las cosas expuestas en más detalle.

Mis sorpresas

Cuando se habla de cambio climático y contaminación suele haber una serie de aspectos que a mi me enfadan, sea por posiciones demasiado radicales que acaban asustando más que ayudando o por cosas que directamente son erróneas, como algunas ideas sobre los transgénicos o el reciclaje. Yo tengo mi lista, y he de decir que en este libro Aitor lo ha clavado todo, porque coincido totalmente con su opinión sobre una serie de puntos clave:

  • Es bueno reducir los productos animales, pero nadie se muere si te comes una tortilla ocasionalmente, el caso es de dónde salen los huevos.
  • Los transgénicos no son malos, los malos son los humanos y su forma de usarlos.
  • Lo eco o bio es, en general, una estrategia para vender. A veces son productos mejores, pero no por ser eco.
  • Mejor reducir que tener que reciclar, pero no compres lo que ya tienes, primero úsalo hasta que toque cambiar y después ya optarás por una idea más sostenible.
  • Nadie es perfecto, no nos tenemos que torturar.

¿Recomendado?

Sin duda. Tu dieta, la tuya individual, no va a cambiar el planeta. Esto es algo que Aitor no dice así directamente, pero que digo yo. Si todos cambiásemos en todo el mundo nuestra dieta, entonces sí, porque obligaríamos a las empresas a cambiar sus estrategias. Porque son las empresas y los gobiernos quienes deben regular. Ellos pueden cambiar qué se etiqueta como eco para que sea eco (esto sí lo dice), y también han regulado en plásticos de un solo uso. Pues que regulen en más cosas. Que hagan pagar a las empresas que se están cargando el planeta.

Pero eso no quita que a nivel individual queramos dormir más tranquilos, y yo duermo más tranquila cuando sé que cuando tenía dos opciones, he seleccionado la más sostenible. Yo duermo muy tranquila cuando sustituyo la mitad de la proteína animal de mi dieta por vegetal, y cuando vuelvo hacerlo, y viendo que cada vez es menos… que por cierto, me sale más barato. Si tú quieres ver todos los pasos en los que un alimento contribuye a cargarse el planeta y aprender sobre todo lo que se puede hacer (a nivel individual o colectivo), sin duda te recomiendo que leas este libro.

Aquí te dejo el enlace afiliado en Amazon, aunque yo este sí me lo compré en versión árbol muerto (ya, sí, contamina… lo sé). Pero es que estaba en la Feria del Libro y me lo podía llevar firmado… y eso, que nadie es perfecto.

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Ecologismo no real, demasiado simplificado

Este verano estaba enfrentándome a una de mis dudas habituales sobre las lecturas. ¿Cómo lee la gente tan rápido? Y es que cada vez que un divulgador español saca un libro, en las primeras 24 horas hay un montón de mensajes hablando maravillas del libro. Así que una de dos, o se les ha hecho llegar el libro antes, o leen muy rápido.

Como a mi no me hacen llegar libros antes de que se publiquen y tampoco tengo tanto tiempo para leer, pues para tener mi opinión sobre un libro tenéis que esperar un poco más, pero tenéis a cambio una dosis extra de honestidad.

El libro del que os voy a hablar hoy es Ecologismo Real de J. M. Mulet, del que quizá hayáis leído comentarios o muy buenos o muy malos. Respecto a los segundos, muchos surgieron a los pocos días de publicarse el libro y salieron a raíz de una entrevista y no tanto de la lectura del libro. Conste que yo me uní a las críticas por la sobresimplificación del concepto de ecologismo, pero respecto al libro, no podía opinar hasta que lo leyese.

Más ruido mediático que otra cosa

La mayor parte del libro recoge una serie de elementos bastante evidentes sobre el ecologismo. Porque a ver, aunque el ruido lo podamos ver de algunos ecologistas, la verdad es que una parte nada despreciable de ellos tiene dos dedos de frente. Todos sabemos que los numerosos desplazamientos al campo contaminan, y que cuando vamos al monte podemos hacer mucho el gilipollas. En sí, creo que la mayoría tenemos bastante claro que se venden cosas como eco siendo bastante dañinas, por eso llevamos mucho tiempo hablando del greenwashing. Y es que simplificar a ecologista == señor que va en un barco con una pancarta… es mucho simplificar. Porque el postureo ecologista existe, claro, pero los señores que dicen que ellos no quieren el postureo para justificar la forma en la que se cargan el planeta también. Ni comprar cubiertos de bambú para ser ecologista, ni ir en un SUV porque «es que no tengo alternativa y al final lo de mi coche se nota poco».

El caso es que la mayor parte del texto tiene mucho sentido, lo que a mí me rechina mucho es la forma en la que se presenta, porque según se va avanzando en el libro se encuentran esas simplificaciones que a mí me preocupan. Porque es evidente que si vives en un pueblo y tienes que ir todos los días a la ciudad, pues emites un huevo de gases si vas en tu propio coche. Pero es que la alternativa no es vivir todos en megaedificios en la ciudad, porque además ya vemos lo que pasa los fines de semana con aquellos que residen en las grandes ciudades. Pero el fondo, insisto, no está mal.

El idealizar lo que no se debe idealizar

Según se avanza en el libro, a mis ojos se va incrementando la carga política, algo que no me ha gustado. No me gusta básicamente porque si quieres hacer un libro de política medioambiental lo dices, y ahí ya destripamos las ideas de todos los partidos políticos… y metemos a todos, porque en todas partes se cuecen habas. Y cuando se habla de política volvemos a lo mismo, veo una sobresimplificación. Siendo yo una persona que considera que las nucleares deben ser parte de nuestro futuro inmediato, he conseguido cabrearme con la crítica a aquellos antinucleares, porque las cosas no son blanco ni negro. Siendo yo una persona que defiende la modificación de organismos, me ha pasado lo mismo con la idea planteada del uso de los transgénicos.

Está en nuestras acciones hacer pequeños cambios que nos afecten a nosotros, pero nuestra forma de comportarnos va a afectar más bien poco a nivel global, porque ahí dependemos… ¿De los que votamos? Ni siquiera… dependemos de las grandes empresas que son de otros países. Por eso nuestro voto puede servir para regular impuestos y nuestras acciones pueden cambiar el comportamiento de empresas pequeñas, pero a las grandes no les va a afectar a no ser que todos los indios cambien sus costumbres.

El caso es que ni siquiera comparamos bien, porque no podemos comparar con un ideal en nuestra cabeza, y eso es lo que se hace en el libro con Suiza. Suiza, ese país que tiene trenes a todas partes (cierto) y que tiene «policía de la basura» asegurándose de que separas bien con la amenaza de una multa de 2000 euros. Ambas son ciertas. Pero también es el país en el que se forman unos atascos épicos cada fin de semana en todas las ciudades para huir a la costa francesa o italiana, o para ir de compras a Alemania. También es el país en el que todas las mañanas hay atascos en Berna o Zürich que poco tienen que envidiarle a los atascos madrileños. Y es el país en el que el retorno de envases desapareció hace mucho, porque no compensaba. Se separa en función del material y buena suerte si no tienes un contenedor cerca. Suiza no es lo que era, igual que en España no se retorna como en los 80.

¿Lo recomiendo?

Al llegar hasta aquí todos pensaréis que no recomiendo el libro, pero la verdad es que sí. No estoy de acuerdo con muchas de las conclusiones, y yo no considero que haya que conformarse con algo porque la otra opción sea más cara o sea más compleja. Yo considero que hay que luchar por ella. Si no podemos pagar todos algo reutilizable, entonces la solución no es usar algo y tirarlo, es buscar la forma de que todos podamos pagarlo. Si la gente de un pueblo tiene que moverse a la ciudad en coche todos los días, la solución es que haya trabajos en el pueblo y que compense poner un sistema de transporte público, aunque durante un tiempo pueda parecer que no compensa.

Pero es que en esas cosas entramos en política, y no creo que sea lo que tenemos que discutir. El fondo es interesante, y sí pone el foco sobre algunos temas de los que el común de los mortales lee poco, porque no se suelen tratar. Así que vale la pena leerlo, aunque yo haya pasado de pensar en el primer tercio que igual nos habíamos precipitado al criticarlo para acabar en las últimas páginas un poco encendida de más con algunas afirmaciones. Pero hay que verlo con ojo crítico, y se encontrará que varias veces se recurre al sesgo de confirmación para justificar algunas conductas.

Quizá por esas cosas yo hablo de microbichos y otras cosas muy pequeñas y de ecologismo opino puntualmente y siempre aclarando que es mi punto de vista y una opinión, porque lo otro se lo dejo a los expertos en ese tema. Porque yo sé de bioquímica y microbiología, un poco de biología general, lo justo de ecología y muy poco de ecologismo. Es lo que tenemos, que nos especializamos demasiado y acabamos sesgando nuestra perspectiva.

Si queréis leer el libro, os dejo el enlace afiliado de Amazon aquí, pero recordad que yo os he dicho que hay que leerlo con ojo crítico… desde mi punto de vista, en mi opinión, como una lectora más y no como experta.

Cómo evitar un desastre climático, de Bill Gates

El libro que toca esta semana es un libro reciente, pero que me ha despertado suficiente curiosidad como para saltarse la lista que tenía por delante de pendientes. Cómo evitar un desastre climático, de Bill Gates, merecía cierta prioridad. Pero si el lector espera que el libro nos dé una lista de cosas que debemos hacer en nuestra casa para acabar con el cambio climático… las cosas no van por esa vía.

Persona vs. comunidad

Una de las cosas que me llama la atención es que el propio Bill Gates mueve el foco de las acciones individuales a las acciones colectivas. Claro que las decisiones individuales cuentan. Pero como el propio subtítulo dice, además de las cosas que ya tenemos, nos harán falta otras soluciones. Y ahí también entran las empresas, y las grandes fortunas, muchas de las cuales han crecido sin importarles en absoluto este problema, o incluso acelerándolo activamente.

Pero además de poner el foco en que las grandes empresas tienen que llevar la voz en todo esto, también se destaca que las acciones no son iguales en lugares diferentes. Igual que llevamos semanas explicando que no es lo mismo comer carne de la granja de al lado de tu casa que de la ganadería intensiva de la otra esquina del país o del mundo, pues no es lo mismo un coche eléctrico que un camión eléctrico. Ni es lo mismo un coche eléctrico en el centro de España que en el centro de la República del Congo. Que el ejemplo lo pongo yo para acercarlo, pero los suyos son similares.

La nuclear como parte de la solución

Más allá del odio generalizado en la sociedad hacia Bill Gates, que no voy a negar que en el pasado se lo buscaba, una de las cosas que más controversia genera es su defensa de la energía nuclear. No como energía limpia, más bien como el menor de los males. Y es que igual que Bill Gates ya no es aquel hombre que era en los 90, tampoco la energía nuclear es lo que era en los 80. El mundo ha cambiado mucho desde entonces.

Por otra parte, creo que parte del rechazo pasa por su planteamiento de cómo abordar los problemas en diferentes puntos del planeta, porque como él dice, llegas a un país queriendo llevarles la última tecnología médica y te encuentras con que lo necesitan es agua potable y un sistema de gestión de aguas residuales.

¿Recomendado?

Probablemente a las personas más informadas en esto del problema climático, Cómo evitar un desastre climático no les aporte demasiado. Claro, no cuenta nada nuevo, cuenta una serie de obviedades como que el planeta se calienta, pero son cosas que mucha gente todavía no acaba de asumir. Por eso es importante que también él lo cuente. Y sí, también sabemos que hay países en los que no hay agua potable, pero seguimos permitiendo y favoreciendo actitudes que lo único que hacen es empeorar la situación.

Desde luego, este libro lo que nos pondrá es en una perspectiva diferente, en la que además de pensar en apagar la luz que no se necesita en casa, pensaremos en qué cosas podemos hacer para que aquellos que contribuyen muchísimo más al cambio climático modifiquen sus actitudes. Y eso empieza por el apoyo de gente como Bill Gates. Por eso sí recomiendo la lectura y difusión de libros como Cómo evitar un desastre climático.

Si he convencido a alguien de que vale la pena, aquí os dejo el enlace afiliado a la edición de Kindle, porque ya que estamos, quizá deberíamos dejar de acumular libros a kilos, aunque comprar un libro más o menos tenga mucha menos huella que otras acciones que no pensamos.

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