Érase una vez… la irrigación sanguínea

Tras haber pasado por la médula ósea y saber cómo se forman los eritrocitos, vamos a centrarnos en la sangre… y en la vida de ésos eritrocitos. Este capítulo me ha parecido un poco falto de contenido comparado con el anterior, pero quizá es impresión mía, porque hay demasiadas cosas que se han repetido ya.

Empezamos centrándonos en los eritrocitos y en su viaje a los pulmones con el CO2, que allí sueltan para luego cargarse de oxígeno. En serio, que alguien me explique por qué se ponen tan rojo vivo cuando se cargan de CO2. En los pulmones también se muestra cómo un «policía» muere en acto de servicio. Y seguimos con el intercambio, en algo que quiero entender que son los alvéolos pulmonares.

A partir de ese momento pasamos a los problemas habituales. En este caso hay falta de azúcar, así que lo sacan de su almacén en el Golgi (bueno, la simplificación ya tal..) y también se enseña cómo los macrófagos limpian el camino para que los eritrocitos puedan pasar para eliminar el exceso de CO2 en sangre.

Como en cada capítulo, llega el momento de la invasión. En este caso son bacterias, estreptococos concretamente. Se dividen muy rápido pero entre unos cuantos basófilos y macrófagos está todo controlado… pero claro, queda todo debilitado. Ahí salimos del cuerpo y vemos como Pedro estornuda. Son los virus, que se abren camino por su cuerpo. Los anticuerpos atacan pero no pueden con ellos y el interferón avisa de que es una gripe de tipo B. Se siguen multiplicando y Pedro tiene fiebre, eso es que su cuerpo está perdiendo la batalla. Se hace una retirada estratégica, una serie de mitosis para multiplicar las defensas y un nuevo ataque para eliminar a los virus (que son, por cierto, un huevo).

Aunque es algo de lo que ya me había dado cuenta antes, especialmente esta vez me llama la atención la reacción de que el cuerpo está vacunado. Es algo que dudo mucho, y probablemente si hubiese memoria de esos virus la infección jamás se extendería tanto. Me falta también la explicación de por qué los anticuerpos pueden reconocer a los virus, cómo se identifican como un tipo u otro y cosas así, pero bueno, quedan muchos capítulos y supongo que muchas infecciones más que vendrán.

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Érase una vez… la médula ósea

Poco a poco nos vamos metiendo en materia, y si queremos entender la vida humana, la médula ósea es fundamental. En este capítulo, el cuarto ya, hay demasiada información junta.

Empezamos por la formación de un eritrocito. Dicen que hacen falta 314.000 nucleótidos para la formación de uno, dato que no sé de dónde sale. También dice que hace falta generar al día 200.000 millones, dato que es aproximadamente correcto. Cuando se generan van por vasos sanguíneos que se representan como toboganes, y también se explica que su producción es automática, pero que hay que vigilar porque a veces algo falla.

El primero fallo que se representa es un daño en el material genético, para el que reclutan a enzimas de restricción y a ligasas para repararlo. Más o menos la explicación la doy por válida, pero tenemos dos errores grandes en ella: primero que vuelve a aparecer el mensajero con T en lugar de U (o al menos yo entiendo que es el mensajero porque se pegan tripletes) y segundo, que cuando se enseña el material del cromosoma, aparece una cadena simple. La reparación de nuestro ADN se hace siempre en base a la otra cadena, así que debería aparecer.

A continuación pasamos a que se generan glóbulos blancos y plaquetas. 15.000 millones de las primeras y 500.000 millones de las segundas. La verdad es que la médula no para.

Como en todo capítulo, llegan los malos. Los primeros malos que aparecen son virus de la gripe, en la mucosa nasal. Los linfocitos B van al rescate. He de decir que son unos virus de la gripe con un aspecto extremadamente extraño, me gustaría saber qué pensaban al darle ese diseño. Por suerte se los identifica y se liberan anticuerpos que los eliminan, y después los macrófagos limpian la escena.

Y llega el clímax, una rebelión en la policía (los glóbulos blancos). Hay 15 veces más de los que debería y tienen cara de muy pocos amigos. Las enzimas de restricción intentan arreglarlo (arreglar qué?) pero no pueden. Los que quedan normales les piden a los nuevos la tarjeta de identificación de su HLA, pero se ve que son distintos, y van por ahí soltando una especie de humo blanco… una forma muy extraña de escenificar un ataque autoinmune.

Salimos del cuerpo y vemos que lo que se siente es fiebre y malestar. Tras un análisis de sangre (que miran al microscopio, WTF) el diagnóstico es leucemia. Hay una clara anemia, pero esto tiene cura (JA). La cura es una inyección que vía el torrente sanguíneo se distribuye por el cuerpo y mata a todos los malos, aunque también a los buenos, anulando las defensas. A continuación hay que reponer células, así que el hermano de la enferma hace una donación de médula ósea, se inyectan las células, llegan a la médula y problema resuelto.

Reconozco que hemos avanzado mucho en la medicina, pero este capítulo me ha dolido en el alma. Me ha dolido mucho porque me he acordado de la edad que yo tenía cuando lo debí ver por primera vez, y en un buen amigo que con esa edad fue diagnosticado de forma similar. Un amigo que, pese a la detección precoz, no cumplió 16 años. Y pienso que cuando era pequeño y veía en la tele que su enfermedad tenía cura, creería que era cierto. Está muy bonito explicar lo que es una donación de médula, pero a los niños hay que decirles siempre la verdad.

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Érase una vez… los centinelas del cuerpo

En el capítulo 3 de Érase una vez la vida llegamos a lo que quizá sea para mi el capítulo más interesante. Y quizá por eso, es también de los más confusos. Reconozco que quizá sea un tema mucho más complicado de abarcar en este contexto y por eso puede acabar despertando más preguntas. Quizá por eso en el propio capítulo plantean que la trama principal sea la «escuela de centinelas» dando mucha más opción a los personajes a explicar cual es su función y cómo la desempeñan.

La «escuela de centinelas» (nombre que yo le he puesto) es el sitio en el que las células blancas aprenden cómo va a ser su trabajo. Los futuros centinelas se representan como adolescentes que… hacen cosas de adolescentes, como por ejemplo jugar al fútbol con oxígeno. Se aclara que están en el timo, y cierto es que en el timo maduran los linfocitos T. Se supone que allí van a «aprender» a destruir al enemigo.

En la escuela les enseñan las diferencias entre virus y bacterias (a más de uno le hacía falta esta clase incluso de adulto…). Los virus pueden tener muchas formas y producen enfermedades. Además, se les cuenta que existen vacunas contra los virus y que por ejemplo la vacuna de la viruela permitió su erradicación. En el momento en el que se hizo la serie esto acababa de ocurrir y se consideraba un exitazo de las vacunas. Es un exitazo, pero ahora también tenemos gente con pocas luces que cree que las vacunas son inútiles… pero en ese momento de eso no había, se confiaba muchísimo más en las vacunas (los problemas eran otros).

Frente a los virus (en general amarillos), aparecen las bacterias, que son azules y que también tienen formas distintas (lo de las formas vale, lo del azul no lo entiendo). Tras ejemplos de enfermedades producidas por las bacterias, dicen que existen medicinas, pero que algunas pueden resistir. Este punto me ha sorprendido mucho, porque no era consciente de que en ese momento ya se tuviese presente el problema de la resistencia a antibióticos (y no se hiciese nada). Por supuesto, también destacamos que hay bacterias que son buenas, porque esas son diferentes. Las representan marrones y con pelos (y caras de bonachonas).

A partir de eso punto cambiamos de contexto y nos enseñan los linfocitos, que pueden «cambiar de forma para llegar a todas partes». También nos enseñan las plaquetas que ayudan cuando hay heridas. Las plaquetas tienen cuatro brazos y hay que protegerlas (dicen). Pero rápidamente entramos en la parte que me fascina: los linfocitos B soltando anticuerpos. Los anticuerpos se presentan como pequeños paracaidistas con aspecto de robot, aunque luego son más como un mosquito, y forman un enjambre sobre lo que quieren atacar. Me encantan los anticuerpos! También aparecen los linfocitos B, que se enseña que sueltan un gas tóxico para los microbios mientras no llegan los refuerzos. Entre los refuerzos tenemos a los fagocitos, que lo mismo te eliminan un virus que una mota de polvo que haya entrado. Para luchar contra las alergias tenemos a los basófilos, que lanzan algo contra lo que provoca la alergia… que supongo que es histamina.

Nos enseñan que el interferón vigila y avisa cuando hay una infección, y también que es fácil diferenciar nuestras células de las de fuera porque todas tienen el mismo marcador HLA en su núcleo. Todas excepto los glóbulos rojos claro, que no tienen núcleo… pero los glóbulos rojos son siempre buenos! (En sí, esta explicación muy sencilla, es algo que costó mucho entender para hacer los transplantes de órganos de forma exitosa).

Para cerrar el capítulo, se nos presentan dos eventos problemáticos. Primero vemos una célula que se está dividiendo a lo loco, con una pinta muy chunga, que está haciendo que crezca un tumor. Por suerte, rápidamente van a eliminarla y a reparar el daño (ojalá fuese así…).

En la última escena, uno de los estudiantes de la escuela de centinelas tiene su primera misión en el pulmón. Ahí entra un virus, y se ve cómo se reproduce muy rápido dentro de las células. Además, atención al detalle, se ve que el virus ha conseguido entrar en el pulmón escondiéndose dentro de una gotita. Su objetivo es provocar una neumonía (!!). Por suerte, el joven centinela se da cuenta de lo que ha pasado y con ayuda de sus compañeros consiguen luchar contra la infección.

En general me ha parecido una buena explicación, muy necesaria en los tiempos que corren. Me habría gustado que en paralelo enseñasen lo que pasa fuera y como durante esas «luchas» se siente fiebre, etc, pero veinte minutos dan para lo que dan, y con este capítulo cualquiera tendría más información sobre inmunidad de la que han tenido muchos de los que discutían durante las últimas semanas en Twitter, así que sigo recomendando un revisionado incluso a los adultos.

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Érase una vez… el nacimiento

En el capítulo 2 de Érase una vez la vida entran directamente al tema que era desconocido para muchos niños de los 80 en España. Eso sí, lo hacen con una perspectiva mucho más idílica que la que tuvimos pocos años después todos los niños gallegos en nuestra primera visita a la Domus (nunca olvidaré las caras blancas del susto de algunos de mis compañeros de clase).

Aunque dicen que van a hablar del nacimiento, realmente el capítulo se centra en la gestación. Al comenzar el capítulo se vuelve a hacer el repaso de cómo llegamos a ser humanos, con una voz en off que me hace pensar que la historia tiene demasiadas pinceladas creacionistas, pero eso se me olvidó rápido, porque mis ojos se centraron pronto en que los humanos desnudos no tienen pelo. Es decir, en la cabeza sí, pero en el resto del cuerpo no. Y de un abrazo, pasamos directamente a la carrera de los espermatozoides (ahí seguíamos los niños de los 80 sin enterarnos de qué iba la historia…).

La representación de los espermatozoides me dejó fascinada. Son como robots que van hacia su destino y se encuentran un montón de dificultades por el camino, que se quedan atrapados, que se cansan… pobrecillos. Pero mientras mi fascinación iba en aumento entramos en un momento WTF de libro: los espermatozoides usan rayos láser para acceder al óvulo y cuando uno consigue entrar la puerta secreta desaparece (que se lo digan a los que tienen trillizos…).

Una vez dentro del óvulo el espermatozoide pierde el aspecto de robot, y ya es una célula normal, que se fusiona para que sus cromosomas se junten con los del óvulo y «bailen». Me ha parecido muy bonita la metáfora bailar=recombinar. Rápidamente pasamos a las primeras divisiones celulares hasta que el embrión se implanta y se va formando la placenta para poder alimentarlo.

El resto del capítulo se va a centrar principalmente en la división y especialización celular. Nos enseñan la mitosis, la división de las células, y en el proceso de duplicado del material genético también nos enseñan cómo un nucleótido intenta pegarse donde no es para provocar un «accidente genético», pero ahí mi cabeza está a punto de estallar… se están uniendo en cualquier sitio! Eso es un error garrafal que habría sido muy fácil enseñar correctamente, porque se van uniendo en orden, y siempre haría falta un obrero (enzima) que lo pone en su lugar, nada de ir a su bola todos.

En medio de este proceso aparece de nuevo el Maestro, que me mantiene muy confundida porque sigo sin tener claro qué representa exactamente, aunque por primera vez creo entender que su centro de operaciones es el nucléolo (seguiremos informando en próximos capítulos si me entero de más).

Respecto al desarrollo del feto, podemos ver cómo las células especializadas van por diferentes plataformas a su destino. Nos enseñan cómo se forma el iris, nos enseñan que en algunas ocasiones es necesario «abrir paso» a células para que lleguen a su destino y nos enseñan, no tengo muy claro por qué, los osteocitos como vaqueros (si alguien sabe por qué las células que van a formar los huesos se asocian con los vaqueros, que me lo explique por favor). Según los tejidos se van formando, hace falta alimento, que entra por los transportadores de membrana como ya habíamos visto en el capítulo anterior.

En una de las escenas, vemos cómo se forman las proteínas. Esta vez se aclara que el ARN mensajero lleva U y no T (vaya, por fin), pero seguimos sin tener ribosomas en condiciones. Cuando se ha formado una proteína nueva la enseñan con el aspecto de una bola de grasa (no se me ocurre otra forma de definirlo), pero después se transforman en una especie de hombrecillos. Este cambio quiero interpretarlo (porque tengo mucha imaginación) como el proceso en el que se producen modificaciones después de la traducción.

Nos acercamos al final, vemos cómo por el cordón umbilical se llevan nutrientes al feto. Un cordón umbilical que de forma muy acertada se ha representado como una autopista de nutrientes. Las últimas etapas del crecimiento van muy rápido y llegamos al momento temido: el parto.

Creo que todavía no he superado la sorpresa de la escena, porque la esperaba light pero no tanto. Lo que vemos es un niño que repta para salir. Sí, va gateando. De repente saca la cabeza (aunque creo que a ojos de un niño pequeño no queda claro cómo ni por dónde) y tiran de la cabeza para sacar al niño al que le dan sus golpes para que llore y ya. Eso sí, en el momento de parir se oye un gemido. Un gemido. Uno. A ver, que vale que no hay que traumatizar a los niños… pero tampoco había que hacerlos idiotas.

Aunque creo que la parte central del capítulo está bastante bien explicada, me ha decepcionado mucho el principio y el final, porque ni se enseña que el sexo existe ni se enseña qué es parir. Pero bueno, esto se hizo cuando se hizo, y los niños de los 80 teníamos suerte si sabíamos lo que se enseñaba aquí y no que los niños venían de París.

Ahora a ver qué me toca la semana que viene, porque desde luego, no creo que haya otros temas igual de sensibles, así que espero que para el resto sean mucho más concretos.

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Ojo a la intro creacionista…

Érase una vez… el gran planeta celular

Empezamos con el capítulo 1 de Érase una vez la vida. Antes de que haga un resumen del capítulo comentando aquellas cosas que llamaron la atención a mi mente de bióloga, el disclaimer de turno: estoy viendo la serie en Netflix, y Netflix Suiza no tiene a bien ofrecerla en español. Tras valorar los idiomas que me ofrece he decidido quedarme con inglés, aunque asumo que el audio francés sí será el original, pero a mi mente le resulta más sencillo procesarlo en inglés. Aunque intentaré dar nombres en español, es posible que en algún momento pifie el nombre de algún personaje, así que por favor no me lo tengáis en cuenta.

El primer capítulo empieza por el principio. El Big Bang, la formación del universo, galaxias, la Tierra… en la Tierra aparecen los volcanes con mucha lava, soltando muchos gases y con meteoritos golpeando la superficie, más o menos como se nos ha contado siempre el origen. A partir de ahí avanzamos muy rápido a la formación de la primera célula y de ella una evolución preocupantemente lineal hacia los animales, pasando por los dinosaurios, hacia el ser humano. En esa parte me llama mucho la atención cómo parece que el humano es la cumbre de la evolución (que no) y también cómo se presentan los primates. En sí, aunque querría haberme fijado en otros detalles, la representación del primate erguido con las manos colgando muy a lo «osea» evitó que me fijase en cualquier otro detalle. Tras una explicación sobre cómo partes de nuestro cuerpo vienen de nuestros «antepasados», volvemos a la primera célula.

A partir de la sopa primordial se forma la primera célula y, en ella, aparece la primera enzima. Las enzimas son proteínas que hacen «algo» en nuestras células y, en la serie, se representan como hombrecillos con pinta de obreros, aunque dicen que son los «ingenieros» de las células. En esa escena se enseña cómo las diferentes bases forman nuestro genoma (aunque ellos hablan de genes) y cómo esa enzima consigue formar la doble hélice a partir de pegar dos cadenas complementarias, que luego se podrán empaquetar en cromosomas. Un detalle interesante es que las enzimas que manipulan el ADN llevan en su gorra una flecha, que indica el sentido en el que se desplazan por la cadena de ácido nucleico (aunque no lo dicen). Aunque me duele ver cómo se habla siempre de genes, hay que tener en cuenta que esto se hizo antes de conocer el genoma humano como lo conocemos ahora.

A continuación nos enseñan las mitocondrias, diciendo que «probablemente» fueron bacterias (en el momento de rodar la serie se sabía, pero no estaba muy extendida la idea). Aunque enseñan otras partes, rápidamente pasamos a que el cuerpo está formado por muchas células especializadas en tejidos, y se muestra el tráfico celular entre células… usando naves espaciales (unos transportadores un poco peculiares). En las células hay rampas de entrada que entiendo que representan a los transportadores de membrana, que serán los encargados de darle a la célula cansada sus nutrientes (destacan azúcar, grasas, proteínas y sal).

En la siguiente escena aparecen los glóbulos varios. En la parte de los glóbulos rojos la interpretación es sencilla: tienen un depósito en la espalda y son más anaranjados cuando cargan oxígeno y se vuelven rojo más oscuro cuando llevan dióxido de carbono. También se explica que son células pero que no tienen núcleo porque lo perdieron. A estas alturas los glóbulos blancos aparecen como «policías» y me confunden un poco porque no me queda claro qué son exactamente, pero sé que poco a poco iremos aclarando cosas.

La parte de los ribosomas creo que es la que más me ha descolocado de todo el capítulo. Se sabe que son una fábrica de proteínas (aunque lo que se enseña con aspecto de fábrica es la mitocondria), pero lo que se ve en ellos son enzimas (o sea, los obreros), con una secuencia estirada y poniendo tripletes de nucleótidos encima, que llevan pegada una «nave» que supongo que es la representación del aminoácido. Pero aquí hay un fallo grave, y es que la secuencia que reciben los ribosomas, se ve que es ADN, y no debería ser así. ¿Por qué lo sé? Porque se ve que hay T, y en el ARN mensajero (que es lo que entra en los ribosomas) no hay T, hay U. Y sí, eso se sabía de sobra en los 80.

Tras seguir paseando por la célula y ver el centríolo (con pinta de cable de la luz), los liposomas y los lisosomas, vemos que de la mitocondria sale una «cosa» (que yo sólo puedo definir como pseudoespermatozoide) que tiene que ser ATP, pero no consigo aclararlo. Eso sí, el paseo se corta porque hay una crisis: hay saturación y hay que desviar a producir grasas.

Aquí pasamos al personaje que todos recordamos, al Maestro, que supuestamente es un ente superior o algo que controla a la célula. Para solucionar el problema, busca a un mensajero (un corredor) para que lleve a las neuronas que hay que parar de comer o se va a engordar. Mientras se cierra el paso a la entrada de más nutrientes en la célula, aparecen los malos, que son virus, aunque muy extraños. La mayor parte de los virus que conocemos que infectan a los humanos son redondos (como el coronavirus!) pero éstos son alargados, como es, por ejemplo, el ébola. Aquí aparecen en escena las defensas: por una parte tenemos a los neutrófilos, que son blancos y que «aspiran» virus y, por otra, las naves que «creo que» representan a los linfocitos T, que se ocupan de eliminar a los que se escaparon de la policía celular.

En la última escena, volvemos a las proteínas y vuelvo a confundirme mucho. Se da la orden de generar colágeno porque hay que curar una herida, pero algo va mal y tras buscar la secuencia en los cromosomas, se ve cómo la secuencia sale del núcleo, pero parece ser que es errónea porque están sacando ADN y lo que hay que sacar es ARN mensajero, una copia (pero lo que sale en la imagen vuelve a ser ADN!!!!). Al generar la proteína, se ve como si se plegase una cadena del supuesto ARN para dar lugar al colágeno… lo que es completamente erróneo.

Reconozco que mi mayor queja respecto a éste capítulo se centra en los ribosomas, pero también entiendo que eran los 80 y sabíamos lo que sabíamos. Creo que esa parte se podría haber afinado un poco más representando los ribosomas como mini-factorías o algo así. Por el resto, creo que la representación de las partes de la célula es muy adecuada, aunque creo que en algunos momentos puede no entenderse bien qué ocurre en un tejido y qué dentro de la célula

En el siguiente capítulo se tocará un tema diferente y me da que voy a tener también mucho que comentar. Ahora que ya habéis leído mi resumen y opinión, seguro que más de uno tiene ganas de volver a verlo, o de ponérselo a los niños y decirle un «ves, ahí donde hay T tiene que haber U porque es ARN y no ADN».

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