La doble hélice del ADN… no siempre es lo que parece

Si habéis ido siguiendo este blog con el paso de los años o tenéis un claro interés por la biología molecular, seréis capaces de imaginar una hélice de ADN. En sí, si sólo os digo que imaginéis ADN, probablemente imaginaréis una doble hélice. La de Watson y Crick, lo que todo el mundo considera que es la forma normal del ADN que se empaqueta en los cromosomas. Pues bueno, no es tan sencillo. Lo que estáis imaginando es la forma B del ADN, algo que sabréis si tenéis conocimientos un poco más avanzados. Eso es una cadena doble, es ADN bicatenario.

Como últimamente he nombrado en varios contextos la forma Z del ADN, quizá es un buen momento para hablar de los plegamientos del ácido nucleico, porque no es doble hélice todo lo que lo parece… y hay tipos de hélices.

El primer ADN no era la típica doble hélice

Cualquier resumen de la historia del descubrimiento de la estructura del ADN hará referencia a las dos formas más conocidas del ADN, aunque tardamos todavía mucho tiempo en entender qué era lo que ocurría exactamente. Aunque Watson y Crick plantearon su modelo basándose ya en la forma B, Rosalind Franklin encontró dos formas distintas: la A y la B. La forma A era más propensa a cristalizar y en aquel momento se entendía que se debía a la deshidratación en los cristales, creyendo incluso que era algo que no ocurría en la naturaleza, eso que llamamos artefacto de laboratorio.

Pero la forma A existe y, comparándola con la doble hélice que todos imaginamos de la forma B, es más ancha y por lo tanto más compacta. Tras un giro completo, en lugar de los 10 pares de bases de la forma B, en la forma A habremos empaquetado 11. Con todo la idea inicial no iba desencaminada, ya que la idea actual es que la forma A existe en la naturaleza en contextos en los que se quiere proteger el ADN… de la deshidratación. Se ha estudiado principalmente en virus. Que realmente del B ahora sabemos que lo de 10 es un poco así y es más 10.5, pero eso ya son muchos detalles.

El ADN Z, otra vuelta de tuerca

Qué chispa con los títulos… a ver si me explico. La forma Z, que es la que está ahora de moda, es la tercera más común, aunque se han descubierto otras mucho menos frecuentes (creemos ahora). Es el rarito en la película. En lugar de girar «hacia la derecha» gira «hacia la izquierda», llevando la contraria a los otros dos. Además, la unidad de giro que se analiza ya no es una base, son packs de dos, y en una vuelta completa de la hélice Z caben 12 pares de bases. Además, para complicarlo, hace una especie de zigzag.

Desde su descubrimiento, hace ya unos cuantos años, se ha ido aclarando como la forma B cambia ocasionalmente a la forma Z. Ese cambio tiene una serie de implicaciones. Aunque los biólogos lo pensamos desde el punto de vista de las funciones generales, al resto lo que les suele preocupar es que tiene implicaciones en algunas enfermedades.

Recientemente se ha dado un empujón al estudio del ADN Z y por eso ha estado en las noticias, y por eso en mi Twitter podéis encontrar varios enlaces al respecto, peeeero lo que se ha encontrado en fagos NO es este ADN Z, es otro Z, otra cosa, de la que hablaré en otro post.

doble hélice de ADN B
Esto es el ADN en la forma B, la doble hélice «de toda la vida»… y tiene un fallo. Premio al que me lo diga!

No todo son dobles hélices… y las parejas cambian

Aunque esas formas son las comunes de dobles hélices, no puedo acabar este post sin aclarar que existen otras cosas. Por una parte tenemos el ADN H, que son triples hélices… y para complicarlo más pueden aparecer intercaladas en una doble hélice. Y si eso se queda corto, también puede haber hélices cuádruples, que no se diga.

Por otra parte, aunque hemos estudiado siempre lo de que los pares de bases son AT y GC… eso no es del todo cierto. Esos son los pares de bases canónicos, los que permiten la doble hélice B y quedan muy ordenaditos, los que llamamos «de Watson y Crick». Pero ahora sabemos que existen muchas otras posibilidades, porque básicamente todo se puede emparejar con todo… si cambiamos lo suficiente la forma. Uno de los pares de bases que más dolores de cabeza me ha dado ha sido el de Hoogsteen, que otro día explicaré si hay interés (si hay, decidlo). Y claro, el ADN no siempre tiene que formar pares de bases, puede ser de una sola cadena, lo que llamamos monocatenario.

El ARN va a su bola

Al igual que el ADN, el ARN puede aparecer con diferentes formas. En cambio, en el ARN nos extraña menos. Aunque sabemos que el ARN puede ser también monocatenario o bicatenario, porque estudiamos eso con los virus (y si no lo sabíais ahora ya sí), no nos imaginamos el ARN como una hélice.

El ARN en nuestra cabeza suele ser una cadena sencilla, sin plegamiento ni nada, del ARN mensajero. Ocasionalmente nos imaginamos que tiene lazos, si imaginamos que tiene intrones que tienen que ser eliminados. Todo depende de lo mucho que se profundizase en nuestras clases de ciencias y el número de gráficas sobre vacunas Covid que hayamos visto.

También podemos imaginar el ARN transferente, ese que se ocupa de hacer de intermediario para leer el mensajero e ir llevando el correspondiente aminoácido para hacer proteínas. Ese nos lo imaginamos con forma de cruz, porque es como aparecía en los libros de texto, pero es más bien una bola con lazos y protuberancias. ¿Y el ribosómico? Ese no solemos imaginarlo, porque está mezclado con proteínas. Pero la realidad es que el ARN puede tener mil plegamientos y jamás es una línea recta sin más. Su plegamiento regula muchas de sus funciones, incluyendo el plegamiento de las partes que todavía no sabemos qué hacen exactamente.

Diseñemos nuestro propio plegamiento

Quizá después de todo esto alguien pueda pensar que si en función de cómo se ponen las bases, hay plegamientos diferentes… ¿podemos diseñarlo? Porque he dicho que hay diferentes tipos de pares de bases y eso altera la hélice. Además, hay ácido nucleico monocatenario y bicatenario, y hay lazos. ¿Podemos darle forma? Antes de que alguien se venga arriba os tengo que decir que «ya está todo inventao». Ese concepto es lo que conocemos como ADN origami, y se está utilizando para diseñar estructuras minúsculas que puedan utilizarse en el futuro… ¿para qué? Eso será otra historia.

¿Quieres saber más? Si mi resumen se te ha quedado corto, quizá quieras empezar a profundizar un poco más con esta review: Beyond the double helix: DNA structural diversity and the PDB

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Cuando el adenovirus entra en los ojos

En los últimos tiempos los adenovirus están ocupando muchas portadas de periódicos. Aunque ahora sean famosos por su uso como vectores para las vacunas, los adenovirus han estado siempre ahí. Hoy os voy a hablar de las infecciones oculares por adenovirus, algo muy común pero poco comentado. Porque los adenovirus, como otras cosas, también entran por los ojos.

Los adenovirus causan muchas infecciones

Recientemente lo que se ha repetido más es que los adenovirus son virus causantes de resfriados. Y es cierto, algunos adenovirus causan infecciones respiratorias. Pero la cosa no se queda ahí, porque en general a los adenovirus les gusta infectar mucosas, por lo que también pueden provocar gastroenteritis y lo que es el tema de hoy: conjuntivitis. Y más infecciones, pero esas son sin duda las más comunes. Si te da cosa leer sobre adenovirus en los ojos… yo al menos he avisado que se eso es de lo que vas a leer.

Los adenovirus son virus con ADN, sin cubierta lipídica y con una cápside icosaédrica. Su nombre se debe a que la primera vez que se identificaron fue en las adenoides, aunque al menos en España casi nadie las llama así. Me refiero a las amígdalas faríngeas, las vegetaciones, eso que cuando te operaban te decían que tenías que comer helado.

Como hay que clasificarlos de alguna forma, los dividimos en 7 grupos (especies), de la A a la G, en los que clasificamos a los más de 100 tipos de adenovirus descritos hasta la fecha. Por ejemplo, el adenovirus 5 (Ad5) respiratorio es un adenovirus B. En la especie D es en la que encontramos la mayor parte de los conocidos, y en ella se incluye también el Ad26 de otra vacuna y la mayor parte de los que producen conjuntivitis.

Las infecciones oculares por adenovirus

Si hay una conjuntivitis viral, lo más probable es que sea causada por un adenovirus. Existen diferentes virus que la causan, pero los síntomas suelen ser similares, aunque tienen varias manifestaciones posibles. Para el común de los humanos, lo primero que se detecta es que los ojos se ponen rojos y que pican, pero esto no siempre ocurre (aunque sea lo más llamativo). Las infecciones pueden ocurrir tanto en niños como en adultos y pueden reaparecer pasado un tiempo, al igual que ocurre con los herpes.

Realmente, dos de las manifestaciones comunes, que implican la conjuntivitis folicular o la fiebre faringoconjuntival, suelen curarse fácilmente y quedarse en eso. Porque sí, además puede dar fiebre, como casi cualquier virus de los que conocemos. La tercera manifestación es la que nos preocupa más porque afecta a la córnea, y es la que más ojos rojos y picor genera, además de una especie de puntitos blancos que son señal de que nuestro cuerpo intenta hacer algo para eliminar el virus. Es lo que llamamos queratoconjuntivitis epidémica, y entre un cuarto y la mitad de las personas que la tienen la cronifican, por lo que volverá en otros momentos de su vida.

Si no se trata correctamente, esta última manifestación si puede dejar secuelas. Por una parte pueden quedar cicatrices en las zonas más afectadas, que pueden incluso afectar al movimiento del ojo. Por otra parte algo más banal, pero no por ello poco molesto: la sequedad ocular. Los primeros síntomas aparecen pocos días después de la infección y la sensación de tener algo en el ojo y los problemas de movilidad pueden durar años si no se actúa rápido.

Imagen de microscopio de adenovirus coloreada para resaltar las cápsides en morado
Esto son adenovirus (imagen de Dr. G. William Gary, Jr, USCDCP)

Cómo se produce la infección en la córnea

En los últimos años se ha avanzado en el estudio de la infección, para conocer la respuesta de la córnea a la presencia del virus y los daños que pueden ocurrir. Por una parte, se ha visto que parte del daño lo causan los propios queratocitos que intentando defenderse expresan quimioquinas (un tipo de citoquina) que se van a acumular. Pero sin duda, gran parte del daño aparece como respuesta a la replicación del virus. Diferentes estudios han confirmado que el virus se puede replicar en células del epitelio de la córnea, lo que explica el daño observado. Esto se ha demostrado en infecciones de cultivos celulares in vitro.

Aunque existen pruebas específicas, el tipo de inflamación presente y la presencia de esa capa de puntos blanquecinos sobre la córnea es lo que permite habitualmente determinar que se trata de una infección de adenovirus que ha llegado a tus ojos. Al menos, lo permite a un ojo de un médico entrenado, el resto probablemente veríamos simplemente un ojo rojo.

Tratamiento de adenovirus en los ojos

Actualmente si se da una infección de este tipo el tratamiento se basa fundamentalmente en minimizar la respuesta del cuerpo a la vez que se utiliza un tratamiento genérico que valdría para cualquier otra enfermedad viral, pero eso no quiere decir que no se busque algo mucho más específico.

El adenovirus se une a la célula gracias a sus espinas o espículas, esos «pinchos» formados por un trímero de proteínas. Hay una espícula en cada una de las 12 puntas de la cápside. Dado el gran avance en el estudio de estas proteínas y de lo bien que se conoce la estructura del dominio de unión al receptor, esa región es una de las dianas terapéuticas.

En el siguiente paso, para que el virus entre en la célula, se forma una vesícula rodeada de clatrina, un mecanismo muy común en nuestras células, que implica por su parte una segunda posible diana, aunque en principio sea más inespecífica. Y es que aunque ese mecanismo sea utilizado también en otros contextos, la primera unión, la de las espículas, es tan específica que incluso diferentes adenovirus se unen a diferentes receptores. Uno de los más estudiados en el momento es el ácido siálico, y el bloqueo de la unión entre la espícula y el ácido siálico es una de las principales dianas de estudio para evitar la infección o incluso para el tratamiento.

De los ojos a los coronavirus y las vacunas

En general los adenovirus en los ojos se contraen tocando lo que no se debe. La transmisión en este caso sí es principalmente por contacto, al menos en aquellos que se han estudiado que provocan conjuntivitis. Pero últimamente nadie habla de la transmisión de los adenovirus, de lo que hablamos es de su uso como vectores.

Hace ya varias décadas que se comenzó a estudiar la posibilidad de utilizar los adenovirus como vectores para vacunas o para terapia génica. Aunque se habían utilizado previamente, en la actualidad estamos viendo su uso aumentar tremendamente dado que son los vectores utilizados por AstraZeneca, Janssen y Gamaleya para sus vacunas. Pero estos virus son tan comunes que se han tenido que seleccionar aquellos para los que se espera que la población tenga menos anticuerpos. En el futuro habrá otros usos para estos virus, y esperemos que en medio aprendamos también a defendernos de ellos y evitar las infecciones.

Más info aquí: Adenovirus and the Cornea: More Than Meets the Eye

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Nos creemos lo que nos suena bien, en ciencia también

Hoy vengo con una perspectiva un poco crítica, y es que llevo unos días reflexionando sobre nuestras actitudes respecto a los descubrimientos científicos. Nuestras de la sociedad, y también de otros científicos. Porque a veces en ciencia nos creemos cualquier cosa. El tema lleva tiempo en mi cabeza, pero hace unas semanas empecé a prestarle más atención tras leer un artículo que hablaba de las crisis de reproducibilidad. Tras escuchar en una charla a Francisco Javier Alonso (@javiereando), me decidí a hablar sobre ello. No es que traiga soluciones, más bien traigo la reflexión, mezclando tanto las conclusiones del trabajo presentado en su charla como en el artículo que previamente había leído.

En las redes sociales nos dejamos llevar por la fama de las revistas

Hace no demasiados días me topé con numerosos comentarios que decían que era evidente que el estudio de combinación de vacunas español estaba bien. Porque lo iba a publicar The Lancet y además Nature se había hecho eco de ello. El estudio sigue siendo exactamente igual, pero muchas personas se han posicionado al leer dónde se iba a publicar. Es más, varias personas han cambiado su opinión respecto al estudio.

De la misma forma, como decía @javiereando, se da más repercusión a los artículos científicos que se publican en revistas de mayor impacto. Esto es en parte porque esas revistas también tienen más recursos para dar visibilidad, pero además muchos usuarios colaboran. Se destacan artículos por estar en una revista concreta.

Pero en Twitter lo de comentar los artículos tiene un gran sesgo. Al final siempre puede más la trinidad (NSC: Nature, Science, Cell) y ahora The Lancet. Tanto que muchos no valoran revistas de menos impacto, al punto de que tenemos ciertas personas con mucho impacto mediático que abiertamente se ríen de aquellos artículos que se publican en revistas poco conocidas, y que no se atreven a decir una palabra de un artículo mientras es un preprint, pese a ser supuestos «expertos». Pues qué queréis que os diga, si yo veo un preprint sobre la estructura de la espina del coronavirus unida a un potencial medicamento, yo ese artículo lo puedo valorar y puedo decir si esos resultados son sólidos o no. Se supone que para eso he estudiado y trabajado en temas muy cercanos a eso durante muchos años.

Si hemos llegado hasta aquí y quien me lee sigue pensando que va a creer lo que publiquen esas revistas siempre… pues recordemos que esas revistas también la pifian. Que el artículo que hizo que muchas familias no quisiesen vacunar a sus hijos fue publicado en The Lancet. Y tardaron demasiado en retractarlo.

No solo es Twitter. Los científicos nos dejamos impresionar

El problema es que hasta cierto punto es normal que alguien que sabe de virus lo que yo sé de agujeros negros carezca de capacidad para decidir, por lo que confía en lo único que tiene delante medible: el índice de impacto de la revista. Y el resto vamos a estar influenciados queramos o no, porque no podemos revisar todas las revistas y por extensión vamos a comentar más lo que comentan el resto.

El problema es que los científicos, en los artículos científicos, cometemos errores similares. Nos dejamos llevar por las cosas más vistosas y las citamos más. O al menos eso dice el estudio que enlacé arriba. Por supuesto, cuando algo tiene pinta de ser muy vistoso, es probable que consiga publicarse en una revista con más impacto, que al ver el artículo va a imaginar la cantidad de citas que van a llegar. Así, si cuentas algo muy llamativo, aunque no tengas tanta base en tus datos para ello, conseguirás publicar más alto, y como es llamativo, llamarás la atención y te citarán más. En cambio, si no te quieres precipitar ni sacar conclusiones para las que no tienes demasiados datos, pues publicarás peor. Y eso, teniendo los mismos resultados, solo en función de cómo los presentes.

Esto lleva, de forma nada inesperada, a que los artículos que menos se pueden reproducir son los que tienen más citas. Incluso cuando otros han reproducido lo mismo con más datos o, algo que es mucho peor, cuando alguien ya ha desmentido que se puedan sacar esas conclusiones de esos datos. Mal que nos pese hay artículos retractados que todavía reciben citas años después. Eso es que nos creemos cosas que dicen ser «ciencia» y no siempre son tal, y nos cuesta asumir el error.

fotografías de libros de texto
Creemos cosas «de ciencia» cuando nos suenan bien

Hay científicos influencers, y no es bueno

También me gustaría comentar el papel de los científicos que funcionan más como influencers que como lo que deberían. Personas que por una razón X han saltado a la fama y que de repente tienen el camino más fácil. Como son famosos, las revistas van a publicar sus artículos más fácilmente, ya que atraerán visitas. Y citas, claro. Si además es famoso porque ha hecho algo un poco controvertido… pues más, porque también llegarán los que vengan por curiosidad. Y conste que lo que destaco es que publiquen sin jugar en las mismas condiciones, o cuelen cosas que carecen del rigor necesario.

Pero tampoco es que tengas que salir en la tele para ser científico influencer. Basta con que en algún momento hayas publicado un par de artículos muy destacados, ya serás para mucho tiempo alguien a quien «merece la pena publicar». Y si no me creéis, pensad en la cantidad de veces que se ha hablado del «trabajo de Fulanito» sin pensar en qué ha hecho o no porque, tal y como dicen muchos comentarios «su trabajo ha sido siempre excelente». Incluso aunque te rodee un gran escándalo, te publicarán con facilidad y habrá quien defienda tu artículo con uñas y dientes sin haberlo leído.

Los científicos influencers llegan hasta tal punto que, si acceden a ciertos puestos de poder, podrán publicar en algunas revistas saltándose algunos de los pasos que el resto de mortales tendríamos que seguir. Y mirad todo lo que hay cuando ni siquiera hemos tocado el tema del dinero que tiene cada uno y cómo a algunos les llueve cuando otros mendigan.

Pensando dos veces antes de abrir la boca

Visto todo esto, quizá deberíamos replantearnos lo que hacemos. Los científicos, los que comunicamos ciencia, y el resto. Yo no solo comento artículos de revistas gordas, aunque sí es cierto que de esas vienen más. Así que me comprometo a hacer un esfuerzo por dar visibilidad también a otros trabajos que, aunque no se hayan publicado en una revista de alto impacto, considero que están muy bien y merecen ser comentados.

Tenemos que reflexionar sobre a quién creemos en la ciencia. No solo es confiar ciegamente en Science o Nature, es que a veces se confía ciegamente en alguien que se dice que es una persona experta en un tema y nadie parece haber comprobado tal cosa. Y me llama la atención que nadie levante la voz preguntando «experta en qué, vamos a ver». Porque alguien se especializa en lo que ha estudiado, en lo que ha trabajado, en lo que sabe. No en aquello de lo que opina en un plató de televisión. Hablar en la tele no te convierte en una persona cuya investigación de repente sea buena, si antes no lo era. En España tenemos muchas personas expertas en temas muy diversos, que no han recibido el reconocimiento que deberían a nivel internacional, pero que no siempre son las personas que hablan de esos temas.

Ahora que ya me he metido en un fregado gordo, vuelvo a esconderme a mirar artículos. Si te parece interesante comparte, pero léete las referencias también, que esto es una opinión y los expertos son los que he citado arriba. Si te he hecho pensar puedes dejar comentarios, que serán bien recibidos siempre que nos escribamos desde el respeto. Y además, si quieres apoyarme y ayudarme a soportar las críticas que me puedan caer por quien se dé por aludido… entonces puedes invitarme a un café:

Las bacterias que se unen a partículas de comida

Un estudio reciente describe cómo analizar a qué se unen las bacterias. A mi me ha llamado especialmente la atención por la tecnología utilizada para el estudio. Considero que puede tener muchas aplicaciones en un futuro no tan lejano, aunque la idea del trabajo fuese ligeramente diferente. Lo que hicieron fue unir una muestra de bacterias a partículas de comida artificiales y ver qué se unía a qué. Suena extraño, pero es muy informativo. Y es que nuestras bacterias todavía son algo muy desconocido.

Nuestras bacterias son selectivas

Durante lo que llevamos de siglo XXI uno de los campos que ha avanzado significativamente es el estudio de nuestra microbiota. Y cuanto más estudiamos, más sabemos que el tipo de bacterias (y la cantidad) en nuestro intestino tiene efectos sobre nuestra vida diaria. No exclusivamente en nuestra digestión: también en el desarrollo de enfermedades que aparentemente no tendrían ninguna relación.

No tenemos claro cómo se selecciona qué se une a qué, hasta qué punto las bacterias son selectivas y aprovechan una característica de la comida para unirse. Sabemos que las bacterias marinas tienen preferencia por la quitina, las del rumen por la celulosa… ¿y las nuestras? Pues eso es lo que querían saber, pero con más detalle.

Partículas con polisacáridos y bacterias

Los experimentos realizados implicaban una serie de partículas muy pequeñas con diferentes polisacáridos unidos, polisacáridos que son comunes en nuestra dieta. Así, al juntar las partículas con las bacterias habituales en nuestro intestino y analizar cuales se quedaban pegadas a las partículas, podían extrapolar las preferencias de cada tipo de bacteria. Aunque no para todas las analizadas había una preferencia clara, sí se observaba para más de un tercio de las bacterias. Vamos, que no les vale cualquier cosa.

Obviamente las partículas con polisacáridos son artificiales y no es lo mismo que nosotros ingerimos. Pero es un paso para analizar la unión de forma muy específica. Además, es una interesante prueba de concepto que nos puede dar información en el futuro para otros experimentos.

lupa mirando los microbios del intestino
Nuestra microbiota

La unión partícula-bacteria nos proporciona información

Más allá de satisfacer la curiosidad, este tipo de estudios nos permiten conocer qué tipo de microbiota es necesaria para el procesado de algunos alimentos. O si lo vemos al revés, qué tipo de alimentos nos costará más digerir si no tenemos unas bacterias concretas. Además, analizándolas en conjunto, podemos saber como de bien es capaz nuestro cuerpo de extraer todos los nutrientes posibles de los alimentos, y cuánto está dejando pasar.

Por otra parte, el sistema de partículas artificiales nos puede permitir analizar los cambios en la microbiota de una persona en diferentes puntos temporales, como podría ser tras un tratamiento con probióticos. Así sabríamos rápidamente si han funcionado. Y si lo pensamos en un modo más futurista, también podría servirnos para diseñar alimentos fácilmente digeribles para la mayor parte de las personas.

Pero la realidad es que no tenemos que ir tan lejos, porque esas partículas permiten pescar bacterias. Y pescar bacterias es muy importante, ver qué se une y poder por lo tanto aislarlas. Porque por mucho que queramos analizar uniones la realidad es que todavía hay muchas bacterias que forman parte de la microbiota de alguna persona que no conocemos. Y en paralelo a todas las aplicaciones para mejorar nuestra digestión… poco podemos hacer mientras tenemos grandes puntos ciegos. Por suerte, con inventos como éste, poco a poco vamos poniendo luz en nuestras bacterias.

El trabajo con todos los detalles de cómo se unen las bacterias a las partículas lo podéis encontrar aquí: Strain-level functional variation in the human gut microbiota based on bacterial binding to artificial food particles

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¿Qué pasó con la vitamina D para tratar la Covid-19?

Hace meses la prensa hablaba a diario de lo importante que era la vitamina D, sin llegar a decidir si lo correcto era suplementar antes o tratar a los enfermos de Covid-19 con ella. Pero poco a poco, parece que la vitamina D cayó en el olvido. La realidad no es esa, ya que aunque claramente pasó de moda para algunos medios de comunicación, los científicos siguen a su aire.

Durante el último año, varios grupos han realizado ensayos clínicos para valorar el papel de la vitamina D tanto antes como durante la infección del coronavirus. Aprovechando una actualización de la revisión que está llevando a cabo Cochrane sobre el tratamiento en pacientes con Covid-19 usando vitamina D, hoy vamos a ver cuál es la situación actual. Se trata de una revisión en curso, una revisión «viva» que se va actualizando según aparecen más datos. Hay que tener en cuenta que existen varios ensayos clínicos en curso, y cuando se actualice la revisión con esos datos, quizá las conclusiones cambien.

¿Qué han analizado hasta ahora?

En estos momentos se han analizado los estudios que se habían completado en marzo y que contenían datos suficientes para el estudio. Son concretamente tres, y suman en total 313 participantes. No se han podido mezclar los datos y han tenido que analizarlos por separado porque las técnicas empleadas y los datos recogidos en cada caso eran demasiado diferentes.

Lo que han analizado es si al tratar con vitamina D disminuye el riesgo de morirse, de necesitar ventilación, y si afecta a tu calidad de vida. Respecto al riesgo de morir, la cosa no está nada clara, porque de los dos estudios que tienen datos, uno dice que sí y uno que no. Lo de la ventilación es un poco más complejo porque solo un estudio tiene datos, y en ese caso disminuye el riesgo, pero teniendo solo un estudio… pues no suena muy fiable.

Finalmente, respecto a tu calidad de vida, no han encontrado demasiado, aunque uno de los estudios revisaba eventos adversos, y un paciente había vomitado después de tomar la vitamina D, que no tiene nada que ver con la Covid-19 y quizá tampoco con la vitamina D, pero hay que registrarlo.

La relación entre la vitamina D y la Covid-19

Todo esto viene porque allá hacia el principio de la pandemia se observó que los pacientes más graves de Covid-19 tenían niveles más bajos de vitamina D. Pero ya sabemos que correlación no implica causalidad, y no sabemos si fue antes el huevo o la gallina (en este caso). Es decir, quizá los pacientes tenían niveles bajos de vitamina D y por eso la enfermedad avanzó a una forma más grave. O quizá la forma grave provocó una bajada en los niveles de vitamina D. Ambas opciones pueden ser válidas e incluso una mezcla de ambas.

La vitamina D tiene una función muy importante en el uso y transporte de calcio. Por eso se suplementa cuando empezamos a tener problemas con los huesos, pero también juega un papel relevante en el control de la glucemia, en la función de los músculos (incluido el corazón) y en la función del riñón y los pulmones. Si algo falla, los síntomas de la Covid-19 empeorarán. Pero quizá son los síntomas los que evitan que la vitamina D cumpla su función, que además también está implicada en el sistema inmunitario, fundamental para luchar contra una infección.

La falta de tratamientos

Aunque mucho se ha avanzado en este año y pico, la verdad es que seguimos sin tener tratamientos efectivos, aunque yo he nombrado aquí varios de los que han mostrado resultados más o menos prometedores. A estas alturas parece que lo mejor son los corticosteroides, y sabemos que el famoso remdesivir o el tociluzumab parecen funcionar en algunos casos, mientras que la hidroxicloroquina no se recomienda. Al menos no se recomienda en la mayor parte de los países que analizan los resultados de ensayos clínicos de forma objetiva. Pero en cualquier caso esos medicamentos tienen efectos secundarios más o menos preocupantes, y no siempre funcionan.

Por eso, tener algo de fácil alcance y sin efectos secundarios graves podría permitir un tratamiento de inicio a todos aquellos que empiecen a desarrollar la forma grave. Recordemos que más del 80% de los casos son leves y no necesitan ningún tratamiento. Pero el 20% restante es el que nos preocupa, y en algunos casos son personas que no pueden ser vacunadas.

¿Qué sabemos entonces?

Lamentablemente, en estos momentos, todo lo que podemos decir, y lo que dice la revisión Cochrane es «no sabemos». No hay datos suficientes y suficientemente buenos como para poder determinar si la vitamina D realmente ayuda a mejorar la sintomatología de la Covid-19 o disminuir el riesgo de muerte. Hacen falta más estudios para que se puedan sumar datos.

Las buenas noticias son que hay varios estudios en curso (concretamente 21) que tienen un planteamiento que hará posible, si nada cambia, que sus resultados se puedan incluir cuando estén disponibles. Eso quizá ayude a llegar a conclusiones, para bien o para mal.

Mientras tanto, recordemos que la vitamina D tiene un montón de funciones y que es imprescindible mantener unos niveles adecuados para nuestra vida normal. Para ello lo adecuado es mantener una dieta equilibrada y exponerse al sol, tan solo unos minutos diarios cuando hay sol directo. Eso sí, de forma controlada, porque el resto del tiempo queremos evitar un melanoma, así que evitaremos el exceso de sol y usaremos protector solar. Si hay una clara falta de sol o se sospecha de que la exposición no es suficiente, un médico podrá analizar nuestros niveles en sangre y recomendarnos un suplemento si fuese necesario.

Si queréis ver todos los detalles de la revisión, la podéis encontrar aquí: Vitamin D supplementation for the treatment of COVID‐19: a living systematic review

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