La reproducción de las almejas

Quizá suene a un tema extraño, pero seguro que mucha gente se ha preguntado alguna vez cómo funciona la reproducción de las almejas. La verdad es que las almejas, como otros muchos moluscos, tienen una reproducción bastante sencilla, pero también bastante desconocida.

Empecemos diciendo que las almejas son eso, moluscos. Además, son bivalvos. En lenguaje llano: tienen dos conchas. Es decir, entran en el mismo grupo que los mejillones y que los berberechos. Y aunque todos tengáis ahora una imagen mental de una almeja, probablemente con su salsita en un plato, lo más probable es que cada uno imagine una almeja diferente. Hay un montón de almejas distintas, y aunque en este blog siempre se defenderán las almejas de Carril como las mejores del mundo, hoy vamos a hablar de almejas en general.

El aparato reproductor de las almejas

Como todo animal, las almejas tienen un aparato reproductor, aunque a los ojos de un humano medio no se vea nada cuando se analiza su cuerpecillo. En algunos casos tenemos almejas hembra y almejas macho, que generarán óvulos y espermatozoides, en otros muchos casos tenemos almejas que tienen un aparato reproductor que puede generar ambos gametos, pero no de forma simultánea.

Para rizar más el rizo, tenemos almejas que pueden generar tanto óvulos como espermatozoides a la vez, pero en partes diferentes de su sistema reproductor. En este caso, como las que lo turnan, hablamos de almejas que son hermafroditas. Las otras, las que sí se diferencian, se diferencian básicamente en eso, ya que en muy pocos casos vamos a poder ver externamente si son machos o hembras (sin mirar qué es lo que están haciendo, vaya).

Fotografía de almejas
Esto para mi no son almejas, pero para mucha gente sí

La fecundación

Sea el tipo de almeja que sea, cuando llega el momento de la reproducción, antes de la fecundación se tienen que liberar los óvulos y los espermatozoides. Se liberan al exterior, y cada uno que se busque la vida. En las que generan ambos se pueden liberar a la vez, lo que facilita el encuentro, pero en las otras es toda una aventura.

Una vez que se ha producido el encuentro, si la fecundación es exitosa, se formará un embrión que empezará a crecer y pasar por varias fases de metamorfosis (larva trocófora y larva velígera, por si alguien tiene curiosidad) y después se formará un «juvenil», que ya se parece remotamente a una almeja. Eso es lo que en mi pueblo llamamos «simiente», por ser la semilla que dará lugar a unas buenas almejas a la marinera.

En la vida real la reproducción de las almejas es menos arriesgada

El caso es que si tuviésemos que esperar a que todo esto ocurriese de forma natural, ni de milagro tendríamos almejas suficientes para todas las comidas familiares. Y mucho menos para la Fiesta de la Almeja. Dado que hay mucha gente cuyo sustento depende del marisqueo de almejas, lo que se hace es… criarlas. En unos tanques se liberan los espermatozoides y los óvulos, en un ambiente perfectamente favorable se forma un embrión. Y se las cuida bien para que lleguen a juveniles. Una vez que tenemos unas microalmejitas con posibilidades de sobrevivir, lo que se hace es empaquetarlas y mandarlas al mundo real. Eso es lo que se siembra en las zonas en las que se crían (sí, se siembra, por eso lo de semilla). Ahí, en la arena, se deja que crezcan mientras se reza para que no haya tormentas que traigan demasiada agua dulce. Cuando han alcanzado una talla mínima, se extraen, se venden, y a la mesa.

Como última curiosidad, para aquellos que estén en shock tras descubrir que las almejas que se van a comer dentro de unos días han sido «criadas en cautividad» os diré también que las almejas que van a la cazuela son todavía crías. Una almeja podría vivir decenas de años, pero las recogemos muchísimo antes, cuando alcanzan la talla mínima legal. Pensadlo… ¿Realmente os queréis comer esas crías? ¿Os parece bonito? Que yo no os voy a juzgar. Pero a lo mejor si unos cuantos os lo pensáis dos veces baja el precio y al resto no nos cuestan un ojo de la cara.

Y ahora ya os lo digo en serio. Disfrutad de la comida, pero tened presente qué es lo que coméis y hacedlo con mesura. Mantener el sustento de las familias que dependen del marisco está bien, pero abusar de lo que nos puede dar la tierra o el mar puede ser peligroso. Que el consumo sea ocasional. ¡Pensad en las almejitas!

Como no os voy a pedir almejas, si queréis invitarme a un café, podéis hacerlo aquí:

La percepción y el tratamiento del dolor en Europa

Hoy os traigo una historia un poquito más larga, que habla del tratamiento, o la falta de tratamiento, del dolor en Europa, así como de la percepción que tenemos. Es un análisis de una encuesta que se hizo hace ya unos años y que debería hacernos reflexionar. Voy a ir hablando de los datos europeos, pero destacando también algunos puntos que me han llamado la atención de España, a ver si pensamos un poquito a ver qué está pasando con el dolor.

El planteamiento del estudio

En este estudio se llevó a cabo una gran encuesta en la que participaron personas de 15 países europeos y de Israel. A partir de ahora vamos a decir que son europeos para no liarnos, pero eso, que también había gente de Israel contestando. El objetivo con la encuesta era analizar la prevalencia del dolor crónico y juntar las opiniones respecto a la percepción del dolor, el impacto en la vida de las personas que lo sufren y saber si se recibe un tratamiento adecuado.

La encuesta se hizo por teléfono, de una forma digitalizada. Es decir, de esas encuestas que graban y analizan automáticamente las respuestas tras pedirte que respondas si o no, o que des datos en una escala concreta. Dado que es evidente que existe un sesgo si se llama a teléfonos fijos en Europa, y ese sesgo ya existía en el momento en el que se hizo la encuesta, el peso que recibían las respuestas se ponderó teniendo en cuesta si respondía un hombre o una mujer y según el grupo de edad al que pertenecía. También se ponderó en función del país, ya que el grado de respuesta no era el mismo.

Quién dice tener más o menos dolor

De media, un 19% de los europeos habían sufrido dolor moderado o severo que había durado al menos seis meses. Pero aunque eso sea la media, la realidad es que los resultados varían mucho entre países, entre el 12 y el 30%. Incluso dentro de los países existe una gran variación, como la que se observa entre el norte y el sur de Italia que varía hasta un 10%. Y os preguntaréis qué países son los extremos… pues el 30% de personas que dicen sufrir dolor el Noruega, y el de solo un 12% es España.

Analizando las características de la población que contestó a la encuesta, se ve que las mujeres sufrimos un poquito más, ya que el 56% de las personas con dolor eran mujeres (frente al 52% de la población general). Pero esto no es igual en todos los países, ya que por ejemplo en Irlanda y Países Bajos las mujeres eran el 60% y en España el 52%. Respecto a la edad, parece que los de 41 a 60 son los más sufridores. En España la media de edad es de 50,7 años.

Curiosamente, la duración del dolor crónico intenso también era sustancialmente diferente entre países. En España es de 9,1 años, solo superado por Finlandia con 9,6; mientras que en el extremo contrario tenemos a Irlanda con 4,9 años.

¿Qué nos duele?

En general, lo que más nos duele en Europa es la espalda, y más concretamente el típico lumbago. Eso sí, seguido muy de cerca por las rodillas y la cabeza. La causa más común es la artritis, cosa que no sorprende a nadie. Y una de las cosas más curiosas a destacar es la percepción del dolor y cuando pasa a ser intenso. Mientras que en Países Bajos solo el 18% de personas con dolor decían que era dolor intenso; en España la mitad de los que decían tener dolor lo tenían intenso. ¿Significa esto que percibimos el dolor como más intenso en España? No, porque de media tenemos la misma incidencia de dolor intenso que en el resto de Europa. La realidad es que quitamos importancia al dolor más leve, y solamente lo consideramos cuando ya es relativamente intenso.

Cuando algo nos duele nos dificulta diferentes actividades de la vida. Uno de los puntos críticos es el sueño, ya que la mitad de los europeos con dolor dice tener problemas para dormir. Si hablamos de impedimento total, un 32% no son capaces de trabajar fuera de casa. De media, perdieron 7,8 días de trabajo en los últimos seis meses por culpa del dolor. Por supuesto, volvemos a tener grandes diferencias entre países… Las personas con dolor en Finlandia pierden de media 19,8 días de trabajo (en seis meses), mientras que los franceses solo pierden 5. España se queda cerca de la media, con 8,4 días. Eso lleva a que en algunos países sea frecuente que existan cambios de trabajo (o al menos de responsabilidades en el puesto), como por ejemplo en Italia o Noruega, mientras que en España o Francia es menos frecuente.

Algo muy muy importante: España tiene la tasa de depresión más alta entre las personas con dolor crónico, llegando al 29%. En el extremo contrario tenemos a Dinamarca, con un 11%.

El tratamiento del dolor es (casi) un mito

En general vamos al médico cuando tenemos dolor, ya que el 69% de los europeos con dolor son tratados, pero no siempre (ni mucho menos) por un especialista. Los que más van a un especialista en dolor son los italianos (43%) y los que menos los noruegos (8%). En España estamos por encima de la media, con un 27%. Eso sí, lo de la escala del dolor es algo mayoritariamente desconocido para todos los países participantes, ya que solo en Finlandia se alcanza un 20% de personas clasificadas en dicha escala y el resto estamos por debajo.

Lo de los tratamientos es otro mundo. De media, el 69% de los europeos con dolor están siendo tratados. Pero la forma de tratarse puede ser… variada. En Finlandia, por ejemplo, hasta el 91% se tratan con «terapias que no implican medicamentos». En el extremo contrario tenemos a España, con el 56%. Por ejemplo, si hablamos de acupuntura, el 41% de los suecos con dolor crónico la han usado, mientras que en España solo el 6%. Nos gana Finlandia con un 5%. También es curiosa la diferencia en lo que podemos agrupar en «terapias físicas». Suecia vuelve a ganar, con un 55%, mientras que en Francia es solo un 2%. En este caso España se vuelve a quedar en un 6%, me pregunto si es el mismo 6%…

Imagen de un hombre llevándose la mano a la espalda
El dolor de espalda… uno de los peores

¿Qué medicamentos tomamos?


Por supuesto, cuando tomamos medicamentos también tenemos variación. Voy a dar solo los datos de España frente a la media europea y después destacar algún puntillo que me llama la atención especialmente. Si hablamos de AINEs (p. ej. ibuprofeno), en España los consumen el 49% frente al 44% de media. Opioides débiles (p. ej. codeína) el 13% frente al 23%. Paracetamol 8% frente a 18%. Inhibidores de COX-2 2% frente a 6%. Y Opioides fuertes 1% frente a 5%. ¿Algún otro dato llamativo? En Polonia, por ejemplo, el consumo de AINEs sube al 71%. En Reino Unido y Noruega, el de opioides débiles al 50%. Reino Unido también destaca en los opioides fuertes (12%) junto con Irlanda (13%). El consumo de paracetamol destaca en Noruega (45%) y el de inhibidores de COX-2 destaca especialmente en Israel (36%).

Pese a todo esto, el 40% de las personas con dolor no están satisfechas con el tratamiento que han recibido durante la duración del dolor. La mayoría de las personas con dolor no consideran que su dolor se trate de una forma adecuada (58% en España y 64% de media en Europa), y lo que más preocupa son los posibles efectos adversos, junto con la sensación de que el médico se centra en curar la enfermedad de fondo y no del dolor que va asociado. Hay que tener en cuenta que las enfermedades de fondo son bastante variadas y, aunque en general se piensa que el dolor crónico es causado principalmente por un cáncer, la realidad es que solo en el 1% de los casos tenía una relación con el cáncer.

¿Conclusiones?

Tomando todos los datos en conjunto, lo que deberíamos extraer es que personas de diferentes países tenemos diferentes percepciones del dolor y eso debe ser tenido en cuenta. Además, en la mayor parte de los casos el dolor está siendo tratado de forma incorrecta o insuficiente. Dado que en la mayor parte de casos ni siquiera se ha clasificado el dolor en la escala establecida y que en muchos casos no está siendo tratado por un especialista, es evidente que necesitamos mejorar nuestras unidades de dolor.

También es destacable la necesidad de tener en cuenta la salud mental en el tratamiento del dolor, ya que en muchos casos se está viendo afectada y es algo que rara vez se tiene en cuenta. Sin duda, desde el año en el que se hizo este estudio, las cosas han ido cambiando poco a poco, pero todavía nos queda mucho camino por recorrer. Aunque se ha actualizado parte del estudio posteriormente, no se ha vuelto a hacer con tanto nivel de detalle, por lo que quizá va tocando publicar otro artículo con los mismos datos y comparando si en 15 años la cosa ha mejorado.

Si queréis más datos, podéis encontrar el artículo completo aquí: Survey of chronic pain in Europe: Prevalence, impact on
daily life, and treatment

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Los remedios naturales no son homeopatía

En las últimas semanas me he dado de bruces con eso de que en casa del herrero cuchillo de palo. Concretamente, con que personas de mi entorno han caído en una serie de errores sobre el consumo de remedios naturales varios, de esos que se venden en el supermercado como suplementos o como infusiones. En todos los casos la persona que me lo contaba me decía que bueno «mal no van a hacer» o «si total seguro que no hace nada». Para empezar, entiendo que si realmente pensasen que no van a hacer nada no se lo tomarían, porque no gastarían el dinero en ello. Pero es que además, los remedios naturales no son homeopatía. Es decir, llevan algo. Y lo que llevan puede suponer un problema. Vamos a repasar las diferencias, a ver si alguno más se replantea lo que está tomando en su día a día.

Qué es lo que sí llamamos homeopatía

En lenguaje llano, un remedio homeopático es aquel que lleva agua y/o algún que otro glúcido. En la teoría, lo que llevan es un compuesto X, que en general es algo que es peligroso, que se ha diluido millones y millones de veces y según su teoría, eso hace que cure la enfermedad que en muchos casos provocaría si no se hubiese diluido. Pero en la realidad, si diluimos una sustancia a ese nivel, no queda absolutamente nada de esa sustancia. Esto lo sabemos porque conocemos el número de Avogadro y sabemos cual es el tope de dilución para que quede al menos una molécula presente, y si se diluye más allá, pues no queda nada. Y sí, ya sé que hablan de la memoria del agua y todo eso, pero el agua no tiene memoria (menos mal). Así que lo que compramos cuando nos venden un remedio homeopático es el excipiente en el que viene ese supuesto remedio. Eso es en muchos casos sacarosa (o similar) y agua (si es un remedio líquido).

Resumiendo, si consumimos un remedio homeopático no nos va a pasar nada. El gran peligro de la homeopatía es utilizar ese remedio para sustituir a un medicamento, pero mientras no dejemos de consumir el medicamento, pues no nos pasará absolutamente nada.

Imagen de unas bolsas de té y un infusionador
Ojo con esas infusiones…

Los remedios «naturales» pueden provocar… reacciones naturales

El problema lo tenemos cuando compramos, por ejemplo, una infusión adelgazante. Parece algo inocuo porque lo venden en el supermercado, pero la mayor parte de infusiones para «mantener la línea» esconden algo muy feo. Por una parte, ya hemos hablado aquí alguna vez de su posible interacción con medicamentos que nos hayan recetado, pero la cosa no se queda ahí. El problema no se limita a que la absorción sea por la misma vía y se pueda limitar la acción de otro compuesto. El problema, en el caso de las adelgazantes, es que lo que llevan es una planta con efecto diurético. Básicamente, funcionarían como una pastilla que baje la tensión arterial. ¿Problema? Primero, que no estás regulando lo que te tomas, y puedes pasarte. Segundo, que mientras que una pastilla «para la tensión» se centra en la regulación del sodio, los diuréticos así a lo loco pueden hacerte perder también grandes cantidades de potasio (y eso es un problemón).

Y si eso aplica a las infusiones pero también a todas esas pastillas de «extracto de», que de una forma u otra pueden generar daños, sea porque tienen un efecto más allá del esperado, o porque cambian el efecto de un medicamento (por exceso o por defecto).

¿En resumen?

Que antes de tomar un remedio natural, consultemos bien lo que vamos a tomar. Que más allá de lo que diga la caja, nos informemos sobre posibles efectos adversos, efectos esperados no contados, interacciones, etc etc. Y algo que no me canso de repetir: hay que informar de esto en la consulta médica. Y en la farmacia. Cuando te preguntan si tomas algo, tienes que decir todo lo que tomas, desde esa infusión que te tomas para dormir hasta el extracto de nosequé que tomas con el desayuno porque te han dicho que va muy bien para algo. Todo.

Y así, aunque haya sonado repetitivo, aunque sea un tema que ya hemos tratado aquí más veces, a ver si de una vez queda grabado en los cerebros y no me vuelvo a encontrar con un lío de ese estilo cercano. Y si tenéis dudas, preguntad antes de tomar nada. Que parece mentira…

¿Sabéis otra cosa que es diurética? El café. Yo me ocupo muy bien de equilibrar mi consumo de café con mi consumo de sal, así que si queréis podéis enviarme un cafecito…

Bacterias para eliminar bacterias

Puede parecer una contradicción, pero hace unas semanas se publicó algo que puede ser un gran avance en un futuro no muy lejano: una píldora para eliminar bacterias… con bacterias. Y como puede sonar como algo muy extraño, y puede parecer que es una noticia más de esas de «científicos españoles hacen cosas», pues voy a explicar de qué va el tema, para que aclaremos que esto es un avance importante, pero que tampoco es que haya sido un momento eureka.

Los biofilms bacterianos

Las infecciones bacterianas son un problema, pero si además las bacterias se protegen, es un problema más grande. Y si además de protegerse eso les permite desarrollar una gran resistencia a antibióticos, pues peor todavía. Los biofilms son exactamente ese método de protección que pueden desarrollar algunas bacterias. Son lo que su propio nombre dicen, films protectores, y si os los imagináis como un film transparente de esos que se usan para la comida, pues no os alejaríais mucho de la idea… aunque los biofilms están vivos.

Realmente, lo que está ocurriendo, es que las bacterias que los forman secretan una serie de sustancias que hacen que la colonia que están formando quede protegida. Una capa extra que es casi impenetrable. El biofilm va cambiando según cambia lo que hay dentro, según se multiplican las bacterias, y pueden llegar a alcanzar una gran superficie. Un ejemplo de biofilm lo encontramos en las bacterias que se encuentran en nuestra boca, que gracias a esos biofilms aguantan lo que haga falta para avanzar en su objetivo: provocarnos una caries. Esa protección, además, dificulta que las sustancias que hay en el exterior puedan entrar en contacto con las bacterias del interior. A no ser que a esas bacterias les interese lo que hay fuera, claro. Así, si utilizamos un antibiótico contra esas bacterias, es mucho más complicado que ese antibiótico cruce la barrera. Además, si las bacterias tienen otros genes de resistencia a antibióticos, tenemos un problema.

Los biofilms en hospitales

Aunque encontramos biofilms en más contextos, uno de los preocupantes es el hospitalario. Las bacterias que forman biofilms son una de las principales fuentes de enfermedades nosocomiales, esas que se multiplican en los hospitales. Y en este caso no son los sanitarios llevándolas en su cuerpo de una habitación a otra. Las bacterias que forman biofilms se encuentran en el lugar más inesperado: en catéteres y cánulas. Ahí llegan de una forma u otra y se hacen fuertes, creando su capita de biofilm dentro del tubo y esperando a poder liberar unas cuantas bacterias en el momento oportuno, para encontrar un nuevo hospedador al que infectar.

El caso es que eliminar esas bacterias es tremendamente complicado. Primero hay que conseguir eliminar el biofilm, pero sin dejar ningún resto de sustancias que puedan ser tóxicas y sin alterar el material del que están hechos los catéteres, y aquí es donde entra la idea de utilizar un caballo de Troya.

Pequeñas troyanas

Nuestros pequeños caballos de Troya van a ser en este caso otras bacterias. Bacterias que tienen una peculiaridad: carecen de pared celular. Son micoplasmas, que aunque en otros contextos pueden provocar infecciones, una vez modificadas para anular su capacidad para infectar, son unos vectores perfectos. Una vez que le hemos quitado todo lo malo de dentro al caballo de Troya, toca rellenarlo de nuestra arma.

Como son bacterias que pueden sintetizar proteínas, esa será nuestra mejor arma. Y lo que han hecho tras quitar los genes malos, ha sido meter los buenos. Los buenos, en este caso, son enzimas bactericidas. Proteínas que atacan a otras bacterias. Las más comunes lo que hacen es destrozar la pared o la membrana de otras bacterias, pero hay más opciones. Y como teníamos un caballo de Troya particular, porque hemos dicho que era una bacteria sin pared, eso hace que además de poder sintetizarlas, puedan liberarlas con facilidad. Con facilidad una vez que se ha manipulado la bacteria genéticamente para que lo haga.

Bacterias libres felices

¿Entonces tenemos la solución para eliminar bacterias?

A ver, lo que tenemos ahora es una pequeña bacteria mutante. Tan mutante que ha perdido su capacidad para hacernos daño, y a cambio se le ha dado la capacidad para generar y secretar proteínas que hacen daño a otras bacterias malas. Y con eso se ha hecho una prueba de concepto con ratones, comprobando que no les pasa nada, y que si se tratan catéteres con ella, se eliminan las bacterias malas que provocarían una infección.

Es la primera vez que esto se hace, aunque la idea sí se había propuesto antes. Y los resultados son preliminares, pero prometedores. A mis ojos, aunque es cierto que yo estoy muy sesgada porque ya sabéis que esto de matar bacterias a mí me gusta mucho, se ha publicado en una revista demasiado pequeña para el avance que podría ser. Sin embargo, en cualquier caso, eso ya lo hemos vivido previamente. Ahora lo que nos queda es darles la fama que merecen (ni más ni menos), y animar a los investigadores a continuar con esa colaboración que quizá acabe dando frutos muy interesantes.

Para acabar os dejo el artículo, para aquellos que queráis consultar los resultados en detalle: Engineering a genome-reduced bacterium to eliminate Staphylococcus aureus biofilms in vivo

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El contenedor amarillo que nos confunde

Ahora que nos ha entrado a todos la conciencia ecológica, aprovecho y escribo una breve entrada que os haga recordar cómo funcionan esto de los contenedores para reciclaje. Porque todo el mundo dice tenerlo claro, pero ya si empezamos por el azul empiezan las dudas de qué tipo de papel o cartón va al contenedor azul, o qué se considera papel o cartón. Nos pasa lo mismo con el verde, que dice que vidrio, pero… ¿tenemos todos clara la diferencia entre vidrio y cristal? Técnicamente quizá sí, pero cuando tienes un vaso de dudoso origen delante, quizá ya no lo tengas tan claro sin romperlo. Pero sin dudas, el contenedor que más dudas acaba generando es el contenedor amarillo. Ese gran desconocido.

Amarillo de envase

En esto no se puede generalizar, porque luego resulta que hay sitios en los que no es así, pero aunque en nuestra cabeza se haya repetido mil veces que el contenedor amarillo es para plásticos, el contenedor amarillo no es para plásticos. Es para envases. Y realmente nos lo han dicho siempre así, pero algo nos ha hecho asociar que los plásticos son envases y viceversa, pero la realidad es que no.

Muchos de los plásticos que nos rodean poco tienen que ver con los envases. Y no es que solo se pueda reciclar si es un envase, es que el tipo de material con el que se hacen los envases es diferente al que se usa para otras cosas. Así que si no es envase, va al contenedor de resto.

El TetraPak que da dolor de cabeza

Si os digo que las latas de refresco van al amarillo (a no ser que haya uno diferente para aluminio) quizá ahora ya suene más normal, porque acabamos de decir que los envases. Pero entonces si preguntamos por el «cartón de leche» empezamos a discutir todos. Quizá por esa idea de «cartón» o «caja» es por lo que se ha extendido la idea de que va al contenedor azul. Vamos a ver… ¿es todo cartón? No. Pues entonces no va al azul. Tampoco es todo plástico, pero sí es todo envase.

Aunque se nos vendía que era algo que se reciclaba muy bien, es muy difícil separar los diferentes componentes para reciclarlos por separado. Lo que sí podemos decir es que es un gran sistema para conservar líquidos: ya casi nadie recuerda la leche en bolsas y las botellas solo se usan para la pasteurizada. También es un gran sistema para almacenar, porque se apilan muy bien. Pero que no os digan que es bueno para reciclar, porque no es ni de lejos lo mejor. Aunque lo metáis al contenedor amarillo.

Imagen de un contenedor rebosando en medio de un campo
Antes de reciclar hay que reducir, y nada de tirar basura en el campo

Qué va al contenedor de resto sí o sí

Por último, recordemos que las cosas tienen que ir «limpias» cuando van a un contenedor de reciclaje. Esto quiere decir, que si tienes un pollo que son más bacterias que pollo, el pollo va dentro de su envase al contenedor de resto. El de amarillo no quiere ni ver los restos de ese pollo. Y lo mismo con otros restos de comida. Vale que nunca estará completamente impecable, pero si hay restos abundantes de comida, si no lo tocarías con tu mano… va a ser que le toca ir al de resto, que a veces metemos ya casi cualquier cosa al contenedor amarillo.

Eso me recuerda, que si se va a tirar ese tarro de vidrio del tomate frito al verde, hay que retirar todos los restos de tomate posibles antes de hacerlo. Que además de dificultar mucho el reciclaje, es una guarrada tremenda, que esos contenedores no se vacían a diario y los bichos crecen ahí. Di no a los restos de tomate.

Resumiendo…

Por último, os recuerdo que aunque haya materiales mejores o peores en cada caso, lo primero será siempre intentar reducir, reutilizar lo que se pueda, y por último reciclar. Y no debemos poner en peligro nuestra salud para reducir, ni debemos dejarnos llevar por lo que parezca que se recicla mejor, porque aunque un material se recicle mal, si miramos hacia atrás en la cadena quizá sea mejor que otro que recicla peor pero consume menos en la producción y transporte.

Lo importante es tener una visión global y no dejarnos llevar por el «yo ya sé cómo se hace» o «yo ya sé qué es mejor», porque tendemos a caer en errores. Sí, yo también, que tengo sesgos como el resto de humanos. Por eso os dejo este post, mucho más superficial, para que cada uno revise lo que le aplica a ver si realmente sabemos cómo se hace y qué es mejor.

Si te he hecho pensar puedes invitarme a un café, pero de los que se compran en grano, que las cápsulas se reciclan, pero menos de lo que creemos, y mejor será sin residuos: