Los niños mimados

A principios de esta semana llegó a mi de alguna forma un artículo en El Mundo sobre niños mimados. Me puse un poco a darle vueltas al tema, porque mirándolo desde fuera parece que sí, que los estamos haciendo un poco tontos. Pero mi opinión no vale mucho porque tengo poco contacto con niños. Entonces empecé a preguntar…

La mayor parte de los que me contestaron me dijeron que no, que no se mima en exceso, ni se sobreprotege. Pero sí hubo unos cuantos casos que explotaron a decirme que sí, que esto es todo horrible, que la próxima generación va a ser un desastre.

Uno de los temas que salió en la conversación fue el de los deberes. ¿Deben hacer deberes los niños? Los deberes deberían estar hechos para fijar conocimientos, tratarse de un simple repaso, no de tareas que deberían haber hecho en clase, y sobretodo nunca deberían ser cosas que no se hayan visto en el aula. Si hablamos por ejemplo de una clase de matemáticas, tras haber enseñado a sumar, es razonable que se manden para casa unas cuantas sumas, que hagan que los niños practiquen. En primaria el tiempo dedicado a los deberes debería ser el mínimo, sólo lo justo para ese repaso. En secundaria y bachillerato las cosas se van complicando, y entonces es normal mandarles más ejercicios, pero los profesores siempre deberían valorar que hay otras asignaturas. En mi mundo ideal, un alumno de instituto, de media, no debería tener que dedicar más de una hora diaria a trabajo obligatorio, dejando tiempo para que repase y estudie las asignaturas según su necesidad.

¿Y qué pasa con los fines de semana? ¿Y las actividades extraescolares? Los fines de semana deberían ser para descansar. Veamos, ¿a que a un adulto le jode llevarse trabajo para el finde? Pues a un niño también. Los deberes del fin de semana deberían poder hacerse el viernes, y sólo ocasionalmente dedicar parte del fin de semana a estudiar. Las actividades extraescolares aportan mucho, pero no se trata de saturar al niño, ni de mandarlo a las cosas que a los padres les interesan. Recuerdo cuando yo quería ir a teatro y mi madre insistía en apuntarme a baile. Está bien apuntarlos a una actividad física un par de días a la semana (igual que los adultos deberíamos hacer ejercicio al menos un par de veces por semana), y también a una actividad más “artística”, pero tienen que ser siempre cosas que disfruten, se supone que es su tiempo libre.

Hay mil formas de emplear el tiempo con los hijos, y los padres que más me insistían en que no se sobreprotege son todos padres que pasan mucho tiempo con sus hijos. Tienen hobbies en común, juegan juntos, hasta hacen videos juntos que luego suben a Youtube. El tiempo en familia es algo muy preciado, y me encanta ver cómo algunos niños crecen sin desarrollar ese odio a pasar tiempo con sus padres.

Pero luego tenemos a la gente que dice que sí se mima mucho… Ahí tenemos a niños cuyos padres les permiten todo. Niños que pasan de todo en el colegio porque ya luego los padres se enterarán por Whatsapp. Niños que dicen a sus padres “la profe me tiene manía” y los padres van y la amenazan. Estas navidades me contaba mi madre un caso de éstos: niño de 10 años, padre que le permite todo, le compra todo lo que pide, niño que suspende y tendría que repetir curso, padre que lo lleva a un psicólogo, niño que pasa curso y dice que “total para qué esforzarme si paso igual”, padre que dice “yo tampoco estudié y no me va mal”, niño que todo lo que quiere es “ser mayor e irse de vinos con su padre”. Sí, ese niño está mimado.

Pero hace ya siete años, a mi me apareció una madre llorando en la facultad. Su hija no era mucho más joven que yo. La madre decía que “había perdido los apuntes de su hija”. Como su hija tenía que entregar unos ejercicios y no tenía apuntes, la madre me ofrecía 500 euros por hacerle los ejercicios a su hija. Todos pensamos que si tu madre te pierde los apuntes, lo primero que haces es asegurarte de que tu madre deje de tocar lo que no debe, y lo segundo es pedirle a alguien que te pase los apuntes. Ese mismo año, vi desfilar a varias madres con sus hijos a las revisiones de exámenes de segundo de carrera. Esa gente tiene ahora más de 25 años, y ya venían mimados.

Me decía uno de los preguntados que toda generación cree que los niños están más mimados que antes y, si te vas a gente de suficiente edad, acabarás escuchando que con Franco esto no pasaba. Quizá es lo que mejor resume el tema, porque niños mimados habrá siempre, pero no hay que caer en el extremo contrario. Queremos ser rectos, permitir lo justo y asegurar una buena educación… pero los métodos para eso recuerdan demasiado a una escuela de los 60. A los niños hay que darles libertad, eso es todo. Algunos saldrán más independientes que otros, como ha pasado siempre.

Y nunca nos olvidemos que la visión de los padres siempre está sesgada, se ve lo que se quiere ver. Si ya lo dice mi madre, que yo salí así de bien, con mi carrera y mi doctorado, siempre tan buena estudiante, porque ella no me permitía salir por ahí, porque nunca bebí alcohol, porque me pasaba las horas estudiando en lugar de jugar a la consola, porque me compraba muchos libros, porque… porque… Y la realidad es que salía, bebía, las horas “estudiando” eran delante de un ordenador (que no me dejase tener consola no implicaba no jugar), en casa no tenía ni de lejos los libros que yo quería, etc, etc, etc. Si me hubiese dejado hacer todo lo que quería nos habríamos ahorrado muchas mentiras y yo habría salido igual, un poco más despojo humano de lo que ella cree, pero con carrera y doctorado.

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Un comentario en “Los niños mimados

  1. Coincido muchas cosas contigo… Me parece ya vergonzoso que alguien, mayor de edad, permita que su madre vaya a sacarle las castañas del fuego a la facultad… Esa persona no se estima ni a si misma.

    En el tema de los deberes, coincido en parte. En estadios tempranos de la educación, los veo totalmente necesarios. No solo por el hecho de que hagan deberes o que ayuden a reforzar lo aprendido en clase. Sino más bien como método para crear hábitos de estudio.

    Al llegar a la adolescencia y entrar en el “Insti” tienes que tener unos hábitos de estudio creados. Estar acostumbrado a repasar o reforzar lo que se va aprendiendo para que después no “nos pille el toro” de cara a las evaluaciones.

    Si se acostumbra a un niño desde pequeño a que todos los días tiene que dedicar un tiempo de su tiempo libre para “hacer deberes” luego, en la adolescencia no le costará lo más mínimo comprender que aunque no tenga “deberes” tiene que “repasar” lo que va aprendiendo. Y si tiene este hábito creado, le costará menos.

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