Los refugiados

Por primera vez me he dado cuenta de que están ahí. Da igual a donde vayas, los ves por todas partes, esperando. Es muy llamativo en las estaciones de tren, hay muchos. ¿Qué hacen allí? No, claro que no están pidiendo. Están esperando. Esperan a que se les asigne un sitio al que puedan ir. Mientras esperan en la calle, y los que pueden dentro de una estación de tren (…).

Lo que hace el gobierno no es suficiente. Vale, que han puesto profesores para que les enseñen el idioma, para que eduquen a los niños. Pero no es suficiente. Con la cantidad de profesores que hay en el paro… ¿No podrían ponerlos a enseñar a esos pobres niños? Y el protocolo. Lo peor es el protocolo. Mucha gente podría buscarse un trabajo y tener una vida normal, pero mientras se tramita todo el papeleo no está permitido. Tienen que quedarse en el sitio que le hayan asignado y esperar. Esperar a que, quizá pasados siete años, les denieguen el asilo. Ha pasado antes. ¿Y qué haces entonces? ¿Te vuelves con unos niños que ni siquiera recuerdan ese país del que huyeron siendo bebés? Claro que se podría agilizar el proceso (…).

Lo de las casas es lo peor. Hay un montón de pisos vacíos y esta gente en la calle. Y la gente que tiene un montón de propiedades y no las ofrece. Y mientras esa gente en la calle. El gobierno tendría que quitarles la casa cuando hay necesidad, que se aguanten. Menos mal que no se sabe que te dan una ayuda, que si no igual aparecían los listillos cobrando la ayuda (unos 25€ por refugiado) y matándolos de hambre para hacer negocio (…).

No merecen eso. Y nosotros tendríamos que ser los primeros en reaccionar. Parece que la gente no tiene memoria. Ya nadie se acuerda de nuestra guerra. Cuando la guerra, muchos de nuestros familiares tuvieron que salir del país. Todo el mundo tiene un tío abuelo que se exilió. Todo el mundo sabe de alguien cercano al que mataron en la guerra. Cuando nuestra guerra, todo el mundo nos acogía. Y eso con la fama que nos precedía. La guerra era nuestra culpa, por haber permitido de entrada que un dictador llegase tan alto. Un bajito cabrón. Y venía a salvar el país, decía el hijoputa. Pero los que salieron encontraron un hogar en otros países. Esa gente ahora tiene sus familias divididas, en muchos casos por el océano, pero no deberían olvidar. Y antes no había tantos recursos. A veces pienso que nos merecemos la fama que tenemos por el mundo (…).

Conozco a alguien que sí ofreció su casa. Tiene una finca grande y se construyó una casita pequeña para cuando se retire. Su casa estaba muy bien con los hijos, pero sabe que le sobra, así que para no tener que cuidar tanta casa, y asumiendo que alguno de sus hijos irá allí, se construyó su casita en la otra punta de la finca. Para estar cerca pero no molestar. Este hombre se ha ido a su casita y ofreció la grande a refugiados. Han mandado a una familia. Tienen tres hijos, y este hombre está muy contento porque vuelve a haber niños corriendo por la casa. Dice que son muy amables, y aunque hay barrera idiomática, se están haciendo amigos. Aprenden pronto, y se adaptan rápido (…).

Si habéis llegado hasta aquí, muchos pensaréis que el texto de arriba puede venir de un español. Pues no, son fragmentos de una conversación que tuve ayer con uno de mis compañeros de laboratorio. Un alemán. Y diréis que bueno, que es lo mismo. Vamos a destacar un par de cosillas…

  • Alemania acogió a más de un millón de refugiados (en el último año). España ya tal.
  • En España la ayuda al refugiado (casa, manutención, transporte…) dura seis meses y en el mejor de los casos son 300 euros. Luego ya si eso duermen en la calle y se mueren de hambre, al menos por parte del Estado. Con surte se pueden quedar un año en el centro de acogida. En Alemania se les cubren los gastos básicos (manutención, ropa, etc en casa de acogida) y se les dan unos 150 euros al mes para sus gastos. Al cabo de tres meses, se garantizan clases de alemán, formación profesional y una ayuda de unos 300 euros (más extra por hijos, más alquiler). Las medicinas y nos servicios básicos (luz, agua) se le pagan también. Esta situación se mantiene hasta que puedan valerse por sí mismos (puedan entrar al mercado laboral en igualdad de condiciones, comparado con un alemán con el mismo nivel de estudios).
  • Alemania ha anunciado la contratación de al menos 8500 profesores de alemán para asegurar la rápida incorporación a la vida cotidiana de los refugiados. Gran parte de los alemanes consideran este número insuficiente. En España… Ya tal.
  • Convalidar un título universitario en España es tarea imposible. Lo norma es que te pidan que hagas asignaturas extra (en español, claro). Para algunas carreras, como las ingenierías,lo normal es que tengas que volver a estudiar la mitad.
  • Pese a las protestas de neonazis que vemos en la tele, la población alemana se muestra menos molesta que la española por la presencia de los refugiados. En España, con unas 100 veces menos refugiados, hay más quejas por las supuestas molestias que provocan los refugiados.

Ahora decidme que no sentís vergüenza. Porque yo cuando hablaba con este chico alemán solo quería desaparecer y tirar a la basura mi pasaporte español. No nos merecemos lo bien que nos tratan en otros países. Os lo dice una emigrada.

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