Lo que no pensamos cuando opinamos sobre los políticos

Estaba yo ahora pensando en el tema del pobre hombre este de Madrid. Iba a ponerme a opinar sobre lo bien o mal que estuvieron sus desafortunados (o no) tweets, pero me he quedado pensando que para qué, que si eso el que sea inocente, que tire la primera piedra.

Yo me veo aquí, escribiendo en este blog desde hace ya casi diez años. Quitando un par de momentos de boom en el que durante un par de horas han subido, las visitas de este blog son muy bajas. Vale, ha tenido mejores tiempos, pero ahora esto queda relegado a mi misma y a los cuatro lectores fieles que ahí seguís. Pero no sé qué puede pasar en el futuro.

Pienso un poco en el pasado de este blog, y pienso en todo lo que aquí he dicho para desahogarme durante la carrera. Todas esas crueldades destacando los fallos de mis profesores en clase que, al fin y al cabo, son seres humanos. También pienso en mi cuenta de twitter y en la cantidad de veces que he repetido la palabra matar. El caso es que, en realidad, soy una persona poco agresiva. Soy poco agresiva y mantengo la calma porque uso estas herramientas para dar salida a mi mala leche, a mis agobios. Nunca he perdido el control en una discusión con mi jefe, por mucho que la situación apuntase claramente a ser uno de esos momentos en los que los que tendría que haberle gritado, pegado, o incluso denunciado. He aguantado y resuelto el problema. No, todavía no he matado a nadie.

El caso es que todavía no he cumplido 30. Quizá dentro de otros 5 o 10 años ocupe un puesto de relevancia. Lo veo poco probable, pero vamos a pensar por un momento que me vuelvo a España y me meto en política, que acabo de concejala. Vamos a ir al caso extremo, que soy la leche y acabo de ministra de ciencia. Joder, menudo marrón. Tengo que dimitir fijo.

El caso es que durante los últimos 10 años he soltado tal cantidad de burradas que no llegaría viva a la investidura. Y conste que no me arrepiento de tales burradas, y todas tienen un contexto en el que parecen muy lógicas, pero no dejan de ser burradas. En ese caso, quizá debería replantearme si es que he hecho algo mal, si debería ir borrando ya todo preventivamente y ser políticamente correcta. No, no lo pienso hacer.

Todos tenemos un pasado, todos hemos soltado grandes burradas cuando nos creíamos entre amigos, y a lo mejor no estamos tan entre amigos, y en el momento más inesperado podemos estar llegando a un público muy amplio, que no entienda o conozca ese contexto. Pero todos, antes o después, decimos lo que no debemos.

Estamos juzgando a dos chicos por cosas que han dicho hace un mínimo de dos años, cuando todavía no eran políticos. Cuando defendían a un amigo, cuando estaban en una plaza gritando. No voy a ser yo la que diga si esos dos chicos deben dejar sus puestos sin estrenar o no. Yo creo que eso corresponde a su partido. Especialmente aquellos que confiasteis en dicho partido como para votarlo, ahora deberíais de confiar en él y en su gestión de esta supuesta crisis.

Pero nosotros… nosotros no podemos juzgarlos. Pensad que en cuatro años os dais un golpe en la cabeza y os eligen concejales. El que entonces pueda decir que está libre de pecado, que no van a encontrar absolutamente nada de ese estilo en su twitter, en su blog, en su Facebook, en la gaceta del instituto… entonces, ese es el que puede tirar la primera piedra. Mientras tanto, dejen el cargo o no, dejad a los pobres chicos tranquilos, que son seres humanos, igual que el resto de nosotros.

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