Hace diez años… el día del padre

Hoy hace diez años. ¿Qué hacía yo hace diez años?

Hace diez años, tal día como hoy a estas horas, estaba metida en un autobús camino de Aurillac. Ese pueblecito de Francia en el que estuve de intercambio. Era la primera vez que salía de España. Era una adolescente muy tímida, y estaba acojonada. Ni siquiera tengo claro cómo llegué a meterme en tal historia, si mis capacidades sociales no eran (ni son) maravillosas. Iba a meterme dos semanas en casa de una desconocida, e incluso la gente con la que iba eran prácticamente desconocidos para mi.

Teníamos que haber llegado al pueblo sobre esta hora, pero la cosa se nos complicó. Nos encontramos un accidente en la carretera. Pese a los intentos de los adultos que iban con nosotros, mi curiosidad podía más y descubrí algo que hasta el momento era desconocido para mi. La muerte. En mi familia siempre se han preocupado mucho por mi integridad mental y aunque en los años anteriores se habían muerto mis dos abuelas y mi abuelo (mi otro abuelo no llegué a conocerlo), yo jamás había visto un muerto. Dicen que cuando ves un muerto en un tanatorio impresiona mucho. Yo a día de hoy todavía no lo he visto, por esa costumbre (sana) de cerrar los ataúdes en este país cuando la vista no es agradable. Pero aquel día vi mi primer muerto, y no era exactamente un muerto bien arregladito para exponerlo en un funeral. Era un accidente de tráfico en el que un chaval joven había sido lanzado fuera de su coche, probablemente por ir sin cinturón. Allí estaba, tendido en medio de la carretera lleno de sangre y con las piernas rotas, retorcidas. Lo preocupante es que no me impresionó. Mi profesora me sacó de allí volando, pensando que iba a ponerme a vomitar o algo, pero por alguna razón yo tenía la sangre fría… y ni me inmutó la imagen. Después llegaron los servicios de emergencia y rápidamente taparon al chaval y un par de horas más tarde pudimos seguir nuestro camino.

Yo tenía que llamar a mi madre al llegar a la casa en la que iba a estar. Al llegar allí, con la ilusión del momento, se me pasó y fue ella la que me llamó a mi. Mi madre nunca hace eso. A día de hoy, puedo pasarme meses sin llamarla que ella espera… Pero ese día me llamaba, pese a que yo estaba en otro país.

Descuelgo el teléfono y empiezo a contarle la aventura del viaje (omitiendo el detalle del muerto, que se habría traumatizado ella), pero ella me interrumpe y se pone seria. Intentaba decirme algo, pero no le salían las palabras. Entonces yo insistí, temiéndome lo peor… un montón de ideas por mi cabeza sobre qué coño podría haber pasado para que ella estuviese tan afectada. Entonces me lo dice, y en ese momento entiendo que ella no está tan afectada, que lo que le preocupa es cómo me pueda afectar a mi. “Tu padre ha muerto”.

Pues vale. Ni una lágrima, ni un sentimiento de pena. Sabía que llevaba un tiempo en el hospital y ni me había planteado ir a visitarlo. La última vez que lo había visto había sido unos meses (¿años?) antes cuando fui a visitar a mi abuelo poco antes de que muriese. Y hacía años que no lo veía. Lo único que se me ocurrió preguntarle a mi madre fue que cómo íbamos a arreglar los papeles de la herencia.

Casi no tengo recuerdos de mi padre en casa, y los que tengo no son demasiado agradables. Lo recuerdo fumando en el sofá, con su café en la mano. Lo recuerdo en el sofá gritando a mi madre que a ver si estaba la cena. Recuerdo que cazaba y pescaba, porque recuerdo la escopeta y las cañas en casa. Pero no tengo recuerdos con él. Se separaron cuando yo tenía siete años y después de eso lo vi pocas veces. Al principio sí, por lo de no perder el contacto, pero después era yo la que no quería verlo… y de los diez a los quince lo vi eso, una vez. Para mi era prácticamente un desconocido.

A partir de ese día empezó al papeleo con la herencia y los millones de problemas… Mis padres no se habían casado. Cada vez que quería pedir una beca tenía que justificar que vivía con mi madre soltera, no viuda. El lío con la herencia todavía no se ha acabado, y han pasado diez años.

Probablemente si no hubiese muerto un 19 de marzo no sería capaz de recordar la fecha. Pero el mundo insiste en recordarme que hoy es el día del padre, y yo lo que recuerdo es que nunca he celebrado el día del padre y que un día como hoy mi padre se moría.

Con el paso de los años he intentado no odiar a mi padre. No tengo odio por cómo se haya comportado conmigo porque como decía antes, no tengo esa clase de recuerdos, ni buenos ni malos. Pero sé cómo se comportó con mi madre y con mi hermana, sé los problemas que me ha dado a mi, incluso después de morirse (en sí, la mayoría después de morirse). Mi madre siempre ha insistido en intentar hacerme recordar cosas buenas… pero yo no recuerdo nada. Recuerdo el día que se separaron, y el recuerdo no es agradable. Por más que lo intento no consigo encontrar una razón para quererlo. Todo el mundo dice lo de “un poco al menos, era tu padre”. Pero no. Nada. No hay sentimientos.

Supongo que cosas como esta me han hecho crecer como una persona más fría y distante. He aprendido a vivir con ello. Es lo que hay, es mi vida y no puedo cambiarla.

Si estuviese vivo no estaría orgulloso de mi. Si no se hubiesen separado, me habría pasado mi adolescencia discutiendo, habría tenido muchos problemas para ir a la universidad, para estudiar biología y para llegar a ser lo que soy ahora. Pero lo habría hecho igual. Lo peor de todo es que lo habría hecho igual porque, según mi madre, soy como él. Supongo que es lo único bueno que me ha dejado, esos genes que me hacen ser fría, que hacen que haga lo que quiero. Incluso parece ser que los genes que hacen que se me den bien las ciencias. Hay que joderse, aún voy a tener que agradecérselo y todo. Ya podía haber heredado también los genes que hacen que dibujes bien… pero esos a mi no me los ha pasado, cabrón.

Como véis, en el fondo, yo también me acuerdo de mi padre en un día como hoy… Pero supongo que es mejor vuestra forma, la de todos los que sois felices y hoy váis a comer con vuestros padres y les regaláis una corbata nueva, o lo que sea que se regale hoy en día.

Así que, de un modo u otro, para todos, feliz día del padre.

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