El microbioma chivato: entre huellas y enfermedades

Hace no demasiado tiempo hablé en este blog de un trabajo que relacionaba nuestro microbioma con muchas enfermedades que padecemos. Hoy vengo a comentar un artículo que se acaba de publicar en la revista Cell que analiza el microbioma de una serie de personas durante cuatro años y llega a unas conclusiones muy interesantes sobre su estabilidad y su relación con algunos fenotipos.

El microbioma es una parte importante de nosotros

A estas alturas de la vida creo que ya nadie necesita que le recuerde que una parte importante de nuestro cuerpo son microbios varios, y que esos microbios son muy importantes en nuestra vida. Además, cada persona tiene una composición ligeramente diferente, porque aunque las especies habituales sean siempre las mismas, su proporción, las cepas y los pequeños detalles hacen que todos seamos únicos… más o menos.

Aunque sabemos que los microbios que tenemos dentro van cambiando a lo largo del tiempo, no existían demasiados datos sobre la magnitud de los cambios y, a su vez, la importancia de los cambios para algunas enfermedades. Eso es lo que han investigado en este artículo, que podéis encontrar aquí: The long-term genetic stability and individual specificity of the human gut microbiome

Nuestro microbioma cambia poco… en algunas partes

El análisis de las muestras (heces de una serie de participantes) permitió a los investigadores establecer la composición del microbioma. Analizaron muestras en diferentes puntos temporales hasta con cuatro años de diferencia, y además cruzaron los datos con una serie de factores fenotípicos presentes. Llamamos factores fenotípicos a rasgos que pueden ser (o no) enfermedades, expresiones de diferentes factores. Por ejemplo, son rasgos fenotípicos estar más gordo o más delgado, tener niveles de vitaminas más altos o más bajos, los diferentes niveles de tensión arterial o la posibilidad de desarrollar un cáncer.

Imagen de Raman Oza

Centrándose en una parte de la población de ese microbioma, los investigadores pudieron determinar que esa parte es muy estable a lo largo del tiempo. Además, parte de los cambios que se detectan son cambios que se sabe que ocurren con el paso de los años, porque la edad no perdona. Así, basándose en esas partes con pocos cambios, se puede establecer un método de huella microbiológica, que tiene una buena precisión (sobre el 80%) para muestras de la misma persona tras cuatro años, y muy buena (sobre el 95%) para muestras pasado un año.

Que sí, que teniendo ADN y huellas digitales nadie va a ir a ver el microbioma de alguien para ver si es la misma persona… o sí. Pero desde luego, esto lo que implica es un problema para las donaciones, puesto que ya no son tan anónimas como se creía.

El microbioma y los cambios en nuestra vida

Entre la parte cambiante del microbioma se pueden asociar algunos microorganismos a ciertos rasgos o a la presencia o ausencia de moléculas. Uno de los puntos que destacan en este artículo es la relación entre algunos microbios y los niveles de vitamina B1. Podemos irnos a lo más básico: si hay más microorganismos que la generan, habrá más vitamina B1 disponible, ya que dependemos de ellos para tenerla. Pero la realidad es bastante más complicada, y además de su síntesis, también tenemos que tener en cuenta la presencia o ausencia de microorganismos que pueden alterar su disponibilidad. Y complicándonos un poco más, cómo la actividad de diferentes microorganismos puede hacer que esos niveles de vitamina B1 afecten a, por ejemplo, la tensión.

La resistencia a los antibióticos

Por último, uno de los factores que se analizó fue la presencia de genes que aportan resistencia a antibióticos. En este caso, además de su presencia o ausencia, se analizó también el cambio entre las muestras tomadas al inicio del estudio y las recogidas cuatro años después. Aunque quizá no sea una sorpresa, las malas noticias nunca gustan. Pasados cuatro años se había incrementado notablemente la presencia de resistencias a antibióticos. Y eso pese a ser tomadas en una comunidad que no abusa demasiado de ellos.

Según los autores (y aquí discrepo) esto muestra que se debe al consumo de carne. Yo no estoy de acuerdo porque, aunque ellos mantienen que el incremento no se debe a su propio consumo de antibióticos (y extrapolan que se tiene que deber al consumo de carne), no parecen valorar que los participantes en el trabajo pueden haber adquirido bacterias resistentes en lugar de adquirir la resistencia.

¿Qué nos aporta?

Además de un método más para poder identificar personas, este artículo encuentra una serie de asociaciones entre nuestro microbioma y rasgos que podrían explotarse en el futuro para mejorar nuestra calidad de vida. Porque a microbichos sanos, personas sanas. Desde luego poco podemos decir por ahora de si fue antes el microbio o el rasgo, porque en muchos casos puede ser que la presencia del rasgo X favorezca la presencia del microorganismo Y, pero poco a poco iremos resolviendo esas preguntas.

Respecto al tema de los antibióticos, eso tenemos que dejarlo para otro momento. Desde luego, no creo que dejar de comer carne vaya a evitar que tengamos resistencias, no a nivel individual, y mucho menos en España (y debería extenderse a todo Europa). Pero una serie de cambios en nuestra forma de criar animales (y de cultivar plantas) podrían ayudar mucho. Resumiendo mucho muchísimo, si queremos ayudar a nivel individual, importa de dónde viene lo que comemos, y la presión que hagamos para que venga generado de otra forma.

Lo que no podemos negar es que nuestros microbios todavía nos guardan muchos secretos.

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