Rastreo de contactos fallido: ¿se puede mejorar?

Incluso antes de que se liberasen las aplicaciones de rastreo de contactos en Europa, en muchos países ya se decía que no iba a funcionar. En paralelo, un ejército de rastreadores intentaba hacer su trabajo pero ni eran suficientes ni lo tenían fácil. El rastreo de contactos ha fallado en gran parte del mundo, no sólo en el país en el que cada uno de los que lee esto vive. Porque tendemos a pensar que es sólo en nuestra burbuja, pero esto ha sido bastante generalizado. Aunque hay algunas excepciones, sin duda. Y no es que lo diga yo, una noticia publicada en Nature esta semana recoge las mismas impresiones.

Mi experiencia personal: el caso suizo

Ahora que he abandonado el país puedo ya reflexionar sobre lo que viví y lo que pudo tener buena intención pero no salió bien. Desde principios del verano Suiza tenía disponible su aplicación de rastreo basada en los sistemas de Google y Apple, pero al igual que en otros muchos países la aplicación no servía de tanto como debería porque o bien no se metía el código (por no querer o por no tenerlo) o directamente no se instalaba la aplicación.

En paralelo se montó el sistema de rastreadores igual que en otros países. En ese nivel el fallo de Suiza fue pensar que el peor escenario posible era el de la primera ola. Es decir, buscaron rastreadores asumiendo que jamás tendrían un número de casos mayor. A comienzos de octubre estaban desbordados y directamente tiraron la toalla: el gobierno dijo que mientras no bajasen los casos, era «imposible» rastrear. Desde entonces ha habido varios intentos en algunos cantones y muchas contrataciones nuevas, pero siguen siendo insuficientes.

Por último, la peculiaridad en Suiza frente a otros países es la recogida de datos en los locales de restauración y ocio. Supuestamente, cuando pasas más de 15 minutos en un restaurante (por ejemplo), debes rellenar un formulario con tus datos de contacto y ponerlo en una urna, o bien cubrir un formulario online al que accedes con un código QR en las mesas. Ahí pones el número de mesa, el horario y tus datos.

Supuestamente, si hay un positivo avisarán a todas las personas que estuvieron en contacto en los 5 días previos. Para eso el positivo tiene que acordarse de que estuvo en ese restaurante, y el resto tienen que haber dado sus datos. Aunque mi muestra de cómo funciona el sistema es pequeña porque evitaba estos establecimientos, es bastante sencillo irse sin haberlo cubierto (intencionalmente o no) y nadie comprueba los datos. Y eso después de meses desde el día que dijeron que había que revisar que los datos eran correctos. Jamás me han revisado nada.

El análisis del escenario de rastreo de contactos

Utilizando la situación suiza como ejemplo, se puede analizar qué cosas se podrían haber hecho de otra forma allí y en muchos otros países, porque al final no somos tan distintos.

Hay que tener en cuenta que hay algo que sí nos diferencia de algunos países en los que el rastreo funcionó mejor, y es la libertad y privacidad. Por supuesto, si la aplicación fuese obligatoria para poder salir de casa o si rastreasen absolutamente todo lo que hacemos con nuestras cuentas de redes sociales, entonces sería mucho más sencillo que el rastreo fuese efectivo. Pero en Europa eso no sería posible. Ningún país podría de buenas a primeras imponer algo de ese estilo a sus ciudadanos, y por eso nos quedamos en la situación de confiar en la buena voluntad de la población. Pero en la población hay de todo. Lo que sí se puede regular es, por ejemplo, la entrada a un negocio privado.

Coronavirus
El protagonista de 2020

La aplicación de rastreo de contactos 2.0

Vale, no podemos obligar a la gente a instalar nada para salir a la calle. Pero sí podemos pedirles que lo hagan para entrar a un restaurante, por ejemplo. Siempre con una alternativa en papel, porque uno se puede quedar sin batería o tener un móvil muy viejo.

Pensemos en la idea suiza y olvidemos la buena voluntad. Quizá habría una opción… mezclando las cosas. Para que el rastreo de contactos en los locales de restauración fuese efectivo, una opción sería la necesidad de registro en la entrada mediante un código QR, pero que en lugar de abrir un formulario en el que tengas que cubrir todo, te lleve a la app y la app registre que estás en ese local. Lo escaneas, enseñas la validación y entras. Además, para que se pueda validar la app tiene que decir que estás limpio, que no has tenido contactos de riesgo según sus datos. Como alternativa, para aquellos sin app, tendríamos el formulario tradicional en el que habría que revisar los datos o una versión de mensaje al móvil. Al final lo que queremos es tener el número de teléfono de esa persona por si hay que avisar… si vive en esta calle o la de al lado nos da igual.

Así podríamos manejar muchos más contactos, sin duda. Y cubriríamos uno de los problemas de los que se hace eco el artículo de Nature: la gente no te dice dónde y con quién ha estado. Pero seguiríamos teniendo el problema de que la gente te conteste (esto es muy difícil de arreglar) y que no haya un rastreo efectivo de los contactos registrados.

El ejército de rastreadores

Aquí llegamos al punto crítico, porque evidentemente de poco nos sirven muchos datos si no se pueden utilizar. Cada país tendría que asegurarse de tener suficientes rastreadores. Suficientes en activo y suficientes en reserva. Y ahí cada país puede utilizar estrategias diferentes: voluntarios, militares, personal hospitalario… pero esos deberían ser los de reserva. La base debería ser personal contratado cuya única función sea rastrear (que no quiere decir que no puedan ser reubicados desde otros puestos).

Si el apartado anterior funcionase, un rastreador dependería muchísimo menos de la persona positiva. Incluso ante su negación a colaborar, tendría acceso a los registros de presencia en diferentes locales. Si la persona colabora y se le da el código para la aplicación de rastreo, la notificación a sus contactos sería muchísimo más rápida. Así, el rastreador podría centrarse en los contactos en otras situaciones: casa, trabajo, etc.

Por último, como bien destaca la noticia en Nature, ampliar el rango y la red de rastreo ayudaría a aislar casos. Si vamos suficiente tiempo hacia atrás podríamos identificar la fuente del contagio y explorar posibles contagios paralelos. Si aislamos y/o hacemos pruebas a los contactos de los contactos, podríamos parar la expansión mucho antes. En el caso de Suiza se considera contacto sólo si se ha estado a menos de 1.5 metros durante más de 15 minutos sin mascarilla. Esto es claramente insuficiente, sobretodo teniendo en cuenta que si se te identifica como contacto, no se hará ninguna prueba si no hay síntomas.

Test, test, test…

Personalmente creo que los cribados masivos deben ser la última opción. No es que esté en contra… pero no me agradan. Creo que generan cansancio en la población que se expone a ellos, una sensación de falsa seguridad en el barrio en el que se realiza, y que además se utilizan recursos para ellos que podrían ser mejor empleados. Si habéis participado en alguno, sabréis que normalmente el número de casos nuevos localizados en estos cribados es muy bajo.

En cambio, los cribados dirigidos son otro tema. Antes de hablar de un cribado como tal, tendríamos que asegurarnos de que se hagan test todas las personas que hayan estado en contacto, y que ese test se haga en el momento adecuado. Al igual que una persona con síntomas debe hacerlo de forma inmediata, un contacto debe hacer un test pasados al menos 5 días del contacto (estando aislado, por supuesto). Una vez cubiertos los contactos confirmados, entonces podemos hacer cribados dirigidos en aquellos lugares en los que se haya perdido la trazabilidad. Esto se está haciendo en algunos lugares. Un ejemplo típico, sería la residencia en la que hay varios positivos y no se tiene claro qué ha pasado.

¿Test y aislamiento?

Por último, vamos a aclarar por qué en algunos casos es test y aislamiento, pero en otros casos con una de las dos opciones llega. Para ello voy a introducir varias opciones con lo que sería conveniente:

  • Tienes síntomas: test y si es negativo no hace falta aislarse.
  • Eres contacto de un positivo: te aislas sí o sí.
  • No tienes síntomas aunque has estado con un positivo y no has estado en contacto con nadie desde que estuviste con el positivo: te aislas y pasados 10-15 días puedes salir. Se supone que no has puesto a nadie en riesgo.
  • Eres contacto, no tienes síntomas, pero has estado con más gente desde que estuviste con el positivo: te aislas y pasados unos 5 días desde el contacto si es posible te haces un test para saber si eres portador asintomático y hay que aislar a tus contactos.
  • Eres contacto y empiezas a tener síntomas: además de estar aislado te haces test en cuanto aparezcan los síntomas.

Después de todos esos escenarios, si hay capacidad, entonces empezamos con los cribados localizados o dirigidos y después si todavía sobra pues con los masivos. Y a poder ser, los cribados deberíamos orientarlos a los pool de saliva, porque no podemos estar todos los días tomando muestras nasofaríngeas.

¿Es un mundo ideal?

Lo que he planteado es sin duda una situación lejana de la realidad en cualquier país, pero eso no quiere decir que no sea posible. Tenemos que caminar hacia ello y tenemos que intentar que nuestros gobiernos implanten cada vez medidas mejores, porque no podemos poner todos los huevos en la cesta de las vacunas. Las vacunas tardarán más de un año en llegar a todo el mundo.

Como no todo el mundo puede confiar en los de arriba, desde aquí también os animo a que reflexionéis sobre vuestro granito de arena y os aseguréis de saber cuales son vuestros contactos en caso de que tengáis que hacer un auto rastreo de contactos, que conté cómo hacía en Suiza. A base de granitos de arena también podemos acabar con la Covid-19.

Si te ha gustado esta reflexión y quieres que siga escribiendo, puedes apoyarme de varias formas que encontrarás aquí o simplemente invitándome a un café:

Volver a España en tiempos pandémicos: la llegada

Finalmente, puedo contar el último episodio hasta nuevo aviso. Porque en principio ya está, aunque quedan cosas por ahí pendientes, sin duda. Pero ya estoy en España.

La semana ha sido dura, sin duda. El martes pasado se habían llevado las cajas y nosotros nos habíamos ido a un hotel. Por la tarde noche nos volvimos para sacar las cosas que eran para «reciclar». El miércoles pasado empezó el agobio final… por la mañana abrimos la puerta a la empresa de limpieza y nos fuimos a hacer la PCR. Al mediodía, después de comer, revisamos el piso y entregamos las llaves. La verdad es que quedé muy contenta con la empresa de limpieza, ni de milagro habría podido hacer yo todo eso en tan poco tiempo.

El jueves por la mañana llegó uno de los resultados de PCR pero no el otro, y tampoco podíamos acceder, así que tocó buscar la forma de tener acceso y pedir el otro a ver qué pasaba. Una vez que teníamos los dos resultados, ya casi no nos quedaba nada pendiente…

Pero el viernes a la mañana me di cuenta que el certificado de la PCR no era como tenía que ser del todo, por lo que pedí que tuviese todo lo que tenía que tener y la empresa en cuestión pasó ampliamente de mi. Que si, que todos sabemos que no iban a dejarme fuera porque el papel no cumpliese todos los requisitos pero… el agobio es el agobio.

Finalmente, el viernes por la tarde nos fuimos al aeropuerto, entramos sin demasiado problema. Facturamos una de las maletas de mano gratis, nos subimos al avión, llegamos a Madrid, recogimos todo y a casa… Como curiosidad, aunque escaneamos el código QR y pasamos el control de temperatura, no nos pidieron directamente el resultado del PCR (aunque sí dijimos que lo teníamos). Creo que estaban demasiado ocupados con todos los que no dijeron nada, no tenían el código ni nada. Como segunda curiosidad, por primera vez en la vida, para salir del aeropuerto nos hicieron pasar por un control de aduanas en el que una vez más pasamos por un arco de rayos X nuestras maletas.

Ayer lunes llegaron las cajas que ya están vacías, aunque no voy a decir que todo está colocado en su sitio… porque no es el caso, pero poco a poco todo parece ir encontrando su lugar. Así que aquí se acaba la historia. Hasta aquí hemos llegado contando la mudanza, y ahora toca empezar la nueva vida. Quedan dos semanas, dos semanas que servirán para pensar bien en los siguientes pasos e ir organizando todo para empezar 2021 con muchas fuerzas.

Volver a España en tiempos pandémicos: vaciando la casa

Ya casi estamos así que todo se ha acelerado mucho en los últimos días. Desde luego, ahora ya no queda mucho margen para cometer errores, así que todo ha tenido que planificarse mejor. Ahora estamos prácticamente en una situación en la que no nos podemos permitir cambios, así que lo que queda es lo que hay y tendrá que salir bien sí o sí.

Por suerte ya no estoy yo sola y eso ha permitido que no haya cundido (demasiado) el pánico y todo siga adelante. Hasta hemos tenido ratos de relax porque las cosas han ido por momentos mejor de lo esperado.

Lo que hice

  • Cancelé por fin mi permiso de residencia y mi estancia en el consulado. Oficialmente ya puedo salir.
  • He enviado los documentos de cancelación a todas las empresas… pero no todas las empresas han confirmado. Veremos qué pasa.
  • Vendimos el sofá (menos mal) y también regalamos el armario, así que nos hemos quitado grandes pesos de encima. Hemos vendido o regalado otros muertes.
  • Hemos enviado las cajas con mis pertenencias, que si todo va bien llegarán el próximo lunes a Madrid.
  • Y sí, me he relajado un poco

Lo que queda

  • Ahora toca sacar todo lo que queda en casa para que se lo lleven los de «reciclaje».
  • También vendrá una empresa a limpiar de forma profesional.
  • Tenemos que hacernos las famosas PCR y que salgan negativo.
  • En medio de todo eso nos vamos los últimos días a un hotelito para no dormir en el suelo y eso. Algo muy muy sencillo pero muy céntrico.
  • Por último, nuestro vuelo tiene que salir, tenemos que entrar sin problemas en Madrid y el lunes que viene tienen que llegar las cajas.

Y después de todo esto, creo que voy a dormir 3 días antes de empezar a pensar en la siguiente aventura, esa de no morirme de hambre en el intento.

Érase una vez… el cambio de vida

Han pasado 26 semanas, 26 capítulos de Érase una vez la vida. Realmente han pasado 28 desde que escribí el primer post hablando del proyecto. Durante estas semanas he ido repasando los diferentes capítulos, pero en paralelo también ha ido avanzando mi vida. Porque Érase una vez la vida ha sido una excusa más para hacer avanzar un proyecto paralelo, que quien me leía probablemente ni siquiera intuía en aquel momento.

Los 26 posts de los capítulos muestran en parte ese avance, por lo que los he dejado intactos, aunque algunos muestran ahora enlaces que ya no sean válidos, ya que estos meses he ido aprendiendo mucho sobre cómo hacer las cosas para que este blog sea el punto de partida para un nuevo proyecto.

Vamos avanzando y esto es el principio de una nueva vida. Será mejor o peor, pero ya no hay vuelta atrás. Saldré adelante, siempre lo he hecho. Uno decía hace un par de meses que «si hay un deseo, hay una forma». Pues sí, la hay.

Aquí os dejo la lista con los enlaces a todos los posts, para aquel que quiera recordar algún capítulo en particular, para verlo con los hijos, para recordar nuestra infancia y para recordar que somos lo que somos, y la vida… la vida es así. Pero antes, no olvidéis que ahora soy una comunicadora más que vive del apoyo de los lectores, así que si habéis disfrutado de este viaje por nuestro pasado conmigo, podéis mostrarme vuestro agradecimiento en mi Patreon o invitándome a un café:

¡Hazte mecenas!

Érase una vez… el gran planeta celular

Érase una vez… el nacimiento

Érase una vez… los centinelas del cuerpo

Érase una vez… la médula ósea

Érase una vez… la irrigación sanguínea

Érase una vez… las plaquetas

Érase una vez… el corazón

Érase una vez… la respiración

Érase una vez… el cerebro

Érase una vez… las neuronas

Érase una vez… la vista

Érase una vez… el oído

Érase una vez… la piel

Érase una vez… la boca y los dientes

Érase una vez… la digestión

Érase una vez… el hígado

Érase una vez… los riñones

Érase una vez… el sistema linfático

Érase una vez… los huesos y el esqueleto

Érase una vez… los músculos (y la grasa)

Érase una vez… la guerra contra las toxinas

Érase una vez… las vacunas

Érase una vez… las hormonas

Érase una vez… la cadena de la vida

Érase una vez… la vida y el sueño

Érase una vez la vida… sigue

Productividad para el plan B

Estoy abusando un poco de los posts personales, pero hacía ya mucho tiempo que quería escribir sobre mi productividad, para visualizarlo en conjunto y para poder levantarme los ánimos de cara al futuro.

Lo que os voy a contar hoy es lo que ha estado ocurriendo detrás de cgdoval.es durante los últimos meses. Esa dirección que os trae aquí y que está siendo el principio de mi marca personal… o como leches se diga eso. En resumen, todo lo que he estado haciendo para montarme mi base para el futuro y, lo más importante, cómo lo he hecho. Varios lectores me han mostrado su interés acerca de las herramientas que utilizo y cómo organizo el tiempo, así que ahí va. Esto es lo que ha sido mi vida fuera del laboratorio en los últimos meses.

La recopilación de información e ideas

Tengo tres principales fuentes de información: Feedly, Twitter y Telegram. En Feedly tengo un montón de feeds RSS que me recogen las noticias de muchísimas fuentes, lo que me permite revisarlas del tirón. La revisión la hago dos veces al día y aquellos titulares que me atraen especialmente se van directos a Pocket. En Twitter hago lo mismo… pero cada par de horas. Lo que atrae mi atención se va a bookmarks (o directamente a Pocket) y durante la revisión hago también algún retweet, comento algo… esas cosas. También tengo una serie de listas que me aportan enlaces a artículos interesantes, y las reviso una vez al día. En Telegram estoy en varios grupos de ciencia (además de los grupos relacionados con el podcasting) y hago lo mismo.

Aunque tanto Twitter como Telegram son también herramientas de comunicación, intento separar las dos funciones: mientras que a una mención puedo responder en el momento, o puedo participar en una conversación en un grupo durante un rato, la recopilación de información se hace en un momento fijo del día. En total, cada día se me va fácil una hora en revisar información.

Las ideas pasajeras las apunto como puedo. Si se me ocurren delante del ordenador, pues lo apunto donde debo en Todoist (volveré a esto después). Si se me ocurren cuando no estoy sentada delante del ordenador o no quiero por lo que sea abrirlo, entonces una nota de voz.

La clasificación de la información y los enlaces a Twitter

He dicho que todo va a Pocket. Ahí organizo mis enlaces con etiquetas. Tengo las etiquetas para las diferentes secciones de la newsletter: naturaleza, sociedad, covid. Además tengo etiquetas para «ideas» y para «otros». Y una etiqueta que solapa: «nl», en la que van los artículos que ya he decidido que van a ir a la newsletter. Una vez organizado todo, de los artículos que no van a la newsletter selecciono aquellos que quiero compartir en Twitter. Esos los programo usando Buffer, que me permite muy rápidamente poner hasta 10 tweets en cola.

El proyecto #366delaCienciaES

Durante el último año he estado compartiendo cada día el nombre de una persona destacada de la ciencia española… pero he hecho trampas. La lista completa la diseñé en diciembre de 2019. Durante el año he ido programando tweets con Buffer y desde el momento que Twitter permitió programar tweets han ido ahí. En general tenía el texto de los tweets escrito un par de semanas antes, y en estos momentos tengo ya escritos y programados todos los tweets hasta fin de mes. Para que nos ubiquemos, buscar la información sobre cada persona y escribir el texto me llevaba varios minutos, así que para preparar un mes entero se me iban unas dos horas. Todo sea por mantener la productividad…

La planificación de posts, podcasts, newsletter…

Aquí la cosa se nos complica. Mi primer punto de partida es una agenda digital, que viene siendo un pdf que abro en Goodnotes con muchas plantillas para que yo garabatee a gusto. Ahí, en la vista mensual, me hago mi esquema de cuando va a ir qué cosa. Primero pongo todo lo fijo, lo que sé qué día tengo que sacar, y después las cosas que se me han ocurrido. Así, cuando empieza el mes sé cuantas cosas como mínimo voy a hacer en cada uno de los canales y me aseguro de distribuirlas en el tiempo, para que no salgan cinco cosas el mismo día.

Con esa vista general pasamos a la parte de las tareas, y ahí entra en juego Todoist, mi más preciada herramienta de productividad. Tengo varios proyectos, y cada proyecto se sincroniza con un calendario. En cada proyecto tengo secciones según temática. En las secciones voy apuntando todas las tareas para cada una de las cosas que tengo en mi agenda digital, y voy asignando prioridades y etiquetas varias. Para aquellas más inmediatas, asigno una fecha y hora (así aparecerán en mi calendario). La revisión de Todoist y asignación es semanal.

De la semana al día

Desde mi calendario puedo ver todo lo que tengo ya asignado para cada día y mover libremente las tareas a diferentes horas ( o alargarles la duración para bloquear más tiempo). Esto sí lo hago cada día cuando me planifico qué voy a hacer. Si me queda tiempo disponible, entonces voy por las tareas según prioridad, pero que no tenían fecha asignada. Esto me permite cierta flexibilidad para «adelantar trabajo».

Como lo que he estado haciendo se centra mucho en las novedades, tenía que tener en cuenta el «factor sorpresa». Ese día que me llega algo de lo que quiero escribir en el momento y eso no debe alterar el plan para la productividad, no vale distraerse sin más. Esa llamada para colaborar en un podcast que no estaba planificado, etc. Por eso mi día normalmente tiene ocupado sólo la mitad del tiempo que realmente tengo disponible, y el resto es para cosas todavía no asignadas. Así me aseguro de hacer cosas que «sí o sí» tengo que hacer ya, pero tener la libertad de avanzar sobre la marcha con el resto.

Recordemos que aunque la planificación inicial sea en base semanal, todos los días reviso al principio de la jornada «que hay» y al final con el «como quedamos». En la revisión y planificación semanal se me va media hora, pero a diario no son más que un par de minutos. Cuando una tarea está hecha se marca en Todoist y desaparece en el cielo de las tareas. Y los filtros han sido y serán siempre la salvación de mi productividad.

Imagen de una mujer arrastrando un reloj
Mi vida…

Bacteriófagos y Qarentena

Mención especial merecen los podcasts… porque llevan mucho tiempo. Qarentena no lleva edición de mi parte, y la documentación va en paralelo a la del resto de mis actividades, así que no la cuento por separado. Eso sí, entre la grabación y las charlas se me van 4 horas cada semana, porque hablamos mucho!

Bacteriófagos requiere mucha documentación, porque aunque sepa de qué quiero hablar… no quiero meter la pata. Tengo una lista de temas para el futuro, pero muchas veces elijo algo que se me ha ocurrido hace poco, o que pesa por la actualidad. Con el tema en la cabeza, dedico entre dos y cuatro horas a leer sobre ello y hacer anotaciones montándome el guión. Grabar, editar y subir me lleva… pues depende de lo espesa que estuviese ese día grabando, pero más de una hora siempre. Y eso hay que tenerlo en cuenta para que no merme la productividad.

Los libros

Cada dos semanas en este blog se recomienda un libro, y a estas alturas todo lector se estará preguntando cuando me queda tiempo para leer. Pues a ver… me queda tiempo para leer mientras tengo un rato muerto, o cuando no me da ya la cabeza para otra cosa. Pero también he recurrido mucho a audiolibros que han solapado con mis tareas de limpieza y de empaquetado, pegándose con los podcasts para llegar a mis oídos. Pese a ello, antes publicaba cada semana y ahora es cada dos porque no soy capaz de elegir libros pequeñitos.

Obviamente hay una lista de libros que quiero leer, leídos, etc… pero queremos acabar con este post algún día, que esto iba a ser un resumen.

La visión general de la productividad semanal

Tras este resumen, recordemos que yo hasta hace unos días seguía trabajando en el laboratorio 8 horas al día. Así que el resto me lo tenía que distribuir muy pero que muy bien por la semana, con unas 3 horas de tiempo cada día y el día completo los findes (a compartir con las tareas de la casa). Así que aquí va a modo de ejemplo un esquema semanal de «lo que hay que hacer si o si cada día» o dicho de otra forma, mi «plan de productividad»:

  • Lunes: post sobre la mudanza del partes
  • Martes: newsletter para el miércoles
  • Miércoles: Érase una vez…
  • Jueves: newsletter del sábado
  • Viernes: Qarentena
  • Sábado: capítulo de Bacteriófagos
  • Domingo: libro quincenal, algún post suelto, leer artículos apilados, organizar la siguiente semana

La pregunta ahora es cómo me iré organizando todo cuando tenga más tiempo para ello, y si seré capaz de hacerlo a jornada completa sin que me estalle la cabeza. Las últimas dos semanas han sido especialmente intensas y no he querido escribir esto hasta asegurarme de que no iba a fallar con todo lo planificado para diciembre. Como podéis ver, los que tanto dudábais sobre cómo leches me las apañaba… todo es organización y disciplina. Utilizar las herramientas disponibles y aprovechar cada rato muerto para hacer algo. Y sí, en medio de todo eso también me queda tiempo libre para otras cosas. Todo es cuestión de organizarse! Mi productividad está bajo control.

Por muy bien que me organice y mucho que trabaje, tengo que pagar un alquiler y esas cosas. Así que si queréis que trabaje mucho más y sea feliz, para alegrarme la vida y apoyar todo mi trabajo duro podéis invitarme a un café: