Eliminar los herpes

Hoy voy a comentar un artículo reciente sobre la eliminación del herpes simple de una forma que, a alguien que lo lea desde fuera, le puede parecer de lo más extraña. Vamos a eliminar un virus utilizando otro virus. El artículo comentado, Gene editing and elimination of latent herpes simplex virus in vivo, fue publicado por Aubert et al. en Nature Communications.

La idea general del artículo se basa en utilizan un vector, que es un adenovirus, para llevar a las células una serie de proteínas nucleasas que vayan dirigidas a cortar el genoma del herpes y eliminarlo.

El herpes simple

Las infecciones por herpes son de lo más comunes. Los herpes simples (Herpes Simplex Virus, HSV) afectan principalmente a la boca y a los genitales, y aumentan el riesgo de contraer otros virus como el VIH. Aunque todos conocemos el aspecto de un herpes bucal, esa roncha que aparece en los labios y que ha dado lugar a tantísimos productos para su eliminación, lo que quizá no se tiene tan claro es que el virus se queda para siempre con nosotros. Una vez que nos hemos contagiado, se “esconde” en nuestro cuerpo y aprovecha cualquier momento en el que tengamos las defensas bajas para volver a salir. Cualquiera de los tratamientos disponibles disminuye sus efectos, pero el virus latente no se elimina.

El miedo infinito a los herpes en los labios…

El planteamiento del estudio

Si queremos eliminar completamente el virus, es necesario atacarlo allí donde se esconde: en el sistema nervioso periférico. Para ello, los investigadores plantearon la posibilidad de utilizar meganucleasas dirigidas. Las meganucleasas son proteínas (grandes) que se dirigen de forma específica a una secuencia concreta, y cortan el ácido nucleico. Es muy importante que sean específicas, para que corten el ácido nucleico del virus pero no el nuestro. Necesitamos que sean selectivas.

Aunque en estos momentos la nucleasa por excelencia es Cas9, que se puede dirigir a una secuencia concreta modificando el ARN que la acompaña, llevamos años identificando otras nucleasas que son muy específicas. La principal diferencia es que las otras son diseñadas, y es la propia proteína la que reconoce la secuencia, mientras que en el caso de Cas9 la proteína es siempre la misma, y lo que se cambia es el ARN que la acompaña. Las llamadas meganucleasas se han ido aislando por su especificidad, pero no es sencillo modificarlas, así que hay que probar una a una para ver qué corta.

Los experimentos y el modelo

Para comprobar si diferentes meganucleasas podían cortar y eliminar el virus o no, este grupo utilizó un modelo de ratones con una infección de herpes en los ojos. Es un modelo previamente establecido y bien estudiado.

Los ratones fueron tratados con diferentes combinaciones de meganucleasas. Para que llegasen a su destino, se utilizó un vector adenoviral. Es decir, se modificó un adenovirus para que no produzca infección, pero que llegue a su destino y lleve allí las meganucleasas, que por sí solas no podrían dirigirse a las células afectadas.

Sin entrar a los detalles de cada una de las meganucleasas estudiadas, podemos resumir diciendo que diferentes experimentos dieron diferentes resultados de corte. Lo que analizaron para ver cómo de eficaz era el tratamiento era la capacidad para cortar, que por una parte de mide en base a la reducción de virus herpes presentes, y por otra con su tasa de modificación.

Si se producen los cortes en el genoma, ese corte se va a intentar reparar. Pero las reparaciones no suelen quedar igual que el original, y a base de eliminar partes, o romper pautas de lectura, el virus ya no va a poder copiarse bien, y eso hará que haya menos virus presentes. Por otra parte, aquellos casos en los que todavía se pueda copiar, podremos ver que el corte ha sido exitoso por la tasa de modificación. Poco a poco se acumulan mutaciones, que a la larga serán dañinas para el virus.

Ya que la nucleasa de moda es Cas9, una proteína asociada a CRISPR, era evidente que también tenían que incluirla en sus experimentos. Curiosamente los resultados no eran tan prometedores como con otras nucleasas, aunque quizá se haya quedado algún factor fuera. Sabemos que Cas9 necesita más acceso al genoma para poder cortarlo y, aunque ahora no sea la mejor opción, quizá en el futuro se pueda optimizar. Por ahora, vamos a quedarnos con las otras.

El vector, que no se nos olvide el vector!

Una vez identificadas las nucleasas más eficientes, también optimizaron sus vectores. Los adenovirus se han estudiado muy bien para estos propósitos y sabemos que diferentes versiones van a llegar mejor a unos tejidos u otros. Efectivamente, sus experimentos demuestran que la optimización del vector, seleccionar el correcto, puede hacer que el corte sea más eficiente.

Así pues, si juntamos varios vectores diferentes en el tratamiento, cada uno va a funcionar mejor en un sitio diferente y al final tendremos un corte mucho más eficaz. A más eficacia en el corte, menos virus viables quedarán por ahí sueltos. Si además mezclamos diferentes vectores con diferentes nucleasas, los resultados serán todavía mejores.

¿Tenemos una nueva terapia lista?

Aunque los resultados de este artículo son muy prometedores, todavía no podemos cantar victoria. En el pasado ya se había intentado algo similar, pero los resultados no eran tan prometedores como ahora. Claramente han conseguido mejorar el método para seleccionar las nucleasas y los vectores, y su nueva técnica parece eficiente. Pero es en ratones. Y los ratones y los humanos no siempre funcionan igual.

El siguiente paso será ampliar las pruebas en ratones y, si los resultados siguen en buen camino, quizá pasarse a otro modelo animal. Después se podrá pensar en un ensayo clínico, en el que se podrá comprobar si la terapia es segura y eficaz en humanos. Y como no es un virus que sale en las noticias todo el día, volveremos a los tiempos habituales de unos 10 años para que la terapia pueda llegar al público. Aunque quizá todo ha cambiado de verdad, y vayan mucho más rápido.

Puede parecer innecesario buscar un tratamiento eficaz y permanente para el herpes cuando ya tenemos tratamientos eficaces para los brotes, pero recordemos que lo que tenemos sólo controla ese brote visible en el exterior, pero no los niveles de herpes en nuestro cuerpo, que pueden dar lugar a otros problemas de los que no se suele hablar.

Si un tratamiento de este estilo llegase al mercado, algunas empresas irían a la bancarrota. Esas que viven de parches y cremas para las calenturas… que son herpes. No es una vacuna, pero de cierta forma se parece mucho a la idea de una vacuna. ¿Estamos preparados para ese tipo de tratamiento? Yo desde luego, si se demuestra que es seguro y eficaz, lo aceptaría sin dudarlo.

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Lectura de artículos científicos en tiempos de pandemia

Hace ya un tiempo escribí sobre mi flujo de lectura de artículos científicos en la vida diaria. El caso es que recientemente, debido a la cantidad de artículos publicados sobre el coronavirus, mi flujo se ha alterado ligeramente. Además, mi actividad ha cambiado ligeramente (y más que cambiará) y mis intereses ya no son los mismos.

Dada la situación, y también por las numerosas consultas tanto sobre el post previo como sobre el cómo me las apaño ahora con tanto artículo, he decidido que tocaba hacer una versión renovada, que viene siendo más o menos lo mismo, pero con algunos toques más novedosos. Vamos a dividir el flujo de trabajo en tres fases: la búsqueda, el mantenimiento de la base de datos, y la lectura.

La búsqueda

Aunque en el pasado utilizaba frecuentemente las alertas de Pubmed para mantenerme informada sobre los temas que me interesaban, en estos momentos eso ya no es suficiente. Los artículos tardan demasiado en llegar allí. Ahora utilizo ResearcherApp. Aunque tiene versión web, lo que utilizo a diario es la aplicación móvil, de forma que cada mañana, con mi café en la mano, pueda revisar lo que ha ocurrido en las últimas horas. Tengo varios filtros para palabras clave y además, reviso frecuentemente los temas más calientes en varias disciplinas.

Los trending topics de la ciencia

Cada vez que encuentro un artículo que me puede resultar interesante, analizo su abstract y, si realmente creo que vale la pena leerlo, lo guardo. Al guardarlo, automáticamente se añade a mi Zotero, al que iremos en la segunda fase.

Además, a lo largo del día, si encuentro artículos que me resulten interesantes, voy añadiéndolos a Zotero directamente desde mi Chrome con una extensión, sin añadir capturas de la web ni nada, simplemente creando una nueva entrada. Cuando falla (a veces falla), simplemente copio el DOI y lo añado manualmente a Zotero, para que se quede ahí hasta el siguiente paso.

El mantenimiento de la base de datos

Para poder leer de una forma organizada y después poder encontrar lo leído, es imprescindible tener todo en su sitio. Para ello, cada 3 días (más o menos) me toca dedicar 5 minutos a poner cada pdf donde debe estar. En Zotero, voy seleccionando todas las cosas que he ido guardando, abro el enlace y descargo el pdf en una carpeta de Dropbox llamada Papers. No les cambio el nombre ni nada, sólo pongo los pdf ahí.

A continuación, selecciono la opción de Añadir link a fichero y añado todos los nuevos pdf. Así se quedan en la carpeta en la que están. Como se han duplicado entradas, las uno a las previas (que normalmente tenían más info de los metadatos). Selecciono todas las entradas (una vez unidas con las previas) y con el botón derecho busco la opción de renombrar los ficheros adjuntos. Ahora todos mis pdf tienen como nombre el autor, año y título del artículo. Por último, pongo etiquetas. Para las etiquetas utilizo el addon Zutilo, que permite hacer acciones en bloque. Básicamente, a todo lo nuevo le pongo que «pendiente» y si lo veo claro en el momento, alguna etiqueta más (covid, newsletter, etc, dependiendo del objetivo de ese artículo).

En el pasado esto lo tenía unido a mi gestor de tareas, pero ahora he roto esa unión, porque añado demasiados artículos y no todos son para leer de forma inmediata. Muchos además son referencias que añado mientras estoy buscando información mientras escribo aquí o en la newsletter, y no quiero ese agobio de exceso de tareas. Eso no quita que, cuando considero que es algo importante, no me vaya corriendo a apuntar «leer X».

En esta captura de pantalla se ven algunos de mis artículos pendientes de lectura. El punto azul indica que tienen un pdf, como el primero, que tiene el símbolo de que está enlazado. Además de otras columnas que he quitado de la captura, tengo esa muy importante de PubPeer, que me dice si el paper en cuestión está creando, digamos… controversia.

La lectura de artículos científicos

Desde el MacBook, leo los papers haciendo directamente clic sobre el icono del pdf, que me abrirá mi lector de pdf en el que puedo anotar. Pero eso no lo hago prácticamente nunca para leer, aunque sí para consultar después. Por ejemplo, eso es lo que hago cuando vuelvo a abrir un artículo que ya he leído y tengo marcado con la etiqueta de newsletter, porque quiero comentarlo en una. En ese caso voy a pantalla partida, para poder visualizar el artículo y lo que escribo simultáneamente.

La mayor parte de los artículos los leo en el iPad. Y en el iPad no uso ninguna app para Zotero. Ahí lo que hago es buscar el autor del artículo en la web de Zotero (o seleccionar qué quiero leer) y a continuación buscar el pdf en la carpeta que tengo sincronizada. A la carpeta accedo desde Documents (by Reedle).

En el ejemplo de esta captura, simplemente busqué «Braun» para localizar el artículo. Una vez abierto, con el Apple Pencil puedo subrayar, anotar, dibujar, garabatear, insultar a los autores cuando corresponde… todas esas cosas. Y cuando cierro el pdf, se sincroniza todo y ya puedo abrirlo en el MacBook cuando quiera.

Soy consciente de que el método podría ser mucho más automático, pero en estos momentos me funciona. Aunque he presentado un flujo en tres pasos, muchas veces hago todo del tirón porque quiero leer algo en el momento, otras veces ojeo directamente artículos en la web, y mil cosas que rompen la higiene del sistema que hacen que cuando quiero volver a un artículo, a veces me cueste. Pero sin duda, a grandes rasgos, el sistema me funciona. Y me permite tener los artículos siempre disponibles, incluso cuando me muevo en zonas con poca cobertura.

Ahora sólo me faltaría que alguien hiciese algo que preseleccionase mejor qué es lo que debo leer, porque creo que es mi punto débil. Con decenas de artículos cada día sobre el coronavirus (entre mis fuentes incluyo también bioRxiv y medRxiv), es muy difícil juzgar sólo en base a un abstract. Pero es lo que tenemos. Ya vendrán tiempos más calmados para la lectura.

Hacia una cura para el VIH

Una cura para el VIH ha sido el sueño de muchos médicos y científicos durante los últimos 40 años. Hoy voy a comentar un artículo publicado en la revista Nature el pasado mes de julio por Jiang et al. En ese artículo, se nos demuestra (con datos) que la cura podemos tenerla algunos de nosotros, pero nunca habíamos mirado ahí.

En un momento en el que el mundo está desesperado por encontrar la cura para otro virus, quizá historias como ésta nos hagan reflexionar que incluso aunque esté delante de nuestras narices, puede ser tremendamente complicado verlo.

Hay personas que se «curan solas» el VIH

A estas alturas de la vida creo que ya no hace falta recordar que ser portador del VIH y tener SIDA son cosas diferentes. Los portadores son personas en las que la actividad del virus es muy baja o nula, y normalmente conseguimos anular esa actividad a base de medicamentos antivirales. Para ser más concreta, antiretrovirales.

Pero un pequeño porcentaje de las personas portadoras consiguen hacerlo sin necesidad de tomar medicamentos. Rondan el 0.5% de los infectados, y siempre han sido un misterio. En este artículo, se ha analizado qué características tienen las secuencias de virus presentes en esas personas. Así han podido identificar algunos factores que hayan facilitado tal comportamiento. Para ello, han comparado los virus presentes en «controladores de élite» con los de personas tratadas con antiretrovirales. Los de élite son personas que llevaban unos 9 años con niveles de virus indetectables con los tests tradicionales.

¿Están los virus intactos?

Una de las cosas que cualquiera pensaría es que los virus que puedan quedar en esas personas ya no pueden reproducirse. Para saber si era el caso, analizaron los genomas completos de virus en muestras de ambos grupos y detectaron que, para empezar, en los individuos «de élite» había menos provirus amplificables. Hablamos de provirus cuando nos referimos a virus insertados en el genoma. Además, los controladores tenían menos genomas de virus intactos de media, aunque en algunos todos estaban intactos, así que descartamos por ahora este factor. Aunque parezca que han mutado más una vez insertados, pueden estar intactos y controlarse igual.

Los supercontroladores de superélite

En el artículo destacan dos casos en particular que llaman mucho la atención. El primero es un individuo que en doce años sólo ha tenido un momento con replicación detectable (pero muy muy baja) en 23 pruebas realizadas. El segundo, 24 años y sólo un momento de replicación en 39 tests. De los susodichos, analizaron un montón de células (millones) de sangre periférica (PBMC- peripheral blood mononuclear cells) y para el primero encontraron un sólo genoma intacto y para el segundo ninguno. En ese caso, tampoco pudieron obtener ningún virus al intentar forzar la replicación, ni encontraron provirus en células intestinales. Vamos, que tenía muy pocos y bajo control total.

Hasta el momento, ese tipo de eventos de control total, que se puede saber que hubo infección porque quedan provirus defectuosos y nada más, sólo se había detectado en el famoso «paciente de Berlín» que fue tratado con células madre con una mutación protectora. Ese tratamiento se considera una «cura esterilizadora» porque elimina los virus que pueden activarse, pero en este caso se habría conseguido de forma natural. En cualquier caso, habrá que hacer más estudios para confirmarlo.

¿Se parecen los virus?

Una forma de saber cómo son los virus presentes es hacer un análisis filogenético. Porque claro, los virus… mutan. Curiosamente, los virus presentes en los controladores, se parecían más entre ellos. Eran monoclonales o oligoclonales. Es decir, aunque se hayan insertado en partes diferentes del genoma humano, proceden de lo mismo y hay poca variación. Y por supuesto, entre células, son iguales o casi iguales. Esto hizo pensar a los investigadores que quizá los virus estaban en zonas que, por alguna razón, quedaban más protegidas.

¿Afecta la posición en nuestro genoma?

Efectivamente, an analizar las posiciones, se observó que los provirus aparecían en los cromosomas de forma selectiva. Además, dentro de los cromosomas, están principalmente en zonas que no contienen genes, y que por lo tanto se transcriben menos. Siendo un poco más técnica todavía, aparecían frecuentemente en las regiones de ADN satélite o microsatélite de los centrómeros.

Si vamos un poco más al detalle, parece que cuando se insertan en regiones génicas, lo hacen en regiones de proteínas con zinc-fingers (un motivo muy conocido por… la coordinación del zinc). Además, de media los controladores tenían sus provirus insertados más lejos de los lugares de inicio de transcripción. Por último, según sus análisis, la metilación del ADN puede suponer un factor importante a la hora de controlar la posible proliferación.

¿Están protegidos?

Si no es del todo, al menos parecen tenerlo bastante bien controlado. No sabemos qué ha hecho que estos individuos tengan ese comportamiento tan particular en la forma de insertar los provirus, pero ahora al menos sabemos dónde y cómo están insertados, lo que puede ayudarnos a avanzar en futuras terapias.

El objetivo es un tratamiento que permita esa esterilización, que permita acabar con los virus que tienen capacidad para replicarse. Quizá saber cómo lo hacen algunos de forma natural nos ayude a avanzar. Mientras tanto, millones de personas controlan sus provirus con antiretrovirales, llegando a niveles que no son detectables con pruebas tradicionales y haciendo una vida completamente normal. Desde luego, hemos avanzado mucho en 40 años.

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¿Cuarentenamos los libros?

Ahora que estamos de lleno en la vuelta al cole, surge en muchos entornos una duda más que razonable sobre la persistencia del coronavirus en el papel. ¿Qué hacemos con los libros? Los libros no podemos bañarlos en lejía o en alcohol. Pero no sólo son los libros del cole, también los de las bibliotecas, los periódicos, las libretas… todo lo que sea, en general, papel. Y nos surgen dudas sobre qué hacer para que el papel no sea una fuente de SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la Covid-19.

Mi yo más tecnológico me dice que la mejor solución a estos problemas es ir paperless por la vida. Pero por otra parte los libros en papel tienen ese «que sé yo» que hace que siga comprando algunos. Y por otra parte, es evidente que en una escuela esto puede suponer un problema, pero muchísimo más en una biblioteca. Entonces… ¿qué dicen los estudios disponibles sobre el tema?

Los experimentos…

Los experimentos son experimentos, y hay que tener mucho cuidado con la interpretación que hacemos. Porque en un laboratorio, los caballos son esféricos y sin rozamiento si hacen falta. Con esto quiero decir que todo lo que se haga en condiciones de laboratorio, no va a ser igual en el mundo real.

Para saber qué experimentos se han hecho hasta el momento, hice una búsqueda en PubMed para encontrar los artículos disponibles sobre persistencia de SARS en papel. Generalicé para poder encontrar también estudios realizados previamente con el SARS-CoV-1. Una vez localizados los primeros resultados, expandí mi búsqueda a los artículos relacionados y los citados.

Mi conclusión en estos momentos es que no hay suficientes estudios. Además, todos se han realizado en condiciones muy controladas, lo que dificulta mucho extraer conclusiones para el mundo real. Además, como se utilizan cargas virales diferentes, los tiempos que se obtienen no son siempre los mismos.

¿De qué depende la persistencia del coronavirus en papel?

Un virus «sobrevive» si puede ser infectivo. Encontrar restos de virus no implica que el virus pueda infectar, así que necesitamos saber si pasado X tiempo, si recogemos lo que queda y lo ponemos en células, todavía puede infectarlas. Este es el primer punto a tener en cuenta, estamos utilizando exactamente el mismo punto en el que se dejó una gota anteriormente.

La capacidad para infectar decae con el tiempo, pero hay factores externos que hacen que decaiga más rápido. Los experimentos en laboratorio se hacen siempre a una temperatura de entre 20 y 25 grados y con una humedad de un 40%. Temperaturas muy altas hacen que el virus decaiga más rápido (fuera del cuerpo el calor no le gusta). Además, una humedad más baja dañará el virus (aunque puede suponer un problema en la transmisión por aerosoles).

Por otra parte, cuando medimos la cantidad de virus lo hacemos respecto a una concentración inicial, y lo que medimos es lo rápido o lento que decae. De media, una persona infectada sintomática se dice que tiene 100000 virus/ml en las muestras que se toman para PCR. En un experimento en el laboratorio, se toma una muestra a esa concentración y se deja secar en el papel. En la vida real, esa gota nunca se dejaría ahí y punto, ya que probablemente dispersásemos los virus por el papel con nuestras manos, haciendo que la concentración inicial en un punto fuese menor.

Pila de libros
¿Son los libros un problema?

Los números, queremos un número!

Dar un número de horas es muy complicado. En un estudio con una cepa de SARS, observan que la mitad de las células de su cultivo se infectan con lo que ha quedado en el papel incluso hasta 3-4 días después de depositar su gota, pero parten de una concentración 10 veces mayor de la que propuse en el párrafo anterior.

Otro estudio con otra cepa de SARS va más allá. Parten de diferentes concentraciones y analizan el tiempo que tardan los virus con capacidad para infectar en reducirse a la mitad. En su caso, con la misma concentración que el estudio anterior, 1 millón de virus por mililitro, los virus se reducen a la mitad en 24 horas. En cambio, si se reduce 10 veces la cantidad inicial de virus, el tiempo pasa a 3 horas, y si hablamos de una reducción de 100 veces, son menos de 5 minutos. Es decir, si la gota inicial tiene 10000 virus/ml, en menos de 5 minutos tenemos 5000. Pero… ¿cómo decae esto? ¿es lineal? No, es exponencial.

Aquí entra un tercer estudio, mucho más reciente y que compara SARS-CoV-1 y SARS-CoV-2. En este caso no utilizan papel, utilizan cartón, pero a efectos nos vale para poner algunos números. Una de las gráficas del artículo muestra cómo la caída en el número de virus es exponencial (muy rápida al principio y muy lenta al final). Según sus resultados, y para lo que nos importa, pasadas 24 horas no queda ningún SARS-CoV-2 viable en el cartón, aunque para el SARS-CoV-1 con 8 horas era suficiente. Para comparar los resultados con los artículos anteriores, podemos decir que en este caso, para el SARS-CoV-2 en cartón, se reduce el número de virus viables a la mitad en menos de 4 horas.

¿Entonces qué hacemos?

Para poder contagiarnos tras haber tocado papel no sólo tiene que haber virus, tiene que haber virus suficientes como para que puedan producir una infección. Si un virus solitario entra en nuestro cuerpo, nuestras defensas se ocuparán de eliminarlo. Por esta razón, no es necesario esperar a que el papel no tenga absolutamente ningún virus, lo que hay que hacer es esperar a que la cantidad de virus sea suficientemente baja y, por lo tanto, despreciable de cara a una infección.

Cuando tocamos libros, periódicos, revistas… etc, que han sido tocados por otras personas, la higiene de manos es siempre fundamental. No se trata sólo del coronavirus, se trata de los millones de microorganismos que podrían quedar en esas páginas. Es importante una correcta higiene de manos tanto antes (para no dejar nuestros bichos), como después (para no llevarnos bichos). Si cumplimos con la higiene de manos, el riesgo estaría en la posibilidad de llevarnos a la boca, la nariz o los ojos el virus durante el tiempo de lectura.

Teniendo en cuenta que según todos los estudios que comenté antes en unas horas el virus se reduce a la mitad, podemos intentar buscar un compromiso, un punto en el que todavía quede algún virus en el papel (si es que había inicialmente), pero que no vaya a suponer un problema. Partiendo de los datos previos, si la persona que ha dejado sus virus en el papel era asintomática (menor carga viral), probablemente no queden suficientes virus pasadas unas 8 horas como máximo. Si tenemos en cuenta la higiene de manos, habrán llegado menos virus al papel, por lo que podemos recortar el tiempo. Si además llevaba puesta una mascarilla, podremos reducir ese tiempo muchísimo más, ya que no habrán caído en el papel gotas con virus concentrados.

¿En resumen?

Si queremos buscar un criterio razonable, en base a los estudios disponibles, podríamos decir que en contextos en los que las normas de higiene de manos y uso de mascarilla se cumplen, con «cuarentenar» el papel un par de horas sería más que suficiente, ya que en principio ni siquiera sería necesario. En cambio, en contextos en los que no se puede asegurar ese cumplimiento (por ejemplo, libros en un aula de educación infantil), lo razonable sería retirar los libros tras su uso (con las manos limpias!) y dejarlos apartados en una caja hasta el día siguiente. De media, cuando dudamos de la higiene de los usuarios, cuatro horas asegurarían una reducción suficiente. Por supuesto, estoy asumiendo que en ningún caso se trata de una persona con sintomatología clara (alta carga viral) tosiendo encima del libro… porque eso quiero pensar que no va a pasar. Así que bueno, poner los libros en cuarentena quizá sí, pero dejarlos dos semanas no tiene ningún sentido, la persistencia del coronavirus en papel no es el problema que puede parecer.

Dicho todo esto, deberíamos preocuparnos más por mantener una correcta higiene y menos por las horas que hay que apartar un libro de su estantería. En la vida real las condiciones no son las del laboratorio y los virus son viables durante menos tiempo. Corremos más riesgo exponiéndonos a otras personas en nuestro entorno, o tocando otras superficies que no se higienizan lo suficiente. Si llevamos siempre las manos limpias y utilizamos mascarillas, los libros no van a suponer ningún riesgo, así que todos a leer más, que falta nos hace.

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Transmisión en reuniones privadas

Hoy vamos a hablar de los aerosoles. Todavía no tenemos del todo claro cuál es el papel de los aerosoles en la transmisión del SARS-CoV-2, el causante de la Covid-19, pero cada vez más estudios destacan que tienen un papel más o menos relevante.

Para analizar el tema, voy a comentar un artículo subido por Schijven et al. como preprint al servidor MedRxiv a principios de julio, en el que un grupo de científicos holandeses analiza la posibilidad de emitir y de exponerse a aerosoles que contengan virus en diferentes escenarios. El artículo es puramente teórico. Sin una validación experimental no podemos confirmar ni desmentir el papel de los aerosoles, pero esta modelización nos permite tener una imagen de los posibles riesgos en diferentes momentos de nuestro día a día.

¿Qué es un aerosol?

Un aerosol es una partícula muy pequeña que emitimos al estornudar, toser, hablar… y respirar. Aunque obviamente, no siempre emitimos la misma cantidad. La OMS define aerosol como aquellas que tienen menos de 5 micras, frente a las gotículas (microgotas) que tienen más de 5 micras.

Cuando tosemos, la mayor parte de lo que sale de nuestra boca son microgotas, y algunas bastante grandes. Por su tamaño, se van a depositar rápido, y eso es lo que hace que la distancia entre personas sea tan importante. Pero parte de lo que salga de nuestra boca en esa tos serán aerosoles, y esos aerosoles alcanzan distancias mayores y se mantienen en suspensión mucho más tiempo. Si nos podemos infectar con esos aerosoles, es importante conocer el riesgo.

Además, hay que tener en cuenta que el tamaño de una partícula cambia una vez que abandona nuestro cuerpo. Aunque la temperatura afecta, un factor crucial es la humedad. Si la humedad es baja, las microgotitas se “secan” y reducen su tamaño, por lo que podrán llegar más lejos y aguantar más tiempo en suspensión.

Según el estudio de Liu et al. citado en este artículo, una partícula de 60 micras puede alcanzar los 4 metros con una humedad del 0%, pero sólo 1.85 metros al 90%. Por esta razón, hace ya semanas que se está recomendando controlar la humedad en espacios públicos. Para los preocupados: en vuestra casa la humedad debería ser de al menos un 40% para que sea “agradable”, y ya de paso para controlar los virus que puedan entrar en ella.

Hasta el momento no hay pruebas de que el SARS-CoV-2 se mantenga infeccioso en aerosoles durante largos periodos de tiempo, pero sí se ha detectado que aguanta (aunque no sabemos sí puede infectar) y que en condiciones de laboratorio pasadas 16 horas sigue siendo activo. Entonces, esto del metro, dos metros, o lo que diga cada uno… ¿llega?

Planteamiento de diferentes escenarios

No es lo mismo estar respirando en una habitación enorme con otra persona que estornudar en una muy pequeña llena de gente.

Para analizar diferentes escenarios, los autores del artículo plantearon un rango de diferentes condiciones. Asumiendo que el que entraba en la habitación era una persona asintomática (porque asumimos que los sintomáticos se aíslan, ¿verdad?), esa persona respiraría durante 20 minutos, hablaría durante 20 minutos, tosería una vez o estornudaría una vez. Además, se tuvo en cuenta que para hablar, toser y estornudar, puede ser alto o bajo. Los valores de la cantidad de aerosoles generados, los tomaron de estudios previos, y calcularon los virus que se emitirían según diferentes cargas virales y asumiendo que se distribuyen de forma homogénea en la habitación (que sabemos que no es así).

Para los lugares, valoraron un espacio pequeño, que para ellos la referencia fue un autobús, y un espacio mayor, equivalente a un pequeño restaurante. También valoraron para el bus que entrase una persona o entrasen treinta, y estuviesen allí durante 20 minutos, tiempo más que razonable para un trayecto. Para la habitación grande, asumieron diez personas una hora o cuatro horas. Desde luego, valoraron un buen rango de escenarios.

¿Hay o no hay riesgo?

Aunque en el artículo analizan los aerosoles liberados y cuántos virus habría en ellos, yo me voy a centrar en lo que nos viene interesando ahora, la probabilidad de que una de esas personas estuviese expuesta al virus. Pero antes de dar los números, recordemos que para considerar que alguien está expuesto, tiene que haber suficientes virus presentes inicialmente. La primera conclusión (y que ellos demuestran con números) es que si una persona tiene una carga viral más baja, el riesgo para su entorno es menor. Por eso el riesgo es siempre relativo a la concentración inicial de virus en esa persona.

En una PCR positiva, de media, la carga viral es de 100.000-1.000.000 virus/ml. Para dar un escenario vamos a redondear, que es lo que hicieron ellos, y quedarnos con una persona que tenga el millón. Eso sí, como bien dicen, un 5% de las personas tienen 100.000.000 virus/ml, lo que incrementaría mucho los números. Pongo los ceros para que sea más visual… que a veces se nos olvida que esto son muchísimos virus.

En el caso de esa persona con un millón de virus por mililitro de aerosol que suelta, si se sube a un autobús en el que hay una sola persona y estornuda fuerte, la probabilidad de que tras 20 minutos esa persona haya sido expuesta es del 4%. Pero si hay 30 personas, entonces la probabilidad de que una de ellas se haya expuesto sube al 60%. En cambio, en ese mismo bus lleno, si la persona contagiada sólo respira, del 60 baja al 6%.

Si analizamos escenario por escenario para ese millón de virus:

  • En un autobús vacío (el contagiado y otra persona), independientemente de la actividad el riesgo es menor al 10%.
  • En un autobús lleno (30 personas), el riesgo de que alguien se exponga es del 60% con un estornudo fuerte, sobre un 15% con un estornudo pequeño o una tos fuerte y casi nulo en el resto de casos.
  • En la habitación (restaurante) con 10 personas durante una hora, el riesgo ronda el 15% para el estornudo fuerte, es muy bajo para el leve o la tos fuerte y casi nulo para el resto de escenarios.
  • En la habitación con 10 personas durante cuatro horas, el riesgo es de un 40% con un estornudo fuerte, sobre un 10% con un estornudo leve o una tos fuerte y casi nulo en el resto de escenarios.

Y ahora, vamos a analizar lo de hablar, que es algo que no asociamos con síntomas. Os voy a poner un ejemplo, pensad que el autobús es el salón de una casa (en una comida familiar o reunión con amigos) y que la habitación más grande es un bar o restaurante. Nadie tiene síntomas, pero una persona está contagiada, y todos hablamos mucho en esas situaciones. Imaginemos que la persona que entra contagiada tiene mayor carga viral, esa carga viral de 100 millones de virus…

  • En nuestro salón, si sólo somos 2, el riesgo de exponerse si la otra persona habla es de un 5%.
  • Si somos 30 (tenemos una fiesta en casa), el riesgo sube al 50%.
  • Si nos vamos a un bar una hora (somos sólo 10), el riesgo es del 15%.
  • Si la cosa se alarga 4 horas en el bar, sobre un 35%.

¿Conclusiones?

Aunque no esté confirmado, estos número dan mucho que pensar. Yo me lo tomaría muy en serio y me aseguraría de que si se dan situaciones de este tipo, la habitación esté correctamente ventilada. Las mascarillas cumplen un papel muy importante en parar las gotas de mayor tamaño, pero si una mascarilla no está completamente ajustada, cada hueco va a permitir el paso de aerosoles. Además, en algunos de los escenarios que yo he planteado, no se suelen utilizar mascarillas, ya que nos las quitamos para comer y en las reuniones en casa rara vez se utilizan.

Si la transmisión por aerosoles es real, lo más importante es evitar que los virus queden en suspensión en las habitaciones, y eso se consigue ventilando. A ello hay que sumar lo que decía al principio: una humedad mayor ayuda mucho. Aunque los números están lejos de ser exactos, esto nos da una idea de qué riesgo podemos correr en diferentes situaciones.

Recordemos que muchos contagios ocurren en reuniones privadas. Muchos de ellos en casas, sean de otros miembros del núcleo familiar o de otros amigos o familiares que visitan. Así que ya sabéis, cuando alguien vaya a vuestra casa, recibidlo siempre con la ventana abierta. Es un gesto mínimo que puede salvar vidas.

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