Cuando el reloj te dice si enfermas, ¿será coronavirus?

En los últimos meses varios grupos han estado estudiando la posibilidad de utilizar nuestros relojes para detectar si nos hemos contagiado con coronavirus… antes de que nos demos cuenta. La cosa es un poco más compleja, pero en resumen esa es la idea, que voy a intentar explicar. Van varios artículos ya, aunque hasta donde me consta, ninguno se ha revisado por pares y se mantienen en su versión preprint. Además, Hipertextual se hizo eco del tema recientemente. Vamos a ver en qué consiste la idea, partiendo de asumir que tenemos un reloj «inteligente», un «wearable»… un cacharro que mide de forma casi constante nuestra frecuencia cardiaca.

La información que nos da nuestro reloj

Cuando hemos pasado suficiente tiempo con nuestro medidor de frecuencia cardiaca en la muñeca, poco a poco si observamos nuestras estadísticas podremos obtener ciertos datos que nos dicen cómo funcionamos de forma «normal». Si nos centramos en un Apple Watch que es lo que tengo para poder opinar, si lo llevamos puesto todo el día podremos ver que es lo «normal» en nuestra aplicación de Salud. Aunque nuestra frecuencia cardiaca va variando a lo largo del día y en función de qué hacemos, lo esperable es que en los momentos de reposo tengamos un valor constante. Desde hace ya tiempo tenemos una opción de frecuencia en reposo, que nos va a dar ese valor descartando los momentos en los que hacemos actividad física. Aunque el valor no será exactamente igual todos los días, será similar dentro de un intervalo pequeño. O debería serlo.

Si alteramos nuestro estilo de vida y empezamos a comer más sano, mejoramos un poco nuestro peso, hacemos algo de ejercicio… entonces nuestra frecuencia cardíaca en reposo va a ser más y más baja. Un valor bajo indica que nuestro corazón funciona muy bien, mientras que un valor alto debería hacernos dudar. Como no quiero asustar a nadie, no voy a dar un número.

Otros parámetros interesantes…

Además, tenemos otros valores que nos pueden ser muy útiles para valorar cómo nos encontramos. Por una parte tenemos la variabilidad de la frecuencia cardíaca, que mide los tiempos entre latidos. Aunque hay unos valores que se consideran normales, la verdad es que el intervalo es muy amplio y depende de muchos factores. Resumiendo mucho, si empezamos a hacer ejercicio para ponernos en forma el valor bajará después del esfuerzo, pero subirá a la larga. Lo esperable al mejorar el estilo de vida es que poco a poco vaya subiendo hasta estabilizarse.

Por último, tenemos la capacidad aeróbica, que se estima cuando hacemos ejercicio. A más capacidad mejor resistencia. En este caso Salud nos indica el valor y nos dice si estamos por encima o por debajo de la media o si es alta o baja. Ni que decir que el objetivo es que os mantengáis en la banda de «Alta».

Los modelos más recientes de Watch y otros dispositivos tienen otros valores, pero éstos creo que los calculan prácticamente cualquier modelo de Watch y también otras pulseras inteligentes que miden frecuencia cardiaca. Si no lo hacen con su app en general se podrán obtener con otra aplicación que extraiga y calcule los datos. De la misma forma, para los que tienen el Watch, hay otras aplicaciones que permiten profundizar mucho más en estos datos, pero aquí íbamos a lo básico.

¿Podemos saber si tenemos coronavirus con los datos del reloj?

Obviamente la respuesta corta es que no, pero la respuesta larga es que quizá podríamos suponerlo.

Nuestro reloj no nos va a decir, al menos por ahora, si tenemos un virus y cual en concreto. Pero lo que si nos dice si miramos es que parece que nos pasa algo, y que lo que nos pasa podría ser una infección. En los tiempos que vivimos en estos momentos, una advertencia de este estilo desde nuestro reloj, debería hacernos reflexionar sobre qué ha ocurrido en nuestra vida en los últimos días y valorar si hemos podido exponernos a más riesgos de los necesarios.

Vamos a mirar las estadísticas. ¿Es hoy nuestra frecuencia cardiaca en reposo más alta de lo normal? ¿Es nuestra variabilidad demasiado baja? ¿Cómo va nuestra capacidad aeróbica? Si nuestra frecuencia en reposo es alta, la variabilidad baja y la capacidad aeróbica baja, mala señal. Esto siempre comparando con los valores normales que ya conocemos de los meses previos. No quiere decir que debamos correr a hacernos una PCR, pero puede ser una señal. Si las investigaciones en esta línea sigan avanzando, quizá sepamos en el futuro cual es el momento de asumir que estamos enfermando.

Coronavirus o cualquier otro virus o bacteria

Dados los datos actuales eso indicaría que estamos enfermando, pero no sabríamos de qué. Hay que tener en cuenta que hay datos que se calculan por defecto sólo cuando se hace ejercicio, así que quizá no podréis valorar todo. Para poder dar un ejemplo, he ido a los datos de la última vez que estuve claramente enferma por una enfermedad respiratoria. El día en el que claramente estaba enfermando pero yo todavía no era consciente de los síntomas, mi frecuencia cardiaca en reposo era de 20 pulsaciones por encima de mi media, aunque bajó en los siguientes días. Mi frecuencia cardiaca media al caminar era también mucho más alta de lo normal y se mantuvo en esos valores mientras tuve síntomas (normal, casi no respiraba, era un esfuerzo tremendo moverme incluso distancias muy cortas).

En cambio, en el resto de datos no observo nada destacable que me hubiese podido indicar que algo iba claramente mal. Y habría estado muy bien saber 24h antes que debía quedarme en casa, no os podéis imaginar hasta que punto. Seguro que si os pregunto por vuestros valores, sobre todo a los que habéis pasado el coronavirus, no podremos obtener conclusiones porque no tendremos suficientes datos, pero quizá os resulte interesante ver qué ocurrió durante aquellos días.

Electrocardiograma
Un corazón sano es señal de una vida sana

Nuestro reloj es una herramienta más

Aunque en estos momentos individualmente sólo nos sirva a nivel de curiosidad personal, es más que posible que dentro de no demasiado tiempo una app pueda tener en cuenta todos nuestros datos y avisarnos si nos estamos saliendo de lo esperable. A ojo va a ser imposible, así que todo lo que os he dicho antes es para saciar curiosidad y ya. Pero estoy segura de que no tardaremos demasiado en poder utilizar nuestras constantes vitales para poder, por ejemplo, recomendarnos hacer una prueba cuando nos encontramos en zonas de alta incidencia. Desde luego tendría más sentido que hacerlas al azar.

Por supuesto hay un montón de dudas respecto a compartir nuestros datos de salud, pero yo soy la primera que espera que se integre algo así en mi muñeca. Quiero que mi muñeca me avise si mis pulsaciones son muy altas o muy bajas, si se salen de lo normal, si el oxígeno cae o lo que sea que hacen los últimos modelos. También es cierto que cada persona sabe qué pasado tiene y aunque yo no me vaya comprar un reloj nuevo que me mida oxígeno, quizá sí lo haría si hubiese una forma de estimar la tensión. Pero la frecuencia cardiaca nos la mide una pulsera de 20 euros, así que el presupuesto no es excusa.

No vale para el coronavirus, pero nuestro reloj nos ayuda

Aunque no nos vaya a dar esa gran respuesta, desde luego los datos que podemos obtener de nuestra frecuencia cardiaca sí son muy útiles para asegurar un buen estilo de vida. Si queremos avanzar hacia una vida sana podemos hacerlo teniendo en cuenta lo que una pulsera mide, y no sólo lo que diga nuestra báscula. Si además tenemos una báscula que mida algo más allá de los kilos, y ponemos también una cinta métrica en la ecuación, podremos conocernos mejor.

Recordemos que para estar sanos entre otras cosas tenemos que ser objetivos y olvidar el «cómo me veo». Nos tenemos que ver bien y sentirnos bien, pero con eso no llega, y a veces nos vemos de una forma que no se corresponde con la realidad. Por eso los números son importantes, y todos en su conjunto. Así que menos espejo y opiniones y más números.

Si te has parado varias veces en este artículo para ir a mirar que dice tu reloj de todos estos números es que te ha resultado interesante. Por lo tanto, para que pueda seguir escribiendo artículos que te resulten interesantes, puedes ayudarme invitándome a un café:

Cuando un cachorro pleistocénico nos cuenta su vida

Es cierto que normalmente aquí traigo comentarios sobre artículos largos, pero más de una vez he comentado que hay otros tipos de artículos y hoy voy a comentar una carta publicada en Current Biology. He elegido este artículo porque es una de esas noticias que pasan fácilmente desapercibidas pero que creo que son muy interesantes para entender nuestro pasado y el de otros animales que conviven o convivían con nosotros.

La relación amor-odio con los lobos

Los seres humanos no nos aclaramos. Aunque para nosotros el lobo es un peligro, la verdad es que necesitamos su presencia para que todo siga su ritmo normal. Y es algo que descubrimos hace muchísimos años, pero que se nos olvida y tenemos que redescubrir cada dos por tres. Lo que necesitamos es un equilibrio gracias al cual el lobo esté presente pero no en exceso, algo que en la naturaleza, sin intervención humana, se autorregula.

En nuestro mundo alterado si hay demasiados lobos va a suponer un problema, pero si eliminamos demasiados lobos también, ya que al no estar presentes van a ser otros animales los que ocupen su lugar. Y no sólo eso, ya que incluso puede afectar a las especies más insospechadas. ¡Incluso pueden cambiar el cauce de los ríos! Si esto suena extraño, pasó en Yellowstone.

La historia del cachorro

Cachorra, para ser más exacta, porque se trata de una hembra.

Hace cuatro años, en Canadá, se encontró el cuerpo momificado de una cachorra al descongelarse el permafrost. Esta pequeña loba, a la que los locales llamaron Zhùr nos ha contado su vida con sus restos, y también nos ha enseñado lo mucho que se movían los animales en su época por lo que ahora llamamos el estrecho de Bering, que sabemos que en algunas épocas fue mucho más transitable de lo que es ahora.

Nuestra pequeña Zhùr medía casi 50 cm de hocico a cola y pesaba poco más de medio kilo. Era claramente joven, y para poder determinar su edad se comparó con el crecimiento de un perro actual. Sus huesos nos dicen que tenía unas seis o siete semanas, todavía muy joven y con mucha vida por delante. ¿Qué ocurriría?

Su muerte ocurrió probablemente en verano, por los isótopos presentes. Eso nos confirma además que al igual que en la actualidad, los lobos en aquel momento se reproducían en primavera y parían a principios del verano. Dada la edad, Zhùr había sido recientemente destetada, una o dos semanas antes de morir.

La edad y la vida de Zhùr

Para poder determinar de qué época es Zhùr, se juntaron dos técnicas que permitieron acotar un rango. Por una parte, el análisis del ADN antiguo, y por otra los isótopos de oxígeno. Así sabemos que Zhùr vivió y murió hace 56-57000 años.

El análisis de ese ADN además permite ver su conexión con otros lobos, viendo que estaba claramente conectada tanto con lobos de Eurasia como de América del Norte, lo que nos recuerda que ese Estrecho de Bering en ese momento no eran tan «estrecho» y había más movimiento. En sí, recordemos que esto lo sabemos de otras muchas especies que se distribuyeron entre los dos continentes en las épocas en las que era más sencillo cruzar por esa zona.

Por último, podemos saber que Zhùr comía principalmente peces. Esto ya se había visto antes, porque en muestras de otros lobos todo apuntaba a que en la época era común consumir peces, especialmente salmones. Y eso es lo que se observa de la corta vida de Zhùr y nos indica que su madre tendría una dieta similar. Además, el análisis muestra que no pasaba hambre.

Loba con una cría
No digáis que no os da pena pensarlo…

Entonces, ¿cómo murió Zhùr?

Nuestra pequeña loba tuvo una muerte muy inesperada, pero que fue lo que facilitó su momificación y que se haya podido analizar ahora. Los análisis muestran que lo que ocurrió fue un desprendimiento cuando Zhùr se encontraba dentro de su guarida, quedando atrapada dentro. Al quedar sepultada con los sedimentos, su guarida pasó a formar parte del permafrost y sus restos llegaron en buen estado a nuestros días.

Una historia triste para la pequeña Zhùr, pero que nos enseña mucho del pasado y que además nos ayuda a empatizar con un animal que no nos cae demasiado bien en la actualidad, aunque hayamos tenido nuestros más y menos a lo largo de nuestra propia historia.

Sin duda, a veces las pequeñas historias también nos aportan mucho, y no todo tienen que ser grandes artículos, aunque esto podría serlo. Y leeremos más de la pequeña Zhùr y de su vida, de eso estoy segura.

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La siguiente pandemia nos acecha: la (nueva) gripe aviar

Antes del coronavirus muchos decíamos que esto era una bomba de relojería que podía explotar en cualquier momento. Reconozco que yo pensaba que era más probable un virus de la gripe que un coronavirus, aunque ambos tuviesen papeletas de sobra. Ahora, mientras todo el mundo tiene los ojos en lo que parece que es el único virus, otro ha hecho un amago que ha pasado casi desapercibido. Porque tenemos por ahí un susto con una cepa de gripe que no ha ocupado en las noticias todo el tiempo que debería para que la población sea consciente del riesgo.

El brote de gripe aviar en Francia

El pasado mes de noviembre se detectó un brote de gripe aviar en Córcega. Parecía localizado y controlable, pero durante diciembre se empezó a extender por Francia, por lo que a finales de diciembre se llevó a cabo una eliminación masiva de aves en aquellas zonas en las que se detectaron brotes. Se trataba principalmente de patos, patos que se crían para obtener foie gras. A principios del mes de enero la cosa parecía descontrolada porque seguían detectándose brotes (con los consecuentes sacrificios). En estos momentos, a finales de enero, parece que la situación empieza a estar bajo control. Pero cuidado: aunque aquí estemos hablando del brote en Francia, se ha detectado en otros países y parece que este año hablaremos más de dicha cepa.

La cepa que se ha detectado es la H5N8, una cepa que no afecta a los humanos y desde luego no se puede transmitir entre humanos. Pese a ello, la cepa es muy contagiosa (en aves) y se extiende muy rápido. En paralelo se producen mutaciones, ya que el virus de la gripe tiene una facilidad tremenda para ir cambiando rápido, y por eso nos resulta tan complicado obtener vacunas.

A día de hoy se han sacrificado más de un millón de aves, se han diseñado zonas de aislamiento que rodean aquellas en las que se han detectado infecciones, se han detectado más de 300 puntos calientes con brotes y el virus ha cruzado fronteras, ya que en Bélgica ya se han sacrificado patos infectados. Pero los franceses creen tenerlo bajo control.

El peligro de la gripe aviar para humanos

No es la primera vez que se produce un brote de este tipo en Francia, y aunque su gobierno diga que se va a compensar económicamente, no sólo preocupa económicamente.

Pese a que como decía antes el virus no afecta a los humanos, podría empezar a hacerlo. Si en algún momento se produce el salto de especie, entonces esa nueva cepa podría resultar fatal, y es especialmente peligroso en un momento en el que estamos ya bastante justos de recursos. Uno de los puntos que se destaca sobre la cepa aviar es que es muy contagiosa. Más que otras cepas de gripe. ¿Qué ocurriría si saltase a humanos?

Foto de un pato

La posible nueva pandemia

Pese a que no sería la primera vez que una cepa aviar afecta a humanos, se considera más complicado que después se pueda transmitir entre humanos. La teoría de qué es lo que ocurrirá más pronto que tarde implica un tercer actor: los cerdos. La gripe porcina se caracteriza por ser un virus con un poco de todo. Mientras que el virus aviar es más distinto, el porcino queda a medio camino, aunque sea una forma de hablar. El caso es: si un cerdo se contagiase de la cepa aviar (posible) y de una cepa humana (posible) entonces se podrían dar los cambios suficientes a base de mezclar ambos como para tener una cepa como la aviar (altamente contagiosa) que se pudiese después contagiar entre humanos. Y que un humano, un cerdo y un pato entren en contacto no es extraño si estamos en una granja con miles de animales.

Una nueva cepa con esas características además de suponer un problema por la velocidad del contagio, sería un problema por la falta de inmunidad, al ser suficientemente diferente. Cuando nos contagiamos con las cepas «comunes» de la gripe, aunque desarrollemos la enfermedad, podemos tener una inmunidad parcial (baja) por habernos infectado con cepas similares en el pasado. Esto se ha observado en las grandes epidemias de gripe. Pero si es una versión nueva para la mayor parte de la población, si hace más de 60 años que no circula una cepa similar… puede ser mortal.

No perdamos de vista la gripe aviar

Por todo esto, aunque ahora nuestro principal problema sea el coronavirus, no debemos perder de vista la gripe. Especialmente las gripes que no nos afectan a nosotros, porque son las que podrían venir en el futuro. Este año se han diagnosticado muchísimos menos casos de gripe en humanos, y las redes centinela también han detectado menos casos, pero eso no quiere decir que la gripe desaparezca. No ha encontrado hueco este año, pero lo encontrará en el momento en el que volvamos a relajar las normas y no tomemos precauciones.

Dado que la gripe «común» se transmite menos que el coronavirus, es esperable que dadas las medidas contra el coronavirus tengamos menos casos de gripe, muchos menos. También tenemos muchos menos resfriados. Pero seguimos teniendo casos, y muchos no son detectados. En sí, nunca detectamos todos: en unos pocos se hacen pruebas y el resto los estimamos por la red centinela.

Aunque quizá no podamos evitar que surja una nueva cepa de gripe, lo que sí podemos hacer el vigilar y detectarla lo antes posible para evitar una pandemia. Pero avisados estamos… no perdamos de vista otros virus. Otro día os contaré detalles del resto de países afectados por esta cepa, pero por hoy vamos a quedarnos con el aviso del país vecino.

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¿Deberíamos tener obligaciones con la sanidad pública?

No todo es coronavirus en este mundo y ya casi llevamos un mes de 2021, un mes muy movidito sin duda. Y cuando empieza el año siempre nos lanzamos a lo de los propósitos de año nuevo así que este comentario de hoy pega mucho con el momento. El tema lo traigo a raíz de un artículo que han publicado en Xataka Ciencia: Si un 25 % más de la población de EEUU se pusiera en forma se ahorrarían 58.000 millones de dólares en gastos médicos. El artículo científico en el que está inspirado no es ni mucho menos reciente, ya que se publicó en el año 2004 y podéis encontrarlo aquí. Pero me resulta útil para reflexionar sobre un tema transversal: las obligaciones con la sanidad pública.

Nuestras obligaciones con la sanidad pública actuales

En países como España en los que tenemos sanidad pública, esa sanidad se cubre con una serie de impuestos que todos los residentes pagamos. Ya se ha explicado muchas veces que la sanidad no se paga «con lo que te quitan del sueldo». Básicamente el sistema se resume en que todos ponemos, en parte en función del dinero que tenemos (si tenemos más dinero entonces gastamos más… en general aunque no siempre). Eso nos permite poder acceder a la sanidad, pero realmente la única obligación que tenemos los ciudadanos es cumplir con nuestros impuestos y nada más.

En otros países además de las obligaciones económicas se han impuesto otros sistemas. Por ejemplo, algo que ahora tenemos todos en la boca y en nuestros tweets: la obligación de vacunar. Aunque para nosotros esto sea una idea totalmente nueva, sabemos que en otros entornos la vacunación infantil es necesaria para acceder a escuelas públicas, puesto que no se permite poner en riesgo al resto de estudiantes.

Si retorcemos un poco el rizo, podemos decir que los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y ahora las bebidas azucaradas también tienen cierta repercusión, pero siguen siendo impuestos y yo de lo que quería hablar hoy era de otras medidas.

Las «obligaciones» en la sanidad privada

Aunque vamos a volver a hablar del tema de la sanidad pública, para poder inspirarnos un poco, vamos a ver qué clase de obligaciones existen en algunos casos en la sanidad privada. Recordemos que el principio en el que se basa la sanidad pública «universal» es que sea igual para todos, por lo que no discriminaríamos nunca en función del pasado de cada persona, lo que no quiere decir que no podamos inspirarnos en los criterios que utilizan aquellos que discriminan.

Sabemos que en muchos casos la sanidad privada te pide menos dinero si gozas de buena salud. Hemos hablado muchas veces de la posibilidad de que en el futuro se haga en función del perfil genético. Pero por ahora no podemos cambiar nuestro pasado, y no podemos pedirle a nadie que lo cambie. De la misma forma, no podemos cambiar nuestra edad.

Otra de las medidas que toman muchos seguros privados es la de recompensar que «te portes bien». En esos casos lo que se hace es aplicar descuentos a la cuota si mantienes un estilo de vida más sano o, en su defecto, te ofrecen descuentos en actividades que permiten que tengas un estilo de vida más sano. Para ejemplificarlo, en Suiza mi seguro privado me ofrecía grandes descuentos en actividades deportivas, porque si yo hacía deporte, probablemente enfermaría menos.

La vida insana cuesta mucho dinero

Volviendo al artículo que nos traía a este tema. Si un cuarto de la población estadounidense se pusiese en forma se ahorrarían un huevo de dinero. Esto nos pasa también en otros países, aunque en diferente medida, ya que en unos países estamos de media más «en forma» que en otros.

En el caso de España sabemos de sobra que hay campañas orientadas a mejorar nuestro estilo de vida, lo que repercutiría en un ahorro en sanidad. Tenemos campañas sobre hábitos de vida saludable, sobre alimentos saludables, mensajes que nos recuerdan que hay que mantener una dieta equilibrada pero… ¿será suficiente?

Sin duda en los últimos años la situación ha ido empeorando y ha hecho que aquellos que miran los números se centren más en el tema. Es más que evidente que la vida insana nos cuesta muy caro, a todos. Por lo tanto, si consiguiésemos que todos los españoles tuviesen una vida un poquito más sana, el ahorro podría ser considerable. No de forma inmediata, pero desde luego a la larga. Pensad en cuantas enfermedades de conocidos se podrían haber evitado o habrían sido menos graves si hubiesen estado en forma.

Lo que hacemos que hace que gastemos más en sanidad

En el trabajo científico en cuestión se analizaron una serie de factores que se pueden atribuir al comportamiento de la población para ver qué efecto tenían sobre los infartos de miocardio. En sus resultados es evidente que el estilo de vida juega un papel fundamental en la probabilidad de sufrir un infarto. Sí, sabemos que hay un componente genético… pero eso no podemos cambiarlo. Pero alterando el comportamiento se podrían evitar muchos infartos, y de la misma forma otras enfermedades.

Los comportamientos a cambiar son esperados, sé que si habéis llegado leyendo hasta aquí los suponéis: hay que dejar de fumar y de beber alcohol, reducir las grasas «malas» que se acumulan en las arterias, comer con menos sal y casi sin azúcares añadidos, mantenernos en un peso normal, consumir fruta y verduras, hacer algo de ejercicio físico y juntarnos con gente que comparta estas ideas con nosotros. Tampoco suena tan difícil.

Frutas y verduras
Las frutas y verduras son fundamentales en la dieta sana

¿Distintas obligaciones en la sanidad?

Todo esto me hace pensar que si además de tener la obligación de cumplir con nuestros impuestos deberíamos tener en parte la obligación de cumplir con la sociedad. En estos momentos se está valorando pedir que la gente se vacune contra la Covid-19 y no parece una locura, porque es por el bien de la sociedad. En cambio, parece imposible pedir a la gente que tenga un estilo de vida saludable por el bien de todos, y eso que los datos nos muestran que es por el bien de todos. No sólo por el ahorro, también porque sabemos que el comportamiento del resto afecta al nuestro.

Obligar a la población a estar «en forma» es imposible si ni tan siquiera podemos hacer que se pongan una mascarilla correctamente (y aquí hablo de la población del mundo). Pero antes de que la cosa vaya a peor quizá podríamos orientar los esfuerzos más a la prevención, sobre todo viendo lo mal que nos va cuando no hay prevención, que hemos visto varios ejemplos últimamente. ¿Deberían facilitarnos desde las administraciones la vida sana en lugar de sólo hacernos pagar por ciertos aspectos de la vida insana?

Espero vuestros comentarios y espero que hagáis llegar este artículo y los enlazados a vuestros conocidos que necesiten un empujoncito para cambiar sus costumbres. Si queréis apoyar mi trabajo podéis hacerlo aquí o invitarme a un café:

Las células embrionarias en las vacunas

Aunque este tema es muy extenso y me gustaría también dedicarle un Bacteriófagos en el futuro, quizá es un buen momento para hacer un resumen de qué son y de dónde vienen las líneas celulares embrionarias y cual es su papel en las vacunas.

Sobretodo en las últimas semanas se han «filtrado» un montón de noticias que dicen descubrirnos la gran verdad sobre el origen de las vacunas y cómo para las vacunas se utilizan células embrionarias, o incluso que dentro de las vacunas hay células embrionarias.

Es cierto que durante el desarrollo de las vacunas es común utilizar cultivos de células embrionarias. En algunos casos para reproducir los virus que son realmente la vacuna, en otros para comprobar la actividad de la vacuna sobre esas células.

Qué es una línea celular

Una línea celular es un conjunto de células que derivan todas de una muestra inicial. En principio, todas las células van a poder dividirse un número determinado de veces antes de que se empiecen a observar signos de senescencia, de envejecimiento. Esa senescencia ocurre incluso cuando hemos tomado la muestra inicial y todas las divisiones han ocurrido en un laboratorio.

En cambio, en algunos casos esas células no van a envejecer jamás, y serán inmortales. ¿Cómo se obtienen células inmortales? Pues si la muestra inicial procede de un tumor. El caso más conocido de una línea celular inmortal que se utiliza en todo el mundo son las células HeLa, que derivan del tumor de Henrietta Lacks a la que no se informó ni se recompensó por la muestra.

Otra de las líneas inmortales famosas es la HEK293. Y esta es quizá la línea celular que más se ha repetido que afecta a las vacunas de Covid-19.

Las células embrionarias HEK293 y las vacunas

Esta línea celular deriva de células de riñón de embrión humano (human embryonic kidney). Y sí, el número 293 se corresponde al número de experimento, pero no quiere decir que hubiese 293 muestras embrionarias. Realmente, en este caso, lo que ocurrió fue que una línea previa de células embrionarias, se realizaron una serie de experimentos de transacción de adenovirus (alterando las células). Pero las células venían de una única muestra, de un único feto.

Esto ocurrió en el año 1973 y no tenemos claro el origen del feto, pero sabemos que vienen de una muestra única. Desde entonces, todas las células HEK293 derivan de aquel experimento, y jamás se han vuelto a tocar otras células que vengan de otro feto. Estas células se utilizan frecuentemente en ensayos preclínicos para ver el efecto de una vacuna o de un medicamento sobre las células.

Las células WI-38 y MRC-5 y las vacunas

Las células HEK293 no son las únicas. Existen otras dos líneas celulares, la WI-38 y la MRC-35 que se utilizan para replicar vacunas. Además, en este caso hay que destacar que no son células inmortales, son células «normales». Y aunque en la actualidad existen muchas más opciones, éstas son famosas por haber estado disponibles desde hace mucho.

Las células WI-38 proceden de un feto cuyo aborto ocurrió de forma voluntaria en 1962 en Suecia y se guardaron y utilizaron sin el permiso de la mujer que había abortado. Algo similar ocurrió con las células MRC-5, que se aislaron en 1966. En este caso, el feto tenía 14 semanas, mientras que las WI-38 vienen de uno de 3 meses. Ambas se utilizaron para numerosas vacunas que han salvado miles de vidas, como por ejemplo vacunas contra la polio.

Las células embrionarias como componente de las vacunas

Pese a que hasta ahora he dicho que se han utilizado para el desarrollo de vacunas, vamos a profundizar un poco más. En algunos casos, las vacunas que utilizamos son virus (inactivados, atenuados, etc). Para multiplicar esos virus antes de poder inyectar las vacunas, necesitamos células. Y en ese paso si se utilizan células como las mencionadas antes. Pese a ello, lo que se nos inyecta en la vacuna no son las células, son los virus que se han purificado después de multiplicarlos.

En el caso de las vacunas que se están utilizando en la mayor parte de países en estos momentos, sabemos que no están formadas por virus enteros. Me refiero a las vacunas de Moderna y Pfizer/BioNtech, aunque la mayor parte de los rumores han surgido sobre la primera. Estas vacunas son un fragmento de ARN protegido para su transporte hasta la célula, pero no hay un virus completo y no se multiplica en células. Por lo tanto, para estas vacunas, las células se han utilizado en las fases de investigación, pero no en la fabricación de vacunas. Al igual que en el caso anterior, la vacuna no va a incluir en ningún caso células.

La parte turbia de la historia

Aunque no debemos preocuparnos por el contenido de las vacunas, lo que sí debe preocuparnos es el origen de esas células. Pasados unos 50 años poco podemos hacer para arreglar los daños del momento, pero sí tenemos que asegurarnos de que todas las muestras que se tomen en la actualidad se tomen con consentimiento de la donante. En el caso de un aborto voluntario, la madre tiene que ser informada y consentir el uso de la muestra para investigaciones futuras.

En la actualidad existen protocolos para que esto sea así, y hace ya bastantes años que no se toman muestras sin consentimiento previo. Aunque no suponga ningún problema para el donante (por ejemplo, si proceden de un tumor que han extraído), ese donante puede tener conflictos (principalmente religiosos) sobre el uso de esa muestra, y se debe respetar siempre sus deseos. En el caso de las células embrionarias, tengamos en cuenta que el principal conflicto que genera es que las células proceden de un aborto voluntario que algunas creencias consideran que no debe permitirse.

En resumen…

Cuando nos vacunamos no nos están inyectando células de feto, ni se han producido cientos de abortos para extraer sus células, ni otras teorías que no voy a reproducir aquí. Nadie ha abortado para que se puedan extraer células, esto que quede claro: se había abortado voluntariamente y después se extrajeron las células. No sabemos por qué esas madres decidieron abortar, no podemos juzgar sus razones. Quizá les habría gustado saber a tiempo qué había ocurrido. Pero eso es un tema paralelo y en ningún caso afecta a la seguridad de las vacunas, ni mucho menos vamos a promover el aborto por vacunarnos.

Es bueno tener dudas y es bueno buscar respuestas. Pero también es imprescindible conocer la historia, saber de dónde viene lo que se lee y no dejarse engañar. Recordemos que los bulos pueden hacer mucho daño y es necesario desmentirlos, así que la próxima vez que alguien os hable de los fetos utilizados en las vacunas recordadles que el pasado es turbio, pero que llevamos 50 años usando la misma muestra, que ahora ya no se hace así y que las vacunas no llevan células dentro.

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