Seroprevalencia en España

Desde que se comenzaron a a publicar los resultados del estudio ENE-COVID de seroprevalencia en España, he ido analizando los datos. Hoy quería publicar una entrada que recogiese toda la información al respecto, y que además incluyese una reflexión sobre la situación actual.

Los datos previos de prevalencia

Mucho se habló sobre cual era la incidencia en España. Carecíamos de datos y sólo sabíamos que las PCR estaban dejando muchos casos fuera. Sabíamos que había leves y asintomáticos que no se habían detectado. Por eso se planteó el estudio, en el que se iba a analizar la presencia de anticuerpos, principalmente IgG, en una muestra representativa de la población española.

Los resultados de seroprevalencia en España

Toda la información proporcionada por el Ministerio de Sanidad y el Instituto Carlos III se encuentra aquí. Como yo consideraba que podía ser difícil de interpretar, aunque creo que los resúmenes y especialmente las ruedas de prensa fueron muy informativas, escribí una entrada tras la publicación de cada uno de los informes. Resumiendo mucho, los resultados indican que en un momento determinado un 5% de la población española presenta anticuerpos IgG, pero que existen cambios entre los representados en ese 5% a lo largo del tiempo.

Imagen del coronavirus

La presencia de anticuerpos IgG lo que indica es que hubo un contacto con el virus en el pasado que generó anticuerpos. En aquellos en los que no consta que se pasase la enfermedad Covid-19, entonces se asume que lo hicieron de forma asintomática, ya que generar anticuerpos implica una respuesta de nuestro cuerpo. Por el contrario, una PCR positiva en un momento concreto no implica necesariamente avance de la enfermedad: implica que el virus está ahí. Aunque en la inmensa mayoría de casos eso indica que está activo, en personas muy expuestas (personal sanitario) pudo indicar acumulación por exposición (y no replicación).

Mis comentarios los tenéis disponibles aquí:

Las conclusiones e ideas actuales

Se nos ha quedado grabado ese 5% de seroprevalencia en España, pero ese número no es real. Varios estudios recientes apuntan a que la inmunidad celular, mediada por los linfocitos T, juega un papel fundamental. Tanto el estudio español como otros muestran que el nivel de anticuerpos cae con el paso del tiempo, pudiendo ser indetectables pasados varios meses. Eso no quiere decir que no haya inmunidad.

Pero claro, seguimos sin saber qué porcentaje de la población española ha generado inmunidad. Si damos por válido que la presencia de anticuerpos es equivalente a inmunidad, sabemos que ahí hay un 5%. Si sumamos los que tuvieron anticuerpos y los han perdido, pero que deberían seguir presentando inmunidad celular, el porcentaje sube. Además, tenemos que sumar aquellos que no llegaron a generar anticuerpos pero sí tienen inmunidad celular. El porcentaje es más de un 5%, pero no sabemos exactamente cual.

Esto no implica que el estudio de seroprevalencia en España no sirva. Nos sirve para proporcionar una imagen de la evolución porque, aunque se nos escapen datos, lo que analizamos en cada caso es lo mismo. Nos ha permitido ver cómo evolucionaba la situación, y espero que se haga alguna ronda más.

No hay que ser pesimistas

Con todo, no podemos ni soñar con el 60% que empezaría a indicar una inmunidad de grupo. Quizá podemos hablar de un 10-20%, o incluso algo mayor en aquellas regiones más afectadas, pero un 60% sería demasiado. Por eso también es esperable que los brotes puntuales sean más agresivos en aquellas zonas que no tuvieron una incidencia alta en marzo-abril, porque hay un porcentaje mayor de población susceptible.

Pero resumiendo, no todo es tan horrible. La inmunidad aumenta y los casos nuevos que se detectan son principalmente leves o asintomáticos, así que contribuyen a incrementar la inmunidad sin que haya daños, ya que la mayoría no son hospitalizados. Obviamente nos gustaría que aumentase sin nadie sufriendo, pero desde luego no está aumentando de la forma que lo hacía en marzo. Se trata de buscar un equilibrio que nos permita salir adelante con la vida. No seamos tan negativos.

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Seroprevalencia 3.0

Lo prometido es deuda y aquí llega el análisis de la última ronda del estudio de seroprevalencia realizado en España. Aunque ha sido la última ronda, todo apunta a que se va a publicar un artículo en algún momento con las conclusiones finales, y si lo veo conveniente, en ese momento comentaré esos resultados. Pero por ahora vamos a ver lo que tenemos por el momento.

¿Qué dice el estudio?

Las conclusiones generales no son para nada sorprendentes. Como recordaréis, en la primera ronda la seroprevalencia media era de un 5%, es decir, un 5% de la población española tenía anticuerpos IgG contra el coronavirus. En la segunda ronda subió al 5.2% y en la tercera ronda es también del 5.2%. Como ya habíamos comentado no había diferencias entre hombres y mujeres, pero sí en grupos de edad. Algo destacable de esta tercera ronda es que esas diferencias por edad se están difuminando. Además, se acentúa la diferencia en las grandes ciudades (contacto con más gente, más exposición).

La principal forma de contacto parece ser la convivencia (hay que tener más cuidado en casa…), ya que aproxidamente un tercio de los positivos convivían con alguien que había sido un caso confirmado. La segunda causa son los familiares (no convivientes) o los amigos.

Seroconversión y seronegativización

Uno de los puntos fuertes de este estudio ha sido el seguimiento de parte de los participantes y es que la mayoría (casi 90%) han estado dispuestos a volver a ser analizados. Esto permitió ver que de la primera a la segunda ronda la seroconversión había sido del 0.9% (personas que en la primera daban negativo y en la segunda positivo). Ahora, entre la segunda y la tercera, es de un 0.7%, lo que tiene sentido porque sabemos que el virus está más controlado.

Por otra parte, ahora tenemos datos de seronegativización, es decir, personas que han perdido los anticuerpos. Entre la primera y la segunda fue de un 7.1% y entre la primera y la tercera de un 14.4%. Tengamos en cuenta que esto no quiere decir que no presenten inmunidad, lo que quiere decir es que esa inmunidad no es vía anticuerpos, pero tenemos otras formas de luchar contra los virus. Ese dato, además, coincide con otros estudios que apuntan a que los anticuerpos se empiezan a perder a los tres meses del contacto con el virus.

Como es lógico, la mayor parte de los que tuvieron recientemente una PCR positiva tienen anticuerpos (pero no todos!!), y la anosmia sigue siendo la mejor forma de predecir un positivo.

¿Son resultados fiables?

En las dos rondas anteriores habíamos comentado que los resultados que se daban eran los de un test rápido. Ahora se han comenzado a comprar todos los resultados del test rápido con los de la determinación de anticuerpos mediante inmunoensayo, que aunque tarda más, da resultados más exactos. Los resultados son similares, por lo que nos podemos fiar de lo que sale del test rápido, especialmente cuando valoramos la población y no los individuos aislados. Los resultados concuerdan en un 97.5% de los participantes.

La muestra tomada para las tres rondas es en general representativa de la población, aunque sí hay menos representación de los niños muy pequeños y de las personas muy mayores, por lo que los datos en esos grupos de edad son menos representativos, pero fiables en cualquier caso.

Al igual que en las rondas anteriores, voy a ir destacando datos que han llamado mi atención. ¿Cómo ha cambiado la seroprevalencia?

Seroprevalencia según diferentes criterios

En la tercera ronda la prevalencia es el 5.2% como dije antes, pero sigue habiendo unas diferencias abismales entre Comunidades. Los extremos siguen siendo la Comunidad de Madrid (11.7%) y la Región de Murcia (1.6%). En cambio, si nos fijamos en las provincias, la que tiene mayor prevalencia es Soria (14.4%) y la que menos Huelva, con tan solo un 1.2%.

Si miramos los diferentes rangos de edad, vemos que aumenta la prevalencia entre los más jovencitos. Por ejemplo, para menores de 1 año, pasamos de un 1.1% en la primera ronda a un 3.7% en la tercera. Quiero destacar algo aquí: en los rangos de edad entre 15 y 30 años, la prevalencia se mantiene más o menos constante, así que no hay razones para pensar que los jóvenes lo hacen todo mal y se contagian más que el resto.

En base a otros criterios como la situación laboral o el sector, los datos son similares a las rondas anteriores, así que no voy a profundizar en ellos. Lo mismo para el número de personas en el hogar o el nivel de renta, aspectos que no afectan a la prevalencia.

Respecto a los síntomas previos, vemos diferencias con las rondas anteriores. Más de un 40% de las personas que decían haber sufrido anosmia o ageusia (pérdida de olfato o gusto) presentan anticuerpos. Respecto al resto de síntomas, tenemos que tener en cuenta que con el paso del tiempo la gente se fija más, y quizá ahora se reportan más síntomas porque hemos estado más pendientes de lo que sentíamos sabiendo cuales eran los síntomas a tener en cuenta.

Los nuevos positivos: incremento en seroprevalencia

Si analizamos la seroconversión, podemos ver algunos datos que llaman la atención. Por ejemplo, aunque sabemos que la media de seroconversión entre la primera y la segunda ronda fue de 0.9%, no es igual en todos los grupos de edad: aparecieron más anticuerpos en personas de más de 50 años. Esa diferencia se mantiene entre las rondas 2 y 3, aunque menos acentuada. Por síntomas, la mayor parte de los nuevos seropositivos se dan en personas con anosmia, cosa más que esperable.

¿Los que salen más a la calle se exponen más? Pues o la gente miente mucho, o no. El nivel de seroconversión es más alto en aquellas personas que dicen salir de media menos de una vez al día que entre los que dicen salir más de dos veces. Eso sí, las diferencias no son significativas, ya que están dentro de los intervalos de confianza. Son diferencias mínimas, pero no deja de ser curioso. De la misma forma, aquellos que dijeron llevar mascarilla siempre resultan haber estado más en contacto con el virus que los que dijeron que sólo a veces… y sí, que no es significativo, pero hay una pequeña diferencia.

Los nuevos negativos

Igual que vemos las características de los que generan anticuerpos, podemos ver las de los que los pierden. La mayor pérdida se da en grupos de edad de 50-64 años (aunque podemos en parte pensar que su contacto había sido antes). Para complicar más la cosa, la menor pérdida es en mayores de 65.

Respecto a los síntomas, los que más rápido pierden los anticuerpos son los que nunca tuvieron síntomas, y duran más en función del número de síntomas. A los que más les duran es a los que tuvieron anosmia. Y por supuesto, a los que tuvieron PCR positiva.

Cómo ha cambiado nuestro comportamiento

Como se hicieron muchas preguntas, también se ha analizado cómo hemos ido cambiando nuestra vida. Por ejemplo… ¿salimos más? Pues depende. De media, los españoles salen a la calle 7.8 veces a la semana (sin contar ir a trabajar). Los que menos salen son los murcianos (6.6) y los que más los navarros (9.8). Los datos que os doy, recordad que son siempre de la España peninsular. Además, según han dicho los españoles, la inmensa mayoría usa mascarilla en esas salidas.

Los análisis detallados de las primeras rondas

Además de los informes previos, ahora tenemos también informes detallados de la primera ronda de seroprevalencia para cada Comunidad. He ojeado los de las dos que más me interesan para ver qué cuentan. No voy a entrar en detalles, sólo comentar un par de cosas y animaros a que busquéis el vuestro.

En el caso de Galicia, me ha llamado la atención que en algunos rangos de edad el porcentaje de positivos varía mucho entre hombres y mujeres. Esto se observa también para Madrid, pero en grupos de edad diferentes. ¿Tan diferente es nuestro comportamiento? Además, me ha llamado mucho la atención que los madrileños parecen tener una percepción diferente de los sentidos del olfato y del gusto. Para los gallegos el 11.1% de los que decían tener problemas tenían anticuerpos, pero entre los madrileños es el 60.2%. Quizá es que los gallegos estamos más obsesionados con la comida…

El primer artículo y la comparación con el inmunoensayo

Por último, con esta tercera ronda, se ha publicado un artículo en The Lancet que analiza los datos de la primera ronda. ¿Por qué sólo la primera? Porque no se trata sólo del resumen del test rápido. Tienen también en cuenta la comparación con el inmunoensayo. Aunque hemos dicho que a nivel poblacional los resultados son fiables, se ve que en algunos casos hay diferencias y que un test puede dar valores más altos o más bajos que el otro, y en el artículo comparan todo esto en detalle.

No voy a analizar de nuevo punto por punto, pero hay dos valores que sí debemos recordar antes de finalizar. Durante esa primera ronda, un tercio de las personas a las que se le detectaron anticuerpos no había detectado ningún síntoma, ni un dolor de cabeza. Es decir, mientras me estás leyendo, aunque te encuentres perfectamente, puedes ser portador. Por otra parte, menos de un 20% de los que decían haber tenido síntomas realmente tenían anticuerpos, por lo que en muchos casos los síntomas tendrán una causa diferente, así que no tenemos que obsesionarnos.

Conclusiones

Tenemos que tener en cuenta todos estos datos para prepararnos para lo que pueda venir. Estamos muy lejos de la inmunidad de grupo, y perdemos anticuerpos más rápido de lo que los generamos. El confinamiento permitió controlar la expansión, pero no podemos pasarnos la vida confinados así que es muy importante que controlemos lo que hacemos en nuestro día a día, y que tengamos en cuenta dónde se producen los contagios principalmente. No bajemos la guardia.

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Los enlaces:

Informe final

Acceso a todos los informes incluyendo los de las comunidades

Pollán, M. et al. Prevalence of SARS-CoV-2 in Spain (ENE-COVID): a nationwide, population-based seroepidemiological study. The Lancet, 2020.

Hacia una vacuna universal contra la gripe

Son muchas las preguntas que surgen recientemente respecto a la próxima vacuna de la gripe para el hemisferio norte. Normalmente la vacuna de la gripe nos llega entrado el otoño y se recomienda sólo para personas con riesgo o muy expuestas, pero la vacuna de la gripe de 2020 puede ser diferente. En este caso, por culpa de la Covid-19, tenemos que minimizar al máximo las infecciones, para poder controlar a aquellos que muestren síntomas.

Las principales dudas son cuándo llegará la vacuna del 2020 y para quién será recomendada, pero todos sabemos que además, la vacuna de la gripe dura sólo un año, porque las cepas van variando. En sí, hace poco hablé sobre una posible nueva cepa de gripe porcina que todavía no ha dado el salto a humanos, pero que podría hacerlo.

En busca de la vacuna universal para la gripe

Existen muchas teorías conspiranoicas sobre la vacuna de la gripe, pero ni Bill Gates nos intenta controlar, ni nos implantan un chip. Eso sí, las empresas que las fabrican tienen un negocio redondo al venderla cada año. Esto no quita que existan numerosos proyectos intentando desarrollar una vacuna universal, que aunque no sirviese para siempre, nos protegiese durante más años.

Para poder desarrollar una vacuna universal es necesario centrarse en las regiones más conservadas del virus de la gripe o influenza, un virus que muta muy rápido, para nuestra desgracia. Muchos grupos han puesto el ojo en en el tallo (stalk) de la hemaglutinina. Las dos proteínas expuestas del virus de la gripe son la hemaglutinina y la neuraminidasa, esas que dan nombre a los tipos de gripe, como por ejemplo la famosa gripe A del 2009, que era H1N1 y que sigue circulando.

El tallo de la hemaglutinina se considera uno de los principales candidatos a ser un epítopo neutralizante universal, es decir, el punto que hay que atacar en una vacuna universal. Pero… ¿se generarían mutantes? Uno de esos mutantes lo ha estudiado un artículo recientemente publicado en Nature Medicine.

Las regiones conservadas de la hemaglutinina

Hace ya muchos años que se sabe que la región del tallo de la hemaglutinina está conservada, hasta el punto de que existen varios ensayos clínicos en curso con vacunas que atacan esta zona. Aunque es una zona que muta poco, sí tiene algunas variaciones, lo que hace que los anticuerpos puedan ser más o menos efectivos. Su baja variabilidad se debe a que es una región importante estructuralmente, y un pequeño cambio podría alterar su forma. En todo caso, si existe presión (en este caso, inmunológica), podrían seleccionarse mutantes.

En este estudio, los investigadores se centraron en el análisis del efecto y prevalencia de un mutante en concreto (A388V) que previamente había surgido en condiciones de laboratorio. Pretendían saber cual era su efecto y si había selección, y para ello hicieron ensayos in vitro (en cultivo) pero también in vivo (en animales y humanos).

Presencia del virus en humanos

Para analizar la prevalencia del virus en humanos, los investigadores analizaron los anticuerpos presentes y los virus antes y después de una infección. Los virus utilizados estan una mezcla del WT (wild type, genoma de referencia) y el mutante A388A. Observaron que si había anticuerpos previamente, podían neutralizar el virus, pero tener más o menos síntomas correlacionaba con la presencia de anticuerpos contra la neuraminidasa, lo que apunta a que la hemaglutinina modificada supone un problema.

Mirando qué virus se habían replicado, se encontraron con que aquellos que previamente tenían anticuerpos contra el tallo de la hemaglutinina, habían seleccionado el virus mutante, es decir, el virus mutante se replicaba mejor cuando no podía ser neutralizado (parece obvio, pero no lo es, porque no sabían si los anticuerpos iban a funcionar igual).

Brazo siendo vacunado contra la gripe

Capacidad replicativa del virus mutante

La idea previa y que se ha extendido entre los investigadores del campo, como dije antes, es que las mutaciones en esta región suponen un problema. Por lo tanto, el virus debería replicarse menos. En los ensayos en ratones esto fue así, pero tanto en hurones como en células humanas el virus mutante se replicaba exactamente igual que el original, cosa que también habían visto en su análisis previo en humanos.

Analizando diferentes anticuerpos que conocemos, pudieron determinar que el cambio afecta, efectivamente, a la estructura del tallo. Aunque existía una protección parcial, otros cambios o una acumulación de varios podrían provocar una resistencia a los anticuerpos comunes. Y es que en células en cultivo, cuando hay anticuerpos contra el tallo presentes, el virus mutante desplaza rápidamente al original.

En muestras de suero, además, se observa cómo el virus mutante desplaza rápidamente al original, aunque al revés no ocurre, y que esto correlaciona claramente con el nivel y el tipo de anticuerpos presentes en el suero.

Hay que ser precavidos

En conclusión, podemos decir que este estudio muestra que la eficacia de las vacunas universales podría ser limitada. Aunque este trabajo se centra en una mutación, se conocen más que han ocurrido de forma natural en esta región, y aunque se pensaba que afectaría a la capacidad replicativa del virus, se ha demostrado que no es necesariamente así.

Aunque en este estudio en condiciones de laboratorio el mutante tomaba el cultivo muy rápido, no debemos apresurarnos a concluir que a nivel poblacional sería igual, porque la dinámica es diferente, y es posible que tardase mucho más tiempo, extendiendo el período de eficacia de la vacuna.

Este tipo de mutaciones son poco frecuentes. Por ahora, hay descritas unas 5 por cada 25.000 (eso es poco), pero los resultados de este artículo nos indican que quizá no estaría de más reforzar esas vacunas universales con varias variantes que generen anticuerpos distintos. Es un posible obstáculo y requiere más investigación, pero la batalla no está perdida.

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La G que quizá nos cambió la vida: coronavirus mutantes

Recientemente se ha creado cierto revuelo respecto a una serie de artículos que aseguran que una nueva mutación en el coronavirus SARS-CoV-2 lo hace más infectivo. En paralelo al artículo que voy a comentar, sí se han publicado otros que se centran en los efectos clínicos de ésta mutación. Esos artículos ya se han cubierto en más detalle por la prensa generalista. Además, considero mucho más difícil poder valorar la clínica (a mis ojos de bioquímica). Por eso prefiero centrarme en algo de lo que se ha hablado mucho menos.

Hoy voy a analizar, ahora que he tenido tiempo de leerme con calma el artículo, cuales son las pruebas y qué dice exactamente. Hay que tener en cuenta, antes de nada, que el artículo es un preprint en el servidor BioRxiv. No ha sido revisado por pares y por lo tanto por ahora no podemos afirmar que los ensayos realizados convenzan a la comunidad científica. Hablé de qué es un preprint y sus implicaciones aquí.

En cualquier caso, ese preprint… ¿qué dice?

La importancia de las secuencias

Desde que se aisló por primera vez el SARS-CoV-2, muchos laboratorios han contribuido con sus secuencias aisladas. Esto nos permite conocer cómo va cambiando el virus. Hace un tiempo, hablé de las secuencias que se habían encontrado en España.

Con los datos disponibles en estos momentos, el coronavirus más cercano es uno que se aisló en murciélagos. Aunque todo apunta a que hay un reservorio intermedio hasta el momento desconocido, por mucho que hayamos escuchado rumores sobre pangolines. Lo cierto es que seguimos sin estar seguros.

Por experiencia en nuestras propias poblaciones, también sabemos que el virus se reproduce mejor en algunos entornos. Aunque podemos querer escudarnos muy rápido en la mutación, lo cierto es que hay que tener en cuenta las características de cada población. Por ejemplo, en España, la población tiene una edad media superior a la de otros países. Eso que hace que nuestra mayor esperanza de vida no esté a nuestro favor en este caso. Además, sabemos que la cantidad de tests realizada no es la misma en todos los países. No sabemos cuantos casos se están detectando del total.

Pese a ello, los virus mutan. A finales de junio se habían identificado 6754 variantes de un solo nucleótido (letras del código genético del virus). El 64% de esos cambios producen el cambio de un aminoácido, y el resto son silenciosas. En muchos casos aparecen sólo de forma puntual, pero en algunos casos esa mutación adquiere importancia. Es el caso de la que nos preocupa ahora, la mutación D614G. Ese código lo que implica es que un ácido aspártico (D) se ha convertido en una glicina (G) que carece de la carga negativa y que además es mucho más pequeña. Este cambio está en la posición 614 de la proteína de la espina o espícula, lo que genera la «corona». La espina es además lo que se une al receptor ACE2 (ECA2 en español) en nuestras células.

¿Cuándo apareció la mutación?

Como tenemos secuencias limitadas, sólo podemos saber de cuando es la secuencia en la que se identificó por primera vez. Este cambio, que realmente es el cambio A23403G en el genoma (adenina a guanina), se vio por primera vez a finales de enero en dos secuencias: en Alemania y en China. Esto implica que no sabemos dónde se originó, porque es muy improbable que fuese al azar en los dos sitios casi a la vez. Lo importante es que este cambio se expandió muy rápido, sorprendentemente rápido. A finales de junio, el 74% de las secuencias disponibles tenían ese cambio. Aunque no tenemos secuencias ni del 1% de los virus, dada la distribución de las muestras por el mundo, esto nos hace pensar que esa variante es en estos momentos la principal.

La variante D614G hace al virus más infectivo

Es una afirmación muy rotunda. Quizá demasiado. Pero podemos ver que en aquellas zonas en las que esta variante es predominante, el virus parece haber golpeado con más fuerza.

Pero claro, para los científicos (y para el resto) correlación no implica causalidad. Hay que demostrarlo. Para comprobar si el virus con esta mutación es más infectivo, los investigadores prepararon virus mutantes con los que podían medir su capacidad para infectar. Lo hicieron mediante la expresión de proteínas fluorescentes. Lo comprobaron en diferentes tipos de células y en todas ellas el virus mutante era más infectivo que el original. Para poner números, entre 4 y 9 veces más infectivo, dependiendo del tipo de célula.

Aunque pueda parecer una prueba concluyente, que infecte más no implica necesariamente que sea porque la espina se une mejor, ¿verdad? Para ver cómo afecta a la unión al receptor (la proteína ACE2), prepararon células que expresaban esta proteína en su superficie. En lugar de quedarse sólo con la humana, probaron también con la de pangolines, cerdos, gatos y perros. En el caso de la ACE2 de humanos, el virus mutante se unía más del doble que el original. Para el resto de los animales también era entre dos y tres veces más, pasando de tres en el caso del perro. Si es que desde luego, tenemos que cuidar también a nuestros animales de compañía!

¿Y esto va a afectar a la producción de vacunas o anticuerpos?

Cuando hace unos días hablaba de este tema con Pedro en Qarentena una de sus preguntas era si esto podría afectar al desarrollo de vacunas. Mi primera impresión era que muchos de los estudios ya se estaban haciendo con la variante por ser la principal en estos momentos. En cualquier caso, este grupo de investigadores también tuvo en cuenta ese problema.

Para analizar el posible efecto, lo que hicieron fue analizar la capacidad de diferentes anticuerpos para neutralizar el virus mutante. Se centraron, como es lógico, en anticuerpos que se unen a la espina. Sus resultados son muy claros: los anticuerpos siguen funcionando. Así que si se desarrolla una vacuna, no hay razón para pensar que no pueda bloquear a ambos.

Conclusiones

Aunque este artículo no es más que un borrador de lo que será, el planteamiento es interesante y habrá que tenerlo en cuenta. Más allá de intentar buscar en qué momento el virus se volvió más agresivo, es importante saber lo que pueda pasar en el futuro. Y por eso hay que seguir secuenciando más y más virus. El pasado ya no lo podemos cambiar, pero podemos prepararnos para lo que venga y tener en nuestras manos todas las herramientas posibles. Por eso, en estos momentos, no hay estudio que sea irrelevante. Hay que valorar todo y ver qué podemos aprender de ellos, por ejemplo, para que las posibles vacunas sean efectivas contra todas las variantes que circulen.

¿Os parece interesante? ¿Habíais pensado que un cambio tan pequeño podía ser tan importante? Si queréis que pueda seguir analizando artículos y explicando su contenido, podéis apoyarme invitándome a un café:

¿Funcionan los tests de anticuerpos?

Mucho se ha hablado sobre si los tests rápidos para la detección de anticuerpos son efectivos o no. Los últimos meses nos han dejado claro que algunos no funcionan, y es que una cosa es la técnica y otra cosa es una marca en particular, porque gente intentando aprovecharse puede haber en todas partes. Además, los primeros tests que se desarrollaron funcionaban peor, porque llevó un tiempo desarrollar algo que realmente hiciese su trabajo. Pero en la actualidad, sabemos que hay múltiples marcas que venden sus tests diciendo que pueden detectar los anticuerpos y, por lo tanto, confirmar una infección pasada, casi al 100%. ¿Es esto cierto?

Un grupo de investigadores ha realizado un meta-análisis (la semana pasada expliqué cómo iba esto) en el que compararon los artículos en los que se han presentado resultados de tests de anticuerpos de todo tipo, algunos más rápidos que otros, y han determinado si es fiable o no. El trabajo es un tipo de revisión particular, una revisión de Cochrane, que se especializa en decir si algo funciona o no. Si por ejemplo alguien os habla de una terapia que os hace dudar, siempre podéis buscar si hay una revisión de Cochrane que compruebe la eficacia de esa terapia. Pero ahora vamos a ver estos tests, a ver qué han hecho.

El planteamiento del estudio

Para poder determinar si los tests funcionan, lo primero es determinar qué tests se van a analizar. Para ello, los autores buscaron todos los artículos publicados, incluyendo preprints, que tuviesen una descripción adecuada del test (el que fuese, pero detectando anticuerpos) e incluyendo tests que se hubiesen realizado con confirmación, es decir, que se supiese que la persona a la que se le hacía el test había (o no) tenido SARS-CoV-2. Porque si pretendemos saber si funciona, tendremos que saber también cual es el resultado que tiene que dar.

Una vez recopilados los datos se juntaron y se aplicaron una serie de parámetros para poder homogenizar el análisis. Entre otras cosas, esto implica tener en cuenta tanto la sensibilidad como la especificidad, porque un test puede dar falsos negativos o falsos positivos, se normalizó el sesgo (porque cuando se hace un test se hace por algo) y se calcularon los resultados con intervalos de confianza. Como ya hemos comentando en alguna ocasión, lo habitual en estos casos es presentar los resultados con un intervalo del 95%, es decir, que estás seguro de que eso es así al 95%, dando un rango alrededor del valor medio calculado. Para que resulte más útil a la hora de elegir el test, en lugar de presentar los resultados en base al estudio del que se obtienen, los presentan en base al fabricante del test, ya que al final es lo que importa.

Los resultados… ¿qué tipo de test se encontraron?

Una vez recopilados los datos, y antes de que hablemos de si funcionan o no, vamos a ver qué había en las publicaciones. En los artículos recopilados había muestras de prácticamente todo el hemisferio norte. Dado que los datos analizados incluyen tests hasta finales de abril, esto era esperable. Muchos de los resultados los obtuvieron de preprints, artículos todavía no revisados y que quizá no estén en su versión final. Además, algo que personalmente me ha llamado la atención, encontraron muchos artículos en los que no se especificaba el fabricante del test. Por otra parte, como es lógico, también aparecieron tests desarrollados en el propio laboratorio, es decir, no comerciales.

En cuanto a los anticuerpos buscados, se analizaron resultados de IgA, IgM e IgG. Dado que los resultados parecían ser un poco heterogéneos de más, cosa que sabemos que se debe a que la presencia de anticuerpos varía en el tiempo después de la infección, se centraron en aquellos que aclaraban cuanto tiempo después de la infección se había hecho la prueba.

Ahora sí, ¿funcionan o no?

Se ha hablado mucho de que hay que esperar un tiempo para que las pruebas de anticuerpos funcionen, y eso es más o menos lo que observaron. En la primera semana tras el inicio de síntomas, la prueba de IgG/IgM (la más común, que se ha utilizado en España) ronda el 30% de sensibilidad. En la segunda semana sube al 72% y en la tercera al 91%. Después de la tercera semana subimos hasta el 96%, sin saber qué pasa más allá del día 35, que es hasta donde llega el estudio. Respecto a la especificidad, se mantiene sobre el 98%, nada mal!

Tal y como explican los autores, si los tests se utilizan para la población general de un lugar con prevalencia baja, de menos del 5% (como en la mayor parte de España), los resultados para 1000 personas implicarían que se pasarían por alto de media 4, y que 12 serían falsos positivos. Así que en el número total, de cada mil habría 8 más de las que debería haber (para que tengamos en cuenta el error de un estudio de seroprevalencia).

Conclusiones

Dados los resultados, es evidente que las pruebas de anticuerpos se deben realizar al menos 15 días después del inicio de síntomas. Cosa que por otra parte tiene sentido, porque sabemos que antes lo más adecuado es hacer la RT-PCR y detectar directamente la presencia del virus. Pero también hay que tener en cuenta que no sabemos hasta qué punto van a ser útiles a largo plazo de cara a la seroprevalencia, porque quizá pasados los 35 días los resultados vuelvan a ser pobres. Los autores del estudio indican que lo irán actualizando cuando tengan suficientes datos con un plazo mayor, algo que será muy importante para conocer cuanto duran los anticuerpos y cómo de bien se detectan pasado más de un mes, situación en la que ya se encuentran muchas personas.

Teniendo en cuenta lo publicado, podemos asumir que los tests, dentro del rango temporal adecuado, son bastante fiables. Pero todavía nos quedan muchas cosas por saber, así que esperemos que en el futuro se hagan más análisis. No nos va a cambiar la vida saber si tenemos anticuerpos en un momento determinado, pero a nivel poblacional, saberlo puede ser muy útil.

Si queréis leer los detalles, podéis hacerlo aquí:

Antibody tests for identification of current and past infection with SARS‐CoV‐2

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