El descodificador ataca de nuevo

No es la primera vez que hablo de este blog de El Mundo. Todos los que me conocéis sabéis que eso no es lo que más pega conmigo, pero como también he dicho ya alguna vez, para hablar de algo hay que saber, y para saber hay que conocer todos los puntos de vista, y por eso yo analizo de vez en cuando El Mundo, que ya hemos llegado a la conclusión que lo único que tiene realmente bueno es la sección dedicada a la ecología.
Este blog en particular es muy enlazado por internet adelante, y es la segunda vez que yo hablo de ello. Hoy voy a comentar dos posts recientes, que me han hecho mucha coña:

El patrón de los médicos

    Esto es muy muy penoso. Este hombre va y dice que los médicos españoles intentan imitar a House. Y que eso es malo. ¿Por qué es malo? No porque intenten curar a los enfermos (todos sabemos que no los pueden curar no se vayan a quedar sin trabajo); es malo porque son fríos a la hora de comunicar las noticias. “Va usted a palmarla”. Es lo que un médico no te puede decir. No… te tiene que decir “Hay algún pequeño riesgo sin importancia de que usted sufra un cosa-rara-impronunciable que podría provocarle un otra-cosa-rara”.

    Pues no lo entiendo. La semana pasada fui a urgencias con mi gastroenteritis. Todos sabéis que yo le tengo alergia a esas cosas. No a los médicos (aunque también porque me puitan el trabajo), si no a los hospitales. Esos sitios me dan muy mala espina. Hospitales, clínicas, consultas privadas. Mal rollito. Yuyu. Todos me entendéis. Pero fui, porque es útil no morirse. ¿Y que me encontré? Cuatro horas de espera en una sala abarrotada de gente. La mitad no tenían nada. Un cuarto tenían un esguince y un octavo un resfriado. El octavo restante tenía algo que mereciese la pena. Pero todos esos fueron antes. Podía haberme puesto a vomitar en la sala de espera tipo niña del exorcista que nada, por allí no aparecía ni una enfermera. Hasta era un altavoz el que comunicaba por que puerta tenías que pasar (altavoz que no funcionaba nada bien, por cierto).

    A las cuatro horas dijeron mis apellidos y allá fui. Le comuniqué a la señorita médica que no tenía alergias conocidas y que había vomitado varios días, que tenía escalofríos, temblaba y mi ritmo cardíaco estaba por las nubes. Pero que todo eso había ocurrido cuatro horas antes, que en ese momento estaba como una rosa. La mujer comprobó mi ritmo cardíaco (que no era nada normal) y mi temperatura (que sí parecía ser normal en aquel termómetro del pleistoceno). Me dijo que tenía una gastroenteritis vírica, que me tomase primperán y paracetamol si tenía fiebre, que bebiese aquarius y comiese unos días cosas ligeras. Y pa casa. ¿Y para eso espero yo??? El Primperán gracias a dios me lo había tomado antes de salir de casa (por eso ya no era la niña del exorcista) y fiebre no tenía. Eso sí, ahora yo podía estar muerta con cualquier enfermedad chunga, que nadie se habría dado cuenta. ¿En que se basa para decir que es una gastroenteritis vírica? ¿Para eso estudian medicina? Hasta sabría decir más yo… y eso que mi conocimiento de virus es limitado y esas cosas.

    La verdad, habría pagado lo que fuese porque un médico con mala hostia hubiese llegado a la sala de espera y dicho a los que no tenían nada que se fuesen a pasar el rato a su casa, a los del catarro que en la farmacia los anticatarrales te los dan sin receta, y a los del esguince que esperen, que su tobillo no va a empeorar. Y que nos hubiese atendido antes a los que parecíamos tener algo grave. De paso podía haberme preguntado qué había comido, si lo había comido otra gente, o si alguien de mi entorno estaba igual. Y me habría dado exactamente igual que fuese borde, habría salido de allí en 15 minutos y con algo más de información que con la que entré. En resumen: House weno, médicos españoles mierda.

    El hombre del saco

      Iker Jiménez es una persona a la que hay que darle de comer a parte. Es como estas personas a las que le pagan por ir a hablar durante horas sobre Gran Hermano o cualquier cosa semejante. No lo entiendo, y nunca lo entenderé. Pero al menos es un hombre con el que te ríes.

      Nunca vi más de 10 minutos de Cuarto Milenio. Cuando lo vi estaban pasando unas imágenes de unos “alienígenas” que se paseaban por la huerta de un tipo en plan el capítulo de Los Simpson en el que confunden a Burns con un extraterrestre. Todo el rollo de los grises y que los americanos ya han hecho disecciones de sobra de ellos y tal y cual (para haberlas hecho muy poco han aprendido….).

      Pero pese a no ver Cuarto Milenio, me suelo dormir los fines de semana escuchando Milenio Tres. No es algo que haga a propósito, pero que mi suegro (que raro suena) trabaje en la SER, hace que en su casa se escuche la radio más de lo que en cualquier otra casa de este país, y ahora mi casa va por el mismo camino. Y como me duermo escuchando la radio, escucho lo que haya, y los fines de semana, suele estar hablando este hombre. Normalmente no tardo más de 5 minutos en quedarme completamente frita, pero cuando lo escucho a él no. Alguna vez hasta he empezado a troncharme de risa y todo. Y es que hay que oirlo. Porque una cosa es verlo en la tele, todo serio y tal, pero otra cosa es escucharlo de fondo, con la habitación a oscuras, y él intentando hacer que la gente que está justo en esa situación, encienda la luz y mire debajo de la cama no vaya a ser que el hombre del saco esté ahí. Penoso. Como decía Les Luthiers, “a los niños hay que decirles siempre la verdad”. Nada de hombres del saco, “una araña, una buena vívora…”. Pero va este hombre y dice todo serio que cree en el hombre del saco… para gustos hay colores, desde luego. Yo una vez le escuché decir que cada vez que venía a Galicia se acojonaba mucho, porque no quería cruzarse con la Santa Compaña. Acto seguido al programa llamó mucho gallego diciendo que conocían a gente que la había visto, y hasta alguno lo contó por experiencia propia. Debo tener yo mucha suerte, que me meto regularmente por el monte por la noche (ya sabemos todos que soy rara) y nunca me he cruzado a un montón de almas con velitas. O seré yo, que les doy yuyu, por eso de tener sangre de meiga (eso es otra historia).

      Por lo tanto, en lugar de criticar lo penoso del asunto, veamos la parte graciosa. No nos imaginemos que esa gente se cree lo que dice. Pensemos que es El Club de la Comedia, el concurso de monólogos, y que el Iker es sólo el presentador. Así la cosa se hace divertida… todos deberíais probar. Además, se aprende un montón de leyendas e historias, muy útiles para futuras partidas de rol…

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