Xist o las gatas que no son pardas: silenciamiento de X

En España se dice que por la noche todos los gatos son pardos, aunque en otros países los gatos por la noche son de otros colores. En Alemania dicen que son grises, y yo sigo sin entender cómo ve un alemán a los gatos grises por la noche, cuando son claramente pardos. Pero eso son diferencias culturales. Yo hoy venía a hablar de Xist, y con ello os voy a explicar por qué hay gatas con un patrón muy peculiar de colores. Y por qué son siempre las gatas, y no los gatos. Así que por la noche los gatos españoles serán pardos, pero las gatas… depende.

El cromosoma X de más

Todos aprendemos de pequeños eso de que tenemos pares de cromosomas. Además se nos cuenta que las hembras tenemos dos cromosomas X, mientras que los machos tienen un X y un Y. La cosa de lo de macho y hembra va un poco más allá, porque para que todo salga de la forma más habitual, no llega con tener eso. Además, deben ser tratados de una forma concreta, por acción de una serie de genes y actividades epigenéticas, o nos quedaremos en cosas que no es tan fácil definir si es macho o hembra.

Pero yo hoy no vengo a hablar del gran espectro de eso que venimos a resumir en los dos extremos de macho y hembra. Vengo a hablar de un punto concreto que afecta a ese espectro: el silenciamiento de un cromosoma X en las hembras. Es imprescindible para mantener el equilibrio. Y ese silenciamiento está regulado de una forma muy compleja, pero el factor que mejor conocemos es Xist: el transcrito específico para la inactivación del cromosoma X.

Esto es, claramente, una gata (Imagen de Gabriele M. Reinhardt )

Cómo silencia Xist

Este trozo de ARN no codificante se ocupa de hacer que el cromosoma X extra quede reducido a la mínima expresión. Es necesario que esté ahí, pero se empaqueta mucho y se bloquea el acceso a la información genética. Básicamente primero cubre el cromosoma y después «llama» a una serie de factores que hacen que se modifique y se empaquete.

Esto ocurre durante el desarrollo, así que no todas las células tienen el mismo cromosoma X inactivado. En algunos animales hay una preferencia por uno o por otro, mientras que en otros casos es totalmente aleatorio. Y esto es muy importante cuando existen diferencias importantes entre silenciar uno o el otro. Por ejemplo, puede ser trascendental cuando hablamos de enfermedades que dependen de ese cromosoma X.

Los corpúsculos de Barr

Aunque en estos momentos todavía no conocemos todos los detalles de ese silenciamiento, en los últimos años se han hecho muchos avances. Muchos grupos investigan los detalles de Xist, y últimamente también se han identificado varios genes implicados. Por ejemplo, hace un año se hizo un avance considerable, pero con esto de la pandemia no se le dio mucho bombo al tema.

Pero pese a los avances recientes, que uno de los cromosomas se silencia lo sabemos desde hace mucho. Incluso antes de saber qué ocurría, ya sabíamos cómo era el producto. Es lo que llamamos corpúsculos de Barr, eso que al microscopio se ve como manchas más oscuras y que hace unos 70 años ya se sabía que tenían «algo que ver» con las diferencias entre machos y hembras. Xist, lo que permite, es que ese corpúsculo sea un corpúsculo, y no una masa amorfa.

¿Pero no ibas a hablar de gatos?

Ahora que ya he aclarado que las mujeres tenemos dos cromosomas X, pero que uno de ellos está inutilizado en una bolita. Perdón, en un corpúsculo de Barr. Y esto os prometo que tiene que ver con los gatos pardos. Concretamente, con la parte parda. Porque el color de los gatos depende del cromosoma X y, como he dicho antes, no siempre se silencia el mismo.

De forma más concreta, el gen que permite que un gato sea naranja, se encuentra en su cromosoma X. Y puede tener una variante que lo haga negro/pardo/castaño. Voy a referirme solo al negro en la explicación para simplificar. Si tenemos solo un cromosoma X, entonces tendremos gatos blancos que tendrán manchas negras o naranjas, dependiendo del alelo presente. Pero si el cromosoma silenciado varía, algunas partes del cuerpo serán naranjas, otras negras y otras blancas. Así pues, si un gato es tricolor, es gata… casi siempre. Hay excepciones, porque hay anomalías genéticas, pero si veis un tricolor podéis apostar que será hembra. Los gatos cuyas hembras son tricolor, por cierto, se llaman calicó, y según algunos traen buena suerte.

Aunque ese sea el caso más conocido, hay otras mezclas de colores posibles. Se ve por ejemplo en gatos con mezcla mucho más homogénea de colores, aunque son menos comunes en España. Y ocurre también en otras situaciones que más allá de una curiosidad genética, puede hacer que la vida de una persona dependa de ello. Por ejemplo, la adenoleucodistrofia suele ser más leve en mujeres, ya que aquellas que tengan alelos diferentes compensarán y retrasarán la aparición de síntomas.

Conclusiones

Ahora ya deberíamos tener claro que no es que las mujeres tengamos «más» por tener dos cromosomas X. Uno de ellos se silencia por acción, entre otras cosas, de Xist. Como ese silenciamiento no ocurre en el embrión, puede haber un patrón diferente en nuestras células, dependiendo de qué cromosoma X se inactive, si tenían alelos diferentes. Uno de los ejemplos más típicos de esa inactivación en parches son las gatas tricolores, que ahora sabemos que en más del 99% de los casos son gatas y no gatos. Así que ya sabéis, la próxima vez que os digan que por la noche todos los gatos son pardos, decid que sí, los gatos son pardos. Pero algunas gatas no.

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