Rastreo de contactos fallido: ¿se puede mejorar?

Incluso antes de que se liberasen las aplicaciones de rastreo de contactos en Europa, en muchos países ya se decía que no iba a funcionar. En paralelo, un ejército de rastreadores intentaba hacer su trabajo pero ni eran suficientes ni lo tenían fácil. El rastreo de contactos ha fallado en gran parte del mundo, no sólo en el país en el que cada uno de los que lee esto vive. Porque tendemos a pensar que es sólo en nuestra burbuja, pero esto ha sido bastante generalizado. Aunque hay algunas excepciones, sin duda. Y no es que lo diga yo, una noticia publicada en Nature esta semana recoge las mismas impresiones.

Mi experiencia personal: el caso suizo

Ahora que he abandonado el país puedo ya reflexionar sobre lo que viví y lo que pudo tener buena intención pero no salió bien. Desde principios del verano Suiza tenía disponible su aplicación de rastreo basada en los sistemas de Google y Apple, pero al igual que en otros muchos países la aplicación no servía de tanto como debería porque o bien no se metía el código (por no querer o por no tenerlo) o directamente no se instalaba la aplicación.

En paralelo se montó el sistema de rastreadores igual que en otros países. En ese nivel el fallo de Suiza fue pensar que el peor escenario posible era el de la primera ola. Es decir, buscaron rastreadores asumiendo que jamás tendrían un número de casos mayor. A comienzos de octubre estaban desbordados y directamente tiraron la toalla: el gobierno dijo que mientras no bajasen los casos, era «imposible» rastrear. Desde entonces ha habido varios intentos en algunos cantones y muchas contrataciones nuevas, pero siguen siendo insuficientes.

Por último, la peculiaridad en Suiza frente a otros países es la recogida de datos en los locales de restauración y ocio. Supuestamente, cuando pasas más de 15 minutos en un restaurante (por ejemplo), debes rellenar un formulario con tus datos de contacto y ponerlo en una urna, o bien cubrir un formulario online al que accedes con un código QR en las mesas. Ahí pones el número de mesa, el horario y tus datos.

Supuestamente, si hay un positivo avisarán a todas las personas que estuvieron en contacto en los 5 días previos. Para eso el positivo tiene que acordarse de que estuvo en ese restaurante, y el resto tienen que haber dado sus datos. Aunque mi muestra de cómo funciona el sistema es pequeña porque evitaba estos establecimientos, es bastante sencillo irse sin haberlo cubierto (intencionalmente o no) y nadie comprueba los datos. Y eso después de meses desde el día que dijeron que había que revisar que los datos eran correctos. Jamás me han revisado nada.

El análisis del escenario de rastreo de contactos

Utilizando la situación suiza como ejemplo, se puede analizar qué cosas se podrían haber hecho de otra forma allí y en muchos otros países, porque al final no somos tan distintos.

Hay que tener en cuenta que hay algo que sí nos diferencia de algunos países en los que el rastreo funcionó mejor, y es la libertad y privacidad. Por supuesto, si la aplicación fuese obligatoria para poder salir de casa o si rastreasen absolutamente todo lo que hacemos con nuestras cuentas de redes sociales, entonces sería mucho más sencillo que el rastreo fuese efectivo. Pero en Europa eso no sería posible. Ningún país podría de buenas a primeras imponer algo de ese estilo a sus ciudadanos, y por eso nos quedamos en la situación de confiar en la buena voluntad de la población. Pero en la población hay de todo. Lo que sí se puede regular es, por ejemplo, la entrada a un negocio privado.

Coronavirus
El protagonista de 2020

La aplicación de rastreo de contactos 2.0

Vale, no podemos obligar a la gente a instalar nada para salir a la calle. Pero sí podemos pedirles que lo hagan para entrar a un restaurante, por ejemplo. Siempre con una alternativa en papel, porque uno se puede quedar sin batería o tener un móvil muy viejo.

Pensemos en la idea suiza y olvidemos la buena voluntad. Quizá habría una opción… mezclando las cosas. Para que el rastreo de contactos en los locales de restauración fuese efectivo, una opción sería la necesidad de registro en la entrada mediante un código QR, pero que en lugar de abrir un formulario en el que tengas que cubrir todo, te lleve a la app y la app registre que estás en ese local. Lo escaneas, enseñas la validación y entras. Además, para que se pueda validar la app tiene que decir que estás limpio, que no has tenido contactos de riesgo según sus datos. Como alternativa, para aquellos sin app, tendríamos el formulario tradicional en el que habría que revisar los datos o una versión de mensaje al móvil. Al final lo que queremos es tener el número de teléfono de esa persona por si hay que avisar… si vive en esta calle o la de al lado nos da igual.

Así podríamos manejar muchos más contactos, sin duda. Y cubriríamos uno de los problemas de los que se hace eco el artículo de Nature: la gente no te dice dónde y con quién ha estado. Pero seguiríamos teniendo el problema de que la gente te conteste (esto es muy difícil de arreglar) y que no haya un rastreo efectivo de los contactos registrados.

El ejército de rastreadores

Aquí llegamos al punto crítico, porque evidentemente de poco nos sirven muchos datos si no se pueden utilizar. Cada país tendría que asegurarse de tener suficientes rastreadores. Suficientes en activo y suficientes en reserva. Y ahí cada país puede utilizar estrategias diferentes: voluntarios, militares, personal hospitalario… pero esos deberían ser los de reserva. La base debería ser personal contratado cuya única función sea rastrear (que no quiere decir que no puedan ser reubicados desde otros puestos).

Si el apartado anterior funcionase, un rastreador dependería muchísimo menos de la persona positiva. Incluso ante su negación a colaborar, tendría acceso a los registros de presencia en diferentes locales. Si la persona colabora y se le da el código para la aplicación de rastreo, la notificación a sus contactos sería muchísimo más rápida. Así, el rastreador podría centrarse en los contactos en otras situaciones: casa, trabajo, etc.

Por último, como bien destaca la noticia en Nature, ampliar el rango y la red de rastreo ayudaría a aislar casos. Si vamos suficiente tiempo hacia atrás podríamos identificar la fuente del contagio y explorar posibles contagios paralelos. Si aislamos y/o hacemos pruebas a los contactos de los contactos, podríamos parar la expansión mucho antes. En el caso de Suiza se considera contacto sólo si se ha estado a menos de 1.5 metros durante más de 15 minutos sin mascarilla. Esto es claramente insuficiente, sobretodo teniendo en cuenta que si se te identifica como contacto, no se hará ninguna prueba si no hay síntomas.

Test, test, test…

Personalmente creo que los cribados masivos deben ser la última opción. No es que esté en contra… pero no me agradan. Creo que generan cansancio en la población que se expone a ellos, una sensación de falsa seguridad en el barrio en el que se realiza, y que además se utilizan recursos para ellos que podrían ser mejor empleados. Si habéis participado en alguno, sabréis que normalmente el número de casos nuevos localizados en estos cribados es muy bajo.

En cambio, los cribados dirigidos son otro tema. Antes de hablar de un cribado como tal, tendríamos que asegurarnos de que se hagan test todas las personas que hayan estado en contacto, y que ese test se haga en el momento adecuado. Al igual que una persona con síntomas debe hacerlo de forma inmediata, un contacto debe hacer un test pasados al menos 5 días del contacto (estando aislado, por supuesto). Una vez cubiertos los contactos confirmados, entonces podemos hacer cribados dirigidos en aquellos lugares en los que se haya perdido la trazabilidad. Esto se está haciendo en algunos lugares. Un ejemplo típico, sería la residencia en la que hay varios positivos y no se tiene claro qué ha pasado.

¿Test y aislamiento?

Por último, vamos a aclarar por qué en algunos casos es test y aislamiento, pero en otros casos con una de las dos opciones llega. Para ello voy a introducir varias opciones con lo que sería conveniente:

  • Tienes síntomas: test y si es negativo no hace falta aislarse.
  • Eres contacto de un positivo: te aislas sí o sí.
  • No tienes síntomas aunque has estado con un positivo y no has estado en contacto con nadie desde que estuviste con el positivo: te aislas y pasados 10-15 días puedes salir. Se supone que no has puesto a nadie en riesgo.
  • Eres contacto, no tienes síntomas, pero has estado con más gente desde que estuviste con el positivo: te aislas y pasados unos 5 días desde el contacto si es posible te haces un test para saber si eres portador asintomático y hay que aislar a tus contactos.
  • Eres contacto y empiezas a tener síntomas: además de estar aislado te haces test en cuanto aparezcan los síntomas.

Después de todos esos escenarios, si hay capacidad, entonces empezamos con los cribados localizados o dirigidos y después si todavía sobra pues con los masivos. Y a poder ser, los cribados deberíamos orientarlos a los pool de saliva, porque no podemos estar todos los días tomando muestras nasofaríngeas.

¿Es un mundo ideal?

Lo que he planteado es sin duda una situación lejana de la realidad en cualquier país, pero eso no quiere decir que no sea posible. Tenemos que caminar hacia ello y tenemos que intentar que nuestros gobiernos implanten cada vez medidas mejores, porque no podemos poner todos los huevos en la cesta de las vacunas. Las vacunas tardarán más de un año en llegar a todo el mundo.

Como no todo el mundo puede confiar en los de arriba, desde aquí también os animo a que reflexionéis sobre vuestro granito de arena y os aseguréis de saber cuales son vuestros contactos en caso de que tengáis que hacer un auto rastreo de contactos, que conté cómo hacía en Suiza. A base de granitos de arena también podemos acabar con la Covid-19.

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