Nos creemos lo que nos suena bien, en ciencia también

Hoy vengo con una perspectiva un poco crítica, y es que llevo unos días reflexionando sobre nuestras actitudes respecto a los descubrimientos científicos. Nuestras de la sociedad, y también de otros científicos. Porque a veces en ciencia nos creemos cualquier cosa. El tema lleva tiempo en mi cabeza, pero hace unas semanas empecé a prestarle más atención tras leer un artículo que hablaba de las crisis de reproducibilidad. Tras escuchar en una charla a Francisco Javier Alonso (@javiereando), me decidí a hablar sobre ello. No es que traiga soluciones, más bien traigo la reflexión, mezclando tanto las conclusiones del trabajo presentado en su charla como en el artículo que previamente había leído.

En las redes sociales nos dejamos llevar por la fama de las revistas

Hace no demasiados días me topé con numerosos comentarios que decían que era evidente que el estudio de combinación de vacunas español estaba bien. Porque lo iba a publicar The Lancet y además Nature se había hecho eco de ello. El estudio sigue siendo exactamente igual, pero muchas personas se han posicionado al leer dónde se iba a publicar. Es más, varias personas han cambiado su opinión respecto al estudio.

De la misma forma, como decía @javiereando, se da más repercusión a los artículos científicos que se publican en revistas de mayor impacto. Esto es en parte porque esas revistas también tienen más recursos para dar visibilidad, pero además muchos usuarios colaboran. Se destacan artículos por estar en una revista concreta.

Pero en Twitter lo de comentar los artículos tiene un gran sesgo. Al final siempre puede más la trinidad (NSC: Nature, Science, Cell) y ahora The Lancet. Tanto que muchos no valoran revistas de menos impacto, al punto de que tenemos ciertas personas con mucho impacto mediático que abiertamente se ríen de aquellos artículos que se publican en revistas poco conocidas, y que no se atreven a decir una palabra de un artículo mientras es un preprint, pese a ser supuestos «expertos». Pues qué queréis que os diga, si yo veo un preprint sobre la estructura de la espina del coronavirus unida a un potencial medicamento, yo ese artículo lo puedo valorar y puedo decir si esos resultados son sólidos o no. Se supone que para eso he estudiado y trabajado en temas muy cercanos a eso durante muchos años.

Si hemos llegado hasta aquí y quien me lee sigue pensando que va a creer lo que publiquen esas revistas siempre… pues recordemos que esas revistas también la pifian. Que el artículo que hizo que muchas familias no quisiesen vacunar a sus hijos fue publicado en The Lancet. Y tardaron demasiado en retractarlo.

No solo es Twitter. Los científicos nos dejamos impresionar

El problema es que hasta cierto punto es normal que alguien que sabe de virus lo que yo sé de agujeros negros carezca de capacidad para decidir, por lo que confía en lo único que tiene delante medible: el índice de impacto de la revista. Y el resto vamos a estar influenciados queramos o no, porque no podemos revisar todas las revistas y por extensión vamos a comentar más lo que comentan el resto.

El problema es que los científicos, en los artículos científicos, cometemos errores similares. Nos dejamos llevar por las cosas más vistosas y las citamos más. O al menos eso dice el estudio que enlacé arriba. Por supuesto, cuando algo tiene pinta de ser muy vistoso, es probable que consiga publicarse en una revista con más impacto, que al ver el artículo va a imaginar la cantidad de citas que van a llegar. Así, si cuentas algo muy llamativo, aunque no tengas tanta base en tus datos para ello, conseguirás publicar más alto, y como es llamativo, llamarás la atención y te citarán más. En cambio, si no te quieres precipitar ni sacar conclusiones para las que no tienes demasiados datos, pues publicarás peor. Y eso, teniendo los mismos resultados, solo en función de cómo los presentes.

Esto lleva, de forma nada inesperada, a que los artículos que menos se pueden reproducir son los que tienen más citas. Incluso cuando otros han reproducido lo mismo con más datos o, algo que es mucho peor, cuando alguien ya ha desmentido que se puedan sacar esas conclusiones de esos datos. Mal que nos pese hay artículos retractados que todavía reciben citas años después. Eso es que nos creemos cosas que dicen ser «ciencia» y no siempre son tal, y nos cuesta asumir el error.

fotografías de libros de texto
Creemos cosas «de ciencia» cuando nos suenan bien

Hay científicos influencers, y no es bueno

También me gustaría comentar el papel de los científicos que funcionan más como influencers que como lo que deberían. Personas que por una razón X han saltado a la fama y que de repente tienen el camino más fácil. Como son famosos, las revistas van a publicar sus artículos más fácilmente, ya que atraerán visitas. Y citas, claro. Si además es famoso porque ha hecho algo un poco controvertido… pues más, porque también llegarán los que vengan por curiosidad. Y conste que lo que destaco es que publiquen sin jugar en las mismas condiciones, o cuelen cosas que carecen del rigor necesario.

Pero tampoco es que tengas que salir en la tele para ser científico influencer. Basta con que en algún momento hayas publicado un par de artículos muy destacados, ya serás para mucho tiempo alguien a quien «merece la pena publicar». Y si no me creéis, pensad en la cantidad de veces que se ha hablado del «trabajo de Fulanito» sin pensar en qué ha hecho o no porque, tal y como dicen muchos comentarios «su trabajo ha sido siempre excelente». Incluso aunque te rodee un gran escándalo, te publicarán con facilidad y habrá quien defienda tu artículo con uñas y dientes sin haberlo leído.

Los científicos influencers llegan hasta tal punto que, si acceden a ciertos puestos de poder, podrán publicar en algunas revistas saltándose algunos de los pasos que el resto de mortales tendríamos que seguir. Y mirad todo lo que hay cuando ni siquiera hemos tocado el tema del dinero que tiene cada uno y cómo a algunos les llueve cuando otros mendigan.

Pensando dos veces antes de abrir la boca

Visto todo esto, quizá deberíamos replantearnos lo que hacemos. Los científicos, los que comunicamos ciencia, y el resto. Yo no solo comento artículos de revistas gordas, aunque sí es cierto que de esas vienen más. Así que me comprometo a hacer un esfuerzo por dar visibilidad también a otros trabajos que, aunque no se hayan publicado en una revista de alto impacto, considero que están muy bien y merecen ser comentados.

Tenemos que reflexionar sobre a quién creemos en la ciencia. No solo es confiar ciegamente en Science o Nature, es que a veces se confía ciegamente en alguien que se dice que es una persona experta en un tema y nadie parece haber comprobado tal cosa. Y me llama la atención que nadie levante la voz preguntando «experta en qué, vamos a ver». Porque alguien se especializa en lo que ha estudiado, en lo que ha trabajado, en lo que sabe. No en aquello de lo que opina en un plató de televisión. Hablar en la tele no te convierte en una persona cuya investigación de repente sea buena, si antes no lo era. En España tenemos muchas personas expertas en temas muy diversos, que no han recibido el reconocimiento que deberían a nivel internacional, pero que no siempre son las personas que hablan de esos temas.

Ahora que ya me he metido en un fregado gordo, vuelvo a esconderme a mirar artículos. Si te parece interesante comparte, pero léete las referencias también, que esto es una opinión y los expertos son los que he citado arriba. Si te he hecho pensar puedes dejar comentarios, que serán bien recibidos siempre que nos escribamos desde el respeto. Y además, si quieres apoyarme y ayudarme a soportar las críticas que me puedan caer por quien se dé por aludido… entonces puedes invitarme a un café:

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