No eres tú… los animales han cambiado de color en la ciudad

Una de esas sensaciones recurrentes de alguien que creció en el campo y se muda a la ciudad es que las cosas tienen menos color. Los animales tienen menos color que en el campo, son más sosos. Pero normalmente nos quedamos con la idea de que eso es una sensación más.

La realidad es que no estamos locos. Efectivamente, existen varios estudios de animales que han ido cambiando poco a poco su color. Ese cambio se ha producido delante de nuestros ojos, pero ha sido lento y no nos hemos dado cuenta. Pero nos queda ese recuerdo, esa sensación de que antes los colores eran distintos. ¿Será que nuestra memoria aviva el color de los animales?

De la polilla a los pajaritos: animales que cambian de color

El caso más conocido por todos que sabemos que no es locura nuestra es el de la muy famosa Biston betularia. Aquella polilla había oscurecido su color en la Inglaterra industrial. Se había adaptado. Es uno de los ejemplos más clásicos de la evolución en nuestras narices, ya que en un entorno en el que todo era oscuro por la capa de polución depositada, pues las polillas oscuras tenían una clara ventaja evolutiva y vivían mejor. Por extensión, la probabilidad de reproducirse y que su descendencia oscura llegase a adulta aumentaba. Y así, poco a poco las polillas claras fueron desapareciendo y todo eran polillas oscuras.

Pasado un tiempo, cuando empezamos a pensar que aquella boina de humo quizá no era lo más sano y se empezó a limitar la contaminación y se limpiaron las capas de hollín de los edificios, poco a poco las polillas claras volvieron, ya que aquella ventaja se había perdido. Pero esto también ha pasado con otros animales. Aunque destacan los insectos, quizá lo que hemos estudiado que es muy vistoso son las aves. ¿Cambian los pajaritos de color?

Los colores ya no son tan vivos

La sensación que solemos tener con aves es que los colores han perdido «vida». También nos pasa con algunos insectos, pero es que los insectos que tienen colores más vivos directamente no los vemos en las ciudades. Pero algunos pájaros sí, y ahí vemos que aquel verde tan vivo es más apagado de lo que era en nuestra cabeza. ¿Es eso cierto?

Aunque podamos creer que nuestra memoria nos juega malas pasadas, efectivamente en las ciudades los colores de las aves no son tan vivos y brillantes como en el campo. Hay numerosos estudios que muestran este efecto. Se ha observado en ciudades de todo el mundo y además muestra una correlación con los niveles de contaminación.

El color de los animales depende de varios factores

Pese a que conozcamos el ejemplo de la polilla, no siempre es así. A veces tendemos a querer simplificar las cosas, pero como para casi todo, lo que vemos depende tanto de la genética como del ambiente. En este caso, una parte de la pérdida de color se debe a que sobre las plumas de los animales hay una capa de partículas de esas que nosotros emitimos y que igual que se depositan en las fachadas de los edificios, se depositan sobre animales, que se las quitarán mejor o peor.

Polilla sobre el tronco de un árbol
Las polillas se adaptan, para seguir dando asco

Por otra parte, tenemos el factor genético y la supervivencia. Es normal que aquellos animales que se mimetizan mejor sobrevivan mejor. Pero todo apunta en una línea con una tendencia similar: el mundo se vuelve soso y aburrido. Los colores vivos ya no son tan vivos, los animales tienen su color apagado. Además, por si apagarse no fuese suficiente, en paralelo tenemos que esos colores se oscurecen. El blanco ya no es blanco, es blanco roto, y ya no brilla. La contaminación hace que los colores sean más tristes.

Hay estudios, pero no son suficientes

Aunque esto se ha analizado para muchos ejemplos, faltan datos de una parte considerable del mundo. Y es importante, ya que del hemisferio sur hay muy pocos datos, pero es donde situamos una gran diversidad de animales con colores vivos y llamativos, que se mimetizarían muy mal en entornos urbanos. Quizá es porque hay más espacios no urbanizados…

Os cuento esto porque se publicó hace poco una revisión de la situación actual, de los ejemplos que conocemos, de los datos que hay, y de que deberíamos ser conscientes del problema. Podéis encontrarla aquí (con muro de pago): United colours of the city: A review about urbanisation impact on animal colours, pero sin duda, si queréis un resumen, nada mejor que esta imagen que acompaña al artículo y que twitteó el autor:

A mi todo esto me ha resultado muy interesante y desde que lo leí miro a los animalillos con otros ojos… ¿Y tú? Si crees que debemos ser conscientes de estos problemas para poder pensar en arreglarlos, entonces te pido que compartas esta entrada. Además, si quieres que siga informándote de otros avances e historias, entonces te pido que apoyes mi trabajo, por ejemplo, invitándome a un café:

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