Mi tercera (quinta) dosis, otra de Pfizer

Como en su momento había contado aquí como había ido avanzando mi vacunación, vuelvo una vez más a contar qué es lo que ha ocurrido con la última dosis. La última por ahora, porque yo ya no sé si habrá más o no. Recordemos que esta es mi tercera dosis de Pfizer, quinta en el cómputo global al añadir las dos que había tenido antes de Curevac.

Mi idea sobre la tercera dosis

Mucha gente me ha preguntado qué opino sobre la necesidad de una tercera dosis. La verdad es que no creo que sea necesaria para evitar la enfermedad, y si estuviésemos tratando la Covid como cualquier otra enfermedad, probablemente no habríamos llegado a esta dosis. Con dos dosis cualquier persona bastante sana está suficientemente protegida de una enfermedad grave.

Dicho eso, la tercera dosis hará que tengamos anticuerpos «frescos» durante un tiempo. Recién generados y circulando por nuestra sangre. Por lo tanto, si entramos en contacto con el virus, será más probable que evitemos el contagio y por extensión la enfermedad, aunque fuese a ser leve. A eso hay que añadirle que si el virus no consigue establecerse en nuestro cuerpo, no podremos contagiar a terceros.

Por lo tanto, aunque personalmente yo creo que si me contagiase pasaría la enfermedad de una forma leve, teniendo en cuenta la incidencia actual del virus ponerse la tercera dosis ayudará a limitar los contagios también entre las personas que me rodean. Y da igual cuantas dosis tenga, el caso es que hace 6 meses de mi última dosis y por lo tanto no tengo anticuerpos circulando a lo loco por mi sangre. Me la he puesto para que vuelvan ahí y limitar todo lo posible que si yo entro en contacto con el virus no se lo pase a otras personas.

La experiencia de la dosis extra

Aunque en principio podría haber ido a un centro de vacunación más cercano, opté por la comodidad de ir a un sitio que me quedase cerca de la oficina, y ese sitio era el WiZink Center. Había escuchado muchas historias sobre colas en las rondas anteriores, pero tengo que decir que la experiencia ha sido buena.

Llegamos, nos escanearon el código en la puerta, nos dieron un ticket con número de vacunación y en menos de un minuto nos asignaron un puesto de vacunación. Hablo en plural porque éramos dos y todo fue en pack, porque nos vacunó la misma enfermera. En el puesto nos escanearon de nuevo el código, confirmaron que los datos del registro estuviesen bien y mientras la impresora sacaba el certificado ya empezaron a pincharme. Antes de que saliese el papel yo ya tenía el esparadrapo en el brazo, y al ser una vacuna que no me había dado reacción antes, podía irme a casa. Porque sí, me pusieron Pfizer. De entrar por la puerta a estar saliendo, ni cinco minutos.

Imagen de una enfermera preparando una jeringuilla con la vacuna
Tercera dosis para todos…

El día después…

Si habéis seguido mi historia previa sabréis que he tenido reacciones de todo tipo, tanto con las dos dosis del ensayo de Curevac como después con las dos dosis oficiales de Pfizer. Además, esta vez me vacuné por la tarde, lo que rompía todos mis esquemas de cálculo temporal de la reacción.

El mismo día no tuve nada. Un poco de malestar por la noche que me hizo tomarme un paracetamol al irme a dormir. Lo malo empezó al día siguiente, porque pese a mi negación durante la mañana, al mediodía era evidente que tenía fiebre y el estómago muy revuelto. Así me quedé todo el día, con paracetamol para intentar controlar la fiebre que se mantuvo constante entre 37-37.5 (con paracetamol, sin él a saber). Al día siguiente eso se me había pasado.

Lo que sí fue nuevo esta vez fue el dolor. Ya desde el momento del pinchazo empecé a notar malestar en el brazo, lo que achaqué más al peso que llevaba en la mochila. Pero al día siguiente el dolor fue a más, con mucha molestia pero no en el lugar del pinchazo, que ni siquiera estaba caliente. La molestia la notaba más bien en el hombro, pero se centraba en la axila y hacia el pecho, lo que yo identifiqué como cierta inflamación en el ganglio. En ningún momento noté que el ganglio hinchase, pero sí mucho malestar en la zona, que a ratos se me pasaba hasta que movía el brazo y entonces recordaba que dolía. La molestia fue intensa durante las primeras 48 horas y poco a poco se fue resolviendo.

¿Y ahora?

Pues dada la situación, no descarto que pueda haber más vacunas. Espero que si se da el caso sea ya una versión optimizada de la vacuna, pero a saber. No tengo nada en contra de las dosis extra porque a nivel personal creo que me compensa pasar un par de horas un poco machacada si eso me genera cierta tranquilidad después. Pero poner por poner tampoco, preferiría que no caigamos en ponerlas a lo loco a todo el mundo, porque no dejan de ser recursos que se usan para eso en lugar de usarse para otras cosas. ¿Volveré a contar que me he pinchado de nuevo? Probablemente, pero espero que dentro de mucho tiempo.

Todavía me duele el brazo a ratos, si queréis darme apoyo moral podéis hacerlo en forma de café:

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