Vamos a empezar aclarando qué es el remdesivir, porque aunque quizá hayáis leído por ahí la palabra, es posible que no sepáis de qué se trata y por qué ha aparecido en medio del lío del coronavirus. El remdesivir es una molécula que describimos como un análogo de nucleótidos, porque “se parece” a los nucleótidos presentes en nuestro ADN y ARN. Se parece a rasgos muy generales, pero tiene ribosa, que es lo más característico. Fue descubierto por Gilead, una de las grandes farmacéuticas, y se sabe que tiene actividad antiviral de amplio espectro. Pero como es algo reciente, no sabemos cómo de amplio es ese espectro.

En el pasado ya se había comprobado que funcionaba para tratar a animales infectados con MERS-CoV o SARS-CoV (ahora SARS-CoV-1). Hace poco, se demostró que in vitro funcionaba contra SARS-CoV-2 (el que causa COVID-19), y que además el virus no muta fácilmente para escaparse.

Este punto de las mutaciones es importante, porque dependiendo de cómo funcione la inhibición, si las zonas implicadas del virus son susceptibles a acumular mutaciones rápidamente, sabemos que pasado un tiempo el antiviral dejaría de funcionar, pero parece que no es el caso.

Lo que pretendían en este estudio era ver el efecto in vivo, y para eso se utilizaron monos, concretamente Macacus rhesus, que es el mono típico de laboratorio. ¿Por qué en monos y no en ratones? Porque los ratones no se infectan por las buenas con nuestros coronavirus y, sobretodo, no replican la enfermedad. Si queremos analizar el cuadro clínico, la mejor opción es hacerlo en monos, porque mejor primero en monos y no directamente en humanos. Ahora veréis por qué. Y sí, el punto uno es que tuvieron que infectar a los monos con el coronavirus.

No me digáis que los monos no son monos…
Imagen de pixabay.com

Para administrar el remdesivir a los monos ajustaron la dosis al peso, de una forma similar a la dosis que se utiliza en humanos. Recordemos que el remdesivir ya se está estudiando en ensayos clínicos en humanos, porque sabemos que en principio es seguro. Para el análisis utilizaron 12 monos (sí, 12), seis con tratamiento y seis a los que les dieron la misma solución pero sin añadir el remdesivir. Y para que el estudio fuese “ciego”, los investigadores que tomaban las muestras de los monos y analizaban su evolución no sabían si el mono había sido tratado o no (así se evitan sesgos). El resto de los métodos no nos hace falta profundizar en ellos para entender los resultados generales, e iré explicándolos con los resultados cuando sea necesario.

El primer paso en este tipo de estudios es comprobar que el remdesivir llega a donde tiene que llegar y se metaboliza correctamente, cosa que por suerte salió bien. En paralelo, empezó el análisis de los síntomas clínicos, para lo que los investigadores iban dando una nota a cada mono, de forma que cuantos más síntomas, más alto era el número. En el análisis hecho 12 horas después del tratamiento, los monos que habían sido tratados con remdesivir ya mostraban un valor significativamente más bajo, por lo que estaban mostrando menos síntomas.

Además de ver cómo estaban en general, también se tomaron muestras de diferentes partes del cuerpo. En sí, todos hemos leído que el virus está en la garganta y que luego pasa al pulmón, pero ¿qué pasaba en los monos? Curiosamente, en las de nariz, garganta y recto, los niveles de virus eran equivalentes en todos los monos, independientemente del tratamiento, pero en el tracto respiratorio bajo (pulmones a efectos) la cosa cambiaba: los monos que sí habían recibido el medicamento tenían significativamente menos virus. Además de ser significativamente menos, los investigadores no fueron capaces de hacer que esos virus se reprodujeran aunque se detectaron por qRT-PCR (esta técnica detecta presencia pero no viabilidad, así que los virus podían estar ya “muertos”).

Una de las cosas que también nos preocupa mucho son las lesiones pulmonares, porque sabemos que en humanos la neumonía bilateral es lo que te pone en mal camino. En sus resultados, solo uno de seis con tratamiento mostró lesiones en los pulmones, mientras que todos los del grupo control tenían lesiones. Para poder hacer este tipo de análisis hubo que sacrificar a los monos, así que entenderéis que esto no se puede permitir hacerlo en humanos.

Si analizamos en detalle los datos que presentan en las figuras, podemos ver además que incluso en el grupo control, los niveles de virus infectivos están al principio en la nariz y la garganta, y pasados los primeros días avanzan hacia los pulmones. Por otra parte, la cantidad de virus en las heces es muy baja incluso sin tratamiento, y aunque se detecten por qRT-PCR, pocos son infectivos.

Las conclusiones de este estudio apoyan la teoría que cada vez va cogiendo más fuerza de que el remdesivir es una buena opción para el tratamiento, aunque quizá necesitemos complementarlo con otros medicamentos. El análisis de las muestras del tracto respiratorio de los monos nos proporciona una imagen que no podemos obtener en los humanos, pero también sabemos que no todo se puede extrapolar y hará falta más información. Por otra parte, es evidente que la muestra es muy pequeña, pero teniendo en cuenta el tipo de muestra, no vamos a sacrificar más animales de los necesarios. Eso sí, el tratamiento aquí se usó desde el principio de la infección, 12 horas después de la infección (en los monos va más rápido), lo que indica que habría que darlo lo antes posible al detectar los síntomas.

¿Qué será lo próximo? ¿Se confirmarán los resultados? Yo estaré pendiente, para poder compartir todos los avances.

El preprint, si os animáis a leer el artículo completo, lo podéis encontrar aquí: Clinical benefit of remdesivir in rhesus macaques infected with SARS-CoV-2

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