Los elefantes se nos van a morir de hambre

Nos quedan pocos lugares en el mundo en los que todavía vivan grandes animales, y ni siquiera se puede decir que vivan tranquilamente. Se quedan aislados en las pocas regiones en las que no hay actividad humana y, pese a ello, sabemos que tienen a los humanos cerca. A veces demasiado cerca.

Para poder avanzar en la conservación y recuperación de estas especies, es imprescindible conocer sus problemas. Al igual que para nosotros, para ellos el cambio climático es un problema. En un artículo reciente, un grupo de investigadores analizaron la disponibilidad de frutas para los elefantes en el Parque Nacional de Lopé, en Gabón. Sus resultados se publicaron en Science: Long-term collapse in fruit availability threatens Central African forest megafauna y no son demasiado alentadores.

Cómo hacer un estudio del pasado

Ante las sospechas de que el incremento de temperatura debido al cambio climático podría estar afectando a la disponibilidad de frutas, los investigadores buscaron la forma de recopilar datos de los últimos años. Aunque sí existen datos sobre las plantas, lo que no se sigue tan bien es la población de elefantes… a no ser que seas un turista con una cámara. Así, recopilaron un montón de fotografías de elefantes de los últimos 30 años y analizaron los cambios en la población. ¿Están los elefantes más delgados?

Para correlacionarlo con las frutas, no sólo analizaron si había frutas o no. Se tuvo en cuenta si había frutas maduras disponibles, o si no llegaban a florecer ( y por lo tanto no podían dar frutos), o si directamente no había árboles. Los resultados, aunque sabemos esto de que correlación no implica causalidad, no son alentadores.

foto de elefante
Con fotos así se estudian elefantes

Cada vez hay menos frutas para los elefantes

Aunque los datos muestran que la caída ya viene desde 1987, que es el primer año con datos, se acentúa en los últimos años. La caída en la capacidad para encontrar fruta cae hasta un 80%, pero si nos centramos en las especies que son más relevantes, llega casi hasta un 90%. ¡Un 90% menos de fruta!

Además, analizando qué hay o no hay en cada momento, se ve que el problema principal es la fruta. Aunque sí hay menos árboles, parece que el problema principal está en la fruta. Es decir, en la reproducción de los árboles, en la aparición de nuevos árboles. Y es que en muchos casos, las semillas requieren una caída en las temperaturas para saber que toca germinar, y las caídas en temperatura no son suficientemente acentuadas. Es una hipótesis, pero es perfectamente posible. Además, llueve mucho menos, por lo que el crecimiento es cada vez más complicado.

Eso respecto a la fruta, pero… ¿y los elefantes? Pues su masa corporal ha caído también durante estos años. Normal, si no tienen comida… adelgazan. Si tenemos en cuenta los últimos 10 años del estudio (de 2008 a 2018), la caída era de un 11%. Y un 11% de condición física en un elefante es mucha caída. Además, cada vez se nota menos las diferencias entre el verano y el invierno, porque están todo el año con pocos alimentos disponibles.

Tenemos que cuidar a los elefantes… y al resto

Aunque quizá muchos no vean un gran problema aquí, es evidente que esto es una señal muy clara del problema. Incrementos de temperatura continuados van a acabar por destrozar ecosistemas más pronto que tarde. No se trata de que los elefantes coman menos, se trata de que no pueden reproducirse. De que estamos llevando a un montón de especies a la extinción, pero de una forma diferente. Y lo peor es que los animales grandes son los que más pueden equilibrar y sobrellevar malos momentos, por lo que a saber qué le estamos haciendo a otras especies.

Sin duda es necesaria una respuesta internacional, que nos implique a todos. Para salvar a los elefantes. Para salvar su fruta. Y para salvar esta bola achatada por los polos que parece que queremos destrozar.

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