¿Limpiamos de más? A veces. Higiene, Covid y teatro

Hace un par de años estaba muy extendida la idea de que había que limpiar la casa, pero lo justo, porque era bueno que los niños estuviesen expuestos a los microbios para que se desarrollase su sistema inmune. Mientras algunos intentábamos explicar que microbichos en casa sí, pero los justos, la cosa rápidamente se nos desmontó a todos cuando llegó el coronavirus y de repente ya no era que tuviésemos que limpiar todo, es que teníamos que desinfectar cada caja de cartón que entrase en nuestra casa. El teatro de la higiene en tiempos del Covid. Quienes me han leído (y especialmente los que me han escuchado), saben que yo siempre pensé que eso era una locura innecesaria y hasta peligrosa, pero también saben que de base limpio más o mejor dicho… diferente.

De la limpieza a la esterilización

Tras muchos años en un laboratorio, en mi cabeza están grabadas a fuego las diferencias entre los diferentes procesos que llevamos a cabo en eso que generalizamos como «limpiar». En lenguaje común, limpiar es quitar la roña, pero no quitar los bichos. El siguiente paso sería higienizar, y ahí ya quitamos algunos de los bichos. Después tenemos desinfectar, proceso en el que eliminamos la gran parte de los microorganismos a base de inactivarlos (aunque no siempre eliminarlos totalmente) y en el extremo más extremo, tenemos la esterilización, en la que nos aseguramos de que no queda ningún microorganismo vivo.

Si lo ejemplificamos con la encimera de una cocina, limpiar implica pasar un paño. Higienizar pasar el paño con un multiusos estándar. Desinfectar implica que el paño en cuestión lleve lejía. Esterilizar implica que después de todo eso le pones una lámpara ultravioleta encima. Como queda claro en ese ejemplo, esterilizar es algo que es necesario en un quirófano, pero no en nuestra cocina. Pero aunque no nos haga falta el ultravioleta, quizá necesitamos más un limpiador desengrasante. Seguro que habéis visto más de una vez una mesa de bar que está «recién desinfectada» con Sanytol y un paño… pero tiene cosas pegadas. A eso volveremos después.

Bichos buenos…

Volvamos a lo de que hay que exponerse a microbios para desarrollar el sistema inmune. Podríamos decir que eso es cierto, pero que tiene algunos matices. Y es que no todos los microorganismos son iguales. Aunque algunos pueden ayudar a que nuestro cuerpo mejore su respuesta en el futuro al mismo organismo (si se ha expuesto antes a cantidades mínimas) o a otros (por una serie de mecanismos cruzados que todavía no entendemos del todo), hay otros microorganismos ( y toxinas) que nos hacen mucho más mal que bien. Por lo tanto, lo lógico sería exponernos de forma limitada a los que nos aportar un beneficio y evitar al máximo los que no nos van a aportar nada bueno.

Entre los microorganismos que son beneficiosos tenemos aquellos que heredamos de nuestra casa. Una parte nos los da nuestra madre al nacer, y después vamos adquiriendo más del resto de la familia (mascotas incluidas). Pasado un tiempo, todos los que vivimos bajo un mismo techo compartimos una microbiota común. Y sí, esto se suele pensar más para los niños recién nacidos que son los que nos preocupan más, pero también cambiamos nuestra microbiota cuando nos vamos a vivir con nuestra pareja, y la alteramos ligeramente cuando nos mudamos.

Digo que nos exponemos a microorganismos nuevos al mudarnos, y no siempre son buenos. Una exposición limitada a los que nos podemos encontrar en el campo podría ser beneficiosa, pero tampoco se trata de comer tierra a puñados. He dicho exposición controlada. Porque además, ahora nos vacunamos, y las vacunas cubren mucho de lo que antes se hacía a ciegas. En cualquier caso, queramos o no, en los patios de los colegios (o guarderías) la exposición sigue siendo muy poco controlada, como bien sabemos dadas las enfermedades que los niños llevan a casa. O llevaban, en el mundo pre-Covid.

… y bichos malos

Desde luego, hay cosas que hay que evitar. Lo primero de todo, y desmontando la teoría aquella inicial, hay que evitar tener la casa sucia. Ya nos exponemos a los microorganismos de los convivientes y de la naturaleza, no necesitamos un caldo de cultivo en la encimera de la cocina. Además, hay que poner especial atención en los hongos, que hay que eliminar a toda costa. Por alguna razón que desconozco, la idea de que no pasa nada por tener un moho en la pared está muy arraigada, y ese moho puede matarte, especialmente si eres un niño pequeño. No dejéis al moho feliz en la pared… pero cuidado con cómo se elimina.

Aunque hay que limpiar, sí hay un potencial peligro de limpiar «de más». Y es que a veces no limpiamos correctamente. Especialmente con la obsesión por desinfectar en lugar de limpiar o higienizar, en algunos casos nos pasamos con los productos de limpieza. Así, aunque los niños no desarrollan alergias por «falta de exposición», las desarrollan por «exposición descontrolada a tóxicos». Recordemos que los productos de limpieza, especialmente aquellos que insisten en ser muy potentes y muy desinfectantes, si pueden matar cualquier clase de bicho, también pueden matar humanos, que somos otro bicho más. Harían falta cantidades mayores, pero lo que utilizamos puede ser suficiente para una reacción alérgica en niños pequeños. Muchas dermatitis en casas muy limpias vienen de los productos de limpieza.

Exponerse de forma controlada y sin teatro

Poniéndolo todo en conjunto, podemos concluir que nunca se van a eliminar microorganismos de más de las casas, porque de otras formas nos expondremos igual, así que está bien lo de limpiar, pero sin que por ello nos expongamos a sustancias tóxicas. Además, la exposición va a ser mucho más controlada, porque en una casa sucia puede haber grandes concentraciones de un patógeno concreto, que puede resultar mucho más problemático.

Para mantener ese equilibrio, lo adecuado es limpiar evitando el teatro. Centrarnos en mantener la casa limpia, sin roña, pero sin obsesionarse con la desinfección (y mucho menos con la esterilización). Hay que desinfectar las superficies más expuestas de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo lo que debemos es higienizar, ya que en una casa limpia no se van a acumular grandes cantidades de patógenos y, además, sobreviven muy poco tiempo. Más allá de las superficies que tocamos con manos que van a ir a la cara, el resto no tiene mucho sentido desinfectarlo: fregar el suelo del salón con lejía te dejará la casa apestando, pero no va a evitar que te resfríes. Fregar el suelo con lejía es teatro, lavarte las manos con agua y jabón es lo correcto… y esto nos suena de algo.

Covid y el teatro de la «higiene»

Aunque hace ya años que vemos ciertas acciones teatrales, llegando al punto de que hay lugares en los que se preocupan más de que «huela a limpio» que de que no haya roña en cada esquina, el punto álgido lo alcanzamos con la pandemia. Puedo entender el pánico inicial y que, sin saber qué es lo correcto, se optase por medidas como la desinfección de calles, parques, etc. Pero pasados los primeros días, eso ya no tiene explicación. Dejando a un lado que el virus rara vez se transmite por contacto con superficies, lo que deberíamos tener claro es que no nos vamos a contagiar por pisarlo en la calle.

Sí es cierto que la limpieza de calles tiene otros fines, pero entonces tenemos que limpiar de verdad, en lugar de vaporizar un desinfectante. Ese spray en bancos, papeleras, aceras o parques infantiles no va a eliminar nada que nos pudiese contagiar, pero sí puede acabar suponiendo un problema si acaba en la boca de los niños. Un ayuntamiento no debería rociar calles con desinfectante, debería mantenerlas libres de basura, limpiarlas de vez en cuando y asegurarse de que sus habitantes pueden lavarse las manos con agua y jabón. O hasta poner dispensadores de gel para los momentos en los que no hay ni agua ni jabón.

Cubo de limpieza con paños y productos de limpieza variados
Pensemos en qué productos usamos para mantener la higiene en tiempos de Covid

Pero no es solo el rociado de calles con lejía (póngase aquí cualquier desinfectante). También podemos pensar en los bares que han tomado ya como costumbre, y lo destacan como parte de su protocolo Covid, eso de limpiar todas las mesas con un paño con desinfectante. Si observamos detenidamente el proceso vemos que un mismo paño puede pasar por una veintena de mesas y el protocolo es muy básico: spray en el paño o en la superficie, mover un poco el paño, y ya está. ¿Qué quedan migas en la mesa? No pasa nada, no hay Covid. ¿Qué queda un pegote de grasilla del cliente anterior? Tampoco pasa nada. ¿Qué usamos el mismo paño para 20 mesas y sus 50 sillas? Pero eh, que hemos puesto desinfectante. Y en la entrada tenemos un bote de gel con gel reseco goteando.

En cambio, si nos dirigimos al baño quizá no encontremos jabón, y tampoco nada para secarnos las manos, ni papel higiénico. Pero ese bar tendrá su distintivo del protocolo de higiene Covid porque limpia el asiento de tu silla con un paño con un desinfectante. Y esto pasa en muchos bares en muchos países. Y en cosas que no son bares. Observad el protocolo cuando salgáis a cualquier cosa a ver qué hacen en cada lugar… ganará el teatro por goleada. Si hablamos de arcos desinfectantes, máquinas de ozono, o de peróxido de hidrógeno, o de hidroxilos… entonces eso ya es de Goya.

Resumiendo…

Hay que dejar el teatro de lado y limpiar con cabeza, pero limpiar. No beber lejía (ni figurada ni literalmente). Al final la solución más sencilla es la que mejor funciona: mantener todo medianamente limpio y lavarse las manos con frecuencia. Ventilar, que ya decía mi abuela que había que ventilar para no enfermar. A los «bichos buenos» nos exponemos cuando salimos al campo, y nos exponemos al vivir con otra gente. A los malos, nos exponemos de forma controlada con vacunas, o en pequeñas cantidades en la vida diaria. Y a la roña, los mohos, y los tóxicos, no tenemos que exponernos sin necesidad. Al limpiar hay que seguir las instrucciones, usar la cantidad recomendada (más no es mejor), y aclarar correctamente. Y ventilar mientras se limpia. Y los niños… los niños desarrollarán su sistema inmune perfectamente en una casa limpia. Por desgracia, en la calle el teatro continúa.

Todo esto no me lo he inventado yo, la información sale de aquí: Microbial exposures that establish immunoregulation are compatible with targeted hygiene

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