Las células embrionarias en las vacunas

Aunque este tema es muy extenso y me gustaría también dedicarle un Bacteriófagos en el futuro, quizá es un buen momento para hacer un resumen de qué son y de dónde vienen las líneas celulares embrionarias y cual es su papel en las vacunas.

Sobretodo en las últimas semanas se han «filtrado» un montón de noticias que dicen descubrirnos la gran verdad sobre el origen de las vacunas y cómo para las vacunas se utilizan células embrionarias, o incluso que dentro de las vacunas hay células embrionarias.

Es cierto que durante el desarrollo de las vacunas es común utilizar cultivos de células embrionarias. En algunos casos para reproducir los virus que son realmente la vacuna, en otros para comprobar la actividad de la vacuna sobre esas células.

Qué es una línea celular

Una línea celular es un conjunto de células que derivan todas de una muestra inicial. En principio, todas las células van a poder dividirse un número determinado de veces antes de que se empiecen a observar signos de senescencia, de envejecimiento. Esa senescencia ocurre incluso cuando hemos tomado la muestra inicial y todas las divisiones han ocurrido en un laboratorio.

En cambio, en algunos casos esas células no van a envejecer jamás, y serán inmortales. ¿Cómo se obtienen células inmortales? Pues si la muestra inicial procede de un tumor. El caso más conocido de una línea celular inmortal que se utiliza en todo el mundo son las células HeLa, que derivan del tumor de Henrietta Lacks a la que no se informó ni se recompensó por la muestra.

Otra de las líneas inmortales famosas es la HEK293. Y esta es quizá la línea celular que más se ha repetido que afecta a las vacunas de Covid-19.

Las células embrionarias HEK293 y las vacunas

Esta línea celular deriva de células de riñón de embrión humano (human embryonic kidney). Y sí, el número 293 se corresponde al número de experimento, pero no quiere decir que hubiese 293 muestras embrionarias. Realmente, en este caso, lo que ocurrió fue que una línea previa de células embrionarias, se realizaron una serie de experimentos de transacción de adenovirus (alterando las células). Pero las células venían de una única muestra, de un único feto.

Esto ocurrió en el año 1973 y no tenemos claro el origen del feto, pero sabemos que vienen de una muestra única. Desde entonces, todas las células HEK293 derivan de aquel experimento, y jamás se han vuelto a tocar otras células que vengan de otro feto. Estas células se utilizan frecuentemente en ensayos preclínicos para ver el efecto de una vacuna o de un medicamento sobre las células.

Las células WI-38 y MRC-5 y las vacunas

Las células HEK293 no son las únicas. Existen otras dos líneas celulares, la WI-38 y la MRC-35 que se utilizan para replicar vacunas. Además, en este caso hay que destacar que no son células inmortales, son células «normales». Y aunque en la actualidad existen muchas más opciones, éstas son famosas por haber estado disponibles desde hace mucho.

Las células WI-38 proceden de un feto cuyo aborto ocurrió de forma voluntaria en 1962 en Suecia y se guardaron y utilizaron sin el permiso de la mujer que había abortado. Algo similar ocurrió con las células MRC-5, que se aislaron en 1966. En este caso, el feto tenía 14 semanas, mientras que las WI-38 vienen de uno de 3 meses. Ambas se utilizaron para numerosas vacunas que han salvado miles de vidas, como por ejemplo vacunas contra la polio.

Las células embrionarias como componente de las vacunas

Pese a que hasta ahora he dicho que se han utilizado para el desarrollo de vacunas, vamos a profundizar un poco más. En algunos casos, las vacunas que utilizamos son virus (inactivados, atenuados, etc). Para multiplicar esos virus antes de poder inyectar las vacunas, necesitamos células. Y en ese paso si se utilizan células como las mencionadas antes. Pese a ello, lo que se nos inyecta en la vacuna no son las células, son los virus que se han purificado después de multiplicarlos.

En el caso de las vacunas que se están utilizando en la mayor parte de países en estos momentos, sabemos que no están formadas por virus enteros. Me refiero a las vacunas de Moderna y Pfizer/BioNtech, aunque la mayor parte de los rumores han surgido sobre la primera. Estas vacunas son un fragmento de ARN protegido para su transporte hasta la célula, pero no hay un virus completo y no se multiplica en células. Por lo tanto, para estas vacunas, las células se han utilizado en las fases de investigación, pero no en la fabricación de vacunas. Al igual que en el caso anterior, la vacuna no va a incluir en ningún caso células.

La parte turbia de la historia

Aunque no debemos preocuparnos por el contenido de las vacunas, lo que sí debe preocuparnos es el origen de esas células. Pasados unos 50 años poco podemos hacer para arreglar los daños del momento, pero sí tenemos que asegurarnos de que todas las muestras que se tomen en la actualidad se tomen con consentimiento de la donante. En el caso de un aborto voluntario, la madre tiene que ser informada y consentir el uso de la muestra para investigaciones futuras.

En la actualidad existen protocolos para que esto sea así, y hace ya bastantes años que no se toman muestras sin consentimiento previo. Aunque no suponga ningún problema para el donante (por ejemplo, si proceden de un tumor que han extraído), ese donante puede tener conflictos (principalmente religiosos) sobre el uso de esa muestra, y se debe respetar siempre sus deseos. En el caso de las células embrionarias, tengamos en cuenta que el principal conflicto que genera es que las células proceden de un aborto voluntario que algunas creencias consideran que no debe permitirse.

En resumen…

Cuando nos vacunamos no nos están inyectando células de feto, ni se han producido cientos de abortos para extraer sus células, ni otras teorías que no voy a reproducir aquí. Nadie ha abortado para que se puedan extraer células, esto que quede claro: se había abortado voluntariamente y después se extrajeron las células. No sabemos por qué esas madres decidieron abortar, no podemos juzgar sus razones. Quizá les habría gustado saber a tiempo qué había ocurrido. Pero eso es un tema paralelo y en ningún caso afecta a la seguridad de las vacunas, ni mucho menos vamos a promover el aborto por vacunarnos.

Es bueno tener dudas y es bueno buscar respuestas. Pero también es imprescindible conocer la historia, saber de dónde viene lo que se lee y no dejarse engañar. Recordemos que los bulos pueden hacer mucho daño y es necesario desmentirlos, así que la próxima vez que alguien os hable de los fetos utilizados en las vacunas recordadles que el pasado es turbio, pero que llevamos 50 años usando la misma muestra, que ahora ya no se hace así y que las vacunas no llevan células dentro.

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