Este capítulo es lo que vendríamos llamando un capítulo de relleno. En este capítulo de Érase una vez la vida se habla de la vida (así, en general) y del sueño, de una forma muy abstracta y con algunas historias intercalándose.

Mientras dormimos la vida sigue. Existen muchos procesos que siguen activos durante el sueño, y destacamos la memoria, que procesa información durante el sueño. Es el momento en el que se ordenan los recuerdos.

Nuestros recuerdos desordenados y tomados de forma aleatoria son los que dan lugar a nuestros sueños, mezclando ideas que hacen que, por ejemplo, podamos volar. También podemos tener pesadillas que parezcan muy reales.

Cierto es que soñamos mucho, pero normalmente no recordamos nuestros sueños. En ese tiempo, nuestro cuerpo también necesita azúcar y oxígeno, porque también se repara el resto del cuerpo, y se siguen formando proteínas. Por eso descansar es muy importante. Por eso la vida y el sueño están tan relacionados, por eso se nos suele decir que es tan importante descansar correctamente después de hacer ejercicio para poder construir músculos, que se formarán con esas proteínas.

Aunque se repare, nunca queda como nuevo, y poco a poco el cuerpo se estropea, y se estropeará del todo en algún momento. Incluso tenemos genes que producen proteínas «malas» que hay que controlar antes de que produzcan un daño. Esta parte no se detalla en el capítulo… supongo que en parte por la falta de información en aquel momento.

Por último, cuando somos mayores, la reparación es más lenta. El cuerpo está cansado y ya no va tan rápido, y en algún momento, no podrá repararse. Lo dicho, un capítulo de relleno y preparación de cara al último de la serie.

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