La nueva variante identificada en Nueva York

El pasado 25 de febrero se publicó un preprint que es como mínimo interesante y que no despertó en la prensa el interés que yo esperaba. Describe la identificación de una variante del SARS-CoV-2 en Nueva York y, aunque se trate de un preprint que todavía no se ha revisado y por lo tanto no es una versión final y puede contener errores, creo que aunque con precaución, merece la pena comentar su contenido.

El artículo se puede encontrar aquí: A Novel SARS-CoV-2 Variant of Concern, B.1.526, Identified in New York. Pese a ser un borrador, es especialmente interesante porque dicha variante se describe de forma paralela en otro borrador independiente publicado tan solo un par de días antes: SARS-CoV-2 lineage B.1.526 emerging in the New York region detected by software utility created to query the spike mutational landscape

Yo me voy a centrar en el primer artículo. Considero que la información que traslada es suficientemente clara y relevante, mientras que en el segundo caso se profundiza más en una técnica menos conocida. Pero ambos son de acceso libre y os animo a consultar el texto original en ambos casos.

El problema de las nuevas variantes

A estas alturas conocemos bien tres variantes del virus, que dada la dificultad de su nombre, recordamos por el lugar en el que fueron identificadas. La primera fue la B.1.1.7 llamada muchas veces británica por haberse identificado en el Reino Unido. Las otras dos son la B.1.351 detectada en Sudáfrica y la P.1 detectada en personas que habían estado en Brasil. Y aunque esas son las más conocidas, no son ni mucho menos las únicas.

En paralelo, cada vez prestamos más atención a las mutaciones puntuales y menos a la variante en cuestión. Así la primera mutación preocupante fue la N501Y en Reino Unido, mutación conocida como Nelly en algunos círculos. Después llegó Erik, E484K. Mientras que la primera apuntaba a una mayor capacidad para transmitirse, la segunda generó una preocupación mayor: los anticuerpos ya no funcionaban tan bien tras esta mutación.

En estos momentos sabemos que cuando la mutación E484K está presente, los virus resisten mejor a la neutralización con anticuerpos monoclonales o con plasma, sabemos que algunas vacunas reducen su eficacia y también que se han dado algunos casos de reinfecciones, presuponiendo que los anticuerpos previos ya no fueron efectivos.

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Nuestro odiado coronavirus

Cómo se localiza una nueva variante en Nueva York

De todas las muestras positivas en el centro en el que se realizó el estudio, seleccionaron al azar aproximadamente un cuarto de las muestras entre noviembre y febrero. Sobre esas muestras utilizaron una PCR que permite rápidamente identificar la presencia de estas mutaciones, encontrando una frecuencia baja: 9% para E484K y 1.8% para N501Y, aunque sí observaban un incremento a lo largo del tiempo. Recordemos que en España, por ejemplo, se considera que en estos momentos la variante B.1.1.7 es predominante.

Una vez identificadas las muestras de variantes, se hizo una secuenciación para poder asignarlas a la variante correspondiente. Y ahí vino la sorpresa, ya que gran parte de las muestras con la mutación E484K pertenecían a una nueva variante que había aparecido en su población, con unas mutaciones bien definidas y comunes. Esta variante recibe el nombre de B.1.526 y por las mutaciones presentes, podría tener relevancia dada su esperable mayor capacidad para transmitirse.

¿De dónde sale una variante en Nueva York?

Buena pregunta. Tras comparar los datos básicos, parece que la única diferencia entre los pacientes es que los de la nueva variante B.1.526 son un poco mayores y tienden a hospitalizarse, aunque no parece que durante más tiempo o de forma más grave, ya que no se incrementan los enfermos en UCI. 

Tras un análisis de los datos, tampoco se identifica un brote claro que indique el origen. En estos momentos, la principal sospecha es una muestra de un paciente que se tomó en noviembre. Ese paciente estaba inmunodeprimido y ya había sido diagnosticado en agosto, aunque en aquel momento con una variante diferente. Dado que en otros casos se apunta a infecciones largas como posibles fuentes de evolución en el hospedador, eso hace sospechar de este caso, aunque no se puede afirmar que sea el origen dado que tampoco se pueden trazar el resto de casos a partir del suyo.

Por otra parte, esta nueva variante ya se encuentra distribuida por todo el noreste de los Estados Unidos, lo que apunta a que se producirá una mayor distribución en los próximos meses si no se contiene.

¿Qué hacemos ahora?

Seguir vigilando y evitar la expansión de variantes a zonas en las que no están presentes. Nuevas mutaciones surgen a diario y en el caso de la E484K es evidente que se trata de evolución convergente: son sucesos independientes con el mismo resultado. No podemos evitar que aparezcan, pero sí podemos intentar hacer todo lo posible para limitar su distribución.

En estos momentos nuestro principal objetivo es ser más rápidos vacunando que distribuyendo variantes contra las que las vacunas sean menos eficaces. El virus no muta más rápido, pero con la presión que generamos al vacunar, favorecemos la selección de nuevas variantes resistentes.

Debemos poner todos nuestros esfuerzos en detectar (casos y variantes), vacunar y contener (los contagios). Si nos relajamos en alguno de los tres puntos podemos pasarnos muchos más meses o años como el perro y el gato, pero estoy convencida de que podemos ganarle esta carrera a un virus.

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