Una cura para el VIH ha sido el sueño de muchos médicos y científicos durante los últimos 40 años. Hoy voy a comentar un artículo publicado en la revista Nature el pasado mes de julio por Jiang et al. En ese artículo, se nos demuestra (con datos) que la cura podemos tenerla algunos de nosotros, pero nunca habíamos mirado ahí.

En un momento en el que el mundo está desesperado por encontrar la cura para otro virus, quizá historias como ésta nos hagan reflexionar que incluso aunque esté delante de nuestras narices, puede ser tremendamente complicado verlo.

Hay personas que se «curan solas» el VIH

A estas alturas de la vida creo que ya no hace falta recordar que ser portador del VIH y tener SIDA son cosas diferentes. Los portadores son personas en las que la actividad del virus es muy baja o nula, y normalmente conseguimos anular esa actividad a base de medicamentos antivirales. Para ser más concreta, antiretrovirales.

Pero un pequeño porcentaje de las personas portadoras consiguen hacerlo sin necesidad de tomar medicamentos. Rondan el 0.5% de los infectados, y siempre han sido un misterio. En este artículo, se ha analizado qué características tienen las secuencias de virus presentes en esas personas. Así han podido identificar algunos factores que hayan facilitado tal comportamiento. Para ello, han comparado los virus presentes en «controladores de élite» con los de personas tratadas con antiretrovirales. Los de élite son personas que llevaban unos 9 años con niveles de virus indetectables con los tests tradicionales.

¿Están los virus intactos?

Una de las cosas que cualquiera pensaría es que los virus que puedan quedar en esas personas ya no pueden reproducirse. Para saber si era el caso, analizaron los genomas completos de virus en muestras de ambos grupos y detectaron que, para empezar, en los individuos «de élite» había menos provirus amplificables. Hablamos de provirus cuando nos referimos a virus insertados en el genoma. Además, los controladores tenían menos genomas de virus intactos de media, aunque en algunos todos estaban intactos, así que descartamos por ahora este factor. Aunque parezca que han mutado más una vez insertados, pueden estar intactos y controlarse igual.

Los supercontroladores de superélite

En el artículo destacan dos casos en particular que llaman mucho la atención. El primero es un individuo que en doce años sólo ha tenido un momento con replicación detectable (pero muy muy baja) en 23 pruebas realizadas. El segundo, 24 años y sólo un momento de replicación en 39 tests. De los susodichos, analizaron un montón de células (millones) de sangre periférica (PBMC- peripheral blood mononuclear cells) y para el primero encontraron un sólo genoma intacto y para el segundo ninguno. En ese caso, tampoco pudieron obtener ningún virus al intentar forzar la replicación, ni encontraron provirus en células intestinales. Vamos, que tenía muy pocos y bajo control total.

Hasta el momento, ese tipo de eventos de control total, que se puede saber que hubo infección porque quedan provirus defectuosos y nada más, sólo se había detectado en el famoso «paciente de Berlín» que fue tratado con células madre con una mutación protectora. Ese tratamiento se considera una «cura esterilizadora» porque elimina los virus que pueden activarse, pero en este caso se habría conseguido de forma natural. En cualquier caso, habrá que hacer más estudios para confirmarlo.

¿Se parecen los virus?

Una forma de saber cómo son los virus presentes es hacer un análisis filogenético. Porque claro, los virus… mutan. Curiosamente, los virus presentes en los controladores, se parecían más entre ellos. Eran monoclonales o oligoclonales. Es decir, aunque se hayan insertado en partes diferentes del genoma humano, proceden de lo mismo y hay poca variación. Y por supuesto, entre células, son iguales o casi iguales. Esto hizo pensar a los investigadores que quizá los virus estaban en zonas que, por alguna razón, quedaban más protegidas.

¿Afecta la posición en nuestro genoma?

Efectivamente, an analizar las posiciones, se observó que los provirus aparecían en los cromosomas de forma selectiva. Además, dentro de los cromosomas, están principalmente en zonas que no contienen genes, y que por lo tanto se transcriben menos. Siendo un poco más técnica todavía, aparecían frecuentemente en las regiones de ADN satélite o microsatélite de los centrómeros.

Si vamos un poco más al detalle, parece que cuando se insertan en regiones génicas, lo hacen en regiones de proteínas con zinc-fingers (un motivo muy conocido por… la coordinación del zinc). Además, de media los controladores tenían sus provirus insertados más lejos de los lugares de inicio de transcripción. Por último, según sus análisis, la metilación del ADN puede suponer un factor importante a la hora de controlar la posible proliferación.

¿Están protegidos?

Si no es del todo, al menos parecen tenerlo bastante bien controlado. No sabemos qué ha hecho que estos individuos tengan ese comportamiento tan particular en la forma de insertar los provirus, pero ahora al menos sabemos dónde y cómo están insertados, lo que puede ayudarnos a avanzar en futuras terapias.

El objetivo es un tratamiento que permita esa esterilización, que permita acabar con los virus que tienen capacidad para replicarse. Quizá saber cómo lo hacen algunos de forma natural nos ayude a avanzar. Mientras tanto, millones de personas controlan sus provirus con antiretrovirales, llegando a niveles que no son detectables con pruebas tradicionales y haciendo una vida completamente normal. Desde luego, hemos avanzado mucho en 40 años.

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