La vista. Ese es el tema del capítulo 11 de Érase una vez la vida. Los ojos nos permiten ver, pero no vemos exclusivamente por los ojos o, mejor dicho, los ojos no son los que ven. Vamos a analizar lo que nos ha explicado este capítulo sobre cómo funciona la vista.

El contexto sobre la vista

Al comienzo del capítulo aparece un fotón, que es como una abeja. No explica que por algo de Einstein pueden excitar electrones, algo que parece muy divertido, y que además se mueven muy rápido. Los fotones proporcionan la luz y crean el calor (bueno vale, vamos a darlo por válido…). Los fotones son invisibles, pero hacen que las cosas sean visibles.

Dentro del ojo, los músculos nos permiten enfocar y ver las cosas nítidas. Esto ocurre gracias a contracciones que ocurren tras recibir un mensaje de nuestros ya amigos los neurotransmisores. Cuando los fotones chocan contra algo, como el ala de una mariposa, rebotan y llegan al ojo.

En el ojo son fundamentales las vitaminas, y ahí aparece el beta caroteno (mito de las zanahorias). Cuando los fotones llegan a un ojo sano, los bastones y los conos se ocupan de transmitir la señal en la retina, que después pasa por el nervio óptico al cerebro.

La idea de olla del capítulo

El niño que ve la mariposa no entiende cómo funciona la vista, así que da un salto a su cerebro y el maestro se lo explica (en serio… ¿qué fumaban?). El maestro le explica que lo que vemos depende de los recuerdos que hay en nuestro cerebro y que aunque nuestros ojos recogen los fotones, es el cerebro el que interpreta la imagen, algo que sabemos muy bien por las ilusiones ópticas. El niño sale de su cerebro y le reconoce a su madre que se ha comido una naranja que le ha dado el señor de su cerebro. ¿Y la madre no lo lleva a un psicólogo? No, le compra un perro.

Al perro hay que cuidarlo y hay que ser responsable pero el perro se escapa, lo que hace que el niño llore. Luego llora de alegría al recuperarlo y cuando entra polvo en los ojos…

La infección nuestra de cada capítulo

Al frotarse los ojos se forman más lágrimas, cuya función además de salir con las emociones es mantener los ojos limpios. En general son agua con sal, pero también llevan lisozima, que permite eliminar patógenos. Actúan como limpiaparabrisas con los pestañeos. Eso sí, por alguna razón que no entiendo, los que controlan las lágrimas son franceses.

Cuando unos virus intentan entrar, las lisozimas los mantienen a raya. Por supuesto, acabamos con la moralina típica: no hay que llevarse las manos sucias a los ojos, porque nos puede provocar una conjuntivitis!

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