El oído. El capítulo 12 de Érase una vez la vida nos vamos a centrar en la audición y en general, las funciones del oído.

El sonido y la estructura del oído

Los sonidos son ondas que, si llevan la trayectoria adecuada, entran en nuestros oídos. Esas ondas van a llegar a la cóclea, y ahí comenzará la transmisión de la señal para que nuestro cerebro pueda interpretarlas. Los iones de sodio son los encargados de actuar como mensajeros de las vibraciones, que se caracterizan por una frecuencia y una amplitud determinadas. Ese sodio ayudará a los neurotransmisores (que se representan como espermatozoides, lo que me confunde mucho). Otros neurotransmisores tienen un aspecto mucho más lógico aquí para su función: son como notas musicales.

La señal que transmite el oído va a viajar por el nervio auditivo, y el cerebro la va a procesar. Eso sí, todavía no sabemos exactamente cómo.

La infección nuestra de cada capítulo

En un cambio de escena vamos a ver a los glóbulos rojos y los anticuerpos bailando al ritmo de la música que se escucha. Notan algo parecido a un terremoto, porque se encuentran en la zona en la que se amplifica la vibración. Pero algo va mal… hay bacterias!

Las bacterias se encuentran en la trompa de Eustaquio dispuestas a provocar una otitis. Pero no pasa nada, porque llegan los linfocitos y reclutan a los anticuerpos para eliminarlas, por lo que el dolor se va.

El contacto con el exterior

En una nueva escena los niños salen en bici y casi los atropellan. Los pitidos son tan fuertes que provocan dolor, por lo que es necesario un mensajero especial que transmita el dolor al cerebro para que mande la orden de taparse las orejas. Eso sí, a los malos los multan por conducir mal.

Y es que ya lo dicen… cuando vivíamos en las cavernas teníamos una audición mejor, porque era imprescindible para poder protegernos. Por eso ahora somos tan sensibles a sonidos altos, porque los interpretamos como algo peligroso.

La moralina de cada capítulo

Cuando llevamos los auriculares con el volumen demasiado alto podemos dañar el oído, y es un daño irreversible. Por eso es imprescindible regular el volumen!

Por último, y nada desdeñable, el oído también nos permite mantener el equilibrio, gracias al aparato vestibular.

Ahora que ya sabemos cómo funciona el oído, en el próximo capítulo pasaremos a un nuevo sentido: el tacto.

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