Fin de 2022 y propósitos de 2023

Este año ha sido muy peculiar, en la línea peculiar de los años anteriores, y destrozándome todos los planes un año más. Pero en parte se trata de eso, de poder ir adaptándose poco a poco a los cambios que vienen a veces sin previo aviso. Más o menos me fui adaptando durante el año, creía tenerlo todo más o menos controlado, pero después del verano la cosa se me vino abajo y hubo que implementar cambios radicales.

Hace un año acababa de empezar un nuevo puesto de trabajo y era evidente que no sabía qué ocurriría durante este año. Curiosamente sigo en mi puesto de trabajo (no estaba muy segura de ello) y, como nos dirían en el cole, progreso adecuadamente. Pero ese trabajo, junto a una serie de cosas que han ido pasando, han hecho que tuviese que parar, retomar, sufrir, y no poder hacer todo lo que quería hacer porque surgen otras cosas.

Vamos a ver qué me había propuesto, y ver cómo puedo readaptar esto para el 2023, esperando que sea mejor. Porque tiene que ser mejor.

  • En un momento de saturación hace un año dije que este año leería 25 libros, pero que tendrían menos peso los de divulgación. Y aquí tenemos el primer fail. En mi trabajo de repente tuve que leer muchísimo, y lo último que quería hacer al acabar era seguir leyendo. Pese a ello he leído muchos artículos, mucha lectura de esa más ligera, pero muchos menos libros. Solo tengo apuntados cinco, pero me consta que alguno más se me está escapando. Pero no creo que lleguen a la decena. Pero esto no puede seguir así, porque necesito leer esos libros para poder mantener la mente centrada y que surjan las ideas adecuadamente. Por eso, este año volvemos al propósito original, 12 libros, uno al mes.
  • Quería seguir dedicando un ratito por las noches a ver una serie o peli o algo, y esto ocurrió de forma regular hasta que estalló la guerra. Ahí empezamos a ver muchas más noticias, y fueron meses así hasta que dejamos ese loop y volvimos a las series. Lo hemos retomado pero no puedo evaluar mucho ya que no hemos apuntado nada, así que esto lo dejo igual, seguir manteniendo un ocio televisivo que distraiga y divierta, y no ver la tele para ponerse de mal humor.
  • Quería mantenerme más en forma y creo que este propósito tengo que darlo por cumplido, porque aunque con sus altibajos, creo que he mejorado bastante a lo largo de estos últimos meses. El año que viene quiero afianzar la mejora de forma física.
  • Mi cuarto propósito de hace un año iba orientado a mi vértigo. No voy a decir que lo haya superado, porque no es el caso, pero he estado trabajando en ello y la diferencia es evidente, aunque todavía me queda trabajo. Si ahora estoy a 4, mi objetivo para el año que viene es llegar a 7 (yo me entiendo en mis unidades de medida).
  • También he cumplido el objetivo de comer menos carne y más verduras de cerca, en parte empujada por la inflación que hacía que nos replanteásemos qué comprar. Además, en los últimos meses del año, hemos empezado a comprar de forma regular frutas y verduras nacionales «imperfectas» y estamos muy contentos con ello. El año que viene me gustaría seguir la misma tendencia.
  • Hace un año quería mantener la vida minimalista aunque decía que había cosas que quería comprar. La cosa ha ido tan bien que ni siquiera me he comprado algunas de las cosas que quería… porque no están disponibles. Supongo que 2023 será un año similar, espero poder comprar las cosas que quería, pero este propósito lo elimino de la lista porque creo que ya he alcanzado un buen nivel.
  • Los fines de semana eran para disfrutar y no para trabajar, y por ello he ido recortando cosas, siendo quizá este blog el que más ha sufrido. Para este año necesito hacer un plan que pueda mantener, sin llegar a una situación de agobio como la que he tenido puntualmente durante este otoño, que hizo que recortase más… una larga historia.
  • Mi propósito laboral estaba poco claro, porque acababa de empezar. Este año me propongo encaminarme hacia un puesto senior, sea donde sea. No es algo que vaya a hacer un año, pero tengo que ponerme a ello.
  • Decía hace un año que quería seguir aquí y también probar nuevas plataformas. No he explorado nada, y me he desconectado bastante. Sí cerramos un podcast, Qarentena, y empezamos otro, La Taberna del Beagle. No quiero explorar mucho en 2023… lo que quiero es afianzar un ritmo normal y que disfrute.
  • Hace un año decía que había que dejar la pandemia atrás. Creo que la hemos dejado, aunque no en las condiciones que me habría gustado.

Así pues, vamos a ver cómo queda esto, que he quitado y que añado. Los propósitos para 2023 son:

  1. Leer (al menos) 12 libros.
  2. Desconectar (casi) todos los días con una serie o peli que me distraiga la mente.
  3. Mejorar la forma física (y mantener lo logrado), que los años pasan y hay que seguir sana.
  4. Avanzar en la superación de mi vértigo. Para el 2023 quiero el nivel «7».
  5. Mantener la tendencia del año anterior consumiendo menos carne y más verduras de cercanía.
  6. Encaminar mi carrera hacia un puesto senior.
  7. Divulgar de forma regular pero con gusto, sin sentirme obligada a publicar algo. Para ello necesitaré un plan adecuado al resto de mi vida actual.
  8. Han caído otros propósitos así que tiene que entrar uno nuevo. Este año van a quedarse en 8, y el octavo será «reducir». No se trata de tener una vida minimalista sin más, se trata de intentar reducir los residuos conscientemente, de reducir el consumo de energía, de contribuir un poco menos a cargarnos el planeta.

Y así quedan aquí escritos, un año más, una serie de propósitos que son más para mi que para el mundo, pero que necesito dejar escritos para que sea un compromiso.

¡Feliz 2023! Ojalá empecemos un año mejor, que falta nos hace a todos, y dejemos todo lo malo de 2022 en el pasado.

El precio de la comodidad: la electricidad

Todos somos perfectamente conscientes del problema con la electricidad que tiene Europa con el gas debido a los cortes de suministro del gas ruso, pero pocos se han parado a pensar en la repercusión que esto tiene en el resto del mundo. Mientras nosotros nos ocupábamos de asegurar las reservas de gas para el invierno a base de pagar precios más altos y de unos recortes absurdos, hemos dejado a otros países sin gas, países que sí se van a enfrentar a un invierno mucho más duro, un invierno sin energía.

Y no es un «podría pasar», es que ya está pasando. Por nuestro afán de asegurar que no tendremos que hacer otros recortes, hemos dejado a millones de personas sin gas y, por lo tanto, sin electricidad durante horas. Las primeras noticias nos hablan de un problema por no poder hacer frente al suministro, pero no es la primera vez. Y esto se está repitiendo día tras día.

El grado de la discordia

Subir o bajar la temperatura un grado, ese problema del primer mundo que tantas conversaciones ha generado en España en los últimos dos meses. Un grado. Somos imbéciles, así os lo digo. Podemos pensarlo a nivel doméstico, y razonar que a igual humedad (este aspecto es importante y está recogido en la ley), no deberíamos notar grandes diferencias si cambiamos la temperatura ambiente un grado. Lo primero es que recordemos que gran parte de España no tiene aire acondicionado en su casa, y los que sí lo tenemos, podemos ajustar perfectamente la temperatura. Yo soy de zona fría, llevo muy mal el calor madrileño, y pese a ello he limitado mucho el uso del aire acondicionado este verano, y mi casa jamás ha bajado artificialmente de los 27 grados que, dicho sea, es fresquito cuando en la calle tienes 38.

En invierno la cosa es todavía más grave, porque aunque es cierto que la temperatura establecida, en una casa y sin movimiento requiere una chaqueta gordita, tampoco es que sea el fin del mundo. Recordemos que se habla en todo momento de temperatura de la estancia y no de lo que se le pone al cacharro. Pero es que si dejamos las casas y nos vamos a las tiendas la cosa es mucho más sangrante.

Con la ley de ahorro ya aprobada yo he pasado frío al hacer la compra en un supermercado en el que la zona de neveras era el polo norte, porque ponerles puertas para qué, que igual compras menos. Pero en invierno sé que voy a pasar calor, porque sé que habrá un montón de sitios en los que siga estando la calefacción a tope, que no podrás hacer la compra con tu chaqueta de la calle porque estarás al borde del desmayo. Igual que sé que habrá casas en las que se podrá estar de manga corta, que espero que sean de personas que no vengan luego quejándose del precio.

Aunque el consumo eléctrico de las bombillas es bajo, si sumamos todas las horas no deja de ser un aporte razonable

Mientras tanto, en otro país… no hay electricidad

Pero mientras nosotros estamos quejándonos sobre lo dramático que puede ser cambiar la temperatura un grado, o si Vigo consume mucho o poco con tanto LED, o si se consume demasiado con los focos de un campo de fútbol, hay gente en el mundo que sufre cortes de electricidad durante horas. Y lo más grave es que lo han normalizado totalmente.

Es todo culpa de Rusia, que corta el gas. Pues no, la culpa es nuestra. Rusia tiene su parte de culpa, pero nosotros somos los que hemos decidido no renunciar a nuestras comodidades mientras otros necesitan que hagamos un esfuerzo. Mucho apoyo a Ucrania, pero desde lejos. Mucho apoyo a países en vías de desarrollo, pero en cuanto tenemos la oportunidad pagamos por el gas lo que sea necesario para quitárselo a ellos. Se nos llena la boca diciendo eso de que los que más tienen deben hacer un esfuerzo, pero eso aplica solo mientras no pertenecemos al grupo que más tiene, que entonces ni pagar más impuestos, ni reducir nuestro consumo, ni ayudar a terceros.

Un pequeño esfuerzo global

Escribo esto a 7 de octubre, y por mucho veranillo de San Miguel, no es ni medio normal que tenga en estos momentos 26 grados en mi casa (con un 40% de humedad). Y todavía subirá en las próximas horas. Además, lo peor es que noto fresco. Porque tras haber estado tantos meses casi a diario por encima de 30, o incluso de 35, 26 grados es fresco. En un intento de convencerme a mi misma de que es otoño he puesto a mano la ropa de abrigo, pero esto como mucho es entretiempo, algo que no existía en mi vida desde hace muchos años, y que solía rondar los 20, no los 26 grados. Hasta hace no mucho, me podía dar por satisfecha si un día de verano alcanzábamos los 26 grados.

En este contexto, creo que no es mucho pedir que todos pongamos un granito de arena, sin necesidad de que nos obliguen por ley. Hagamos por limitar un poco nuestro consumo, que todos podemos hacerlo. Retrasar un día una lavadora hace que metamos más ropa y consumamos menos electricidad a lo largo del mes. Además, ya de paso consumimos menos agua, que tampoco es que vayamos sobrados. Pero más que la lavadora, si reducimos al mínimo el uso de la plancha, ahí sí notaremos un ahorro mayor. A los que le aplique, que no es mi caso.

Yo buscaré otras opciones, de forma que mi consumo de electricidad y de gas sea menor al del invierno pasado. Un grado menos. Mejor organización en la cocina. Optimización de la temperatura de la caldera. Regulación de los radiadores. Y sentido común. Además, no solo dejaremos más gas disponible para otros, también nos ahorraremos una pasta en el recibo.

Los malos somos nosotros

Los europeos somos el sumidero del mundo. Hemos conquistado tierras, hemos extinguido especies, hemos calentado el planeta, hemos destrozado bosques, hemos dejado morir de hambre. Y ahora queremos matar a la gente sin luz. Nadie debe quedarse sin luz, es un derecho básico, y eso debe ocurrir en España y en Europa, pero también en el resto del mundo.

Si me quieres apoyar puedes hacerlo invitándome a un café, aunque quizá acabe gastándomelo en mejorar la regulación térmica de mi casa:

[kofi]

La extraña experiencia de desayuno en un hotel

Yo no soy muy de ir de hoteles, y mucho menos de esos en los que tienes el desayuno en el hotel. Supongo que viene de eso de venir de una familia que no podía irse de vacaciones, y mucho menos a un hotel. No recuerdo cuantos años tenía la primera vez que estuve en uno, pero más que gran parte de la población. Pero desde que empecé a salir por ahí, he visto de todo.

Soy de las que se conforma con poco, pero que quiere lo que ha pagado. Si estoy en un apartamento que no tenía nada incluido y me ofrecen un café o un trozo de bizcocho por la mañana, lo agradeceré infinito, pero si pago un desayuno, espero un desayuno en condiciones. Y no me refiero a las condiciones esas de tener mil cosas entre las que elegir con un desayuno que nada se parece al de casa… me refiero a condiciones higiénicas. Aunque todo sea dicho, yo en casa puedo desayunar un bocata sin ningún problema. O lo que haya sobrado de la cena anterior.

No aprendemos nada

Pero yo venía a hablar de la higiene. No voy a entrar en lo que dicen las normas, voy a entrar en lo que dice el sentido común. Porque durante el tiempo pandémico los desayunos de los hoteles se adaptaron a una idea de «no tocar» y era un poco eso de «ojos que no ven, Carmela no se vuelve loca», pero como estamos en tiempos postpandémicos, pues los desayunos han vuelto a lo de antes, y también en lo malo. Y en esas circunstancias, Carmela se cabrea.

Juro que yo esperaba que algo hubiésemos aprendido en estos años. Algo, aunque fuese poquito. Pero mi primera experiencia con el desayuno de un hotel después de la vuelta a la normalidad fue nefasta, tan nefasta que además de contarlo en un hilo en Twitter, me guardé el cabreo para contarlo por aquí, aunque dejé pasar un tiempo por si me calmaba, pero no es el caso.

Lo que se propone como desayuno ideal tampoco es siempre tan ideal

La comida destapada

A estas alturas de la vida, sabiendo lo que todos deberíamos saber sobre la llegada de virus y bacterias a la comida, no se puede permitir que toda la comida del desayuno de un hotel esté destapada. No podemos tener platos sin nada que los cubra en los que además de cualquier insecto que pase por allí, se caerán también todos los microbichos que puedan salir de los comensales.

Aunque el film transparente es una opción en lugares pequeños, lo normal cuando se tienen muchos clientes es tener un lugar adecuado con una mampara, que evite que caigan cosas por arriba y también que cubra el lado desde el que nosotros accedemos a las cosas. Así no le toses encima al jamón. Asumiendo que todos vamos con las manos limpias (que es mucho asumir) lo normal es coger las cosas con unas pinzas o un tenedor que se usa solo para eso, y jamás con un tenedor que ya has llevado a tu boca. Y mucho menos con las manos desnudas. Lo que hayas tocado, te lo tienes que comer tú.

El calor… que el gas no sobra

De la misma forma que las cosas que están a temperatura ambiente tienen que estar cubiertas, deben estarlo también las calientes. Estamos hablando de hoteles, hoteles de tres estrellas como mínimo, que deberían tener fuentes en un calentador de forma continua y con tapa. Cuando quieres algo destapas, te sirves, y tapas. Así se mantiene la temperatura, no se recuece, y tú no le toses encima. Pero tener unos huevos revueltos destapados encima de una placa, es una guarrada. Por si no se visualiza la forma correcta de tenerlo, me refiero a esos contenedores con agua caliente en los que se meten las fuentes metálicas encajadas y que todos hemos visto en hoteles y restaurantes, además de comedores varios por los que hayamos pasado a lo largo de nuestra vida. Es la forma correcta de mantener la comida caliente, esto está estudiado, resecar la comida al aire está mal.

El frío… ese gran desconocido

Pero lo que más me ha molestado, sin duda, ha sido la falta de frío. Si llego al desayuno de un hotel y me encuentro todas las botellas de leche a temperatura ambiente, ya arqueo una ceja. Si en lugar de botellas son jarras que se están rellenando, entonces ya gruño. Pero si veo que además de la leche (que al fin y al cabo asumimos que tiene un recambio rápido), también están a temperatura ambiente todos los yogures, entonces ya tengo claro de qué pie cojean en ese sitio.

Vamos a ver, que a un yogur no le va a pasar mucho, que es ya un cultivo de microbichos. Que lo más grave que puede pasar es que los bichos crezcan y empiece a saber «mal». Pero a veces pasan cosas, y los yogures se guardan en la nevera por algo. Y si fuese seguro que se van a comer, pues igual no pasa nada, pero yo no sé si el yogur ese ha estado entrando y saliendo de la nevera durante 10 días.

Si la leche y el yogur mal, lo del queso ya no tiene nombre. Porque un queso, al igual que un yogur, no tiene mucho peligro… hasta que lo dejas fuera, queda blandurrio, suda, y pierde todas sus propiedades. Y lo que era un rico queso casi fresco pasa a ser una pasta con una pinta muy asquerosa. Tú miras el yogur, las botellas de leche, el queso… y recuerdas lo que has pagado por ese desayuno. Y no sabes si reclamar al hotel o a sanidad.

¿Pero qué es lo peor?

De todas las cosas que vi en ese desayuno de hotel del que casi me tienen que sacar con la boca tapada para evitar que montase una bronca, porque además, mientras veía todo eso, un señor estaba cortando pan con la mano con la que se acababa de frotar la nariz, lo que más me preocupaba no era ni el queso, ni los huevos, ni el pan manoseado. Lo que más me estaba preocupando era el jamón york. Bueno, eso que llaman jamón york, el fiambre de cerdo. O el de pavo. La cosa esa que te dicen que es sanísima y ya tal.

Porque los fiambres también estaban cortados, a temperatura ambiente, y yo eso sí que lo miraba muy mal. El ambiente general ya me hacía dudar de la limpieza de la máquina cortadora que tuviesen en la cocina, pero simplemente ver las lonchas allí encima, con gente hablando sobre ellas, manoseando todo… yo lo que veía era bacterias creciendo felices.

Los brotes de bacterias hoteleras

En estos contextos entendemos muy bien que cada dos por tres haya brotes de bacterias (o de virus) en hoteles. A veces el hotel no tiene culpa, ya que los microbichos los han compartido los huéspedes directamente. En ocasiones el hotel tiene un poquito de culpa, porque los han compartido los huéspedes, pero con un poquito más de limpieza por parte del hotel, la cosa habría sido menos preocupante. Pero en casos como el que os he contado hoy, la culpa sería totalmente del hotel que, por cierto, tendría algún que otro problemilla si un inspector se pasase por allí.

Cuando se sabe que se va a hacer una revisión de sanidad, las cocinas (de hoteles, comedores, restaurantes…) suelen hacer todo lo posible por estar muy limpias. Pese a ello, a veces se encuentran bacterias, porque si no se ha actuado correctamente en el pasado, es difícil hacerlo todo perfecto el día que van a mirar. Incluso haciendo todo bien, según las normas actuales, a veces se encuentran cosas… porque nunca sabes de dónde puede venir un microbicho inesperado. Pero es que a veces lo están pidiendo a gritos.

Acabo diciendo que estos casos suelen ser la excepción, y que mi siguiente visita a un desayuno en un hotel fue correcta, sin que detectase nada extraño, más allá del comportamiento de algunos clientes. Pero lo de los clientes da para otro post… ¿Por qué la gente hace guarradas por ahí que no hacen en sus casas? ¿o es que hacen eso en sus casas? ¿Qué golpe en la cabeza nos hemos dado para comportarnos como imbéciles? ¿Por qué estamos educando a la siguiente generación con ese desprecio al trabajo de terceros? Bueno, todos no… en esto parece que sí hay clases, pero eso será el tema de otro día.

Si os ha parecido interesante este post, podéis ayudarme a pagarme un café (con leche de la nevera) aquí:

[kofi]

La taberna del Beagle

Rompiendo con este post la periodicidad de este blog, hoy os presento nuestra nueva aventura, La taberna del Beagle.

Se trata de un podcast mensual que encontraréis dentro de Emilcar.FM. Desde hoy mismo tenéis disponible el primer capítulo: Obesidad infantil. Junto a Pedro Sánchez, mi compañero de podcasting desde hace ya casi dos años, hablaremos cada mes sobre un tema que nos inquiete, de más o menos actualidad, que creamos que puede atraer a más gente, y esperamos que os paséis por nuestra taberna a discutir sobre ello. No vamos a dar soluciones a la vida, pero seguro que los temas tratados darán mucha conversación.

En este primer capítulo hemos hablado, como decía antes, de obesidad infantil. Hablamos a raíz de un documental y de un informe, que encontraréis enlazados en la propia entrada. Hablamos y hablamos… y no concluimos mucho, pero esperamos que la conversación sea de vuestro agrado. Os pedimos que nos deis una escucha, de un par de capítulos al menos, que queremos hacernos un huequito en vuestros reproductores como contamos en un pequeños teaser hace unos días que encontraréis en vuestro reproductor favorito buscando «La taberna del Beagle».

¡Gracias por la escucha!

Cambio de viento

Se nos ha pasado el verano volando y toca recolocar las velas. Han pasado cosas, muchas cosas, y esas cosas requieren un reajuste que lentamente ha ido llegando para que yo pueda llegar a todo en esta vida. Dado lo raro de este año mis propósitos para el año han ido cambiando, y mi perspectiva de vida también, y es que reconozcamos que está siendo un año raro raro. Por eso, antes de que acabe el año y acabe mal, voy a enfocar este último cuatrimestre con otros ojos, para poder centrarme en las cosas importantes, y para poder centrar también al resto del mundo.

Divulgación libre gratuita

Con la situación del mundo de los últimos meses he estado pensando en lo que hago dentro de mi faceta divulgativa y he llegado a la conclusión de que lo que hago debe ser totalmente libre. Aunque quizá mi situación cambie en el futuro, tengo la suerte de tener un trabajo de esos que permiten pagar bien las facturas, y por lo tanto no dependo de los suscriptores. Por ello, para que nadie tenga que pensarse dos veces si puede o no puede, las suscripciones van a desaparecer. Tanto la suscripción a la newsletter como mi Patreon desaparecerán a final de año, con una muerte programada. Durante estos cuatro meses, para aquellos que estaban pagando, habrá una newsletter quincenal, que llegará hasta final de año, pero las suscripciones desaparecerán en noviembre. Noviembre y diciembre irán sin cobro y a partir de enero habrá, si todo va bien, una newsletter mensual.

Eso no quiere decir que yo no agradezca los aportes voluntarios de mis seguidores… así que Kofi seguirá ahí, al igual que mi Paypal. Aquellos que queráis seguir aportando, me ayudaréis a seguir pagando el mantenimiento. Pero eso será totalmente voluntario y sin ataduras.

Divulgación sin ataduras

Lo de atarse viene al hilo de la periodicidad de los posts. Aunque en otras cosas pretendo mantener la periodicidad, últimamente veo que me surgen ideas para escribir fuera de fecha y dado el ritmo de vida que llevo, prefiero escribir cuando surja y no programar un día fijo. Intentaré mantener un ritmo similar, pero sin ataduras. Quizá una semana haya dos posts y otra semana no haya ninguno. Ahora, por ejemplo, os quiero contar alguna cosa de las vacaciones, y si puedo lo haré esta misma semana. Y si no… pues cuando sea. Los posts del mes irán enlazados de todas formas en la newsletter mensual para que nadie se pierda nada.

Más podcasting

A cambio, este mes de septiembre empieza una nueva aventura, que quizá ya habréis descubierto para cuando leáis esta entrada. En caso contrario estad atentos, porque empezamos algo que espero que tenga mucho recorrido. Bacteriófagos seguirá como hasta ahora, al menos mientras yo pueda mantener el ritmo, por lo que cada 15 días (un martes sí, uno no) lo tendréis en vuestros reproductores de podcast.

Más redes y más otras cosas

Y como ya veía a principios de verano, tras unos meses en los que mi actividad en redes sociales había decaído, ahora me veo un poco más activa, por lo que intentaré dar un empujón por ahí. Y otras cosas pendientes, para las que también hay que hacer poco a poco hueco, porque el día tiene las horas que tiene.

Aunque iré cambiando poco a poco la información sobre estos cambios en cada sitio que corresponda, avisados estáis, esto empieza tal que ya. Sin tener que preocuparme en exceso durante mis vacaciones o cuando tengo mucho trabajo y pudiendo disfrutar de la divulgación, esperando que vosotros también podáis disfrutar igualmente.

Os dejo, como seguiré haciendo al final de cada post, el enlace a Kofi para aquellos que queráis colaborar. Ahora a enfrentarse al último cuatrimestre, que se acerca el invierno… y este pinta duro.

[kofi]

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