El polen, la alergia y la mascarilla durante el cambio climático

Hace unos días salía en las noticias que debido al cambio climático las alergias aparecen antes y duran más. Saltó a las noticias por un artículo que se había publicado en PNAS. He de reconocer que en el momento yo no hice demasiado caso. No hice caso hasta que me tocó a mi, hasta que un estornudo y un picor me hizo pensar que quizá quería ver que era lo que decía el artículo. Porque yo nunca he tenido alergia aquí antes de finales de marzo, casi abril.

Recuerdo muy bien la primera vez que detecté una reacción alérgica al polen. Fue en el año 2010 y fue a finales de marzo en Madrid. Eso se repitió en otros contextos y en España fue siempre sobre esa fecha, aunque en Suiza sí era en otro momento. Pero claro, en Madrid no hay árboles, dicen. Por eso no era algo continuo, simplemente se daba cuando por alguna razón yo me desplazaba a una zona con más polen, y tal y como aparecía desaparecía al alejarme de los productores del polen que hacía que picase.

La aparición inesperada de la mascarilla

Pero este año me he encontrado con una situación peculiar que esperaba pero que no creí que fuese a ocurrir tan pronto. Ya ha llegado el polen, casi un mes antes de lo esperado. Y ahora ya no vale con que me aleje de los árboles y listo, porque como yo misma repetí muchas veces, las mascarillas pueden acumular polen. Eso es un combo de traición por parte del coronavirus y el cambio climático para aquellos que tienen alergia.

Yo me encontré en una situación en la que estaba expuesta a polen. Sabía que era lo que ocurría por un estornudo derivado del picor. Mi nariz picaba, pero mi cerebro sólo pensó en esa parte de «cuando te alejes de los árboles ya está». Claro que me alejé, en coche y sin la mascarilla. El problema fue que cuando volví a ponerme la mascarilla volvió el picor, porque efectivamente, la mascarilla también retiene cosas de fuera cuando respiras.

Por suerte es un problema con solución fácil: hay que cambiarse la mascarilla más y no mover la usada, que suelta el polen y la liamos. Porque sí, nadie hace todo perfecto y yo también cometo errores al usar la mascarilla… y de alguna forma se me soltó polen retenido en algún sitio. Pero la mala experiencia me ha servido para volver a buscar aquel artículo y resumir qué es lo que han encontrado.

El polen, antes y más tiempo por el cambio climático

Esta viene siendo más o menos la conclusión del artículo, pero podemos profundizar un poquito más. Los autores analizaron la situación en América del Norte, así que aunque podemos asumir que son datos extrapolables, quizá no sea así ya que hay muchos más factores que podrían afectar.

Por otra parte, aunque existe suficiente correlación, no podemos afirmar de forma rotunda que sea consecuencia del cambio climático, aunque sí tenemos suficientes pruebas para apuntar a la subida de temperaturas. Si la temperatura asciende, las plantas florecen antes. Y cuidado, si la temperatura asciende demasiado puede ser un problema, ya que muchas plantas necesitan el frío previo. La subida de temperatura es uno de los factores incluidos en el cambio climático que, en base a los datos que tenemos, está ocurriendo entre otros factores de origen humano, debido a la alteración en la composición de nuestra atmósfera, con el aumento de CO2 y de la emisión de otros gases de efecto invernadero. Vamos, algo lógico: si hacemos que haga más calorcito, las plantas consideran que es primavera antes.

En el artículo cuantifican los cambios observados, de forma que calculan que la polinización se adelanta una media de 20 días, y la concentración de polen aumenta aproximadamente un 20%. Pese a ello, no todo es culpa nuestra, ya que según sus cuentas, la contribución humana al calentamiento global contribuye un 50% a adelantar la temporada, pero un 8% a incrementar las concentraciones, que se deben principalmente a otras causas.

Abeja llena de polen
El polen no lo sueles ver, y si se ve… es tarde.

¿Qué pasará en los próximos años?

Teniendo en cuenta los modelos actuales, la situación no pinta bien. La tendencia detectada tiene fecha de caducidad ya que como decía antes hay un punto en el que la polinización deja de funcionar igual por la falta de frío. En paralelo, tendremos problemas con la falta de agua en algunas zonas en las que una ligera subida de temperatura no se puede asumir, y problemas con exceso de agua en zonas de costa si se produce una subida del nivel del mar. Si seguimos con los modelos actuales, la cantidad de polen será el menor de nuestros problemas, porque realmente ya lo es ahora aunque no lo veamos tan claro.

En la situación actual todavía estamos a tiempo de minimizar las consecuencias, y que todos los problemas sean tener cuidado con una mascarilla para no soltar el polen en casa. Cuanto antes lo arreglemos mejor, así que vamos a arrimar el hombro todos y pedir que nuestros países también lo arrimen. Que yo prefiero estornudar durante un mes más pero estornudar, porque si no lo hago implica que no hay plantas, y ese no es el mundo que quiero en mi futuro.

Si queréis ver los datos y los modelos del artículo, los podéis encontrar aquí: Anthropogenic climate change is worsening North American pollen seasons. Y vosotros, ¿habéis notado alergia antes de tiempo? Yo llevaba años sin estar en España en primavera, así que lo he notado más. Quizá no me habría dado cuenta su fuese poco a poco.

Si este artículo te ha hecho pensar en tu alergia o reflexionar sobre el cambio climático, te animo a que lo compartas y a que apoyes mi trabajo de alguna de las formas descritas aquí o invitándome a un café:

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