Aunque los virus de moda en estos momentos son otros, hoy vamos a hablar del origen de la rubeola. Un estudio reciente ha encontrado algo muy interesante sobre este virus que hasta ahora no sabíamos de dónde había salido.

Se suele considerar que la rubeola se describió a principios del siglo XIX, aunque ya hacía bastantes años que se le daba vueltas al tema. La enfermedad estaba presente, pero hasta 1814 no se dejó claro que el agente que la causaba era diferente al de otras enfermedades como el sarampión. Tuvieron que pasar bastantes años más hasta que se identificó el virus. Tengamos en cuenta que no se sabía qué eran los virus todavía.

¿Qué es la rubeola?

La rubeola es una enfermedad causada por un virus. Su genoma es de ARN y probablemente la mayoría conocéis su existencia por la vacuna. La vacuna contra la rubeola se incluye en la famosa triple vírica junto con el sarampión y las paperas. Para la vacuna se utiliza un virus vivo atenuado.

Pese a ello, quizá algunos de mis lectores sí recuerden cómo se manifiesta. Los síntomas son similares a los de una gripe. La fiebre es alta, se estornuda y se tiene malestar y conjuntivitis. Pasados unos días, empieza la erupción cutánea, esas rojeces que hacían que se confundiese con el sarampión. Como curiosidad, en algunos países se la conoce como «el sarampión alemán«. Dado que con ella trabajaban sólo médicos alemanes y que se parecía al sarampión… parecía tener sentido.

En general en niños no es grave, y en adultos puede pasar desapercibida. Como los adultos muchas veces no presentan la erupción cutánea, se piensa que es una gripe y no se diagnostica. En cambio, si el adulto que se contagia es una mujer embarazada, puede ser muy grave. Si el contagio se produce pocas semanas antes del embarazo o durante la primera mitad, se corre el riesgo de que el bebé adquiera rubeola congénita. En ese caso puede afectar al desarrollo, provocar ceguera o incluso provocar un aborto. Por eso, a las mujeres se nos recomienda ponernos una dosis de recuerdo al comenzar nuestra edad fértil o en su defecto hacer un análisis antes de quedarnos embarazadas para comprobar que todavía tengamos anticuerpos.

En cualquier caso, se recomienda a las embarazadas no estar expuestas bajo ningún concepto a personas contagiadas. El R0 de la rubeola es muy alto (entre 3 y 8), que en palabras comunes quiere decir que si te expones, la probabilidad de contagio es cercana al 90%.

¿Cual es el origen de la rubeola?

Esta es la parte que no teníamos nada clara. El trabajo publicado en Nature que inspira este artículo ha puesto un poco de luz en ese origen.

Hasta el momento sólo conocíamos un tipo de matonavirus: la rubeola. La falta de otros virus similares generaba un vacío en el posible origen. En este artículo, los investigadores descubrieron otros dos virus de la misma familia, muy parecidos, que dan algunas pistas del posible origen de la rubeola.

Los virus encontrados han sido llamados ruhugu y rustrela. El virus ruhugu se encontró en muestras bucales de murciélagos aparentemente sanos en Uganda. En el caso del virus rustrela, la identificación se hizo en muestras del cerebro de animales que habían enfermado en un zoo en Alemania. Concretamente, un burro, una capibara y un canguro. Al analizar el entorno, también se encontró en unos pequeños ratones de campo, tanto dentro del zoo como en el entorno (hasta a 10 km).

Imagen de granitos en la piel típicos de la rubeola
Típica imagen de piel con rubeola

¿Es el origen de la rubeola zoonótico?

Hablamos de zoonosis cuando nos referimos a enfermedades cuyo reservorio son animales. Pero porque un animal se contagie, no necesariamente es el reservorio. Si nos centramos en el caso del ruhugu, los datos observados apuntan a una prevalencia muy alta, lo que apunta a que sí, los murciélagos probablemente son el reservorio. Además, los murciélagos estaban sanos, por lo que probablemente conviven sin problema con el virus.

Por otra parte, en el caso del rustrela tenemos más datos. Mientras que los ratones que portaban el virus estaban sanos, los otros animales sí habían enfermado. La enfermedad, además, mostraba similitudes con la rubeola en humanos. Los ratones de campo mostraban una prevalencia alta, así que de nuevo podemos presuponer que quizá sean el reservorio.

Esto genera una nueva pregunta. ¿Cómo se ha transmitido el virus de los ratones a los otros animales? Dadas las condiciones y dada la presencia del virus tanto en muestras bucales como en heces, todo parece apuntar a que la transmisión es por lo que conocemos como la vía oral-fecal: por secreciones varias y excreciones varias.

¿Cuánto se parecen los virus?

La organización de su genoma es idéntica, y las secuencias son claramente similares. Además, al modelar las proteínas E1 de los nuevos virus, se observa una clara homología. La proteína E1 es la que se une al receptor en nuestras células, por lo que si las otras dos son parecidas, sabemos que su forma de unirse y entrar en las células puede ser también similar. Por suerte para nosotros, no son exactamente iguales.

No son iguales pero sí parecidas, y eso puede provocar que los análisis actuales para detectar la presencia de anticuerpos contra la rubeola puedan detectar los otros virus, por lo que se abre un nuevo campo de trabajo, para diseñar un ensayo de detección de anticuerpos más específico.

Entonces, ¿es una zoonosis?

Con los datos presentados en este trabajo no podemos afirmar que la relación con estos dos virus suponga una clara señal de zoonosis. En ambos casos, la similitud de secuencia parece indicar la posibilidad de infección en humanos, pero no existe ninguna prueba de que esto sea así. Por desgracia sabemos muy bien que los murciélagos son reservorios de enfermedades zoonóticas, y por extensión debemos vigilar muy de cerca ambos virus.

Pero teniendo en cuenta esa similitud, desde luego podemos especular sobre el origen de la rubeola, ya que estos resultados indican que probablemente se originó como una zoonosis. Lo que no sabemos, desde luego, es en qué momento dio el salto a humanos, aunque sí sabemos que lleva varios siglos con nosotros.

Pese a ello, la identificación temprana de éstos virus es una buena noticia. El descubrimiento nos permitirá generar modelos animales para el estudio de estos virus y quizá también de la rubeola dada la similitud. Además, podremos trabajar en el desarrollo de una vacuna o de un tratamiento antes de que tengamos una pandemia. La última gran pandemia de rubeola fue hace unos 60 años. De esa pandemia salió la vacuna, también con muchas prisas y contrarreloj. No esperemos otra vez a que se nos eche encima, investiguemos con calma mientras hay tiempo.

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