Hay libros que llevan mucho tiempo entre nosotros y que pasan desapercibidos hasta que algo hace que reciban mucha atención. Ese ha sido el caso ahora con El Anacronópete, de Enrique Gaspar y Rimbau, libro que pese a llevar muchos años publicado, jamás ha recibido la fama que merece.

Recientemente, tras la aparición de El Anacronópete en El Ministerio del Tiempo, un montón de personas descubrieron la existencia del tal historia. Aquellos que siguen la serie ya saben de qué va el asunto, pero para los que no la ven (que deberían), el Anacronópete es una máquina del tiempo un tanto peculiar. La descripción en el libro se acerca a la de una nave espacial, pero a un modelo de hace ya unas cuantas décadas. La nave permite viajar por el tiempo, aunque de forma más lenta de lo que esperaríamos, ya que dependiendo de lo cerca o lejos que se desplacen tardarán más o menos tiempo. Además, para que el paso del tiempo no afecte a los viajeros, éstos han de consumir el fluido García, la bebida que permite que su cuerpo no se altere. Así, los personajes de la historia visitan varios puntos de la historia sin limitarse a la de España.

Una nave temporal… pero con estilo

La descripción de los hechos históricos es bastante adecuada al principio del libro, pero poco a poco va tomando más y más señales de fantasía. Sin desvelar detalles de lo que ocurre, diré que en China una ya pone cara rara, pero lo de Noé rompe todos los esquemas. Además, ciertos comentarios excesivamente machistas o racistas hacen poner mala cara, pero si se tiene en cuenta cuando se escribió el libro, el contexto todo lo explica. Cada vez somos mejores personas, sin duda.

Aunque tenga mis críticas a parte de la forma de narrar la historia, no deja de ser quizá el primer libro de viajes en el tiempo y, casi sin duda, el primero escrito en español con ese tipo de detalles. Algo en mi cerebro lo asocia con Doctor Who y quizá sea al revés, quizá para el doctor alguien se inspiró en esa historia que en nuestra mente colectiva había quedado bastante olvidada. Además, pese a que se intentar dar numerosas explicaciones científicas, peca de nuevo de falta de rigor por el momento en el que fue escrito, pero sin duda hace reflexionar sobre lo que una mente de esa época pensaba sobre la ciencia. En cualquier caso demuestra algo… estamos en el año 2020 y todavía no hemos descubierto cómo hacer viajes temporales. Eso sí, el pasado mejor no lo toquemos, que la historia es la que es y si la alteramos igual vamos a peor.

Si queréis leer El Anacronópete, cosa que recomiendo (y además es muy ligerito), podéis hacerlo apoyándome a la vez, si lo compráis siguiendo este enlace a Amazon: El Anacronópete.

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