Ecologismo no real, demasiado simplificado

Este verano estaba enfrentándome a una de mis dudas habituales sobre las lecturas. ¿Cómo lee la gente tan rápido? Y es que cada vez que un divulgador español saca un libro, en las primeras 24 horas hay un montón de mensajes hablando maravillas del libro. Así que una de dos, o se les ha hecho llegar el libro antes, o leen muy rápido.

Como a mi no me hacen llegar libros antes de que se publiquen y tampoco tengo tanto tiempo para leer, pues para tener mi opinión sobre un libro tenéis que esperar un poco más, pero tenéis a cambio una dosis extra de honestidad.

El libro del que os voy a hablar hoy es Ecologismo Real de J. M. Mulet, del que quizá hayáis leído comentarios o muy buenos o muy malos. Respecto a los segundos, muchos surgieron a los pocos días de publicarse el libro y salieron a raíz de una entrevista y no tanto de la lectura del libro. Conste que yo me uní a las críticas por la sobresimplificación del concepto de ecologismo, pero respecto al libro, no podía opinar hasta que lo leyese.

Más ruido mediático que otra cosa

La mayor parte del libro recoge una serie de elementos bastante evidentes sobre el ecologismo. Porque a ver, aunque el ruido lo podamos ver de algunos ecologistas, la verdad es que una parte nada despreciable de ellos tiene dos dedos de frente. Todos sabemos que los numerosos desplazamientos al campo contaminan, y que cuando vamos al monte podemos hacer mucho el gilipollas. En sí, creo que la mayoría tenemos bastante claro que se venden cosas como eco siendo bastante dañinas, por eso llevamos mucho tiempo hablando del greenwashing. Y es que simplificar a ecologista == señor que va en un barco con una pancarta… es mucho simplificar. Porque el postureo ecologista existe, claro, pero los señores que dicen que ellos no quieren el postureo para justificar la forma en la que se cargan el planeta también. Ni comprar cubiertos de bambú para ser ecologista, ni ir en un SUV porque «es que no tengo alternativa y al final lo de mi coche se nota poco».

El caso es que la mayor parte del texto tiene mucho sentido, lo que a mí me rechina mucho es la forma en la que se presenta, porque según se va avanzando en el libro se encuentran esas simplificaciones que a mí me preocupan. Porque es evidente que si vives en un pueblo y tienes que ir todos los días a la ciudad, pues emites un huevo de gases si vas en tu propio coche. Pero es que la alternativa no es vivir todos en megaedificios en la ciudad, porque además ya vemos lo que pasa los fines de semana con aquellos que residen en las grandes ciudades. Pero el fondo, insisto, no está mal.

El idealizar lo que no se debe idealizar

Según se avanza en el libro, a mis ojos se va incrementando la carga política, algo que no me ha gustado. No me gusta básicamente porque si quieres hacer un libro de política medioambiental lo dices, y ahí ya destripamos las ideas de todos los partidos políticos… y metemos a todos, porque en todas partes se cuecen habas. Y cuando se habla de política volvemos a lo mismo, veo una sobresimplificación. Siendo yo una persona que considera que las nucleares deben ser parte de nuestro futuro inmediato, he conseguido cabrearme con la crítica a aquellos antinucleares, porque las cosas no son blanco ni negro. Siendo yo una persona que defiende la modificación de organismos, me ha pasado lo mismo con la idea planteada del uso de los transgénicos.

Está en nuestras acciones hacer pequeños cambios que nos afecten a nosotros, pero nuestra forma de comportarnos va a afectar más bien poco a nivel global, porque ahí dependemos… ¿De los que votamos? Ni siquiera… dependemos de las grandes empresas que son de otros países. Por eso nuestro voto puede servir para regular impuestos y nuestras acciones pueden cambiar el comportamiento de empresas pequeñas, pero a las grandes no les va a afectar a no ser que todos los indios cambien sus costumbres.

El caso es que ni siquiera comparamos bien, porque no podemos comparar con un ideal en nuestra cabeza, y eso es lo que se hace en el libro con Suiza. Suiza, ese país que tiene trenes a todas partes (cierto) y que tiene «policía de la basura» asegurándose de que separas bien con la amenaza de una multa de 2000 euros. Ambas son ciertas. Pero también es el país en el que se forman unos atascos épicos cada fin de semana en todas las ciudades para huir a la costa francesa o italiana, o para ir de compras a Alemania. También es el país en el que todas las mañanas hay atascos en Berna o Zürich que poco tienen que envidiarle a los atascos madrileños. Y es el país en el que el retorno de envases desapareció hace mucho, porque no compensaba. Se separa en función del material y buena suerte si no tienes un contenedor cerca. Suiza no es lo que era, igual que en España no se retorna como en los 80.

¿Lo recomiendo?

Al llegar hasta aquí todos pensaréis que no recomiendo el libro, pero la verdad es que sí. No estoy de acuerdo con muchas de las conclusiones, y yo no considero que haya que conformarse con algo porque la otra opción sea más cara o sea más compleja. Yo considero que hay que luchar por ella. Si no podemos pagar todos algo reutilizable, entonces la solución no es usar algo y tirarlo, es buscar la forma de que todos podamos pagarlo. Si la gente de un pueblo tiene que moverse a la ciudad en coche todos los días, la solución es que haya trabajos en el pueblo y que compense poner un sistema de transporte público, aunque durante un tiempo pueda parecer que no compensa.

Pero es que en esas cosas entramos en política, y no creo que sea lo que tenemos que discutir. El fondo es interesante, y sí pone el foco sobre algunos temas de los que el común de los mortales lee poco, porque no se suelen tratar. Así que vale la pena leerlo, aunque yo haya pasado de pensar en el primer tercio que igual nos habíamos precipitado al criticarlo para acabar en las últimas páginas un poco encendida de más con algunas afirmaciones. Pero hay que verlo con ojo crítico, y se encontrará que varias veces se recurre al sesgo de confirmación para justificar algunas conductas.

Quizá por esas cosas yo hablo de microbichos y otras cosas muy pequeñas y de ecologismo opino puntualmente y siempre aclarando que es mi punto de vista y una opinión, porque lo otro se lo dejo a los expertos en ese tema. Porque yo sé de bioquímica y microbiología, un poco de biología general, lo justo de ecología y muy poco de ecologismo. Es lo que tenemos, que nos especializamos demasiado y acabamos sesgando nuestra perspectiva.

Si queréis leer el libro, os dejo el enlace afiliado de Amazon aquí, pero recordad que yo os he dicho que hay que leerlo con ojo crítico… desde mi punto de vista, en mi opinión, como una lectora más y no como experta.

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