Cuando un cachorro pleistocénico nos cuenta su vida

Es cierto que normalmente aquí traigo comentarios sobre artículos largos, pero más de una vez he comentado que hay otros tipos de artículos y hoy voy a comentar una carta publicada en Current Biology. He elegido este artículo porque es una de esas noticias que pasan fácilmente desapercibidas pero que creo que son muy interesantes para entender nuestro pasado y el de otros animales que conviven o convivían con nosotros.

La relación amor-odio con los lobos

Los seres humanos no nos aclaramos. Aunque para nosotros el lobo es un peligro, la verdad es que necesitamos su presencia para que todo siga su ritmo normal. Y es algo que descubrimos hace muchísimos años, pero que se nos olvida y tenemos que redescubrir cada dos por tres. Lo que necesitamos es un equilibrio gracias al cual el lobo esté presente pero no en exceso, algo que en la naturaleza, sin intervención humana, se autorregula.

En nuestro mundo alterado si hay demasiados lobos va a suponer un problema, pero si eliminamos demasiados lobos también, ya que al no estar presentes van a ser otros animales los que ocupen su lugar. Y no sólo eso, ya que incluso puede afectar a las especies más insospechadas. ¡Incluso pueden cambiar el cauce de los ríos! Si esto suena extraño, pasó en Yellowstone.

La historia del cachorro

Cachorra, para ser más exacta, porque se trata de una hembra.

Hace cuatro años, en Canadá, se encontró el cuerpo momificado de una cachorra al descongelarse el permafrost. Esta pequeña loba, a la que los locales llamaron Zhùr nos ha contado su vida con sus restos, y también nos ha enseñado lo mucho que se movían los animales en su época por lo que ahora llamamos el estrecho de Bering, que sabemos que en algunas épocas fue mucho más transitable de lo que es ahora.

Nuestra pequeña Zhùr medía casi 50 cm de hocico a cola y pesaba poco más de medio kilo. Era claramente joven, y para poder determinar su edad se comparó con el crecimiento de un perro actual. Sus huesos nos dicen que tenía unas seis o siete semanas, todavía muy joven y con mucha vida por delante. ¿Qué ocurriría?

Su muerte ocurrió probablemente en verano, por los isótopos presentes. Eso nos confirma además que al igual que en la actualidad, los lobos en aquel momento se reproducían en primavera y parían a principios del verano. Dada la edad, Zhùr había sido recientemente destetada, una o dos semanas antes de morir.

La edad y la vida de Zhùr

Para poder determinar de qué época es Zhùr, se juntaron dos técnicas que permitieron acotar un rango. Por una parte, el análisis del ADN antiguo, y por otra los isótopos de oxígeno. Así sabemos que Zhùr vivió y murió hace 56-57000 años.

El análisis de ese ADN además permite ver su conexión con otros lobos, viendo que estaba claramente conectada tanto con lobos de Eurasia como de América del Norte, lo que nos recuerda que ese Estrecho de Bering en ese momento no eran tan «estrecho» y había más movimiento. En sí, recordemos que esto lo sabemos de otras muchas especies que se distribuyeron entre los dos continentes en las épocas en las que era más sencillo cruzar por esa zona.

Por último, podemos saber que Zhùr comía principalmente peces. Esto ya se había visto antes, porque en muestras de otros lobos todo apuntaba a que en la época era común consumir peces, especialmente salmones. Y eso es lo que se observa de la corta vida de Zhùr y nos indica que su madre tendría una dieta similar. Además, el análisis muestra que no pasaba hambre.

Loba con una cría
No digáis que no os da pena pensarlo…

Entonces, ¿cómo murió Zhùr?

Nuestra pequeña loba tuvo una muerte muy inesperada, pero que fue lo que facilitó su momificación y que se haya podido analizar ahora. Los análisis muestran que lo que ocurrió fue un desprendimiento cuando Zhùr se encontraba dentro de su guarida, quedando atrapada dentro. Al quedar sepultada con los sedimentos, su guarida pasó a formar parte del permafrost y sus restos llegaron en buen estado a nuestros días.

Una historia triste para la pequeña Zhùr, pero que nos enseña mucho del pasado y que además nos ayuda a empatizar con un animal que no nos cae demasiado bien en la actualidad, aunque hayamos tenido nuestros más y menos a lo largo de nuestra propia historia.

Sin duda, a veces las pequeñas historias también nos aportan mucho, y no todo tienen que ser grandes artículos, aunque esto podría serlo. Y leeremos más de la pequeña Zhùr y de su vida, de eso estoy segura.

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