Cuando los denisovanos se mezclaban en su cueva

Yo quería dejar a nuestros antepasados a un lado por ahora, pero las noticias son las que son, y un artículo que se acaba de publicar me hace volver a hablar de ellos. Concretamente, hoy vamos a hablar de los habitantes de una cueva muy famosa, una cueva de Denísova. Para aquellos que no sepan por dónde cae esto, cae por Siberia, y es un lugar con unas cuevas en las que se encontraron los restos de uno de nuestros antepasados, los denisovanos.

Los denisovanos son una de esas ramas paralelas que se separan y se juntan y de las que en parte todavía nos falta información. Hace ya tiempo que sabemos que fueron muy cercanos, tan cercanos que se mezclaron mucho con nosotros, con los H. sapiens.

Lo que no sabemos con los huesos

Aunque históricamente hemos estudiado a nuestros antepasados analizando fósiles. No siempre tenemos huesos como teníamos de Lucy y de Ardi. O no tenemos suficientes. Y nos faltan muchos datos. Pero por suerte, en los últimos años hemos avanzado en otros temas. Uno de ellos es muy importante, la secuenciación de ADN.

Lo que no sabemos con los huesos que tenemos, podemos completarlo con información que obtenemos del ADN. Pero eso es un trabajo muy delicado, con muchos pasos, y que lleva mucho tiempo, pero da resultados.

El ADN de sedimentos

En este caso, lo que hicieron los investigadores, fue tomar muestras de las diferentes capas de sedimentos de la cueva. De cada muestra se aisló el material genético presente, se secuenció, y después se interpretó. Dependiendo de lo que se iba encontrando, se podía orientar el trabajo. Por ejemplo, en humanos sabemos que si analizamos el ADN mitocondrial vamos a obtener información de la madre de la persona que estamos analizando.

Por otra parte, aunque el objetivo era saber más sobre los homínidos que vivieron en aquella cueva, ya que estaban, analizaron más cosas. Así, además de la información sobre nuestros antepasados, también han podido analizar el ADN de otros animales que pasaron por la cueva, algunos como alimento de sus habitantes. Esta información, junto con los restos de herramientas presentes, ayudó a generar una idea de qué ocurrió en la cueva durante miles de años.

Diferentes antepasados, mucha historia

Con las muestras analizadas, los investigadores pudieron trazar una historia. Los primeros homíninos que vivieron en esa cueva (según sus muestras) fueron los denisovanos. En parte, algo que no nos extraña, dado que recibieron su nombre por las cuevas en cuestión. Unos años (miles) de años después llegaron los neandertales. Ambas especies convivieron en la cueva durante muchos años, hasta que los denisovanos desaparecieron, aunque volvieron después, pero por su ADN se cree que era una población diferente, ya que no coincide. Además, se ve que traían novedades de otra zona. Al final de toda esta historia, en la cueva ya vivían nuestros antepasados directos, los primeros H. sapiens.

Alguien podría preguntarse si esa época de convivencia entre denisovanos y neandertales era en paz o no. Pues a ver, lo que sabemos es que una de las muestras encontradas era producto de la «convivencia». La madre era neandertal y el padre era denisovano. Dado que los neandertales llegaron cuando los denisovanos ya estaban allí, esto apunta a que el intercambio genético en cuestión no fue algo muy aislado, y que los denisovanos tuvieron a bien aceptar a, al menos, las neandertales. Otra cosa ya sería como se llevasen los machos entre ellos, pero para pegarse no hacía falta ser de especies diferentes.

Dibujo de una familia de neandertales sentados rodeando una hoguera. Al fondo se ven montañas nevadas y mamuts.
Así imaginamos a nuestros antepasados (Imagen de David Mark)

El entorno también importa

Aunque es algo que se suele contar menos, en este artículo también han analizado el resto. Han visto qué otros animales vivían (o morían) en la cueva. Porque recordemos que nuestros antepasados tenían una dieta relativamente vegana, pero tampoco sabemos si le hacían muchos ascos a aprovechar partes de animales si coincidía que estaban allí, aunque no saliesen organizados a cazarlos (eso llegó hacia el final de la época que se ha analizado en esta cueva).

Pero otros animales pasaban por allí, y dejaban sus restos de ADN. Eso, junto con los materiales que formaban el sedimento, ayudaron a entender también el clima en cada momento, viendo cómo según hacía más frío o calor, también cambiaban los animales presentes. Que ya sabíamos cuando ocurrían cambios en general, pero ahora tenemos datos más concretos de la cueva.

La vida de los denisovanos en su cueva

Con todo esto vamos añadiendo más datos a cómo vivieron nuestros antepasados, y vemos cada vez más que lo de ser diferentes especies y el cambio de una a otra no es tan claro y diferenciado como se nos hizo creer. Sabemos que los denisovanos como los de esa cueva se cruzaron con nosotros porque varias poblaciones actuales tienen muestras de ello en su ADN. También tenemos cada vez más muestras del «contacto estrecho» con neandertales.

Y es que una especie nueva no surge de un día para otro. Obviamente se fueron acumulando cambios, y algunos vendrían por los cruces con otros individuos con cambios distintos que sumaban a algo que se adaptaba mejor. Pero quizá acabemos replanteándonos si todo eso que algunos han dicho que son especies distintas realmente son especies. Somos mucho más similares de lo que nos quisieron hacer creer.

Estoy segura de que todavía se obtendrá más información de la cueva, y como además yo he destacado lo que a mí me ha parecido más curioso, os animo a que ojeéis el artículo, que podéis encontrar aquí: Pleistocene sediment DNA reveals hominin and faunal turnovers at Denisova Cave

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