Cromosomas Y de desinovanos y neandertales

Del ADN mitocondrial y del cromosoma Y ya he hablado alguna vez en el pasado. Aunque durante los últimos años nos hemos centrado fundamentalmente en el estudio del ADN genómico de nuestros antepasados, hay más cosas. El ADN genómico (así, en general) nos aporta muchísima información, pero en nuestras células las cromátidas de los cromosomas se cruzan, y eso hace que la variabilidad genética aumente. Poco a poco, a base de mutaciones y entrecruzamientos, vamos perdiendo el hilo de los cromosomas originales y de lo que pudo ser la secuencia presente en nuestros antepasados. Ese ADN autosómico (el de los cromosomas que no son X o Y) aporta información, pero el resto de nuestro ADN puede aportar información extra.

El ADN mitocondrial es independiente del presente en el núcleo y se hereda por vía materna. Su estudio nos permite conocer el pasado de nuestras madres, y de ahí sale la famosa teoría de la Eva Mitocondrial. Es una larga historia… que se ha malinterpretado mucho. Por otra parte, el ADN del cromosoma Y se hereda sólo de los padres y exclusivamente llega a los varones, por lo que tampoco se mezcla con el de la madre, y aporta también información por otra vía. Si con el mitocondrial podemos conocer el pasado de nuestras madres, con el del cromosoma Y conocemos el de nuestros padres.

El artículo que voy a comentar hoy analiza los cromosomas Y de nuestros antepasados, y fue publicado recientemente en Science.

El ADN del cromosoma Y, información extra de Neandertales y Desinovanos

En una serie de estudios previos, analizando secuencias de ADN autosómico se había establecido que hace entre 550 y 765 mil años nos dividimos. Según esos estudios, neandertales y desinovanos se habían separado de nosotros, o nosotros de ellos. En cambio, al analizar el ADN mitocondrial, los resultados indicaban que nos parecemos más a los neandertales, y que nos habríamos separado de ellos hace unos 400 mil años. Pero claro, los estudios de ADN mitocondrial de la Sima de los Huesos, indicaban que se parecía más al desinovano, y que fue después cuando fue sustituido por el de los «humanos modernos». Todo muy complicado y con una serie de números que parecían no coincidir. Por eso, el estudio del cromosoma Y podía inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro… cosa que durante mucho tiempo no se pudo estudiar porque no teníamos muestras suficientes.

En el trabajo que se publicó en Science, los autores analizaron muestras de dos desinovanos y tres neandertales. Lo que hicieron fue un proceso de amplificación que minimiza el impacto de los posibles daños, algo muy habitual cuando se intentan analizar secuencias parciales o dañadas. Con sus resultados pudieron establecer un nuevo árbol, que aporta un poco de luz a las teorías previas, aunque no respondan a todas las preguntas abiertas.

Qué relajados vivían nuestros antepasados… no.

Los desinovanos nos abandonaron antes

Con el análisis del cromosoma Y, los investigadores observaron que sus secuencias se separan antes. Concretamente, calcularon que la divergencia entre desinovanos y el resto ocurrió aproximadamente hace 700 mil años.

En cambio, si nos centramos en la rama de los neandertales, se separaron hace 370 mil años… aproximadamente. Como tenían tres muestras, ahí pudieron además compararlos entre ellos, para ver dónde se separaron, que fue hace aproximadamente 100 mil años.

Con todos estos datos en la mano, parece que nos separamos hace menos de lo que podríamos creer. Las estimaciones previas, basadas sobretodo en el análisis de una muestra de El Sidrón, nos ponían en una separación entre neandertales y humanos modernos hace casi 600 mil años, pero según estos nuevos resultados, sería 200 mil años más tarde. Y 200 mil años son muchos años.

División de desinovanos y superposición en neandertales

El análisis de las secuencias aporta más información, no sólo una fecha. Lo más destacado es el proceso por el que las secuencias divergen. En el caso de los desinovanos, se separan del resto… porque se separan. En un punto determinado pasamos a tener dos líneas, sin más. Eso es lo que es más fácil de entender, y lo que todos asumiríamos por pura lógica.

Por el contrario, en el caso de los neandertales la cosa es más complicada. La separación ocurre porque en la población de neandertales se sustituye el cromosoma Y «previo» por el de los humanos modernos. Es algo conocido como flujo genético y que puede hacer desaparecer otros linajes, y hacer que se cree una rama nueva en el árbol genealógico.

La teoría del reemplazamiento genera muchas dudas. ¿Por qué ocurriría de forma tan exitosa? Asumimos que es porque su fitness es más elevada. Esto, que puede sonar muy extraño, quiere decir que una versión tiene una ventaja evolutiva frente a otra, que los individuos que tienen esa variante es «un poco» mejor, sea porque viven más o porque están en mejores condiciones, pero dicho a lo bruto: a más fitness más hijos. Así, aunque la diferencia sea pequeña, a la larga una población puede sustituir completamente a la otra.

¿Y ahora?

La verdad es que estamos más o menos como estábamos, pero con más datos. Los resultados obtenidos concuerdan a grosso modo con los previos con ADN mitocondrial, lo que es buena señal. Además, sugieren un poquito más sobre cómo nos fuimos separando, algo que todavía no entendemos bien.

Recuerdo que cuando estudiaba la carrera, el consenso era que no nos habíamos mezclado con los neandertales. En sí, casi suspendo un examen por decir que sí nos habíamos mezclado… y ahora todo el mundo tiene más que asumido que hasta cierto punto nos mezclamos. Porque las cosas no son tan rígidas como creemos, y ni éramos tan diferentes, ni la ciencia es inmutable. Por suerte seguimos estudiando nuestros antepasados y, pasito a pasito, vamos entendiendo mejor cómo hemos llegado hasta aquí. Al fin y al cabo, tanto desinovanos como neandertales más que primos, eran hermanos.

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