Las plantas también tienen su reloj interno

Siempre se habla del ritmo circadiano y el reloj interno que tenemos los animales, pero muchas veces se nos olvida que las plantas también tienen su reloj interno. El reloj molecular de las plantas depende de muchos factores, pero en el trabajo que voy a comentar hoy se centran en el reloj de las raíces. Porque sí, las raíces también tienen su reloj interno.

El trabajo se ha publicado hace unas semanas en Science y podéis encontrarlo aquí en su versión previa en bioRxiv: Cell wall remodeling and vesicle trafficking mediate the root clock in Arabidopsis

El reloj interno en las raíces de las plantas

En las plantas existen diferentes factores que regulan el crecimiento y les permiten ubicarse en el tiempo y el espacio. Un punto crítico para la supervivencia de la planta es el crecimiento de las raíces. Cuando una raíz se extiende, se genera un primordio lateral, esa pequeña raíz que sale de la parte que ya es más gruesa. Para que se extienda, primero se tiene que generar el punto en el que se va a abrir. Para regular esa generación, se produce una oscilación en la expresión de genes.

Desde hace tiempo se sabe que uno de los marcadores que regulan la generación de las raíces es el llamado DR5, pero de forma más reciente también se identificaron los niveles de auxina. La auxina es una hormona que regula el crecimiento… como supongo que ya se suponía. Afecta a toda la planta y es fundamental en los frutos.

Ahora, en este nuevo estudio, se valora fundamentalmente una ruta paralela, la de GNOM. GNOM regula el tráfico entre las vesículas y la membrana, y esto va a ser fundamental para la formación de las nuevas raíces.

Imagen de la raíz de una planta
Raíz de una planta con sus ramificaciones

La pectina, fundamental en la formación de raíces

Hasta el momento se tenía claro que todas las raíces laterales se generaban de uno de esos puntos laterales, una pre-rama. En este caso, más bien una pre-raíz. Aunque todas las raíces de generan de ellas, no todas dan lugar a raíces, pero sí la mayoría. Y el crecimiento de la nueva raíz comienza poco después de la formación de este punto clave.

Para identificar qué factores podían desencadenar el proceso y regularlo, los autores del trabajo buscaron qué elementos abundaban más durante la oscilación espacio-temporal en esa parte de la planta. Así, aquellos factores que estuviesen sobrerrepresentados, podrían estar implicados. Una vez identificados, analizaron los genes implicados para analizar las posibles funciones.

Por supuesto, se encontraron múltiples factores, pero aquí llegamos al GNOM antes nombrado. Claramente se veía afectado por el reloj interno de las plantas. Y para que se puedan formar las nuevas raíces, es necesaria la acumulación de pectinas en el punto crítico del que va a nacer la raíz. Aquí entra en juego el homogalacturonano.

El homogalacturonano es tipo de pectina, que se sintetiza en el Golgi y debe transformarse antes de llegar a su destino. Dado que GNOM regula el tráfico desde las vesículas, parecía necesario analizar si existían una conexión. Y claro que existía, pero mucho más compleja de lo que podría parecer. Lo que se está regulando durante el ciclo no es la presencia del homogalacturonano, es qué forma en concreto del homogalacturonano va a qué parte concreta.

¿Entonces qué regula las raíces?

A estas alturas tenemos ya muchos factores, porque ya conocíamos el papel de las auxinas, pero en total sabemos que hay también muchos factores implicados en el transporte y en la homeostasis, porque es necesario controlar los nutrientes. Si el ambiente no es el adecuado, quizá no sea el momento para generar una raíz.

Pese a que aquí veníamos a buscar respuestas, todavía no sabemos cual es la relación entre la presencia de las pectinas y la generación de una raíz, No sabemos cómo funciona la modulación, pero sabemos que existe. Por ahora, lo que podemos decir es que los diferentes niveles pueden hacer que, mientras crece una nueva raíz de un lado, no crezca del lado opuesto.

Esta última teoría parece apoyarse en otros factores, ya que el reloj interno de las plantas, que va oscilando cada seis horas aproximadamente, incluye otros muchos factores que también parecen apoyar esa limitación de moléculas en el lado opuesto. Pero seguimos sin tener claro qué es lo que hace que se empiece a formar ese punto de pre-raíz, porque no sabemos qué desencadena la acumulación de factores del reloj biológico que digan «ahora, nueva ramita». Por eso todavía quedan muchos estudios pendientes, estudios que permitan entender qué elementos externos mueven la balanza hacia un lado o hacia el contrario. Pero ahora sabemos un poquito más sobre cómo se forman las raíces de las plantas.

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La vacuna de la Covid-19 y la sincitina: ¿te vuelve estéril?

Una de las ideas que se está distribuyendo mucho estos días es que la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 te va a provocar esterilidad. La supuesta base científica para esto es que la espícula (o espina) del coronavirus, que se utiliza para las vacunas, es altamente homóloga a la proteína sincitina-1, que es imprescindible durante el desarrollo embrionario. Por lo tanto, la espícula que está en las vacunas se uniría en el lugar en el que se tiene que unir la sincitina y bloquearía el desarrollo. Según los promotores de esta idea, esto es cierto y por eso la vacuna no se recomienda a embarazadas, pero claro… al resto nos esterilizaría de por vida. Vamos a ver qué hay de cierto o no en estas ideas.

Qué es la sincitina y su parecido con la vacuna de la Covid-19

La sincitina es, efectivamente, una proteína implicada en el desarrollo embrionario. De forma muy resumida, tiene un papel fundamental en la fusión del trofoblasto, que son las primeras células que se diferencian en la primera fase del embarazo y que después darán lugar a la placenta. Por lo tanto, la sincitina es necesaria para que la placenta se desarrolle correctamente.

Existen dos tipos, la sincitina-1 y la sincitina-2, y ambas son codificadas por retrovirus endógenos. Si queréis saber más sobre dichos retrovirus, hablé de ello en un capítulo de Bacteriófagos que podéis encontrar aquí. No son los únicos genes que vienen de esos retrovirus, y muchos tienen funciones tan importantes como la de la sincitina.

Por otra parte, la sincitina tiene una estructura similar a la de proteínas virales, concretamente a la de proteínas de la superficie de virus. Tiene una parte que es transmembrana y una parte externa expuesta. Esa parte en la superficie es lo que le va a permitir cumplir su papel en la fusión. Pero lo que quizá llama la atención y hace que se parezca a otras proteínas es la presencia de un sitio de corte para la furina, mecanismo que permite regular que la proteína pueda activarse e inactivarse.

Efectivamente, esta estructura es similar a la de las espinas, espículas o espigas de muchos virus, y entre ellos se encuentra la del SARS-CoV-2. Incluso una pequeña parte de la secuencia es claramente similar. Pero que partes de dos proteínas se parezcan mucho no quiere decir que cumplan la misma función, ni siquiera que puedan interferir.

Brazo siendo vacunado
¡A vacunarse!

La vacuna de la Covid-19 lleva parte del virus

En cualquier caso, vamos a tener en cuenta un aspecto fundamental: las vacunas de las que se está hablando en este caso, que son las de Pfizer/BioNTech y Moderna, llevan el ARN de la espina del virus en su interior. No es algo nuevo, es la del virus. Por lo tanto, aquellas personas que ya se han contagiado con el virus ya se han expuesto a dicha proteína.

En estos momentos sabemos que la mayor parte de los virus durante una infección se concentran en el tracto respiratorio, pero eso no quiere decir que no haya virus que puedan llegar a otras partes del cuerpo, ya que se han podido aislar en otros tejidos. Esto ocurre especialmente en infecciones graves y largas, con cargas virales mayores.

En cambio, el proceso de vacunación se lleva a cabo con ARN, una molécula que es altamente inestable. Para que el ARN tenga suficiente estabilidad como para llegar a su destino y utilizarse para generar espinas hay que protegerlo, pero esa protección es muy limitada en el tiempo. Por lo tanto, habrá muchas menos espinas del virus en el cuerpo con la vacuna frente a la infección, y además durarán mucho menos tiempo, ya que no pueden generarse más. Con el virus, mientras la infección esté creciendo, se pueden obtener más y más copias.

Las vacunas y las embarazadas

En la ficha técnica de Comirnaty se destaca que no se debe administrar a embarazadas si el beneficio no supera al riesgo y que hasta el momento existen datos limitados. Pese a ello, también se aclara que se han realizado estudios en ratas en los que tras administrar grandes dosis, no se han observado problemas con el embarazo, el parto o la lactancia. Pero las ratas no tienen la misma sincitina-1 que tenemos los humanos, por lo tanto… ¿podemos asegurar que no hay riesgo?

Pese a que como bien dice esa ficha técnica todavía no tenemos datos suficientes porque todavía no se han vacunado suficientes mujeres embarazadas, vamos a analizar los datos que sí tenemos:

  • Si se puede evitar la vacunación de embarazadas, se evita, porque ante la duda no queremos ninguna reacción. En todas las vacunas se valora ese beneficio/riesgo, no es algo nuevo.
  • Se van a vacunar mujeres embarazadas: algunas porque consideren que el beneficio es mayor, otras porque no sepan que están embarazadas.
  • No tenemos pruebas de que no exista ningún riesgo, pero hasta ahora no se ha detectado un riesgo mayor que en la población general.
  • Lo que sí podemos afirmar es que la vacuna no va a esterilizar a ninguna mujer por el parecido de la espina del virus con la sincitina.

La espina en la vacuna de la Covid-19 no bloquea la sincitina-1

Lo que tenemos en estos momentos son miles de mujeres en el mundo que han pasado la Covid-19 durante su embarazo. Parte de esos embarazos ya han llegado a término, porque hemos tenido contagios en las primeras fases, durante el embarazo o incluso de madres con una infección activa en el momento del parto. Y sí, hubo casos en los que hubo complicaciones en el embarazo o en el parto. Y sí, también hubo abortos. Pero en ningún caso se ha encontrado una relación entre la espina del virus que está provocando la infección y un problema en el desarrollo de la placenta.

Por lo tanto, lo que sí sabemos es que el virus puede provocar la muerte tanto de la madre como del bebé, pero por ahora no hemos visto ningún caso en el que provoque un problema con la fusión del trofoblasto y el desarrollo de la placenta. Es decir, el beneficio (evitar la infección) es mayor que el riesgo (algo que no se ha observado todavía). Hay otros riesgos, pero éste no es uno de ellos.

¿Nos vacunamos o no?

Seamos un poco críticos y si nos dicen que la espina del virus de la vacuna va a producir esterilidad pensemos… ¿es algo que hayamos observado antes? ¿pasa cuando nos infectamos? ¿llegará la espina de la vacuna al embrión? Y valoremos siempre los riesgos y los beneficios, porque si elegimos no vacunarnos por un miedo infundado de no poder tener hijos en el futuro, estaremos obviando lo evidente: ¿qué pasará si nos contagiamos antes?

Por último, una aclaración: sí hay otras razones por las que una embarazada debe tener especial cuidado a la hora de ponerse una vacuna (ésta o cualquier otra), al igual que a la hora de utilizar cualquier medicamento. Por lo tanto, siempre deben consultarlo y dialogarlo antes, para valorar si existe mayor beneficio que riesgo.

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El ARN de las células del pulmón genera un nuevo atlas

¿Cuánto se puede aprender del ARN de las células de pulmón? Si las miramos una a una, hasta podemos descubrir que hay tipos de células que no se conocían. Eso es lo que han hecho los autores del trabajo que voy a comentar hoy. Han mirado el ARN de unas 75000 células de tejido pulmonar y con los resultados han generado un nuevo atlas.

El trabajo se publicó recientemente en Nature, pero llevaba ya un tiempo en bioRxiv: A molecular cell atlas of the human lung from single cell RNA sequencing. Comparto el enlace a bioRxiv disponible para todos.

El ARN de los pulmones nos enseña sus huellas

Tradicionalmente, las células se han clasificado en función de sus características histológicas. Pero claro, dos células pueden «parecer» iguales y cumplir funciones muy diferentes. Mientras que en esa clasificación se podían clasificar en 45 tipos en función de su estructura, localización y abundancia, ello ya suponía un problema: hay células que no son nada comunes.

En este nuevo estudio algunas de las poco abundantes no han aparecido, pero se han encontrado tipos nuevos al clasificarlas en función de su ARN. Se analizó el transcriptoma de 75000 células. Así encontraron 58 poblaciones distintas, que serían 37 más que en otros estudios recientes. Aunque sabíamos que había al menos 45, se requieren estudios con diferentes técnicas para localizarlas. Este trabajo es el mapa más completo hasta el momento.

Sin duda, uno de los primeros puntos a tener en cuenta, es qué tipo de células hay en nuestros pulmones. Según sus resultados, existen 15 epiteliales, 9 endoteliales, 9 estromales (del tejido conectivo) y 25 inmunitarias. Entre las conocidas que no han aparecido en el estudio encontraríamos las neuronas o los eosinófilos (entre otras), y su ausencia se debe a su poca abundancia o a que requieren técnicas especiales para ser aisladas.

No siempre en el pulmón, pero siempre en todos

Una de las preguntas del trabajo, tras encontrar nuevos tipos celulares, era si serían una casualidad. Por supuesto, podrían encontrarse sólo en una persona y sesgar el estudio. Sus resultados indican lo contrario. Todos los nuevos tipos celulares se han encontrado en varios participantes del estudio, por lo que no son una rareza. ¡Todavía no sabemos qué células tenemos en nuestro cuerpo!

Lo que sí sabemos, por otra parte, es que las células que tenemos en los pulmones, no son siempre exclusivas. La comparación de su ARN, saber qué se está transcribiendo en ellas, nos permite conocer más detalles. Parece muy evidente que las células de epitelio pulmonar están en los pulmones pero, ¿y las inmunitarias? En algunos casos esas células sí son exclusivas (o casi) del pulmón, como por ejemplo los macrófagos de los alvéolos. En cambio, otros tipos celulares sí circulan por el cuerpo, ya que se encuentran frecuentemente en nuestra sangre.

Dibujo de los pulmones y sus ramificaciones
Lo que esconden los pulmones…

El ARN de las células del pulmón nos dice «para qué sirven»

¿Por qué tanta especialización? Porque algunas células están ahí para detectar hormonas, o para responder a señales, o para detectar virus. Esto último para nuestra desgracia, porque es un efecto colateral de sus receptores. El análisis del ARN de las células del pulmón nos permite conocer qué tipo de receptores están generando y, por lo tanto, su función. Si una célula va a detectar una hormona, debe tener los receptores adecuados. Si una célula va a generar una señal, tendrá que tener el ARN para esa señal. Esto ha permitido, en paralelo, descubrir que existe una gran comunicación entre células vecinas en nuestros pulmones.

Aunque las células sean externamente similares, su especialización se ve en su interior. Dado que en algunos casos estas diferencias no son demasiado grandes, el análisis de esas diferencias podría abrirnos la puerta a convertir una célula de un tipo en otra ligeramente diferente. Sin duda, para eso, primero tenemos que conocer en detalle las diferencias, y estudiar mejor estos nuevos tipos celulares.

Los receptores y las enfermedades

Si estamos valorando qué es lo que se expresa o no en una célula pulmonar analizando su ARN, no podemos ignorar los receptores y los marcadores de enfermedades. Aunque todavía nos queda mucho camino, poco a poco vamos asociando la expresión de algunos genes a diversas enfermedades, y ésto no ocurre igual en todas las células del pulmón.

Por otra parte, en los tiempos que corren, no debemos ignorar los receptores. Ahora es muy conocido que el coronavirus SARS-CoV-2 se une al receptor ACE2 (ECA2 en español), pero no es el único presente, y no se expresa por igual en todas las células. Entre los sospechosos habituales, también tenemos DPP4 que es usado por el MERS. Pero no son los únicos, porque rinovirus y sarampión también tienen receptores que han podido detectar como característicos de distintos tipos celulares.

Finalmente, comparando su nuevo gran atlas celular basado en el ARN de las células de pulmón con el de ratón, se pueden sacar varias conclusiones. Por una parte, hemos perdido algún tipo celular. Por otra parte, también hemos ganado. Desde luego, un paso más para entender la evolución, y es que es evidente que entre los pequeños pulmones de ratón y los nuestros, diferencias hay.

Nueva puerta, nuevos estudios

Un trabajo como éste genera más preguntas que respuestas. Ahora conocemos nuevos tipos celulares, pero eso implica por otra parte que es necesario estudiarlos. El estudio del ARN de las células pulmonares ha permitido entender algunas funciones un poco mejor, cómo se regulan las células, y que nos sigue faltando mucha información.

Sin duda el análisis detallado del transcriptoma nos abre muchas puertas. Aquellos detalles que vamos conociendo son manipulables en cierta medida, ya que ciertos factores de transcripción regulan la presencia del ARN. Si mejoramos nuestro conocimiento, si sabemos qué proteína es responsable de una enfermedad, en un futuro podríamos modular su expresión manipulando puntualmente el ARN. Esto será en un futuro lejano, porque todavía no sabemos qué hacen muchas de esas proteínas.

En el caso que todo el mundo pensaría ahora, la ACE2 y el coronavirus, si eliminamos el receptor reducimos la infección, pero generamos otros problemas. ACE quiere decir «enzima convertidora de angiotensina». La angiotensina es la hormona que genera la vasoconstricción, fundamental para la vida. ¿Podríamos ajustar sus niveles para evitar contagios sin perder su función? ¿Podríamos manipular otras proteínas para evitar otras enfermedades? Eso por ahora es un interrogante, pero no dudo que sea posible en un futuro… lejano.

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El pH de los virus y la importancia de la dieta

Aunque es algo que se ha desmentido un montón de veces, cada cierto tiempo vuelven a nosotros diferentes mensajes sobre la importancia del pH de nuestra dieta. Seguramente alguna vez hayáis recibido por WhatsApp algún mensaje de este tipo. Durante el último año han insistido en la importancia para evitar infectarse con el coronavirus SARS-CoV-2.

Y ha vuelto, y esta vez uno de vosotros ha sido el que ha pensado dos veces lo que recibía y me ha preguntado el «oye esto del pH del virus…». Y aunque en esa vía ya lo he aclarado, voy a aprovechar la oportunidad y resumir aquí la conversación. De paso, voy a dar gracias tanto al que ha preguntado (gracias por dudar) como a aquellos que han participado, algunos incluso aportando un toque de humor, que nos hace falta.

El pH de los alimentos de nuestra dieta

Efectivamente, el pH de los alimentos es de lo más variado. El pH es una característica de las soluciones acuosas y mide lo ácido o básico que es ese líquido. La escala va de 0 a 14, aunque hay extremos que se saldrían de ahí, y en la mayor parte de aparatos para medir el pH se detectan en el extremo. Por abajo el extremo es el ácido clorhídrico a una concentración de 10 Molar. Por arriba la misma concentración de hidróxido de sodio, que es lo que conocemos como sosa cáustica. En medio, a pH 7 o neutro tenemos el agua.

Es tremendamente complicado encontrar una lista de alimentos que tengan valores reales de pH. La mayoría de las tablas que se encuentran en una búsqueda rápida en google hablan de la dieta alcalina y afirman que los alimentos procesados y la carne roja tienen un pH ácido mientras que las frutas y verduras tienen un pH alcalino. Esto no es cierto.

El zumo de limón tiene un pH de entre 2-3 (muy ácido) y al igual que otras muchas frutas. La manzana es muy ácida, por ejemplo. En Bacteriófagos comenté en el pasado que aunque se suele decir que el ácido de las bebidas carbonatadas hace daño a los dientes. Pero lo cierto es que comerse una manzana a mordiscos aporta el mismo nivel de ácido. La mayor parte de los alimentos que consumimos son ácidos o relativamente neutros.

Nuestra sangre tiene un pH de aproximadamente 7.4, y por extensión tira un poco a básico. Aunque tenemos muy claro qué es el sabor ácido, no nos suele pasar lo mismo con el básico. Para que nos ubiquemos, ese sabor «jabonoso» que tiene la sangre es el sabor básico. Por supuesto, un jabón tiene ese sabor. Nada agradable, aunque mezclado con otras cosas a veces sí se consume. Un pH de 9 más o menos lo tenemos en el bicarbonato. Nuestras abuelas lo consideraban el remedio perfecto para la acidez del estómago (y razón tenían).

El equilibrio en nuestro cuerpo

Una vez que hemos comido, el pH lo controla nuestro cuerpo. Igual que nuestra piel va a mantener su pH ligeramente ácido aunque usemos en ella productos que no tengan ese famoso pH 5.5 que tanto se anunciaba en los 90, nuestra sangre también va a mantener el pH. Porque no todo nuestro cuerpo tiene el mismo pH. En la naturaleza el pH se va a regular mediante equilibrios ácido-base, la homeostásis y las moléculas que actúan como tampón.

Nuestro cuerpo tiene un rango muy amplio. El pH más ácido lo encontramos en nuestro estómago. No es siempre igual de ácido, pero puede bajar a 1.5, que es más ácido que el vinagre que tenemos en la cocina. El extremo contrario lo tenemos en las secreciones pancreáticas que vienen después, que rondan el pH 8. La piel, por cierto, no siempre tiene el famoso 5.5. Y el agua no siempre es neutra. Aunque en teoría el agua del grifo debería tener pH 7 (más o menos) lo cierto es que a veces se aleja un poco, y el agua embotellada puede alejarse todavía más.

El pH del coronavirus

Dicho todo esto, yo sigo sin saber cómo estimar el pH del coronavirus. Porque antes dije que el pH es una propiedad de las soluciones acuosas, y el coronavirus como tal está hidratado, pero no es una solución acuosa. Podríamos calcular la carga de su superficie, podríamos calcular lo que ocurre en su interior, pero no podríamos calcular el pH de «una gota de coronavirus».

Si una gota con coronavirus se va a chocar contra vuestras mucosas y os vais a infectar, el pH de esa gota será el del líquido que lo lleve. Pero los mocos suelen ser más bien básicos, y la saliva es neutra a no ser que haya demasiadas bacterias en la boca que generen acidez (y favorezcan la caries!!). Así que en cualquier caso, el virus que os va a atacar se encuentra en un medio que no es ácido.

Imagen de una lima o limón verde cortado a la mitad
Repetid conmigo: los cítricos son ácidos!

Los niveles extremos de pH pueden destruir el exterior del virus, pero eso sólo funciona cuando el virus está fuera del cuerpo, y no en un medio en el que otras moléculas se van a ocupar de regular el pH. Por ejemplo, el vinagre (que es ácido) puede dañar al virus en una mesa. Y sí, la sosa también, pero probablemente también dañe vuestra mesa. Pero dentro del cuerpo el vinagre os hará daño a vosotros antes de dañar el virus, y la sosa mucho más.

Espero que no sea necesario recordar esto, pero no hay que beber jabón, ni lejía, ni ninguna otra cosa que digan que es virucida si no se ha aprobado su uso para el consumo humano. Que mate virus fuera del cuerpo no quiere decir que los mate dentro, o que no os vaya a matar a vosotros antes.

Jugando con el pH

Aunque en algún momento contaré cómo hacer experimentos para ver los cambios de pH en casa (porque hay cosas que cambian de color), si queréis ir por la cocina comprobando el pH de los alimentos, del agua del grifo, o de vuestra saliva, la forma más rápida de hacerlo es con papel de tornasol. En los laboratorios hay máquinas que miden de una forma muy exacta el pH pero seguimos usando este papel para las comprobaciones rápidas. Es muy fácil comprarlo en Amazon y os asegurará muchas horas de comprobaciones. Y mucho cuidado siempre con vuestras fuentes, que incluso una clínica dental puede estar demostrando que se saltaron las clases de bioquímica básica.

Menos miedo y confiad en vuestro cuerpo, que para eso tenemos órganos que los pulmones y los riñones ya se ocupan de que no nos salgamos de rango, y lo hacen muy bien.

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El centro de día que no quiere vacunar en Euskadi: vacunas y FDA.

Aunque a estas alturas todo el mundo habrá leído ya las noticias sobre el centro de día Aiton-Etxe que no quiere poner vacunas, he pensado que podríamos hacer un repaso a los datos que ponen, como ya hicimos en su día con el panfleto de Médicos por la Verdad. A ver qué dicen y qué es verdad o no. Vamos a ir punto por punto reproduciendo sus argumentos y comentándolos:

Imagen del texto distribuido
El documento en cuestión
  • El principal motivo es que en un producto que aún está en fase experimental, fase que a partir de este momento se continuará experimentando con la población (esto lo especifica el documento que Pfizer-Biontech manda a la FDA). Fase III del ensayo clínico.

Para ser más exactos, con lo que se pretende continuar es con el seguimiento de aquellas personas que recibieron la vacuna en las fases I, II y III. La fase III ya no va a incluir más voluntarios, por lo que aquellas personas que reciban la vacuna no serán fase III. Los resultados de las tres fases se encuentran aquí.

Respecto a la continuación de la fase experimental, una vez que un medicamento (vacuna en este caso) sale al mercado, siempre se continúa su análisis en la fase IV o de farmacovigilancia incluso muchos años después.

Por último, en España la FDA no nos afecta. De poco o nada nos sirve que ellos aprueben o no su uso, ya que en España dependemos de nuestra propia Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y de la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

  • Cualquier vacuna requiere ser investigada entre 4 y 10 años, pero no en unos pocos meses como es el caso.

Este argumento carece de base, porque esos números no están respaldados. La primera vacuna que utilizamos ampliamente, la de la viruela, tuvo un periodo de investigación mucho más corto, y se utilizó la misma vacuna durante muchísimos años aunque de forma irregular y también podríamos decir que todos esos años fueron investigación. Pero sí, eran otros tiempos. Para la fiebre tifoidea se tardó 13 años, hace más de 100. Unos 15 para la de la gripe, hace más de 50. 20 años para la de la polio. Pero es que esas fechas se cuentan desde el inicio de la investigación hasta su uso, sin ensayos clínicos. Porque en esa época, no se hacían ensayos clínicos.

En en caso actual, si contamos toda la investigación preclínica en virus de la familia, hemos dedicado más de 15 años. Respecto a la fase clínica, no existe un tiempo mínimo, lo que se busca es un número de voluntarios suficiente como para que aparezcan posibles eventos adversos y en este caso, se han analizado suficientes voluntarios según la FDA y la EMA.

Por cierto, las dos vacunas que la FDA ha aprobado para el ébola se desarrollaron en menos de 4 años y con muchísimos menos participantes en el ensayo.

  • No es una vacuna producida a partir de virus atenuados como se ha hecho hasta ahora con las vacunas, sino que se usa una terapia génica nunca usada antes en vacunas.

Efectivamente, la vacuna de Pfizer es la primera aprobada para humanos cuya base es el ARN, ya que es una tecnología reciente, pero que llevamos más de 10 años estudiando. Pero no todas las vacunas que utilizamos son de virus atenuados como dice este documento. Hay vacunas que tienen subunidades del virus (en el caso de Pfizer la subunidad es un fragmento de ARN). Por ejemplo, en la meningitis B no se utiliza el virus atenuado, se utiliza un fragmento del virus. Y si nos vamos al extremo, en algunos casos ni siquiera se utiliza un fragmento propiamente dicho, ya que se inyecta una toxina, como es el caso del tétanos o la difteria.

Por otra parte, el uso del ARN no es una terapia génica ya que nuestros genes están codificados en nuestro ADN y el ARN es un intermediario inestable en nuestras células. El fragmento de ARN no puede acceder el núcleo que protege nuestro ADN.

  • La FDA no ha autorizado este producto como vacuna, sino como medicamento para uso de emergencia (EUA), el medicamento es BNT162b2.

Efectivamente ese es el nombre no comercial de la vacuna. La FDA tiene procesos burocráticos más largos y ha optado por la vía rápida de uso de emergencia para agilizar sus procedimientos, pero eso no afecta al ensayo. Una vacuna es un medicamento, no la han autorizado como tratamiento, la han autorizado como vacuna.Lo que dice su carta es que «On December 11, 2020, the Food and Drug Administration (FDA) issued an Emergency Use Authorization (EUA) for emergency use of Pfizer-BioNTech COVID‐19 Vaccine for the prevention of Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) for individuals 16 years of age and older». En cualquier caso, insisto en que la FDA puede aprobar algo pero eso no nos afecta en España. La EMA la ha autorizado condicionalmente, ya que todavía se seguirá haciendo seguimiento de los voluntarios. Ese seguimiento permitirá, por ejemplo, saber cuanto tiempo dura su efecto.

  • Este fármaco, en su formulación, no contiene antígenos que puedan inducir inmunidad específica y activa ni microorganismos muertos o atenuados, o productos derivados de microorganismos, ya que es ARNm sintético.

Esto es cierto. Sí, en lugar de inyectarnos todo el virus atenuado, nos inyectan sólo un fragmento con las instrucciones para que nuestra célula genere pequeñas cantidades de antígenos (en este caso de la espícula del virus). No consigo comprender el problema de que sea ARN sintético en lugar de obtenerlo del propio virus, ya que al ser sintético no existe el peligro de contaminación.

  • Los estudios mencionados en el documento de Pfizer-Biontech se han realizado con personas sanas. No hay experiencia suficiente en personas con enfermedades crónicas y pluripatología, como son un alto porcentaje de los usuarios de centros de día.

Efectivamente los estudios se realizan en personas sanas porque si ocurre algo es necesario poder descartar que se deba a su enfermedad crónica. Para conocer el efecto en combinación con cada posible enfermedad crónica es necesario que se vacunen personas con cada una de esas patologías. Pese a que no se haya calculado, extrapolando datos se puede calcular que el beneficio será mayor que el riesgo, que es lo que se valora para permitir el uso de una vacuna o de un nuevo tratamiento: que sea mejor usarlo que no usarlo.

Con todo, la población sana nunca está totalmente sana, y en el artículo que han publicado, en la tabla S2 incluyen una lista de comorbilidades detectadas.

  • Los efectos secundarios a medio/largo plazo son desconocidos, no se han podido investigar aún.

Sin duda. Asumo que la idea es este punto es esperar para ver qué les ocurre a los voluntarios que participaron en la fase III. Pero… ¿qué es largo plazo? ¿5 años? ¿10 años? ¿Esperamos 10 años antes de empezar a vacunar? La realidad es que las vacunas generan esos efectos secundarios a las pocas horas (o pocos minutos) de ser inyectadas, así que lo que tuviese que observarse se ha observado, por norma general. Además, otras vacunas del mismo tipo llevan años en investigación y no se han desarrollado efectos secundarios a largo plazo. Recordemos que los primeros voluntarios llevan ya varios meses de estudio.

  • Los efectos secundarios graves a corto plazo ascienden al 4.6%

Este número no sé cómo se ha calculado. Según el artículo hay un 1.1% de efectos adversos severos en la vacuna frente a 0.6% en el placebo. Y si hablamos de efectos adversos serios es 0.6 frente a 0.5. Eso dice el artículo científico.

  • A la hora de tomar una decisión de este tipo, hay que tener siempre en cuenta, la relación beneficio/riesgo: en este caso, no está demostrado que los beneficios que ofrece el medicamento superen los riesgos que puede producir.

Exactamente lo que enseña el artículo publicado es que sí hay un mayor beneficio frente al riesgo. Para decir lo contrario, se necesitarán argumentos con datos. Porque en el artículo se han dado datos que apoyan esa hipótesis.

  • Después de este periodo de investigación, la conclusión que se redacta en el documento de Pfizer-Biontech es: «Es razonable creen que el producto puede ser eficaz»

En ciencia las verdades absolutas no existen, por lo que lo aceptable es decir que con los datos disponibles, creemos que es mejor vacunar que no vacunar. Como no sé qué documento de Pfizer dicen, en el artículo científico en las conclusiones dicen lo siguiente: «A two-dose regimen of BNT162b2 conferred 95% protection against Covid-19 in persons 16 years of age or older. Safety over a median of 2 months was similar to that of other viral vaccines.» (Dos dosis de BNT162b2 confirieron un 95% de protección contra la Covid-19 en personas de 16 o más años de edad. La seguridad a una media de dos meses es similar a la de otras vacunas virales».

En resumen, dudar es algo bueno, y animo a todo el mundo a que dude y busque los datos de los resultados. Y que pregunten lo que no entiendan. Y que busquen qué quiere decir cada cosa. Pero hay que poner en duda cosas razonables. Quizá la eficacia de la vacuna en el mundo real no vaya a llegar al 95%, eso lo podemos dudar. Quizá estamos confiando demasiado en la vacuna e invirtiendo demasiados recursos, dependerá de lo que consideremos que vale cada vida, y si hay otras formas de optimizar esos recursos que no se están utilizando. Pero no podemos ir por la vida diciendo que el ARN es terapia génica o que algo no se ha comprobado cuando se han analizado 50.000 personas. Pero sobre todo, no podemos permitirnos que nuestra ignorancia sea la que ponga en peligro la vida de otras personas.

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