Transmisión en reuniones privadas

Hoy vamos a hablar de los aerosoles. Todavía no tenemos del todo claro cuál es el papel de los aerosoles en la transmisión del SARS-CoV-2, el causante de la Covid-19, pero cada vez más estudios destacan que tienen un papel más o menos relevante.

Para analizar el tema, voy a comentar un artículo subido por Schijven et al. como preprint al servidor MedRxiv a principios de julio, en el que un grupo de científicos holandeses analiza la posibilidad de emitir y de exponerse a aerosoles que contengan virus en diferentes escenarios. El artículo es puramente teórico. Sin una validación experimental no podemos confirmar ni desmentir el papel de los aerosoles, pero esta modelización nos permite tener una imagen de los posibles riesgos en diferentes momentos de nuestro día a día.

¿Qué es un aerosol?

Un aerosol es una partícula muy pequeña que emitimos al estornudar, toser, hablar… y respirar. Aunque obviamente, no siempre emitimos la misma cantidad. La OMS define aerosol como aquellas que tienen menos de 5 micras, frente a las gotículas (microgotas) que tienen más de 5 micras.

Cuando tosemos, la mayor parte de lo que sale de nuestra boca son microgotas, y algunas bastante grandes. Por su tamaño, se van a depositar rápido, y eso es lo que hace que la distancia entre personas sea tan importante. Pero parte de lo que salga de nuestra boca en esa tos serán aerosoles, y esos aerosoles alcanzan distancias mayores y se mantienen en suspensión mucho más tiempo. Si nos podemos infectar con esos aerosoles, es importante conocer el riesgo.

Además, hay que tener en cuenta que el tamaño de una partícula cambia una vez que abandona nuestro cuerpo. Aunque la temperatura afecta, un factor crucial es la humedad. Si la humedad es baja, las microgotitas se “secan” y reducen su tamaño, por lo que podrán llegar más lejos y aguantar más tiempo en suspensión.

Según el estudio de Liu et al. citado en este artículo, una partícula de 60 micras puede alcanzar los 4 metros con una humedad del 0%, pero sólo 1.85 metros al 90%. Por esta razón, hace ya semanas que se está recomendando controlar la humedad en espacios públicos. Para los preocupados: en vuestra casa la humedad debería ser de al menos un 40% para que sea “agradable”, y ya de paso para controlar los virus que puedan entrar en ella.

Hasta el momento no hay pruebas de que el SARS-CoV-2 se mantenga infeccioso en aerosoles durante largos periodos de tiempo, pero sí se ha detectado que aguanta (aunque no sabemos sí puede infectar) y que en condiciones de laboratorio pasadas 16 horas sigue siendo activo. Entonces, esto del metro, dos metros, o lo que diga cada uno… ¿llega?

Planteamiento de diferentes escenarios

No es lo mismo estar respirando en una habitación enorme con otra persona que estornudar en una muy pequeña llena de gente.

Para analizar diferentes escenarios, los autores del artículo plantearon un rango de diferentes condiciones. Asumiendo que el que entraba en la habitación era una persona asintomática (porque asumimos que los sintomáticos se aíslan, ¿verdad?), esa persona respiraría durante 20 minutos, hablaría durante 20 minutos, tosería una vez o estornudaría una vez. Además, se tuvo en cuenta que para hablar, toser y estornudar, puede ser alto o bajo. Los valores de la cantidad de aerosoles generados, los tomaron de estudios previos, y calcularon los virus que se emitirían según diferentes cargas virales y asumiendo que se distribuyen de forma homogénea en la habitación (que sabemos que no es así).

Para los lugares, valoraron un espacio pequeño, que para ellos la referencia fue un autobús, y un espacio mayor, equivalente a un pequeño restaurante. También valoraron para el bus que entrase una persona o entrasen treinta, y estuviesen allí durante 20 minutos, tiempo más que razonable para un trayecto. Para la habitación grande, asumieron diez personas una hora o cuatro horas. Desde luego, valoraron un buen rango de escenarios.

¿Hay o no hay riesgo?

Aunque en el artículo analizan los aerosoles liberados y cuántos virus habría en ellos, yo me voy a centrar en lo que nos viene interesando ahora, la probabilidad de que una de esas personas estuviese expuesta al virus. Pero antes de dar los números, recordemos que para considerar que alguien está expuesto, tiene que haber suficientes virus presentes inicialmente. La primera conclusión (y que ellos demuestran con números) es que si una persona tiene una carga viral más baja, el riesgo para su entorno es menor. Por eso el riesgo es siempre relativo a la concentración inicial de virus en esa persona.

En una PCR positiva, de media, la carga viral es de 100.000-1.000.000 virus/ml. Para dar un escenario vamos a redondear, que es lo que hicieron ellos, y quedarnos con una persona que tenga el millón. Eso sí, como bien dicen, un 5% de las personas tienen 100.000.000 virus/ml, lo que incrementaría mucho los números. Pongo los ceros para que sea más visual… que a veces se nos olvida que esto son muchísimos virus.

En el caso de esa persona con un millón de virus por mililitro de aerosol que suelta, si se sube a un autobús en el que hay una sola persona y estornuda fuerte, la probabilidad de que tras 20 minutos esa persona haya sido expuesta es del 4%. Pero si hay 30 personas, entonces la probabilidad de que una de ellas se haya expuesto sube al 60%. En cambio, en ese mismo bus lleno, si la persona contagiada sólo respira, del 60 baja al 6%.

Si analizamos escenario por escenario para ese millón de virus:

  • En un autobús vacío (el contagiado y otra persona), independientemente de la actividad el riesgo es menor al 10%.
  • En un autobús lleno (30 personas), el riesgo de que alguien se exponga es del 60% con un estornudo fuerte, sobre un 15% con un estornudo pequeño o una tos fuerte y casi nulo en el resto de casos.
  • En la habitación (restaurante) con 10 personas durante una hora, el riesgo ronda el 15% para el estornudo fuerte, es muy bajo para el leve o la tos fuerte y casi nulo para el resto de escenarios.
  • En la habitación con 10 personas durante cuatro horas, el riesgo es de un 40% con un estornudo fuerte, sobre un 10% con un estornudo leve o una tos fuerte y casi nulo en el resto de escenarios.

Y ahora, vamos a analizar lo de hablar, que es algo que no asociamos con síntomas. Os voy a poner un ejemplo, pensad que el autobús es el salón de una casa (en una comida familiar o reunión con amigos) y que la habitación más grande es un bar o restaurante. Nadie tiene síntomas, pero una persona está contagiada, y todos hablamos mucho en esas situaciones. Imaginemos que la persona que entra contagiada tiene mayor carga viral, esa carga viral de 100 millones de virus…

  • En nuestro salón, si sólo somos 2, el riesgo de exponerse si la otra persona habla es de un 5%.
  • Si somos 30 (tenemos una fiesta en casa), el riesgo sube al 50%.
  • Si nos vamos a un bar una hora (somos sólo 10), el riesgo es del 15%.
  • Si la cosa se alarga 4 horas en el bar, sobre un 35%.

¿Conclusiones?

Aunque no esté confirmado, estos número dan mucho que pensar. Yo me lo tomaría muy en serio y me aseguraría de que si se dan situaciones de este tipo, la habitación esté correctamente ventilada. Las mascarillas cumplen un papel muy importante en parar las gotas de mayor tamaño, pero si una mascarilla no está completamente ajustada, cada hueco va a permitir el paso de aerosoles. Además, en algunos de los escenarios que yo he planteado, no se suelen utilizar mascarillas, ya que nos las quitamos para comer y en las reuniones en casa rara vez se utilizan.

Si la transmisión por aerosoles es real, lo más importante es evitar que los virus queden en suspensión en las habitaciones, y eso se consigue ventilando. A ello hay que sumar lo que decía al principio: una humedad mayor ayuda mucho. Aunque los números están lejos de ser exactos, esto nos da una idea de qué riesgo podemos correr en diferentes situaciones.

Recordemos que muchos contagios ocurren en reuniones privadas. Muchos de ellos en casas, sean de otros miembros del núcleo familiar o de otros amigos o familiares que visitan. Así que ya sabéis, cuando alguien vaya a vuestra casa, recibidlo siempre con la ventana abierta. Es un gesto mínimo que puede salvar vidas.

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