Anticuerpos contra el interferón: autoinmunidad en tiempos de coronavirus

Una de las grandes dudas en la evolución de los pacientes con Covid-19 es por qué en algunos casos en los que en principio parece no haber ninguna patología previa, la progresión de la enfermedad es tan rápida, tan grave, y en algunos casos fatal. ¿Se nos estará escapando algo?

Esta pregunta se la han hecho ya muchos científicos, y en el artículo que voy a comentar hoy, han encontrado uno de esos puntos que «se nos escapaban». Recientemente, un (numeroso) grupo de científicos han localizado una de esas condiciones previas que normalmente pasan desapercibidas, pero que correlaciona con la progresión de la Covid-19.

El artículo fue publicado en Science y, si queréis más información sobre el tema, podéis leerlo aquí.

El contexto: el interferón en otras enfermedades

El interferón es una citoquina. Sí, las famosas citoquinas… Los interferones de tipo I se expresan en todo el cuerpo y nos permiten luchar contra enfermedades nuevas para las que no tenemos anticuerpos, además de ayudar a los anticuerpos cuando sí están presentes. Se secreta al plasma, pero también lo tenemos dentro de las células, y es fundamental para deshacernos de enfermedades víricas. Pero como casi todo en nuestro cuerpo, a veces puede fallar.

Desde hace tiempo se sabe que en algunas ocasiones nuestro cuerpo puede desarrollar anticuerpos IgG contra algunos tipos de interferón. Es eso que conocemos como enfermedad autoinmune, pero en muchos casos pasa totalmente desapercibida, ya que no llega a mostrarse a no ser que una enfermedad nos ataque de forma muy grave y alguien mire qué es lo que está pasando en nuestro plasma. Esa generación de IgG no tenemos claro cómo ocurre, pero sabemos que en algunos casos existe.

Los autores de este trabajo se percataron de que en pacientes en los que sabían que esto ocurría, la Covid-19 parecía ser más grave de lo esperado. Se plantearon sí, debido a la presencia de esos anticuerpos, la progresión podría ser más grave y poner en peligro su vida. Tiene su sentido: si hay anticuerpos que neutralizan el interferón, ese interferón no sólo no podrá atacar al virus, es que además nos dejará con unas defensas ocupadas en otra cosa, que hará que el virus tenga vía libre para atacar a sus anchas.

La correlación entre los anticuerpos y la progresión de la Covid-19

Correlación no implica causalidad, pero antes de poder analizar si hay una causa, hay que ver si hay una correlación. Para ello los investigadores analizaron pacientes con Covid-19 en estado grave, pacientes asintomáticos o con síntomas leves y controles sanos. Sus resultados indican claramente que existe una correlación entre la presencia de anticuerpos anti-interferón y la necesidad de ser hospitalizados. Además, como en algunos casos existían muestras previas de esos pacientes, pudieron determinar que los anticuerpos estaban presentes antes de la infección con SARS-CoV-2.

Pero hay que demostrar también al menos cierto grado de causalidad. Tras varios análisis in vitro, los ensayos demostraron que los anticuerpos IgG están neutralizando el interferón. Si ponemos algunos números, sobre el 10% de los pacientes con enfermedad grave tenían estos anticuerpos, mientras que en los controles sanos menos del 0.5% los tenían, y ninguno de los que tenían síntomas leves o eran asintomáticos. Además, la gran mayoría eran hombres (94%). Tenemos un grupo de la población que tiene un auto-anticuerpo y no lo sabe, y la mayoría son hombres. Ya sabíamos que el virus atacaba de forma más grave a los hombres.

Existen diferentes tipos de interferón, y hay que tenerlo en cuenta

En el análisis se detectó que la presencia de estos anticuerpos se centraba en interferones alfa (sobretodo alfa2) e interferón gamma. Dado que estos tipos se parecen mucho entre ellos, es esperable que los anticuerpos puedan unirse a varios, si lo hacen en las zonas en las que son muy parecidos. Por suerte (para nosotros), tenemos otros interferones que no se parecen tanto.

Dado que el anti-alfa2 parecía ser más frecuente, los investigadores profundizaron un poquito más en su análisis. Tras una serie de experimentos in vitro y también in vivo, usando células infectadas con SARS-CoV-2, determinaron que la cantidad de anticuerpos anti-interferón presentes es más que suficiente para bloquear cualquier efecto del interferón contra el virus. Por lo tanto, esos pacientes, están desarmados en su lucha contra el virus. Todo parece indicar que o bien el interferón se degrada o está secuestrado por los anticuerpos, dejándolo inútil. Pero recordemos que están sólo parcialmente desarmados, ni el interferón es lo único ni esto ataca a todos los tipos de interferón.

Los hombres y las mujeres tenemos una diferencia fundamental

Aunque muchas veces que presupone que lo que marca la diferencia es que los hombres tienen un cromosoma Y y las mujeres no, la biología tiene caminos diferentes. El cromosoma Y es muy pequeño, y lo que hace que tengamos muchas diferencias es el cromosoma X, o mejor dicho, la falta de un segundo cromosoma X.

En este caso, dada la más que evidente mayor incidencia en hombres de este tipo de anticuerpos, se sugiere (todavía habrá que demostrarlo), que el defecto genético está ligado al cromosoma X. Aunque sea una idea por ahora, otros casos similares se sabe que sí dependen del cromosoma X, por lo que ese será el primer sitio en el que habrá que buscar la causa.

Por otra parte, también hay que destacar que la situación empeora con la edad. Aunque estos anticuerpos están presentes en personas de cualquier edad, parece que se concentran principalmente en mayores de 65, población que ya está en riesgo por otras razones. Además, hace falta hacer más estudios para determinar si se distribuyen de forma similar en cualquier tipo de población, ya que el análisis inicial fue principalmente en europeos.

¿Y qué hacemos con estos anticuerpos?

Pues por ahora tenerlo en cuenta, preventivamente. Este nuevo descubrimiento destaca la importancia de hacer otro tipo de análisis en los pacientes cuando llegan al hospital. Sería importante saber si tienen este tipo de anticuerpos para ajustar el tratamiento. Por ejemplo, en estos casos, intentar potenciar la síntesis de interferón (en general) sería contraproducente. En cambio, administrar interferón beta podría ayudar a mejorar los síntomas.

Por otra parte, dado el auge de los tratamientos con plasma, sería importante analizar si los donantes presentan estos anticuerpos para que la transfusión no empeore al receptor.

Poco a poco vamos entendiendo qué desencadena que en algunos casos la infección con SARS-CoV-2 llegue a ser fatal incluso en personas previamente sanas. Pero nos queda mucho camino por recorrer. Cada paso cuenta, y cada día podremos tratar mejor a los contagiados. Mientras tanto, hagamos todo lo posible por evitar los contagios, que es y será siempre la mejor forma de controlar esta pandemia.

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