iPad 2018 o como ser un ninja de la lectura de papers

No es la primera vez que escribo sobre cómo usar el iPad para mantenerse al día con la bibliografía. La primera vez lo hice aquí, luego conté cómo ponerse a ello aquí, y hace no tanto actualicé el sistema aquí.

Llevo ya un año sin hablar de ello y me he dado cuenta de que aunque sigo más o menos el mismo sistema, allá por mayo lo que uso para ello ha cambiado sustancialmente, así que tengo que contaros la actualización.

Mantenerse al día con las lecturas provoca cientos de dolores de cabeza a todos los científicos. No conozco a nadie que esté satisfecho con su sistema, y todos tenemos esa horrible impresión de que seguro que se nos están escapando artículos que deberíamos haber leído, pero leerlos todos es imposible.

Para intentar mantenerme al día, el sistema que uso sigue siendo el que describí en posts anteriores. Lo que ha cambiado es el procesado de los pdf, primero porque un día me harté de Mendeley, y después porque actualicé mi iPad y me compré un Pencil.

Empecemos con el tema Mendeley. Si alguno tiene su biblioteca en Dropbox, sabe que la sincronización de Mendeley es una mierda. En cuanto usas dos ordenadores se empieza a liar y a duplicar cosas, y un bonito día de mayo me harté y decidí cambiar el sistema. Le di una oportunidad a Zotero, ya que encontré un artículo que decía que si en lugar de añadir el pdf das un link al fichero, esto funciona. Solo podrás abrir el fichero en ordenadores en los que lo tengas (obvio), pero no habrá duplicados ni leches porque los datos de tu biblioteca están siempre actualizados en la nube. Decidí probar… y no os podéis imaginar las horas que le llevó procesar todos mis pdf. Pero lo hizo. Falló al darle el nombre a algunos muy viejos, pero eso he decidido ignorarlo.

A partir de ahí vino la fase de transferir algunos datos de una base de datos a la otra. Lo principal, era buscar el modo de marcar los “no leídos”. Decidí hacerlo etiquetándolos como pendientes, de forma que si selecciono la etiqueta puedo ver mi lista. Aproveché este momento para asegurarme de no marcar como pendiente algo que claramente no iba a leer.

El sistema de importación ahora es ligeramente diferente. Todavía mantengo mi sistema para añadirlos a mi gestor de tareas de forma automática, porque la carpeta usada es la misma, y funciona igual, pero ya no puedo arrastrar un pdf sobre el icono. Ahora lo que hago es descargar los pdf directamente a esa carpeta, y cuando he acabado mi descarga semanal, abro Zotero y le digo que cree los link, cosa que puedo hacer con todos del tirón. Y claro, luego los marco como pendientes.

La segunda fase viene con el iPad, o mejor dicho, con el Pencil. Porque el sistema previo me permitía subrayar, pero no garabatear. Con un Pencil en la mano, eso tenía que cambiar, así que de perdidos al río, compré PDFExpert, que funciona con Documents. Ahora, usando el mismo sistema que antes, además de subrayar puedo hacer anotaciones, y no puedo entender cómo vivía sin ello antes. Al poder tener la pantalla partida en el iPad, según voy leyendo puedo ir escribiendo mis pensamientos en otro sitio. Aunque las notas van en el pdf, ese otro sitio me sirve para escribir que quiero revisar X o a ver por qué nadie ha hecho Y. Antes, teniendo sólo teclado, usaba para eso One Note, pero no me gusta cómo funciona con el Pencil. Compré GoodNotes por probar, y ahora la uso para eso y para mil cosas más, porque le estoy dando muchísimo más uso al iPad, sobretodo para organizarme.

Con el upgrade del sistema, conseguí irme de vacaciones de verano sin tener ningún artículo pendiente en mi lista. Con el upgrade… y con la sequía habitual de publicaciones veraniegas. Eso sí, con el parón de las vacaciones se me acumularon cosas, y no he vuelto a ver mi lista a cero, pero espero volver a conseguirlo de aquí a fin de año.

Hace unos días pensaba en aquellos tiempos, hace unos años, en los que yo tenía un eReader y quería poder importar mis pdf allí y no sabía como. Y quería poder subrayar y no podía. La verdad es que los tiempos han cambiado mucho. Tanto, que me planteo seriamente tirar a la basura los archivadores que tengo en el laboratorio con artículos, porque aunque en su momento tenerlos en papel era alguna clase de ventaja, esa ventaja se ha perdido y hace meses, o incluso años, que no abro uno de esos archivadores, que a estas alturas están allí acumulando polvo.

Mi escritorio está casi siempre vacío. Cada vez uso menos papel, y esa es la diferencia frente al resto. Mis listas de tareas han pasado a ser digitales en agosto, porque carece de sentido tener un papel ahí. Mi cuaderno de laboratorio se genera digitalmente, y sólo de forma ocasional me acuerdo de que se supone que tengo que imprimir los gráficos y poner todo en papel a mano, cosa que intento hacer cada dos semanas. El mundo va cambiando… y yo me voy adaptando, aunque mi entorno no se adapte tan rápido como querría.

Ahora me pregunto, la próxima vez que venga aquí a contar que he vuelto a modificar mi sistema… ¿cuál será la novedad? Me encantaría poder tener a Siri leyéndome los papers, para que yo solo tuviese que revisar luego y anotar lo que sea. Espero que eso ocurra en algún momento, pero por ahora tocará seguir forzando la vista. Qué dura es la vida de la investigadora postdoctoral.

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