La ruta del Eiger

Ayer celebraba mi cumpleaños, y qué mejor forma de celebrarlo que un tranquilo paseo por las montañas… o al menos con esa idea salimos de casa. Durante nuestro trayecto una cosa llevó a la otra y decidimos ir a la ruta de la pared norte del Eiger, que total, según los suizos, cualquiera puede hacer. Seguro que tampoco íbamos tan en modo suicida… Y la verdad es que no fue para tanto. Vale, igual podríamos haber llevado unas botas adecuadas. Y quizá unos bastones. Pero seguimos vivos.  Tened en cuenta, en todo momento, que debido a un trauma de la infancia (del que soy perfectamente consciente pese a no ser capaz de superar) tengo muchísimo vértigo, por lo que esta excursión fue una experiencia realmente alucinante.

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Vistas desde el tren de montaña de Grindelwald

Nuestra excursión comenzó en Berna, cogiendo un tren a Interlaken. De Interlaken un segundo tren a Grindelwald (que iba a ser nuestro destino inicialmente, a 1000 m de altitud, aprox.). De Grindelwald cogimos un tren de montaña a Kleine Schneidegg (unos 2000 m). Kleine Schneidegg es la estación de partida del Jungfraubahn, que sube a Jungfraujoch. Sistemáticamente me han dicho que no suba allí, que no hay mucho que hacer y que no compensa el precio (unos 100 euros). También me han dicho que todo está lleno de turistas asiáticos, pero no me lo creía. La sensación al salir del tren en Kleine Schneidegg fue… agobiante. Allí había cientos de asiáticos. En serio, cientos. La mitad más o menos iban equipados como si fueran a subir el Everest, la otra mitad iban en sandalias y pantalón corto. Para que os hagáis una idea, debíamos estar a unos 10 grados gracias al sol. Toda esa gente iba a subir a Jungfraujoch, hacer unas cuantas fotos desde la ventana de la estación y probablemente ni tan siquiera salir al exterior. Por no hablar de la inmensa masa que siente mal de altura en el proceso y ni puede disfrutarlo. Si queréis una referencia más de cuanto extranjero había allí, os puedo decir que entré al baño y había carteles explicando cómo usarlos (por ejemplo, que la idea es sentarse, no ponerse de cuclillas con los pies en la taza).

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El Eiger visto desde la parada del Jungfraubahn

Pegándonos con los chinos conseguimos subir al Jungfraubahn. Ese fue nuestro mayor tiempo de espera (unos 10 minutos), ya que los trenes anteriores estaban perfectamente sincronizados, con sólo 5 minutos entre ellos. Una vez en el tren nos bajamos en la primera estación, en Eigergletscher (el glaciar del Eiger) que era nuestro punto de partida, a 2320 m de altura. Aunque no hacía frío, si había algunos restos de nieve. Empezamos nuestra ruta, al principio subiendo un poco, para luego continuar casi todo el camino hacia abajo.

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Aquí empezamos la ruta. Lo veo ahora y no me lo creo…

El primer kilómetro se hizo algo duro, y es que a estas alturas del año no debería haber nieve, pero había bastante. Como coincidíamos en ruta con un tramo de la Ultratrail del Eiger, el camino estaba relativamente embarrado (y mezclado con nieve que se deshacía). Por otra parte, supongo que si no hubiese corredores igual ni habríamos podido identificar el camino. Otra de las cosas malas era tener que apartarse para dejarlos pasar, cosa que a más de 2000 m y con una caída considerable, no siempre era sencillo.

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Nuestro caminito por la nieve. Sigo preguntándome cómo pude hacer eso con mi vértigo

Creo que sólo hubo un punto problemático, en un tramo con bastante cuesta que había mucho barro/nieve/hielo y nos estábamos desplazando muy lentamente y resvalando mucho. La verdad es que todo apuntaba a que íbamos a sentar el culo en el barro de un momento a otro para poder seguir, pero por suerte había otro señor por allí que llevaba bastones que amablemente se unió a nosotros y pudimos salir los tres de allí sin el culo lleno de barro. El resto de tramos de nieve y barro pudimos pasarlos sin problema, aunque muy despacio. Los corredores del ultratrail pasaban bastante rápido por estos tramos, aunque he de decir que a juzgar por su aspecto, sentaron el culo más de una vez.

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No sé si he dicho que pasábamos bastante pegados…

El tramo en el que realmente se pasa pegado a la pared del Eiger es impresionante. Estás mucho más cerca de lo que parece en las fotos. Desde varios puntos se puede ver el acceso a la Via Ferrata (se ve la escalera para subir el primer tramo), en la que pudimos identificar a unas tres personas. También se puede apreciar muy bien la vía de la pared norte, que supuestamente es la vía más difícil, y es que un montón de gente lo intentó y hasta 1938 nadie lo consiguió. Aunque ahora hay más de 30 vías abiertas, la que abrieron en el 38 sigue considerándose la clásica y en el mejor punto para observarla de nuestro camino teníamos un cartelito para poder identificar los puntos más importantes. A día de hoy, la Nordwand (la pared norte) se sigue considerando muy peligrosa.

Según fuimos bajando poco a poco empezó a desaparecer la nieve y empezamos a encontrarnos los productos del deshielo. Grandes cascadas y riachuelos aparecieron por nuestro camino. Mi novio incluso pudo probar qué pasa si metes tu pie en agua que baja directamente del Eiger. Yo fui un poco menos drástica (iba detrás y no cometí el mismo error) y opté por recoger algo de agua bien fresca para el resto del camino. Nunca había visto agua tan cristalina… ni tan fría!

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“río” decían… 

En el último tramo de bajada, ya sin nieve, pasamos un par de zonas consideradas como peligrosas, en las que amablemente habían puesto unas cuerdas metálicas para que no te matases. Desde mi perspectiva al principio había sido mucho más peligroso, pero supongo que los ojos de alguien que no tiene vértigo son diferentes y realmente había más probabilidades de caerse al vacío en este tramo. Aunque no totalmente necesaria, hay que decir que la cuerda fue útil.

Finalmente, unas dos horas y media más tarde, llegamos a Alpiglen, a unos 1600 m, desde donde pudimos coger el tren de montaña de vuelta a Grindelwald.

Según habíamos leído la ruta eran unos 6 km, pero mi sensor de movimiento dice que fueron más bien 10, y nosotros de la ruta no nos desviamos. De tiempo, yo diría que lo mejor es contar con unas 3 horas, y buscar un momento del día en el que no pegue mucho el sol. Nosotros nos alegramos de empezar tarde porque así no hacía tanto frío, pero mi cara y mi cuello están como tomates… y es que el sol pegaba mucho, y yo me quemo con mucha facilidad. Si hubiésemos ido por la mañana, supongo que nos habríamos quedado a comer en el restaurante de Alpiglen (es lo que hay, un pequeño restaurante de montaña y la parada del tren), pero era media tarde y estábamos cansados, así que optamos por volver a casa.

Recomendaría esta ruta a cualquier persona con una forma física decente (estándar español) y sin demasiado vértigo. Aunque la distancia no es mucha, la bajada se nota (os puedo decir que mis gemelos me la recuerdan cada vez que me muevo) y era necesario un buen ejercicio de balance de equilibrio en algunas zonas. Asegurándose de que se ha ido toda la nieve, se podría hacer incluso con niños. Pero no hagáis lo que hice yo, y consultad primero el tiempo y el estado de la ruta.

Siento no tener mejores fotos que ofreceros, pero como comprenderéis no estábamos mi vértigo y yo como para hacer muchas más fotos, así que os dejo sólo una selección para abrir el apetito y que os animéis a visitar Suiza y el Eiger.

Lass uns grillieren!

Vamos de barbacoa. Las barbacoas en Suiza son un fenómeno a estudiar. El acontecimiento consiste en una mezcla de las tradiciones alemanas, francesas, las propias suizas y a saber qué más.

Hace ahora dos años asistí a mi primera barbacoa en Suiza, siendo quizá uno de esos momentos en los que te das cuenta de las diferencias existenciales entre las dos culturas. Hace poco más de una semana, coincidimos en una con un grupo de españoles. Tal situación me permitió comparar lo que ocurría en su mesa y en la nuestra…

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Esto es lo que yo espero comer si voy a una barbacoa

Las españolas (al principio eran sólo mujeres) observaban detalladamente como nuestro alemán encendía la chasca. Bueno, la hoguerita, más bien. El chico hizo una pila estratégicamente colocada de troncos enormes, que no prendía ni de milagro. Al cabo de un rato, el alemán pretendía poner combustible (en nuestro caso alcohol del laboratorio). Por suerte, las españolas aparecieron para salvarlo y darle unas cuantas ramas. El chico dudó que tal técnica fuese a funcionar… pero magia.

Nosotros habíamos improvisado la barbacoa, entiéndase esto en el contexto suizo, habíamos decidido hacerla sólo una semana antes (mañana tengo una, por ejemplo, cuya fecha fue fijada hace más de tres meses). En esa barbacoa sólo llevábamos cosas recién compradas en el supermercado. Para mañana, tras un complejo sistema de reuniones, hemos repartido el trabajo y cada uno va a llevar algo. Entre los componentes esenciales se encuentra el tzatziki (salsa griega, inexplicablemente adorada entre diversas culturas germanas), el pan de ajo, ensaladas, etc. En el tema carnívoro, obviamente habrá salchichas, pero también filetes que serán cortados en pequeños trozos. Suelen triunfar los pinchos en los que hay más vegetales que carne. A veces incluimos salchichas frescas (que por alguna razón todo el mundo me pregunta si me atrevo a comer, se ve que no saben que nosotros de eso tenemos) y mucho pollo. Las señoras de la semana pasada tenían cosas que a mi me parecían más normales, como churrasco (¿cómo se puede llamar barbacoa sin churrasco????), chorizos (sigo sin saber cual era su fuente de contrabando) y sardinas. Vale que este último punto puede ser algo más típico de Galicia, pero es que a mi me estaba cayendo la lagrimita con el olor de las sardinas…

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Esto es lo que realmente querría poder comer en una barbacoa 😥

Un tema destacable es el de los vegetales. Para un español una barbacoa se compone fundamentalmente de carne (de ternera o cerdo y poco más). Aquí parece bastante común poner vegetales a la brasa. Y no, no hablo de patatas asadas. Recuerdo ese primer año que me tomé a coña cuando alguien dijo que traería vegetales marinados para poner en la barbacoa… y resulta que iba en serio.

Otra cosa que me llama la atención es el queso. Les parece fundamental asar Halloumi. Y siendo honesta, esa sí es una costumbre con la que puedo vivir. Qué rico!

Entre las cosas que no dejan de sorprenderme, una chica ha sugerido traer mañana nubes. Veremos si las consigue y cómo funciona la cosa… porque yo creo que más allá del mechero los españoles no sabemos cómo asar nubes.

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Queso a la brasa… probadlo!

Luego está el tema de la parafernalia. Parece que el tema este de llevarte media casa al merendero elegido es bastante internacional. Lo que parece que no es tan común es lo de compartir las brasas… Ni os imagináis como se pusieron cuando se enteraron que las españolas pretendían poner allí sus cosas!! (Y lo mejor fue su cara después cuando vieron la comida de las españolas y se quedaron pensando que ya que estábamos por compartir…).

Una vez acabado el paso de comer (que ocurre unas 20 veces más rápido que en España), pasamos a la sobremesa. Aquí se ve que no consideran lo de llevar café como parte de la media casa que te debes llevar. Pero sí fruta. ¿Vosotros cuando íbais de churrascada con la familia no comíais sandía? Yo por alguna razón lo tengo asumido como LA fruta. Resulta que mañana soy yo la encargada de llevar, entre otras cosas, la fruta. Como ya me olía que mi concepto no iba a ser el mismo que el suyo, se me ocurrió preguntar qué fruta querían. ¿Sabéis que me han pedido? Paraguayos!! He tenido que confirmar tres veces que se referían a lo que yo estaba entendiendo.

Veremos cómo va la barbacoa de mañana. Por ahora mi jefe ha traído 24 cervezas que nos ha prohibido explícitamente que nos bebamos antes. Seguro que, una vez más, esta gente consigue que me sienta más extranjera que nunca.

20 tópicos y curiosidades sobre los suizos

Al hilo de una conversación que tuve hoy sobre los suizos, he pensado que quizá es un buen momento para empezar a hablar sobre ellos. Tras más de dos años viviendo aquí, creo que empiezo a tener una idea sobre esta gente. Vamos a revisar algunos de los tópicos y algunas curiosidades sobre la cultura helvética.

Disclaimer: esto es una opinión personal, son cosas que yo he observado y me han llamado la atención pero cada suizo, al igual que cada español, es una persona diferente. Hay de todo y quizá es una de las cosas que me gusta del país, su gran diversidad! Que nadie me salte al cuello ni se tome mal ninguno de los puntos destacados.

  1. Los suizos no son abiertos. Es difícil hacerse amigo de un suizo, porque los suizos seleccionan muy bien a sus amistades, tienen pocos amigos pero los que tienen son muy cercanos. En España consideramos a una persona “amiga” más fácilmente, mientras que los suizos te considerarán un conocido más al que saludar, pero al que no contarle intimidades. Si un suizo te considera amigo, serás de los “del alma” y hará lo que sea por ti (y esperará lo mismo a cambio). Por otra parte, aunque no seas su “amigo”, un suizo va a ser en general amable, aunque es probable que no te de conversación porque llegará tarde a algún sitio cuando te lo encuentres. Lo que nos lleva al siguiente punto…
  2. Los suizos están obsesionados con la puntualidad. En sí, este fue el tema que inició mi conversación hoy. Los suizos son muy puntuales y esperan lo mismo de ti. El concepto de “sólo son 5 minutos” no les vale. El transporte público llega siempre a la hora exacta y un retraso de dos minutos en un tren será anunciado por megafonía con las correspondientes disculpas. Los suizos saben que esto funciona, así que llegarán a la parada 30 segundos antes de la salida del tren. Si un tren se retrasa, la compañía te informará de qué hacer en caso de que tuvieses una conexión, porque saben que muchos pasajeros habrán comprado billetes con un tiempo de transbordo de menos de 5 minutos. Si vas a llegar tarde a una cita más te vale avisar lo antes posible y tener una buena excusa (decir que el tren llega tarde no vale si es mentira, porque todos los suizos viven obsesionados con alguna aplicación de transporte público y sabrán si les estás mintiendo).
  3. Los suizos y el dinero. En contra de lo que mucha gente piensa, la vida en Suiza es normal. Vale, igual por la calle ves más coches caros, pero la mayor parte del parque automovilístico es más viejo que la media española. Los suizos por alguna razón casi no compran productos Apple. Todavía no he conocido a un suizo que lleve un Rolex (en sí, pese al negocio montado… la mayor parte de los suizos ni siquiera llevan reloj!). Los bancos existen, están ahí, pero es algo que a los suizos ni les va ni les viene. La mayoría tienen sus ahorros en la caja del cantón en el que residen. Viven ajenos al tema este de “tener cuentas en Suiza”.
  4. Los suizos y el deporte. Recuerdo que cuando llegué a Suiza me preguntaba dónde se metía la gente el fin de semana, porque parecían desaparecer. Al principio creía que se quedaban en casa. Luego descubrí que no, que lo que hacen es salir a la montaña/lago a practicar sus deportes preferidos. A los suizos les encanta esquiar. El concepto senderismo en Suiza adquiere una nueva dimensión. Si un suizo te dice que “vamos a dar un paseo por la ladera de ahí al lado” asume que vas a hacer 15 km a 1500 metros de altura. Si tienes vértigo (como yo), vas a vivir la mitad de tu vida pensando que vas a morir. En verano su deporte preferido es flotar durante unos km de río (en serio, se tiran al río, dejan que la corriente los lleve y luego salen en otro punto del río, caminan al principio y a repetir X veces). Por supuesto, la forma física se mantiene con los paseos en bici al trabajo (Suiza no es muy plana que se diga, tengamos esto en cuenta) y sus sesiones corriendo (muchas antes de las 6 de la mañana…). Un español “bastante en forma” no le llega ni a la suela de los zapatos a un suizo promedio, doy fe.
  5. Los suizos y el chocolate. Sí, Nestlé, Milka, Lindt, Toblerone… Ya. Son los mayores exportadores de chocolate, pero os puedo asegurar que no comen más chocolate que cualquier otro ser humano.
  6. Los suizos y el queso. En este caso es lo opuesto. Los suizos consumen todo lo consumible con queso, y con mucho. La variedad de quesos es impresionante y están todos muy ricos.
  7. Los suizos y los “productos de la huerta”. Aunque existe cierta obsesión con el mundo eco y bio, a la mayor parte de los suizos lo que les importa es consumir productos frescos. Casi no conocen lo que es la comida precocinada o los restaurantes de comida rápida. Les encanta cocinar (cosa que hacen muy bien) y comprar en el día lo necesario (cosa que hace que ir al supermercado a las 7 de la tarde sea el infierno).
  8. Los suizos y los cantones. Al vivir aquí he perdido toda capacidad de comprensión del lío montado en España. Suiza es un estado federal, y cada cantón tiene TODO transferido. Hagas lo que hagas, las leyes variarán en cada cantón. Si te mudas de cantón hasta tienes que rematricular tu coche. Pese a ello, no se matan.
  9. Los suizos y el patriotismo. Vale, estamos divididos en cantones y todo lo que sea… pero la unidad federal se mantiene. Adoran su bandera y aprovechan cualquier oportunidad para colgarla en sus casas. Esto llega a su máximo exponente en la fiesta nacional, el 1 de agosto. Adoran, y mucho, su país. Aprovecharán toda oportunidad posible para ilustrarte sobre sus tradiciones ancestrales, que merecerían un post diferente.
  10. Los suizos y la democracia. En Suiza hay democracia directa. Si una persona cree que algo se debe debatir en el parlamento, tiene que reunir 100.000 firmas en 100 días y su propuesta se debatirá y se votará. Cualquier decisión pasará por el pueblo, que votará en referéndum vinculante. No existe un primer ministro, existe un consejo en el que están representados los principales partidos que conforman el parlamento. Y ojo, suena muy bonito pero no siempre funciona, no subestiméis la estupidez de la gente. En sí, en los últimos años han votado grandes pifias que ahora intentan arreglar con una segunda votación (a ver si explicándoselo bien entienden lo que están votando). Para contrarrestar lo utópico del tema, Suiza fue el último país europeo que permitió que las mujeres votasen (en el 71), pero como esto varía de cantón a cantón… y en Appenzell Innerroden no se permitió votar a las mujeres hasta 1990!
  11. Los suizos y los idiomas. Suiza tiene cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), pero no son co-oficiales. En algún cantón (o en zonas de algún cantón) sí hay dos co-oficiales, pero en la mayor parte de los casos se habla solo una. En teoría estudian otra lengua, pero si viajan a “la otra zona” (esto está muy marcado entre la zona francesa y germana) lo más probable es que hablen inglés. Si le preguntas a un suizo si habla inglés te dirá que “sólo un poco” y a los dos minutos descubrirás que parece nacido en el corazón de Inglaterra. Las abuelitas hablan inglés. Los niños pequeños hablan inglés. Así no hay forma de practicar alemán.
  12. Los suizos y los dialectos. Si has conseguido encontrar a una de esas personas que NO habla inglés, probablemente no podrás entenderte con ella, sobretodo si estás en la parte germana. Ellos dicen hablar alemán, pero lo que hablan es un dialecto, cada pueblo tiene un dialecto ligeramente diferente, no se entienden bien entre ellos, los alemanes no se enteran de nada, y tú con tu alemán nivel principiante eres incapaz de entender ni una palabra.
  13. Los suizos y su capacidad para agobiarte. En teoría los españoles somos muy cercanos y todo eso… pero cuando estamos al lado de un desconocido, respetamos su espacio vital. Yo que sé, en la cola del supermercado, de un cajero… siempre dejamos una distancia de rigor. Los suizos se te pegan como si no hubiera mañana. Tú reaccionas echando la mano al bolso o al bolsillo… hasta que te das cuenta de que en Suiza nadie te va a robar.
  14. Los suizos y el nivel de ruido. Sabrás dónde hay extranjeros por el nivel elevado de ruido. Los suizos hablan muy bajo, siempre. Especialmente en el transporte público, se oyen muy pocos ruidos. Eso no quita que siempre te pregunten si el sitio está libre antes de sentarse cerca de donde tú estás, que te digan “Gesundheit!” (salud) cuando estornudas aunque no te conozcan de nada, o incluso que entablen conversaciones absurdas contigo en el tren: de las mías destaco la de un italosuizo que me contó lo mucho que le gustaría viajar a España o la del señor que me soltó media hora de conversación sobre el tipo de müsli que cada uno de nosotros había utilizado en su desayuno.
  15. Los suizos y la educación. Eso de tutearse no va con ellos. Cuando te presentan a un suizo te va a tratar sí o sí de usted (si tienes más de 18). La persona de mayor rango (edad o título, aunque no tengo muy claro el peso de cada uno) es la que tiene que decirle a la otra que por favor la tutee. Como en España, esto se está perdiendo un poco en las nuevas generaciones, pero todavía están a años luz. Para compensar, cuando ya te han presentado a alguien y tienes permiso para tutearlo, si has pasado más de dos horas comiendo o bebiendo con esa persona se considera suficiente para que en lugar de un apretón de manos se despidan con un fuerte abrazo o con tres besos (dependiendo de la zona de Suiza). A mi lo del abrazo me desconcierta mucho, pero parece ser que a los de la “zona abrazo” lo que les desconcierta es eso que hacemos el resto de dar besos. ¡Pero si somos mucho menos invasivos!
  16. Los suizos y los impuestos. Los suizos sí pagan impuestos, y bastantes. Como curiosidad, los extranjeros con permiso B (lo que tengo yo) o inferior pagan menos impuestos, porque se presupone que no se van a quedar a largo plazo. Sí cotizan para la pensión (con un sistema bastante complejo, por cierto), pero la mayor parte tienen un plan de pensiones privado. En porcentaje del salario, lo que se me descuenta a mi en Suiza de impuestos es similar a lo que se me descontaba en España. Eso sí, el seguro médico no va en el pack. Tú te pagas tu seguro médico con la compañía que decidas y la cobertura y franquicia que consideres oportuna (y esto no hay forma humana de bajarlo de 250 francos al mes).
  17. Los suizos y el dinero. Los suizos no hablan de dinero. Nunca, jamás. Esto da lugar a situaciones absurdas como que no te digan cual va a ser tu sueldo. Tu ganas lo que debes ganar para el puesto en el que estás y algo cuesta lo que debe costar en relación a su calidad.
  18. Los suizos y la religión. La educación suiza es 100% laica, y si eres una persona religiosa tendrás que contribuir a tu iglesia (o lo que sea) con tus impuestos. Ojo, si dices ser ateo tendrás que serlo de verdad, que si se enteran (y se enteran) de que mientes, te harán pagar los impuestos de los años previos. Más allá de esto, los suizos no hablan de religión. Cada cual es libre de creer lo que quiera, en la intimidad y sin lavar el cerebro del resto.
  19. Los suizos y la seguridad. El servicio militar es obligatorio para los hombres suizos, y sirven entre los 18 y los 30, en cómodos plazos, eso sí. Para las mujeres es voluntario. Durante el periodo de servicio, todo militar se lleva sus armas a casa. Existe un complejo sistema de normas sobre dónde guardar cada arma, qué hacer con la munición y cómo realizar el traslado del cuartel a casa. En Suiza existen búnkers suficientes para toda la población (incluyendo extranjeros residentes y turistas): casi todos los edificios tienen uno y además existen muchos públicos, incluyendo los repartidos por las montañas, que nunca se sabe cuando te van a atacar con una bomba nuclear. Además, las autopistas están preparadas para ser transformadas en pistas de aterrizaje para aviones militares en caso de necesidad, y todos los accesos a el país están preparados para ser dinamitados en caso de intento de invasión. Así es como se mantiene la neutralidad suiza y una de las tasas de criminalidad más baja del mundo.
  20. Los suizos y la confianza. Los suizos reaccionan rápido si creen que se está cometiendo un delito, lo que hace que por ejemplo, en un tren de larga distancia, puedas dejar tu ordenador y tu bolso en tu sitio, irte media hora a la cafetería y encontrarlo donde lo has dejado al volver. Además, los suizos con granjas ponen en la calle lo que sea que quieren vender y una hucha y esperan que tú seas una persona civilizada y pongas en la hucha lo que ellos han puesto que cuesta en el cartelito antes de llevarte lo que sea que están vendiendo. No está vigilado y no, nadie, nunca, jamás, se ha planteado robar.

Y hasta aquí mi resumen de curiosidades sobre los suizos. ¿Alguna idea? ¿Alguna pregunta? Espero comentarios para poder escribir una segunda parte!!

 

 

 

Camino del B1: seguimos con la gramática

Al igual que con mis propósitos vitales, voy a hacer la revisión de mis objetivos de aprendizaje de alemán de los últimos meses. Ante las preguntas, no es que me quiera torturar a mi misma, y ya sé que poco os interesa mi vida privada, pero supongo que escribirlo en un sitio público me provoca cierto nivel de tortura interior que me obliga a trabajar más.

Pero si mis otros objetivos fueron desencaminados por razones que expliqué en el post anterior, obviamente el alemán no fue mucho mejor. Tengo que reconocer que aunque la cosa había empezado más o menos bien, hubo un parón de casi mes y medio haciendo poco o nada que ha dejado unos resultados un poco catastróficos. Ahí van:

  • Dedicar dos horas los fines de semana a gramática: fail. Dejémoslo ahí.
  • Aprender las palabras de mi curso de Memrise: fail
  • Acabar el A2 de Memrise y repasar todo A1 y A2: sólo un cuarto de fail. Sí acabé el A2 y sí llevo los repasos del A2 al día, pero los del A1 se me han acumulado.
  • Usar los grupos online de aprendizaje: un poco fail. Igual es que yo voy un poco más rápido que la media del mundo, que me lo tomo demasiado en serio. También he descubierto que la mayor parte de gente que hay por ahí son principiantes nivel 0, y eso no me sirve.
  • Utilizar los grupos para practicar: léase apartado anterior.
  • Leer un libro en alemán: no sé si leer el periódico de vez en cuando valdría…
  • Ver una película en alemán: película no, pero sí muchos videos y algún que otro documental. Me resulta más asequible cuando están orientados a principiantes o hablan despacio, porque puedo enterarme de algo. También he visto partidos de fútbol en alemán, que podría contar. Ahora ya sé que es un elfmeterschiessen.
  • Escuchar la segunda ronda del podcast… hecho. Igual es que me he enganchado a la historia.
  • Darle al oído en el lab. Hecho. Tengo que reconocer que cada día entiendo más. Más de lo que a alguna gente le gustaría.
  • Hablar algo: supongo que hecho. Intento en la medida de lo posible pedir en alemán cuando voy a algún sitio, o si tengo que preguntar algo. En general está claro que me entienden, porque cuando me sueltan un rollo y les digo que “esto yo… no hablo alemán” me suelen mirar raro. Alguno incluso se ha molestado porque si no quiero conversación que lo diga, pero que no vaya con excusas malas.

Pese al empuje final, está claro que me he quedado un poco a medio camino, y sabiendo que todavía me queda medio año voy a intentar ser más realista en mi plan para los próximos tres meses. Ahora tengo que afianzar lo que me queda del nivel A, para asegurarme de que de aquí a fin de año, aunque todavía cometa algunos fallos de nivel A, pueda estar al menos aprendiendo algo de gramática y vocabulario del B1.

Este es mi plan para los próximos 3 meses:

  • Teoría gramatical: tengo una lista de todos los temas de gramática que debería controlar de los niveles A1 y A2. Me voy a preparar un resumen de cada uno de ellos (de una página, aprox.) pero sin limitarme a ese nivel y añadiendo todo lo que me pueda resultar útil. Por ejemplo, si un tema son los números, yo añadiré también los ordinales, las fracciones, declinaciones, etc. Si no me he saltado nada son unos 40 puntos a tratar, por lo que pretendo preparar uno cada dos días de aquí a septiembre.
  • Ejercicios de gramática: sin forzarme a un nivel más bajo, todavía tengo fotocopias de ejercicios que me pasó en su momento uno de mis profesores. Creo que me pueden ser útiles para cosas como el dativo. En formato digital, tras haber pasado por varias pruebas, creo que Gramática Alemana ofrece una buena selección aunque un poco desordenada, y Mein Deutschbuch pese a tener pocos ejercicios, tiene todo muy bien ordenado. Además, Deutsch Akademie tiene millones de ejercicios del tema que quiera y tiene aplicación para el móvil, aunque en general las frases me resultan un poco más complejas.
  • Vocabulario: voy a acabar mi curso de Memrise y mantener los otros dos al día sí o sí. Como ahora Memrise ha cambiado la estructura de los cursos no tengo muy claro cual sería el siguiente nivel, supongo que cuando llegue el momento miraré qué palabras aparecen en cada nivel y me apuntaré a aquel en el que haya vocabulario nuevo, aunque le diga que ignore lo que ya me sé.
  • Lectura: tengo que leer como sea. El periódico, los carteles publicitarios. Tengo que aprender ese vocabulario del día a día. Sigo queriendo leer algún libro.
  • Películas y vídeos varios: me está resultando una forma muy entretenida de adquirir vocabulario, porque con la ayuda gráfica tengo que recurrir menos a traducir. Creo que es una buena forma de mejorar mi comprensión.
  • Escuchar/hablar: escucharé la siguiente ronda de mi podcast preferido, y también escucharé con mucha atención todo lo que pasa a mi alrededor. Seguiré con mis esfuerzos para poder pedir (principalmente comida) y que se me entienda.
  • Escritura: finalmente parece que he encontrado un sitio en el que la gente tiene a bien corregir lo que yo escribo y hasta explicarme por qué lo hice mal. Creo que a estas alturas es bueno que me centre en escribir, porque noto que me cuesta mucho más de lo que debería formar frases con sentido, pese a que en algún sitio de mi cabeza está ese vocabulario y las entiendo sin problemas. Quiero escribir cada dos días un texto pequeño, entre 50 y 100 palabras, sobre cualquier tema. Veremos si según pase el tiempo noto que gano soltura.

Y hasta aquí mi plan. La verdad es que ahora que lo veo todo junto igual es todavía demasiado, teniendo en cuenta que estamos hablando del verano. Pero hay que intentarlo… Ich will Deutsch gut sprechen. Bis bald!

Medio año en caída libre

Para no retrasar lo inevitable y aprovechando una tarde más o menos libre, vamos a hacer el repaso de los propósitos del año. Empezemos por las excusas… Han sido unos tres meses muy malos. Mi excusa de principios de abril de que tenía mucho trabajo sigue vigente, y es que en los últimos dos meses me he pasado más de la mitad de los fines de semana en el laboratorio, además de muchas horas extra. Mi proyecto que quizá algún día me de un paper gordo sigue ahí, pero además se ha sumado otro para el que tengo que sacar tiempo de debajo de las piedras. Quizá en el último mes, sobretodo las últimas dos semanas, he conseguido recuperarme un poco y creo tenerlo un poco más bajo control, pero me temo que en el fondo es mentira y que lo he hecho a costa de recortar algunas horas de trabajo, por lo que supongo que acabaré pagándolo. Pero al menos he conseguido poder hacer cosas tan básicas como ir a la compra o limpiar la casa, que no os podéis imaginar al extremo al que había llegado. Menos mal que el supermercado de la estación siempre está abierto!

Vamos ahora con la revisión:

Libros: sólo he leído un libro en los últimos tres meses, pero tengo dos a medio leer. Pese a ello sigo por delante de mi plan (15 en el año). Creo que puedo hacerlo.

Papers: publicar no he publicado nada, pero cada día mi jefe se convence de que voy a publicar algo gordo. Las últimas semanas oscila entre que voy a publicar dos o tres antes de fin de año. Pobrecillo, que inocente es a veces.

Series y películas: sigo a mi ritmo bajo pero constante. No he visto ninguna peli en alemán, pero sí muchos videos en YouTube. He encontrado unos documentales sobre Alemania en los que hablan despacio y puedo enterarme más o menos. Creo que convalida más que una peli en la que necesite subtítulos en inglés. Eso sí, veo 20 minutos y siento que me va a estallar la cabeza.

Redes sociales: dada mi nula presencia por estos lares las visitas han caído estrepitosamente, así que espero centrarme un poco esto durante el verano. Twitter lo tengo abandonadísimo, y en Facebook ya sabéis que prácticamente lo único que pongo es lo que publico aquí. Lo que sí me va viento en popa es Telegram y Whatsapp, que esto de los grupos no deja de minar mi productividad.

Viajes: a nivel local hemos hecho la semana pasada una visita a Gruyeres, que ha sido la primera salida de casa del verano dada la ausencia de verano real en Suiza. En mayo estuve unos días en Madrid, que por culpa de la renovación de mi DNI incluyeron hasta una visita a Segovia. A finales de mayo fui a Tel Aviv. Debería escribir una entrada sobre mi viaje a Israel. Me lo apunto.

Conciertos: en contra de lo que esperaba, sí he ido a algo así como un concierto. Un compañero de trabajo tiene un grupo y nos invitó a un pequeño concierto. Vale que no es un macrofestival, pero contar cuenta.

Laboratorio: sigo sin haber firmado nada pero mi jefe jura que yo me quedo otro año. No he matado a nadie. He estado muy cerca. Desde hace unos días la vida es maravillosa. Estamos en una época de cambios… se ha ido un miembro del grupo que estaba creando conflictos (si os contase cómo reaccionó mi jefe cuando se fue…) y en septiembre entrará un chico nuevo que parece majo. Nuestra vida social se ha incrementado, lo que no le hace ningún favor a mi hígado.

Vida sana: léase apartado anterior. Lo que iba a ser mi objetivo principal para estos tres meses creo que se fue a la mierda pasadas dos o tres semanas. Te quedas hasta tarde en el laboratorio y tienes hambre, alguien te trae un kebab, te bebes una cerveza… y de repente son las 9 de la noche y tú estás delante del FPLC. De todas formas, este es uno de los puntos que he intentado mejorar en las últimas semanas: ejercicio no hago más que correr por el laboratorio (que no es poco), pero sí estoy intentando comer mejor y sobretodo ingerir suficientes vitaminas, que las frutas habían desaparecido de mi dieta (las verduras no, porque en el kebab verde también hay).

Productividad: hace tres meses dije que había vuelto al papel, y ahora tengo que decir que he dejado del todo la versión digital, más allá del calendario. La inminente muerte de Sunrise me hizo buscar opciones, y al final me he quedado sólo con el estándar. Al haberme pasado al papel empecé a investigar un poco y descubrí el maravilloso mundo del bullet journaling. A día 15 de abril cogí una libreta y empecé a escribir en ella lo que antes ponía en cachitos de papel. Poco a poco he ido adaptando las cosas que me interesaban del sistema, por lo que en estos momentos tengo un híbrido de bullet journal con agenda de toda la vida. Y no, no esperéis que os enseñe páginas llenas de dibujitos porque son más bien sosas todas.

Idiomas: esto me lo reservo para otra entrada, pero como avance puedo decir que ha sido un poco un fracaso.

No crecer: sí, lo de comportarse como adolescentes lo llevamos bien.

Vida ordenada y minimalista: jajaja… sólo leerlo me ha entrado la risa. Ya esto yo… os prometo que yo intento mantener la casa decente. Pero no me he comprado demasiadas cosas últimamente, eso sí, básicamente porque ni siquiera tenía tiempo para ir de compras.

Música: poco a poco volvemos al buen camino. Me gustaría tener música en el laboratorio pero es un tema delicado. El tiempo de transporte público me lo paso principalmente con podcasts y YouTube, pero en casa intento escuchar algo más de música cuando limpio o cocino, pero ya hemos dicho que eso no es frecuente. Como cuando intento estudiar alemán no puedo escuchar música en inglés, lo que sí he intentado es escuchar música en alemán, para matar dos pájaros de un tiro.

Y hasta aquí el resumen de mis últimos tres meses. La verdad es que me gustaría poder llegar aquí a finales de septiembre y decir que todo va de maravilla, pero no sé por qué, presiento un verano difícil.