Los virus, también nuestros aliados

Supongo que a estas alturas más o menos todos habréis leído ya la noticia: la FDA ha aprobado el uso de un virus para tratar tumores. Voy a intentar explicar un poco el tema, que por lo que he leído por ahí la gente está un poco perdida.

El primer momento en el que se asoció que un virus podía tener un efecto en un tumor fue a finales de los 60. En 1970 se publicó el primer artículo con un ensayo in vivo, en el que demostraban que inyectando enterovirus en ratones con sarcoma, el sarcoma iba desapareciendo, y además de forma rápida.  Hasta donde yo he podido llegar, el primer estudio in vitro se había publicado en el año 57, y en el 67 se había publicado otro estudio bastante extenso que supongo que animó al resto a probar a ver si esto funcionaba de verdad. Curiosamente, en el artículo del 70 decían que esto abría muchas puertas, que seguro que los virus estos nos iban a ser muy útiles para tratar el cáncer.

¿Por qué ahora? Una vez más, no es ahora, ha estado siendo durante mucho tiempo, pero no llegó a la prensa generalista. Lo primero, me gustaría aclarar que el virus no se utiliza como vector. Otro día os explicaré cómo se pueden usar virus como vectores, de forma que el virus se dirija a un tipo de célula específica y allí libere lo que sea (ácido nucleico), pero este no es el caso, ya que es el propio virus el que se usa para el tratamiento.

El virus, el T-VEC (Talimogene laherparepvec) en realidad es un herpesvirus ligeramente modificado. Para que nos situemos, el HSV-1 (virus del herpes simple tipo 1) es el que produce el herpes labial y genital. Vamos, que aunque el virus actuase, tampoco sería el fin del mundo teniendo en cuenta que estamos hablando de tratar un cáncer. Pero no, el virus no hace nada, porque entre las modificaciones hechas al virus para convertirlo en T-VEC se encuentra su atenuación (lo mismo que se hace cuando se usan virus en vacunas). Las otras dos modificaciones importantes son el aumento de la especificidad, para que vaya directo a las células tumorales, y la capacidad de secretar GM-CSF.

Este es más o menos el aspecto que tiene un herpesvirus. Es uno de los virus mejor estudiados.
Este es más o menos el aspecto que tiene un herpesvirus.

La GM-CSF es una citokina. Ya sé que con eso no os digo mucho. Su nombre completo es “factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos”, que supongo que así a la ligera tampoco dice mucho. Así a modo de resumen, lo importante es que os quedéis con que es un factor importante en nuestro sistema inmune y ya se ha usado previamente para amortiguar los efectos de la quimioterapia. En sí, sus efectos tras una infección ya se habían descrito allá por 1973.

Así pues, sólo tenemos que juntar las modificaciones y tenemos el cóctel perfecto: un virus que no produce ya la enfermedad pero que sabemos que ataca a las células. Una guía para que vaya directo a las células que nos interesa. Una proteína que hace que una vez en la célula, el sistema inmune se ponga las pilas. Entre el ataque el virus y la GM-CSF, las células tumorales no pueden más y se mueren. Es una especie de suicidio por saturación de trabajo. El caso es que como el virus se replica muy rápido, cuando la célula se rompe al morir, libera virus, y así la “infección” se extiende por el tumor para acabar con él.

Sabiendo esto se empezaron una serie de ensayos clínicos. En la fase I se comprobó que fuese un tratamiento seguro. En la fase II se empezó a probar si realmente es eficaz. En la fase III se extendió el estudio a un grupo de pacientes más amplio y se comprobó que efectivamente sea seguro y eficaz. Recientemente se publicaron los resultados de la fase III, así que las cosas estaban listas para empezar a usarlo, pero hacía falta la aprobación de la FDA, que es lo que ha pasado ahora, y lo que ha montado el revuelo, pero ya en 2010 se habían publicado los resultados que probaban que esto podía funcionar. El pasado mayo, el mismo equipo (que por el camino ha crecido y que sí, están vinculados a una empresa) publicó los resultados de la última fase, y el tiempo hasta ahora es lo que ha tardado la FDA en dar luz verde al asunto.

Esquema de cómo funciona el tratamiento. La idea es muy sencilla, pero nadie lo hizo antes.
Esquema de cómo funciona el tratamiento. La idea es muy sencilla, pero nadie lo hizo antes.

Ahora, todo lo que queda es esperar a que alguien empiece a usarlo, y a los ensayos en fase IV (una vez aprobado un medicamento se siguen haciendo ensayos, sí) para ver si todo es realmente como parece. Por supuesto, en Europa tendremos que esperar a ver si la EMA dice algo, que esos en general se toman las cosas con mucha más calma.

Me gustaría escuchar hablando sobre este tema a los que demonizan a las farmacéuticas. Sin una empresa detrás estos estudios jamás se habrían hecho. Tampoco sin la ciencia básica de los 70, por supuesto. Pero el gran avance ocurrió desde el momento en el que apareció ahí una empresa. Que sí, que se irán a forrar, pero han estado trabajando un montón de años sin saber si esto iba a funcionar. A saber la de líneas paralelas que han tirado por el camino. La próxima vez que critiquéis a las farmacéuticas recordad que sin ellas, muchas veces, no tendríamos medicamentos.

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No dejes de comer carne

No soy la persona más indicada para dar recomendaciones alimenticias. Siempre le digo a todo el mundo que lo mejor es una dieta variada, y la mía lo es. Ahora, equilibrada lo que se dice equilibrada… y es que con ese metabolismo que tengo, me he acostumbrado a comer mal. Y mal quiere decir, entre otras cosas, demasiada carne. Y sé que no es bueno, y sé que aunque coma más hamburguesas con patatas fritas de lo que debería voy a seguir siendo delgada, pero eso no quiere decir que esté sana. Así que bueno, que no hagáis como yo y comáis bien. Ahora, comer bien sí implica comer de todo.

Aquí podría empezar a decir todo lo que pienso de los veganos, los que comen sólo cosas con etiqueta ecológica, los que siguen la dieta X (sea X lo que esté ahora de moda), pero no, vengo a hablar de carne. De carne y de lo que dicen que ha dicho la OMS.

Os gusta la carne. Y os gusta la carne procesada. Y ahora os habéis asustado. Lógico. Desde luego, si leyese la prensa sin más, creería que me voy a morir mañana. Y no. Que comer grandes cantidades de carne procesada no es bueno para la salud ya lo sabemos todos. Lo de que el consumo de carne procesada está más o menos relacionado con la incidencia de cáncer colorectal quizá no lo sabía todo el mundo (ahora claramente sí), pero no es una novedad para los científicos, y tampoco lo es para la OMS.

Supuestamente lo único que ha hecho ahora la OMS ha sido una actualización de informes previos, lo ha puesto todo junto, y lo ha hecho público. El problema viene después con los medios, que leen lo que quieren. Y ojo, nunca defenderé a la OMS, que desde mi punto de vista es un foco de meteduras de pata épicas.

Para que recordemos un poco previos escándalos alimenticios, os voy a poner dos ejemplos: los huevos y el aceite de colza.

Los huevos han estado demonizados durante años porque supuestamente incrementaban el colesterol. Creo recordar que en mi adolescencia se decía que no más de un huevo a la semana. No por ello, mi madre (y otras muchas madres) dejó de hacer tortillas con ocho huevos. Por suerte, hoy en día la moda ha pasado, y más o menos todo el mundo sabe que comer huevos no es malo, y que hasta tiene sus cosas buenas, como por ejemplo el aporte de proteínas y vitaminas. Si hasta hay gente que dice que desayunes todos los días huevos! El susto inicial se dio en el año 68. Anda que no hemos tardado en solucionarlo… casi 50 años!

El aceite de colza en España es el demonio. Para los más jóvenes, que quizá penséis que eso ni se vende en España, resumo la historia: en España se vendía, en el 81 hubo una intoxicación masiva, supuestamente por la ingesta de aceite desnaturalizado (no apto para consumo) y dejó de venderse y es el demonio. Desde entonces, como todos sabemos, lo que mola es consumir aceite de oliva. Al final, existen ciertos rumores que dicen que ni siquiera había sido el aceite, que era un pesticida. Y por supuesto tenemos las teorías conspiranoicas, que dicen que todo fue un plan de las aceiteras para forrarse con el de oliva. El caso es que en otros países, como Alemania o Suiza, el aceite de colza es el más usado para alimentación (sí, yo lo consumo casi a diario) y aunque no está tan rico (a mi paladar) como el de oliva, no me ha matado. Por supuesto, también existen estudios que prueban los beneficios del aceite de colza.

Ahora volvamos a la carne. ¿Cuándo se probó por primera vez una posible relación con el cáncer? El primer artículo científico que he encontrado sobre el tema fue publicado en el año 1975 en el International Journal of Cancer. Y ojo, que no sólo habla de carne… hacen un estudio bastante detallado de la dieta, y otras cosas no se alejan tanto de los resultados de la carne. Por si fuera poco, hay otro estudio del mismo año, publicado en The Lancet, con autores con nombre español! Y nosotros sin enterarnos… pero he de decir que este no es más que una mera nota, ni mucho menos con el nivel de detalle del anterior. Pero básicamente viene a decir lo mismo: que la incidencia de cáncer correlaciona con la dieta.

Supongamos que el artículo pasó desapercibido (que no). ¿Y la OMS? ¿Esos cuando abrieron la boca? Hasta donde he podido llegar, el primer “consensus statement” que publicaron al respecto fue tras una reunión en 1997, en el que dejaban bastante claro que existía una correlación.

Ahora vamos al tema… lo primero es lo primero, y no olvidemos que correlación no implica causalidad. Que la gente que come más carne tenga cáncer no quiere decir que la carne provoque el cáncer. Por ejemplo, podría ser la falta de fibra. Entonces se podría seguir comiendo la misma carne si nos cebamos a fibra. Pero bueno, vamos a asumir por un momento que sí, que es causa. ¿Cual es el riesgo? Si te pones a echar cuentas, la cosa sale a que tu riesgo de padecer cáncer de colon sube un 3%… sobre tu riesgo base (que depende de otros factores). Básicamente, la diferencia es mínima. Si hablamos a esta escala, casi os diría que no salgáis a la calle, porque aumenta más el riesgo de morir atropellados.

En resumen, que sí, que vale, que hay que comer bien. Pero comer carne roja y carne procesada con moderación no es un problema. A lo largo del día estamos expuestos a un montón de compuestos carcinogénicos. Es muchísimo peor el humo de los coches y ahí siguen. Y existen un montón de alimentos que tienen sus pros y sus contras y seguimos consumiéndolos. Mi recomendación, al igual que decía al principio, comed de todo. No hay mejor dieta que esa para una vida sana. En cualquier caso, por si quedan dudas, la propia OMS ha publicado hoy una nota de prensa en la que aclaran que no hay que dejar de comer carne, que, como con todo, hay que comerla con moderación.

Otro día os tengo que hablar de mi opinión sobre lo de “un vasito de vino tinto al día”… pero mejor eso lo dejamos para otro momento. Para aquellos que tengan curiosidad, he intentado poner los links a los artículos que tuviesen acceso público, pero hay cosas que una no puede elegir. Si tenéis curiosidad podéis pedirme los pdf.

Yo sí compro calcetines en Primark

He esperado 24h antes de escribir el post para no dejarme llevar por el cabreo y escribir de una forma honesta. Escribo esto sentada con mi Macbook sobre el regazo, con un iPhone y un iPad al lado… pero con un pijama y unos calcetines de Primark. Sí, la mayor parte de mis calcetines son de Primark. Soy una mala persona.

Os voy a contar la historia de mis calcetines de Primark. Hace casi dos años, como sabéis, me mudé a Suiza. Lo de comprar cosas aquí se veía muy caro, así que hice lo que haría toda española: aprovisionarme. No había comprado demasiadas veces en Primark porque en Galicia no había (cuando yo vivía allí) y en Madrid me quedaban muy lejos, pero ante mi bajo presupuesto era la mejor opción. Compré calcetines, y compré el pijama que llevo puesto. No recuerdo si algo más.

Han pasado casi dos años y el resto de mis calcetines han ido muriendo. Reconozco que sí, alguno de Primark también, pero para un pack de no sé cuantos que costaba dos duros, pues no está mal. Claramente han ido sustituyendo a los previos, y sólo recientemente han entrado nuevas incorporaciones, cosa que durante un tiempo cabreó a mi novio (¿sabéis lo difícil que parece ser emparejar calcetines negros “en teoría” iguales?).

Me diréis que claro, que la ropa de Primark es de mala calidad. Vale, no voy a decir que sea buena, no se me ocurriría. Pero seamos realistas… ¿con qué lo estamos comparando? Porque si me vais a decir que la ropa de Inditex es mucho mejor… hasta donde puedo recordar, las camisetas de 5 euros de Zara (O Berska o Lefties) son exactamente la misma mierda que las de Primark. Aunque puede que la de Primark en lugar de 5 cueste 2. Si se quiere calidad, hay que pagar la calidad. Pero pagarla de verdad. Pero todos sabemos que el español medio no está como para dejarse 50 euros en una camiseta… ¿o sí?

Por otra parte está el tema de la explotación. Que sí, que explotan a la gente en sus fábricas. Que les dan cuatro duros. Para empezar, os puedo decir que esa gente tiene trabajo, que por mucho que nos pese, es algo que mucha gente en España no puede decir. Las condiciones son malas, sí. Preferiría que se tratase mejor a esa gente, sí. Debería fijarse un mínimo en sus condiciones laborales, sí. Pero también mi compatriota Amancio podría traerse todas las fábricas a España y dar trabajo en su país y no lo hace, y no dejáis de comprar en Zara, que explota más o menos igual que Primark. Porque si Amancio recordase de vez en cuando “a terriña” y no sólo para desgravar impuestos con donaciones… pues igual compraría todo de Inditex. Pero no, que las cosas en Primark sean más baratas no quiere decir que exploten más. Explotan lo mismo que el resto.

¿Y las grandes marcas? Pues tanto de lo mismo. Recuerdo que cuando era pequeña, en mi colegio, muy de pijos, se empezó a hablar de que Nike explotaba a niños para coser calzado. Supongo que todos recordáis la historia… Pues mis compañeros, muy solidarios con los pobres niños del sudeste asiático, se empezaron a comprar todos Adidas. Gran solución, si señor.

¿Qué alternativa tenemos? ¿Comercio justo? Id con el cuento a otro lado, que tengo demasiado contacto con el tema como para saber que poco mejoran las condiciones laborales y mucho mejora el bolsillo del intermediario. ¿Me tengo que tejer yo los calcetines? Entonces no sé, porque yo ovejas no tengo, y quizá en el proceso de obtención de la lana se ha explotado a alguien. Que a mi los calcetines de lana me gustan mucho, pero igual para diario no viene siendo muy cómodo. Y tardan mucho en secar, y en Suiza hay mucha humedad. En este blog he defendido más de una vez la compra de alimentos locales, porque considero que es bueno darle de comer al vecino, pero aquí no hay vecino que valga, porque el vecino no nos vende calcetines a un precio razonable.

Tengo ropa de marca. Tengo ropa más cara de lo que debería. Tengo mis cacharrines, que nombraba al principio, que no son precisamente baratos. Pero entiendo que en ciertas ocasiones, por la razón que sea, alguien busque algo barato. Yo, que tengo acceso limitado a lavadora-secadora, necesito tener miles de calcetines, y no me da la gana de pagar una pasta por unos calcetines que van a romper igual. Los de Primark me valen, y no hay una razón de peso para que los compre en otro sitio.

Otro tema es el de las colas de la apertura. Ahí si que no lo entiendo. Yo odio ir de compras y no me metería jamás en algo de ese estilo. No veo por qué razón esa gente no podía esperar unos días. Nunca he entendido las hordas el primer día de rebajas. Considero que deberíamos ser más civilizados. Aunque claro, esto puede ser que como mi talla siempre queda, pues no me agobio con lo de ir el primer día. No soporto las tiendas a rebosar de gente, las colas en los probadores… la música de las tiendas de ropa. Lo mío es más de llegar, probar, pagar, huir. ¿Haría cola en una Apple Store? Quizá. ¿No es lo mismo? No. Rotundamente no. El primero que diga que sí, que vaya el 2 de enero a un centro comercial cualquiera de Madrid, y luego vaya a la Apple Store el día que salga el próximo iPhone. La gente que va a la Apple Store va por el ambiente. No van a pegarse por un teléfono. La gente es civilizada. Recoge su turno, se sienta, se montan fiestas. Hay gente que ni siquiera quiere comprar nada, sólo vivir la experiencia. Juntarse con otros como él. Es la fiesta, no las rebajas. Es algo totalmente diferente. No lo he hecho nunca, y dudo que lo haga, pero no diría que no. Pero después de haber vivido un Black Friday en USA puedo decir que ni de coña me iba yo a pegarme allí por la mañana.

En resumen, que yo voy a seguir comprando mis calcetines en Primark sin remordimientos. Y no tendré ningún reparo en ir estas Navidades a un centro comercial del extrarradio madrileño y comprarme mis calcetines y, a los dos minutos, entrar en la Apple Store a por un iPhone 6s. Al menos Apple ahora si monta cosas en USA. Ya sabéis, si criticáis a los que compran en Primark, espero que no lo hagáis desde un Android chino, que seguro que esos también explotan a sus trabajadores… aquí todos a comprarse cosas de Apple… que al menos si explotan, explotan americanos (me consta que siguen teniendo cosas fuera, aunque quieren trasladar todo el montaje a USA).

Por supuesto, mientras mi presupuesto me lo permita, estoy abierta a cambiar de marca en mi ropa. Sólo tenéis que decirme, y probarme, que marcas de ropa no explotan a sus trabajadores y/o tienen su producción en el país del que son. Espero vuestros comentarios, ojalá me demostréis que estoy equivocada, y que sí hay alternativa. Mientras, yo sigo esperando que Amancio recuerde aquella fábrica de camisas en Arteixo…

En busca del bolso perfecto

Y no lo encontraré. Llevo días dándole vuelta al tema y he pensado que varias mujeres (y hombres) de mi Twitter podrían darme su opinión, pero como es muy largo contarlo allí, voy a plantearlo aquí. Que nadie proteste, que esto es un blog personal y una de vez en cuando tiene que comprar cosas.

Resulta que llevo un tiempo buscando un bolso. Un bolso que sólo existe en mi mente, claro. El caso es que a diario me llevo encima mil cosas, y necesito un sitio en el que meterlas. En mi bolso perfecto tiene que caber mi ipad, mi cartera, llaves, móvil… hasta ahí lo normal. Ahora sumadle la batería extra, cables, más cables, la identificación del trabajo, un kit de drogas de emergencia, un termo con café y mi desayuno. Eso es lo básico del día a día. La comida me ocupa un huevo y aunque he intentado minimizarlo, soy un ser que pasa hambre constantemente. Ah, y el paraguas plegable, claro.

En estos momentos estoy usando una mochila “pequeña” de Kipling, pero mi problema fundamental es que ya no me caben las cosas, dada la omnipresencia del paraguas. Si quiero meter algo más, revienta. Y todavía me falta meter ek kit completo de invierno (guantes, bufanda, etc). Hace un año, estaba usando una bandolera convertible a mochila de Decathlon, pero su problema fundamental es que ya vacía pesa un huevo. Uno de los principales problemas de las mochilas es que en invierno me son muy incómodas, porque el abrigo ocupa mucho y yo soy muy pequeña.

Por otra parte, necesito algo formal. No se trata de algo muy fino, pero si me vais a enseñar las messenger más deportivas, eso no me pega cuando voy un poco más “fina”, y tiene que ser algo que valga para cualquier ocasión. Las mochilas que tienen asas, tipo las Kanken, me atraen, pero creo que las asas son inútiles, y acabarían inutilizadas. Lo mejor sería algo en modelo bandolera que pudiese llevar a un hombro o cruzado. Y claro, algo que vacío sea ligero, pero que sea suficientemente robusto como para que no vaya todo tirado por ahí cada vez que lo apoyo.

Ya por pedir, querría que el tamaño fuese un poco más grande, lo justo para poder meter si fuese necesario el portátil o una libreta. Pero lo justo. No quiero bajo ningún concepto algo con bolsillo para portátil, porque toda la protección es peso extra. Y eso, más grande pero sin exagerar, que yo soy pequeñita y luego queda raro.

¿Ideas? Digo yo que no soy la única persona que lleva mil cosas encima, y alguna idea alguien tendrá. Experiencias. Resistencia (que yo soy muy bruta). Impermeabilidad (que aquí, llueve). Algo.

Ya de paso, si alguna mujer va y me dice dónde comprar ropa normal, pues se agradece, que otro día tengo que escribir sobre cómo el mundo quiere que me vista de puta o de vieja.

Bonus: si sacamos algo en claro de las opiniones y acabo comprándome algún bolso que alguien me recomiende, prometo hacer un desglose fotográfico de estos de “qué hay en mi bolso, el día a día de una española en Suiza”.

Vete de España y no vuelvas

Os voy a contar una historia. Es la historia de un joven que con 30 años se va a España. Va a estudiar, a trabajar, da igual. No afecta a la historia.

El joven llega a España y necesita un hogar. Para alquilar un piso, le piden un aval, pero el joven no quiere dedicar sus ahorros a pagar a un banco para que diga que puede pagar el alquiler. Fianza. Ja. Las inmobiliarias le piden mínimo tres meses de alquiler de golpe (mes de agencia + primer mes de alquiler + fianza). Los particulares dos, pero aval. Siempre puedes mostrar una prueba de que llevas más de tres meses trabajando y que tu contrato dura al menos el año del alquiler. Ya. En España. Que levante la mano el que pudiese asegurar ahora eso. Habrá que ver el aval… Pero el joven acaba de llegar a España, y un banco te da un aval si pagas y tienes dinero, y el dinero del joven no está en España todavía, así que se tendrá que buscar a un particular que lo avale.

El joven, como hemos dicho, quiere ahorrar. Pero necesita comunicarse con la novia que ha dejado en el extranjero y con la que espera volver. Decide buscar un contrato de teléfono, nada de prepago, que sale caro. Busca la tarifa de datos más generosa, y le da igual pagar más. Pero no puede firmar el contrato: “Necesitamos que pruebes que pagas recibos con tu cuenta”. “Es que mire usted, yo acabo de llegar, todavía no he pagado recibos aquí”. “Pues entonces no va a poder ser”. El joven no tiene piso, y tampoco tiene contrato de teléfono e internet.

Y diréis, que tontería, el teléfono. A quién le importa. Y es cierto, porque el joven tampoco tiene una tarjeta sanitaria. Porque primero se tiene que empadronar, y para eso tiene que tener un piso, que no puede alquilar. Vale, alguien lo podrá acoger. Entonces, a la espera de que se formalice su situación, tendrá que ir corriendo a apuntarse al paro. Pero si él no va a estar en el paro! Da igual, porque mientras, si no hace algo, no tiene derecho a la sanidad.

Tenemos a un joven que no puede alquilar un piso, no puede contratar un servicio como una línea de teléfono y no tiene tarjeta sanitaria. A estas alturas, sabréis que al menos el joven es legal, porque sin papeles no se podría plantear apuntarse al paro.

Pero ahora viene mi pregunta… ¿cuántos habéis pensado que era negro? ¿cuántos latinoamericano? ¿cuántos habéis pensado en la primera parte de la narración que era ilegal? Decid la verdad.

La solución, no tiene ningún misterio, y está pasando en nuestras narices. Si habéis tenido un poco de ojo, habréis descartado que fuese negro, porque se podía comunicar. Latino, fijo. Pues no, resulta que el joven se encuentra en Madrid, el joven, es de Madrid. Tiene un DNI, y es una de esas pocas personas cuyo lugar de nacimiento es realmente Madrid. En su propia ciudad, lo están tratando como a un extranjero. Ni que fuese a robarles. Nada importa que el joven sea doctor, que el joven sí tenga ahorros, que el joven esté volviendo de Suiza, a donde se fue porque en su país, España, no son capaces de dar salida a los científicos. Todo da igual, porque aunque sea nacido en Madrid, es un extranjero más: sin poder alquilar, sin poder contratar, sin sanidad.

Algunos ahora pensaréis que estoy defendiendo que lo deberían tratar diferente por ser español. No. Lo que pretendo es que veáis que muchos lo habéis tomado por un inmigrante, e incluso habréis pensado que era normal, y probablemente os habéis escandalizado al saber que era español. Ahora pensad por un momento, cual es el trato que reciben los que sí son extranjeros.

Cuando llegamos a Suiza no hablábamos nada de alemán. Para alquilar el piso, nos pidieron que hiciésemos un depósito en un banco a modo de fianza. El depósito está a nuestro nombre y recibimos intereses. Sí, si tienes un contrato de trabajo es más fácil, pero el primer sitio que alquilamos temporalmente lo hicimos sin contrato ni permiso de residencia, y sin problema. Un día fui a una tienda de teléfonos y dije que quería un contrato. Me pidieron mi dirección y me dieron mi tarjeta. Me dijeron que ya me llegaría la factura, y que si quería lo podía domiciliar, que eso era mi problema. Vale, el seguro médico es privado, aquí no hay un sistema como en España, pero tampoco me lo quitan de la nómina como a los españoles. Además, me cuesta menos, porque se asume que no me voy a retirar aquí, por lo cual no voy a generar tanto gasto.

El joven de la historia es mi novio, y el joven de la historia está pensando en lo del título, en irse y no volver, porque para ver como tratamos a los que vuelven y a los que vienen… para eso igual nos quedamos en el extranjero. Al final es cierto, España, país de bares y playas, país de vacaciones… A cualquier joven que se le pase la idea de irse por la cabeza yo le diría eso, vete. Vete de España y no vuelvas.

Echo mucho de menos España. Muchas cosas de España. Pero no estas cosas. Cada vez que pienso en estas tonterías se me quitan las ganas de volver. Y un día se me quitarán para siempre. ¿En qué estamos convirtiendo a nuestro país? ¿En serio es esto lo que queremos?

Cómo funciona una prueba de ADN

Hace unos días me encontré con este titular:

La hija de una criada heredará 3 millones de euros gracias a las pruebas de paternidad

Si queréis prensa chunga, haced clic en el link y dejad de leer aquí, no se os ha perdido nada. Si os interesa como funciona el tema, podéis seguir leyendo.

En ese momento estaba bastante cabreada porque mis alumnos, de segundo de carrera, me acababan de demostrar una vez más que no tienen ni idea de cómo funciona una prueba de ADN. Lo que os voy a contar a continuación está un poco más simplificado que lo que les cuento a ellos, pero me gustaría saber que alguien entiende algo, porque cuando se lo cuento se quedan mirando al aire con cara de no haber entendido ni una palabra.

Allá por los años 80 ya teníamos claro que el ADN almacenaba información y que el de cada persona era ligeramente diferente, pero no teníamos muy claro cómo hacer muchas copias. En 1983 el señor Mullis descubrió la PCR, la reacción en cadena de la polimerasa, que le dio un Nobel 10 años después y la posibilidad de retirarse de la investigación e irse a surfear… bueno, eso no es lo que toca ahora. La PCR. La PCR es la reacción que nos permite obtener muchas copias de ADN en un tubo sin demasiado esfuerzo: utiliza una polimerasa (la fotocopiadora) que aguanta temperaturas altas, que es lo que permite hacer muchos ciclos en cadena. El concepto es muy sencillo, pero costó un montón que se le ocurriese a alguien. Parece sencillo ahora, pero no antes.

Así vemos habitualmente los geles: usamos bromuro de etidio, que se une al ADN, y los iluminamos con ultravioleta para ver esas bandas rosas.

Hasta donde sé, antes del 83 nunca se había utilizado legalmente una prueba de ADN. Ni se usó durante otros 3 o 4 años. Pero claro, las cosas de abogados van despacio… y esto de la PCR era muy novedoso. Por eso, cuando alguien se planteó hacer una prueba de ADN en un crimen, se recurrió a la técnica que se había estado utilizando en los laboratorios durante años: el análisis por restricción.

El análisis por restricción resultaba no ser tan tradicional, porque lo que se analizaban eran los polimorfismos de longitud (RFLPs), que realmente se habían descubierto dos años después, pero las enzimas de restricción las tenían más controladas que esto de la PCR. El proceso es bastante sencillo: la muestra de ADN se “digiere” con enzimas de restricción. Estas enzimas reconocen secuencias específicas y hacen un corte, de forma que si un fragmento tuviese 20 secuencias como esa, la enzima haría 20 cortes. Cuando hay una diferencia, una de las secuencias ya no es igual, así que hay un corte menos, y uno de los fragmentos obtenidos va a ser más largo. Al comparar muchos fragmentos se puede saber si la muestra proviene de la misma persona o no.

Esto de comparar las bandas no es tan fácil como suena. Esta es la pinta que tiene un gel revelado con rayos X.

Esta técnica tiene varios problemas. El primero es el análisis, porque lo que se se obtiene así a lo bruto son muchos fragmentos que hay que separar (en un gel de electroforesis, que es lo típico que se ve en la tele con banditas, banditas que NO son azules habitualmente), y de alguna forma hay que identificar solo los fragmentos susceptibles de cambio, y hacer que se vean. Para esto hay que transferir el gel a una membrana, utilizar marcadores radiactivos y revelarlo con rayos X, de forma que sólo se verán las bandas que se corresponden con los marcadores que añadimos. Esto da una foto final ocre con bandas negras. No azules. Que quede claro.

La técnica más usada hoy en día es el análisis de repeticiones cortas en tándem (STR), que sí usa la PCR. En nuestro genoma existen una serie de secuencias muy cortas que están repetidas X veces, siendo X variable. Si analizamos sólo una de ellas, podríamos saber por ejemplo que un señor no es el padre del niño, pero para poder asegurar que un señor es o no es un asesino, hay que comparar más. Lo normal es que se amplifiquen 13 sitios (PCR de 13 loci), lo que permite que la probabilidad de error en la identificación sea casi nula. Este proceso es mucho más rápido, ya que sólo hay que ver como de grandes son los trozos que salen en cada una de las 13 reacciones (ojo, salen 2 por reacción, que nuestros cromosomas son pares), y como se han hecho muchas copias no es necesario todo el lío de transferir el gel y la radiactividad y tal.

Recientemente, el análisis de STR se ha agilizado mucho más añadiendo fluorescencia al juego, de forma que las 13 reacciones se pueden hacer en una, pero no vamos a entrar en detalles.

Y hasta aquí, lo que se usa. Como curiosidad, os puedo decir que la base de datos más famosa, la CODIS americana, tiene datos de los 13 STR. Pero… ¿funciona siempre?

Una de las preguntas habituales es si esto vale para gemelos. La respuesta en general es que sí. En el caso de que sean monocigóticos no, porque tienen la misma secuencia, por lo que ambos darían el mismo resultado. En resumen: mellizos sí, gemelos no.

¿Entonces? Aquí viene en lo que yo profundizo más… y es que hoy en día secuenciar no cuesta lo que hace 10 años, y bien se podría actualizar el sistema para que lo que se analice sea secuencia real, y no sólo bandas. Al fin y al cabo, tras el proyecto Genoma Humano, ya podríamos seleccionar unas cuantas regiones altamente variables y utilizarlas como código real, en lugar de estar todavía usando huellas. ¿Pero no era que los gemelos eran iguales? Sí y no. Un gemelo tendrá el mismo perfil para STRs, la misma huella, pero a lo largo de nuestra vida nuestro ADN cambia, y alguno de esos cambios de produce en etapas tempranas, lo suficiente como para que una secuenciación en profundidad permitiese diferenciar entre los gemelos.

Aclaraciones para los más interesados:

  • Sí, los enlaces van a la Wikipedia. Considero que en general la información es bastante válida. Contiene algunos errores, pero da una idea de qué es cada cosa. El resto de enlace son las fuentes originales en las que he comprobado la información antes de hablar de más.
  • Aunque la Wikipedia diga que se miran 16 STR, es mentira. Se miran 13 del CODIS en casi todo el mundo. Lo he comprobado. También he encontrado que a partir de 2017 se van a pedir 7 más y el FBI va a actualizar la base de datos. Está todo en la web del FBI.
  • Los geles azules EXISTEN. No son comunes, pero existen. Hay un kit para aprendices que lleva un sistema para revelar las bandas que las hace azules. No sé en un laboratorio del FBI si lo usan o no, pero la gente de laboratorios de investigación no. Necesitaría que alguien me confirmase si los forenses usan esa cosa. En cualquier caso, para los análisis de restricción, hay que usar radiactividad sí o sí, y eso nunca jamás va a dejar los geles azules. Por si a alguien le interesa como funciona el kit de aprendizaje, lo vende Bio-Rad.

Lecciones de una abuela

Voy a contaros la historia de una niña y su abuela. 

La abuela había pasado una vida muy dura, había tenido cinco hijos y una hija, muchos nietos, y había estado prácticamente ciega durante muchos años, hasta que las maravillas de la medicina le habían devuelto la visión. La abuela venia de una familia humilde, y había cocinado y servido en casas de familias adineradas hasta que su falta de visión dejó de permitírselo. Había sacado adelante la familia sola, ya que el marido murió al tener la hija pequeña cuatro años. Esa hija se hizo cargo de su madre, y a su vez tuvo dos hijas, pero nunca se casó. La abuela aceptó la situación, y quiso al padre de las hijas como si fuese su propio hijo. 

Ahora, vamos a centrarnos en la nieta pequeña. Era la primera que veía nacer y crecer. Ya tenía muchos nietos, y pronto tendría bisnietos, pero su visión no le había permitido verlos correctamente. Además, como vivía en casa de su hija, crió a esta nieta y a la hermana mayor como si hubiesen sido sus hijas, y para ellas su abuela siempre fue como su madre, ya que la madre trabajaba demasiadas horas para mantener a las hijas y a su madre, ya mayor, ahora con su visión bastante recuperada, pero que había pasado ya un infarto y varias operaciones por un cáncer que no quería remitir. 

La abuela contaba muchas historias de su juventud a la nieta. Aquí una de ellas: 

Vivíamos allí, donde ahora está la gasolinera. Vinieron a llevarse a tu abuelo y sus hermanos, pero se escondieron en el fallado (trastero). El guardia me apuntó con un fusil, yo estaba embarazada de tu tío el mayor. Me dieron un golpe en la tripa y me puse de parto. Así nació tu tío, a los siete meses. Pero al menos no se los llevaron. Pero vinieron muchas veces, y siempre se escondían en el fallado de alguna casa.

Después de nacer tu madre vinieron diciendo que los hombres tenían que ponerse una vacuna. No sabíamos todavía que era eso de las vacunas. Decían que era para la gripe, pero sabemos que era mentira. Les pincharon algo y se pusieron todos enfermos. Tus tíos estuvieron a punto de morir, peso eran jóvenes y aguantaron. Tu abuelo no, murió con lo que decían que era para salvarle. A tu abuelo lo mataron esos, los grises. Y me dejaron sola con tus tíos y tú madre, que tenía sólo cuatro años. 

Al poco tiempo nos quitaron a las casas, para construir la gasolinera. A nosotros y a unos cuantos más, que eran los que escondían a los hermanos de tu abuelo (casualidades). Nos mandaron a las casas de allá (señalando hacia el monte) hasta que nos dieron los pisos, que tuvimos que ir pagando poco a poco (un grupo sindical) hasta que un día dijeron que o pagábamos todo lo que quedaba o nos íbamos. Tu madre le tuvo que pedir a las monjas dinero por adelantado y todo. Y tus tíos nada… Esos, parece mentira, con lo que vivieron, y que sean de derechas. Ya no se acuerdan. Y para colmo tu primo, falangista. Pero tienes que entenderlo, hay que ignorarlos y quererlos, que son tu familia. Si fuesen de fuera, otro gallo cantaría.

Estas historias se quedaron grabadas en la cabeza de la niña, aunque no entendía nada. Igual que las caras que ponía la abuela las pocas veces que salían a pasear, y al pasar por la puerta de la iglesia, la abuela se quedaba mirando al cartel que dice “A José Antonio Primo de Rivera”. 

La abuela murió cuando la niña tenía diez años. Hará pronto 20 años. Pero la niña no olvidaba ni olvida.

Pasaron los años y la niña llegó al instituto. Estaba en bachillerato, y acababa de hundirse el Prestige. Iraq estaba en boca de todos. La niña mostró al mundo sus ideas políticas, y al mundo no le gustaba lo que la niña decía. La niña recordaba, y poco a poco entendía lo que le decía su abuela. 

En una clase de lengua española, la profesora estaba repartiendo las correcciones de un examen-comentario de texto. El tema era Lorca. Se acercó a la niña y empezaron a hablar:

– Has salido a tu abuela

– ¿Por la nariz? (En el pueblo se reconoce a la familia por eso)

– No, por la bandera

La niña, se baja la manga de la camiseta, cubriendo la pulsera con la bandera tricolor que lleva.

– No la escondas, si se te nota cuando escribes. Te va a dar problemas. 

– Pero… ¿Por qué? ¿Cómo sabes tú quien era mi abuela? 

Y aquí vino la sorpresa para la niña, cuando la profesora le dijo que después se lo contaba. Y se lo contó, con un café, a la salida de clase. 

Tu abuela siempre estaba con esa otra señora, la que decían que era puta. No sé si era puta o no, pero lo cierto es que andaba con muchos hombres, y los ayudaba mucho. Yo creo que en el fondo no hacía más que ayudar a los del bando perdedor. Esa señora bebía mucho café. Yo pensaba que era eso, que las putas bebían café, porque a las señoras finas no las veías beber como a ella. (La niña recuerda aquí a su vecina, muerta poco antes que la abuela, que de pequeñas les daba sorbos de café a ella y a su hermana. Piensa que no, esa señora pinta de puta no tenía, pero quién sabe). 

A lo que iba, tu abuela. Angelita trabajaba en mi casa. Éramos una familia con dinero, y tu abuela hacia un poco de todo: era la cocinera, pero también limpiaba y nos cuidaba si hacía falta. Yo era muy pequeña, pero me acuerdo muy bien de ella porque siempre salía a dar la cara cuando venían. Un día se llevaron a mi padre, y no volvió en semanas, y Angelita se quedó allí con nosotros, que a mí madre casi le da un ataque al verse sola, dando a mi padre por muerto. Luego nos fuimos, y a mí me dejaron en Barcelona con una tía. Ellos se tuvieron que ir a Francia. Cuando se calmaron las cosas fueron a Barcelona, pero mi madre siempre quiso volver, así que yo pedí un traslado. Está muy vieja ya, y no se acuerda de casi nada, pero cuando volvimos, se acordaba de tu abuela. Le dio mucha pena cuando se enteró de que había muerto, sin haber podido darle las gracias una vez más. 

Eres clavadita a tu abuela. En casa la queríamos mucho.

La niña llegó a casa y confirmó la historia con la madre, que vagamente recordaba haber estado en casa de esa familia siendo muy pequeña, y mucho menos tenía idea de qué había pasado con esa gente cuando se habían ido. Simplemente habían desaparecido. 

Al llegar el final de curso, la niña se iba a ir a estudiar una carrera. A modo de profecía, la profesora se despidió de ella.

Tú también acabaras fuera, viendo cómo van las cosas. No cometas mi error, no vuelvas. Y recuerda, esa forma tuya de escribir, te va a dar problemas.

Han pasado los años, y efectivamente estoy fuera. Mi profesora de lengua tenía razón. La visité un par de veces, pero murió hace ya unos años, sin saber que yo finalmente me fui. 

Hoy tuve una conversación sobre los refugiados con un compañero de laboratorio, que no me voy a molestar en replicar aquí en detalle. Para que os hagáis una idea, sus argumentos se basaban en que se intentan colar inmigrantes haciéndose pasar por refugiados, en que no quieren trabajar, en que destrozan nuestra cultura, etc etc. Otro compañero me decía después que parece mentira, ni que en su país no se hubiese pasado hace no demasiado por una guerra. Y yo decía justo eso, que cuando te ha tocado personalmente, cuando lo has vivido en tu familia, no puedes entenderlo, porque tú si crees que hay que acogerlos, hay que ayudarlos. Porque a ti te ayudaron. Porque a tu abuelo o a tu padre lo ayudaron. Porque fuiste esa niña cuyos padres dejaron para irse a Francia, o porque tu abuela te contaba las historias de un fallado.

Al llegar a casa y pensar en ello me acordaba de mi abuela. Y pensaba que estos no son de la familia. Mi profesora tenía razón, y soy clavadita a mi abuela. 

Tienes que entenderlo, hay que ignorarlos y quererlos, que son de la familia. Si no fuesen familia, otro gallo cantaría. 

Supongo que mi abuela, a estas alturas de mi vida, me habría aclarado que gallo cantaría. Pero como me parezco a ella, voy a asumir que al no ser familia estoy en pleno derecho de partirle la cara al próximo que haga esa clase de comentarios.  O un mal de ojo, porque de mi abuela habré heredado lo de ser roja, pero de su madre me vienen genes de meiga.